El encuentro según Ron

—Muévete, Granger —dice de repente una voz que enseguida reconozco, y sigue el ya habitual insulto. ¿Es que esta serpiente no tiene nada mejor que hacer que molestarnos? Me preparo para darle su merecido cuando siento una pequeña mano sobre mi hombro.

En dos segundos Hermione pone a Malfoy en su lugar. En serio, esta chica es increíble. Pero parece que el rubio aún no ha terminado y sin pensarlo lanza su insulto preferido.

— ¡Ron, no!

— ¡Déjame, Hermione! —estoy cansado de los comentarios de este idiota, ¿Cómo se atreve a llamarla sangre sucia, cuando ella es una bruja mucho mas respetable que él? Sin querer la empujo para que no se meta, y todo a mi alrededor deja de importarme. Somos sólo Malfoy y yo; sin pensar lo acorralo contra la pared y preparo mi puño. Me agacho para quedar a la misma altura que él -¿yo crecí mucho o Malfoy se encogió?- y me fijo en que sus ojos grises no reflejan miedo u odio. La verdad es que no puedo descifrar qué es lo que está pensando, pero supongo que debe estar asustado, o si no su corazón no latiría tan rápido y no me miraría de esa forma tan rara. Por un segundo me pierdo tratando de averiguar qué es lo que le pasa, no todos los días tengo la oportunidad de ver a la asquerosa serpiente demostrando tener rasgos humanos. Mas en un santiamén la furia vuelve a aparecer.

— ¡Voy a matarlo! —es lo primero que viene a mi mente, pero no llego a golpearlo. De repente siento que pierdo toda la fuerza y un instante después me despierto en el piso, con Malfoy sentado al lado mío y un Dumbledore tranquilo pero serio.

—Castigados. Los espero en mi despacho al terminar las clases de la tarde —avisa antes de reanudar su camino tarareando una canción como si no hubiera pasado nada.

No entiendo del todo qué es lo que está pasando, pero de algo estoy seguro: el castigo no me molestaría tanto si aunque sea hubiera llegado a romperle la nariz a Malfoy, ahí sí que hubiera ido feliz a limpiar la sala de trofeos yo solo.

Malfoy se levanta de un salto sacándome de mis pensamientos y se sacude el polvo de la túnica. Hace un comentario que no llego a oír (todavía estoy un poco mareado) y la aguda voz de Hermione me devuelve completamente a la realidad cuando ella le contesta. Me ofrece su mano para que me levante, gracioso, teniendo en cuenta mi peso y su fuerza; igualmente aprovecho la oportunidad, es tan pequeña comparada con la mía, que queda totalmente envuelta, y tan suave que me dan ganas de no soltarla nunca.

—Gracias, Ron, pero no hace falta que me defiendas —me susurra sin mirarme directamente, como si estuviera avergonzada. En serio, ¿cómo puede ser tan linda?

Sólo asiento en silencio y aparto la mirada. Siento que mis orejas comienzan a arder, espero que nadie se de cuenta.

—Comadreja —me llama Malfoy, es horrible admitirlo, pero después de tantos años ya hasta me estoy acostumbrando a que me llame así —, siento interrumpir tu patético momento romántico — ¡Este idiota no puede estar hablando en serio! ¿Cómo se atreve a decir algo tan vergonzoso de repente?

Me dispongo a contestarle pero se va rápido sin darme la oportunidad de empezar una nueva pelea. Tal vez sólo sea mi imaginación, pero me parece ver que está sonrojado.

— ¿Ron? —me llaman mis amigos a unísono —No te preocupes, Dumbledore no va a ponerlos a hacer nada demasiado difícil —agrega Hermione pensando que estoy preocupado por el castigo.

No es eso lo que me preocupa, después de todo no es la primera ni la última vez que me castigan. Lo que no quiero es estar solo con Malfoy; hoy se comportó de forma muy rara y, creo, eso me afectó un poco a mí. Quiero saber qué pasa por su mente, porqué me miraba así, porqué su corazón latía tan rápido, porqué se había sonrojado cuando se iba… Quiero saberlo y, a su vez, me da miedo averiguarlo.

Antes de que pudiera darme cuenta mis pensamientos habían sido totalmente ocupados por aquella indeseable serpiente.