Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is anhanninen, I just translate.

Thanks anhanninen for this opportunity!

Beta: Isa


Me enamoré

"Me enamoré de la forma en que te quedas dormido: poco a poco, y luego de una sola vez." – John Green

Hay momentos en tu vida en los que ni siquiera te das cuenta que son esos los que te definen. Son rápidos y, usualmente, parecen intrascendentes, pero luego, años después, miras atrás y te das cuenta.

Fue entonces.

Fue entonces cuando supe lo que quería hacer con mi vida.

Fue entonces cuando supe que él no era el correcto.

Fue entonces cuando supe que las cosas estarían bien.

Fue entonces cuando supe que nunca podría despedirme de esos que perdí.

Fue entonces cuando supe que veía las cosas de la manera incorrecta.

Fue entonces.

Fue entonces.

Fue entonces.

Pero no hay un momento para saber que estás enamorado, porque es cada momento. Y luego te llega todo de golpe y te preguntas, "¿cuándo pasó esto?"

Pero no tienes la respuesta…


—Es lindo.

Rodé los ojos sacando un vestido rojo de mi armario lleno de cosas.

—¿Lindo? ¿En serio, Alice?

—Es guapo.

—Sabes que decir que es guapo es algo relativo. Quiero decir, alguien que es guapo para ti podría ser feo para mí.

Bufó, poniéndose unos de mis tacones ridículamente altos que nunca usaba. Bueno, una vez…, me consiguieron un revolcón.

—Confía en mí. No es feo. Una lesbiana cambiaría de equipo por este hombre. Un hombre se haría gay por él. ¿Parece que estoy intentando con desesperación verme alta con estos?

—Sí, sí parece. —Lancé el vestido a la cama y me saqué la blusa por la cabeza—. Y este chico parece ser un cabrón. Quiero decir, no puedes… Ah, joder. Creo que despeiné mi cabello.

Ella me movió un broche, poniéndolo de nuevo en su lugar.

—Mucho mejor.

—Como sea, no puedes ser tan atractivo y no ser un cabrón. Es imposible. —Me puse el vestido, alisando la pegajosa tela sobre mis caderas—. Sube el cierre, por favor.

—Es muy lindo, de verdad. Lo prometo. —Subió el cierre y le dio un apretón a mi trasero solo porque sí—. Es el tipo de chico sobre el que escribes y haces que todas las adolescentes griten, lloren y se desmayen. Quizá incluso comprarían un vibrador por él.

Rodé los ojos de nuevo lo más dramáticamente posible.

—Escribo cuentos de hadas en forma de romance para jóvenes. Esos chicos no existen. No existen porque solo pueden existir en libros, lo cual es la razón por la que los libros son mejores que la vida real y el porqué prefiero pasar mi tiempo sola, leyendo y escribiendo en mi cama con la pantalonera más inaceptable públicamente cubriendo mi trasero. Quiero decir, mi par favorito dice Juicy. Esos llevan años sin estar de moda.

—Y es por eso que te estoy obligando a salir con él.

Me lanzó un par de mis tacones para follar y demostrar su punto. Bueno, al menos la probabilidad de terminar con mi sequía de sexo era alta.

En cuanto estuve lista la corrí de mi apartamento y bajé las escaleras para agarrar un taxi. Ella estaba completamente consciente de que podía vestirme sola, como había estado haciendo por años, así que solo pude asumir que su razonamiento para venir antes de esta estúpida cita a ciegas era para asegurarse de que en realidad iba a ir.

Porque, para ser honestas, pensé en dejar plantado al supuestamente atractivo hombre-convierte-heterosexuales-a-gay. Había pasado, yendo al grano, un periodo de tiempo extremadamente largo desde la última vez que salí. Luego de que mi papá murió dejé de hacer… todo, básicamente. Bueno, a excepción de la escritura. Pero últimamente hasta eso era bastante trágico, cosas horribles que si mi editor las leyera me mataría.

Creía que "estar atascada" era el término correcto, aunque también podrían funcionar otras palabras.

Alice pensaba que estaba cuidándome al ayudarme a conseguir algo de amor. Intentó quemar la encantadora pantalonera Juicy. Perra. Pero era una perra que me quería más de lo que podía entender, porque yo la quería de la misma forma y ni siquiera lo entendía. Ella me quería tanto que creyó que arreglarme una cita a ciegas era una buena idea. Quiero decir, el tipo podría ser un asesino, pero era un riesgo que parecía estar dispuesta a tomar.

Y yo la quería lo suficiente para tomar ese riesgo también.

Incluso aunque estar en mi cama sonaba mucho mejor.


Era martes en la noche, así que el restaurante estaba bastante vacío. Mientras la anfitriona me guiaba a la mesa de Edward Cullen, me descubrí con las manos sudando de nervios. O quizá estaba muriendo —estaba leyendo demasiado WebMD*—. Lo único de lo que estaba segura era de que debí haber dejado que Alice sacrificara la encantadora pantalonera en lugar de venir.

Probablemente podría encontrar otro par.

—Aquí es, señorita —me dijo la anfitriona sonriendo.

Fue entonces cuando el hombre de cabello color bronce levantó la vista del menú para verme. Vaya. Al parecer Alice y yo teníamos conceptos muy similares de lo que es atractivo. Se puso de pie en lo que solo pude describir como un hermoso movimiento fluido. Jesús. Incluso sus movimientos eran atractivos. Me ofreció su mano, y aunque intenté decir algo —cualquier cosa, en serio— no pude.

—Es un placer conocerte, Bella.

Su voz también era atractiva, en caso de que te estuvieras preguntando.

Me agradaría decir que dije "Lo mismo digo, Edward", pero no fue así. Creo que salió algo parecido a "aisjsk blahfbo". O quizá dije "Hola" y solo pensé "aisjsk blahfbo". No lo sé. Como sea, sacó la silla para mí y me senté en silencio, esperando hasta que él regresó a su asiento.

Sonrió y respiró profundamente, exhalando con lentitud.

—Espero que tener una cita un martes por la noche no haya sido un problema para ti. Mi horario está un poco loco.

—No, mi horario está completamente disponible, está bien.

Vaya. Bastante segura de que no debía admitir eso.

—Bien. Alice dijo que eras escritora, ¿cierto?

Asentí.

—Sí. —Estaba extremadamente orgullosa de mi extenso vocabulario—. Um… ¿Qué es lo que tú haces?

—Soy un cirujano cardiólogo pediatra. Bueno, ahora estoy terminando con mi residencia, pero en unos meses seré adjunto.

Santa mierda, reparaba corazones de niños.

—Ohhhh.

Seguía muy orgullosa de mi vocabulario.

Se rió entre dientes.

—Sí, así que, como dije, horario loco. Aunque hoy estoy completamente libre. Prometo que no saldré corriendo y te dejaré para pagar la cuenta ni nada de eso.

Me reí suavemente. —Pues gracias por eso. Entonces me aseguraré de pedir la comida más costosa.

—Dije que era residente, no adjunto. —Sonrió.

Huh. Hasta ahora no era un cabrón.

Luego de no pedir la comida más costosa en el menú, seguimos hablando. Bueno, más que nada él habló porque las lenguas no siempre funcionan cuando deben. Pero estaba bien, porque su voz era atractiva al igual que su boca. Muy atractiva, si las voces y bocas pueden atractivas.

Sí que podían en mi mente.

—Entonces, ¿cómo se conocen tú y Alice?

Abre y cierra la boca mientras mueves los labios y lengua para formar palabras.

—Hemos sido amigas desde que estamos en pañales. Literalmente. Nuestras mamás eran amigas. Es algo completamente loco y que no se ve todos los días, pero es verdad. Creo que incluso usábamos la misma marca de pañales. Amigas desde los pañales.

—¿Pañales? —se rió.

—Sigo repitiendo esa palabra, ¿no?

Querido Dios, soy yo, Bella. Adelante, lanza ese rayo ahora mismo, ¿bien?

—Dejando atrás los pañales…, creo que es increíble. Entonces, ¿eres de Nueva York?

—Oh, no. En realidad de Forks, Washington.

Su ceño se arrugó, de forma atractiva, por cierto.

—¿Forks? ¿Una ciudad de verdad se llama Forks?

—Síp —me reí—. Incluso tenemos un restaurante llamado Spoons*. ¿Qué hay de ti?

—Chicago. Tenemos béisbol, pizza y una mafia, o eso me han dicho.

—¿Una mafia peligrosa, o como en esos programas de televisión donde en realidad son buenos chicos debajo de ese exterior rudo, de asesinos y juegos de azar?

—Me han dicho que bastante peligrosa. En serio, de verdad peligrosa. Pero repito, crecí en los suburbios y solo he estado en la ciudad como cinco veces pasadas las nueve de la noche.

—¿Así que no tomas riesgos?

Sacudió la cabeza.

—Me temo que no. Probablemente va en contra de las reglas para la primera cita, pero siento que debería informarte que soy demasiado aburrido.

—¿Juegas golf?

—No tan aburrido —se rió entre dientes—. Paso la mayor parte de mi tiempo trabajando.

—Curando corazones de niños.

—Curando corazones de niños —asintió—, pero cuando Alice me contó de ti, tuve que aceptar. Normalmente no soy del tipo que va a citas a ciegas. Ella me aseguró que no eras una asesina, así que decidí que no podía dejar pasar la oportunidad para conocerte.

—¡Qué bien por no ser asesinos! —me reí—. Tú no eres uno, ¿cierto?

—Nop.

Sonreí, llevando la copa de vino a mis labios. Él siguió hablando, contándome cómo se conocían Alice y él. Era a través de su a veces novio, a veces no, Jasper. Él era un trabajador social en el hospital en que Edward trabajaba. Cuando llegó nuestra comida se quedaron sin ser tocadas mientras la conversación se dirigía a mí.

—Entonces, ¿solo escribes?

—Pues… —Quería decir que tenía otros pasatiempos extremadamente interesantes, como paracaidismo o que escalaba o, demonios, incluso que salía de mi casa a diario, pero eso sería una mentira—. En realidad sí…, es todo. Si crees que eres aburrido, multiplícalo por mil y descubrirás lo aburrida que soy.

—Supongo que eres buena —dijo—. Quiero decir, ¿vives de eso?

Me encogí de hombros.

—Sí, pero soy periodista independientemente también para algunas revistas y periódicos. No diría que soy buena, pero…, he publicado unas cuantas veces.

Sus atractivos labios se curvaron en una sonrisa. —¿Algo que yo haya leído?—

Bufé literalmente. Si él ha leído los libros que he publicado, tendría que ser una adolescente con un buen disfraz o el hombre, probablemente pedófilo, más raro que he conocido.

—Estoy segura de que no lo has leído. Además tengo un pseudónimo. Alice es la única que conoce mi identidad secreta.

—Oh, identidad secreta, ¿huh? ¿Es raro que sienta curiosidad por saber si llevas un traje ceñido debajo de ese vestido? —me miró de arriba abajo, dándole atención extra a mis pechos. Si fuera cualquier otra persona le hubiera lanzando mi bebida, pero me gustó que él viera mis pechos. Me gustaba que viera cualquier parte de mi cuerpo porque, increíblemente, me gustaba él.

Hasta ahora, al menos.

—Supongo que tendrás que descubrirlo.

Cuando alzó la ceja me percaté de la verborrea que había salido de mis labios esta vez. Ésa era una invitación. No lo dije de ese modo conscientemente, pero enfrentémoslo, eso era.

—Pues nadie sabe lo que pasará. —Sonrió, levantando su copa de vino.

La conversación continuó hasta que la comida, que apenas habíamos tocado, estaba fría y sabía mal. Aunque nadie nos interrumpió. El mesero venía, nos veía, a veces llenaba nuestras bebidas, y luego seguía caminando.

Mi verborrea nerviosa se había disipado y en realidad me estaba divirtiendo. Él era divertido, me hacía reír con más fuerza de la que debería, y era dulce; dejó escapar un par de veces que me veía hermosa. También era interesante. Sacó a tema historias sobre su trabajo, se disculpó por hablar de ello y luego siguió después de que le dije que no se detuviera.

Mi teléfono sonó a las diez y media, y le di una rápida mirada al mensaje de Alice.

¿Te estás escondiendo en el baño?

—¿Es algo urgente? —preguntó Edward mirando su reloj—. Oh.

—No, um, es Alice.

Le mandé la palabra clave: manzanas, que significaba "Deja de joderme, puede que consiga algo esta noche". No podía recordar cómo habíamos descubierto eso, pero había sido nuestro código fiel por años. Manzanas era algo bueno, naranjas significaba "Por favor llama y sácame de una jodida vez de aquí.

—Aunque supongo que ya es tarde.

No pude evitar fruncir un poco el ceño. La increíble noche para hablar y mirar al atractivo hombre se terminaría pronto, y no quería que eso pasara. Por primera vez en casi un año me la estaba pasando bien con alguien que no era Alice.

Me la estaba pasando increíble.

Ridículamente espectacular del tipo escribiría esto en mi diario si tuviera uno.

Y no quería que se terminara, jamás.

Luego de que Edward pagara la cuenta salimos caminando y me consiguió un taxi.

—Pasé una increíble tarde, Bella —dijo de pie frente a mí, sacándome de altura unos buenos 25 centímetros. También su altura era atractiva.

Joder, me gustaban los hombres altos.

—Yo también —dije—. Fue…, no fue lo que esperaba. Fue maravilloso.

Sonrió y levantó la mano, dejando que sus dedos acariciaran mis mejillas. Mi mente se llenó con pensamientos completamente inapropiados sobre qué otras cosas podría hacer con esos dedos. Lo cual solo me puso más triste.

Pero también me dio valor.

—Ven a casa conmigo.


Pasó tan rápido que la cabeza me daba vueltas. Dijo que sí. Nos metimos al taxi. Le di mi dirección. Y luego, sus labios estuvieron contra los míos y solo se separó el tiempo suficiente para lanzarle el dinero al taxista y subir las escaleras.

La puerta de mi apartamento se cerró y después estuve pegada contra ella, sosteniendo su cara contra la mía mientras me quitaba los tacones. Cómo es que él logró llevarnos a través del apartamento sin que ninguno de nosotros muriera en un raro accidente, estaba más allá de mi comprensión. Las ropas iban cayendo al piso siguiendo nuestro camino hasta que llegamos a mi habitación y me caí sobre la cama, mirándolo quitarse los bóxers.

Me mordí el labio, mirando cada pulgada de su cuerpo ridículamente sensual. Incluso aunque yo no iría al gimnasio ni por un millón de dólares, sabía apreciar a aquellos que sí iban. Y, jódeme, él sí que iba. Me paré de rodillas cuando se inclinó a mí, presionando sus labios en los míos una vez más…, y luego bajó a mi cuello, de regreso a mis labios, luego a mi cuello de nuevo, y así siguió mientras me quitaba el sostén. Me empujó gentilmente hacia atrás y se estiró sobre mi cuerpo, apoyándose en un codo.

—Eres malditamente hermosa —susurró con sus labios trazando mi mandíbula.

Su mano estaba en un lugar mucho mejor. Mi pierna. Moviéndose hacia arriba.

—Tú no estás tan mal —me reí suavemente cuando se alejó sonriendo.

Bajé la vista cuando lo hizo, y fue entonces cuando sus dedos me abrieron y se deslizaron dentro de mí. Mi cabeza cayó sobre la almohada cuando comenzó lentamente. Dios mío, tenía dedos encantadores. Encantadores dedos mágicos. Encantadores dedos mágicos con los que mi vibrador no podía ni siquiera empezar a compararse, aunque, una vez más, había sido un vibrador fiel, así que probablemente no debería despreciarlo tanto.

Cuando sus dedos se doblaron dentro de mí grité, jadeando ante la espectacular sensación.

—¿Te gusta eso, nena?

—Sí —siseé. Lo seguía haciendo una y otra vez, haciéndome levantar la espalda de la cama para conseguir tenerlo más dentro. Porque necesitaba más. Necesitaba mucho más.

Bajó sus labios por mi pecho, chupando y besando y haciendo cosas maravillosas. El hombre sabía lo que estaba haciendo y, Jesucristo, lo hacía bien. Aunque sus labios seguían moviéndose, al abrir mis los ojos lo encontré encima de mí. Sus dedos dejaron mi cuerpo pero no por demasiado tiempo. Lo vi abrir aun más mis piernas y acomodarse entre ellas.

Santa madre de Dios.

Sus ojos se movieron a los míos, pero no podía decir ni una maldita palabra así que solo asentí. Y luego él estaba allí. Su boca estaba en mi clítoris mientras que sus encantadores dedos mágicos volvían a hacer lo que mejor sabían.

Follarme. Follarme mucho mejor de lo que pensé podrían hacerlo los dedos.

No pasó mucho tiempo antes de que gritara mucho más fuerte de lo que debía. El. Jodido. Mejor. Orgasmo. De mi vida. Nunca más tendría que volver a preguntarme qué significaría cuando decían que la tierra temblaba. Porque era él. Era Edward Cullen.

Y ni siquiera había terminado aún.

No.

Los dedos eran encantadores y mágicos y todo, ¿pero la polla? La polla era mejor. Me tomó rápido y con fuerza. Sus manos se aferraron a mis costados mientras mi cabeza se hundía cada vez más en la almohada. La cama se sacudió. Mi cuerpo dolía. Probablemente lloré; lo hice. Probablemente es una mentira, pero fueron las mejores lágrimas. Y luego me dio la vuelta y me tomó de nuevo.

—Jesucristo, hermosa —gruñó cuando me aferré a él.

Jadeé, intentando recuperar el aliento mientras sus movimientos sacudían la cama.

—No pares. Por favor. Joder no pares.

Estábamos de costado, envueltos el uno alrededor del otro. Nunca me había sentido mejor. Ni siquiera sabía que era posible sentirse así de bien. Besó mis labios haciendo más lentas sus envestidas y cada una se sentía mejor que la anterior.

—Eres jodidamente perfecta —susurró.

Eso estaba lejos de ser cierto, pero no había ninguna maldita manera de que fuera a corregirlo en este momento. Metí la mano entre nosotros, sabiendo que esto terminaría pronto y quería algo más antes de que acabara. Antes de que la mejor noche de mi vida llegara a su final.

Mi dedos tocaron su gloriosa polla —necesitaba un nombre, ¿de acuerdo?—, mientras él entraba y salía de mí. Luego de ser rápido y duro y maravilloso, lo lento, suave y amoroso se sentía igual de increíble. Quizá incluso mejor. Su mano se unió a la mía y puso sus dedos en mi clítoris, frotándolo de manera perfecta a la vez que yo movía mi mano sobre su polla. Nuestros labios estaban de nuevo juntos mientras pasaba esto. Me vine, gritando su nombre mientras me besaba.

Y luego, momentos después, él se vino y por un breve segundo durante la felicidad pura que sentía, comencé a preguntarme si esto volvería a pasar. Y eso, por alguna desconocida y probablemente ridícula razón, hicieron que lágrimas del tipo que no son buenas se formaran en mis ojos.


*WebMD: un sitio sobre medicina.

*El juego de palabras está en que Forks significa tenedores y Spoons, cucharas.


Este es un minific de 7 capítulos, el lunes subiré el segundo. Ya están traducidos 6 y voy a la mitad del séptimo, así solo es cuestión de que mi beta los revisé.

La autora es la misma de Fatherhood, Formula and Other F Words, y debo decir que esa mujer es excelente en lo que hace.

¡Espero que les haya gustado!