Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta:Isa

Gracias por acompañarnos a lo largo de esta traducción ;)


Me Enamoré

Epílogo

Edward POV

En un momento todo puede cambiar. Tus ojos se pueden encontrar con los de alguien más y entonces el curso de tu vida se ve alterado para siempre. El día que mis ojos se encontraron con los de Bella, me enamoré. Mirando atrás ahora me doy cuenta de que ése no fue el momento exacto, pero fue el momento en que comenzó todo.

Me enamoré de ella en cada momento.

Admití mi amor por ella en una de las peores noches de mi vida. Aunque la felicidad que sentí al admitirlo no cambia la horrible noche, me da algo mejor que recordar.

Recordaba muchas cosas diferentes acerca de Vanessa Masen. Recuero su espíritu luchador, su alegría al enfrentar circunstancias aterradoras, su amor por los libros, su miedo a la muerte y los sueños que nunca logró cumplir.

Recuerdo el día que me dijo que yo amaba a Bella; yo apenas estaba empezando a darme cuenta. Me lo dijo tres días antes de fallecer. Estaba exhausto por trabajar tanto y extrañaba a Bella más de lo que las palabras podrían expresar, y ella lo sabía.

Me miró inexpresiva y dijo:

—La amas, ¿no?

A veces Ness era demasiado inteligente para su propio bien. Sabía más acerca de su enfermedad de lo que habría necesitado, incluso a veces les explicaba cosas nuevas a sus padres. Reconoció fácilmente mi amor por Bella la primera vez que se vieron, según ella.

Luego de que me dijo que amaba a Bella, dijo algo que yo había pensado muchas veces antes.

—Un día vas a casarte con ella. Yo tengo muchos sueños, uno de ellos es que ustedes dos estén juntos y sean felices. Que tú le des la clase de cosas de las que ella escribe. Porque se lo merece.

Bella merecía más que eso. Así que año y medio después de estar saliendo, supe que era el momento de pedirle matrimonio. Estaba cumpliendo el sueño de Ness, y junto con el de ella, estaba cumpliendo el mío. Hoy le iba a pedir matrimonio al amor de mi vida.

Estaba nervioso, pero mi emoción eclipsaba todo. La verdad quería hacer esto desde aquella noche en que le confesé mis sentimientos, pero sabía que debía tomarme mi tiempo. Conocía sus miedos. A lo largo del último año y medio los había ido enfrentando, había aceptado ayuda para poder seguir adelante y ser feliz.

Ser feliz conmigo.

La apoyé mientras iba a terapia para aprender a aceptar la pérdida sin olvidarse de aquellos a quienes amaba. La muerte de su padre la había afectado demasiado, algo que supe poco después de conocernos. Perdió una parte de sí misma, aunque era fuerte y aprendió a vivir con lo que la vida le había dado. No era justo, pero era la realidad.

Ahora éramos felices, completamente felices. Sin embargo nuestra relación no era un cuento de hadas, por mucho que a veces así pareciera. Peleábamos, nos reconciliábamos, y volvíamos a pelear, como siempre; al igual que todas las parejas. Pero ni una sola vez se nos ocurrió pensar que ya no podríamos seguir adelante. Ella caía de regreso en mis brazos y nuestras vidas continuaban.

Al igual que yo apoyaba a Bella, ella hacía lo mismo conmigo. Siempre estaba ahí, lista y dispuesta a escuchar todo lo que yo le decía. Estaba ahí para consolarme cuando la peor parte de mi trabajo se hacía realidad. Siempre estaba ahí para mí, con la capacidad de ser lo que yo necesitaba.

Era mi otra mitad.

Mi alma gemela.


Revisé mi reloj mientras daba vueltas por la sala del apartamento. Había planeado todo meticulosamente con ayuda de Alice. Ella se había asegurado de cubrir los detalles más finos, cosas en las que yo ni siquiera había pensado. Las flores favoritas de Bella estaban por todo el apartamento, unas cuantas velas estaban encendidas para crear el ambiente —aunque no sabía qué significaba eso— y sonaba la lista de reproducción favorita de Bella.

Consideré hacer esto en un millón de lugares diferentes, pero conocía a mi hermosa chica. Sin importar qué tanta atención recibiera de sus libros, seguía odiando las multitudes, así que supuse que no disfrutaría mucho del hecho de que personas que no conocía le aplaudieran y felicitaran si hacía esto en público.

Nuestro apartamento era perfecto.

Era nuestra casa. Lo encontramos juntos hace seis meses y el espacio era nuestro. Juntas, mezcladas perfectamente, estaban sus cosas y las mías. Éste era un lugar favorito en todo el mundo. Estaba lleno de los libros en los que le encantaba enterrarse y los artículos en lo que encontraba consuelo.

Luego de que pasaron otros diez minutos me acomodé otra vez la corbata, rezando porque todavía se viera bien. Finalmente mi celular sonó con el mensaje que había estado esperando de Alice desde que había sacado a Bella para que yo pudiera acomodar todo.

Ya estamos subiendo.

Una sonrisa se estampó en mi rostro cuando me di cuenta de que mis sueños se harían realidad. No dudaba que ella fuera a decir que sí. Estaba nervioso, claro, pero en lo profundo de mi ser sabía cuál sería su respuesta.

—¿Qué de…?

Me reí entre dientes cuando la puerta se abrió y Bella miró a su alrededor. Su boca se abrió pero no salieron más palabras. En el momento en que sus ojos se encontraron con los míos sus hermosos labios se curvaron en una sonrisa comprensiva. Se veía preciosa, siempre se veía así.

—Hola, hermosa —dije, avanzando unos pasos para alcanzarla a la vez que ella entraba un poco más en la sala mirando a su alrededor.

—¿Por qué nuestro apartamento está cubierto con tulipanes? —bromeó. Claramente sabía lo que estaba haciendo.

—Me gustan los tulipanes —me reí entre dientes—. Y te amo.

Con su mano en la mía me puse sobre una rodilla, sacando la caja del anillo con la mano que tenía libre. Escuché el sonido de la cámara con la que Alice estaba tomando fotos, pero mis ojos nunca se alejaron de los de Bella. Nada más existía en ese momento.

—Isabella Swan, te amo más de lo que creí posible amar a otro ser humano —comencé, abriendo la caja para enseñarle el anillo que había elegido. No era extravagante, pero me aseguré de que complementara su asombrosa belleza, tanto interior como exterior—. No fue hasta que te encontré que conocí la fuerza del amor. Cómo te jala hacia alguien, cómo alivia tus dolores, y cómo te hace ver el mundo de manera diferente. Prometo amarte, hacerte sonreír, reír, y disfrutar de cada día que pasemos juntos. ¿Me concederías el extraordinario honor de convertirte en mi esposa?

Sonrió asintiendo con lágrimas llenando sus ojos.

—Por supuesto. Dios, claro que me casaré contigo. Sí. Oh, sí.

Deslicé el anillo en su esbelto dedo y me paré. Ella me lanzó los brazos al cuello, enredando sus dedos en mi cabello y jalando mis labios a los suyos. Por esos breves momentos en que nos besamos, todo en el mundo estaba bien. Nada estaba en mi mente a excepción del amor de mi vida, que acababa de aceptar casarse conmigo.


—Nunca me lo voy a quitar —dijo Bella, estaba acostada con la cabeza en mi pecho.

Habían pasado horas desde que aceptó casarse conmigo, y ahora estábamos solos y juntos en la cama, celebrando a nuestra manera.

Prefería por mucho esta manera de celebrar.

—Siento que tengo que seguir asegurándome que está ahí —se rió.

Alcé su barbilla besándola suavemente.

—No va a irse a ningún lugar en un futuro cercano.

—Sabes, creí que quizá lo harías pronto, pero no tenía ni idea de que sería esta noche.

Sonreí.

—¿Pensaste que te iba a proponer matrimonio?

Se encogió de hombros.

—Tenía esa sensación. Se sentía…, bien.

El sentimiento era completamente mutuo. Era como si Bella y yo nos pudiéramos leer… Otra cosa que nos confirmaba que nuestro amor estaba destinado a ser.

—Gracias por el amor que me has dado —dije, acariciando su espalda desnuda—. Gracias por superar los miedo que tenías y permitirte enamorarte de mí. Por darme más de lo que creí posible.

Se levantó apoyándose en mi pecho. Estaba sonriendo.

—Tú me regresaste la vida. No hay palabras que puedan expresar lo mucho que significas para mí; lo que me has dado. No iba a dejar que esto se alejara de mí. El miedo no te iba a alejar de mí. Te amo, Edward, y no puedo esperar para pasar el resto de nuestras vidas juntos, enamorándome más y más de ti.


Nos casamos nueve meses después en una pequeña ceremonia frente a nuestra familia y amigos, ahora también su familia. Mis padres habían adoptado completamente a Bella, reclamándola como una de los suyos. Ella adoraba a mi mamá y a mi papá, igual que ellos a ella. Sabía muy bien que no era lo mismo que tener a sus propios padres, pero Bella dijo que era más de lo que alguna vez pensó tener.

La ceremonia fue hermosa y justo lo que Bella quería que fuera, aunque en realidad no pedía muchas cosas. Fue el día perfecto. Nuestra luna de miel fue incluso mejor, si me lo preguntan. Y cerca de cinco semanas luego de regresar a casa, descubrimos que nuestras vidas estaban a punto de cambiar de nuevo.

Iban a mejorar mucho, muchísimo.

—Me va a patear —dijo Bella, mirándome sobre su enorme vientre redondo mientras yo hablaba con nuestra hija—. Al fin se calmó, y ahora tu voz la pondrá activa de nuevo. Intento comer helado, sabes.

Me reí besando su estómago.

—Creo que mami está a punto de firmar tu aviso de desalojo, corazón.

—O la mantendré a ella aquí adentro y te sacaré a patadas a ti.

—Gruñona. —Sonreí, sentándome y recargándome en el respaldo del sofá. Me incliné a besarla y me giró la cara. Oh, muy gruñona. Me disculpo, hermosa.

Si había una cosa que aprendí durante el embarazo de Bella, es que las disculpas nunca cesaban. Sin importar qué hiciera, incluso si no hacía nada, me disculpaba. Usualmente me perdonaba, pero a veces me costaba un poco más.

Le acababa de decir gruñona, así que ya asumía que tendría que hacer algo más…, hasta que vi las lágrimas.

—No soy gruñona —lloró, poniendo el pequeño bote de helado en su vientre—. No lo soy. Es que…, ¡debe nacer en dos días! ¿Por qué todavía no viene? Apenas puedo caminar. ¡Demonios, ni siquiera puedo usar zapatos cerrados! Nada me queda porque estoy gigante y mis bubis me duelen constantemente.

Jodido cambio de humor.

Pasé mi brazo a su alrededor, acercándola a mí al mismo tiempo que besaba su sien. Ella no quería que yo le dijera que no estaba gigante o que sus pies estaban bien o que encontraba muy adorable su tembloroso andar. Así que no lo hice. Solo la abracé mientras lloraba.

—Ella llegará pronto, Bella —dije—. Te lo prometo. Estás tan cerca.

—¿Soy mala por querer que ya salga? —preguntó mirándome con un puchero—. Solo la quiero. Amo tenerla dentro de mí y sentir como crece, pero maldición, ya quiero tener a nuestra bebé. Es jodidamente terca. Tú tienes la culpa.

Alcé la ceja sonriendo. Si nuestra hija era terca, ciertamente no era por mí causa. Mi esposa era extraordinariamente terca.

—Yo, ¿huh?

Rodó los ojos suspirando.

—Bien. No es por ti, pero tú me embarazaste, así que puedo culparte por todo.

—Te concederé eso —me reí entre dientes—. Y no eres mala por querer que ya nazca. No en absoluto. Yo también estoy emocionado por eso.

—Eres un buen hombre, Edward Cullen. —Se limpió las lágrimas y sonrió, poniendo mi mano de nuevo en su estómago—. Se está moviendo otra vez así que puedes hablar con ella.

Me reí y la besé antes de agacharme otra vez para hablarle una vez más a nuestra hija. Me aseguré de lanzar un "apúrate y ya ven" para hacer feliz a Bella. Aunque en realidad yo tampoco podía esperar.

Iba a ser papá. Una idea aterradora al principio a causa de mi trabajo, pero también me causó una inmensa alegría. Nuestra pequeñita estaba saludable, lo cual era lo más importante en este mundo para mí. Después de todos los bebés con problemas del corazón y defectos de nacimiento que he visto a diario, ése era mi más grande miedo. Fue la única preocupación que cruzó mi mente cuando Bella y yo vimos el signo positivo en la prueba de embarazo.

Afortunadamente los ultrasonidos habían borrado mis miedos. Nuestra pequeña estaba perfecta; estudié meticulosamente las imágenes de su corazón. Ser amigo de su obstétrico fue una gran ventaja porque pude pedir ver a nuestra bebé mucho más de lo que otros futuros padres normalmente podrían. Incluso en cierto momento, gracias a él, pude traer a casa una máquina para ultrasonidos portable.

Aunque Bella no me dejó quedármelo por mucho tiempo. Al parecer la irritaba.

—Te amo, princesa —dije, besando su estómago una vez más—. Y también te amo a ti, Bella. ¿Quieres algo más?

Sacudió la cabeza dándome el bote de helado vacío.

—No, el helado de galleta dio en el blanco. Pero quiero decir, no me importaría un masaje de pies. En realidad, ni en lo más mínimo.

—Vayamos a la cama entonces. —Me puse de pie, ofreciéndole mi mano para ayudarla a levantarse del sofá.

Me sentí bastante orgulloso de mí mismo al no reírme cuando gruñó. La única vez que lo había hecho, duró casi todo el día sin hablarme. Nunca más volvería a repetir ese error.


—Todavía nada, ¿huh? —me preguntó una de las enfermeras, Maggie, desde el otro lado de la mesa de operaciones—. ¿Ni siquiera un quizá?

Sacudí la cabeza estirando la mano para que me diera las pinzas. Ni siquiera tenía que decir lo que quería porque ella ya lo sabía. Maggie era una enfermera con experiencia y talento que sabía lo que yo quería, a veces incluso antes de que lo dijera.

—Nop, ni siquiera un poco —dije—. La fecha en que se iba a aliviar Bella fue ayer, así que ya decidió que nuestra hija no quiere salir. Está cómoda ahí.

Ella se rió suavemente.

—Claro que sí, pero llegará pronto. Apuesto a que está emocionado, ¿no? ¿Ya tienen nombres?

—Ya decidimos, pero no se lo diremos a nadie hasta que ella esté aquí y sepamos qué el nombre le queda.

En realidad el nombre fue mi idea, me encantaba. Bella lloró cuando se lo dije e inmediatamente estuvo de acuerdo. Ella eligió el segundo nombre de nuestra hija, haciéndome sentir de la misma forma en que yo la había hecho sentir a ella. Ahora solo me quedaba rezar porque le quedara a nuestra pequeña.

—Estoy tan feliz por usted, doctor Cullen. Espero que llegue pronto, por la cordura de su esposa, tanto como por la suya.

—Dios, eso espero yo también —me reí.

Cuando terminé mi cirugía les dije a los padres del adolescente que todo había salido bien y me fui a mi oficina a trabajar en algunos historiales antes de ir a casa. Encontré a Bella en el cuarto de la bebé. Estaba doblando otra carga de ropa que había lavado.

—¿Cuál es ésa? ¿La ropa de seis a nueve meses? —pregunté recargándome en el marco de la puerta.

—Saqué esto de los canastos y decidí lavarlos —suspiró—.Sigo reburujando las cosas. Toda esta cosa del nidito se ha ido fortaleciendo con el paso de los días.

—Déjame ayudarte. —Sonreí entrando a la habitación y sentándome junto a ella. Cómo demonios se sentó ahí, era todo un misterio para mí—. Quizá llegará en Navidad, ¿sabes? Sería lindo.

Me miró con los ojos entrecerrados y me reí entre dientes.

—Si se espera toda una semana más, será tu culpa. ¿Cómo te atreves a echarme la sal, Edward Cullen? Una semana de más no está para nada bien. Ni siquiera un poco.

—Lo siento. Se te romperá la fuente en unos minutos… ¿mejor?

—En realidad sí, mucho mejor. Entonces, ¿cómo estuvo tu día?

Mientras doblábamos la ropa y poníamos de regreso en los canastos, le conté que mis cirugías habían salido bien y que todos mis pacientes se recuperaban según lo acordado. En todo el tiempo que llevábamos juntos nunca me había pedido que dejara de hablar sobre mi trabajo. No entendía cómo es que no se aburría, pero así era. Siempre decía que le encantaba la dedicación con la que hablaba sobre mis pacientes, que la hacía feliz escucharlo.

Por otro lado, yo podría dejarla hablar fácilmente por horas de un personaje que estuviera escribiendo y la volviera loca. Era un privilegio poder leer sus historias mientras las escribía, uno que no me tomaba a la ligera. Había escrito tres libros más para jóvenes y una novela de romance desde que estamos juntos. La novela de romance fue la que comenzó cuando empezamos a salir y la que dejó que Ness leyera antes de morir.

Le fue increíble y se colocó en la lista de los más vendidos casi de un día para otro. Tuve el honor de acompañarla a muchas de sus firmas de autógrafos, las cuales estuvieron mucho más llenas de gente que las que había hecho antes, y dijo que nunca se había sentido más relajada que cuando estaba con ella. Me había enamorado de una mujer extraordinaria e inteligente. Las cosas que podía crear y convertir en novela me asombraban.

—Ugh, estoy teniendo esas estúpida contracciones de Braxton Hicks —dijo Bella cuando la ayudé a levantarse del piso. Gimió estirando la espalda y fruncí el ceño.

—¿Estás segura?

—Yo… ¿No sé? espera.

Exhaló profundamente cuando el dolor pasó. Había tenido dolores de parto falsos más veces de las que podía contar, así que había una buena probabilidad de que eso fuera una vez más, pero siempre estaba la posibilidad de que no. Hace unas semanas aprendimos que debíamos dejar de saltar a conclusiones porque ella siempre terminaba decepcionada. Tenía treinta y siete semanas cuando estuvo segura de que ya era hora. Incluso fuimos al hospital solo para que nos regresaran a casa.

—Voy a activar el cronómetro solo por si acaso —dije cuando pasó frente a mí en dirección a la sala. Se dejó caer en el sofá justo cuando presioné el botón en mi celular para activa el cronómetro.

—Me siento un poco diferente —dijo—. Quiero decir, probablemente estoy exagerando un poco, pero… ¿Quizá?

Asentí y sonreí al poner la mano sobre su vientre.

—Quizá.


Con el pasar de las horas las contracciones fueron cada vez más seguidas. Al principio tenía dos o tres por hora, pero luego empezaron a llegar más rápidamente con renovada fuerza. En cuanto empezaron a llegar cada cinco minutos, llamé a Garrett, su obstétrico, y él nos dijo que fuéramos para allá. Bella actuó asombrosamente paciente, incluso más que yo, y avanzó asegurándose de que todo estuviera listo antes de irnos al hospital cerca de las diez de la noche.

El registrarnos y preparar las cosas pasó entre una neblina. Mientras acomodaban a Bella llamé a mis padres y a Alice, como había prometido. Mis padres volarían para acá mañana temprano y Alice vendría cuando naciera el bebé. Ella y Jasper se habían casado un mes antes de que nosotros nos comprometiéramos, y luego tuvieron un hijo hace seis meses. Se mudaron de la ciudad hacia Stamford, Connecticut, donde Jasper había aceptado otro empleo como trabajador social en el hospital de ahí.

Les encantaba estar fuera de la ciudad e intentaron convencernos de hacer lo mismo, pero éste era nuestro hogar. Bella decidió que querría mudarse algún día, pero no en un futuro cercano porque yo quería estar cerca del hospital. Sabía que a ella no le gustaba estar aquí, así que no me tomé a la ligera su sacrificio. Le prometí que si en unos años todavía quería hacerlo, nos mudaríamos.

—Oh Dios, estoy lamentando mi decisión —dijo Bella, apretando mi mano a morir cuando terminó otra contracción—. Como que sí quiero las drogas. Todas las drogas.

Besé su sien, apartando los mechones de cabello que le había caído en la frente.

—Puedes tener las drogas, hermosa.

Suspiró acariciándose el estómago.

—No… Estúpidamente quería hacer esto de forma natural, así que lo haré estúpidamente de forma natural.

—Pues ya tienes seis centímetros de dilatación, así que existe la probabilidad de que no tarde mucho más.

—Si sigue tomándose el tiempo que se le dé la regalada gana, estará castigada —se rió suavemente—. ¿Puedo caminar, por favor? Necesito moverme.

Asentí ayudándola a levantarse de la cama. Recorrimos el pasillo de un lado a otro, deteniéndonos cada rato cuando llegaba una contracción. Ella era increíble y fuerte, manejaba el horrible dolor mucho mejor de lo que yo creí posible.

—Te amo, Bella —dije, sobándole la espalda mientras gemía de dolor, agachándome en el piso junto a la cama.

Movió la mano hacia su espalda para agarrar la mía con fuerza y supe que me estaba diciendo lo mismo. Al parecer las palabras no necesitaban ser dichas. Yo la amaba a ella, y ella me amaba a mí más que a nada en este mundo. Nos encontramos cuando ninguno de los dos estaba buscando y complementamos las vidas de ambos.

Pasaron unas cuantas horas y Bella estuvo lista para pujar. Pronto la habitación se llenó de enfermeras preparando todo y la cama fue ajustada.

Garrett Foster regresó sonriendo mientras que Bella le lanzaba dagas con la mirada.

—Si alguna vez más vuelvo a decir que no quiero drogas, estoy mintiendo —dijo.

Él se rió, sentándose en el banco frente a ella. Su mano se aferró a la mía.

—Aunque lo has hecho maravillosamente. Ahora vamos a comenzar con este show. Ella estará aquí pronto.

—¿Lista?— pregunté, intentando contener mi sonrisa.

Asintió dedicándome una pequeña sonrisa.

—Puedes soltar tu hermosa sonrisa. No te golpearé.

Y entonces hice justo eso, dejando que mi emoción se mostrara mientras la animaba a pujar. Garrett permaneció en silencio, sabiendo que Bella quería que esto fuera entre nosotros dos. Limpié el sudor de su frente, diciéndole lo maravillosa que era cada vez que pujaba. Ella estaba más allá del cansancio, pero lo hizo, y más rápido de lo que pensé que lo haría.

De hecho, bastaron cinco pujones.

Cinco pujones extremadamente dolorosos antes de que el llanto más hermoso del mundo llenara la habitación, y Bella cayó sobre la cama, llorando por el sonido. Acostaron a nuestra hija en el pecho de Bella y todo se quedó en silencio, a excepción de ese hermoso llanto.

—Oh Dios mío —susurró Bella cuando vimos la hermosa niña que habíamos creado. Ella se removió en brazos de mi mujer, completamente enojada con la enfermera que la estaba limpiando y frotando con una manta.

—Es… ,es increíble —dije con asombro. ¿Cómo podía describir al ser más perfecto de todo el mundo?

Bella levantó la cabeza, apartando los ojos de nuestra hija cuando nuestros labios se encontraron. El beso fue rápido, pero lleno de ese amor que hinchaba nuestros corazones.

—Te amo, Edward.

—También te amo.

Sin importar qué hermosas historias pudiera escribir ella, ante mis ojos ninguna podía compararse con la nuestra. La nuestra era real, hermosa, a veces confusa, superó miedos, y trajo a una hermosa pequeñita al mundo y nos completó.

—Hola, Charlotte Esme Cullen —dijo Bella con lágrimas cayendo por sus mejillas.

—Charlie. —Sonreí acariciando la pequeña mejilla de nuestra hija.

Me enamoré.

Me enamoré de Isabella Swan.

Me enamoré de ella cada momento que pasamos juntos.

Y luego, me enamoré de nuevo cuando vi el producto de nuestro amor.