Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa


Me Enamoré

Outtake

Bella POV

—Creo que me confundes con alguien a quien sí le gusta ponerse pantalones —me reí en el teléfono sacudiendo la cabeza—. De ninguna manera voy a ir al hospital a las once de la noche.

—Pero no hay nada que hacer y estoy aburrido —dijo Edward y pude imaginar sus pucheros—. Además, tengo mucha hambre. Trae esas galletas que hiciste y ven a tomar un bocadillo nocturno conmigo, preciosa.

Suspiré sabiendo que iba a rendirme y hacerlo. Quiero decir, odiaba usar pantalones, pero cenar galletas con el guapo hombre del que estaba enamorada mientras el reloj marcaba la media noche y comenzaba oficialmente mi cumpleaños número veintinueve, sonaba bastante bien.

—De acuerdo, iré.

—siseó—. Estoy haciendo esta cosa de lanzar el puño al aire, por si te lo preguntabas.

Me reí.

—Claro que sí. Ahora, permíteme mientras me pongo pantalones para ti.

—Te amo.

—Sí, yo también te amo. Quiero decir, pantalones, Edward. Deberías sentirte honrado.

—En realidad me siento muy honrado. Trae tu trasero aquí y no olvides las galletas.

Me bajé de la cama rodando los ojos.

Ya voy, te veré pronto. Adiós.

—Adiós, hermosa.

Luego de cambiar la encantadora pantalonera por unos jeans, agarré las galletas de la cocina y bajé para buscar un taxi... en la lluvia. Edward me debía muchísimos orgasmos por esta mierda. Aunque afortunadamente para mí, él tenía una polla gloriosa y unos dedos encantadores que se encargarían de eso.

Ya llevábamos juntos casi un año. Bueno, si contamos desde la primera cita; yo sí lo hacía. Puede que yo haya sido una idiota y que no me diera cuenta de que lo amaba en ese entonces, pero ahora sé que sí lo hacía. Un año de estar enamorada...

Sólo diré que ha sido un año jodidamente bueno. Había decidido dejar de vivir en el pasado y descubrí cómo vivir de verdad al conseguir ayuda. Ya sabes, ayuda profesional. Aunque, de hecho, WebMD sí estaba en lo correcto con la ansiedad social. También era posible que, quizá, estuviera un poco deprimida, pero estaba dejando eso atrás. Y aparte del terapeuta, Edward era un factor importante en todo esto.

No iba a dejar que mi miedo arruinara lo que teníamos, y él apoyó mi decisión de buscar ayuda. Me acompañaba a las sesiones, me abrazaba luego de un día duro, simplemente estaba ahí en una forma en que no me había dado cuenta que lo necesitaba. Dejé caer mis paredes por él, y fue lo mejor que pude haber hecho.

Así que, por eso, supongo que él merece que me ponga pantalones de verdad y enfrente a la lluvia por él. En realidad se merecía mucho más.


—Estás usando la bata sólo para mí, ¿verdad? —sonreí jalando las solapas de su bata para hacerlo agacharse y poder besarlo.

Me besó de manera espectacular. Su lengua se movía junto con la mía mientras su pulgar acariciaba ese lugar detrás de mi oreja que tanto me gustaba. Se alejó con esa atractiva sonrisa y me dejó jadeando.

—Es sólo para ti —dijo—. No creas que me obligan a usarla ni nada por el estilo.

—Pssshhh, claro que no. La gente pensará que eres algún tipo de doctor.

—Lo cual sería algo terrible —se rió entre dientes—. ¿Y mis galletas?

Saqué el contenedor de mi bolso moviéndolo bajo su nariz.

—No te decepcionaría.

—Claro que no.

Tomó mi mano, llevándome por el pasillo donde se detenía el elevador hacia su oficina. Edward ya era residente, lo cual significaba que tenía una oficina mucho más grande y bonita que la anterior. Seguía en el área pediátrica del hospital, pero un piso más arriba.

Tenía una increíble ventana, por eso en cuanto entré fue allí hacia donde me dirigí, mirando hacia la ciudad como siempre lo hacía. Puede que no amara Nueva York, pero era una ciudad hermosa de noche.

—No lo has notado, ¿verdad?

Miré a Edward que tenía extendidas las manos hacia su escritorio.

—¡Oh Dios mío! —me reí, dándome cuenta de que no había ni un solo historial sobre él—. ¡Pero y tu sistema!

—¡Ya sé! Esperemos que nadie esté lastimado porque ahora ya no puedo encontrar ningún historial.

—Sigo negándome a creer que pudieras encontrar una maldita cosa en ese desastre.

Sonrió encogiéndose de hombros.

—Oh, sí podía. Ahora, ¿no estás orgullosa de mí?

Me acerqué para poner la mano sobre la sólida superficie de roble y poder recorrerla con los dedos.

—Sólo estoy sorprendida, es todo.

—Lo hice por ti.

Se me abrió la boca mientras él me miraba, recorriendo mi cuerpo con sus ojos de manera lenta. La comprensión fue rápida, y la verdad no podía creerlo. Puede que haya mencionado una o dos veces que en mi lista de cosas para hacer antes de morir sólo consistía de algo en particular: ser follada sobre roble macizo. Aunque no creí que fuera a hacerse realidad.

Quiero decir, estaba bastante segura de que eso era algo por lo que despedían a las personas.

—¿Qué hiciste por mí? —pregunté intentando esconder mi sonrisa.

Levantó una mano para acariciar mi mejilla con sus labios curvados en una sonrisa.

—Debes disfrutar de tu cumpleaños, así que pensé que deberíamos comenzarlo como se debe.

—¿Cuántas reglas rompemos con esto?

—Muchas —se rió—, pero es media noche y no hay nadie en la oficina, y creo que si eres lo suficientemente callada podremos salirnos con la nuestra.

—No soy muy callada.

Sus labios capturaron los míos, y sus dientes tiraron de mi labio inferior cuando se separó.

—Puedo mantenerte callada.

No era la chica más pervertida del mundo, pero... ¿ser follada en su oficina? Me apuntaba a eso. Ese tinte de peligro me excitaba. Me lamí los labios al asentir.

—Si te despiden, lo lamentaré mucho.

Se inclinó envolviendo sus brazos a mi alrededor para subirme al escritorio.

—No me despedirán.

Sus labios viajaron por mi mandíbula, dejando mi piel cosquilleando tras su paso.

—Pero si lo hacen, prometo que intentaré rogar por ti.

—Entonces creo que todo saldrá bien. Eres muy persuasiva.

Asentí mientras sus dedos agarraban la orilla de mi suéter, levantándolo lentamente.

—Sí me vas a follar en tu oficina, ¿verdad?

Se rió entre dientes.

—Hermosa, sólo tuviste que decirlo una vez antes de que yo empezara a planear cómo hacerlo realidad.

Pronto mi blusa ya no estuvo, y sus labios estuvieron de regreso en mi piel mientras mis manos se enredaban en su desordenado cabello. No podía obtener suficiente de él, nunca podría. Me tocaba de una manera que era tan simple, pero tan malditamente poderosa. Sus manos estaban en mis caderas, acercándome a él con la finalidad de hacerme sentir que yo también le provocaba lo mismo; que él tampoco podía tener suficiente de mí.

—Dios, te amo —susurró cuando me acosté sobre el escritorio.

La madera fría y dura se sentía bien contra mi espalda mientras él me sacaba los jeans. Esto estaba pasando; estaba haciendo realidad mi fantasía. Joder, sí, tenía el mejor novio del mundo.

—Voy a follarte duro y rápido —dijo con una sonrisa maliciosa en sus atractivos labios cuando lo miré—. Vas a disfrutarlo.

Oh, sí. Sí lo disfrutaría.

—Gracias. Te amo.

Se bajó los pantalones de su uniforme, liberó su polla y se la frotó mientras yo lo veía con anticipación. El aire en la habitación se sentía eléctrico. Sentía como si estuviera en una nube de la que nunca iba a bajar. Me agarró de los muslos para jalarme a la mera orilla del escritorio. Se lamió los dedos antes de acariciar mi clítoris.

Y luego embistió dentro de mí, tomándome con la guardia baja y haciéndome gritar. Hizo lo que había dicho y me folló duro. La fricción del escritorio me causaba un ligero dolor que sólo aumentaba el placer.

—Carajo, amo cuando tus tetas saltan así —susurró con aspereza, moviendo su mano a mi pecho.

Gemí dejando caer la cabeza a un lado, cerré los ojos y me dediqué sólo a sentirlo. Era muchísimo mejor de lo que había imaginado. Mis piernas estaban envueltas con fuerza alrededor de su cintura mientras él embestía dentro de mí con su gloriosa polla. Se sentía espectacular. Increíble.

Sus labios se movieron hacia mi cuello y me besó con suavidad, algo completamente opuesto a la forma en que me follaba. Cómo es que este hombre podía convertir algo tan caliente y peligroso en algo tan amoroso, me sorprendía, pero así era él. Así era el guapo Edward Cullen.

Agarré las solapas de su bata con fuerza para sostenerlo sobre mí mientras continuaba con sus movimientos. Lo necesitaba cerca. Lo necesitaba sobre mí, sus labios en los míos. Quería gritar lo jodidamente asombroso que era esto y casi lo hice, pero su beso silenció cada gemido que salió de mí.

Qué inteligente.

—Te amo, hermosa —gimió levantándome con él.

Terminé luego de unas cuantas envestidas más. Perdí todo lo que había a mi alrededor con excepción de esa sensación. Meció sus caderas contra las mías, abrazándome con fuerza luego de que se vino. Nos aferramos el uno al otro, ambos estábamos jadeando mientras bajábamos de ese increíble placer.

—También te amo —susurré sobre su cuello—. Te amo muchísimo.

Se alejó para acunar mis mejillas y sonreír.

—Feliz cumpleaños.

Me reí.

—Y qué buena manera de comenzarlo.


Salí de hospital con el cabello hecho un desastre y el suéter puesto al revés. Aunque nunca antes me había sentido más hermosa. Eso era lo que Edward me hacía, y no siempre era por el sexo espectacular. Él me trajo de regreso a la vida, haciéndome más feliz que nunca antes.

Su regalo no era un objeto material o algo que pudiera mostrarles a otras personas, pero era más considerado de lo que una preciosa pieza de joyería o unas flores podrían llegar a ser, y me encantó. Rompió más reglas de las que quería contar con tal de cumplir algo que yo quería. Me refiero a que lo hubieran echado de una patada en el culo si nos hubieran descubierto. Él se arriesgó por mí, para hacerme feliz.

Estaba bastante segura de que eso era amor.

Me metí a la cama poco después de llegar a casa, pero me desperté antes de las nueve cuando Edward se metió a la cama junto a mí deseándome un feliz cumpleaños. No habían planes de una gran celebración además de cenar esta noche con Alice y Jasper, aunque lo prefería así. Era difícil saber que este día era el que mi papá más celebraba. Sin él no era lo mismo.

Sin embargo, estaba bien... tan bien como podría estar, supongo.

—Sólo dame cinco horas, ¿de acuerdo? —preguntó Edward, envolviendo sus brazos con fuerza a mí alrededor desde atrás—. ¿Qué te parece ir a ver una película antes de cenar?

Sonreí para mí asintiendo.

—Me encantaría. Te amo.

—También te amo, cumpleañera.—Besó mi sien antes de suspirar tranquilamente y acomodarse.

Me quedé acostada ahí por una hora, pensando en todo y nada mientras él dormía. Luego de asegurarme que estuviera profundamente dormido, aparté sus brazos de mi cintura y salí de la cama en dirección a la cocina. No me sorprendió nada encontrar un hermoso ramo de rosas en el mostrador ya puesto en un jarrón para mí.

Aunque, el que no estuviera sorprendida, no significaba que no me impresionara. Se había superado a sí mismo con las flores. Eran preciosas y se veían frescas, era obvio que estaban hechas para mí; tenía unos cuantos separadores encajados entre las flores, eran diferentes, divertidos y bonitos.

Ese hombre me conocía.

También había quitado una foto donde salíamos mi papá y yo de la repisa y la había dejado junto a las flores con una nota. Fue un detalle lindo, pero algo amargo. La nota me recordaba que aunque papá no estuviera físicamente conmigo, me seguía queriendo y que Edward se aseguraría de que siguiera conmigo en espíritu.

Dejé que un par de lágrimas resbalaran por mi mejilla, pero por una vez no me avergonzaba de lo que sentía. Ya tenía tiempo desde la última vez que había llorado por mi papá y, en cierta manera, era depurador hacerlo.

—Te extraño, papi —dije de manera suave, cerré la nota y miré la foto—. Él es genial, ¿eh? Probablemente mejor de lo que merezco, pero me ha completado en una manera loca que no comprendo. Me trajo de regreso a la vida, sé que eso te haría feliz.


Cuando Edward se despertó cerca de las dos de la tarde, salimos hacia el cine para ver una película. Me dejó agregarle raisinets a las palomitas, en realidad él odiaba las pasas cubiertas con chocolate, pero a mí me encantaban, así que ya saben, hurra por los caprichos de cumpleaños. Incluso me las arreglé para poner palomitas y pasas en un montón de comida que le di en la boca.

Su mirada de traición no tuvo precio.

—No deberían mezclar las palomitas con el chocolate —dijo mirándome mal—. En especial chocolate con pasas.

Me reí alisando su ceño fruncido.

—No te envenené.

—Bien pudiste haberlo hecho. Es por esto que tengo problemas para confiar en la gente, ¿sabías? ¿Chocolate que dentro tiene escondida una pasa? No es natural.

—Es delicioso —dije, echándome otro bocado a la boca para demostrar mi punto—. Mmm, no es natural.

Se rió suavemente, pasando su brazo por mis hombros para acercarme.

—Lo que tú digas, hermosa.

Me sostuvo cerca de sí cuando empezó la película, y me derretí en su costado disfrutando de la sensación. Hacer cosas indebidas era increíble, sabes. Incluso más cuando me besó apasionadamente mientras me acariciaba hasta hacerme gemir, provocando que alguien detrás de nosotros nos mandara a callar.

Ellos no apreciaron mucho su no tan silenciosa plática de lo que me iba a hacer esa noche.

Aunque yo sí.

Y sexo en un lugar público fue agregado a mi listas de cosas que quiero hacer antes de morir.


Cuando terminó la película nos tomamos nuestro tiempo para regresar al apartamento. Alice y Jasper llegarían hasta las seis, así que no había prisa.

—Tengo que hacerte una pregunta hipotética —dijo Edward, que tenía agarrada mi mano mientras esperábamos que cambiara la luz a verde para poder cruzar la calle.

Lo miré alzando una ceja.

—Hipotética, ¿eh?

Asintió con una sonrisa tirando de sus atractivos labios.

—Claro. Por ejemplo, ¿qué tan enojada estarías conmigo si te dijera que hay una fiesta sorpresa esperando para ti en nuestro apartamento?

—Considerando el hecho de que sólo tengo una amiga cercana y ella ya está invitada a nuestro apartamento para una cena planeada, estaría extraordinariamente enojada. Incluso podría enfurecerme.

—¿Estarías menos enojada si te lo contara primero?

—Te causaré daño físico, Edward Cullen.

Se rió entre dientes agachando la cabeza para besar mi sien.

—No puedes lastimar ni a una mosca, hermosa. Te he visto intentarlo, y milagrosamente fuiste capaz de atraparla en un vaso y echarla por la ventana.

No lo haría.

¿Lo hizo?

Mierda, carajo, maldición, sí lo hizo. Y por la mirada en su rostro y su pregunta hipotética de mierda, supe que sí lo había hecho. Consideré en quitarle la sonrisa del rostro con una cachetada, pero en el mundo real eso era considerado un delito.

Maldición.

—¿Quién va a ir? Edward, odio a la gente —me quejé.

—No odias a mis padres, ¿verdad?

Bueno... eso cambiaba las cosas. Un poco. Aunque seguía enojada.

—¿Sólo ellos?

Sacudió la cabeza.

—Emmett y Rosalie también, pero dejaron a los gemelos con su abuela materna.

—¡Sólo los he visto una vez! —bufé.

—Y aun así te adoran. Sólo... pensé que te gustaría tener a la familia en tu cumpleaños. Ahora también son tu familia, Bella. Por favor, no me odies.

Nunca podría odiar al guapo Edward Cullen. Extrañaría demasiado las charlas y el sexo espectacular. Aunque sí podía hacerlo pagar por esto. Todavía no sabía cómo, pero lo iba a hacer.

—No te odio —suspiré al tiempo que regresaba su atractiva sonrisa. —¿Tengo que actuar sorprendida? Porque soy una buena escritora, pero pésima actriz.

Se rió bajando la cabeza para capturar mis labios.

—No, les dije que te diría antes de llegar, para que no tuvieras un ataque de pánico.

—Buena idea porque hay altas probabilidades de que sí lo tenga.

—Entonces, ¿no estoy en problemas?

—Todavía no lo decido. Pero me alegra que haya venido tu familia. ¿Ya están aquí?

Asintió tomando mi mano de nuevo.

—Sí, ya debieron haber acomodado todo. Te amo.

—También te amo, aunque seas un sucio conspirador.


En cuanto Edward abrió la puerta del apartamento y yo entré, su mamá se apuró a envolverme en un fuerte abrazo. Quería a Esme, pero... no entendía lo mucho que yo disfrutaba de mi espacio personal. Ni siquiera un poco.

—Feliz cumpleaños, cariño —dijo al separarse—. ¿Sorprendida?

—No puedo creer que hayan venido todos —dije sonriendo—. Es increíble.

—No había manera en que fuéramos a negarnos cuando Edward nos lo dijo —dijo Carlisle adelantándose un paso para darme un rápido abrazo—. Feliz cumpleaños, Bella.

—Muchísimas gracias. En serio agradezco mucho que todos hayan venido. En serio, no tenían por qué venir hasta acá.

—Eh, también son unas mini vacaciones —dijo Rosalie—. Edward no quería que pasaras el día sin tu familia, así que aprovechamos la oportunidad. Feliz cumpleaños.

—Gracias —dije, dándole un gentil abrazo.

Todavía no conocía muy bien a Rosalie y Emmett, pero ambos me agradaban. Me recibieron en la familia con los brazos abiertos. La verdad era un poco desconcertante recibir tanto amor sin esforzarme, pero así eran los Cullen; eran personas increíbles, así de simple y sencillo.

Luego de la bienvenida todos nos fuimos al pequeño comedor para empezar a comer. Rápidamente me informaron que llegaron poco después de que Edward me llevara al cine para preparar todo y para que Esme pudiera cocinar mi comida favorita: pollo parmesano.

Se sentía tan acogedor y agradable estar rodeada en la mesa de gente que me llamaba su familia, y que habían viajado hasta tan lejos sólo para estar conmigo una noche. Edward había superado todas mis expectativas de una celebración, y decidí que esta noche se merecía cualquier cosa que pudiera desear.

—Ordené el pastel de nuestra panadería favorita —dijo Alice sonriendo al dejar el extravagante pastel de dos pisos frente a mí—. Y sí, también hay helado de galleta.

—Sabía que te quería por algo —me reí y tomé su mano cuando se volvió a sentar junto a mí—. ¿Tú también participaste en esto?

Bufó.

—¡Por supuesto! ¿De verdad crees que Edward hubiera podido organizar todo esto? Cronometramos todo a la perfección, y eso es algo que sólo yo sé hacer, nena.

—Cierto. Entonces... ¿qué debería pedir al apagar la vela?

—Lo que tú desees, preciosa —dijo Edward, envolviéndome con su brazo y besando mi mejilla—, aunque me encantaría si una pantalla plasma nueva cayera en nuestros regazos.

—Es el deseo de ella —dijo Esme, y sus labios se curvaron en una sonrisa cuando rodó los ojos.

Alice encendió las velas y yo cerré los ojos para apagarlas rápidamente. Mi deseo fue bastante sencillo y todo lo que alguna vez podría desear. Sólo quería ser siempre parte de esta increíble familia y que el hombre atractivo me amara por el resto de nuestras vidas.

Tenía la sensación de que fácilmente sería realidad.


Este es un pequeño outtake que la autora subió hace dos semanas, es cortito pero muy lindo.