Hi!

Sé que prometí que el último capítulo lo publicaría el jueves, pero... creo que no he podido resistirme a escribirlo y no me siento bien teniéndolo en el ordenador hasta que llegue el día.

Así que, con todo el pesar y, a la vez, la alegría de mi corazón, les traigo el ÚLTIMO CAPÍTULO DE "LOS LAZOS DEL EQUIPO 7". Espero que lo disfruten tanto como yo.

Besos y Abrazos.


Epílogo – Otoño.

Naruto bajó las escaleras despacio y con cuidado de que no se cayeran las cosas que llevaba en las manos. Caminó hasta el porche donde había dejado a Hinata unos minutos antes y se dedicó a observarla: la fría brisa del otoño movía los pocos cabellos blancos que habían cubierto el hermoso cabello de Hinata, quien además no había cogido ninguna manta para abrigarse. El Hokage que antaño fue rubio soltó un suspiro resignado ante el descuido de su querida esposa y, de camino, cogió una de las mantas que solían usar para abrigar a sus nietos mientras veían la televisión.

- Nunca cambiarás – su ronca y anciana voz se abrió paso entre el delicado silencio y la mujer subió sus cansados ojos a tiempo de ver cómo una manta era depositada sobre sus hombros.

- Gracias, Naruto-kun – sonrió, acariciando el rostro de Naruto quien alborotó su níveo cabello como antaño.

- Casi cincuenta años de matrimonio y aún consigues hacerme sentir así... – susurró, dejando delante de ella lo que había ido a buscar.

- ¡Ah, pero si es Mikoto-chan! – exclamó encantada cuando reconoció el rostro del bebé del primer álbum. Lo puso en su regazo y lo abrió, una sonrisa melancólica surcó su rostro.

No importaba cuántos años pasaran, el tiempo parecía no querer entrometerse demasiado con Hinata. Aún conservaba algo del hermoso color negro de su juventud y su piel no tenía ni la mitad de arrugas que la suya. Hinata solía burlarse diciéndole que ella tenía cremas milagrosas que nunca le prestaría..., pero Naruto sabía que no era verdad.

Se quitó el sombrero de Hokage y lo dejó a un lado mientras encendía una pipa que tenía un aspecto tan viejo como él.

- ¿Qué tal ha ido la reunión, Naruto-kun? ¿Han aceptado a Ita-kun? – preguntó, apartando un segundo los ojos de su nieta: una hermosa niña de cabellos negros azabaches y ojos blancos, perlados.

- Claro que han aceptado a tu yerno, ¡el cateto de tu hijo dijo desde el principio que no le interesaba el cargo!

La anciana rió, tapando sus labios delicadamente.

- Neji-kun nunca ha querido seguir tu camino, Naruto-kun, él siempre quiso ser ninja médico como Sakura-san.

- ¡Obaa-chan era ninja médico y Hokage a la vez!

- Tranquilo, mira a la lindura de tu nieta – puso delante de los cansados y sabios ojos azules de Naruto una foto de cuando Mikoto había comenzado a caminar.

- No me cambies de tema, Hinata – masculló, haciendo un puchero.

Ella volvió a reír. No importaba cuántos años pasaran: Naruto seguiría siendo Naruto hasta el final.

- ¿Recuerdas el día que Itachi se enfrentó a Sasuke y a Gaara? – preguntó Naruto prácticamente de la nada, Hinata ladeó la cabeza en un asentimiento.

Un año y medio después de aquel Festival de los Caídos, Sasuke le pidió a Hinata que lo acompañara en la reunión que iba a tener con Gaara y con Matsuri para finalizar por fin con los acuerdos del matrimonio entre Itachi y Tsuki. Ninguno de los adolescentes lo sabían... o eso pensaba la mayoría.

- Padre, Madre, Kazekage-sama, Matsuri-san, Hinata-san – saludó cordialmente con una inclinación.

- Itachi, estoy reunido – dijo Sasuke, extrañado ante la interrupción de su hijo.

- Yo también formo parte de esta reunión – detuvo su caminar en el centro de la sala y alzó su mirada hasta encontrarse con la del cabeza del Clan.- Padre, le ruego por favor que anule este acuerdo.

El silencio se hizo en la sala.

- ¿Qué? Pero Ita-kun pensábamos que estarías contento de estar con Tsuki-chan – comentó Sakura acercándose al niño.

- Madre, padre, no quiero perder a Fugaku en el futuro, mi hermano es más valioso para mí que cualquier otra persona.

- Ah... tú también te has dado cuenta Itachi-kun – Matsuri habló por fin después de mantener silencio prácticamente desde que habían llegado.

- ¿Qué quieres decir, Matsuri? – el pelirrojo miró a su esposa de forma significativa, pero la mujer tan sólo le sonrió con tranquilidad, sabía que Gaara estaba algo enfadado, pero debía entenderlo.

- Muchas veces no elegimos de quién nos enamoramos, Gaara-kun, tu hija e Itachi no se quieren de esa forma; Tsuki-chan está enamorada de Fugaku-kun.

Muchas bocas se abrieron con sorpresa ante esa revelación, el silencio volvió a reinar en la sala y sólo una leve risa se escuchó. Todos miraron hacia la ventana del despacho donde Hinata estaba sentada desde el principio leyendo un libro. No estaba segura de por qué Sasuke le había pedido que estuviera presente, pero comenzaba a hacerse una idea. Ella sabía quién había logrado colarse en el corazón del heredero de los Uchiha y no pudo evitar sonreír al recordarlos caminar a veces de la mano, otras él llevándola a hombros y todos los veranos enseñándole magia desde aquel festival.

Suspiró. A Naruto le daría un infarto.

- Feh, ese Itachi es clavadito a su padre – masculló Naruto cruzándose de hombros, recordando la sorpresa que les dio cuando Hannah cumplió los dieciséis años.- Nunca olvidaré ese maldito día...

Hinata rió con ganas al casi poder escuchar rechinar los dientes de Naruto.

- Pero si al final salió bien... – volvió a ponerle el álbum en la cara.- ¡Mira qué bonita es mi Mikoto-chan!

- El resto de tus nietos se pondrán celosos – comentó Naruto, quitándole el álbum para verlo él: recogía las etapas de Mikoto Uchiha desde su nacimiento hasta la graduación en la Academia.

- El resto de mis nietos son todos varones, Mikoto-chan es la única niña de mis ojos.

Hinata disimuló una risa tapando sus labios con una servilleta. Desde luego, lo último que esperaban cuando se levantaron aquel domingo y prepararon el almuerzo que iban a celebrar con la familia Uchiha al completo fue que Itachi se levantara en medio de una conversación que mantenía el Hokage con su mano derecha sobre la renovación de los tratados de alianza para...

- Hokage-sama, quiero pedirle la mano de Hannah.

Si Naruto hubiera tenido una docena de años menos seguramente se hubiera dejado caer de la silla tal y como le pedía la situación que hiciera. Sakura y Sasuke miraron a su hijo asombrados: ¿cuándo diablos iba a dejar de sorprenderlos aquel doble del antiguo Itachi? ¿Y Hannah? ¿Pero cuándo...?

- Sasuke... – sus ojos azules se dirigieron amenazadores hacia su mejor amigo.

Clavadito a su padre.

- Te juro que no sabía nada.

Hinata miró a sus respectivos retoños: Kushina observaba a Itachi con la boca exageradamente abierta mientras que Hannah se había puesto roja hasta las orejas y Neji fulminaba a uno de sus mejores amigos con la mirada. Al parecer, el pequeño Itachi lo había llevado en secreto porque hasta su hermano lo miraba con sorpresa.

Pero la determinación de Itachi no cedió ni un ápice, ni siquiera cuando Naruto adoptó su versión de padre posesivo y sobreprotector con él. A fin de cuentas, Itachi era mucho mayor que Hannah y no pensaba ponerle las cosas fáciles.

- No creas que te lo voy a poner fácil, enano engreído.

- Sólo me daré por vencido si Hannah no quiere estar conmigo.

Naruto miró a la mencionada que parecía seguir en estado de shock, la llamó entonces por su nombre completo y la muchacha, tan parecida a su esposa en carácter, fijó sus tímidos ojos en los severos de su padre. Sin embargo, y aunque ella no dijo nada, Naruto tuvo que aceptar resignado su derrota: en los hermosos y blanquecinos ojos de su hija había un amor tan grande como el que veía en Hinata cuando eran mucho más jóvenes.

Otra batalla perdida, Naruto.

- Esto es una locura...

Naruto soltó un gruñido ante el recuerdo.

Llegó entonces Hinata con dos tazas humeantes de chocolate caliente, ofreciéndole una, la anciana tomó asiento a su lado y pasó parte de la manta por los hombros de su marido, recostando la cabeza en el hombro de él mientras sus manos eran calentadas por el calor que desprendía el recipiente.

- Yo pensaba que los amoríos de nuestra infancia habían sido especiales, pero desde luego... los de la siguiente generación nos superan con creces – comentó, posando sus ojos azules en una foto donde salía Hannah sosteniendo en brazos a Mikoto recién nacida, al lado de la camilla estaba Itachi Uchiha.

- Se han criado todos juntos, Naruto-kun, siempre hubo una relación cercana gracias a nosotros. Es normal que pasaran cosas así...

- Olvidaba que para ti hasta lo de Kushina y Kai es normal – comentó entonces.

- ¡Claro que lo es! ¡Fue muy romántico pedirle matrimonio durante aquella misión de Rango A!

- Cada vez la figura paternal pierde más valor... – dejó escapar entre dientes, recordando que se había enfadado porque el hijo de Tenten no había tenido la decencia de hablar primero con él.

- Naruto-kun, era una situación de vida o muerte, evidentemente eras la última persona en la que ambos pensarían...

- Hinata, eso es cruel.

Ella rió.

- Además, cuando nació Mizuki-kun no te quejaste. Estabas encantado porque fuera niño ya que Mikoto-chan no tenía ningún interés en aprender tus técnicas.

- ¡Prefería las tuyas y las de Hannah!

- Por supuesto – sonrió, las arrugas de la comisura de sus labios se acentuaron.- Estilísticamente son más hermosas.

- Hablando de todo un poco... ¿puedes recordarme por qué mi nieto tiene nombre de mujer?

- Porque Kushina-chan rompió aguas mientras nadaba en el lago. Además, no te quejes, heredó el don para los nombres de su abuela. ¿O tengo que recordarte el tuyo, Na-ru-to?

- No hace falta, Hinata, de verdad.

Ella asintió conforme mientras bebía un sorbo de su chocolate y se acurrucaba más contra Naruto que optó por pasar un brazo por su cintura y también apoyar su cabeza sobre la de ella.

Bien pensado las cosas no habían terminado tan mal: Hannah e Itachi se casaron cuando ella cumplió los veinte y poco después tuvieron a Mikoto quien heredó tanto el Byakugan como el Sharingan; Kushina y Kai celebraron su matrimonio casi por la misma fecha y ahora tenían un hijo llamado Mizuki quien siempre tenía que aclarar que era chico a pesar de su nombre porque Kami-sama lo bendijo con un rostro fino y cabello largo y suave (Kushina no quería cortárselo); Neji tardó meses en volver a dirigirle la palabra a Itachi, pero gracias a Hikari, su actual esposa y madre de dos gemelos: Shuu y Rei, ambos con el Byakugan, volvieron a ser conocidos por la camarería que los caracterizaba; Fugaku y Tsuki cumplieron el acuerdo que Gaara y Sasuke firmaron el día del abandono de Itachi y se fueron a vivir a Suna...

- Menos mal que Kurama-sama dejó de reproducirse, ¿verdad?

Me ofendes, querida.

- Parece ser que se conformó con llegar hasta Kushina y Hannah porque ni Mizuki ni Mikoto tienen su chakra – afirmó Naruto.

¡Oye, viejo, no hables como si lo hiciera a propósito!

Recordó el temor que todos habían sentido por un momento cuando ambas Namikaze fueron a dar a luz a pesar de que Kurama les había asegurado una y otra vez durante los nueve meses de embarazo de ambas que no sucedería nada. Hacía mucho tiempo que no estaba furioso. Al final, hubo que darle la razón al zorro de nueve colas.

La cerradura de la puerta de la entrada sonó entonces.

- ¡Obaa-chan! ¡Ochiichii! – llamó la voz de una niña.

- ¿Okaa-san? ¿Otou-san? – preguntó después la madura, pero siempre delicada voz de su hija menor.

Hinata se levantó en ese momento.

Oye, Kurama, ¿en realidad no te importa?

¿A qué te refieres, Naruto?

Si yo muero, tú mueres conmigo.

He tenido una vida muy larga, Naruto. Esta ha sido especialmente satisfactoria. Si tengo que morir, pienso que ahora sería un buen momento.

Has cambiado, Kurama.

Quién sabe...

El viejo Hokage sonrió y dejó que la manta se escurriera desde sus hombros, dejó su taza al lado de la de Hinata y siguió los pasos de su esposa para recibir a los primeros miembros de su familia que llegaban al tradicional almuerzo de los domingos.


Hasta aquí hemos llegado por fin con esta historia que he compartido con ustedes prácticamente desde principio del verano hasta hoy.

Espero haber conseguido que disfrutaran con esta historia, que pasaran buenos momentos, que rieran, que se enfadaran, que lloraran (?), que sonrieran y conseguir alegrarles un día oscuro como ustedes me lo han alegrado a mí durante todo este tiempo.

Muchas gracias por el apoyo constante que he recibido durante todo el fic, e inclusive con mis otras historias, y espero que nos veamos en algún otro proyecto.

Deseándoles la mejor de las suertes se despide: ISayPurr.

Buenos días & Buenas tardes & Buenas noches.