Ring

- Monseiur Holmes, le ofrezco mis disculpas pero temo que se ha perdido el horario de la cena y la cocina ya ha cerrado, pero si hay algo que usted quisiera…- Sherlock hizo callar al encargado del hotel con un movimiento de mano y continúo su camino hasta el elevador sin darle más importancia al asunto.

Sin resignarse, el encargado le siguió de cerca, recitando la lista de restaurants que sin dudar le prepararían los mejores platos de cocina francesa solo para su deleite, no importaba que fuesen las dos de la madrugada, él mismo se encargaría de proveerle cualquier capricho culinario al detective. El hombre se había mostrado así de servil desde que Sherlock se instalara en el hotel dos días atrás; no perdía momento en retribuir (aunque sea levemente) los servicios que el detective estaba prestando al lugar.

- Monseiur…

Comenzaba a volverse irritante. Tomando aire profundamente respondió de la forma más calmada posible.

- No hace falta, no como durante los casos. – Forzando un poco más de paciencia agregó:- Gracias.- La puerta del ascensor cerrándose entre ellos.

Técnicamente el caso aún no estaba cerrado, aunque llevaba resuelto al menos una hora. La desaparición de Joanne Chassier, una de las empleadas del hotel, no era el caso de secuestro que los medios y la policía francesa habían vendido. Le tomó veintisiete horas, dos entrevistas, una persecución que terminó en lucha cuerpo a cuerpo y la lectura de informes de cuentas del lugar para saber que todo formaba parte de una red de estafas. La señorita Joanne solo era un peón dentro de un moderadamente inteligente plan para sacar cuantiosas cantidades de dinero al dueño de la cadena hotelera. Nada más complicado que eso, pero no había venido a Francia con mayores expectativas, de cualquier forma solo era por hacerle un favor a Lestrade y ocupar su mente con algo, cualquier cosa.

Llegó a su habitación donde encontró su bolso de viaje aún sin tocar desde su arribo. Probablemente sería una buena idea tomar un baño, el detective Valois de la policía local estaba a cargo oficialmente del caso y no había mucho que pudiera hacerse en esos momentos. A primera hora de la mañana presentaría la evidencia y tomaría el primer avión de regreso a Londres.

No es que tuviera mucha prisa por regresar, pensó mientras se masajeaba los músculos entumecidos en la bañera (el cuerpo comenzaba a resistirse ante tanto esfuerzo físico últimamente), no es que hubiera mucho por lo que regresar. Había dejado un experimento en la nevera a medio terminar, aunque no estaba especialmente ansioso de resultados. Siempre podía ir a ver a Molly y buscar piezas anatómicas en Barts. No se vería con John por lo menos hasta el domingo, y aún quedaban tres días para eso.

Volver a Baker Street era fútil sin John ahí. Era difícil y doloroso, llevaba algún tiempo siéndolo, desde que descubrió que no importara cuando hiciera, John no volvería con él. El tenía una vida ahora, una esposa y una modesta pero adorable casa en los suburbios; John había seguido adelante con su vida. "Eso es lo que la gente hace". Era delusorio pensar que el mundo que dejó atrás cuando fingió su muerte permanecería intacto cuando el decidiera regresar. Como si un mundo sin Sherlock Holmes no pudiera seguir funcionando.

No importaba al final que fuera por una buena causa. Había cometido un error… Dios, había cometido varios errores que casi le cuestan su amistad con John, incluso las relaciones con Lestrade, la señora Hudson y Molly se habían visto dañadas. Las cosas no habían vuelto a como eran antes, pero poco a poco su vida iba agarrando un nuevo ritmo. Lestrade ya le hablaba de nuevo, todavía lo invitaba a las escenas de crímenes más sangrientas y casos que eran verdaderos enigmas; todo a cambio que eventualmente le retribuyera ayudando en casos menos desafiantes (aburridos) como el actual.

Su teléfono empezó a sonar mientras aún se secaba el cabello con una toalla, quizás no era tan tarde y el detective Valois quería un informe de sus averiguaciones. No era difícil de creer cuando se trataba de un hombre divorciado y sin hijos, con más objetos personales en su oficina que en su departamento. Es lo que queda para hombres como ellos, casados con su trabajo.

No era Valois quien llamaba. En la pantalla de su móvil parpadeaba el nombre de John Watson.

" ¿Lo sabías?" La pregunta fue repentina, pero no inesperada. Llevaba tiempo sabiendo que ese momento llegaría. La voz ronca y afectada de John era todo lo que había necesitado para comprender de lo que estaba hablando.

Por supuesto que lo sabía, siempre lo había sabido. Pero no dijo eso, y la única respuesta que John obtuvo fue su silencio al otro lado de la línea.

" Lo sabías." Con un suspiro profundo y derrotado escuchó a su amigo caer sentado en su sofá. "¿Desde cuándo?"

"¿Importa realmente?" Pero lo que en verdad había querido preguntar es si había ignorado todos los signos de engaño de forma intencional o solo porque era demasiado obtuso. ¿No has aprendido nada conmigo en todos estos años?

"No… Supongo que no." Admitió el doctor con un hilo de voz.

"Oh…"

"¿Qué?"

"Nada, solo no es la respuesta que esperaba." No lo había previsto en verdad.

"¿Qué respuesta es la que esperabas?"

"Reclamos sobre todo. Una muy apasionada serie de insultos, probablemente un ´¿Cómo pudiste ocultarme que mi esposa está teniendo un affair con su profesor del taller literario que toma cada semana? Eso no es lo que los amigos hacen´. Esa clase de cosas."

"¡¿Su profesor?! Mierda, mierda, carajo." Y el ruido de fondo de la cerámica golpeando contra la pared. Probablemente uno de los horribles adornos en forma de querubines que Mary colecciona. Más silencio y luego otro sonido similar.

Unos dos minutos después volvió a escuchar la respiración agitada de John en el celular.

"¿Te descargaste?"

"Apenas. Dios, odio esos malditos ángeles. "

"Son espantosos." Coincidió Sherlock. El mismo había sentido ganas de arrojarlos contra la pared, pero teniendo en cuenta que era la primera visita oficial a la nueva casa de John y Mary, no habría sido del todo apropiado.

"Me sacan la mierda del susto cada vez que bajo a la cocina a beber algo en la mitad de la noche. ¿Qué carajo estaba pensando ella?"

"Estoy deacuerdo, un gusto totalmente ordinario."

"¡Su maldito profesor!"

"Oh… ya no estamos hablando de la decoración."

"No Sherlock, estamos hablando de que mi esposa me ha estado engañando con su profesor… es tan… es tan cliché que ni siquiera puedo creerlo." De su silencio empezó a nacer una risita tonta, casi maníaca.

"Profesor frustrado que no pudo dar clases universitarias asi que se conformó con enseñar en un curso comunitario que no le permite pagar su propio alquiler, vive en casa de sus padres, con tres gatos, con quien comparte habitación hasta que logre escribir su primer libro, dudoso, ya que con su poco talento y falta de constancia no va a pasar pronto. El tiene una cola de caballo…"

"¡UNA COLA DE CABALLO! Mi esposa se acuesta con un perdedor con una jodida cola de caballo."Su risa se volvió carcajadas de verdadero humor y Sherlock no pudo evitar hacerle coro. Era todo demasiado ridículo e inapropiado, pero solo ellos compartían ese gusto de reír por lo inapropiado.

Sherlock atesoraba esos momentos que se habían vuelto cada vez más raros.

"Dios, Sherlock, te he echado de menos." Admitió John del otro lado de la línea cuando dejaron de reir, la sonrisa sin embargo todavía se sentía en sus palabras. "¿Estás ocupado? Tal ves podríamos encontrarnos en el pub ahora."

Se odiaba por estar perdiendo la oportunidad. Los encuentros con John en el pub se habían vuelto sus encuentros semanales, bisemanales si sus agendas estaban especialmente libres. No quería presionar mucho los límites de su nueva y frágil amistad con el médico, el respetaba ahora que John tenía otros horarios, otros amigos y obligaciones familiares, ya no podía salir corriendo cada vez que él quisiera verlo (que últimamente era todo el tiempo). Por eso esperaba con ansias que pasara un tiempo prudencial, tres o cuatro días, antes de proponer un encuentro en el pub. John jamás era el que daba el primer paso, pero siempre aceptaba.

Por eso se sentía tan frustrado ahora que tenía que rechazar la primera oferta de encuentro que tímidamente había pronunciado John.

"Me encantaría, pero no puedo."

"Oh… oh si por supuesto, debes estar ocupado. Lo siento mucho, en que estaba pensando, es decir mira la hora, ni siquiera podría irme hasta Londres y…"

"No puedo porque estoy en Francia." Cortó el balbuceo confuso de su amigo.

"¿Francia? ¿Qué demonios haces en Francia?"

"Un caso, por supuesto."

"Si por supuesto, ni siquiera sé por qué lo pregunté."

"Porque eres un idiota, pero no te preocupes, casi todo el mundo lo es." Una nueva ola de risas y Sherlock se echó a la cama todavía con el teléfono pegado a su oreja. Estaría bien, John estaría bien, se relajó al pensarlo.

"Asi que… ¿dónde estás exactamente, no interrumpí una de tus persecuciones por toda la ciudad, no?"

Ellos hacían eso de vez en cuando. John ya no lo asistía en sus casos, no blogueaba sobre ellos, una que otra vez había vuelto a una escena del crimen, pero en realidad el tiempo y su matrimonio se había vuelto algo difícil de mantener equilibrado mientras lo seguía en sus investigaciones.

"Difícilmente. Estoy en el hotel ahora mismo."

"¿Has terminado, entonces?"

Sherlock hizo un sonido afirmativo.

"No fue rastrear a la red de Moriarty o algo tan complicado John".

Mierda. No debió decir eso. Se arrepintió en el momento exacto que John respondió con un sonido evasivo. Di lo que quieras, detalles del caso, llámale idiota, incluso habla del maldito clima pero por todos los cielos solo evita un tema, un solo tema. Masajeando el puente de su nariz se hundió más en la confortable cama, como si pudiera ocultarse de la reacción del otro hombre.

"Cuéntame los detalles." El obvio cambio de tema fue bien recibido. "Vamos, sé que quieres hacerlo."

El sonido del fondo le dio una clara idea de lo que John estaba haciendo mientras hablaban.

"Esa es una medida bastante generosa de whiskey, Capitán." John resopló del otro lado.

"Creo que me lo he ganado. ¿No me acompañas?"

No era de los que acostumbraba a beber, eso lo sabían, pero también que desde sus juntadas en el pub se hicieran rutina John le había obligado a pedir algo. "No voy a embriagarme solo". Y Sherlock en consecuencia bebía a sorbos toda la noche con el mismo vaso en mano.

Se levantó de la cama con uno de sus atléticos saltos, el mini-bar estaba bien provisto. Contemplativamente fue sacando una a una las pequeñas botellas.

"Ahh… Dalmore. ¿Me acompañas con esto? La tarjeta de Mycroft invita." Siempre lograba sacarle una sonrisa con la mención de ese tipo de cosas, John todavía no había perdonado al mayor de los Holmes por todo lo ocurrido. Era una carta segura para mejorar el humor del buen doctor.

"Eso suena maravillo, un vaso grande para mi por favor."

Esta vez fue la profunda risita en tono de barítono lo que se escuchó a través de la línea.

Se sirvió una medida mucho menor a la de John y volvió a sentarse en la cama para empezar su relato. No es que hubiera mucho que contar, ellos habían tenido aventuras mucho más entretenidas. Pero a lo largo de su narración iba creciendo la emoción en el rubio, y no hacía falta verle a la cara en ese mismo momento para leer sus expresiones. Ojos brillantes y una sonrisa nostálgica de la que John no parecía percatarse. Por momentos la excitación que Sherlock iba construyendo en sus relatos llegaban a un punto donde el otro hombre terminaba maldiciendo o soltando unos de sus halagos "Brillante!" o "Eres un lunático!". También había su dosis de reclamos cuando contaba de alguna hazaña peligrosa o riesgo estúpido, o cuando dejaba entrever descuidos en su salud; pero en esos momentos Sherlock no estaba seguro si el reclamo era preocupación por su persona o las ganas de haber estado ahí viviendo eso. Probablemente ambas, John podía ser bastante complejo en esas cuestiones.

John extrañaba esa vida. Extrañas la vida que teníamos antes. ¿Lo sabes? ¿Por qué te niegas algo que quieres con tanta fuerza? Estás siendo estúpido, estás equivocándote. Yo también cometí errores, no los cometas tu. Pero jamás le diría esas cosas a John, no era lo correcto. John era un adulto y había tomado sus decisiones, el era su amigo y lo respetaría.

Al final de la historia se sentía entumecido, y aunque eso podía ser el efecto del whisky, el calor en sus entrañas era el mismo que sentía cada vez que presumía sus obras. Era la única forma de llevar a John a sus casos, por esos minutos solo eran ellos dos de nuevo, corriendo por la ciudad e infiltrándose en los lugares más impensados solo por diversión. Porque eso era lo que amaban hacer.

"¿Entonces, la policía ya sabe que la muchacha no está desaparecida realmente?"

"No, pero el detective lo sabrá en la mañana. No hay nada que puedan hacer un par de horas de diferencia, están demasiado confiados, llevan años tramando esto y no saben que alguien más aparte de la policía está involucrado en el caso. Valois apreciará las horas de sueño. "

Era la forma en que hacia las cosas ahora, no necesitaba que su nombre atrajera la atención innecesaria de los medios de nuevo.

"¿Vas a esperar? Wow, es decir, Sherlock Holmes de hecho esperará a la mañana para no perturbar el sueño de la policía."

"La gente cambia." Dijo lentamente, masticando cada una de las palabras.

"Supongo que si."

La alegría provisoria se esfumó de John, retornando la amargura de la realidad y el original motivo de su llamada telefónica.

"¿Qué se supone que haga ahora, Sherlock?".

Déjala.

Permaneció en silencio y eso pareció ser lo correcto a hacer, porque John continuo hablando.

"No estoy sorprendido, no realmente. Es decir, las señales estaban ahí todo el tiempo. Siempre estaba ahí para mí cuando volvía de la clínica, preparaba la cena, mis platos favoritos. Veíamos algo de tv antes de irnos a dormir. Y el sexo era muy bueno."

"Hum."

"Lo siento probablemente no quieras escuchar esto, no es realmente tu área y todo eso."

"Soy muy capaz de entender el concepto de felicidad doméstica y buen sexo, doctor, gracias."

John se echó a reir nerviosamente, escuchar a Sherlock hablar de sexo era algo tan extraño como incómodo. El silencio por parte del detective no hizo más que aumentar esa incomodidad.

"Encontré uno de anotadores que usa en sus clases, era un poema o algo por el estilo, al principio pensé que se trataba de nosotros. Era bastante explícito… no me tomó demasiado darme cuenta por sus descripciones que no se trataba de mi. De pronto tuvo sentido, las veces que ya no me espera cuando vuelvo del trabajo, sus excusas para salir de la casa. Es una maestra de primaria, por dios santo,¿ que clase de emergencia laboral puede tener? El pequeño Billy necesita apoyo en matemáticas a las 11 pm. Las reuniones de padres que acaban a la medianoche."

No hay peor ciego que el que no quieren ver, dicen.

"He sido un estúpido… ¡Ya ni siquiera quería acostarse conmigo! " Es como si acabara de darse cuenta de ello. "No tienes idea lo frustrado que he estado últimamente." Reconoció con vergüenza.

"Ahh… puedo entender eso."

"No, no puedes."

"¿Cómo puedes estar tan seguro?" Preguntó sonando ligeramente indignado.

"No es lo mismo. Es diferente conocer el concepto a desear a quien amas y no recibir más que rechazo. Es todo un nivel nuevo de frustración, no solamente no poder echarte una."

"¿Quién dice que solo conozco el concepto?"

Fue un silencio mutuo el que siguió a continuación, solo roto con el carraspeo de John.

"¿Lo conoces? Es decir, no puedes culparme por asumir lo contrario… `casado con tu trabajo`, recuerdas?" Y nunca en los años de conocerse, pese al hiatus de dos años entre un periodo y otro, había visto a Sherlock con otra persona. El detective resoplo, sonando aburrido.

"Han pasado cinco años de eso, John."

"Espera… ¡Espera un minuto! ¿Estás intentando decirme que sales con personas… con intensiones románticas… o sexuales, lo que sea?"

"Ha sido un largo tiempo." Admitió con tono neutral.

Del otro lado John se encontró deambulando en círculos en su cocina, dejando el vaso de whisky vacío mientras se arrepentía de la cantidad, tenía que ser eso la causa del repentino vértigo que sintió. ¿Estaba tan ebrio? No, había escuchado perfectamente bien. En la oscuridad de su sala, mientras sostenía un vaso de whisky cerca de su boca, Sherlock Holmes admitió por primera vez que no era ese ser asexual que siempre había imaginado.

Sherlock debajo de toda esa capa de indiferencia y astucia. Debajo de esos trajes de corte tan halagador, totalmente expuesto y vulnerable, tanto como el sexo te puede dejar. Sherlock totalmente desnudo sobre las sábanas de su cama, entreabriendo esos labios en forma de corazón y arqueándose bajo el toque de alguien. ¿Sería así? O quizás práctico y minucioso como era todo el tiempo, sin perder el control en ningún momento; estar bajo su mirada analítica podía ser bastante intenso. Era imposible saberlo, y se pronto se sintió intranquilo con la idea.

"¿Estas con alguien ahora mismo?"

"No." Y casi pudo ver a Sherlock rodando los ojos con fastidio, como cada vez que la pregunta era obvia.

"Bien."

"…."

"Es decir, bien, me sentiría bastante estúpido si además de que mi esposa me engaña hubiera estado pasando por alto que mi mejor amigo tiene una pareja que desconozco."

Había sido un movimiento arriesgado en su amistad, el confesar esa parte de si mismo. Pero John había preguntado y no iba a mentirle, no más mentiras fue lo prometido. Sabía que iba a despertar la curiosidad de John, y no estaba seguro de querer hacerlo. Era una consecuencia inevitable, supuso, ahora mismo podía escuchar al cerebro de John Watson maquinar todas las preguntas que su boca no formulaba.

Luego, un sonido de movimiento del otro lado en Inglaterra. La puerta y el nombre de la esposa de su compañero fue pronunciado.

"Ella está aquí, debo colgar."

" Buenas noches, John." Aunque técnicamente ya estaba amaneciendo en París.

Sintió a John terminar la llamada y se encontró deduciendo las posibles formas en que se daría la confrontación entre él y su esposa Mary. Seis hasta ahora, ocho si incluía algunas verdaderamente dramáticas.

Detente. No.

Los amigos no deducen intimidades de los otros. Está bien para el trabajo, pero los amigos deben esperar y enterarse como todo el mundo, cuando el otro estuviera listo para hablar.

Dio una mirada al reloj de pared, Valois ya había tenido suficiente horas de sueño. Hora de volver al trabajo, su único amante en los últimos tiempos.