Gracias por esperar, me fue muy bien en mi examen de certificación :) gracias por los hermosos comentarios. Aqui un nuevo capitulo, espero que les guste.


-Ring 5-

John se estaba comportando extraño.

Era la forma en la que lo trataba últimamente. Había algo particular en la manera en que lo miraba, cuando desde la cama caminaba hasta el baño completamente desnudo.

-No deberías usar ropa. Nunca más, en serio.- Le decía John desde la cama, con un tono que era provocativo pero además extrañamente honesto.- Es decir, mírate, alguien como tú no debería usar ropa nunca.

Sherlock se giraba para verlo, evaluando sus palabras unos segundos antes de rodar los ojos y lanzar un pequeño bufido.

-Un poco inconveniente para mi trabajo como detective, ¿no lo crees?

Y John reía deleitado por la broma, pero por sobre todo por como Sherlock acentuaba sus movimientos con mayor sensualidad al alejarse. No era hasta entrar al baño que se sorprendía al encontrarse con su reflejo, relajado y con una sonrisa somnolienta.

Esto estaba mal.

Estaban además los abrazos de la mañana. Con la cantidad de veces que tenían sexo últimamente, no era raro que fueran creciendo en número los días en que uno se quedaba dormido en la cama del otro. Sherlock dormía menos, pero John tenía el sueño más ligero, resabio de su carrera militar. Con frecuencia apenas lo sentía moverse en la cama, John despertaba y lo abrazaba posesivamente, atrayéndolo hacia su cuerpo y enterrando su cara en el cuello de Sherlock, balbuceaba buenos días y le besaba en la nuca, un solo beso, casto pero tan cargado de intimidad solo como la que compartían los viejos amantes.

Se estaban acostumbrando al cuerpo del otro. Y sin embargo no pasaba una mañana en que ese beso en la nuca no lo hiciera temblar y tragarse un suspiro.

John se comportaba raro en las escenas de crimen. Normalmente ese era su escenario. Corre telón, Sherlock Holmes aparecía en la escena moviéndose de un lado a otro, todo oficial de Scotland Yard se volvía mera utilería y personaje secundario. Estaba acostumbrado a tener puesta toda la atención sobre él, buena y mala, pero no estaba preparado para la manera en que la mirada de John le seguían en todo momento. Intensa y cargada de algo que se parecía a la lujuria pero no era exactamente. John no le perdía la vista, ni siquiera le prestaba atención a Lestrade y sus pequeñas conversaciones sobre futbol. Es decir, el cortes doctor participaba en la charla, pero su corazón no estaba ahí. Cada gota de atención la ponía sobre Sherlock, y no había duda que aquello lo complacía. No. Que lo fascinaba. Le hacían crecer una sensación inmadura de orgullo y no podía negar que se esforzaba cada vez más en realizar deducciones más impresionantes, más veloces, conexiones imposibles. "Mírame John, estoy siendo brillante."

Era casi imposible contener el regocijo de autosatisfacción cuando de repente veía a Anderson palidecer ante una amenaza que en voz baja y penetrando su espacio personal, John Watson le largara, la vez que se le ocurrió hacer el último comentario despectivo sobre el detective.

Su tensión se acumulaba, justo ahí en su bajo vientre pero también en el pecho, haciéndolo palpitar con anticipación antes de volver a casa y devorarlo con una urgencia primitiva. Lo atrapaba contra la pared de la entrada y se comía cada advertencia de que la señora Hudson podía aparecer en cualquier momento de los labios de John, mismos labios que no soportaba un minuto más sin tener alrededor de su miembro. Con desespero lo puso de rodillas, las pupilas de John se dilataban, oscuras y con anticipación; y entre ambos luchaban contra el cinturón de Sherlock liberando su pene ya totalmente erecto. Lo empujo directamente contra su boca. Nada de juego previo, de besos ni lamidas provocativas, esta vez solo se dedicó a penetrarlo por la boca a un ritmo sin tregua.

Esta vez no había respondido al deseo de John, no había deducido que era lo que su doctor necesitaba exactamente para alcanzar el orgasmo. Esta vez había sido todo puramente egoísta, buscando sacar esa tensión acumulada, una comezón que solo John podía rascar. Y sin embargo, perdiendo el control, entregándose a su instinto más animal, John no parecía necesitar más que eso para alcanzar su placer. El rubio gemía alrededor de su pene, totalmente consumido por el momento, a tal punto que parecía estarlo disfrutando tanto o más que él mismo.

La media sonrisa divertida y llena de afecto que John le lanzó mientras se limpiaba restos de su semen con el dorso de la mano hizo a la tensión volver a apretar, justo por debajo de su pecho, ahí donde parecía estar teniendo un pequeño infarto.

Esto era malo, muy malo.

- Come.- Le ordeno John señalando el plato de hotcakes sobre la mesa.

Estaba en el segundo bocado cuando recordó que jamás comía en medio de un caso. Pero John sabía que los hotcakes eran sus favoritos, John le acariciaba el cabello al pasar, con una sonrisa complacida. Y esa tarde no importó que el trabajo se viera enlentecido si es que podía mantener una sonrisa como esa en su amigo. Y no importaba hacer el esfuerzo, porque en el momento que John encontró medio metro de intestinos humanos junto a la mantequilla en el refrigerador, solo rodo los ojos y le lanzó la mirada de reproche menos sincera que Sherlock había visto en toda su vida.

No veían televisión sentado lado a lado como antes; tal como en el sexo, el médico lo sostenía atrapado en un abrazo. Su espalda recostada sobre el pecho de John, era igual de intimo que en la cama pero sin una gota de intensión sexual. Era extraño.

Era desconocido. Quieto y sin decir una palabra se dejó envolver por John Watson mientras veían algún programa que en realidad no estaba mirando. Inmerso en su Palacio Mental evaluaba toda la situación.

La punta de los dedos de John contra los suyos creaba un contraste de lo más fascinante. Cortos, bronceados y con las callosidades típicas de su profesión. Los suyos largos, pálidos y con pequeñas cicatrices de quemaduras químicas. Estaban en la cama, él recostado sobre su pecho y John a su lado, tan cerca que sin tocarse podía sentir el calor corporal de su amante. Sherlock había comenzado esa pequeña exploración de sus manos que floreció en una caricia perezosa entre la punta de sus dedos.

- Debí haberte besado ese día en la recepción de la iglesia.- Confesó tras un largo silencio de felicidad post-coital.

Sherlock se giró sobre su costado, yaciendo frente a frente para analizar con cuidado las palabras del otro hombre. John aprovecho el cambio de posición para acariciar con su mano libre sobre la piel de su cadera y cintura.

- El día de la boda… de mi boda.- Suspiró con pesar.- Cuando entraste a la habitación donde repasaba mis votos. Dios, Sherlock, te veías…

- ¿Fuera de lugar? ¿Extraño?- Ofreció el detective recordando la escena.

- Hermoso. Correcto. Lo único que tenía sentido en todo ese desastre. Te vi y pensé por primera vez que estaba cometiendo un error. Que tenía que besarte y salir corriendo de ahí, contigo.

-¿Y por qué no lo hiciste?

La pregunta quedo flotando entre ellos por largos minutos. Esa pesadez otra vez, enrollándose y creciendo en su pecho. Ansiedad. No supo cuánto había querido hacer esa pregunta hasta el momento que salió de sí. Ese día en la modesta capilla, Sherlock recordaba la misma apretada sensación, atribuida entonces al molesto nudo de la corbata. Recordaba el mantra repetido en su cabeza, una sola palabra: No.

"Sí" Dijo John Watson en cambio.

- No sabía que eras así.- Respondió con humor, ganándose una elegante ceja elevada en Sherlock.- Ohh no me mires así, sabes a qué me refiero. No tenía idea de que no eras… ya sabes…

-¿Virgen?

- Asexual o algo por el estilo.- Dijo con una ligera risa.- Aunque tengo que admitir que ambas opciones pasaron por mi cabeza.

- Ridículo. No importa lo que Mycroft quiera creer, no hay forma de mantenerse en mi línea del trabajo sin recabar toda la información necesaria. Soy un científico por dios, y el sexo es una de las causas más importante de crímenes de todos los tiempos.

- Tiene sentido cuando lo pones así.

- Por supuesto que si John, no seas idiota. – Hasta los insultos estaban cargado de una calidez impropia de él.

- ¿De eso se trata todo? Esos otros...- Carraspeo para aclararse la garganta.- Tus amantes, novios… - Hizo un ademán con la mano tratando de darse poca importancia al asunto, cuando era claro en sus ojos que no lo era.

- Hum… sí y no.

Supuso que no podía seguir eludiendo el tema eternamente. No era la primera vez que John se había mostrado interesado en conocer el trasfondo de su experiencia sexual. Le había llamado idiota pero en realidad tenía motivos para creer los comentarios y especulaciones sobre su nulo interés en relacionarse con otras personas. Había sido mucho tiempo desde que su libido se viera despertada, muchos más desde la última vez que tuvo un amante. Y aquellas situaciones no tenían nada de parecido a lo que estaba sucediendo ahora mismo entre él y John Watson. No era vergüenza lo que sentía, pero no tenía que ser el genio que era para saber que a John no le gustaría su respuesta. Solo intentaba alargar el momento.

- La primera vez sí, fue puramente curiosidad científica.

Llevaba años sin pensar en Victor Trevor, no iba a empezar esa noche. El rubio asintió y continúo escuchando en silencio.

- Luego vinieron las drogas. – John se tensó, aumentando la presión del agarre en su cintura.

- ¿Alguien te hizo daño? Es decir, alguien, es…

- No John, nadie me violó si es lo que estas preguntando. Mycroft cortó mis ingresos, y hacia cualquier cosa para conseguir una dosis más. Es lo que los adictos hacemos. No podría llamarle amantes ni mucho menos novios – Sonrió con burla, pero el médico no encontró ningún chiste en la situación.- Ha pasado mucho tiempo desde eso, poco antes de que conocí a Lestrade. Todavía era un adicto pero para entonces el trabajo me interesaba más y conseguí otros medios para solventar mi pasatiempo. Por lo menos hasta la primera redada que él y sus oficiales hicieron en mi departamento.

"Aquí viene", pensó. Aquí es cuando John comienza con sus sermones, ahora es cuando se da cuenta de con quien está compartiendo realmente su cama y se asquea. ¿Buscara alguna excusa o simplemente se marchará? Manteniéndose impávido en apariencia, no importaba con cuanto cinismo se burlara de la situación haciendo apuestas consigo mismo. En verdad estaba aterrado por lo que iba a seguir.

Y tuvo razón. La contestación que tuvo fue terrible, mucho peor de lo esperado. John se abalanzó sobre él y empezó a besarlo. No en la boca, sino en todos lados excepto ahí. Beso sus mejillas, su nariz, sus pómulos, sus parpados, y siguió por su cuello, bajando por los hombros. "Eres tan hermoso" murmuraba mientras recorría su piel.

Los besos en sus muslos perdieron su castidad y se tornaron más húmedos y profundos hasta su entrada, donde la lengua de John hizo maravillas lubricándolo para penetrarlo otra vez. Desconcertado, separó las piernas en un acto reflejo, preparándose para recibirlo. El calor se volvía insoportable alrededor de ellos. Se aferró a la mirada azul cargada de lujuria que tanto conocía, su deseo por Sherlock no había disminuido ni un ápice, y eso fue terrible.

Era terrible porque no había previa data en el Palacio Mental sobre lo que estaban haciendo.

No importaba cuan profundo la hombría de John se estuviera enterrando en sí, eso no era sexo. Ellos estaban haciendo el amor.

Y no había manera de ser ajeno a la tragedia de la situación. Porque una cosa era tener gratificante sexo para acompañar a John Watson en su proceso, no había nada de malo en eso; en el momento que el médico superara la situación y decidiera que su relación volvería a ser la de antes, Sherlock no tendría problemas con eso. El sexo no era un inconveniente para él, podía olvidarlo y seguir adelante.

No había problema en olvidar el sexo. Eran los pequeños gestos lo que serían difícil de dejar de lado. El beso en la nuca cada mañana, los juegos de manos en la cama, las caricias en su cabello mientras comía hotcakes.

Era un juego peligroso pero ya estaba muy involucrado para no seguir participando. Cada día con John era exactamente lo que su lado más pequeño y egoísta ansiaba desde que tenía memoria. Atención, admiración, devoción. Y cara vez que uno gestos llegaban a él se sentía culpable de estar disfrutando tanto. Pero como el adicto que nunca dejaría de ser, se entregaba esas indulgencias cada vez con mayor necesidad.

Las palabras de Lestrade hacían un eco lejano durante los días que le siguieron; nunca fueron tan ruidosas que cuando finalmente pasó: el proceso había terminado.

En la mañana John había salido para continuar con sus entrevistas laborales. Inútiles, absurdas. Sherlock por su parte buscaba entre la pila del correo la última revista sobre temas de medicina forense a la que John se había subscripto ("Si ya que voy a estar ayudándote, mejor me mantengo al día con los temas" había dicho el médico), disfrutaba haciendo correcciones y marcando temas que servirían como nuevos posibles experimentos (el prefería las conclusiones de primera mano) que discutiría con el doctor posteriormente.

Era todo un aspecto diferente en su relación. Cuando la mente de dos científicos se enfrascaban en temas de discusión de lo más apasionante. Sherlock trayendo a la mesa sus años de experiencia en la observación de los crímenes más famosos y John su cruda experiencia en el campo de batalla. Fascinante. Más de una vez habían terminado teniendo sexo en la sala después de sus debates, ya fuera porque coincidían en sus opiniones o porque discernían totalmente. Eran los últimos los encuentros más apasionados.

Fue mientras tomaba la revista que descubrió el anillo de matrimonio faltante. No le prestó atención al asunto y comenzó con su lectura.

Los pasos y el aroma a té y antiséptico se anticiparon a la presencia de John en la sala. Entró y dejó su abrigo descuidadamente sobre el sofá mientras se dirigía a la cocina para dejar una bolsa de supermercado.

- ¿Estuviste toda la tarde ahí?- Le preguntó casualmente desde la otra habitación.

- Humm.

- Voy a hacer té. ¿Quieres algo?

"Mi beso de bienvenida" quiso responder. John había atravesado la sala sin siquiera mirarlo a los ojos. Algo malo estaba pasando. Cauteloso empezó a repasar las posibles razones por las cuales John pudiera haberse enojado con él. El intestino en el refrigerador ya estaba en la última etapa de experimentación, lo tiraría al día siguiente.

Pero no era sencillo descifrar el motivo cuando John ni siquiera lo miraba. Se metió en la cocina tras su amigo para enfrentarlo de alguna manera, John continuaba moviéndose de un lado a otro preparando té y tostadas; y aun cuando lo sorprendió al colocarse detrás de el en un valiente intento de abrazarlo por la cintura, como John acostumbraba a hacer con él, el rubio se giró y se alejó sorprendido.

- Hey… Te estoy preparando algo de tostadas también. - Dijo manteniendo la mirada en cualquier lado menos en sus ojos. Esquivo. Incómodo.

- No tengo hambre.

- Ah… okay.

Sherlock se alejó lentitud, dando una última larga inspección a aquel hombre que conocía tan bien. Levantó la mirada y por unos segundos Sherlock vio algo nuevo en los ojos de John: arrepentimiento. El arrepentimiento se parece mucho a la tristeza, la posición caída de los hombros de John, las líneas de expresión alrededor de sus ojos. Pero se acompaña siempre de un sentimiento al que Sherlock le ha dado la mano en el pasado múltiples veces; la vergüenza. Marchándose a su habitación, incapaz de seguir ahí, no escuchó ningún reclamo de John a sus espaldas, solo silencio.

Es así como sería entonces. Es así como se acababa todo, pensó mientras se tiraba de espaldas sobre su cama, respirando profundamente para tranquilizarse. La cama todavía olía a John.

Mierda.