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El Monumento era de un lindo color gris, alto y silencioso en el centro del cementerio. Había una rosca de flores a su alrededor, y en la base, habían más flores que los visitantes ponían en honor al ser querido que habían perdido. Los nombres estaban grabados desde la parte mas alta hasta la base, frente a la cual él estaba parado, con sus manos en las bolsas de sus pantalones ninja, observando los nombres de las personas que mas significaban para él.

El viento despeinaba su ya despeinado y rubio cabello; hizo un puchero, cerro sus ojos azules y dijo una rápida oración antes de mirar al cielo y observar el halcón dirigirse a la Torre del Hokage.

Suspirando, volvió a mirar el monumento una última vez antes de voltearse y comenzar a caminar.

Konoha siempre era cálido; y el otoño no era ninguna excepción. El otoño era la estación que mas le gustaba ver llegar, observar las hojas de la famosa aldea lentamente volverse naranjas y amarillas antes de caer al suelo. Otoño es la estación que le hacía justicia a la aldea; los demás podrían argumentar que era la primavera o el verano, cuando las ojos estaban mas verdes. Pero el otoño….el otoño mostraba la manera gradual en que las hojas morían y daban lugar a las nuevas.

El otoño tenía un doble sentido, para las hojas.

Caminando hacia la aldea, por las calles principales, sonreía de oreja a oreja a cada uno de los aldeanos que, a su vez, lo saludaban; de una manera ambas amigable pero respetuosa. Los días cuando era visto con desprecio y disgusto ya se habían ido. Era finalmente aceptado como un héroe. Y aunque ese título venia con un rastro de sangre, lo aceptaba.

No tardo mucho en brincar a los techos, abriéndose paso al balcón de su oficina donde el halcón que había visto antes lo esperaba con paciencia.

Lo vio, medio sonriendo porque sabía de quien era —y si sabia quien era su dueño.

— ¿Qué traes allí para mi, eh?

Desamarro el pergamino de la pata del halcón y lo abrió, sus ojos escaneando la caligrafía y lentamente enarco las cejas en una combinación de incredulidad y humor. Volteo hacia el halcón, —Heh, mira nada más? Gracias pajarito, mandare una respuesta pronto, ¿sí?

El halcón se le quedo viendo con la cabeza inclinada, antes de despegar y desaparecer en la distancia.

Él paso una mano por su despeinado cabello, poniendo el pergamino en su escritorio antes de voltearse hacia la puerta. — ¿Moegi?

La chica apareció un segundo después. — ¿Si, Hokage-sama?

—Consígueme a Sakura-chan, ¿por favor?

Se dejo caer en su silla y mientras Moegi desaparecía, suspiro y se paso la mano por su cabello otra vez.


—De acuerdo enano. Hoy vamos a…

Sakura hizo una pausa, se puso derecha y dejo caer sus manos a sus costados.

La brisa era insistente en los campos de entrenamiento—no fría, para nada, pero caliente y refrescante. Era raro cuando la temperatura en Konoha llegaba a bajar, pero hoy no era de esos días, gracias al cielo. Ella se acomodo, medio volteando hacia su visitante escondido con una ceja enarcada y sus labios en una pequeña mueca.

Enarco la ceja, se recargo sobre una cadera y puso su mano sobre ella.

—Bueno, sal de allí.

Observo a Moegi acercarse, con una sonrisa tímida y frotando su brazo avergonzada.

—Lo siento Sakura, ya sé que le ensenas a Minori a esta hora pero, ah…

Sakura volteo a ver a la niña, con sus brazos cruzados frente a ella. Moegi había crecido con los años —un poco mas alta, un poco mas fuerte, y cuando no tenia misione, era la mensajera del Hokage. Sakura sonrió de lado a la niña sacudiendo la cabeza para que ella dejara de tartamudear y hacerle saber que no era la molestia que ella pensaba que parecía.

—Naruto-sama ha pedido que te presentes, —Termino diciendo.

Suspirando, Sakura dejo salir aire por sus labios, se volteo a Minori con una sonrisa arrepentida.

Su pupilo era un pequeño y listo idiota; doce y medio con un control excepcional de chakra. Le recordaba a ella misma, cuando tenía esa edad; superando a sus compañeros de equipo aun cuando ellos tenían enorme cantidad de poder. Ella lo había escogido personalmente, ofreciéndole convertirse en su pupilo cuando lo había visto entrenar con su equipo el dia que fue a ver a Hinata.

—Lo siento, Minori—suspiró, despeinando su cabello obscuro. — ¿Qué tal si practicas con los cachorritos lastimados en la veterinaria Inuzuka hoy? —Al ver su cara de desanimo y molestia, rápidamente agrego. — ¡Prometo que mañana tendremos algo de practica real!

Dio media vuelta y camino tras de Moegi; escucho a su estudiante exhalar en señal de afirmación y realmente se sintió mal. Como jefe del hospital, sus sesiones de entrenamiento con Minori siempre eran interrumpidas o tenía que hacerlo practicar en su oficina mientas ella hacia sus rondas, atendía cirugías con shinobi de alto rango—una vez, lo encontró leyendo algo de papeleo y diciéndole que un documento de cierto tipo no parecía ser benéfico. No era que supiera de lo que estaba hablando, aunque fuera muy listo.

Sakura suspiro, llegando a la calle principal de la aldea y caminando lentamente mientras saludaba a sus amigos y pacientes que alguna vez atendió.

Konoha era diferente de lo que había sido en su niñez. Todas las malas raíces habían sido arrancadas y la vida era sinónimo de paz y tranquilidad; los shinobi iban en misiones sin preocuparse por dejar su aldea vulnerable a los ataques, y su precioso Nanadaime tenía que preocupase por el papeleo más que nada.

Claro, con la paz y quietud venían sacrificios.

Sakura suspiro, sus ojos volteando a ver la dirección general que conducía al cementerio, el sentimiento de vacío que albergaba en lo hueco de su pecho le dolía de solo pensarlo.

—Hey, Sakura.

Levanto la vista, sus ojos iluminándose al ver a su más vieja amiga.

Los sacrificios vinieron de formas diferentes.

El sacrificio de Ino Yamanaka fue la muerte de su padre—muerte en acción, sin cuerpo que sepultar—y la cima de su juventud subyugada al ser dada un clan para gobernar a la edad de dieciséis. Sakura no creía que fuera si quiera permitido que alguien de dieciséis gobernara el clan.

— ¡Ino! —Sakura unió los brazos de las dos. —Que gusto encontrarte aquí! Señorita Interrogadora. ¿A dónde vas?

—A ningún lado en particular, —Ino se encogió de hombros. —Acabo de cerrar la florería y voy a comer.

Los ojos de Sakura se iluminaron. —Si me acompañas a la oficina de Naruto, te hare compañía.

Ino se le quedo viendo, una media sonrisa apareció en sus labios antes de dirigirse a la Torre de Hokage.


Naruto rápidamente levanto la cabeza de su escritorio, inhalando profundamente y furiosamente parpadeando para espantar el sueño.

Ella entro por la puerta, su cabeza aun volteando hacia el lobby mientras sonreía de oreja a oreja y se reía a causa de una conversación que lentamente se iba deteniendo. Cuando se volteo, Naruto no pudo evitar sonreírle. Sakura era una de sus mejores amigas y simplemente verla—una cara familiar del pasado y el futuro, a pesar de lo cursi que se oía se recordó—era realmente calmante.

No había mucho que hubiera cambiado de su chistosa mejor amiga; el mismo pelo rosa, corto y picudo con fleco un poco mas largo que todo el resto de su cabellera y los mismo ojos verde-amarillos que brillaba aun cuando ella no se veía tan feliz. Si algo había cambiado, Naruto pensaba mientras observaba como se movía la orilla de su haori al ella dar cada paso, lo que mas podía haber cambiado de Haruno Sakura era su forma de vestir y el Sello Yin en su frente.

— ¡Hola Sakura-chan!

—Guárdatelo, idiota, se que estabas dormido, —ella lo miro con furia, poniendo ambas manos en sus caderas. —Que es lo que quieres, estaba ocupada.

Naruto se desinflo un poco, haciendo un puchero con los labios.

Se puso de pie, comenzando a caminar hacia enfrente y hacia atrás alrededor de su oficina, una mano tomando la muñeca de la otra, ambas tras su espalda. Gracias a Moegi y—cuando no estaba ocupada—Shizune, su oficina estaba limpia. Mas limpia de lo que normalmente la tendría. Deberían ver su cuarto; les daría una embolia o diez.

—Bueno Sakura-chan, —comenzó, aun caminando, y con el ceño fruncido. —Tengo una nueva misión para ti—una misión larga.

Sakura resoplo. —Naruto, ambos sabemos que no estoy en servicio, ahorita—tengo que administrar el hospital y también cuidar de Minori.

Naruto sacudió la cabeza. —Sakura esto es necesario.

Hizo una pausa y la miro rápidamente, esperando a que su postura se relajara.

Ella hizo un puchero, rompiendo su contacto visual y volteando a ver la alfombra naranja. Él exhalo lentamente, y sus hombros se relajaron al sentir como si hubieran domado a una bestia por unos minutos—lo suficiente para hacerle su siguiente viaje claro. Y honestamente, sobre pensarlo solo hacía que se sintiera mas nervioso de lo que debería estar—era el Hokage, ¡maldición!

Solo que Sakura tenía un horrible temperamento—peor que cuando eran niños, de hecho. Y simplemente él no sabía en donde se encontraban por el momento, ¿ok? no él y ella sino ella y el otro idiota. Naruto era toda clase de tonto y estúpido pero también era observador y sabia que su relación era delicada; tanto como intentar mandar chakra a las suelas de las sandalias de ninja para caminar sobre el agua.

—Dame más detalles, —ella le dijo, cruzando los brazos frente a su pecho y recargándose en su escritorio.

Observándola, Naruto pasó saliva y regreso a caminar un poco mas, asegurándose de no verla a la cara mientras le dijo, —Tu misión es irte de viaje por un tiempo…a Otogakure para ayudar a mi prima a entrenar algunos shinobis en medicina.

— ¿Qué? —

—Ahora, Sakura-chan…

—Naruto.

—Es por el bien de ambas aldeas…

—Naruto.

—Piénsalo! Son nuestros aliados…

—Naruto.

—Y todos sabemos que mi prima no sabe nada—esa perdedora—así que obviamente necesitan a alguien genial y hermosa y…

Naruto.

—…Si, ¿Sakura-chan?

Observo como tomaba aire, y como algunos de las orillas de su ancho obi se perdían al expandirse su diafragma. Sakura estaba apretándose la nariz, ojos medio cerrados y viendo el suelo como si estuviera pensando, contemplando…tal vez resignándose. Naruto esperaba que fuera lo último. Haría su vida más sencilla.

Odiaba a sus amigos y las discusiones de enamorados que venían con ellos.

O algo así.

—De acuerdo.

Naruto la observo desde atrás de su desgreñado cabello. — ¿Che?

No respondió, pero asintió con la cabeza, levanto la nariz en el aire y se erigió como si estuviera retando lo que sea que los Kages le fueran a aventar. No es que Naruto pensaba que fuera para tanto; era solo Sasuke después de todo. Se encogió de solo pensarlo—eso podía ser bueno o podría ser malo.

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Nota: Hola...ugh como me tardo en subir los fics verdad...hahaha bueno en mi defensa lo iba a publicar ayer pero me he sentido mal y ugh...no pude hacer mi tributo a Sasuke-kun cuyo cumple fue ayer...

En otras cosas...gah! ALGUIEN DIGALE A KISHI QUE SE APURE Y NOS DE NUESTRO MOMENTO SASUSAKU :p

Disfruten la historia niñas. Dejen un review! EH...no se olviden. Y gracias por su paciencia :P

Pronto habra maaaaaaaaaaaaaaaas...al fin que estoy de vacaciones...y mi cumpleaños esta por llegar (cough30cough) asi que estoy de buen humor :P