A/N: Primero de todo decir que este es mi primer fanfiction así que lo siento si lo he hecho muy mal. Segundo: estoy planeando hacer todos los libros y eso puede llevar un montón de tiempo pero estoy segura al 99% (dejemos un 1% por si acaso) que nunca abandonaré este fic ya que llevo queriéndolo escribir desde que me acabé la saga y la mitad de mis personajes favoritos murieron. Ahora que ya he dicho esto, vayamos con la historia.

Harry y sus amigos se encontraban desayunando en el Gran comedor el sábado por la mañana, dispuestos a pasarse todo el fin de semana estudiando para los T.I.M.O.S, cuando llegó el correo. Ninguno de los tres esperaba recibir algo por lo que se sorprendieron mucho cuando una lechuza negra como la noche se posó justo delante de ellos. Aquello era muy raro porque el único que normalmente tenía correo era Ron y hacía menos de una semana que la señora Weasley le había mandado un paquete. Harry alargó la mano para coger la carta que el animal llevaba en el pico y descubrió que iba dirigida a ellos tres.

-Es para nosotros. Veis, lo pone en el sobre- añadió al ver sus caras de extrañeza.

-Pero eso no es posible-dijo Hermione-. ¿Quién puede habérnosla enviado?

Ron se encogió de hombros.

-Quizás lo sabremos si leemos la carta. ¿Puedo?-preguntó señalando al pergamino que Harry sostenía entre sus manos.

-Claro.

Ron tomó la carta con cuidado. Después se aclaró la garganta, cogió aire y comenzó a leer:

Queridos Harry, Ron y Hermione:

Sabemos que estáis muy ocupados con vuestros exámenes pero lo que vamos a deciros es de extrema importancia ya que os ayudará a ganar la guerra.

Primero de todo: Harry, debes coger el regalo que Sirius te hizo para Navidad. Ábrelo y utilízalo para hablar con él. Dile que avise a las siguientes personas y que vengan a la Sala de los Menesteres en cuanto puedan, ya que allí encontraran las claves para vencer a Voldemort:

Albus Dumbledore

Remus Lupin

Nymphadora Tonks

Arthur Weasley

Molly Weasley

Fred y George Weasley

Vosotros también debéis avisar a un par de personas más e ir después a la Sala de los Menesteres. Llevad con vosotros las varitas ya que estareis un buen rato allí y podríais necesitarlas.

Ginny Weasley

Severus Snape

Seguramente os estaréis preguntando porque no derrotamos nosotros mismos a Voldemort si tenemos los medios para hacerlo. La razón es muy simple y muy complicada al mismo tiempo: somos del futuro, uno en el que él ya ha sido destruido pero muchas vidas se han perdido y,por ello, os pedimos ayuda para cambiarlo. Ahora es vuestra elección el hacer caso o no a esta carta pero estamos seguros que teniendo una oportunidad de destruirle no la dejareis escapar.

Con mucho cariño,

A.S.P/ J.S.P/ L.L.P/ R.W/ H.W

Ninguno de los tres habló durante unos segundos, simplemente se quedaron mirando el mensaje con la boca abierta.

-¿¡Qué demonios…!?-exclamó Ron recuperándose de la sorpresa-. ¿Quién es esta gente? De verdad esperan que nos traguemos eso?

-No sé, Ron, yo no conozco ninguna magia capaz de enviar objetos al pasado pero quizás los del futuro hayan descubierto cómo. Debemos tener en cuenta todas las posibilidades.

-¡Oh, vamos, Hermione! Seguro que han sido Malfoy y sus amigos que no tienen nada mejor que hacer.

-Eso no tiene ni pies ni cabeza. Lo que Malfoy y el resto de mortífagos quieren es que las cosas sigan igual, que nadie crea en el regreso de Quién-tú-ya-sabes. ¿Porqué se molestarían a escribir una carta como esta?

-¡Y yo que sé! Es Malfoy, querrá tendernos una trampa. Apóyame en esto, Harry…

Pero Harry estaba absorto en sus pensamientos, ¿sería posible lo que aquella carta les ofrecía: un futuro sin Voldemort?¿Y que no hubiera que perder vidas para conseguirlo? La idea le parecía un sueño maravilloso y, aunque no quería creer lo que la carta decía, poco a poco empezó a desear con todas sus fuerzas que fuera verdad. De pronto, se puso en pie y dijo:

-No sé si es cierto o no pero creo que es mejor que hablemos de esto en la Sala Común, aquí puede oírnos cualquiera.

Llegaron a la Sala común y se sentaron en una mesa apartada de las demás y donde no hubiera nadie. Encontrarla fue dificil ya que la mayoría estaban atiborradas de alumnos estudiando en grupo. Una vez la encontraron y se instalaron, Hermione comenzó a hablar en voz baja:

-Mirad, me creo tan poco como vosotros lo que hay en esta carta pero ¿y si fuera verdad? Debemos ir a la Sala de Los Menesteres y comprobarlo.

-¿Y si Malfoy, Crabbe y Goyle están por ahí? Con lo enfadada que está Umbridge desde que Fred y George se marcharon y la dejaron con esos pantanos, no me apetece que me ponga un castigo.

Harry se los había quedado mirando con expresión divertida ¿desde cuándo Hermione apostaba por romper las reglas y Ron defendia la prudencia? Sacudió la cabeza, deseando que hubiese algún modo de comprobar la veracidad de la carta y entonces se le ocurrió:

-Escuchad, podemos abrir el regalo de Sirius a ver que es. Si funciona como explica la carta, le preguntamos qué hacer y, si no, pues ya sabremos que es mentira. Además, es evidente que no son enemigos porque saben que estuve con Sirius en Navidad y a él todavía no lo han capturado.

Los ojos de sus dos amigos se iluminaron:

-¡Cómo no lo pensamos antes!

-¡Genial!-dijo Ron levantándose de un al cuarto a mirarlo. No habrá nadie, están todos estudiando.

Al llegar al dormitorio, Harry se dirigió hacia su baúl, cogió el paquete arrugado que había en una de sus esquinas y lo desenvolvió. Era un pequeño espejo cuadrado, viejo y un poco sucio. Lo sostuvo frente a su cara y vio su reflejo que lo miraba. Le dio la vuelta. En la parte de atrás había una nota garabateada por Sirius.

Este es un espejo de doble sentido, yo tengo el otro del par. Cuando necesites hablarme, di mi nombre en él; aparecerás en el mío y podremos hablar. James y yo lo usábamos para charlar cuando estábamos castigados.

Los tres amigos intercambiaron una mirada. Si la carta había estado en lo correcto respecto al regalo... ¿podía ser que lo demás también fuera cierto? Dispuesto a comprobarlo, Harry agarró con ambas manos el espejo y dijo el nombre de su padrino en voz alta y clara. Al principio parecía que no pasaba nada pero, de pronto, la superficie del espejo se onduló y apareció la cara preocupada de Sirius:

-¡Harry! ¿Estás bien?¿Ha pasado algo?

Harry sintió como la calidez inundaba su pecho al notar la preocupación en la voz de su padrino. Se alegró de poder mantener una conversación en condiciones después de varios meses, ya que, aunque habían hablado hacía un par de semanas sobre lo visto en el pensadero de Snape, eso no contaba. Harry había estado más pendiente de obtener la verdad sobre su padre y de evitar que Umbridge lo atrapara que de hablar con Sirius.

-Estoy bien-contestó con una sonrisa-. Todos lo estamos-añadió señalando a Ron y a Hermione.

Ellos hicieron un gesto de saludo que Sirius devolvió.

-La razón por la qué te hemos llamado es que hemos recibido esta carta y esperábamos que pudieras ayudarnos.

Sirius asintió, haciendo un gesto para que le leyera el mensaje. Harry así lo hizo y, mientras hablaba, podía ver a través del espejo el rostro de su padrino. Fruncía el ceño, pensativo y escuchando con atención. Cuando acabó de leer, Sirius se quedó en silencio durante unos segundos. Finalmente, se levantó de su asiento y dijo:

-No habléis de esto con nadie excepto con las personas que pone en la carta. Id a buscar a Ginny y volved aquí . Mientras tanto yo me pondré en contacto con Dumbledore y le preguntaré que hacer.

-¿Y qué hacemos con Snape?-preguntó Harry-. Aquí pone que también le tenemos que avisar.

Sirius puso una cara de disgusto parecida a la que llevaba su ahijado en esos momentos. La perspectiva de tener que pasar el tiempo con el maestro de pociones no les agradaba en absoluto.

-Bueno… si no hay más remedio tendréis que ir a buscarle. Pero -añadió-, como todavía no estamos muy seguros de si nos creemos esto o no, por ahora solamente Ginny.

Después de decir eso la cara de Sirius desapareció y el espejo se oscureció. Harry se lo quedó mirando, dudando entre dejarlo en el baúl o en su bolsillo. Finalmente, optó por llevarlo en la túnica; ahora que había visto lo útil que era, tenía miedo de dejarlo desprotegido en la habitación. Se guardó el regalo con cuidado y siguió a sus amigos en busca de Ginny.

La hermana de Ron se encontraba paseando por los jardines con sus amigas por lo que, en el largo camino de vuelta a la sala común, tuvieron tiempo de contarle todo. Ella les creyó enseguida y sin hacer preguntas sobre el origen de la carta algo que Harry agradeció, ya que ni siquiera él tenía respuestas. Al llegar al dormitorio, los cuatro se sentaron en las camas esperando a que Sirius volviese a llamar.

-¿Por qué creéis que me han avisado a mí?-dijo Ginny al cabo de un tiempo-. Quiero decir, a vosotros es evidente: lleváis enfrentándoos a Voldemort desde primero y seréis útiles cuando haya que derrotarle. Pero ¿yo? No es que me queje, me encanta poder ayudar. Lo que pasa es que hay muchos miembros de la Orden que no aparecen en la carta y, en cambio, yo sí. No lo entiendo.

Harry la observó unos instantes extrañado; la Ginny que conocía normalmente no era así. Era valiente, decidida y segura de sí misma. ¿A que venían esas dudas? Y entonces se dió cuenta:

-Ginny, escúchame. Tú también te has enfrentado a él. Sí-dijo al ver que ella intentaba interrumpirle-. Te enfrentaste a él- repitió-, con sólo once años. Al darte cuenta de lo que pasaba quisiste luchar y resistirte. Y lo conseguiste. No es culpa tuya que te engañara: magos más mayores y experimentados han caído en sus trampas. Creo que sé porque te necesitan los del futuro. Al fin y al cabo, ya has luchado contra Voldemort y formas parte del E.D... Si nos quieren a nosotros, definitivamente te quieren a ti.

Harry no sabía de dónde había salido todo eso pero sus palabras funcionaron. Ginny, más calmada, asintió.

Levantó la mirada hacia sus amigos y vio que Ron y Hermione le miraban. El primero pensativo y la última con una sonrisa. Harry iba a preguntarle a su amiga que le hacía tanta gracia cuando oyó la voz de Sirius que salía del espejo:

-¿Harry, estáis ahí?

-Sí, aquí estamos, ya hemos ido a buscar a Ginny.

-Perfecto, hola Gin.

-¡Hola Sirius!

-¿Gin?¿ Desde cuándo te llama así?-preguntó Harry divertido.

Ella se encogió del hombros, esbozando una sonrisa.

-Pasé todo el verano en su casa.

Harry sonrió a su vez y volvió a centrar su atención en el espejo:

-¿Has encontrado a Dumbledore?

-Sí, pude comunicarme con él y está viniendo a Grimmauld Place. Le he explicado por encima el asunto y cree que es posible que la carta diga la verdad-se los quedó mirando-. ¿Sois conscientes de lo que significa esto? Podríamos acabar con Voldemort, esta vez para siempre, y no tendríamos que perder vidas para lograrlo.

Los cuatro amigos asintieron solemnemente. Entonces Harry, de pronto muy nervioso, dijo:

-Pero, aún así, es posible que algo salga mal. Quiero decir, aunque sepamos como destruirle no será tan sencillo y siempre puede fallar algo y...

-Sí-le interrumpió Sirius amablemente-, es posible que algo salga mal. Pero esto podría facilitarnos muchísimo las cosas. Deja de preocuparte-añadió con una sonrisa- y piensa en lo bien que nos lo vamos a pasar.

-¿Nos?¿Vienes a Hogwarts? ¿No es un poco arriesgado?-Harry no sabía si estar contento o no. Tenía unas ganas tremendas de ver a su padrino pero, a pesar de lo que dijese la carta, no quería que Sirius pusiera en peligro su libertad viniendo hasta allí.

- Merlin, Harry, eres peor que Remus-dijo riendo. La perspectiva de abandonar Grimmauld Place había puesto a su padrino de un humor excelente-. Tranquilo, Dumbledore lo tiene todo controlado. Al fin y al cabo, a él quieren capturarle incluso más que a mí.

-Mm... Bueno, está bien entonces-dijo Harry más calmado.

En ese instante, oyeron ruidos procedentes de algún lugar detrás de Sirius. Al mismo tiempo, un hombre de larga barba blanca y túnica azul cielo entró en la habitación.

-¡Profesor Dumbledore!-exclamaron los niños muy contentos después de meses sin ver a su director.

El hombre sonrió a sus alumnos y fue saludándoles uno a uno a través del espejo.

-Harry, Hermione, Ginny, Ron-las orejas de éste enrojecieron al oír al viejo mago llamarle por su nombre-. ¿Qué tal estáis?¿Muchas novedades en la escuela?-dijo tranquilamente.

Los amigos se miraron unos a otros. Solo Dumbledore podía preguntar eso en aquel momento, como si no pasara nada extraño en Hogwarts ni él hubiese tenido que huir del colegio meses antes.

-Bueno-respondió Hermione un poco cortada por hablar con Dumbledore directamente-, ahora mismo estamos estudiando para los T.I.M.O.S, señor, pero este último trimestre con la profesora Umbridge no ha sido nada fácil.

-La verdad es que sí, profesor-dijo Harry-. Umbridge ha convertido Hogwarts en una cárcel: cada dos por tres escribe un nuevo decreto prohibiendo una cosa o la otra. Aunque, por suerte, la cosa ha ido mejorando. Gryffindor ganó la copa de Quidditch hace poco y Fred y George se fueron el otro día haciendo explotar un montón de petardos. Además, dejaron unos pantanos que ella no sabe limpiar por todo el colegio y es muy gracioso ver como lo intenta - terminó con una sonrisa.

Nada más decir aquello, Harry se dió cuenta de que se sentía mucho más optimista de lo que se había sentido en todo el año. Todas esas cosas buenas que habian pasado , asi como la perspectiva de poder derrotar aVoldemort y hablar con su padrino y Dumbledore de nuevo, habian ayudado a mejorar su humor enormemente.

-Ya veo…Así que habeis estado distraídos-dijo Dumbledore mirando a Harry directamente a los ojos, algo que no hacía desde mucho tiempo atrás.

El chico notó que, aunque todavía sentía ese impulso irracional por atacarle, esta vez era mucho más débil. Se alegró por ello e hizo una nota mental de hablarle al mago sobre eso en cuanto se presentase la ocasión.

-Albus-dijo Sirius interrumpiendo el intercambio de miradas-, ahora que ya estás aquí ¿por qué no te explican más detalladamente lo de la carta?.

-Sí, creo que será lo mejor. Siento haberme ido por las ramas pero es que hacía mucho que no oía noticias de Hogwarts-dijo Dumbledore sonriendo-. Supongo que tenéis la carta aquí, ¿no?-los muchachos asintieron- Perfecto, ¿podéis leérmela, por favor?

Así lo hicieron y mientras tanto podían ver como Dumbledore escuchaba con atención.

-Está bien -dijo cuando terminaron-. Estoy bastante convencido de que el mensaje es verdadero pero sólo lo sabremos cuando vayamos a Hogwarts. Vosotros permaneced en el dormitorio. Yo iré a buscar a los Weasley y me pondré en contacto con Severus-Harry dio un suspiro de alivio-. Sirius, tú habla con Remus y dile que avise a Nymphadora. Nos vemos aquí en quince minutos.

-Perdón, profesor-dijo Hermione- pero ¿cómo van a llegar todos a Hogwarts sin que nadie les vea? ¿Y como van a pasar los hechizos anti-aparición?

Dumbledore sonrió y sus ojos brillaron.

-Verá, Señorita Granger-dijo-. Ser director tiene sus ventajas. Y me atrevería a decir que Hogwarts todavía no ha aceptado a la profesora Umbridge como tal ¿no es así?

-Así es, señor-respondió Ron riendo entre dientes-. Ella intentó entrar en su despacho pero la gárgola no la dejó pasar.

La sonrisa de Dumbledore se hizo más pronunciada.

-No debería decirlo-repuso con los ojos todavía brillantes-, pero me alegro de no tener a esa mujer sentada entre mis cosas. De todos modos no debéis preocuparos-añadió-, no sólo nos apareceremos directamente en el séptimo piso, sino que además esta mañana la profesora Unbridge no se encuentra en la escuela. Ha ido al Ministerio a informar a Cornelius sobre el estado de Hogwarts y no es probable que vuelva hasta la tarde.

Luego de decir eso se puso en pie. Después se despidió de los niños y de Sirius y salió por la puerta. A los pocos segundos le oyeron desaparecerse.

-Bueno-dijo Sirius-, yo debería ir a buscar a Remus. Quedaos todos juntos hasta que vuelva a contactar con vosotros. Y no llaméis mucho la atención. Sí-dijo con una sonrisa-, sé que es extraño que yo diga esto pero hemos de ir con cuidado: hay mucho en juego. Nos vemos en un rato, adiós chicos.

-¡Hasta luego, Sirius!- dijeron los muchachos.

Con eso, el rosto de Sirius desapareció y el espejo se apagó.

Los amigos se sentaron en las camas, dispuestos a esperar. Mientras lo hacían, discutían sobre lo que encontrarían en la Sala de los Menesteres:

-¿Qué creéis que será lo que nos ayude a derrotar a V-Voldemort?-preguntó Hermione haciendo un esfuerzo por decir su nombre.

-No sé-dijo Ron-¿Quizás una arma?¿Algo como una varita muy poderosa o un hechizo imparable?

-Puede que sean indicaciones sobre como vencerle o sobre cómo conseguir lo que le destruye -añadió Ginny-. En la carta pone "claves para vencer a Voldemort" no "armas".

-¿Y si son instrucciones sobre cómo utilizar lo que sea que haya en el Departamento de Misterios?-preguntó Harry-. Ya sabéis, ese "arma" de la que hablaba la Orden en verano. ¿Y si la razón por la que él la quiere es para evitar que lleguemos nosotros antes y la utilicemos? ¿Y si fuese un arma para poder luchar contra él y por eso Voldemort está tan interesado en tenerla en su poder?

De pronto, Harry lo veía todo claro: si existiese algo capaz de derrotarle, Voldemort se obsesionaría con ello ( eso explicaría sus continuos viajes nocturnos al Ministerio) y lo intentaría destruir para continuar siendo invencible.

-Puede ser-dijo Hermione muy emocionada, calculando todas las posiblidades-. Aunque tendremos que esperar para saberlo. Por cierto-añadió-, ¿lleváis vuestra varita encima?

Harry y Ginny asintieron. Ron negó con la cabeza pero se inclinó para sacarla del cajón al lado de su cama y se la guardó en el bolsillo.

- Yo la tengo en el dormitorio-continuó Hermione-. Hoy tenía planeado estudiar teoría así que no he pensado que la necesitaría. Voy a buscarla-dijo levantándose.

-Te acompaño-se ofreció Ginny.

Hermione asintió y las dos muchachas se dirigieron al cuarto de las chicas.

-Me alegro de que Ginny haya estado más cómoda contigo estos últimos meses-dijo Ron en cuanto se fueron.

- Ahora que he tenido la oportunidad de conocerla mejor, yo también.

-Ya te habrás dado cuenta de que es una verdadera Weasley, ¿no?-añadió Ron con orgullo.

-La verdad es que sí-dijo Harry con una sonrisa- ¿Viste lo bien que lo hizo en el E.D? No me gustaría enfrentarme a ella en un duelo.

-Pues créeme, será mejor que no la hagas enfadar. Te lo digo por experiencia: una vez me tiñó el pelo de verde. Fred y George se burlaron de mi durante todo el rato porque no se me iba. ¡No hace gracia, Harry!-añadió al ver que su amigo soltaba una carcajada-. Mi madre le dijo a Ginny que hiciera el contra hechizo pero ella juró que "se le había olvidado". Tuve que aguantar tres días con ese pelo horroroso hasta que se apiadó de mí y "milagrosamente" recordó como devolverlo a su estado normal. ¡Fue horrible!

Al ver que Harry se estaba desternillando, Ron puso cara de ofendido. Pero era evidente que estaba haciendo un esfuerzo muy grande por no sonreír y unirse a las carcajadas de su amigo. Finalmente, no pudo soportarlo más y comenzó a reírse él también. En ese momento regresaron las chicas, quienes quedaron sorprendidas al ver la situación y tuvieron que esperar a que los dos amigos se calmasen para que les pudieran explicar lo sucedido.

-Aunque ahora me ría-terminó Ron-. En su momento lo pasé fatal.

-No haberme hecho enfadar-bromeó Ginny sacando la lengua-. Aunque estuvo mal por mi parte dejarte así una semana entera-añadió-. Lo siento.

Ron asintió agradecido. Cambiando de tema, preguntó:

-¿Cuántos tiempo ha pasado? ¿No deberían habernos avisado ya?

-Todavía deben faltar un par de minutos-informó Hermione-. Mientras tanto comprobemos que lo tenemos todo: ¿varitas?

-Sí-contestaron los demás.

-¿Carta?

-Aquí- dijo Ron sacándola de su bolsillo.

-¿Espejo?

-Encima de mi cama-dijo Harry.

-Perfecto. ¿Qué más podemos necesitar?-preguntó Hermione, pensativa.

-¿La capa de invisibilidad? Así podréis ir al séptimo piso sin tener que dar explicaciones: se supone que deberíais estar estudiando.

-Tienes razón, Ginny. Ahora la cojo- dijo Harry agachándose para sacar la capa de dentro de su baúl-¿Creéis que cabremos los tres?

-Si vamos lentos y con cuidado supongo que sí.

-Genial, entonces ahora solo tenemos que esperar a que nos avisen.

Al cabo de unos segundos, el rostro de Sirius apareció por tercera vez en aquel día en el espejo, acompañado por el de cierto hombre lobo:

-¡Profesor Lupin!

-Hola, chicos. ¿Qué tal va todo?

-¡Muy bien!-contestaron los alumnos.

-Me alegro. Veréis, ya estamos todos aquí así que ahora Dumbledore va a ir apareciéndose con cada uno de nosotros justo delante de la Sala de los Menesteres. Será mejor que vayáis tirando hacia el séptimo piso pero id con cuidado que no os vea nadie.

-Iremos debajo de la capa- le informó Harry.

-Perfecto –dijo Remus sonriendo-. Nos vemos en cinco minutos, entonces.

-Llévate el espejo por si acaso-añadió Sirius-. Hasta ahora.

Nada más apagarse, Harry guardó con cuidado el espejo su bolsillo y se metió bajo de la capa junto con Ron y Hermione. Ginny los seguía muy de cerca pero siempre vigilando de no chocar contra ellos. Por suerte, no se encontraron con casi nadie. Al ser un sábado por la mañana, los alumnos más pequeños todavía dormían y la mayoría de los mayores se encontraban estudiando en el gran comedor o en sus salas comunes.

Al llegar al séptimo piso, se dirigieron hacia la entrada de la Sala de los Menesteres y pasaron por delante de ella hasta que la puerta apareció. Entonces se quitaron la capa, empujaron entre los cuatro el portón y entraron.

La habitación había cambiado mucho desde que se impartían en ella las clases del E.D: era más grande y amplia y tenía un aspecto cálido y hogareño que a Harry le recordaba a la sala común de Gryffindor. En el centro habia una mesa circular y baja, rodeada de sofás y sillones de color oscuro y aspecto cómodo. En una esquina había una mesa larga parecida a las del Gran Comedor y en la otra una especie de escritorio redondo. Al fondo podía distinguir algunas puertas repartidas por las paredes, así como más butacas frente a una chimenea en torno a la cual se encontraban varias estanterías.

Los muchachos habían estado tan ocupados contemplando el cambio de la Sala que no se dieron cuenta de que ya habían dos personas en ella. Por un momento, Harry estuvo a punto de sacar la varita hasta que vio que se trataba del señor y la señora Weasley. Ginny y Ron también los reconocieron porque rápidamente fueron a saludarles. Los dos adultos abrazaron a sus hijos y después hicieron lo mismo con Harry y Hermione .

Harry se encontraba envuelto en los brazos de la señora Weasley cuando oyó la puerta abrirse, Se dio la vuelta y vio como Remus, Tonks y Sirius entraban en la habitación. Su padrino le recibió con una sonrisa de oreja a oreja y un abrazo que le dejó sin respiración. Después de conseguir zafarse de él, Harry fue a saludar a Remus y a Tonks, quien, para la ocasión, llevaba el pelo amarillo Hufflepuff (tributo a su casa).

En ese momento, Fred y George irrumpieron en la habitación haciendo reverencias.

-Gracias, damas y caballeros-dijo Fred-. Por haber montando todo esto en nuestro honor.

-Sabemos que esta pequeña reunión no es más que una excusa para vernos-continuó George-. Pero solo teníais que venir a nuestra tienda, no hacía falta que pusierais a Ya-sabéis-quién como excusa.

Todos los presentes lanzaron un bufido de risa y se apresuraron a saludar a los gemelos. Después de hacerlo, Harry se quedó observando cómo los presentes reían y hablaban entre ellos. De pronto, una sonrisa se extendió por su cara y comprendió que no importaba cuantas conexiones tuviese con Voldemort ni lo extraña que fuese su vida: ellos eran su familia e iban a estar ahí pasase lo que pasase.

En aquel instante, las puertas de la Sala se abrieron por tercera vez y Dumbledore y Snape entraron por ellas. Al ver el panorama, el director sonrió. Snape trató de mantener su cara impasible y no dejarse llevar por el disgusto que le provocaba tener que compartir más tiempo del necesario con toda esa gente (especialmente Sirius).

-Ahora que ya estamos todos aquí-comenzó Dumbledore-, veamos que nos han traído nuestros amigos del futuro.

Diciendo esto comenzó a caminar hacia la mesa del centro. En ella se encontraban unos cuantos libros apilados y una nota. Dumbledore hizo un par de complicados movimientos de varita mientras susurraba palabras extrañas y, cuando comprobó que no era peligroso, alargó una mano para coger el primer tomo.

Snape, que se había ido acercando mientras Dumbledore estudiaba los libros, hizo ademán de coger el brazo del director. Finalmente, confió en el buen juicio del hombre y no evitó que éste tomara el primer volumen.

Dumbledore leyó el título del libro que había cogido y puso cara de sorpresa. Rápidamente, le pasó el libro a Snape quien levantó una ceja y se dio la vuelta para mirar a Harry directamente. El niño le lanzó una mirada de curiosidad. Ésta parecía sincera así que el maestro de pociones descartó la absurda idea de que todo aquello era una broma montada por el chico para llamar la atención.

-¿Qué sucede, Albus?-preguntó Sirius.

-Este libro que se encontraba encima de la mesa-explicó Dumbledore mostrando el volumen en alto- se titula "Harry Potter y la Piedra Filosofal".

Por toda la sala se oyeron gemidos de sorpresa y los presentes se giraron para mirar a Harry interrogativamente.

-Pero, señor, ¿qué significa esto?¿Porqué está mi nombre ahí?

-Sinceramente, Harry, no tengo ni idea. Pero hay una carta junto a los libros, deberíamos leerla ¿no creéis?

No recibió contestación aunque tampoco la esperaba. Recogió la carta y comenzó a leer:

Queridos amigos del pasado,

Estos libros que veis están narrados desde la perspectiva de Harry Potter y cuentan las aventuras que él y sus amigos vivieron o vivirán (si no cambiáis el futuro) en sus años de estudiantes. Cada libro corresponde a un año y hay en total siete. Sabemos que esto supone una violación a la intimidad de Harry ya que serán sus pensamientos los que se lean en voz alta. Por eso, es él quién tiene la última palabra. Si decide que no quiere hacerlo los libros desaparecerán y será como si nada hubiese pasado. Si por el contrario accede a leerlos, debéis leer los libros en este orden:

-Harry Potter y la Piedra Filosofal

- Harry Potter y la Cámara Secreta

- Harry Potter y el Prisionero de Azkhaban

- Harry Potter y el Cáliz de Fuego

- Harry Potter y la Orden del Fénix

- Harry Potter y el Príncipe Mestizo

- Harry Potter y las Reliquias de la Muerte

Buena suerte y (si queréis) buena lectura

A.S.P/ J.S.P/ L.L.P/ R.W/ H.W

-Bueno, parece que todo depende de ti-apuntó Dumbledore, sonriendo- ¿Entonces, qué decides, Harry?

El chico se quedó pensando unos instantes, disfrutando la sensación de por fin poder escoger algo en su vida. Rápidamente hizo un esquema mental con los pros y los contras que leer los libros implicaba. Por un lado, podrían derrotar a Voldemort y vivir en paz de una vez por todas pero, por otro, iba a perder completamente su intimidad. Sus temores, pensamientos y anhelos más secretos iban a ser revelados, así como el tema de los Dursley y todas las veces que él y sus amigos habían roto las normas. No quería que todo eso se supiera y menos si Snape tenía que escucharlo también. Además, según los del futuro, Voldemort acabaría siendo destruido de todas formas así que qué más daba. Entonces recordó otra cosa que la carta había dicho, que muchas vidas se perdieron por el camino y se avergonzó de sí mismo. Tenía la posibilidad de acabar con el mago más peligroso de todos los tiempos y la estaba desperdiciando por guardar unos pocos secretos. Respiró hondo y mirando al director dijo:

-Escojo leer los libros.

Dumbledore asintió, sonriendo y Harry pudo ver un toque de orgullo en sus ojos azules.

-En ese caso, será mejor que nos pongamos cómodos-dijo con una sonrisa-. ¿Y si nos sentamos? Aquí hay sitio para todos- sentenció, acomodándose en uno de los sillones que rodeaban la mesa.

Los demás accedieron y se le unieron. Snape se sentó en una butaca a la derecha de director y Arthur y Molly en un sofá a su izquierda, seguidos de Sirius en su propio sillón. A continuación, se sentaron Ginny, Harry, Ron y Hermione en un sofá de cuatro. Les seguían George y Fred, cada uno en sus respectivos sillones. Remus y Tonks cerraban el círculo, de manera que se encontraban a la derecha de Snape.

Una vez estuvieron todos instalados, Dumbledore cogió el primer libro e hizo levitar los seis restantes hasta las estanterías del fondo de la Sala. Después preguntó si alguien quería leer.

-Yo quiero-respondió Sirius animadamente.

- ¿Sirius Black ofreciéndose a leer un libro?-bromeó Remus-. Debo de estar soñando…

Su amigo soltó un bufido de risa.

-Sé que es raro pero lo hago porque quiero saber que sucedió en el primer año de mi ahijado-dijo mirando a Harry.

-Pero si más o menos ya te conté lo que pasó.

-Me lo explicaste muy por encima: algo de un espejo y Voldemort. No me quedó muy claro. Además, yo quiero saber todos los detalles-esbozó una sonrisa malévola-. Especialmente en lo que se refiere a tu relación con las chicas ya que, siendo el hijo de tu padre, serán desastrosas-soltó una carcajada al ver la expresión de espanto en el rostro de su ahijado-. Bueno, pues allá vamos: "Harry Potter y la Piedra Filosofal", capitulo 1 "El niño que vivió".

A/N: ¿Qué tal está? ¿bien? ¿mal? ¿fatal?

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