¡He vuelto! ¿Qué donde había ido? Bueno no se si lo sabrán pero el sistema político español a-p-e-s-t-a con lo cual primero estuve intentando estudiar, cosa que no conseguí porque para hacer lo que quería hacer tendría que pagar unos 300 euros en transportes cada mes y en casa tenemos lo justo o menos para vivir así que nada de nada, y me deprimí y luego decidí unirme a los nosecuantos miles de españoles sin trabajo y estuve haciendo papeles en el paro y otros tramites burocráticos de los que no os hablare por no aburriros, la cosa es que he vuelto y mientras siga tan parado como estoy intentare traeros un capitulo nuevo cada semana, así que aunque es un poquito corto, espero que lo disfrutéis.

Dedicado a una chica muy especial, te quiero Hinata.

Capítulo 8 – ¿Odiarte?

-Naruto-kun, ¿tú me odias? -preguntó con voz suave, mirando al suelo-.

Naruto la miró durante unos instantes.

-Sí -admitió mirando hacia el cielo-.

Hinata sintió su corazón encogerse y sus ojos se llenaron de lágrimas.

-¿P-por qué...? -susurró con la voz quebrada-.

Naruto la miró durante unos instantes pensando su respuesta.

Hinata esperaba en silencio la respuesta de Naruto, mientras contenía las lágrimas.

-Tú no lo entenderías... -dijo mirando hacía unos matorrales cercanos, con voz cansada-.

Hinata sintió un nudo en el estomago y, por primera vez en su vida, un ciclón de sentimientos se formó en su interior haciéndola explotar.

-¡Y-yo no soy tonta! -le gritó mirando al suelo-.

Naruto la miró con sorpresa, esta era la primera vez que escuchaba a Hinata hablar tan alto.

-L-lo entiendo -volvió a decir en voz alta- Hay cosas difíciles de comprender para otras personas. ¡Pero no soy tonta! ¡Puedo entenderlo, o al menos intentarlo si me lo explicas! -dijo mirándole a los ojos directamente-.

Naruto se sorprendió por sus palabras, nunca había visto a Hinata reaccionar así.

-Si me dices que me odias... ¡Al menos dime por qué! -exigió notando como las lágrimas caían por sus mejillas- ¿Q-qué he hecho mal? ¿Qué he hecho para q-que m-me odies? -sollozaba confundida, afligida por su actitud- ¿Qué tengo que hacer para que todo v-vuelva a ser como antes? -preguntó con la voz quebrada-.

Hinata lloraba, confundida, no lograba comprender el porque Naruto la odiaba y estaba harta de que todo el mundo la tratara como si no pudiera entender nada, como si solo pudiera hacer todo cuanto le dicen que haga.

En ese momento Naruto notó una fuerte presión en su pecho y sin pensarlo dos veces la abrazó con fuerza. Se sintió estúpido. Es verdad, no fue Hinata quien mató a sus padres, no fue ella con sus propias manos, fue otra mujer, no ella.

El llanto de Hinata se calmó un poco, pero el abrazo de Naruto hizo que se sonrojara, aferrándose a su camisa. Se quedaron así un poco más, hasta que Hinata no pudo soportar los nervios que le producía el ser tan tímida.

-¿N-Naruto-kun...? -susurró avergonzada, tratando de llamar su atención-.

-Perdóname... -susurró él- He sido un estúpido...

Hinata se sorprendió ante sus palabras.

-¿P-por qué estabas así conmigo?

-Es... difícil de explicar... -susurró él soltándola suavemente al notar ligeros calambres que le proporcionaba el contacto con ella a causa de sus poderes espirituales-.

Ella le acarició la mejilla al ver la cara de Naruto, que normalmente está llena de vida, tan apagada y miró hacia abajo sonrojada, apartando la mano, al verlo sonreír ante ese acto.

-Y-yo te escucharé, Naruto-kun -dijo ella evitando ver esa sonrisa de él que tanto le gustaba por vergüenza- Aún si no puedo entender como te sientes, siempre escucharé todo cuanto tengas que decir.

-Entonces te lo contaré -accedió él-.

Eran las siete de la tarde y en el parque a penas habían dos niños jugando con la pelota mientras las madres conversaban sentadas en un banco desde el cual podían ver a sus hijos jugar.

Naruto y Hinata estaban un poco apartados, sentados en un banco en el que pudieran hablar con privacidad.

Hinata abrió los ojos ante el asombro y se cubrió su boca con la mano mientras las lágrimas caían por sus mejillas. Lo que le había contado Naruto la había dejado destrozada, le costaba creer lo que oía pero cuando pensaba en el dolor y la tristeza que tuvo que haber pasado Naruto cuando a los tres años supo que sus padres no volverían a casa, no podía evitar saber que era cierto.

Naruto le acariciaba la espalda, sintiendo un ligero picor en la palma de la mano al tacto, tratando de consolarla mientras la dejaba desahogarse.

-L-lo siento... -sollozó ella con la voz quebrada- Lo siento mucho, Naruto-kun... Yo n-no lo sabía...

Naruto le acarició el pelo e hizo que ella levantara la cabeza para mirarle.

-No es culpa tuya Hinata, así que tú no eres quien debe disculparse.

Hinata se secó las lágrimas y trató de calmarse respirando profundamente.

-La antigua maestra antes de mi, era la hermana de mi padre -explicó ella- Mi tía no tenía p-problemas en aceptar el no casarse ni tener hijos nunca... Vivió la vida que ella deseó protegiendo la ciudad de demonios malvados, no entiendo como pudo hacer algo así.

Naruto desvió la mirada enfadado consigo mismo por haberla tratado así los últimos días.

-Perdóname Hinata, fui un estúpido...

Hinata le miró sorprendida por sus palabras, sonrojándose un poco.

-E-está bien Naruto-kun -dijo jugando con sus pies en un gesto de timidez- Comprendo q-que te sintieras confuso...

La cara de Hinata se enrojeció aún más al notar la mano de Naruto sobre la suya, que tenía apoyada sobre el banco, notando el calor de esta.

-Yo te protegeré -dijo él con decisión-.

-¿C-cómo? -musitó realmente sorprendida ante las palabras de Naruto- ¿Qué quieres decir con eso?

-Que voy a luchar contra esos demonios contigo, eliminaremos a los demonios malvados -mirándola a los ojos con intensidad- Juntos, tú y yo.

Hinata no pudo evitar sonrojarse ante el empeño de Naruto.

-P-pero si luchas a mi lado los demonios malvados también la tomarán contigo e intentarán matarte -explicó preocupada-,

-Que lo intenten -insistió él-.

-¡No puedes hacer eso! -dijo desesperada por que se detuviera-.

-¡No permitiré que te hagan daño!

Ambos se sonrojaron y desviaron la mirada, Hinata miró al suelo y Naruto miró en otra dirección rascándose la nuca para ocultar su timidez.

-¿E-entonces... n-no me odias, Naruto-kun?

Naruto la miró de reojo, un poco avergonzado.

-No podría hacerlo ni aunque quisiera, Hinata -admitió un poco sonrojado-.

-P-por qué lo dices? -dijo ella mirándole-.

Naruto respiró profundamente y la miró.

-Porque... me gustas muchísimo, Hinata, aunque no te pueda tocar.

Hinata se sonrojó con fuerza, no sabía que decir o que responder. Naruto al ver que no le respondía se rió un poco y se rascó la nuca.

-Esta bien, no necesitas responder -sintiéndose un poco tonto- Debo decir que es el rechazo más amable que nunca he tenido -dijo riendo suave-.

Hinata lo miró con sorpresa, sonrojada.

-¿R-rechazo? ¿Cual r-rechazo? -dijo negando con la cabeza- Y-yo no te he rechazado, N-Naruto-kun -jugando con sus dedos, nerviosa- N-no podría...

Naruto la miró con sorpresa, tras unos segundos entendió lo que ella quería decir y sonrió feliz.

-Ya lo entiendo, no digas más -dijo con una gran sonrisa- No necesitas decirlo.

Hinata sonrió feliz. Naruto la tomó de las manos y en ese momento Naruto emitió un fuerte gruñido de dolor, soltando sus manos, dejándose caer sobre sus rodillas por el dolor.

-¡N-Naruto-kun! ¿Estás bien? -preguntó ella muy preocupada agachándose a su lado-.

Él se miró las palmas, la piel de las manos se le había quemado suavemente, como si se hubiese electrocutado.

-L-lo siento -se disculpó Hinata sintiéndose culpable-.

-¡N-no! No pasa nada -respondió Naruto con una amable sonrisa- No es nada mas que una pequeña quemadura, seguro que en un par de días lo tendré curado, fue mi culpa por descuidado.

Hinata bajó la cabeza, afligida, Naruto estaba frente a ella, le correspondía, pero ni siquiera era capaz de tocarle, aquello frustraba a la joven que no podía evitar sentir que aquello era un castigo cruel.

Ella agarró la manga de Naruto y estiró de ella ayudándole a levantarse.

-E-es tarde y será mejor que vayamos a casa antes de que mi padre se enfade, además n necesitas curar tus manos...

Naruto sonrió ella parecía empezar a estar mas cómoda con él.

-Claro -dijo con una sonrisa-.

Así ambos chicos tomaron las mochilas y caminaron hacia casa, sin saber que había alguien mirándoles, con una sonrisa un tanto sádica, desde los árboles.

-Esto va a ser muy divertido -dijo la figura que observaba a lo lejos con esa sonrisa llena de sorna- A llegado la hora de ajustar cuentas, sacerdotisa Hinata.

Continuará...