NOTAS: Al final sí me dio tiempo de terminar el capítulo antes de irme de vacaciones (una semana), luego volveré y trataré de actualizar lo antes posible. Quiero aprovechar estas líneas para hacer un agradecimiento especial a las personas que me brindan sus opiniones y comentarios, sobre todo a aquellas que lo hacen capítulo tras capítulo (o la mayoría de ellos al menos xD), porque sin vosotros iría a ciegas y hubiera dejado de escribir esta historia hace tiempo. Muchas gracias, os dedico este capítulo.


—¡Lauren, por favor, detente! —gritó una vez más antes de que pudiera alcanzarla por fin y la tomara de un brazo, obligándola a pararse—. Lauren…

—Bo, lo siento. No puedo volver a pasar por esto de nuevo —la interrumpió ella tratando de zafarse, pero la súcubo no se lo puso fácil y ella desistió de seguir huyendo.

Los ojos de la humana estaban inundados en lágrimas y eran incapaces de mirar a los de Bo. Lo último que necesitaba Lauren era encontrarse a Bo besando a Dyson. Ella se sentía egoísta porque sabía que Dyson había estado cautivo por Odín, que seguramente lo había estado pasando mal, que a lo mejor fue la alegría de ver a Bo de nuevo, quizá no sabía la situación sentimental en la que estaba… Habían muchas posibilidades, pero Lauren igualmente se sentía herida por la escena que se había encontrado en el Dal y no podía lidiar con eso, ya era demasiado para ella con todo lo que había sucedido en los últimos días. No podía volver a entrar en aquel triángulo infernal.

—Lauren, por favor —le suplicó Bo—. No puedes dudar de lo que siento por ti, no después de todo lo que hemos pasado tú y yo. Ese beso no significa nada, debí haberlo parado en el mismo instante en el que empezó, pero no me lo esperaba y no supe reaccionar… ¡Por favor, mírame! —le gritó desesperada, no obstante, Lauren no la miró—. Dyson sabe perfectamente que te amo a ti y no sé por qué diablos hizo eso.

En ese momento, una mirada asustada y dolorida se fijó en Bo y la súcubo se dio cuenta que posiblemente estaba apretando demasiado el agarre en el brazo de la humana y la liberó.

—Lauren —volvió a hablar la fae con una voz más suave y tierna—, cómo puedo hacerte entender que lo eres todo para mí y que no hay ser en la tierra que me llene como lo haces tú. Cada segundo que estoy sin ti me mata. No quiero que sigamos así. Deja de echarme a un lado. —Bo la miró tomando una bocanada de aire para tranquilizarse y permanecer con un tono calmado mientras Lauren la miraba en silencio—. ¿Por qué no me contaste lo que pasó con Lou Ann y Evony?

A Bo se le encogió el pecho de la angustia cuando Lauren frunció los labios luchando por no echarse a llorar. La súcubo la abrazó sin dudarlo, tratando de confortarla mientras acariciaba su espalda lentamente y le susurraba que estuviera tranquila, que no estaba sola, que ella estaría a su lado. Poco a poco, Lauren se calmó, limpió sus lágrimas y se separó de Bo para mirarla con el rostro serio.

—Perdóname —susurró con la voz quebrada.

—No te disculpes, Lauren —le dijo tomando sus manos.

Ella suspiró desviando su mirada al suelo. Bo tenía razón, la estaba alejando de sus problemas, pero eso también las estaba separando en su relación y Lauren no podía perderla otra vez. Pensó en aquellos meses cuando Bo había desaparecido, en lo mal que lo había pasado sin ella. La necesitaba tanto… Lauren se fijó en sus manos entrelazadas y luego levantó los ojos mirando la intensidad de los marrones oscuros que tenía enfrente.

—Bo —dijo Lauren más calmada—, hay cosas que tienes que saber.

—Dime lo que sea, nena —le respondió con una sonrisa mientras acariciaba tiernamente los nudillos de la doctora.

—Mientras tú estuviste en Helheim, pasaron cosas. —Ella tragó saliva antes de seguir y odió el silencio de Bo esperando a que continuara hablando—. Me acosté con Tamsin.

Entonces, Bo recordó con total lucidez la noche en la que se curó con Tamsin después de su regreso de Helheim. Fue como si el mero hecho de que Lauren dijera su nombre hubiera provocado que aquella noche se reprodujera en su cabeza nítidamente. Algo siniestro que aterró a Bo se movió dentro de ella de repente al recordarlo. Soltó las manos de Lauren como si el contacto con ella pudiera contagiarla de aquella sensación angustiante que se apoderó de su cuerpo. Imágenes rápidas golpearon su mente sin cesar: muertes, sangre, dolor… Bo revivió alguna de las pesadillas que había tenido desde la noche en la que se acostó con Tamsin para curar sus heridas, y gritó asustada, sobrecogida por imágenes siniestras, donde forzaba a la valquiria a ser suya, en otro tiempo y en otro lugar que Bo no conocía. Confundida, aturdida y aterrada, apenas pudo ver cómo Lauren trataba de calmarla sin éxito. Fue lo último de lo que fue consciente.

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Kenzi se encontró el Dal prácticamente vacío cuando entró después de que Hale la llamara por teléfono contándole la buena noticia. Dyson había vuelto y estaba sentado en una de las mesas del bar mientras Tamsin limpiaba la herida que tenía el hombre sobre el labio.

—No te muevas tanto —le dijo ella de mal humor.

—Lo estás haciendo mal, me haces daño —protestó él.

—Pues te aguantas. La única doctora disponible resulta que se fue corriendo porque decidiste que sería divertido besar a su novia —le replicó ella.

—Fue solo un impulso al verla, ni siquiera lo tenía planeado —dijo el lobo con pesar—. No sabía que Lauren entraría en ese momento y menos que ellas estaban juntas de nuevo.

—¿Qué esperabas?

Por supuesto. Él no estaría y ellas volverían juntas. Sería iluso si pensaba que lo que había entre aquellas dos mujeres no era importante, otra cosa era que él no quisiera prestarle atención. Dyson tensó su mandíbula tragándose todas las emociones que sentía. Nunca debió permitirse enamorarse de Bo o quizá lo que debió impedir fue que ella conociera a Lauren en primer lugar. Sin la humana, a lo mejor, lo de ellos hubiera podido funcionar. Demasiados «quizá», lo único seguro era que estaba condenado a vivir atado a aquel amor que no era correspondido. Por suerte para él, la llegada de Kenzi, junto a Hale, le distrajo y enseguida dejó de pensar en aquella tortura.

La valquiria apartó el algodón humedecido del rostro de Dyson y se retiró un poco hacia atrás cuando vio a los recién llegados, permitiendo al lobo a ponerse en pie para recibirlos. Tamsin sintió un hormigueo en la boca del estómago al ver a Kenzi y Hale juntos, aunque lo ignoró completamente poniendo su pose indiferente cuando pasaron frente a ella para saludar a Dyson.

—¡Lobito! —gritó con alegría Kenzi mientras se abalanzaba a sobre él.

—Al menos alguien que se alegra al verme —dijo con una sonrisa, bordeando con sus brazos el delgado cuerpo de la mujer mientras le lanzaba una mirada a Tamsin que le respondió rodando los ojos con desdén. Típico en ella, no le iba a dar importancia, así que volvió su atención a Kenzi—. ¿Qué tal te has portado en mi ausencia?

—Por supuesto que bien —contestó ella con una sonrisa inocente mientras salía de sus brazos y daba algunos pasos hacia atrás, permitiendo que Hale se acercara.

—¡Eh, tío! —exclamó el sireno estrechando a su amigo entre sus brazos—. Me alegro de verte de una sola pieza.

—Yo también, colega —dijo dando unas palmadas en su espalda.

—Entonces —añadió el otro hombre inclinándose hacia atrás, lo justo para poder ver el rostro de Dyson claramente—, Trick me contó que no recuerdas en dónde has estado todo este tiempo.

—No recuerdo nada después de lo que ocurrió en el complejo de Taft —respondió borrando la sonrisa que antes estaba presente en sus labios—. Trick me ayudará a recordar, de todas formas.

—¿Qué diablos te ha pasado en la cara? —preguntó Kenzi de pronto.

—Alguna valquiria tiene malas pulgas —bromeó Dyson mirando hacia Tamsin.

—Habló el lobo de pulgas —le replicó la rubia fingiendo una sonrisa.

—Creo que te echaba de menos —dijo Dyson dejando salir una carcajada ante el comentario de ella—. No te preocupes —se dirigió a Kenzi un poco más serio—, me merecía el golpe.

—¡Tamsin! ¿Le pegaste? —le recriminó Kenzi con sorpresa—. Él acaba de llegar de Dios-sabe-dónde y no sabemos en qué condiciones ha estado.

—Fue un golpe de nada —dijo ella restándole importancia—. ¿Ves? —añadió señalando la herida sobre su ceja—. Yo también me he golpeado y nadie está armando un drama por ello.

—Pues deberías de haberte controlado, más sabiendo por qué desapareció en primer lugar —le reprochó pensando que la herida de Tamsin fue provocada por el ataque a Dyson y no por el encuentro que había tenido con Antalya, ya que Hale no le contó nada sobre eso antes de venir al Dal.

—No importa, Kenzi, estoy bien —trató de calmarla Dyson.

Tamsin tornó los ojos en blanco y se fue hacia la barra, aprovechando que Trick no estaba por allí en aquel momento, y buscó alguna bebida con la que entretenerse. Sus horas libres se habían frustrado repentinamente y ella estaba de malhumor. Claro que se alegraba por el regreso de Dyson, ella casi lo daba por muerto, pero que Odín lo hubiera liberado como si nada… Tamsin conocía al padre de Bo, no le encajaba que hiciera eso si no tenía otras intenciones. También existía la posibilidad de que, como Dyson era alguien a quien Bo le importaba, Odín se hubiera compadecido. Bufó ante su pensamiento porque esa imagen no le encajaba para nada.

Después de un rato, se cansó de no encontrar ninguna bebida interesante y decidió irse del Dal. De todas formas, sabía que Hale tenía cierto recelo hacia ella, y en cuanto Trick saliera de sus aposentos privados con sus libros extraños para intentar que Dyson recordara donde había estado, no le faltarían miradas llenas de desconfianza y desagrado. No estaba de humor para eso. Luego estaba Kenzi… En fin, ella estaba con sus amigos que obviamente le importaban más. No, no le molestaba que Kenzi hubiera salido a defender a Dyson en lo referente al puñetazo que le había dado, porque tenía razón, eso pensaba Tamsin. Estaba tan alterada por las malditas emociones de Lauren, ¿es que no pudo elegir otro momento para presentarse en el Dal que justo cuando Dyson besó a Bo? Necesitaba alcohol, quería dejar de pensar en todo eso y simplemente relajarse un rato. Ya invitaría a Dyson a una ronda de bebidas para celebrar su regreso cuando estuvieran los dos solos.

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Hale movió ligeramente su cuello que empezaba a entumecerse. Se estaba cansando de esconderse por fuera del apartamento de Tamsin esperando a que pasara algo interesante. Después de que Dyson se fuera a descansar —luego de que no encontraran forma alguna, por el momento, de hacer que recordara su estancia con Odín—, él decidió seguir con la tarea que le encomendó Trick y empezaba a dudar de las sospechas de éste. La valquiria había estado en un bar después de que se había ido del Dal, según investigó Hale, luego se la encontró por la calle de camino a su casa. Ni siquiera había bebido como otras veces, él no notó que estuviera borracha. Sin embargo, cuando comenzó a sopesar la posibilidad de irse, Kenzi apareció.

La chica se postró en la puerta de Tamsin y se quedó allí sin hacer nada. Al cabo de un rato comenzó a caminar de un lado a otro como si estuviera nerviosa y finalmente decidió llamar al timbre. Hale permaneció escondido, sorprendido y a la vez confuso por verla allí.

La valquiria abrió la puerta y se quedó en silencio mirando hacia la mujer morena, ella no esperaba para nada que se presentara allí.

—¿Kenzi? —le preguntó extrañada.

—Vengo a pedirte perdón —dijo después de un rato la gótica.

Tamsin la observó alzando las cejas, intrigada, porque no recordaba exactamente qué cosa podría haber hecho Kenzi por la que tuviera que pedir perdón. «¿Fue por lo de Dyson?», pensó, siendo lo único que se le ocurrió. Luego, cuando quiso darse cuenta, los dedos de la mujer más pequeña tiraban de ella desde su nuca hacia abajo para atrapar sus labios de forma traicionera. La valquiria se estremeció ante la sorpresa de sentir la boca de la morena moverse contra la de ella. Fue ardiente cómo la lengua de Kenzi danzó en su boca de manera dominante, cómo la devoraba en un beso que aceleró su cuerpo y la hizo gemir entre sus labios.

Hale las observó besarse de aquella forma tan apasionada. Nunca esperó ese comportamiento de Kenzi. ¿Con Tamsin? Él se sintió enfermo, furioso… Esa valquiria solo la usaría para divertirse y luego la tiraría como a un juguete cuando se cansara. Estuvo a punto de salir de su escondite, justo cuando Kenzi rompió el beso y ambas se quedaron mirando en silencio.

—Quedas perdonada —dijo entre jadeos Tamsin y luego la miró seriamente cuando vio la expresión de contrariedad del rostro de la otra mujer—. ¿Estás bien?

Kenzi solo asintió en silencio y sus manos bajaron lentamente desde la nuca de la valquiria, pasando por sus hombros y luego sus brazos hasta que cogieron las manos de la detective. Tamsin la observó sintiendo de pronto su boca secarse y su pecho arder por la respiración contenida, expectante por el comportamiento de la mujer más pequeña. La valquiria estudió sus gestos y, observando la mirada de ella que caía hacia el suelo, fue más que evidente que Kenzi estaba allí para algo más.

—¿Para qué has venido? —le preguntó.

Kenzi guardó silencio mientras escuchaba el latir frenético de su corazón en su pecho y sentía su cuerpo casi temblar. Ya estaba allí, así que ahora era demasiado tarde para echarse atrás. Con un nudo en la garganta, levantó su vista y observó la mirada de confusión que le devolvió la otra mujer. Kenzi apretó sus manos contra las de Tamsin y tomó aire profundamente antes de hablar con un tono más ronco que al habitual:

—No sé qué hago aquí —dijo con apenas un susurro. Era cierto. Primero se había sentido mal por la forma en la que le habló en el Dal y luego se dio cuenta de que a Tamsin ni siquiera le había importado. Entonces la besó y ya no podía pensar con claridad.

Inexplicablemente, Tamsin sintió pánico recorrer su cuerpo. No supo qué fue lo que la asustó de aquellas palabras, posiblemente el significado que tuvieran realmente después de aquel beso injustificado.

—Kenzi, sé clara —le pidió Tamsin con tono severo—. Sabes que no me gustan los rodeos, dime lo que quieres.

Entonces la gótica soltó sus manos y se agarró a las aberturas de la chaqueta de piel de Tamsin, incapaz de controlarse. La acción la aproximó hacia la valquiria lo suficiente para que sus rostros estuvieran separados apenas unos centímetros y solo la detective pudiera escucharla:

—Te necesito —le confesó con un murmullo caliente—. Quiero que me desnudes —susurró lentamente mirando sus labios, luego subió sus ojos hasta los de ella— y que me folles.

Entonces Kenzi pudo adivinar en la mirada verde que la observaba con atención, que Tamsin se había roto con sus palabras.

Lo siguiente y último que pudo ver Hale, fue a la valquiria empujando a la otra mujer hacia dentro. La puerta se cerró con un estruendo, evitando que el sireno supiera lo que pasó dentro de aquel apartamento. Él no vio cómo Tamsin cumplió los deseos de Kenzi, arrancándole toda la ropa apenas entraron, cómo luego ella envolvió la cintura de la valquiria con sus piernas cuando la detective la apoyó contra la pared, incapaces de moverse a otra parte. No sintió el calor goteante en sus dedos mientras entraba y salía de Kenzi. No pudo saber cómo el cuerpo de la morena se arqueó contra Tamsin, ni cómo sus gemidos se fueron incrementando hasta la placentera liberación. Ni los besos acalorados que compartieron mientras Kenzi desnudaba a la valquiria, ni sus cuerpos moverse juntos, enredando sus extremidades en el sofá… El calor, el sudor, el sabor salado de la piel suave y cálida de Tamsin, ni su delicioso sonido al llegar al clímax… No escuchó sus risas al subir las escaleras y no vio la forma ardiente en la que Kenzi comenzó un beso, avivando ganas renovadas que impidieron que llegaran a la habitación más cercana, provocando que Kenzi se corriera en la boca de Tamsin mientras arañaba el piso…

Hale esperó dos horas para ver salir a Kenzi. Ella no lo hizo. Él decidió irse después de ese tiempo, contrariado y confundido. La mujer que amaba había preferido arrojarse a una aventura con la persona que menos confianza le inspiraba. «Tamsin le hará daño», no podía dejar de pensar angustiado, pero ¿qué podía hacer él para evitarlo? Nada, porque al fin y al cabo era la vida de Kenzi. Sin embargo, no podía evitar que sus entrañas se revolvieran al pensar en las manos de la valquiria recorriendo la piel de Kenzi. Agitó su cabeza ahogando un grito de rabia.

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Cuando Bo abrió los ojos, se encontró en su cama, desnuda. La súcubo se quedó inmóvil pensando en cómo había llegado allí. No lo tenía muy claro. Miró el reloj en su mesa de noche: las nueve de la mañana. Había muchas horas vacías en su cabeza, pero se sentía revitalizada y llena de energía, así que… ¡Había tenido sexo! Bo se giró hacia el otro lado de la cama y vio un cuerpo rígido a su lado que estaba casi todo cubierto por la sábana, aunque dejaba asomar el cabello rubio por el borde de la misma. La súcubo inspiró tan fuerte que casi se mareó. El cuerpo estaba quieto, no se movía y no parecía respirar. Se acercó lentamente, asomándose para comprobar de quién se trataba. Fue inconfundible su perfil, era Lauren. El grito se quedó atascado en su garganta. El aire se acumuló en su pecho y, con el corazón latiendo fuerte, retiró aterrada la sábana que la cubría. Entonces observó su cuerpo magullado, con arañazos, algún moretón…

—Lauren —susurró sin apenas voz por la intensa angustia que sentía.

La humana siguió quieta y una mano temblorosa de la súcubo se posó sobre el hombro de la doctora con cuidado. Bo notó la calidez de la piel bajo cuando la empujó levemente, pero ella siguió inmóvil.

—Lauren —la llamó, sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas—. Lauren, por favor…

—Mmm —le contestó de forma casi inaudible.

Se abrazó a ella, sin importarle si Lauren prefería dormir en ese momento, y dejó besos en su cuello, sus mejillas, su hombro… La apretó fuerte entre sus brazos mientras sollozaba liberando la tensión que le había provocado el pensar que la había matado.

—Estoy cansada —masculló Lauren.

—Lo siento… Lo siento —gimió entre lágrimas sin apartarse de ella—. No sé lo que he hecho.

—Necesitabas chi… Te lo di —dijo a media voz la doctora—. No pasa nada, cielo.

—No, nunca te haría esto —insistió Bo aferrándose al cuerpo de Lauren—. Jamás pondría tu vida en peligro por la necesidad de alimentarme.

—Confío en ti —susurró ella con los ojos cerrados—. Tú sabías que no ibas a poner mi vida en riesgo y te detuviste cuando supiste que podría ser peligroso para mí. Tienes más control sobre tu poder.

—Pero Lauren, ¡mírate! ¡Yo te he hecho esto! —le replicó la súcubo alarmada.

—Nunca pensé que mi sistema nervioso fuera capaz de manejar tanto placer —le contestó ella con una leve sonrisa—. Solo necesito descansar un poco.

Bo la sostuvo entre sus brazos y no le dijo más nada. Estaba asustada. Jamás le había pasado algo así. De pronto, vagas imágenes llegaron a su cabeza. Sus ojos observaron las prendas de ropa esparcidas aleatoriamente por el suelo de la habitación, ella recordó cómo llegó allí cada una de ellas y los besos que se dieron mientras cada prenda caía hacia el piso. Lo demás era borroso, pero sentía a su súcubo satisfecho y su cuerpo se estremeció recordando parte de lo que sintió cuando sus extremidades estaban enredadas junto a las de Lauren y ella gritaba arqueando su espalda en medio del éxtasis que Bo le provocaba. Sin embargo, sabía que había algo fuera de lo normal, no pudo ser solo porque de pronto tuviera la urgencia de alimentarse. Bo se concentró en el sonido que hacía Lauren al respirar y cerró los ojos tratando de relajarse para aclarar sus ideas. Recordó que se sintió como si por fin hubiera podido ser ella misma por unos momentos, sin restricciones.

Bo se separó de Lauren finalmente y la dejó dormir tranquila. Ya no le quería dar más vueltas a lo que había pasado. Lo que iba a hacer era prepararle un gran desayuno y el baño más delicioso que pudiera imaginar Lauren. La iba a cuidar hasta que se encontrara bien y luego tendría que pedirle explicaciones a Tamsin sobre lo que había pasado la noche que se curó con ella. No quería más secretos e intrigas.

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Sus piernas presionaron sobre las nalgas de la detective. Con un brazo bordeó el cuello de ella mientras que con la otra mano empuñó mechones del cabello rubio, sujetándose firmemente en la posición que estaba. El agua tibia caía empapando sus cuerpos, pero no les perturbaba. La piel mojada de Tamsin se movía contra la suya en cada movimiento, donde su espalda se arrastraba también sobre los azulejos fríos dentro de la ducha. Los dedos de la valquiria empujaban en su interior haciendo que la mente de Kenzi se deshiciera en placer.

Bo había llamado a Kenzi por teléfono porque no podía contactar con Tamsin y necesitaba hablar con ella. Kenzi disimuló diciendo que la iría a buscar y la llevaría al Dal mientras la valquiria se reía desde el otro lado de la cama. La gótica aguantó las ganas de tirarle el teléfono a la cara porque Bo seguro que la escuchó desde el otro lado de la línea, pero prefirió besarla buscando de nuevo el calor de su piel, apartando las sábanas que se interponían entre ellas. Después le dijo que Bo estaba ansiosa por hablar con ella y Tamsin sugirió que deberían de ducharse antes de salir de allí. Obviamente Kenzi le señaló que no podían perder el tiempo y la valquiria pensó que sería buena idea para ahorrar minutos si se duchaban juntas. Kenzi se burló de ella, pero en algún momento las risas se convirtieron en besos y terminó bajo el chorro de agua, contra los azulejos de la ducha, entreteniéndose más de la cuenta.

La detective gruñó al sentir la uñas de Kenzi arrastrarse con fuerza sobre su hombro. Empezó a gemir con más fuerza, jadeando el nombre de Tamsin en su oído, cuando el orgasmo llegó golpeando cada molécula del cuerpo de la gótica.

Kenzi se aferró a la valquiria sintiendo todos sus músculos temblar, llenos de cansancio, y deslizó sus piernas hasta el suelo. Tamsin la envolvió con sus brazos cuando se tambaleó, sujetándola con fuerza alrededor de sus hombros. Sintió su piel contra la de la detective de nuevo, en una sensación cálida y deliciosa. Kenzi se había ruborizado al sentirla contra ella, pero Tamsin no se dio cuenta porque la gótica había dejado descansar su cabeza sobre el hombro de la valquiria y ella no podía ver su rostro.

—Si doy un paso fuera de esta ducha, voy a morir —susurró.

—¿Esa es tu forma de insinuar que quieres repetir?

—¡No! —se quejó sin apenas moverse—. Si vuelvo a hacer cualquier esfuerzo físico sin nutrirme antes, voy a desmayarme y a convertirme en polvo.

—Hablando de polvos —bromeó la valquiria entre risas.

—Estás esforzándote mucho para que te pegue hoy —se quejó Kenzi sin moverse—. Pero lo haré luego, cuando mis músculos se recuperen.

—Hay algo bueno para eso —le dijo.

Kenzi la miró confusa cuando Tamsin se inclinó hacia un lado, hacia la llave del agua.

—¿Qué…? —Kenzi se quedó rígida cuando un chorro de agua fría la empapó—. ¡Tamsin! —gritó.

—Te dejará como nueva —le dijo saliendo de un salto de la ducha.

—¡Ven aquí! —volvió a gritar cerrando la llave del agua rápidamente.

La valquiria rió airadamente mientras caminó lejos del cuarto de baño y la otra mujer se quedó allí cubriéndose con la toalla que había dejado para ella. Escuchó la risa de Tamsin desde la otra habitación. Sin duda, era la primera vez que Kenzi la escuchaba reír de aquella manera. «Alegría», pensó la muchacha, eso debía de ser. Kenzi sonrió aunque lo intentó disimular, su enojo se había esfumado cuando la escuchó reír y sus músculos se sintieron mejor con el agua fría, pero eso no se lo iba a decir a Tamsin. Y no se lo dijo, lo que provocó que la valquiria le comprara tortitas para desayunar a modo de disculpa.

Se dirigieron juntas al Dal después de comer algo. Kenzi sintió aquel extraño hormigueo por su interior. Si se había plantado en su puerta porque necesitó su cuerpo, porque tuvo la urgencia de sentirla en ella una vez más, porque se sentía increíble estar con ella, porque Tamsin era una amante que salía de sus expectativas… Kenzi mordisqueó su labio inferior mientras seguía el paso de la valquiria por la calle. Después de lo que había sucedido en cuanto despertó al lado de Tamsin aquella mañana, todo había cambiado. Ella sintió que la valquiria le había mostrado un lado nuevo que la desconcertó completamente. Si se había plantado en su puerta la noche anterior porque la necesitaba, después de aquella mañana ella parecía obsesionada con su sonrisa, con el brillo de sus ojos verdes, con el tacto de su piel… Kenzi tomó una larga bocanada de aire, incapaz de ponerle el nombre que se asomaba en su mente a todo aquello que sentía. Solo caminó al lado de la valquiria, intentando disimular la maldita sonrisa inquieta que se quería escapar de sus labios cada vez que miraba a Tamsin. Pero ¿y ella? ¿Acaso Tamsin sentía algo así? Kenzi necesitaba decirle algo… Sí, tenían que hablar de aquello… Definitivamente hablarían. Kenzi asintió dispuesta a ello, con una sonrisa que ya no podía esconder e ingenua de lo que le esperaba al final de la callejuela, cuando entraran ambas en el Dal Riata y Tamsin se encontrara con Bo.