NOTAS: He venido de mis vacaciones y me he puesto con el capítulo, aunque lamento no haber actualizado antes. Este capítulo es el más extenso que he escrito y también uno de los más importantes. Desvelará muchos de los misterios que se presentaron en los primeros capítulos y quizá podáis tener una idea por el título. Quiero aprovechar estas palabras para agradecer a la gente que se anima a comentar y dejarme su opinión, me ayudáis un montón, y también me gustaría animar a todos los que quieran dejarme sus opiniones y críticas, serán bienvenidas, especialmente en este capítulo.


Trick miraba de vez en cuando a la pareja sentada en los taburetes de la barra de su bar. Él fingía que limpiaba unos vasos con un trapo, un poco alejado de ellas, pero estaba intentando escuchar lo que decían. Sabía que el hecho de que estuvieran en el Dal tan temprano, y esperando a alguien, no podía significar nada bueno. Aunque lo peor era que en algunos minutos empezarían a llegar los clientes y no podría vigilar lo que se traía entre manos su nieta. Trick siguió observando de reojo cómo la doctora intentaba conversar con la súcubo con aparente tranquilidad, pero era evidente que estaba alterada por algún motivo que él no sabía.

—Bo —le habló con toda la calma que pudo en su voz Lauren—, prométeme que no harás ninguna tontería.

—Claro que no —le contestó ella frunciendo el ceño y con un gesto jovial en su rostro—. Solo quiero hablar con Tamsin y que me aclare algunas cosas.

—Bo, igual que tú me pediste que no dudara de tus sentimientos, no puedes dudar de los míos ahora —le dijo con la misma calma de antes aunque por dentro era un manojo de nervios.

—¿Significó algo para ti lo que pasó con ella? ¿Sientes algo por Tamsin? —le preguntó la súcubo con indiferencia, dirigiéndole una mirada de soslayo.

—¡Claro que no! —exclamó ella ofendida por escucharla decir aquello.

—Pues si tú me dices que no existe nada, yo tengo que creer en ti y en tus sentimientos por mí —le dijo ofreciéndole una suave sonrisa—, aunque por dentro me muera de celos.

—No tienes que estar celosa de nada, tú eres la única mujer en mi cabeza —añadió rápidamente Lauren tomando las manos de su novia, sintiéndose un poco aliviada por las palabras que acababa de escuchar decir a Bo.

—¿Y qué pasa con la cabeza de Tamsin? —preguntó Bo relajando su sonrisa—. ¿Qué pasa si ella siente algo por ti?

Lauren la miró primero como si Bo hubiera dicho algo realmente estúpido, pero luego tomó una bocanada de aire y su rostro se tornó serio mientras pensaba detenidamente en la pregunta de Bo. Una inquietud se posó en el pecho de Lauren acelerando su corazón aún más si era posible. Era cierto que cuando estuvo con Tamsin, hace algunas noches, durmiendo en su apartamento, sintió algo, pero ¿era por ella? Lauren tampoco estaba segura de qué era lo que había percibido por parte de Tamsin, porque la valquiria era un complejo rompecabezas de sentimientos que la humana había desistido en entender.

Entonces, ella apareció por el umbral de la puerta del Dal y Lauren se giró sobre el taburete, donde estaba sentada, para obtener una mejor visión de su llegada. Lo primero en lo que se fijaron aquellos poderosos ojos verdes al entrar fue en los suyos y el corazón de la humana pareció dar un vuelco cuando fue consciente de ello. Tamsin no apartó su mirada de la de Lauren y un indescifrable flujo de sentimientos y emociones viajaron de una a otra. Amabas entraron en un extraño trance donde trataron de descifrar lo que sentían cada una, inútilmente. Posiblemente esto es lo que no les permitió ver cómo Bo se alejó de Lauren para saludar efusivamente a Kenzi, que llegó detrás de la rubia detective, y luego, sin que nadie se lo esperara, dirigió la atención hacia la valquiria y la agarró por el cuello de su chaqueta bruscamente obligándola a mirarla.

—¿Qué diablos me hiciste aquella noche? —le gritó la súcubo.

Tamsin se quedó mirando hacia Bo y parpadeó varias veces, confusa, sin entender lo que estaba pasando, hasta que comprendió que la súcubo se refería a la noche en la que Bo había regresado de Helheim y necesitó curarse urgentemente de ella.

—¡Por fin! —exclamó la valquiria—. Pensé que nunca lo recordarías, estaba empezando a dudar de tus habilidades.

La súcubo soltó a Tamsin con desprecio. Estaba furiosa con ella por acostarse con Lauren, aunque tratara de hacerle creer a la doctora que no le había importado, y también por lo que sea que le hubiera hecho la noche que tuvo que curarse con ella, ya que Tamsin se lo había ocultado todo este tiempo.

—Vas a tener que explicarme muchas cosas ahora mismo, pero en un lugar donde podamos hablar —dijo Bo cruzándose los brazos sobre su pecho, sin disimular el gesto de enfado que había dibujado en su cara.

—Hablemos, pues —contestó la valquiria.

La súcubo entonces miró a su alrededor y se dio cuenta de que no estaban en el Dal. Bo se colocó en una pose defensiva al ver que se encontraban en una especie de vacío donde únicamente estaban ella y Tamsin.

—¿Dónde diablos estamos? —preguntó lanzando miradas hacia un lado y otro.

—Llámalo mi subconsciente —respondió la valquiria tranquilamente. Bo la miró aún más confundida y quizá hasta asustada, por lo que Tamsin se apresuró en explicarle lo que estaba pasando—: ¿Recuerdas que te dije que mi naturaleza está en servir en Odín? Esto es porque mi sangre está vinculada a él y puede meterse en mi cabeza para ordenarme qué es lo que desea que yo haga. Eso es lo que acabas de hacer tú ahora, aunque desde que Odín está encerrado en Asgard, no puede meterse en mi cabeza de esta forma y lo hace a través de sueños o presionándome con otras valquirias que le son más leales.

—¿Y qué tiene que ver eso con lo que sea que me hiciste aquella noche cuando nos acostamos? —inquirió Bo impaciente.

—He tratado de romper el vínculo de sangre que me une con Odín haciéndolo contigo.

—Eh… ¿Qué? —exclamó la súcubo dando un paso hacia atrás sin acabar de entender las implicaciones de lo que le acababa de decir la valquiria.

—Esa noche lo que hice fue vincular tu sangre con la mía con la esperanza de que él que no pudiera influir en mí.

—¿Cómo demonios es eso posible? —le preguntó ella con total desconfianza.

—Porque eres su legado, Bo, tú tienes sus mismos poderes y no sé… Tenía que intentarlo —le explicó alzando los brazos hacia el aire en un gesto de exasperación—. Porque si hubiera una forma más fácil…

—Pudiste decírmelo —la interrumpió Bo sintiendo que la ira iba cada vez más en aumento.

—Vi una oportunidad y lo hice —le replicó con recelo—. Si te hubiera contado lo que pretendía no me hubieras entendido, es una historia muy larga.

—Me asaltaste, me utilizaste… ¡Me mentiste! —la acusó la súcubo intentando no dejarse llevar por la ira que quería abalanzarse sobre ella.

—Para explicarlo debería haberte contado una historia que hasta esa noche no era capaz de recordar. Además, odiaba a tu padre mucho antes incluso de conocerte a ti, y no voy a hablarte de las causas, así que hazme el favor de no preguntarme. Pero después de aquella vez que la Morrigan nos atacó con aquel parásito y nos volvió idiotas adolescentes, tú me besaste.

—¿Ah, sí? —preguntó Bo confusa porque apenas recordaba lo que pasó aquella vez, salvo los hombres cerdo con los que tuvo que enfrentarse aquella noche.

—Sí, pero ese no es el caso. Lo importante es que sucedió algo entre nosotras, no sé si fue que te alimentaste inconscientemente de mí o qué diablos hiciste, pero después de ese día, me vinieron a la cabeza imágenes de un pasado que no recordaba. Lo mismo cuando fuimos a salvar a Kenzi de la kitsune y te alimentaste de mí en los bosques.

—¿Qué pasado es ese? —preguntó Bo mirando a la valquiria con suspicacia, intentando averiguar si estaba siendo sincera.

—Todas las valquirias creemos que tu padre nos creó y que somos como sus lacayos o algo así, pero yo vi una vida antes de que tu padre llegara a nuestro mundo.

—¿Qué vida es esa? ¿Cómo estás tan segura de que sea real? —volvió a preguntar sin todavía confiar en sus palabras.

—Después de la noche que compartimos tenías pesadillas, ¿verdad? —preguntó la valquiria desesperada por que Bo entendiera todo lo que tenía que explicarle. La súcubo asintió recordando aquel palacio blanco de sus sueños cubierto de sangre y cadáveres que ella creía que había asesinado con sus propias manos. Entonces, Tamsin prosiguió—: Yo también las tuve —dijo con cierta tristeza en su voz—. Tu padre llegó a nuestro reino, Asgard, a través del Yggdrasil, que es una especie de conducto que conecta todos los mundos que existen, y era tan poderoso que masacró a nuestro pueblo y luego nos revivió a las valquirias, sometiéndonos a su poder —le contó con la mirada perdida en el suelo.

—¿Todo lo que vi en mis pesadillas lo hizo él? —exclamó Bo casi en un grito de horror. Tamsin solo asintió sin levantar los ojos del piso—. Incluso… —Bo tragó saliva cuando un nudo en su garganta se formó recordando las últimas visiones que le asaltaron cuando Lauren le confesó que se había acostado con Tamsin—. Él te… ¿él te forzó?

—No fue lo peor que me hizo —dijo ella con un hilo de voz tembloroso y la vista fija en el suelo, incapaz de levantar sus ojos y que Bo descubriera la vergüenza y todo lo que sentía en ese momento.

—Tamsin… —murmuró Bo consternada acercándose lentamente a ella—. ¿Estás segura de que es así?

—Es así —susurró intentando girar su rostro lejos de la visión de la súcubo, intentando que las lágrimas de sus ojos no se derramaran.

—Entonces, ¿me usaste solo porque odias a mi padre o porque querías saber más de tu pasado? —insistió un poco más, pero intentando no ser tan dura con su pregunta como antes, ya que necesitaba entender por qué Tamsin había hecho aquello.

—Las dos… —dijo ella tras un suspiro—. Quizá más por el hecho de que quería que ese bastardo dejara de manipularme.

Bo se quedó mirando hacia Tamsin frunciendo el ceño, apaciguando la ira que hace tan solo unos minutos estaba a punto de hacerla explotar. Quiso darle una oportunidad a la valquiria porque su instinto le decía que en el fondo las causas eran más complejas de lo que podía ver y Bo quería saberlas.

—Estoy cabreada con que me hayas usado para esto, podrías habérmelo contado al menos, es algo que me concierne a mí también y por lo que veo tampoco estás muy segura de su efectividad —le recriminó Bo en un tono apacible—. Si mis pesadillas eran recuerdos de lo que mi padre le hizo a tu gente y a ti, lo entiendo, es un cabrón, pero hay algo más. Él te hizo más cosas de las que he visto en mis sueños.

—No vayas por ahí, Bo —la cortó inmediatamente, levantando su mirada intimidante, empañada por lágrimas, hacia la súcubo.

—Me usaste —protestó la otra—, me debes al menos una explicación. Quiero entender por qué lo hiciste, por qué no buscar otra forma y arriesgarte así.

Se miraron desafiantes durante unos segundos que parecieron interminables y finalmente la valquiria se dio por vencida, no iban a salir de allí hasta que la súcubo estuviera satisfecha. Así que limpió el rastro de lágrimas de su cara con el reverso de su mano e inspiró aire profundamente antes de hablar:

—Digamos que hay una forma de debilitar el lazo que existe entre Odín y yo, quizá hasta de romperlo definitivamente.

—¿Pero? —se adelantó la súcubo con suspicacia.

—Pero él sabe cuando ocurre y te advierte de que debes detenerlo. Y él me advirtió cuando ocurrió, hace unos cuantos siglos, pero yo no lo escuché, entonces… —Tamsin se detuvo un momento mientras sus ojos se empañaban de lágrimas de nuevo—. Él cumplió su advertencia.

—Vale, sé que esto es difícil para ti —dijo la súcubo sintiéndose realmente mal por ver a la valquiria en aquel estado—. Pero, ¿de qué forma se podría romper el lazo que te une con Odín? ¿Cómo lo hiciste aquella vez?

—Me enamoré —confesó apretando la mandíbula con fuerza, siendo incapaz de aliviar todo el dolor que comenzó a embargarla.

—Lo siento —se disculpó Bo acercándose hasta ella para poder abrazarla y tratar de calmar, de alguna manera, el tenue llanto contra el que Tamsin ya no podía luchar—. No quise que pensaras en cosas que te hacen daño. No era mi intención, solo necesitaba entender. Lo siento mucho.

—Bo, tu padre me ha advertido otra vez, quizá porque al unirme contigo el lazo entre él y yo comenzó a debilitarse —dijo entre sollozos escondiendo su rostro sobre el hombro de la súcubo—. Por eso Antalya es peligrosa, quizá la mandó para tratar de evitarlo. Debemos tener cuidado con ella.

—No sabía las intenciones de Antalya y menos que era una valquiria. Ella solo se presentó un día, amigablemente, y me gustaba conversar con ella y pasar el rato, pero supongo que eso de hacer amistades está sobrevalorado en el mundo fae —bromeó intentando aliviar un poco la tensión, sin embargo, Tamsin seguía igual de afectada que antes y Bo se estremeció pensando en qué podría haberle hecho Odín para sumirla en aquel estado—. Tranquila —trató de consolarla—, esta vez estoy contigo, no voy a dejar que te ocurra nada. Mi padre no podrá tocarte un pelo mientras me quede un aliento de vida. Te lo prometo.

Tamsin no pudo contestarle nada y permaneció entre sus brazos tratando de calmarse. Aunque luchaba por no sumergirse en los terribles recuerdos de su pasado, ellos volvían a su mente con más fuerza. Podía pretender que había superado lo que le pasó, pero era consciente de que nunca sería capaz. Tamsin no podía evitar que su corazón se partiera de dolor cuando recordaba a Sigurd y lo que Odín le hizo cuando ella se permitió enamorarse de él.

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Lauren caminó cautelosamente por el bosque sin saber cómo había llegado allí. Apartó algunas ramas con la mano hasta que consiguió ver la hoguera que alumbraba el pequeño claro que formaban los altos y frondosos árboles a su alrededor. La humana levantó los ojos hacia el cielo y lo encontró lleno de estrellas que formaban constelaciones que ella recordó de cuando las estudió en su adolescencia. Maravillada por la belleza del paisaje nocturno, Lauren dio varios pasos hacia la luz de la hoguera y se fijó que había algunos utensilios (un cuchillo y lo que parecía un cuenco de madera) y restos de un animal que había servido como posible cena de alguien.

—¡Brynhild! —dijo la voz de un hombre de repente, haciendo que Lauren diera un brinco y corriera a esconderse detrás de unos arbustos—. Traigo más leña —volvió a decir la voz, que pronto Lauren pudo ver a quién pertenecía, cuando la figura de un hombre se postró junto a la hoguera, dejando los pequeños troncos de madera al lado del fuego—. ¿Dónde os habéis metido? —preguntó mirando a los alrededores en busca de alguien.

Lauren pudo distinguir a duras penas los rasgos del hombre, presumiblemente joven, que seguro no alcanzaba los treinta. Poseía un cuerpo fornido y esbelto, y se movía con gracia y agilidad entre los árboles. Su tez parecía morena, pero Lauren no podía asegurarlo con la oscuridad de la noche, aunque sí era evidente que tanto su pelo y sus ojos eran oscuros.

—Fui a buscar unas bayas que vi cerca del arroyo —dijo de pronto una voz femenina que la humana reconoció a la perfección, pero que incrédula no creyó que se tratara de esa persona hasta que vio a Tamsin aparecer entre los árboles portando una pequeña bolsa de piel entre sus manos.

—Me asustáis cada vez que desaparecéis —le reprendió él con una brillante y hermosa sonrisa.

—Lo lamento, no es esa mi intención —contestó ella sentándose junto al calor del fuego para probar alguna de las bayas que había recogido y que guardó dentro de la bolsa de piel—. Mas no tengo planeado volver a irme y no lo hice con mala intención la primera vez.

—No importa, volveré a buscaros a dónde sea que os lleve el destino si es lejos de mí —dijo él sin borrar la sonrisa y sentándose al lado de Tamsin. Ella colocó su mano sobre la de él, apartando la bolsa de bayas lejos, y Lauren se quedó sin respiración cuando observó la más inocente de las sonrisas dibujarse entre los labios de la valquiria. Nunca la había visto sonreír así y jamás pensó que aquel simple gesto pudiera embellecer su rostro de tal manera.

—Fuisteis el único que creyó que no había abandonado mi reino a su suerte y me buscasteis en los confines de estas tierras para liberarme de mi prisión —habló ella apoyando suavemente su cabeza sobre el hombro de él.

—Lo haría de nuevo, Brynhild —susurró el hombre complacido por la cercanía de Tamsin—. Aún preciso saber quién ha osado haceros prisionera.

—Un antiguo señor al que le incomodó que favoreciera al rey Agnar en la guerra en vez de al rey Hjalmgunnar —le respondió ella con cierto pesar paseando sus dedos por el brazo ancho de él—. Él planeó mi supuesta huida del trono, haciendo creer a las buenas gentes de Austrasia que me llevé las riquezas del reino para mi propio provecho cuando la verdad era que me hizo cautiva, pero vos me sacasteis de mi prisión y ya no tengo nada que temer de ese antiguo señor.

—¿Estáis segura de que no intentará buscaros? —le preguntó con cierta preocupación.

—No temáis por mí, no estoy en peligro alguno —le respondió con alegría levantando su rostro para mirar sus oscuros ojos—. Pero vos debéis volver al reino, sois general de los ejércitos, tenéis responsabilidades que atender. Os pueden acusar de desertar.

—No me lo recordéis —dijo él tornando su sonrisa a un gesto más serio—. Debemos acordar nuestro reencuentro después de que solvente mis asuntos en el reino y así podamos estar juntos.

—Podemos hablarlo al amanecer, antes de partir en nuestro viaje —sugirió ella moviéndose lentamente hasta sentarse a horcajadas sobre él—. Ahora quisiera aprovechar el tiempo con vos, si gustáis por supuesto —añadió con una sonrisa socarrona que Lauren sí conocía perfectamente.

—Tenéis razón nuevamente —dijo él sonriendo y apoyando sus manos gentilmente sobre las caderas de la mujer rubia—. Quiero recordar el calor de vuestra piel en la espera eterna para volver a encontrar de nuevo vuestros increíbles ojos y esa sonrisa que me deja siempre sin aliento.

—No tenéis que haceros el galán conmigo —rió ella mientras bordeaba el cuello del hombre con sus brazos—. Tenéis mi corazón desde hace tiempo.

—Y vos el mío —musitó inclinándose hacia ella—. Espero que lo cuidéis con cariño.

—Dejad ya la poesía o dormiréis solo esta noche —bromeó Tamsin enterrando sus dedos en los mechones oscuros del pelo corto del hombre.

—Tenéis un concepto muy equivocado de poesía —continuó él con la broma.

—Como deseéis —dijo ella comenzando a ponerse de pie con fingida molestia, pero enseguida, él extendió la palma de sus manos por la espalda de Tamsin y la obligó a quedarse donde estaba. Ella iba a protestar pero el hombre estrelló sus labios en los de ella impidiéndole pronunciar palabra alguna y comenzó a deshacerse de las prendas que llevaba la valquiria descubriendo primero sus hombros y luego su torso.

Lauren trataba de apartar la vista, cuando se sintió súbitamente excitada, como si aquel hombre en vez de estar amando a Tamsin la estuviera amando a ella, como si pudiera sentir la dureza que emergía de él contra el medio de sus caderas… La humana gateó de espaldas sin poder apartar los ojos de la escena apasionada entre aquel hombre y la supuesta Tamsin, hasta que consiguió ponerse de pie y echarse a correr, sin importarle si podían verla.

Con las manos fue apartando todas las ramas que se cruzaron en su camino mientras trataba de entender qué era lo que estaba sucediendo y dónde se encontraba. De pronto, tropezó con algo y cayó al suelo de rodillas. Lauren gimió de dolor pero se puso rápidamente de pie. Entonces, sus ojos no daban crédito a lo que veían. Ella ya no estaba en el bosque, sino en una calle casi a oscuras, detrás de unas casuchas de piedra, en lo que parecía una ciudad maloliente. La humana dio varios golpes en el suelo con la punta del pie dándose cuenta que el camino era de tierra. Aquello no parecía ser una ciudad moderna. Sin embargo, no tuvo tiempo para buscar soluciones lógicas, porque pronto un par de antorchas aparecieron por el otro lado de la calle y Lauren tuvo que tratar de esconderse para que no la vieran.

Dos siluetas se introdujeron en la calle y caminaron lentamente mientras compartían una conversación. A Lauren no le costó distinguir que eran dos mujeres, pero tardó un buen rato en poder escuchar lo que decían:

—Sois una testadura, Brynhild —dijo una de las mujeres. La humana asomó la cabeza para intentar vislumbrar mejor la escena, sabiendo que antes el hombre había llamado Brynhild a Tamsin.

—Lo amo y no puedo hacer nada para remediarlo —le respondió la que Lauren supuso que era la valquiria.

—Viajad, iros lejos de aquí —le reprendió—. Vos sabéis lo que significa el Valknut y él vendrá a cobrarse su venganza si lo traicionáis.

—No lo he traicionado y no puedo luchar contra lo que siento por Sigurd —respondió y Lauren sintió un escalofrío por su espalda al escuchar aquel nombre. Ella sabía que aquel hombre significó algo para Tamsin y que había algo doloroso entre sus recuerdos que la valquiria guardaba con recelo.

«¿Estoy viendo los recuerdos de Tamsin?», se preguntó para sí misma la humana entonces, saliendo de su escondite y acercándose a las dos mujeres. Una de ellas era sin duda Tamsin y la otra tenía el pelo cobrizo, los ojos azules y algunas pecas por su cara, Lauren no la reconoció.

—Somos valquirias, no podemos amar. Vuestro deber está con Odín no con cualquier hombre que os caliente la entrepierna —le reprendió la mujer sin inmutarse por la presencia de Lauren, por lo que ella intuyó que no la podían ver—. Los ancianos se pondrán furiosos cuando se enteren de que planeáis casaros con un humano.

«¡¿Un humano?! ¿El amor de Tamsin es un humano?», pensó Lauren casi perdiendo el equilibrio de la impresión y mirando hacia la mujer rubia, cuyo rostro se había ensombrecido por las palabras que acababa de recibir de su acompañante.

—Lo siento por Odín, mas no pienso cambiar a Sigurd por él. Estoy harta de ser su esclava y repudio su presencia… ¡Me merezco la felicidad y mi felicidad está con Sigurd! —le gritó Tamsin.

—Brynhild, mi deber es avisaros de que Odín no lo va a permitir. Vos sois una de sus más preciadas valquirias y no os va a perder. Él ya os ha mostrado su aviso con el Valknut, no lo podéis ignorar

—Te lo agradezco, Antalya, mas no voy a renunciar a él. Podrá oponerse Odín y podrán oponerse todos los faes del reino —concluyó Tamsin dando media vuelta y alejándose a toda velocidad de la otra mujer sin darle oportunidad a usar otro argumento que la ayudara a entrar en razón.

—Estúpida mujer —murmuró la tal Antalya.

Lauren se echó a correr detrás de Tamsin, desolada por descubrir aquel poderoso sentimiento que albergaba la valquiria. Entonces lo supo, Lauren entendió lo que había sentido cuando estuvo con ella en su apartamento. Era exactamente lo mismo. Tamsin estaba enamorada. Lauren se frenó en seco recordando de nuevo la pregunta de Bo y estremeciéndose en el acto. ¿Estaba Tamsin enamorada de ella?

La negrura del lugar pareció absorberla de repente y Lauren sintió que estaba flotando en medio de la oscuridad. Confundida por lo que había descubierto, no era capaz de orientarse y se sentía mareada. ¿En qué momento había ocurrido? ¿Por qué no se había dado cuenta si podía compartir los sentimientos con ella? ¿Qué iba a hacer si resultaba que era cierto que Tamsin la amaba? ¿Iba Lauren a sentir también el dolor de Tamsin por verla con Bo y no ser correspondidos sus sentimientos?

La humana empezó a comprender el enredo de recuerdos de la valquiria de pronto. Sin embargo, aún no entendía cómo era posible que después de Sigurd no hubiera otro amor en la vida de Tamsin y tampoco lograba vislumbrar por qué el recuerdo de aquel hombre la aterraba y la sumía en un dolor que luchaba por enterrar. No obstante, Lauren lo entendería pronto.

La negrura desapareció y la doctora se halló a sí misma en medio de una larga sala. Ella miró alrededor y supuso que estaba en un comedor, cuya mesa se encontraba vacía y cuya decoración era más bien escasa.

De repente, Lauren empezó a escuchar unos sollozos y se dio cuenta del charco de sangre que había bajo sus pies. Ella dio un salto hacia atrás asustada y entonces vio a Tamsin arrodillada junto a Sigurd, cuyo cuerpo permanecía inmóvil sobre las baldosas grises del suelo; de él provenían los restos del líquido rojizo que había asustado a la doctora. La valquiria tenía una mano sobre el pecho del hombre y su cabeza sobre uno de los hombros mientras lloraba sin consuelo. Lauren se estremeció inundada por la tristeza y luego con el terror cuando descubrió un puñal ensangrentado en la otra mano de Tamsin. Aunque mayor fue el miedo cuando se dio cuenta de la presencia de Odín, el padre de Bo, junto a la mujer.

—¿Por qué me habéis hecho esto? —gimió entre lágrimas la valquiria.

—Yo no he hecho nada, lo habéis hecho vos —respondió impasible Odín—. Vos lo matasteis.

—¡Lo engañasteis para que se casara con otra mujer! ¡Para que creyera que solo me había divertido con él! ¡Me hicisteis caer en este maldito juego de celos y engaños!

—El amor es muy complicado y no está hecho para vos. Sois una valquiria —dijo él mientras se agachaba al lado de Tamsin y agarraba su rostro con las dos manos—. Y sois únicamente mía.

Tamsin lo empujó y trató de separarse de él, pero Odín la agarró por los brazos fuertemente obligándola a quedarse quieta.

—Dejadme llevar su alma al Valhalla —sollozó la valquiria rindiéndose ante la fuerza de Odín—. Por favor.

—¿Qué sacaréis en claro de lo que ha sucedido entonces? —le dijo él con un gesto de arrogancia—. Su alma se perderá para siempre, vos viviréis con el remordimiento de haberlo asesinado con vuestras propias manos y jamás volveréis a verlo. Así recordareis que no podéis volver a enamoraros nunca.

—¡Qué más os da si me enamoro! —le gritó ella.

—Que os perderé y eso nunca lo permitiré —le dijo él poniéndose en pie y hablándole con una pasividad que estaba poniendo de los nervios a Lauren—. No obstante, entiendo que en parte es mi culpa, debí enseñaros mejor.

—Iros al infierno —le espetó con furia la valquiria.

—El infierno es lo que viviréis en los próximos años, hasta que os olvidéis de Sigurd y de amar a nadie —sentenció él con una pose arrogante y de desprecio ante el llanto desconsolado de Tamsin que se derramaba sobre el cuerpo sin vida de su amado.

Lauren cerró los ojos, sintiendo el ardor de la tristeza aclamar por sus lágrimas. Sentía en su pecho todo el dolor de Tamsin, toda la impotencia y el odio hacia el padre de Bo. El corazón de la humana se quebró al descubrir la historia de la valquiria, aquella que guardaba con tanto recelo y ahora comprendía su inmensa agonía. ¿Cómo Odín pudo hacerle algo así? Los puños de Lauren temblaban de la rabia por estar como una espectadora sin poder hacer nada, temblaban desolados por la tragedia de la valquiria. ¿Cómo puede una persona soportar todo este dolor durante tantos siglos? Lauren necesitaba buscar a Tamsin, pero cuando abrió los ojos, ya estaba en otro lugar: un descampado.

La humana visualizó a la valquiria caminando agazapada entre las hierbas más altas del prado, escondiéndose del resto de personas del lugar. Lauren examinó los alrededores y visualizó a una multitud cerca de la orilla de un estrecho río y ella se acercó con curiosidad lentamente. A medida que se aproximaba, fue consciente de la solemnidad del grupo de personas, los estandartes, las caras tristes… Entonces vio la pequeña barca sobre las aguas del río que llevaba una pira funeraria en ella. La humana se hallaba en un entierro pero no pudo saber de quién hasta que vio de nuevo a Tamsin nadando sobre las aguas hacia la barca. Lauren miró alarmada hacia la multitud de personas, que no se habían percatado de la presencia de la valquiria cerca de la pira funeraria, justo cuando un hombre tensaba el arco para lanzar una flecha incendiada. La humana comenzó a correr horrorizada hacia donde se encontraba Tamsin, como si pudiera apartarla de allí, pero solo fue capaz de ver cómo la valquiria se acostaba sobre la pira junto al cuerpo inerte de Sigurd, con una sonrisa empañada con lágrimas amargas que recorrían su rostro.

Lauren gritó e incluso se metió en el río, pero la flecha certera golpeó de lleno en su objetivo y pronto las llamas aparecieron. La doctora se quedó congelada en donde estaba, observando con horror cómo el fuego se iba acercando hacia Tamsin y ella no tenía intenciones de moverse. Alguien gritó de pronto desde la orilla, dándose cuenta de la presencia de la valquiria allí, y algunos se tiraron al agua en un intento inútil de impedir lo que sucedería. Lauren sí corrió hasta la barca, pues era todo solo recuerdos y no podía resultar herida, sin embargo, sintió las llamas como si quemaran sus propias carnes y los gritos de dolor de Tamsin se sintieron como propios. Fue porque no podía perdonarse haberlo matado, porque el rencor no le permitiría vivir sabiendo que todo había ocurrido por los engaños de Odín, porque si no podía volver a verlo o encontrar su alma, ella consumiría su cuerpo junto al de él, y porque ese era un castigo justo por arrebatarle la vida en primer lugar. Ella no pensó que Odín la traería a la vida una y otra vez y que igualmente tendría que vivir con su recuerdo para siempre.

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Bo sujetó con fuerza el cuerpo de Lauren por los hombros, empujándola hacia el suelo, mientras ésta se convulsionaba violentamente contra sus manos.

—¿Qué diablos está pasando? —dijo Bo con desesperación.

—¿Qué le hiciste a Tamsin? —preguntó Hale, que había llegado poco después de que Bo se enfrentara a Tamsin, observando cómo la valquiria estaba de pie, inmóvil y con la vista desenfocada.

—¡Están en una especie de trance! —gritó Kenzi intentando mantener inútilmente la calma mientras se acercaba en carrera hasta el grupo—. Ya lo han hecho antes, solo necesito llamar la atención de Tamsin —dijo recordando la vez cuando Lauren acababa de despertar después de que la valquiria la trajera a la vida de nuevo, y cómo había pasado algo similar, salvo que la que acabó en el suelo fue Tamsin aquella vez.

—Pues habrá que romper el trance —señaló Trick sin entender a que se refería Kenzi—. El cuerpo de Lauren parece estar sufriendo.

—La otra vez solo tuve que llamar la atención de Lauren y paró, así que tengo que hacer lo mismo pero con Tamsin —murmuró la gótica para sí misma mientras colocaba sus manos sobre los hombros de la valquiria.

Trick miró hacia el grupo de clientes que se estaban arremolinando alrededor de ellos, curiosos por lo que estaba pasando en el Dal. Él ni siquiera podía explicar aún qué estaba sucediendo. Bo se acercó a Tamsin violentamente y a los pocos segundos se estaba separando de ella, sin rastro del enfado que poseía momentos antes. Entonces, Lauren se desmayó y Tamsin pareció entrar en shock.

El tabernero golpeó el brazo de Hale para llamar su atención y que le ayudara a dispersar a la gente, dejándole espacio a las chicas. Ambos se concentraron en esa tarea, intentando decir cualquier cosa que consiguiera aliviar la curiosidad de los presentes, que por suerte eran apenas una docena.

—Kenzi, ¿estás segura de lo que haces? —preguntó Bo mientras sujetaba a Lauren.

—Sí —contestó con determinación—, confía en mí. —Entonces, se posicionó frente al rostro de la valquiria, acariciando una de sus mejillas con la punta de los dedos y pronunció su nombre dulcemente—: Tamsin.

—¡Está funcionando! —exclamó Bo enseguida, sujetando con fuerza el cuerpo de Lauren que murmuró algo y dejó de temblar momentáneamente. Entonces, Kenzi lo intentó otra vez. Tomó con más fuerza el rostro de Tamsin con las dos manos y se fijó en su mirada mientras decía su nombre—. Joder —maldijo Bo cuando Lauren comenzó a temblar de nuevo, la situación volvía a ser la de antes y los esfuerzos de su amiga no estaban funcionando—. Kenzi, ven a sujetar a Lauren voy a drenar todo el chi que pueda de Tamsin hasta dejarla inconsciente.

—¿Estás loca? ¡No! Puedes hacerle daño —se negó su amiga sin separarse de Tamsin—. Déjame intentarlo un poco más.

—No sé cuánto más pueda aguantar Lauren así, Kenz —le dijo desesperada—. ¡No voy a arriesgar su vida!

—¡Tampoco vas a arriesgar la de Tamsin! —protestó su amiga y luego miró a la valquiria sin saber qué hacer—. A la mierda —murmuró Kenzi perdiendo los nervios. Sin pensarlo demasiado, se puso de puntillas, colocó sus manos tras la nuca de Tamsin para tirar de ella hacia abajo y la besó, encontrándose con unos labios rígidos y prietos—. Vamos, Tams —susurró contra su boca entre beso y beso—. Venga —insistió.

Pero pronto encontró la correspondencia y los labios de Tamsin se movieron junto a los de ella. Un jadeo se escapó entre los dientes de la valquiria mientras Kenzi se inclinaba ligeramente hacia atrás, rompiendo el beso. Dos ojos verdes y acuosos la miraron fijamente provocando una gran sonrisa en el rostro de la gótica, que ahuecó con ternura el rostro de Tamsin entre sus manos observándola aliviada de que por fin pareciera volver en sí.

—Me diste un susto de muerte —le susurró a punto de volver a besarla cuando escuchó la voz de Bo hablándole a Lauren, que parecía que se había despertado. Entonces fue como si la realidad volviera a Kenzi y recordó que estaba en el Dal, frente a un grupo de personas que seguramente la estaban mirando fijamente. Totalmente avergonzada, se separó con rapidez de la valquiria y giró su rostro al lado contrario para que la detective no pudiera ver su expresión de vergüenza.

—Creo que ya está —dijo Kenzi tratando de disimular la rojez de sus mejillas.

Tamsin estaba demasiado aturdida para decir algo coherente, apenas pudo reconocer dónde estaba y lo que había pasado. Dirigió su mirada hacia Lauren, que estaba sentada en el suelo y Bo la envolvía entre sus brazos hablándole cariñosamente, luego se percató de la mirada desconfiada de Trick examinándola desde la lejanía mientras trataba de devolver la calma a su bar, y por último, Hale, que con la mandíbula tensa le dirigió una mirada fría que Tamsin no fue capaz de descifrar al principio. Sin embargo, cuando descubrió los tímidos ojos de Kenzi observándola, se llevó los dedos a sus labios recordando el beso que acababa de recibir por parte de ella y su corazón se desbocó en su pecho mientras saboreaba el calor que había dejado la otra mujer en su boca.

—¡Tamsin! —exclamó de pronto la doctora con un grito de terror que silenció el Dal. Todos dirigieron la atención a la humana que se separó de Bo y corrió hasta la valquiria.

—Lauren… —murmuró la fae envolviendo a la humana entre sus brazos, que se aferró firmemente a ella.

—No lo sabía —sollozó escondiendo el rostro en su cuello—. No sabía que había sido así…

Un nudo se formó en la garganta de Tamsin al sentir la desolación de la humana que trataba de luchar contra las lágrimas mientras la abrazaba con fuerza, esperanzada por que todo el horror que sentía desapareciera rápidamente.

—¿Qué diablos acaba de pasar? —dijo de pronto Bo, con la voz impregnada de molestia y confusión, colocándose al lado de la valquiria.

Al escuchar la voz de la súcubo, Tamsin separó a Lauren ligeramente de ella y dirigió su mirada hacia los ojos oscuros de la fae que le estaba dirigiendo una mirada severa. Intuyó que la doctora no le había contado todo lo que había sucedido en su ausencia.

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Lauren retiró la vista hacia el suelo y Bo siguió en su pose inmóvil, con los brazos cruzados sobre su pecho y sin poder dirigir la vista hacia la humana.

—¿Cómo quieres que no piense nada extraño después de lo que he visto? —preguntó la súcubo con la voz quebrada por las emociones—. Ni siquiera me contaste sobre esa unión entre tú y Tamsin… Lo intento, Lauren, pero es que no puedo.

—No he dejado de amarte y me hace daño que estés dudando de lo nuestro —le respondió ella cabizbaja, limpiando varias lágrimas con los dedos.

—Ya no sé qué pensar de nada, siento que estoy dando tumbos de un lado a otro y estoy cansada de toda esta situación porque… —Bo tomó una larga bocanada de aire y dirigió sus ojos hacia Lauren para seguir hablando—: Lo único que quiero es estar contigo sin los malditos dramas de los faes y estoy harta de que cada vez que todo va bien entre nosotras se entrometa algo de por medio. Me siento impotente porque estoy asustada de que cualquiera de estas cosas nos acabe separando y… Lauren… yo no puedo vivir sin ti.

—¿Y crees que yo sí? —le dijo ella soportando las emociones que querían derramarse por sus mejillas—. Bo, tú eres lo único que vale la pena en mi vida y lo único bueno que me ha pasado en años. Todo lo terrible que he vivido con los faes lo volvería a sufrir si eso significa volverte a conocer.

Se quedaron mirando en silencio y luego la súcubo paseó la punta de sus dedos delineando el rostro de Lauren, con esmerada lentitud que pretendía admirar cada centímetro de la suave piel que recorría. La humana cerró los ojos inundada por las sensaciones que las caricias de Bo provocaban.

—Vamos a casa —susurró de pronto la súcubo—. Debes de estar agotada después de este día.

—Estoy de acuerdo —contestó ella abriendo los ojos con una sonrisa.

Bo trató de apartar sus dudas y sus miedos por un momento. Tomando a Lauren de la mano, la llevó hasta su casa, preparó la cena mientras la humana se daba una ducha y luego comieron juntas, como si en aquel día no hubiera sucedido nada. Bo vigiló los sueños inquietos de Lauren, que la despertaron más de una vez, a veces con un grito, otras con ansiedad, pero todas las veces Bo estaba a su lado, brindándole su calor y tranquilizándola hasta que por fin pudo conciliar un sueño tranquilo. Pero Lauren no se percató del miedo que estaba atormentando a la súcubo mientras dormía entre sus brazos, el miedo que se incrementaba porque Lauren no fue capaz de responder a su pregunta y por todo lo nuevo que había descubierto ese día. ¿Qué pasaba si Tamsin amaba a Lauren? ¿Qué pasaba si la unión entre ellas era más fuerte que el amor que sentía por Bo? Ese fue el miedo que espantó el sueño de la súcubo.

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Después de que Bo y Lauren se fueron, Kenzi se había quedado sola junto a Tamsin, en la habitación privada de Trick. La chica gótica estuvo un buen rato observando el rostro de la valquiria en silencio, primero pensando en romper la tensión con alguna broma, pero sinceramente dudaba que Tamsin estuviera de humor para ningún comentario de ese tipo. Era evidente en sus rasgos tristes que el recuerdo que había compartido con Lauren era algo doloroso de su pasado y Kenzi no sabía qué podía hacer para que se sintiera mejor.

—¿Estás bien? —le preguntó acercándose hasta sentarse a su lado en el sofá de la habitación.

—Sí —respondió secamente.

Kenzi se mordisqueó la cara interna de su mejilla sin apartar sus ojos de Tamsin. Ella estaba sentada de medio lado, con un brazo apoyado sobre el respaldo del asiento y las piernas recogidas sobre el sofá. Sus ojos verdes estaban mirando hacia abajo, hacia la mano que tenía sobre la superficie aterciopelada, en donde estaba sentada, arañando el material de forma nerviosa. Kenzi se giró levemente hasta quedar sentada frente a ella, poniendo una pierna flexionada sobre el sofá para sentirse más cómoda.

—Lo siento —susurró la mujer morena.

—No tienes que disculparte de nada —le dijo la otra.

—Sí, lamento lo que te pasó y lo siento también por besarte delante de todos. Estaba desesperada y Bo no dejaba de gritar porque Lauren tenía una especie de ataque y…

—No, está bien —la interrumpió Tamsin—. Fue lo mejor que pudiste hacer.

—¿Quieres hablar de lo que pasó? —le preguntó apoyando su mano sobre la de la valquiria dulcemente.

—No quiero pensar más en ello —dijo ella con un suspiro, mirando los dedos de Kenzi acariciar lentamente su piel. Tamsin se estremeció completamente ante aquel simple gesto de afecto y entonces observó los orbes azules observándola con una devoción que heló la sangre de la valquiria.

—¿Qué está pasando entre tú y yo? —le susurró la valquiria sin poder apartar sus ojos de ella.

—¿Quieres hablar de eso ahora? —preguntó con una tímida sonrisa, aproximándose un poco hacia Tamsin, sin apartar su mano de la de ella.

—Creo que es lo mejor —le respondió desviando la mirada hacia abajo, volviendo su atención al suave roce de los dedos de Kenzi, y cerró los ojos fuertemente mientras retiró su mano, lamentando la ausencia del calor que antes la acariciaba.

—¿Qué pasa, Tamsin? —preguntó con preocupación ante el gesto de la valquiria.

—Quiero saber que esto entre nosotras no es nada —respondió lentamente mientras volvía a abrir los ojos, pero aún manteniendo la mirada baja.

—¿Qué quieres decir? —preguntó con cautela.

—Es solo sexo —dijo rápidamente.

—¿A ti te parece que sea solo eso?

—Solo puede ser eso.

—¿Por qué? —le cuestionó, estrechando los ojos sin entender lo que le estaba diciendo.

—Porque siempre fue solo eso y nada más.

—No me lo pareció a mí —protestó ella manteniendo un tono calmado aunque empezaba a ser difícil.

—Creo que era bastante obvio.

—Te quedaste a dormir en mi cama más de una vez y yo en la tuya también. ¿A ti te parece que eso era solo sexo? —volvió a insistir Kenzi que estaba cada vez más confusa por el comportamiento de la valquiria.

—Bueno, es la única cosa que hicimos —le replicó todavía con la mirada hacia abajo.

—¿Me estás tomando el pelo, Tamsin? —exclamó incrédula por todo lo que estaba escuchando—. ¿Crees que todo lo que pasó esta mañana también era solo sexo?

—Solo fui amable ya que te quedaste a dormir, no te iba a echar a patadas —le contestó rodando los ojos empezando a sentirse incómoda por la insistencia de Kenzi.

—¿Qué te pasa? —preguntó ella poniéndose en pie y mirando seriamente a Tamsin—. Estás viviendo en mi piso para empezar y… —Kenzi sacudió su cabeza intentando entender si es que había malinterpretado todo lo que había pasado entre ellas—. Después de todo lo que ha pasado estos últimos meses, ¿me estás diciendo que lo único que sucede entre nosotras es solo sexo? —le dijo casi gritando.

—El sexo no tiene que ver con nada más, ¿por qué tienes que mezclar las cosas? —le reprochó con molestia—. ¿Es que no puedes mantener relaciones sexuales con cualquiera sin implicar nada más?

—¡Puedo tener sexo con cualquiera sin más lazos —gritó sin importarle si la escuchaban en el resto del bar—, ese no es mi problema!

—¿Entonces? —dijo de forma indiferente la otra.

—Tú no eres cualquiera para mí.

En ese momento, Tamsin dirigió una mirada de reojo hacia Kenzi. La valquiria tensó su mandíbula observando en la expresión de la otra mujer el dolor que ella misma había provocado y se tragó el nudo en la garganta que esa imagen le había producido, retirando instantáneamente sus ojos hacia el suelo.

—Creí que estaba bastante claro —dijo lo más fríamente que pudo.

—Mírame a la cara y dime que no había algo más entre nosotras —la retó poniéndose enfrente de ella—. Tamsin, tú sabes que hay algo más.

La detective tomó aire antes de levantar sus ojos hacia los de ella. Allí, entre el azul helado de su mirada, descubrió un resquicio de esperanza que esperaba que Tamsin cediera, pero la valquiria no podía corresponder los sentimientos de Kenzi.

—Creo que está claro que deberíamos dejar de vernos.

—¿Estás de coña? —dijo la gótica alucinada por sus palabras.

—Tú buscas algo que no te voy a dar y es mejor cortarlo aquí —le explicó la valquiria con el rostro impasible—. Por tu bien —añadió al ver la expresión de derrota en el rostro de la otra mujer.

—¡Vete a la mierda, Tamsin! —gritó dándose la vuelta y corriendo hacia la puerta de la habitación.

La valquiria ni siquiera se inmutó en añadir más nada y, aunque lo hubiera hecho, Kenzi desapareció de allí con tanta rapidez que no hubiera tenido tiempo suficiente de decir algo. En su camino de huida, soportando todo el torbellino de emociones que la asolaban, intentando retener el llanto que quería hacerse presente y llamándose estúpida a sí misma una y otra vez, tropezó con Hale que estaba junto a la barra del bar.

—¿Kenzi? —dijo él en cuanto observó su rostro contrariado y sus ojos brillantes lleno de lágrimas.

—Perdona —se disculpó ella caminando a paso enérgico sin volver la vista atrás.

Hale la vio irse del Dal, consternado por verla en aquel estado. Algo iba mal. Sin embargo, antes de que él la siguiera, vio a Tamsin llegar del mismo sitio de donde había salido Kenzi a toda velocidad y no hizo falta que se imaginara más.

—¿Qué le has hecho? —le espetó con rabia a la valquiria.

—¿Qué narices quieres? —le respondió con indiferencia.

—¿Qué le has hecho a Kenzi? —volvió a insistir acercándose más a ella.

—Nada que te importe —le dijo ignorándolo y pasando a su lado.

—Si has hecho algo que le ha hecho daño, te las verás conmigo —le amenazó agarrando su brazo y deteniendo sus pasos.

—¿Si? —dijo ella con chulería, dirigiéndole una mirada altanera—. ¿Eres su puto caballero en brillante armadura? Creo que ella sabrá defenderse solita.

—Estoy hablando en serio, Tamsin.

—Lo que pase entre nosotras es asunto nuestro, no el tuyo —le replicó molesta, zafando el agarre de él con un gesto brusco.

—Si le has hecho daño, sí es asunto mío —volvió a insistir él con un tono agresivo.

—¿Cuál es tu maldito problema? ¿Eres su novio o algo?

—Definitivamente soy algo más de lo que tú jamás serás para ella.

—Sí, ya lo sé —respondió ella cruzando los brazos sobre su pecho y mirándolo con arrogancia—. Me lo dijo mientras follábamos —añadió con una sonrisa al ver el rostro tenso de Hale al decir aquello—. Ah, no, en verdad no lo dijo, se le olvidó mencionarlo entre polvo y polvo.

—No vas a conseguir provocarme —dijo él tratando de no dejarse vencer por la ira, no quería darle ese gusto a ella.

—Mejor porque realmente me estoy aburriendo de esta conversación —habló con una falsa sonrisa mientras comenzaba a rodear al sireno para alejarse de él—. Puedes volver a lamerle el culo a Trick, que parece que se te da bien, y dejarme en paz —concluyó dándole la espalda mientras caminaba hacia la salida del Dal.

—Tú no te la mereces de todas formas —le dijo él con rabia antes de que ella consiguiera alejarse—, no te mereces a nadie —añadió girándose hacia ella para ver su reacción—. No sabes qué es amar y por eso estás sola, amargada con tu corazón podrido en orgullo porque no sabes mirar más allá de tus narices.

Tres segundos pasaron hasta que el puño de la valquiria se estrelló contra el rostro de Hale sumiendo su cara en un estremecimiento de dolor. Todo se quedó en silencio nuevamente en el Dal mientras el sireno daba varios traspiés, que a punto estuvieron de hacerle caer al suelo, pero finalmente consiguió mantener el equilibrio para erguirse y mirar a Tamsin de manera desafiante.

—No provoques a una valquiria si no estás dispuesto a morir —lo amenazó en cuanto los ojos café de él se posaron en los verdes de ella. Un escalofrío recorrió la espalda de Hale involuntariamente mientras observaba cómo los iris de Tamsin se iban oscureciendo poco a poco y esa mirada peligrosa se metía en lo más profundo de su cabeza.

Trick fue lo más rápido que pudo, sacando la escopeta recortada que había escondido bajo la barra —después de aquella pelea que hubo entre Tamsin y su misteriosa 'amiga' de pelo naranja, había escarmentado— y volviendo el cañón del arma hacia la cabeza de la valquiria, acomodando la culata sobre su hombro, retiró el seguro y colocó su dedo índice sobre el gatillo.

—Vas a relajarte y a salir de mi bar —le dijo el tabernero lentamente—. Ya.

Tamsin pudo haberlos matado a todos en aquel instante. Ella sabía que pudo hacerlo. Quizá Trick hubiera sido lo suficientemente rápido para apretar el gatillo antes de caer fulminado. Tamsin se imaginó sus propios sesos esparcidos por el suelo brillante del Dal. Si moría volvería al Valhalla y ella no quería regresar allí, así que simplemente se fue del bar, como se lo pidió Trick.


NOTAS: El flashback en el final del capítulo 37 -Valknut, da una idea de lo que le sucedió después de lo que se narra en este capítulo en el pasado de Tamsin. Y bueno, el drama tenía que venir tarde o temprano.