NOTAS: Os pido muchos perdones por la gran demora y os agradezco enormemente vuestra paciencia y apoyo. Intentaré actualizar lo más pronto posible. Espero que les guste y saber vuestras opiniones :)


La planta de su pie descalzo alcanzó por fin la áspera y vieja moqueta que cubría el suelo de la sala, cuando bajó el último escalón de la escalera. Bo alzó sus ojos oscuros hacia el tintineante destello de la pantalla del televisor encendido y allí, a contraluz y sentada sobre el sofá, descubrió la figura encogida de su amiga, inmersa en sus videojuegos desde cualquiera sabe qué hora. La súcubo movió sus ojos aún somnolientos hacia las botas que descansaban cerca de la puerta —y que pretendía ponerse para salir hacia Dal, donde Trick requería de ella— pero luego decidió acercarse hasta Kenzi, pensando que lo de Trick podía esperar unos minutos más.

—Eh, ¿tan temprano y ya estás enganchada a la consola? —le susurró Bo en voz baja, ya que Lauren seguía durmiendo en la planta superior.

—Uh —respondió ella sin escuchar lo que dijo, pues tenía los auriculares puestos para hacer el menor ruido posible—. ¿Bo? —dijo cuando la súcubo se apoyó sobre el respaldo del sofá al lado de ella y pudo verla.

—La misma, sí —dijo con una sonrisa.

—Perdona —se disculpó la gótica quitándose los auriculares de los oídos—. ¿Qué haces despierta tan temprano? Pensé que tu hobby era pasar el mayor tiempo posible en la cama con la doctora —añadió con una sonrisa juguetona.

—Graciosa —le espetó con ironía —. Lo es, pero Trick me necesita. ¿Y tú qué haces aquí? Pensé que si despertabas antes de las doce del día te daría un ataque y morirías.

—Yo también —le respondió con una exagerada emoción—, pero resulta que tampoco pasa nada.

—Pues espero que lleves a práctica con más frecuencia eso de despertarte más temprano.

—Lo mismo te digo con lo de salir más de la cama donde habita Lauren.

—Pensándolo mejor, creo que tampoco nos va tan mal así —dijo Bo intentando aguantar la risa.

—¡Exacto! —exclamó la otra con una gran sonrisa—. Dejemos nuestras costumbres en paz.

—Entonces, ¿es que está el juego tan interesante? —insistió la súcubo, tratando de hacer que su amiga le confesara qué le pasaba.

—No realmente, es que no podía dormir.

Kenzi siguió jugando y Bo la observó detenidamente durante un rato, luego miró hacia la pantalla, donde su amiga estaba siendo bastante sanguinaria mientras disparaba a todo ser que se cruzaba por delante de su personaje. Entonces la súcubo comenzó a pensar qué podía quitarle el sueño a Kenzi, algo ya de por sí raro, y en su cabeza apareció algo en lo que no había reparado anteriormente, debido a que toda su atención estuvo en Lauren. El beso. Bo se estremeció recordando el beso que se habían dado en el Dal su amiga y Tamsin. Con Tamsin… su amiga. Volvió a pensar en lo insólito qué fue aquello.

—¿Tiene que ver con el impresionante beso que le diste a Tamsin en el Dal? —le preguntó sin poder resistirse a no saber más.

Kenzi hizo instantáneamente una mueca y dejó el mando de la consola sobre la mesita de café frente a ella. «Tamsin…», Kenzi suspiró al recordarla de nuevo.

—Oh… Kenzi… —exclamó rápidamente su amiga—, ¿qué es lo que está pasando entre vosotras dos y por qué no me lo has contado?

—Nada en verdad —le respondió ella con cierto pesar que no pudo disimular.

—Wow, Kenz, no me digas que nada con esa cara porque no te voy a creer.

—Nos acostamos un par de veces —dijo entre dientes para que Bo no la entendiera, pero la súcubo sí lo hizo y sus ojos se abrieron como platos.

—¿Acostarse, acostarse? —le preguntó con la voz llena de sorpresa, aunque de pronto muchas cosas comenzaron a tener sentido sobre el comportamiento de su amiga días atrás y sus misteriosas ocupaciones que la retenían durante horas.

—No siempre acostadas —bromeó irremediablemente por el estado de nerviosismo que estaba empezando a tener al contarle todo aquello a Bo y por recordarlo también—. Pero malinterpreté las cosas.

—Nena, vas a tenerme que hacer un rápido y detallado resumen de todo.

—¡Ay, Bo! —se quejó Kenzi tapando el rubor de sus mejillas con las manos—. No quiero hablar de eso, me siento como una estúpida.

—A ver, estamos en confianza, ¿vale? Y soy la experta en meter la pata en las relaciones y cometer errores con las personas que quiero, así que no te voy a juzgar.

—Lo sé —le dijo tras un largo y pesado suspiro—, pero yo no sé si Tamsin es 'una persona que quiero' y ella solo estaba interesada en la parte divertida, obviamente, y yo me ilusioné porque soy una tonta romántica que nunca aprenderá de sus errores.

—Si esa valquiria… —comenzó a decir Bo en un tono amenazador.

—Tranquila —la interrumpió inmediatamente Kenzi—, ella me dijo que no nos viéramos más porque no iba a suceder nada más y yo…

—¿Y tú sí querías algo más? —terminó de decir la súcubo.

—¡No lo sé! —exclamó tapándose la cara con las manos de nuevo. Había pensado tanto en lo que había sucedido con Tamsin, que se sentía cada vez más confundida.

—La experta de las relaciones eres tú, pero déjame decirte que a mí me parece que sí.

—Pues no importa ya porque se acabó —le dijo seriamente.

—¿Y estás completamente segura que no hay remedio? A veces es difícil admitir sentimientos. Yo estaba aterrada por todo lo que sentía por Lauren, porque me parecía una locura y éramos tan diferentes… —Bo suspiró colocando una mano sobre el hombro de su amiga—. Y porque era tan intenso lo que sentía por ella que me daba miedo… Me aterraba. Pero ahora no lo es tanto, todo miedo se ve recompensado con su amor y eso me hace ser cada vez más valiente para luchar por nosotras.

Kenzi le sonrió al escucharle decir aquello sobre Lauren y sus ojos azules se llenaron de lágrimas al ver la enorme sonrisa que se formó en los labios de Bo, porque estaba inmensamente feliz de verla contenta y eso la hacía sentir un poco mejor.

—Bueno —comenzó a decirle apagando un poco su sonrisa—, Tamsin lo dejó bastante claro y no creas que no le insistí, pero estoy bien, solo necesito pasar una página más del libro de las relaciones de Kenzi.

—¿No merece la pena insistir un poco más o estar segura de que lo que te dijo era verdad? ¿O cuáles son tus sentimientos respecto a ella?

—¿Mis sentimientos? —dijo frunciendo el ceño mientras pensaba.

—Sí, Kenz, ¿qué es lo que sientes cuando ella te mira, por ejemplo?

Kenzi tragó saliva abrumada por lo que pronto sintió al Bo formularle aquella pregunta. Ella no tenía que pensar en sus sentimientos porque ya había meditado mucho sobre ellos. Sabía que había una chispa que aceleraba su corazón con el solo hecho de escuchar el nombre de la valquiria y, entonces, su pecho se llenaba con aquella explosión de emociones que dificultaban su respiración.

—Cuando ella me mira… —comenzó a decir embargada por lo que sentía, intentando olvidar la vergüenza que le daba admitirlo ante Bo—. Cuando ella me mira, es como si sus ojos se metieran en mi alma —le confesó sin meditar sus palabras.

—Eso es profundo —dijo Bo con sorpresa.

—Joder, sí —se rió ella, tapando con las manos el rubor de sus mejillas—. Aunque ese cuerpo de infarto que tiene debe ser el culpable de todo —bromeó intentando aliviar la vergüenza del momento.

—Señorita, ¿debo tener precaución contigo ahora que juegas para dos equipos? —dijo la súcubo sabiendo que su amiga se estaba empezando a sentir incómoda y conociendo que con una broma se sentiría mejor.

—Puaj, Bo —exclamó golpeando su hombro—. Eres una guarra y tremendamente idiota. Solo juego en un equipo, para tu información, esto ha sido un… desliz, o lo que sea.

—Yo solo hablo de lo que veo, cariño —continuó bromeando con una sonrisa.

—Pues te harán falta gafas —le espetó mirando a su amiga severamente, aunque era fingido, porque no podía enfadarse con Bo tan fácilmente—. Igual que a mí —dijo después perdiendo su sonrisa—, pero al menos me dijo las cosas antes de que todo se volviera complicado.

—Kenzi…

—No importa, Bo —la interrumpió porque de verdad ya no quería seguir tratando aquel tema—, a veces las cosas salen bien y otras, mal, pero hay que seguir hacia delante, alguien más estará esperando este delicioso cuerpo, ¿no crees? —concluyó con una sonrisa.

—¿Seguro que estás bien? ¿Prefieres que me quede contigo?

—Estoy bien, Tamsin no es la… um… mujer de mi vida —dijo con cierta torpeza porque aún le resultaba demasiado nuevo lo que le estaba pasando con la valquiria—, Trick te necesita, así que vete ya.

—Esta noche saldremos tú y yo para despejarnos y divertirnos un rato —le propuso la súcubo con una sonrisa amable.

—Lauren también puede venir, es algo divertida cuando se achispa —dijo con una pequeña risa que acompañó a sus últimas palabras.

Bo se echó a reír complacida con la proposición de su amiga. Ella hubiera preferido quedarse esa mañana con Kenzi, pero debía dirigirse al Dal inmediatamente, Trick andaba muy nervioso últimamente y no quería ponerlo más. Así que dejó un beso sobre la mejilla de su amiga y fue en busca de sus botas para salir definitivamente de su casa.

#

Aquel lugar húmedo y oscuro apestaba. El aroma dulzón y nauseabundo se le metió en la garganta y ya casi le costaba hasta respirar sin sentir sus entrañas removerse.

—Qué puto asco —murmuró cuando su pie se metió en un charco de agua verde… de agua o de lo que fuera, ella no quería pensar mucho en eso y dio gracias a que sus botas eran lo suficientemente gruesas para mantener sus pies secos.

El corredor se fue estrechando cada vez más y el olor se fue haciendo cada vez más pesado. La mujer se pasó la manga de su chaqueta por la frente, limpiando las gotas de sudor que empezaban a bajar por su rostro.

—Un poco más —susurró la voz del hombre que iba tras ella.

—Eso dijiste hace quince minutos —se quejó la mujer, echándole una mirada fulminante.

—Ahora es verdad, detecto movimientos encima —le explicó en voz baja.

La mujer lo miró con desconfianza y el hombre procuró mostrarle la pantalla del sensor calorífico mientras apuntaba con el aparato hacia el techo. Ella asintió observando que él estaba en lo cierto y entonces sus ojos se fijaron en la tercera persona que iba con ellos. La mujer tiró de la cadena con la que llevaban esposada a su 'informante' y ésta se giro para mirarla, dejando que su pelo rubio flotara por el aire debido al gesto.

—Siriana, ¿no? —le dijo la mujer tirando más fuerte de la cadena—. ¿A dónde estamos llegando?

—A la sede del Consejo —le explicó la rubia—. Como os dije, este es el alto gobierno de los faes pertenecientes a la Luz. Una vez que sus líderes sean derrotados, los Ash se quedarían desamparados y sus ancianos comenzarían a velar más por sus propios intereses que por los de los faes de su clan.

—Así que no nos estaba mintiendo después de todo —murmuró el hombre—. Daré el aviso para que comience la operación —concluyó mientras se alejaba y dejaba a las dos mujeres solas.

Ellas se miraron en silencio. Un extraño escalofrío recorrió la espalda de la mujer que apretó más la cadena entre sus manos. Había algo en los ojos de aquella Siriana que la estaba poniendo de los nervios.

—Deja de mirarme —le espetó de pronto.

—Lo siento —dijo retirando la mirada hacia el suelo—. ¿Qué me va a pasar ahora?

—Pues no sé, supongo que se tendrá en cuenta tu ayuda, pero no podemos fiarnos de los tuyos todavía.

—Os di la más valiosa de las informaciones y mi trabajo ha terminado aquí —le dijo tranquilamente.

—¿Qué te crees que te voy a dejar ir, bonita? Lo siento pero cumplo órdenes de mis superiores —le replicó dando un nuevo tirón a la cadena.

—Los humanos soléis subestimar a vuestros enemigos —habló Siriana antes de tirar con fuerza de la cadena que la esposaba y hacer caer a la otra mujer al suelo—. Tengo una misión que hacer y ya no puedo seguir perdiendo el tiempo con los vuestros. Debo encontrar a alguien muy importante que está aquí.

La mujer horrorizada por descubrir aquella fuerza descomunal de su oponente, trató de alcanzar la pistola que se encontraba en su cinturón, pero un frío fantasmal la paralizó por completo y su corazón comenzó a latir lleno de terror. Ella miró hacia arriba para descubrir el rostro de Siriana, antes joven e inocente, convertido en algo monstruoso de ojos negros y profundos hoyuelos oscuros alrededor de ellos, con todos sus rasgos marcados y pronunciados y una piel blanca como si de un muerto se tratara. La mujer ahogó un grito en su garganta y se quedó muy quieta en el suelo mirándola con atención.

—No quiero hacerte daño, ya que sin vosotros, no hubiera podido acceder con mis propios medios a la sede del Consejo de las Luces, así que libérame —le ordenó en un tono ronco y amenazador.

La mujer se levantó torpemente y la liberó tal y como le pidió, mientras sus manos temblaban por el espanto que sentía. Siriana la miró una vez más, sintiendo la influencia de su poder cada vez más fuerte sobre ella y la pobre mujer acabó por desmayarse en el suelo.

Siriana volvió a su aspecto normal en cuanto la vio desplomarse. Ella sonrió maliciosamente y se sacudió el polvo de la ropa. Luego se echó a correr. Tenía que encontrar a Aela antes de que el ejército y las fuerzas especiales humanas irrumpieran en el lugar. Esa era la misión que le procuró Odín, aunque no sabía qué podía tener de importante una simple Ash para su jefe.

#

Allí estaba de nuevo la Ash, con su paso petulante, examinándola con detenimiento mientras se paseaba delante de su celda. Debía ser importante lo que tenía que decirle si había viajado desde Canadá a Europa, hasta la mismísima sede del Consejo de las Luces. A pesar de ser fae de las Sombras, Lou Ann se había convertido en algo que concernía a ambos bandos. Era normal, considerando que había sobrevivido de alguna forma misteriosa a su primera ejecución, pero ahora ya no había nada claro sobre su futuro. Ella suponía que lo más probable es que su final estuviera muy cerca.

—Tenías en tus manos no solo tu venganza soñada, sino que también la llave para comenzar con la revolución del nuevo mundo —dijo por fin la Ash mirándola fijamente con su mirada intimidatoria—. Y lo dejaste escapar todo.

—No esperaba la presencia de esa doctora humana y mucho menos que tratara de proteger a Evony —le respondió acurrucándose en el suelo de su celda.

—Es normal, es su madre —le confesó sin más.

—¿Evony tiene una hija humana? —exclamó poniéndose de pie casi al instante—. ¡Mandó a matar a mi familia y esa zorra también estaba con un humano!

—Ya ves… Todo este sistema es una mentira y al final todos acaban incumpliendo las leyes que nos mantienen en paz —dijo con cierto tono arrogante.

—¿Y has venido hasta aquí solo para decirme que Evony tiene una hija humana? —le espetó con rabia.

—He venido para otras cosas que no te incumben, pero volviendo a tu caso, debes saber que no puedo sacarte de aquí, no después de que dejaras escapar la oportunidad de acabar con Evony. Sin embargo, puedes hacer algo por mí antes de morir —propuso con una sonrisa socarrona—. Decirme quién es el Rey Sangriento.

—¿El Rey Sangriento? ¿Qué voy a saber yo de él? —dijo fingiendo confusión.

—Tu amigo Theodore me contó que tú sabes quién es el Rey Sangriento y que le dijiste que se encontraba en la ciudad, al igual que esa súcubo chalada que resulta ser su hija.

—No te atrevas a llamarla así —la amenazó mientras se abalanzaba contra los barrotes tratando de alcanzar a la Ash.

—¿Qué pasa con esa súcubo? ¿Es que erais amantes o algo? —preguntó Aela frunciendo el ceño mientras daba un paso hacia atrás.

—No, no éramos amantes, pero fue casi como una hermana para mí —le dijo tras un largo suspiro—. Lo siento, pero no te voy a decir nada sobre el Rey Sangriento, le hice una promesa y no la pienso romper.

—¿Qué más da si vas a morir?

—No te voy a decir nada, así que lárgate y déjame en paz —le replicó con rabia dándole la espalda.

—Sabes, el Rey Sangriento es el único que podría impedir la rebelión que estamos preparando si utiliza su sangre.

—Déjame morir en paz, es lo único que te pido —le dijo tajantemente sin mirarla.

Aela bufó molesta y decidió irse, sabiendo que no iba a conseguir que Lou Ann cambiara de opinión. Aunque ella se negara a proporcionarle más información sobre el Rey Sangriento, ya tenía algo que la ayudaría. Si la relación de la hija del antiguo rey con Lou era tan cercana, podía aprovecharse de eso para encontrarlo. Ya pensaría en ello más tarde, el asunto que realmente le importaba en aquel momento era revelarle al Consejo que Evony Fleurette Marquise, una de las más influyentes y poderosas líderes de los Sombras, ocultaba a una hija humana.

#

Dyson dirigió una mirada seria hacia Trick y él continuó rascándose la barbilla mientras leía atentamente el libro que tenía delante. Hale estaba sentado al lado de su amigo, distraído en sus propios pensamientos, jugando con una jarra de cerveza que tenía entre sus manos. Bo intercambiaba miradas con su abuelo, a veces también con Dyson, mientras sus dedos tamborileaban sobre la madera de la barra del bar vacío.

—¡Nada! —exclamó Trick cerrando el libro de golpe—. No tengo ni idea cómo han bloqueado los recuerdos de Dyson.

El pesado libro cayó con un estruendo sobre la barra del bar haciendo tintinear los vasos casi vacíos que había sobre ella. Antes de que alguno de los presentes pudiera añadir algo más, el viejo tabernero caminó malhumorado hasta perderse en el fondo del bar, regresando a su biblioteca privada.

—Quizá no hay forma de recuperar los recuerdos —señaló Dyson poniéndose en pie y dando algunos pasos sin un rumbo fijo por el Dal mientras seguía hablando—: Es posible que Odín sea lo suficientemente poderoso para hacerlo y nosotros estamos perdiendo el tiempo con esto.

—Tenemos que agarrarnos a cualquier minúscula esperanza que nos ayude a saber qué está tramando mi padre —le dijo Bo girando levemente su cuerpo hasta poder mirar hacia el policía rubio.

—Tu padre está lejos de aquí —le replicó el lobo, dejando de caminar para centrar su mirada en Bo—. Él no tiene forma de influir en este mundo.

—Tiene sus valquirias —explicó la súcubo cruzando los brazos sobre su pecho sin apartar los ojos del hombre—. Él puede influir en ellas, me lo contó Tamsin.

—Tamsin —bufó de repente Hale—. No sé si es muy confiable, la verdad. Ayer Trick tuvo que echarla del bar apunta de escopeta.

—No es propio de ella ser así —dijo Dyson al recordar lo que le habían contando sobre el hecho, echándole una rápida mirada a su amigo sireno mientras hablaba—. Claro que es intensa y tiene mal carácter, pero de ahí a utilizar deliberadamente sus poderes en un lugar lleno de gente…

—Exactamente, ¿qué pasa si está influenciada por Odín? —insistió Hale—. ¿Qué pasa si nos utiliza para abrir el portal permitiendo a su jefe regresar a este mundo? Porque imposible sabemos que no es y podría abrirse de nuevo.

—Tamsin odia a Odín —protestó Bo—, ella hará todo lo posible por no seguir lo que le diga.

—¿Cómo puedes estar tan segura? ¿Qué pasa si es inevitable que siga las órdenes de Odín? —le discutió el sireno.

—¿Tienes alguna forma de saberlo tú? —le dijo la súcubo con cierto desdén—. Tamsin no es un problema, créeme.

—Después de lo que ocurrió ayer en el Dal y lo que fuera que le hizo a Kenzi, no puedo pensar como tú, lo siento —dijo tajantemente Hale.

—Una cosa no tiene que ver con la otra —volvió a protestar Bo.

—Bo, Hale tiene razón —intervino nuevamente Dyson—. Tu padre no es cualquier fae y su poder es más inmenso de lo que pudiéramos imaginar ninguno. No debemos confiar en nadie que esté relacionado con él. Eso me incluye a mí también.

—¿Qué dices? —exclamó la súcubo con cierta exasperación.

—Odín me pudo haber hecho algo y no tenemos forma de saberlo porque no recuerdo nada —le replicó el lobo.

—¿Y entonces qué? —protestó Bo—. ¿Os encerramos a ti y a Tamsin hasta que la amenaza de mi padre desaparezca? Eso quizá no pase nunca hasta que acabemos con él, ¿te das cuenta?

—No sería mala idea —dijo Trick que en algún momento había regresado a su lugar detrás de la barra—. Pero tampoco podemos ser unos paranoicos y comenzar a encerrar a gente sin pruebas.

Bo dio un respingo sobre su asiento, al no esperarse a su abuelo de nuevo allí, y se giró sobre su taburete para mirar a Trick con sorpresa, pero no era la única aparición repentina del día. La puerta del Dal se abrió de pronto y de ella emergió Lauren, que se desplomó sobre el suelo de rodillas. Jadeando pesadamente, levantó su cara hacia los presentes y casi sin aliento habló:

—Bo —dijo simplemente. Una sola palabra que disparó las pulsaciones del corazón asustado de la súcubo, cuyo horror se dibujó rápidamente en su rostro al verla—. Bo —volvió a repetir Lauren con esfuerzo.

La súcubo saltó de su asiento y se acercó en pocas zancadas a la humana. Enseguida la sujetó entre sus brazos con fuerza y la examinó para comprobar si estaba bien. Trick se quedó observando la escena desde su posición, pero Hale y Dyson se acercaron a ellas y se quedaron en silencio, observando a las dos mujeres mientras permanecían de pie.

—Lauren, ¿qué pasa? ¿Estás bien? —preguntó la súcubo llena de preocupación.

—Se la han llevado —consiguió responder a duras penas—. A Kenzi —terminó de explicar con la voz quebradas y los ojos llenos de lágrimas—. Intenté detenerlos…

—¿Quién? —dijo simplemente Bo, aterrorizada por las palabras de Lauren y siendo lo único que pudo realmente articular.

Dyson se agachó enseguida al lado de la súcubo, olfateando el aire cercano a la doctora durante unos segundos. El lobo frunció el ceño pensativo mientras miraba a la humana atentamente.

—Lauren, estás herida, tu sangre no me deja oler más esencias —dijo Dyson seriamente.

—Es solo un pequeño rasguño en la pierna —respondió ella, estrechando sus brazos alrededor del cuerpo de Bo, que parecía que era lo único que podía tranquilizarla un poco en aquel momento.

—Dyson… —sollozó la súcubo cada vez más alterada, perdiendo el control de sí misma al ver a Lauren tan asustada y por saber que le había pasado algo a Kenzi.

—¿Dónde estabais? —le preguntó Dyson a Lauren, sabiendo que Bo necesitaba un poco de tiempo para reponerse.

—En la casa de Bo… Yo intenté, pero… —La voz de la doctora se silenció por la emoción y no pudo seguir hablando.

—Vamos, Hale —ordenó el lobo poniéndose en pie—. Vayamos allí antes de que el rastro de Kenzi se enfríe —le explicó a su amigo antes de dirigir su mirada hacia Trick, que escucharía mejor sus palabras que la súcubo—: Bo, quédate con Lauren un momento, te llamaré en cuanto lleguemos a tu casa para informarte de todo.

En cuanto Trick asintió conforme, Dyson y Hale salieron a toda prisa del Dal y el tabernero se acercó a las dos mujeres que seguían en el suelo abrazadas.

—Lauren, ¿qué pasó? —logró preguntarle la súcubo.

—Unos encapuchados… No pude hacer nada, lo intenté —dijo desesperadamente mientras algunas lágrimas bajaban por su rostro.

—Dyson dijo que estaba herida —habló Trick a Bo, intentando hacer que su nieta se centrara y no se dejara llevar por los nervios.

La súcubo se separó ligeramente de ella para observar la herida de la pierna de Lauren, pero la doctora no la dejó hacer nada y le volvió a hablar:

—Estaba durmiendo y me despertó una sensación angustiante y supe que algo no iba bien —explicó mientras sollozaba débilmente—. Entonces los vi llevándosela y traté de impedirlo, pero me golpearon y no pude alcanzarlos.

—Lauren, no tienes la culpa de nada —trató de tranquilizarla Bo, además de con sus palabras, con gestos cariñosos mientras limpiaba sus lágrimas.

—Es Tamsin —dijo de pronto Lauren que parecía cada vez más angustiada—. Es la que me hizo sentir eso, algo no está bien con ella, Bo.

—¿A qué te refieres? —preguntó enseguida Trick.

—Algo le ha pasado, Bo, tienes que encontrarla —casi le gritó Lauren.

—Yo… no… —balbuceó la súcubo cada vez más nerviosa y confusa.

—¡Bo! —gritó Lauren de nuevo, tirando de ella para ponerla en pie—. Algo horrible le ha pasado a Tamsin —le dijo entre lágrimas—. No paro de sentir esta sensación terrible y necesito saber que está bien.

—Tenemos que encontrar a Kenzi primero —dijo Trick seriamente—. Puede estar en peligro, la valquiria no es nuestra prioridad.

—Espera —habló Bo de pronto—. A lo mejor puedo saber dónde está Tamsin rápidamente.

—¿Cómo? —preguntó su abuelo con suspicacia—. La última vez se fue de aquí después de causar casi una pelea, seguramente habrá acabado en algún bar de mala muerte.

—Solo tengo que intentar comunicarme con ella como hice el otro día aquí —dijo Bo tomando pequeñas bocanadas de aire para sosegarse y mirando a Lauren para buscar algo de tranquilidad y comprensión.

La humana sujetó las manos de Bo y la miró a los ojos sabiendo perfectamente lo que necesitaba su novia.

—Toma respiraciones largas y profundas para relajarte —le indicó la doctora.

La súcubo asintió e hizo exactamente lo que le dijo, cerrando los ojos para poder concentrarse mejor. Cuando Bo los volvió a abrir, un vacío oscuro fue todo lo que la rodeaba. Frente a ella había postrada una figura esbelta que le daba la espalda y que iba vestida de negro, su pelo era oscuro y sin lugar a dudas, no era Tamsin. Bo no tuvo que preguntarle de quién se trataba, porque pronto se giró hacia ella y sus ojos azules y fríos se fijaron en los suyos.

—Ysabeau —dijo casi en un susurro.

Ella lo miró entre asustada y asombrada, sin saber qué decir, sin comprender cómo era posible que frente a ella se encontrara su padre.

—¿Qué haces aquí, hija mía? —volvió a repetir en el mismo tono apacible de antes.

—Esa pregunta debería hacerla yo —le respondió con recelo.

—No lo sé —le replicó mientras fruncía el ceño.

—¿Dónde está Tamsin? —le preguntó Bo dando un paso hacia él que buscaba intimidarlo.

—¿Tamsin? —dijo sorprendido.

—Sí, cabrón, ¿qué le has hecho? —le espetó con enfado.

—Nada, te lo prometo, no sé qué hago aquí, desde Asgard es imposible que lograra una conexión de este tipo, ni siquiera contigo —le explicó con gesto contrariado—. A no ser… —añadió dejando la frase a medias mientras pensaba.

—Mira, estoy hasta las narices de que todos me vengan con medias verdades, así que habla de una maldita vez —le insistió Bo, empezando a perder la paciencia.

—Tú eres mi hija, estamos conectados mediante nuestra sangre, siempre ha sido así, así que eres tú quien me ha traído aquí —le dijo mirándola con admiración—. Eres increíblemente poderosa.

—Bueno, a lo mejor quería encontrarme contigo para que me explicaras unas cuantas cosas, maldito mentiroso —le espetó ella con desprecio.

—Me odias —dijo él alzando una ceja, pero sin apenas perturbarse por las palabras de su hija.

—¿Qué esperabas? Me mentiste sobre mi madre y sobre mí, todo ha sido tu plan desde el principio. Yo… Joder, me creaste para ver realizada tu maldita obsesión por las estúpidas historias faes.

—¿Pero es que no lo ves? —dijo él sin apenas inmutarse—. Todo lo que siempre quise es liberar este mundo. Liberar a los faes, a los humanos… Buscar el equilibrio entre todas las especies, pero necesito a la persona adecuada para ello.

—Todo lo que has hecho, a Tamsin, a mi madre y a saber a quién más, ¿todo es por eso? —exclamó Bo, que ya no podía disimular el enfado que tenía.

—He hecho cosas horribles para llegar aquí, pero ha sido necesario.

—¡Y una mierda! —le gritó con rabia—. Sí, este mundo no es perfecto y qué, ¿vamos a provocar una guerra para solucionar todo? ¿Tú vas a ser el rey justo de todos? ¡Solo quieres tu propia tiranía!

—No lo entiendes —le dijo con tranquilidad mientras se pasaba una mano por sus oscuros cabellos.

—Claro que no, porque no tiene sentido.

—Ya lo entenderás.

—Sé sobre el Crepúsculo y el Monarca, sé lo que quieres hacer.

—Oh —dijo con sorpresa—. Tu abuelo te ha contado cosas, por lo que veo, pero no creo que lo entiendas todavía.

—No juegues conmigo —lo amenazó ella harta de sus palabras vacías.

—Eres poderosa, mucho más de lo que pensaba y si hacemos algo mal puede pasar algo desastroso. Pronto entenderás todo, estoy seguro, eres muy inteligente.

—¡Deja de jugar conmigo! ¿Qué quieres de mí?

—No puedo decírtelo ahora, pero te lo diré en su momento.

—¡Maldito cabrón! ¡No voy a permitir que salgas de ese maldito lugar en donde te encerró mi abuelo nunca!

Odín sonrió, pero su sonrisa era arrogante y falsa. Bo no pudo evitar la hirviente ira que recorrió su cuerpo. Ese hombre era su padre y aquel hecho no hacía sino irritarla aún más.

—¿Bo? —habló una voz de pronto.

Bo miró hacia los alrededores pero todo lo que vio fue aquel vacío inmenso y negro que la rodeaba.

—¡Bo! —volvió a llamarla aquella voz que sin duda era de mujer.

—Brynhild… —murmuró Odín reconociendo de quién se trataba—. Ella nunca escarmienta.

—Su nombre es Tamsin —articuló Bo con enojo—. Y más vale que la dejes en paz.

—Debe servirme a mí —le dijo de forma arrogante.

—Ella es mía —le espetó con ira mirándolo fijamente a los ojos.

—Está a un paso de no ser de nadie, si la ayudas. Si la pierdes a ella, perderás a todas las valquirias y sin ellas…

—¡Cállate de una vez! —gritó ella dándole un empujón—. No quiero seguir escuchando tus mentiras. ¡Lárgate!

Se miraron y finalmente en el rostro de Odín se dibujó una tenue sonrisa de orgullo.

—Nos veremos pronto, hija —dijo cuando su imagen comenzó a evaporarse en medio de la oscuridad.

Bo tomó una larga bocanada intentando tranquilizarse en vano. Dejó salir un pequeño grito de frustración y trató concentrarse en lo que era importante en aquel momento. «Tamsin… Kenzi…», pensó para sí misma antes de mirar a su alrededor. Sin embargo, todo lo que vio fue el negro rodeándola.

—¿Tamsin? —preguntó dando unos pasos—. ¿Dónde estás? No puedo verte.

—Estoy en un callejón… cerca del Dal… —escuchó que le respondió con voz lastimera.

La súcubo se detuvo. Seguía sin poder verla y le pareció muy raro, pero no quiso demorarse más, pues empezaba a ver que Lauren tenía razón con que algo no iba bien con la valquiria.

—Ya voy —le dijo antes de cerrar los ojos y concentrarse para salir de allí.

Pronto encontró a Lauren frente a ella, sujetándole las manos y mirándola con expectación.

—¿Ya está? —le preguntó.

—Está cerca —dijo la súcubo asintiendo firmemente.

—¿En serio? Apenas ha pasado un segundo —comentó Lauren confusa.

—Pues créeme, ha sido un segundo más que suficiente —señaló haciendo una mueca de disgusto con la boca al recordar el encuentro con su padre—. Pero luego te lo contaré.

—¿Todo bien? —preguntó su abuelo intrigado.

—Sí, por supuesto —le respondió su nieta con una gran sonrisa para tranquilizarlo—. Tamsin necesita ayuda —dijo mirando hacia Lauren—. ¿Puedes caminar?

—Solo me duele un poco, es menos de lo que parece —contestó la humana ya tirando de la mano de Bo para salir del Dal.

—¡Bo, mantenme informado! —le pidió Trick antes de que se fueran del bar.

—¡Lo haré! —le dijo ella echando una última mirada hacia su abuelo.

Bo y Lauren salieron del bar y pronto la súcubo se dio cuenta de la ligera cojera de la doctora al caminar. La fae bajó la vista hacia las piernas de ella, que caminaba delante mientras seguía tirando de su mano. Entonces, vio su pantalón rasgado a la altura de su pantorrilla derecha y un gran corte sobre su piel, pero a pesar de que estaba toda la zona cubierta la sangre, la herida parecía no sangrar. Bo frunció el ceño pensando en si Lauren había tenido tiempo de curarse el corte y si el viaje hasta el Dal no habría sido perjudicial para su lesión. Lauren echó la vista hacia atrás y la súcubo la miró con seriedad.

—¿Seguro que estás bien? —le dijo preocupada.

—Te lo prometo —le respondió con una sonrisa—. ¿Por dónde vamos? —le preguntó con apremio.

—En un callejón, cerca del Dal —le explicó Bo—. Debe ser aquel —le señaló moviendo la cabeza ligeramente hacia delante.

—Espero, porque he dejado de sentir sus emociones —dijo Lauren asustada.

—Eh, tranquila —trató de calmarla la súcubo acariciando una de sus mejillas, aunque lo cierto era que Bo no podía negar el hecho de que al no poder encontrar a Tamsin en su consciencia, estaba empezando a imaginarse lo peor.

Lauren asintió tranquilamente con la cabeza, intentando hacerle entender a Bo que mantendría la cama y la súcubo asintió también como si entendiera el mensaje, separándose ligeramente de la humana. Entonces, la fae sacó la daga de su bota y se colocó delante de Lauren mientras mantenía el arma apuntando hacia delante.

—Déjame mirar primero a mí, espera aquí —le susurró a la humana.

—Ten cuidado —le respondió sin apenas pronunciar ningún sonido mientras rozaba levemente el brazo de la súcubo con sus dedos. Y ella dejó un rápido beso sobre sus labios en respuesta, siendo la sonrisa de Lauren lo último que vio antes de darse la vuelta y meterse dentro del callejón.

Bo caminó lentamente, sin apenas hacer ruido, examinando cada rincón escrupulosamente, hasta que vio unas piernas asomar detrás de un gran contenedor de metal, rodeado de múltiples bolsas de plástico y cajas de cartón. La súcubo estrechó su mirada intentando captar más detalles mientras se acercaba con cautela, apretando sus dedos alrededor del mango de su daga. Bordeó el contenedor muy despacio, conteniendo la respiración, y al torcer la primera esquina, se encontró el cuerpo inmóvil y malherido de Tamsin entre unas bolsas de basura.

—¿Tamsin? —la llamó con suavidad, pero ella no contestó, ni siquiera se movió.

Bo miró a su alrededor, asegurándose de que no había ningún peligro visible, guardó su daga en la bota y se agachó junto a la valquiria.

—¿Qué diablos te ha pasado? —murmuró examinando el aspecto de la detective.

Mechones rubios y despeinados caían desordenadamente por su rostro lleno de magulladuras y algunos hematomas que se estaban volviendo bastante oscuros. Uno de sus ojos estaba muy hinchado y su labio estaba claramente partido. Bo no dudó en buscar signos vitales y suspiró aliviada al descubrir que respiraba. Además de los golpes, parecía que no había ninguna herida más grave, excepto su mano. La súcubo se fijó en que la mano de Tamsin estaba cubierta de sangre y en seguida la tomó con cuidado. Sostuvo el aliento mientras observaba con horror cómo alguien se había molestado en dibujar tres triángulos entrelazados rasgando la carne de la palma de la mano izquierda.

—¿Qué narices…? —exclamó asustada, ya que aquello no parecía un ataque aleatorio o una pelea cualquiera. Tamsin era una valquiria y Bo no sabía quién podía dejarla en aquel estado lamentable.

De pronto su teléfono comenzó a sonar y Bo dio un pequeño brinco saliendo de sus cavilaciones. Rápidamente, metió la mano en su escote y agarró el aparato, viendo en la pantalla dibujado el nombre de Dyson. No tardó en responder porque sabía que se trataría de algo sobre Kenzi.

—¿Qué pasa Dyson? —le preguntó con urgencia.

—Fueron humanos quienes se la llevaron —le dijo el lobo—. He olido algunas esencias de algunas plantas extrañas, creo que quienes se la llevaron se dedican, o estuvieron expuestos, a alguna elaboración de una poción. Llamaré a Trick y le diré a ver si se le ocurren ideas.

—¿Pociones? ¿Como un Druida? —señaló Bo.

—¿Un Druida? —preguntó él mientras pensaba—. Solo existe un Druida en la ciudad.

—Massimo —respondió Bo, agarrando con más fuerte su teléfono móvil, tratando de contener su ira.

—¿Kenzi y Massimo se conocían? —le dijo él confuso—. ¿Ella tenía alguna especie de deuda con él o algún problema?

—Tienen mucho ellos dos —intentó explicarle Bo—. Él la convirtió en fae. Creo que eso puede tener que ver con sus intenciones para llevársela.

—Creo que me he perdido muchas cosas aquí —dijo Dyson muy seriamente—. Voy a seguir el rastro de Kenzi para ver a dónde me lleva y volveré a llamarte.

—Dyson, no hagas nada sin que esté yo ahí —le advirtió Bo.

—Está bien —le respondió antes de colgar la llamada.

—Joder —exclamó la súcubo seguidamente mientras guardaba el teléfono de nuevo en su escote y volvió su atención a la valquiria—. ¡Lauren! ¡He encontrado a Tamsin! —gritó Bo alzando la voz para que la escuchara. Ella vino, aún cojeando, pero lo más rápido que pudo, hasta donde se encontraba Bo.