NOTAS: Como prometí, aquí está el capítulo nuevo. Antes de nada, quiero agradecer los mensajes de ánimo de algunas personas, de verdad que no me parecen ningún atrevimiento ni mucho menos, los agradezco con toda mi alma y no saben lo que me ayudan. Espero que el capítulo les guste y disfruten de la lectura. La segunda parte del capítulo estará publicada lo más pronto que pueda. Gracias por vuestra paciencia y por seguir leyéndome.


Apretar el rostro contra su hombro le daba seguridad. Agarrar los pliegues de su ropa con fuerza le hacía sentir que nadie podía alejarla de allí de nuevo. El calor que desprendía su cuerpo contra el de ella era real, parecía que todo lo que recordaba había sido solo una pesadilla. Sin embargo, un escalofrío recorrió la espina dorsal de Kenzi solo con recordar el nombre de Massimo. Ella apretó con más fuerza el rostro contra el hombro de Tamsin como si aquel gesto pudiera protegerla de todo.

El Druida ya estaba muerto. La chica gótica no quería saber qué le había hecho la valquiria, ella ya no quería pensar en lo que sucedió, pero los recuerdos parecían un fantasma que la perseguía desde las sombras.

Kenzi cerró los ojos y respiró profundamente. El latir constante y sereno del corazón de la rubia fae pareció envolverla en un ensimismamiento que la alejaba y protegía de la realidad. Ella deslizó una mano con suavidad por debajo de la camisa de Tamsin, solo porque quería cerciorarse de que la detective estaba realmente a su lado. Acariciando la tibieza de la piel de la otra mujer con las yemas de sus dedos, ella la sintió real. El movimiento lento del vientre de la valquiria mientras respiraba, era real. Y Kenzi sonrió.

Pero el fantasma seguía allí, entre las sombras, acechándola con una sonrisa perversa. Ella sabía el motivo de aquella sonrisa y su propia alegría, de sentir a Tamsin junto a ella, se desvaneció. En el silencio de su habitación, hasta la suave respiración de la valquiria mientras dormía pareció silenciarse y ella creyó escuchar la risa burlona de aquel fantasma que le hacía recordar que, a pesar de todo, no podía huir de su destino: la muerte.

Massimo le contó lo que le había hecho. Él había utilizado unos pequeños seres llamados unocas, los había introducido en su cuerpo y ellos le habían dotado de habilidades sobrehumanas, pero también iban a terminar con su vida. Ella no podía creer en lo que el Druida le dijo, sin embargo, las hemorragias que había tenido, los dolores de cabeza, algunos desvanecimientos… Kenzi volvió a sentir un escalofrío por su espina dorsal. ¿Y si Massimo le contó la verdad? Ella no se dio cuenta, pero un sollozo de miedo se escapó de entre sus labios.

—¿Kenz? —escuchó. Por un momento pensó que aquel fantasma de su mente fue quien le habló, no obstante, aquella voz, que ella conocía tan bien, simplemente provenía de su lado.

Pasó una mano rápidamente por su mejilla, limpiando una lágrima que se había escapado y levantó el rostro hasta que pudo ver aquellos ojos verdes observarla con fijeza. Aquella mirada bastó para que el fantasma volviera a lo más profundo de su mente y la dejara en paz por el momento.

—Hola —susurró la gótica. La única respuesta que recibió fue una sonrisa tímida y nerviosa de Tamsin, y eso fue suficiente para que Kenzi volviera a sonreír.

Ellas se miraron en silencio, como si necesitaran unos segundos para procesar aquel momento. Una mano de Kenzi seguía descansando sobre el vientre de Tamsin y la otra estaba sobre la cama para ayudarla a mantener el equilibrio en la posición en la que estaba: boca abajo, con la espalda ligeramente arqueada, lo que le permitía que su rostro estuviera sobre el de la fae.

—¿Dormiste… bien? —dijo la valquiria de forma torpe, ella no estaba demasiado acostumbrada a aquellos momentos y a ser de aquella forma.

—Lo hice —le respondió con una sonrisa todavía más amplia al escuchar las palabras de preocupación de la rubia—. ¿Y tú? —le preguntó en un tono dulce mientras deslizaba la mano sobre la piel tibia de Tamsin, con extrema lentitud.

Y la otra mujer suspiró al sentir las caricias de Kenzi. Ella no podía creer que aquel simple gesto pudiera hacer que su corazón temblara de aquella forma.

—Dormí bien —le contestó con una sonrisa que enseguida se borró al recordar que se había dormido esperando un mensaje de la Morrigan—. Mierda… —maldijo al instante.

—¿Qué pasa? —inquirió la humana con cierta preocupación ante el cambio de actitud de la valquiria.

—Evony debía de contactar conmigo después de reunirse con los otros Morrigan y no lo ha hecho.

—Pensaba que después de todo Evony y tú no os caíais muy bien —dijo Kenzi algo confusa.

—Es cierto, pero esto es importante.

—¿Ha pasado algo? —preguntó la humana sin enterarse de nada.

Tamsin miró a Kenzi durante unos segundos en silencio. Por supuesto, ella no tenía ni idea de lo que había sucedido.

—Hubo un ataque de parte de los humanos —le explicó.

—¿Qué? —exclamó con sorpresa y terror.

—La cúspide de los faes ha caído, tanto Sombras como Luces —prosiguió Tamsin después de un suspiro lleno de pesar—. No sé lo que va a pasar, pero nada bueno.

—¿Puede ser la guerra que estaba escrita en la profecía de Trick? Quiero decir, lo que escriba con su sangre pasará y esa mierda va a ocurrir.

—No lo sé, Kenz, puede ser. Las valquirias están detrás de todo esto, así que es cosa de Odín… Joder…

—Pero Bo es la Monarca, ¿no? Eso es lo que decía la profecía, y ella se encontrará con su padre, que es el Crepúsculo, y lo derrotará.

—¿Y después qué? ¿Qué pasa con los humanos? Ahora saben de nuestra existencia, somos una amenaza para ellos.

—Ese es el cuento que os han contado desde siempre a los faes, pero a lo mejor hay una forma en que todos podamos vivir tranquilamente sin matarnos unos a otros.

—Suenas a la Ash —intentó bromear la valquiria.

—No hablemos de esa zorra… —dijo ella con cierto desprecio aunque con cierto aire de broma también.

Un nudo en el estómago despertó un miedo en Tamsin. Fue por las palabras de Kenzi, la forma en la que ella se incluyó en el bando de los humanos, eso provocó que recordara que no era fae, sino que todo había sido una artimaña del maldito Massimo. Entonces también recordó lo que le había hecho al Druida, la forma en la que lo había matado. La valquiria cerró los ojos entre el miedo y la duda. Estaba segura que Bo se lo había comandado de alguna forma y ella no pudo ignorar aquel mandato. Tuvo que ser porque al final había funcionado y ahora Tamsin pertenecía a Bo, pero no estaba segura de haberse librado de Odín. Quizá Antalya tenía razón, quizá ahora el vínculo la unía a Bo y a su padre…

—Todo va a salir bien, ¿me oyes? —Las palabras de Kenzi desvanecieron los pensamientos de Tamsin momentáneamente—. Solo tendremos que salvar al mundo otra vez, está chupado —le dijo la humana con cierta gracia.

Kenzi recostó su cabeza sobre el hombro de Tamsin y ésta sonrió incrédula. Un simple comentario así y ya no pudo pensar en lo que sucedía fuera de esa habitación, como si no existiera o no fuera importante.

La mano de Kenzi volvió a recorrer la piel del vientre de la detective, dibujando formas aleatorias con la punta de sus dedos, provocando suspiros en la valquiria. El silencio las envolvió, pero era tan reconfortante que parecía imposible que una guerra pudiera estar gestándose allá fuera.

—¿Podría la vida ser así? —susurró de pronto la humana.

Tamsin no dijo nada, pero deseó lo mismo que ella. Sin embargo, la realidad volvió en parte a la fae, la sintió de nuevo como un nudo en su estómago que subía desagradablemente hacia su garganta. La valquiria recordó las palabras de Lauren, Kenzi iba a morir y no pudo evitar aquel dolor que de pronto se instauró en su pecho.

—Kenz… —comenzó a decir Tamsin, pero sus palabras se entrecortaron con el nerviosismo—. No creo que Lauren te lo haya dicho y tampoco sé si es el momento, pero hay algo que deberías saber…

Y esas fueron las palabras que le confirmaron a la humana que Massimo le dijo la verdad. Ella cerró los ojos, suspiró profundamente y elevó su rostro hasta ver el de Tamsin. Aquellos ojos verdes brillaron con una tristeza que la valquiria fue incapaz de esconder. Supuso que era verdad, que iba a morir.

—No lo digas —la interrumpió Kenzi—. Lo sé y no quiero que eso estropee este momento.

—Pero…

—No —volvió a insistir Kenzi con seriedad—. Todo lo que me importa ahora es el presente y si no va a ocurrir un futuro, no voy a permitir perder el presente también. ¿Me has escuchado bien, valquiria?

Tamsin iba a decir algo, ella no supo si en favor o en contra, pero ese algo se perdió por su garganta cuando Kenzi acercó sus labios hasta los suyos. La fae entreabrió su boca para ella y un beso inesperado surgió, pero vaya si no se sintió necesario…

Kenzi movió su mano por el vientre de Tamsin en sentido ascendente, rozando con sus dedos las costillas de la valquiria y sintió cómo aquello provocó una entrega mayor en el beso por parte de la otra mujer. Y ese beso fue en lo único en lo que pensó Kenzi. Solo estaban sus labios y la humedad y la calidez de su boca envolviendo la suya propia. Sus labios que se deslizaban entre los de ella con cuidado pero a la misma vez con una pasión latente que incrementaba cada segundo. Parecía magia besar a Tamsin y sentirse como si fuera la primera vez que probaba aquellos labios. Kenzi sentía su cuerpo estremecerse, escalofríos recorrer su piel, las manos de la fae acariciar con ternura su torso… Ella ya estaba perdida entre las sensaciones que le provocaba la valquiria, pero ésta también se había perdido en aquel beso y en todo lo que estaba provocando.

Sus bocas jadeantes se separaron mientras sus miradas nubladas por el deseo se encontraron e, incapaces de separarse, se siguieron en cada movimiento. Las manos de Tamsin se amoldaron a las curvas de la cintura de Kenzi mientras ésta se acomodaba sobre el cuerpo de la detective. Los ojos verdes parecieron brillar eufóricos al sentir el peso de la otra mujer sobre ella.

Y ninguna dijo nada. El silencio solo fue interrumpido por las respiraciones aceleradas de ambas. No necesitaban decir nada tampoco. Todo lo que necesitaban era mirarse para saber cuál iba a ser el siguiente paso.

Tamsin se incorporó lentamente hasta poder sentarse sobre la cama. Las manos de Kenzi se movieron hasta que pudieron sujetar el rostro de la rubia con ternura, quedando a horcajadas sobre ella. Sus miradas siguieron fijas la una en la otra, aun cuando las manos de la gótica se deslizaron por el torso de la valquiria con tal lentitud que parecía que las yemas de Kenzi desprendían llamaradas. Y sus miradas siguieron adorándose en silencio unos segundos más antes de que la morena sacara su camisa sobre su cabeza, y volvieron a encontrarse fugazmente antes de que Tamsin imitara a Kenzi. Después fue más difícil no perderse en la blancura de la brillante piel que tenían enfrente. Más difícil fue resistirse a la tentación de seguir descubriendo aquella piel…

Se besaron de nuevo mientras sus cuerpos se estremecían por cada roce de sus torsos desnudos. Había cierta ansia y necesidad en sus besos, como si hubieran pasado años desde que se tocaron así.

Una mano de Tamsin hizo su camino hacia la ropa interior de Kenzi, colándose bajo las mismas. La otra mujer estaba tan húmeda que gimió ante la primera sensación de los dedos de la fae entre sus muslos, arqueándose a la misma vez contra el cuerpo de la valquiria.

Descubrir aquella necesidad en Kenzi, la calidez y la humedad recogidas entre sus piernas, los movimientos de su cuerpo a medida que la mano de Tamsin avanzaba a lo largo de su sexo, los jadeos, las manos que se aferraban sobre sus hombros… Todo aquello arrancó un gemido delicioso de lo más profundo de su ser.

Ese sonido estremeció a Kenzi, que bordeó el cuello de la fae con sus brazos y tiró de ella hacia atrás hasta caer de espaldas en la cama. La humana buscó con ansia aquellos labios de nuevo, enardecida por cómo los dedos de Tamsin dibujaron movimientos circulares entre sus piernas. Se besaron, esta vez con desesperación, dando algunas vueltas sobre la cama, llevándose las sábanas, desprendiéndose de las ropas que quedaban como pudieron…

El fuego parecía que era el que acariciaba sus cuerpos, y no sus propias pieles calientes, tan sensibles a cada roce… Sus piernas se entrelazaron y Tamsin terminó sobre Kenzi, perdiendo su mirada en el azul de la otra, sujetando las manos de la humana sobre su cabeza y presionándolas contra la cama.

El vientre de la humana se tensó cuando Tamsin se elevó sobre ella, dejando al descubierto las formas de su cuerpo. Kenzi sintió el rubor en sus mejillas cuando dejó que sus ojos vagaran por la desnudez de Tamsin, en su torso, en sus senos, en su vientre tonificado… De pronto el calor golpeó su cuerpo cuando la fae deslizó las caderas contra las de Kenzi. Ella no se esperaba aquella sensación, aquella oleada de placer que la atravesó y que se incrementó cuando quiso mover sus manos y se quedaron inmóviles. Los dedos de Tamsin se aferraron con más fuerza alrededor de las muñecas de Kenzi y ella gimió por la impotencia, por el placer que se acumulaba entre sus muslos, por la visión de la valquiria excitada sobre su cuerpo, por la sensación del sexo de la fae deslizándose sobre el suyo…

—Kenz… —musitó en un tono tenso ella, mientras arqueaba la espalda y cerraba los ojos con fuerza.

—Estoy aquí —le respondió entre jadeos.

Y ella volvió a murmurar el nombre de la humana una y otra vez, mientras sus manos buscaban las de Kenzi y sus dedos se entrelazaban.

Los gemidos y los jadeos llenaron la habitación. Las caderas de Kenzi rodaron buscando fricción, buscando la calma al fuego palpitante entre sus muslos. Arriba y abajo, no se detuvo. Sentía a Tamsin frotándose contra ella. Otro gemido de la valquiria estremeció su cuerpo, haciendo que el placer se volviera un calor palpitante en su sexo, y ella liberó una mano para deslizarla por el sudoroso cuerpo de la fae. Ella volvió a gemir su nombre, como anticipación, y por fin los dedos de Kenzi encontraron su destino. Por su parte, la humana jadeó con fuerza al sentir el fuego en el interior de Tamsin.

—Oh… Joder… —gimoteó la valquiria.

La humana se mordió el labio mientras veía el cuerpo de la fae tensarse y gotas de sudor resbalar por su frente. Ella bombeó los dedos en su interior haciendo que Tamsin se volviera loca.

La valquiria echó la cabeza hacia atrás y luego se inclinó sobre Kenzi. Ella sentía el cuerpo deslizándose sobre el suyo mientras la mujer rubia buscaba sus labios. Y la besó, con ansia, enredando sus dedos entre los cabellos rubios, tirando de ellos con fuerza.

—Te necesito también —murmuró la humana contra los labios ansiosos de Tamsin.

Ella supo lo que quería. La valquiria deslizó con esfuerzo su mano derecha por el cuerpo de Kenzi e introdujo dos dedos en su interior.

Se estremecieron. Gimieron al unísono y eso solo provocó una oleada inmensa de placer que las envolvió a ambas, sumiéndolas en neblinas de gozo.

Las piernas de Kenzi comenzaron a temblar, echó la cabeza hacia atrás mientras dejaba salir un jadeo en voz alta. Entonces, Tamsin sintió su cuerpo contraerse duramente y un calor pulsante invadir todo su cuerpo. Ella se derrumbó sobre el cuerpo de la humana, tratando de recuperar el aliento.

Se miraron, jadeantes, llenas de sudor, acariciándose como si nada pudiera ser suficiente a lo que estaban sintiendo… La mano de Kenzi cubrió la mejilla de Tamsin, paseando por su piel húmeda lentamente, apartando los mechones rubios que quedaron pegados a su rostro. La fae suspiró cerrando los ojos y la otra mujer sonrió.

—Tamsin… —susurró.

Entonces los ojos verdes volvieron a abrirse para mirar atentamente a la humana, expectantes por aquello que parecía que ella iba a decirle, pero solo hubo silencio y una sonrisa temblorosa en los labios de Kenzi.

—¿Qué pasa? —le dijo con cierta preocupación.

Kenzi se mordió el labio, desviando la mirada hacia otro lado, lejos de los ojos de Tamsin. La valquiria la miró expectante y confusa, se movió hacia un lado y se recostó al lado de la humana. Desde esa posición vio aquellos ojos azules humedecidos por las lágrimas. Entonces Tamsin no supo cómo debía reaccionar o qué era lo que podía hacer, tampoco entendía por qué Kenzi estaba de pronto así. El latir del corazón de la fae se volvió doloroso, ella no podía ver a la humana de esa forma.

—¿Qué es? —insistió acariciando levemente el brazo de la chica gótica.

Aquellos ojos azules se elevaron hacia los de Tamsin y la observó en silencio. Kenzi tomó el rostro de la valquiria entre sus manos y lo acercó hasta quedar unos pocos centímetros entre ellas.

—Te amo —susurró sobre sus labios.

Tamsin pensó que su corazón se paró durante un segundo pero enseguida comenzó a latir más rápido y fuerte que nunca. Todo alrededor de la valquiria dejó de existir, salvo aquella sonrisa que iluminaba el rostro de Kenzi. Ella no podía hablar, ella no supo hablar en ese momento. Lo único que pudo hacer es cerrar el poco espacio que quedaba entre ellas y besar a Kenzi con toda la intensidad que estaba llenando su pecho en aquel instante.

La chica gótica se estremeció de felicidad. Ella no necesitaba que Tamsin le respondiera en aquel momento, le bastó aquella devoción y alegría con la que la besó. Kenzi sabía que para la otra mujer no sería fácil, pero ella estaba dispuesta a esperar, porque estaba vez sabía que no se equivocaba con lo que sentía Tamsin.

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El frío de la madrugada era lo único que habitaba las calles desiertas de la ciudad a aquellas horas. Tenues luces comenzaban a pintar el oscuro cielo de la noche que se iba, la cual pareció que nunca se terminaría.

La cabeza de Bo era un regurgitar de recuerdos, de miedos, de dolor… Le costaba ordenar las ideas. Lo único que había claro en su mente era la urgencia de encontrar a Lauren.

La súcubo observó de reojo a Antalya, la valquiria de pelo naranja y ojos azules que caminaba a su lado. Ella parecía en tensión, observando todo a su alrededor, atenta a cada ruido, a cada sombra que se moviera cerca… Ella también debía de tener los nervios a flor de piel, quizá no por Lauren, sino porque algo en el ambiente era diferente. A cada lugar que fueron en busca de información de la doctora Lewis, se sentía lo mismo. Era difícil de explicar, pero era como si algo realmente terrible estuviera a punto de suceder, y no, eso no le gustaba nada a Bo.

«Es igual a cuando una gran guerra se acercaba antaño», recordó la súcubo que le había dicho Antalya, «debe de ser cosa de los Una Mens… La última vez no fue nada bonito», fue lo siguiente que le dijo. Esas fueron de las pocas palabras que habían cruzado. Bo no podía confiar totalmente en Antalya, pero desde el rescate de Kenzi había mostrado estar de su parte y ella no iba a desaprovechar la ayuda de una valquiria renacida, igualmente. Bo necesitaba todos los recursos posibles para encontrar a Lauren.

«Lauren», pensó la súcubo, y a la misma vez sintió cómo su corazón se encogió angustiado. Lauren nunca se iría de pronto sin dejar una nota, al menos. Lo primero en lo que pensó Bo es que quizá la había seguido hasta el bosque donde había despertado hacía varias horas. Por eso se había dirigido junto con Antalya hasta ese lugar. En aquel momento Dyson hubiese sido de gran utilidad, pero ella no sabía dónde se había metido el lobo. De todas formas, Antalya era una buena rastreadora, al parecer, aunque no lograron encontrar ningún indicio de que Lauren hubiese estado por el bosque. Había revisado todos los posibles lugares donde podría haber estado la humana, excepto el Complejo de las Sombras. Ese hubiese sido el primer sitio donde buscarla, si no fuera porque era uno de los sitios más peligrosos en aquellos momentos.

Después de que cayera el Consejo de las Luces y el Círculo de las Sombras, el ejército humano se había hecho con la sede de los sombras, así que Lauren no pudo ir a allí.

—Es raro —dijo de repente Antalya. Bo solo la miró en silencio, por lo que ella siguió hablando—: Hace horas que no nos topamos con ninguna patrulla de policía o con alguien del ejército. Y todas las calles están tan silenciosas y vacías…

—Quizá el toque de queda acaba en algunas horas —sugirió la súcubo sin apartar la mirada de la valquiria.

De pronto Antalya se detuvo y comenzó a observar los alrededores como si estuviese buscando algo. Bo frunció el ceño mientras miraba el extraño comportamiento de la valquiria.

—¿Qué pasa? —preguntó la súcubo confusa.

—Es… —Antalya sacudió la cabeza como si no supiera explicarse y luego continuó caminando. Entonces se detuvo y miró a Bo con un semblante serio, demasiado serio.

—Estás comenzando a asustarme, ¿qué te pasa? —le dijo la súcubo deteniéndose a su lado.

—Siento muerte.

—Estamos cerca del Complejo de las Sombras. Si los humanos tomaron ese lugar, seguramente hubo una masacre…

—Es diferente —respondió simplemente.

La súcubo iba a volver a hablar pero algo las interrumpió. Un olor penetrante y dulzón… como putrefacción. Bo sacó con rapidez su puñal de la bota y lo alzó hacia delante. No tenía motivos pero su instinto le alertó que debía de tener precaución… O quizá fue por los nervios a los que estaba sometido su cuerpo por no encontrar a Lauren.

Bo tomó una profunda bocanada de aire, tratando de agudizar sus sentidos antes de dar un nuevo paso. Torció la esquina de la calle y allí, en mitad de la nada, dos hombres vestidos con un traje negro parecían estar esperando por ella. La súcubo no dijo nada, solo los miró y pronto se dio cuenta que no eran hombres corrientes. Ellos no se movieron, a pesar de que el aspecto de Bo era amenazante mientras caminaba hacia ellos, sujetando su arma. Los ojos oscuros de aquellos extraños no dejaban de seguir cada paso de la súcubo.

En seguida, la súcubo sintió que alguien la sujetó del brazo, impidiendo que siguiera caminando. Ella iba a protestar pero se dio cuenta de que había sido la valquiria.

—Una Mens —le explicó en un susurro.

Bo asintió lentamente mientras se dio cuenta de que Antalya no estaba mirando a aquellos extraños hombres. La súcubo alzó la vista al frente y se percató del escenario que se encontraba detrás de aquellos dos Una Mens.

—¿El complejo de las Sombras? —preguntó Bo, aunque ella ya sabía que exactamente eso era lo que estaba viendo.

El majestuoso edificio era pasto de las llamas mientras decenas de cuerpos bordeaban la entrada. El olor de carne quemada y muerte se metió en su garganta provocando una arcada a Bo. La súcubo dio un paso hacia atrás, tapándose la boca y nariz con la mano.

—Todos los faes deben buscar Santuario —dijo uno de los Una Mens frente a ella, fijando la mirada en Antalya.

—Súcubo sin bando —habló el otro, observando a Bo fijamente.

Esa fue la señal para que la valquiria tirara del brazo de Bo con fuerza, obligándola a regresar en carrera por donde habían venido.

—Debemos irnos —le dijo con apremio.

—¿Qué? —fue lo único que logró articular la súcubo.

—No tienes bando, estás incumpliendo una de las Leyes de Sangre: pertenecer a Sombras o Luces.

Bo no necesitó más información por el momento. Su máxima preocupación era encontrar a Lauren y, después de ver el aspecto del Complejo de las Sombras, se estaba quedando sin ideas de dónde se podía haber metido.

Después de correr unos metros, en dirección opuesta a la sede de las Sombras en aquella ciudad, las dos mujeres se detuvieron. Jadeantes se miraron durante unos segundos.

—Deberíamos regresar a tu casa y comprobar que Lauren no haya vuelto allí. También deberías llevar a Kenzi al Dal, es un lugar de Santuario —sugirió Antalya—. Estará segura ahí.

—Joder —exclamó Bo con desesperación—. Supongo que tienes razón, mi abuelo la protegerá… Espero —dijo con cierta duda—. ¿Qué demonios pasó ahí atrás?

—¿Mi opinión? Los Una Mens —le respondió la valquiria con total certeza.

—No puedo imaginar como mi abuelo pudo crear algo así…

—El Rey Sangriento hizo cosas peores.

—Él es diferente ahora —trató de defenderlo Bo.

—He vivido muchas vidas y puedo asegurarte que la gente no suele cambiar —le rebatió Antalya.

—No es así ahora —insistió Bo con contrariedad.

—Ya… ¿por eso los ha vuelto a invocar, porque ha cambiado? —le espetó con cierta ironía la otra mujer—. De todas formas, he visto cuerpos de los Una Mens entre los cadáveres, es raro —dijo cambiando de tema, la crueldad del Rey Sangriento no era una novedad para ella y no quería perder el tiempo haciendo que la súcubo entrara en razón.

Bo miró en silencio a la valquiria de pelo anaranjado durante unos segundos. Sí, la súcubo sabía que su abuelo fue terrible en el pasado, ella misma había descubierto alguno de los actos horribles que hizo. Pero Bo había observado la culpa, el remordimiento y el dolor en la mirada de Trick cuando le hablaba de aquellos sucesos del pasado. Él era su familia, además, la había ayudado en aquel mundo tan nuevo para ella, la había guiado, de cierta forma educado y le había dado algo de normalidad a su día a día. Bo no podía negar que había sido como un padre para ella y confiaba en él. Si Trick convocó a aquellos seres tan terribles, fue por algo. Ella confiaba en que su abuelo tuviera razón y aquello evitara un mal peor.

La súcubo asintió segura y miró a Antalya con determinación. No podía empezar a desconfiar de su abuelo ahora.

—¿Por qué es raro los cadáveres de los Una Mens? —preguntó Bo.

—Porque nunca he visto a un Una Mens morir. Es como si hubiese pasado algo que los debilitara.

—Mejor, entonces —dijo Bo encogiéndose de hombros, sin darle importancia—. Si fueron los autores de esa masacre de ahí detrás, no me gustaría verlos en todo su potencial. Así que regresemos a mi casa, tenemos asuntos que atender —añadió comenzando a caminar.

—Espera —la interrumpió Antalya—. Escuché algo.

Ambas se pusieron en posición de alerta de nuevo. Bo alzó su daga mirando con atención a su alrededor. De pronto, al otro lado de la calle, vislumbraron la silueta de alguien que se acercaba hacia ellas. Y la súcubo suspiró aliviada cuando se dio cuenta de que se trataba de Dyson.

—¡Al fin apareces! —exclamó ella, guardando la daga en su bota.

Él no le respondió. Su semblante era muy serio, demasiado, incluso para él.

—¿Estás bien? —preguntó la súcubo.

Él asintió en silencio con la vista perdida en el suelo. Bo sintió que algo no iba bien y se acercó a Dyson en seguida, intentando buscar sus ojos azules, que se mostraron recelosos a mirarla.

—Dyson, ¿qué pasa? —le preguntó la súcubo llena de preocupación—. ¿Es Lauren? ¿La encontraste?

Él negó con la cabeza lentamente, permaneciendo en silencio.

—¿Kenzi? —volvió a insistir ella.

Volvió a negar con la cabeza en silencio. Eso disparó los nervios de Bo que terminó por estampar un puño en el pecho.

—¿Qué diablos pasa? —gritó la súcubo.

Entonces Dyson levantó la vista hacia ella y el corazón de Bo dio un vuelco aterrorizado. Es como si en el azul de los ojos del lobo hubiese encontrado un presagio de lo que iba a decir él a continuación:

—Trick ha muerto —le contó mientras tensaba la mandíbula, tratando de tragarse cualquier emoción—. Y he hecho algo terrible.

—¿Qué? —exclamó de pronto Antalya, ya que Bo fue incapaz de hablar.

—Creo que te hice algo a ti —continuó diciendo Dyson.

Sus ojos azules se fijaron en Bo, pero ella ya no lo miraba. La súcubo le dio la espalda y para él fue imposible saber qué estaba sintiendo ella en aquel momento. El lobo se tragó el nudo que tenía en la garganta y que estaba dificultando la salida de sus palabras. Suspiró profundamente y sintió la mirada llameante de aquella valquiria sobre él.

—¿Qué hiciste? —le preguntó Antalya de forma amenazante.

—Odín me dio un colgante y me dijo que lo destruyera. Eso liberaría los poderes de Bo —le explicó él sintiendo como la culpa se iba acumulando en su garganta y apenas le dejaba hablar—. Lo hice.

Justo en ese momento, antes de que Antalya tuviera tiempo de decir nada, Bo se giró. Entonces Dyson supo lo que sentía la súcubo: ira.

—¡Lauren ha desaparecido porque la dejé sola! —le gritó ella mientras dio un paso hacia el lobo—. Porque algo me pasó y no recuerdo qué demonios hice. Y resulta que fuiste tú. ¡Se suponía que debías quedarte con Kenzi! —le dijo mirándolo directamente a los ojos, ahora fue el dolor lo que comenzó a mezclarse con la ira—. Dyson, si le hice algo a Lauren por tu culpa, juro que…

—Bo —la interrumpió Antalya antes de que la súcubo pudiera terminar de decir aquella amenaza a Dyson—. Encontraremos a Lauren. Volvamos a tu casa.

—No hay nadie allí —dijo el lobo agachando la mirada—. Kenzi y Tamsin están en el Dal, debes ir allí, yo buscaré a Lauren. Y la encontraré, te lo prometo.

—¡Cállate! —le espetó con enfado la súcubo—. No voy a dejarte de nuevo solo para que hagas una estupidez… ¿Cómo pudiste escuchar las palabras de mi padre?

En ese momento, Bo se rompió. Las lágrimas anegaron sus ojos y sus emociones la superaron completamente. Ella ya no podía soportar más. Dyson trató de acercarse a consolarla, pero la súcubo lo empujó con desprecio. Bo no podía manejar lo que había hecho Dyson, la desaparición de Lauren y ahora la muerte de su abuelo, ella no podía creer que nada de eso estuviese pasando.

—Bo, ve al Dal —dijo de pronto Antalya—. Yo iré a hablar con la Ash, es la única que se me ocurre que podría saber algo sobre Lauren.

—Tengo que encontrarla —le respondió Bo entre llantos.

—Lo harás, pero primero necesitamos una pista. Sabemos dónde está la Ash, tiene recursos, agentes… Estará más informada, ella debe saber —trató de tranquilizarla Antalya—. Él era tu abuelo…

Un estruendo ensordecedor interrumpió las palabras de la valquiria. Los tres faes elevaron sus miradas al cielo para ver cruzar un escuadrón aéreo rompiendo la quietud del amanecer. La súcubo se limpió las lágrimas del rostro con el reverso de la mano y tomó aire profundamente. Cada minuto que pasaba, la situación entre faes y humanos se agravaba. No podía perder más tiempo. Miró a Antalya con determinación y asintió segura de que aquello era lo mejor que podían hacer por el momento.

—Corre —le dijo Bo a la valquiria—. No pierdas ni un segundo.

Y así fue, Antalya salió corriendo apenas la súcubo terminó de pronunciar aquellas palabras.

Por su parte, Bo emprendió el camino hacia el Dal. Dyson la siguió sin que ella le dijera nada y casi todo el camino lo hicieron en silencio. El lobo trató de hablar con Bo alguna vez, pero ella lo calló. Lo único que quería saber la súcubo fue cómo murió su abuelo, y Dyson no tenía esa respuesta, así que ella no quería escuchar nada más que tuviera que decir.

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Hacía frío. Brisas de aire rozaban su piel y ponían su carne de gallina. Tosió, su garganta estaba muy seca. Cuando trató de tragar saliva, se percató del olor nauseabundo que inundaba el lugar. Era un olor dulzón y desagradable, como si algo estuviese muerto y descomponiéndose muy cerca de allí. Sus tripas rugieron como si se quejaran y una sensación de náuseas hizo acto de presencia. Sus ojos comenzaron a acostumbrarse a la poca luz de aquel húmedo y oscuro lugar. Trató de mover un pie, fue una labor difícil, algo mantenía inmovilizados sus piernas, pero consiguió arrastrarlo por el suelo unos centímetros. Tierra, supuso. Miró a su alrededor con un poco más de atención. El habitáculo en el que se encontraba no era demasiado grande, las formas de las paredes eran rugosas e irregulares. Distinguió algo viscoso que rodeaba una especie de cesta o caja grande enfrente, de al menos medio metro de alto y un metro de ancho. También observó unas cadenas y algo que asumió que parecían ser grilletes. No podía distinguir más detalles de la estancia entre la penumbra. No obstante, continuó examinando los alrededores, con mucho esfuerzo. Se percató de que no podía moverse demasiado, algo mantenía su cuerpo inmóvil sobre una silla. Sus muñecas dolían, optó por dejarlas quietas. Giró entonces la cabeza, siendo lo único que verdaderamente podía mover. Había una especie de pasillo a su derecha, sumido casi en la oscuridad, excepto por una luz tintineante que parecía encontrarse muy lejana. Si tuviese que adivinar, apostaría a que estaba en una cueva o algo similar.

Su corazón comenzó a latir con fuerza. O quizá fue en ese momento cuando se dio cuenta de su miedo. Tiró con fuerza de sus brazos y el choque de algo metálico sonó como un estruendo en aquel espacio pequeño. Pero no pudo moverlos. Sintió algo frío alrededor de ellos y entonces recordó las cadenas y grilletes que antes había visto por el suelo.

Un terror subió por su garganta como un nudo desagradable. En su pecho se instauró un dolor agudo, angustioso. No entendía lo que estaba pasando. Trató de moverse de nuevo, pero fue inútil. La desesperación comenzó a apoderarse de su cuerpo.

—Deja de hacer ruido, doctora —susurró una voz a su espalda.

El corazón de Lauren dio un vuelco al escuchar esas palabras y de pronto se quedó quieta, tratando de entender la situación en la que estaba. Alguien estaba justo detrás de ella, quizá en la misma situación, encadenada… Prisionera.

—¿Evony? —dijo la humana en voz baja.

—Sí, sí… Soy yo —le respondió acompañando sus palabras con un suspiro.

—¿Qué está pasando? —le preguntó la doctora totalmente confusa.

—Oh, querida —dijo ella con cierto tono irónico—. Lo que pasa es que estamos bien jodidas. Así que mejor que reces porque solo un milagro puede salvarnos.