NOTAS: Aquí les dejo la segunda parte de Ragnarok, disculpen el retraso, labores universitarias me han tenido ocupada.

Primero me gustaría decir que he superado las 200 mil palabras (eso es mucho más que la mayoría de novelas OMG) y eso es un gran logro para mí, también, en el mes de junio, este fic cumplió dos años. Sin duda estoy muy contenta por ello porque nunca pensé que sería capaz de hacer algo así y menos pensé en que lo que escribo iba a gustar a tanta gente.

Por supuesto esto es gracias a muchas personas que siempre me han apoyado y me han animado a seguir escribiendo, que han compartido conmigo el entusiasmo que sienten al leerme, que me han dejado reviews, que me escriben por twitter, por email... Son muchas personas y tengo una memoria nefasta, no quiero nombrar a gente y olvidarme de alguien. Por supuesto, no puedo olvidar a la gente que sigue leyendo esta historia después de tanto tiempo. Muchas gracias a todos. Soy pesada y cansina agradeciendo, puede ser, pero ahora mismo escribir mantiene mi cabeza ocupada y me ilusiona que os guste y que me leais, y en esta época rara de mi vida, no sabéis el bien que eso me está haciendo. Así que muchísimas gracias :3

Sin embargo, voy a hacer una cosa que nunca he hecho antes, voy a dedicar este capítulo a una persona. Ella es una gran amiga que conozco desde hace varios años, nos conocimos precisamente por estos temas de fanfic, también escribe (dos historias preciosas de LG que les recomiendo que lean) y hoy es un día especial para ella. Ya ves que todo cambia y mejora, espero que te guste el capítulo y gracias por estar siempre ahí, AlabamaBlue.

Ya me callo, espero que la espera haya merecido la pena... Las cosas se empiezan a torcer un poco y no olviden "I will live the life I choose".

PD: Soy JenMDz en wattpad, seguiré escribiendo por ahí. Síganme ;)


«Espera al Amanecer,
cuando los Hijos de Heimdal
despierten como hermanos y hermanas.
Cuando el Monarca se encuentre en el Crepúsculo,
la noche caerá sobre todo los seres.
En la espera del nuevo día,
la sangre se derramará sobre la tierra
hasta que El Monarca lleve al ocaso al Crepúsculo.
Entonces renacerá el mundo».

Eso era. Aquella era la pieza que faltaba en su rompecabezas. La profecía que había escrito el Rey Sangriento con su propia sangre. Ese era el verdadero destino de El Monarca. En aquellos versos se encerraba la importancia de aquella figura de la antigua y desaparecida historia fae. Todo lo que sabía sobre Dögun conducía a aquella profecía de sangre.

—Esto es, Aela —dijo él con una emoción evidente en su voz—. Esto es lo que necesitábamos para comprender lo que está por venir, ¿no lo ves?

Ella por su parte, siguió con la vista perdida tras la gran ventana de la habitación. Sus ojos se perdían en el paisaje de una ciudad en la que una guerra estaba comenzando. El humo que ascendía sobre los edificios, algunos gritos lejanos, los helicópteros que surcaban los cielos de vez en cuando… Era evidente a la vista, pero, como arconte que era, Aela también podía sentir lo que estaba por venir. El miedo que la alimentaba en aquellos momentos era el más intenso y el más revitalizante: el miedo de la guerra.

—Ahora es evidente que lo que te dije era verdad —volvió a insistir él ante el silencio de ella—. El Monarca no es solo una historia, sino quien va a traer el Amanecer: el nuevo mundo.

—¿Qué importa esa profecía en todo esto? —habló por fin ella, dirigiéndole una mirada de soslayo al hombre de pelo canoso.

—Esta profecía nos habla del Amanecer, de ese que tanto te he contado —dijo él con emoción, acercándose a la ventana donde se encontraba Aela—. Cuando los humanos y faes sean iguales, como hermanos y hermanas, eso es el Amanecer. La guerra ya ha empezado —le explicó señalando hacia el paisaje de la ciudad—, ese es el derramamiento de sangre, claramente. El Monarca debe buscar al Crepúsculo y derrotarlo, así pasaremos a la siguiente parte de la profecía.

—Nunca me hablaste del Crepúsculo, Theodore —le comentó ella con un tono ausente. Ella lo escuchaba, aunque no lo parecía.

—Es un personaje extraño en la literatura fae. No es un gran héroe, pero es poderoso, tanto o más que El Monarca. Es oscuro, está ligado al infierno —dijo Theodore mientras trataba de recordar aquellas antiguas escrituras que el Rey Sangriento había destruido siglos atrás—. Se representa como un hombre encadenado… quizá prisionero, pero puede que esa leyenda fuera una metáfora o quisiera decir que está ligado a algo o alguien. Es muy confuso todo lo relacionado con El Crepúsculo. Por eso no te hablé de él y tampoco pensaba que tuviera un papel en lo que está por suceder.

—¿Cómo podremos saber quién es o si existe? —preguntó Aela.

—Estoy un poco confuso con esta parte, pero debe ser alguien realmente oscuro, malvado… —Theodore comenzó a caminar por la habitación, inquieto, tratando de ordenar todas las ideas que existían en su cabeza referentes al Crepúsculo—. Alguien con mucho poder, tanto como para ser uno de los faes más poderosos que existe —concluyó.

—Ya veo —fue la única contestación que le dio Aela.

La arconte se alejó de la ventana y observó al hombre caminar inquieto por la habitación, intentado imaginar quién podía ser El Crepúsculo. La Ash tenía una idea clara después de todo lo que le había dicho él y lo que ella sabía.

Las valquirias habían causado aquella guerra, habían utilizado Dögun como una herramienta para esparcir todas aquellas ideas del nuevo mundo entre los faes y para llevar a cabo sus planes sin que nadie sospechara nada. Una estrategia digna de admiración, tenía que admitir la arconte. Mas no escapaba de la atención de Aela el detalle de que Dögun y Theodore estaban estrechamente relacionados. ¿Engañaron las valquirias al milenario fae o fue al revés? Aela sentía que había algo que no encajaba en todo aquel entramado y, para agravar sus dudas, ahora aparecía cierta información que él nunca le contó: El Crepúsculo.

—Theodore —lo llamó ella.

El hombre levantó sus ojos hacia ella y en el instante que su mirada observó el refulgir rojo en los iris de Aela, él ya sabía que había cometido el peor error de su vida.

—¿Qué ha-haces? —dijo Theodore con dificultad. El miedo comenzó a apoderarse irremediablemente de su cuerpo.

—Pensaba que éramos honestos el uno con el otro —le respondió ella en un tono frío—. Porque dudo que con tu antigüedad, un puñado de valquirias pudiera engañarte, me cuesta creer eso.

—Tuve que hacerlo —gimoteó él mientras trataba de alejarse de Aela. Ella soltó una risa sarcástica que solo provocó escalofríos de terror en Theodore.

—¿Tú las ayudaste a hacer esta guerra?

—Ellas me hablaron del Ragnarok —dijo el hombre sin poder evitar que las lágrimas cubrieran su rostro—. El fin de los tiempos, justo lo que era necesario para que ocurriera el Amanecer.

—Pero ellas no te hablaron de quién está detrás del Ragnarok, ¿verdad? —le reprochó en tono amenazante—. Odín.

—Entonces él es El Crepúsculo, está claro. Hice bien, Aela —trató de defenderse con desesperación—, porque tu destino era encontrarte con El Crepúsculo.

—Eso suponiendo que yo sea El Monarca ese —le espetó de mala manera.

—Eres tú —dijo Theodore con seguridad—. El Monarca es poderoso, único en su especie y tú eres la última arconte; es un cruce de los linajes más importantes y tú provienes de una familia noble; lidera ejércitos y tú lo haces con tu poder y con tu manejo del miedo; y es, además, un líder. Eres tú.

Aela miró con desprecio al hombre canoso, cuya mirada llena de terror la observaba atentamente. Ella quería matarlo por todo lo que le había ocultado, pero sería una insensata si mataba a una persona con tanta información. No, ella tenía que llevarlo ante Trick, corroborar todo lo que sabía y luego, quizá, sí que lo matara. Ella sonrió ante aquel pensamiento o puede que por el miedo que estaba provocando en aquel hombre.

Sin embargo, en ese instante tenía algo entre manos que requería de toda su atención. Por fin había podido jugar su carta contra Evony, gracias a los Una Mens. Aela había presentado las pruebas que revelaban que la líder de las Sombras había incumplido una de las normas más importantes faes y que tenía una hija humana. La Ash casi rió del placer que le produjo saber que pronto tendría un problema menos. Por no nombrar las ventajas que suponía eliminar a uno de los más importantes líderes de las sombras en aquel momento.

#

Lo primero que vieron al llegar al Dal Riata era que la puerta estaba protegida con un hechizo. Bo se sintió intrigada por aquello, no estaba demasiado acostumbrada a la magia entre los faes.

—Es un hechizo de protección —le explicó Dyson—. Solo faes y humanos reclamados pueden atravesarlo. Lo que significa que estamos oficialmente en guerra, en otra ocasión no verías nada como esto.

Bo no dijo nada y entró en silencio. Tanto ella como el lobo pasaron sin problemas a través de la puerta.

El bar no estaba vacío como pensaba Bo. Un bullicio llenaba el lugar, pero no era como otras veces. La tensión y el miedo se respiraban en el ambiente. La súcubo examinó la estancia mientras caminaba lentamente. Vio faes, familias con sus hijos, humanos asustados… Algunos de los presentes corrían de un lado a otro atendiendo algunos heridos, repartiendo comida y agua entre los presentes… Fue la primera vez que Bo vio cómo humanos y faes colaboraban juntos, casi como iguales, era difícil distinguir entre unos y otros.

De pronto, entre toda esa gente, apareció Tamsin, con el pelo recogido en una cola, aunque mechones caían por su rostro de manera desordenada. Ella llevaba una camisa blanca con las mangas recogidas hasta los codos. Se denotaba con facilidad el aspecto cansado de la mujer rubia. La valquiria se acercó rápidamente hacia Bo en cuanto la vio, secándose el sudor de su frente con el antebrazo.

—Kenzi está abajo con… —trató de explicarle Tamsin a la otra mujer, pero no sabía exactamente cómo debía de decirle aquello a Bo.

—Llévame —le pidió simplemente la súcubo.

Tamsin asintió y, sin más demora, se hizo camino entre la gente hasta lograr llevar a Bo a los aposentos privados de Trick. Dejó a Dyson a cargo del niño fae que atendía antes de que llegaran ellos, el chico se había roto una pierna al huir de un ataque de los humanos.

Tamsin y Bo bajaron aquella estrecha escalera que había visto tantas veces, atravesaron el pequeño pasillo y llegaron hasta la parte de las habitaciones. Allí, apoyada en el marco de una puerta, estaba Kenzi. La muchacha estaba cabizbaja, visiblemente afectada. Ella pasó su mano limpiando algunas lágrimas y luego levantó el rostro para poder ver a su amiga.

—¡Bo! —exclamó, con cierto alivio de que estuviera allí, sana y salva.

Ambas se abrazaron al instante. Los brazos de Bo se aferraron con fuerza a su amiga y el corazón de la súcubo tembló de miedo cuando sintió el calor de Kenzi junto a su cuerpo. Ligeros sollozos rompieron el silencio que de pronto se instauró entre ellas. Era Bo quien lloraba. La súcubo se separó y se dio la vuelta buscando a Tamsin; en ese gesto evitó la mirada de Kenzi, simplemente no podía mirar a su amiga sabiendo el destino que le aguardaba también.

—¿Cómo murió? —inquirió Bo a Tamsin, mientras se limpiaba algunas lágrimas con el reverso de la mano.

—Alguien lo apuñaló —le respondió con el semblante serio—. Usaron una hoja encantada, supongo, de otra forma no hubiese sido tan fácil.

—Así que… fue un asesinato —concluyó la súcubo.

Tamsin solo se encogió de hombros. Las evidencias no daban para demasiadas hipótesis sobre la muerte de Trick.

—Tuvo que ser alguien que conociera de verdad cómo hacerlo —añadió la valquiria.

Bo asintió, aparentemente tranquila, pero por dentro su corazón había dado un vuelco. El nombre de su madre Aife apareció en su mente. Por supuesto, también estaban los Una Mens, Bo había sido testigo de lo que eran capaces, pero la súcubo tuvo un pálpito sobre su madre.

—¿Podéis dejarme sola un momento? Me gustaría poder despedirme de mi abuelo —le pidió a las otras mujeres. Su voz sonaba apagada y devastada.

—Claro que sí, cariño —le dijo Kenzi tomando una de las manos de su amiga con ternura—. Pero estaré aquí fuera si me necesitas.

Bo asintió en silencio. Nuevamente evitó mirar a Kenzi, ver aquellos ojos grisáceos era sentir dos puñales atravesar su alma y no estaba segura de si sería capaz de encajar todo aquello que estaba sintiendo. Bo se sentía como si estuviese nadando a contracorriente y el agua la empujara hacia el fondo, sin darle un segundo para respirar. Ella dio un paso hacia la puerta de la habitación donde se hallaba el cuerpo sin vida de su abuelo y entonces se detuvo.

—Cuando Antalya regrese, por favor, avisadme.

—Por supuesto —le respondió su amiga.

La chica gótica observó cómo Bo entraba en la habitación y cerraba la puerta tras de sí. La congoja y la angustia se apoderaron de la humana. Ella buscó a Tamsin con la mirada, necesitaba abrazarla con fuerza, llenarse de fortaleza en aquel terrible momento. No obstante, cuando Kenzi regresó la atención hacia Tamsin, su corazón pareció dar un brinco de terror dentro de su pecho.

—¿Tamsin? —dijo mientras se acercó en carrera hacia la valquiria.

La fae estaba apoyada sobre la pared del pasillo, con la mano en el pecho y visiblemente fatigada. Su pecho se movían de forma acelerada y sus ojos estaban cerrados.

—Lauren —murmuró en un tono apenas audible.

—Eh, cariño, mírame —le dijo sosteniéndole el rostro entre sus manos—. ¿Qué es? Dime —le preguntó con toda la calma que pudo.

A Tamsin se le escapó una sonrisa nerviosa al escuchar cómo Kenzi se había referido a ella y, sin duda, se tranquilizó un poco. Cuando abrió los ojos y vio aquella sonrisa que iluminaba sus perfectas facciones, sintió cierto alivio en la opresión que castigaba su pecho. La valquiria tomó una bocanada de aire lentamente mientras intentaba ordenar las ideas en su cabeza.

—Tranquila, respira… ¿Es Lauren, te ha hecho sentir algo?— Kenzi acarició las mejillas de Tamsin con sus pulgares. Estaba nerviosa, pero intentó transmitirle serenidad a la fae, no necesitaban alterar más sus nervios por hoy.

—Creo que está en algún aprieto —consiguió decirle.

—Pensaba que estaba con Bo —dijo Kenzi mientras fruncía el ceño y pensaba.

—Tenemos que decírselo —le indicó Tamsin al mismo tiempo que apartaba a la humana con cuidado para dirigirse hacia la habitación donde estaba la súcubo.

—¡Espera! —exclamó Kenzi, sosteniendo a la detective de un brazo e impidiendo así que pudiera dar otro paso—. Estoy preocupada por Bo —le explicó—, está pasando por demasiado ahora mismo como para encima enterarse de que Lauren está en peligro. Dale un momento.

—Ella es fuerte —rebatió Tamsin—. A lo mejor Lauren no tiene un momento.

—Lo sé, pero todo el mundo tiene un límite y por la forma en la que ella me abrazó antes… —Kenzi se detuvo unos segundos, desviando la mirada de Tamsin. Ella no quería volver a ver aquellos ojos verdes tristes—. Creo que ella sabe lo que me pasa.

La valquiria se quedó en silencio. La angustia volvió a ella como si una flecha invisible atravesara su pecho. Parecía un sueño, algo imposible, y por eso se sentía como una cachetada que la traía a la realidad. Kenzi no podía morirse. Ahora que la había encontrado no podía perderla y sus piernas temblaron al pensarlo. Las fuerzas le fallaron unos pocos segundos, los mismos que tardó en aparecer Dyson por el pasillo, acompañado de Antalya.

Kenzi y Tamsin los miraron acercarse en silencio, tratando de poner sus pensamientos en orden y tomando fuerzas de alguna parte para no perder la entereza. La mano de la humana siguió sujetando el brazo de la fae y ese gesto se volvió suficiente para la valquiria, por el momento.

—¿Dónde está Bo? —rompió el silencio Dyson.

Tamsin hizo un gesto con la cabeza, señalando la habitación en la que estaba la súcubo con el cuerpo sin vida de su abuelo. Para la detective no pudo escapar de su atención la mirada inquisitoria que le dedicaba Antalya a Dyson. Ella empezó a intuir que pasaba algo, pero lo que imaginaba no se acercaba ni de lejos a lo que había sucedido en realidad.

—Voy a avisarla —dijo él, pero inmediatamente la mano de la valquiria de pelo naranja lo detuvo.

—Tú no —le indicó con un tono rudo—, que vaya Kenzi o Tamsin.

La humana intercambió miradas confusas entre su… ¿novia? Ella sacudió su cabeza. Es decir, no lo habían hablado, pero Tamsin era su… pareja, ¿no? El interior de Kenzi se estremeció intensamente ante la idea, algo que parecía imposible en aquel momento de máxima tensión.

—Yo voy —balbuceó la chica morena antes de entrar a la habitación donde estaba Bo.

Seguidamente, Tamsin miró Antalya y luego a Dyson. Él había agachado la mirada al suelo y ella seguía observándolo con aquella mirada entre enfado y desaprobación.

—¿Qué sucede? —preguntó la detective sin poder contener su curiosidad.

—Que te lo cuenta tu amigo —respondió la otra valquiria, golpeando el hombro del lobo con la palma de la mano.

—¡Basta ya! —refunfuñó él, molesto y dolido.

No hubo tiempo para más conversación porque en cuanto Kenzi le dijo a Bo que Antalya había llegado, a la súcubo le sobró el tiempo para secarse las lágrimas y salir rápidamente de la habitación.

—Dime que sabes algo de Lauren —dijo la súcubo en cuanto su mirada captó a la valquiria de pelo naranja.

—Aela sabe algo —respondió sin demora—, pero me ha resultado imposible hablar con ella cara a cara.

—La Ash no se fía de las valquirias, cree que todas están detrás de todo lo que está pasando —sugirió con acierto la súcubo—. Supongo que después del ataque al Complejo de las Sombras, habrá tomado medidas de seguridad también.

—¿Alguien me puede hacer un resumen? —dijo de pronto Kenzi—. ¿Qué pasa con Lauren?

—No sé dónde está —le respondió con angustia Bo.

—Pero la Ash sí —indicó Antalya—. Así que no perdamos los nervios.

—¿Y qué narices hacemos aquí? ¡Tenemos que ir a por ella! —exclamó Tamsin con apremio.

—No —dijo Bo tajantemente—. Yo iré a hablar con Aela, digamos que hemos estrechado algo de confianza. Ella no se fía ni de ti, ni de Antalya…

—Pero… —intentó protestar Tamsin.

—Quiero que te quedes aquí con Kenzi, no quiero perder a nadie más y quiero que tú y Antalya vigiléis a Dyson —la interrumpió Bo. Su voz sonaba segura y autoritativa. La súcubo estaba determinada a que las cosas se hicieran como ella quería. No iba a permitir que a Lauren le pasara nada, ni a ella, ni a ninguno más.

—Bo, ten cuidado —la avisó Antalya—. Las cosas se están poniendo cada vez peor ahí fuera. La noticia de que los Una Mens pueden morir está corriendo como la pólvora. Me han llegado noticias de grupos de faes atacando a sus Ash y Morrigan en busca del Amanecer, ¿os suena?

—Mierda —maldijo Tamsin—. Lo que nos faltaba…

—Bo —suplicó con angustia Kenzi. Ella sabía que su amiga tenía que ir a buscar a Lauren, pero eso no impedía que se sintiera terriblemente asustada.

La súcubo le brindo un breve pero intenso abrazo a su amiga para tranquilizarla.

—No me pasará nada —le susurró cariñosamente al oído antes de separarse—. Que nadie haga ninguna tontería, por favor —concluyó la súcubo, mirando fijamente a Dyson.

Bo tomó aire, desviando la mirada hacia Kenzi y Tamsin por última vez. Luego, asintió decidida y emprendió su camino. Ella parecía segura en sus pasos, que poco a poco la iban alejando de sus amigos, pero dentro era un huracán de nervios y temores. La súcubo no podía dejar de pensar en encontrar a Lauren y de preguntarse si estaría bien, quizá no quería pensarlo, porque de solo pensarlo un dolor punzante atravesaba su pecho.

—El Ragnarok ha empezado —dijo Antalya con el semblante muy serio, tan pronto como Bo desapareció de la vista de los demás.

Tamsin suspiró sintiendo el rugir temeroso de su corazón. Buscó la mano de Kenzi y la agarró con fuerza. No le importó si Dyson o Antalya estaban allí, todo acababa de dejar de tener importancia desde que Antalya dijo aquella palabra: Ragnarok. Ella era una valquiria, había crecido sabiendo el significado de aquella palabra.

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¿Rezar? ¿Esa era la idea más brillante que se le había ocurrido a la Morrigan? Lauren soltó un bufido mientras continuó forcejeando con las cadenas que la ataban.

—¿Quieres parar de una maldita vez? —le espetó de malhumor Evony—. ¿Es que quieres llamar la atención?

—Estoy intentando buscar una forma de salir de aquí —le respondió con molestia la humana.

—¿Y a tu inteligencia superior no se le ha ocurrido pensar que quizá yo también intenté eso antes? Joder, incluso traté de fundir las malditas cadenas, pero no hay manera, no al menos con las manos sujetas.

Lauren se dio por vencida y decidió hacer lo que le decía Evony. La humana dejó salir un largo suspiro de exasperación. No entendía nada de lo que estaba pasando. Por si no fuera suficiente, estaba allí encadenada con la última persona en el planeta con la que deseaba estar sola en aquel momento.

—¿Por qué estamos aquí? —preguntó de pronto la doctora.

—Creo que no hace falta demasiada imaginación —le dijo la otra mujer con cierta soberbia—. Tú y yo, querida, ¿qué puede ser aquello que nos une a ambas? —Seguidamente, Evony dejó escapar un suspiro de resignación—. Supongo que era demasiada suerte que todo esto siguiera oculto, solo espero que tu noviecita súcubo no se haya ido de la lengua…

—Ella no ha dicho nada —le respondió de mala manera—. ¿Quién nos ha capturado?

—Elige a tu favorito: los puñeteros humanos chiflados, sin ofender, o los Una Mens. Pero desgraciadamente, tendría más sentido que fueran los segundos…

—¿Quiénes son los Una Mens? —preguntó la doctora totalmente confundida.

—Querida, últimamente tienes la cabeza muy metida dentro del coño de la súcubo y no te enteras de nada. —La Morrigan soltó una carcajada sarcástica, pues para nada era una situación cómica en la que estaban ambas—. Todo se ha ido a la mierda, los humanos han atacado al Consejo de los Faes de las Luces y el Círculo de las Sombras, han muerto varios emisarios e importantes líderes. Los sombras estábamos tratando de formar una liga entre los ancianos y los Morrigan, pero esos Morrigan son todos una panda de cobardes, no serán capaces de hacer nada sin mí. Supongo que es el fin de los bandos. ¡Aleluya, viva la revolución! —exclamó con ironía—. Y en fin, parece que los pocos líderes con el suficiente valor para hacer algo han convocado a los Una Mens para proteger a los faes.

»Esos lo único que protegen son las Leyes de Sangre que escribió el Rey Sangriento, por supuesto, que esas leyes existan aseguran que lo hagan los faes; pero muchos tenemos nuestras dudas, pues ellos ni pestañean a la hora de hacer desaparecer a aquello que no se ajusta a sus queridas normas.

—No suenan muy agradables —señaló Lauren.

—Míralo por el lado positivo, expuestos a los humanos y con los Una Mens, no debe ser muy agradable dar un paseo por las calles. Al menos nos libraremos de una guerra muy desagradable…

—¿Estás realmente considerando esperar a que nuestros captores nos ejecuten o nos hagan cualquier cosa? —preguntó incrédula Lauren.

—Bueno, si pudiera librarme de estas estúpidas cadenas todo sería más fácil, y eso si es que son humanos los que están detrás de eso.

—¿La gran Morrigan tiene miedo? —Evony bufó molesta y ofendida por ese comentario de Lauren. Esa humana era afortunada de tenerla de espalda y no cara a cara.

—¿Tú crees que una panda de zombis malolientes serían rival para cualquier fae? Como si el Rey Sangriento no fuera lo suficientemente retorcido como para asegurarse de que esas criaturas fueran invencibles… Los Una Mens son capaces de absorber tus poderes si los usas contra ellos y devolvértelos. Imagina lo que son capaces de hacer después de años de enfrentarse a otros faes, todas las habilidades que han absorbido y aprendido…

—Y con los humanos atacando a los faes, ¿somos lo suficientemente importante para ellos en estos momentos?

—Espero que no —le respondió con cierta preocupación Evony, preocupación que ni se molestó en ocultar—. Entonces, ¿alguna brillante idea, doctora?

—Librarnos de las cadenas y grilletes, y luego huir.

—Como si la solución no fuera ya lo bastante obvia… —espetó Evony con cierto desprecio—. ¿Y cómo diablos piensas hacer eso? ¿Con magia? —se burló ella. La respuesta de Lauren fue un bufido, la estaba poniendo de malhumor.

—Fui prisionera de guerra, aprendí algunas cosas —le dijo con bastante molestia—. Ahora acerca tu mano hacia la mía.

—¿Qué demonios piensas hacer? —A pesar del tono desconfiado de la pregunta, ella hizo lo que la humana le dijo. Trató de colocar su mano derecha a la altura de la de Lauren, lo mejor que le permitió hacer aquellos grilletes y aquellas cadenas que rodeaban sus brazos.

Sin previo aviso, la doctora presionó su dedo pulgar con fuerza. Evony sintió el tirón y escuchó el pop que sonó después de que Lauren le dislocara el dedo.

—Pero… ¿¡te has vuelto loca!?

—Eres fae, podrás soportar el dolor mejor que yo —le respondió sin importancia—, y tus manos son más finas que las mías. Con el pulgar descolocado deberías poder deshacerte del grillete.

Ella estaba a punto de proferir mil insultos contra la doctora, pero se dio cuenta de que tenía razón. Evony pudo liberar su mano derecha del grillete y no le costó demasiado deshacerse de las cadenas. Lauren volvió a hacer lo mismo con la mano izquierda de la fae y ésta sonrió de satisfacción al ver sus dos brazos liberados.

Evony se inclinó sobre sí misma hasta poder observar sus pies. Los grilletes que bordeaban sus tobillos iban a ser difíciles de romper si eran del mismo material que los que tenía hace un momento en sus muñecas. No obstante, no le costó encontrar un punto débil en las cadenas que la ataban al suelo. Ella solo tuvo que acercar sus manos y verter todo su poder allí. Después de unos minutos, la cadena se partió. Evony pudo ponerse en pie.

—Vaya… —fue lo único que dijo, mirando con cierta admiración a Lauren. Nunca se le hubiera ocurrido algo así.

—Me habrás parido pero no sabes nada de mí —le dijo con cierta arrogancia la doctora.

Evony no le respondió, no en aquel momento. La humana pudo ver cómo la otra mujer se postraba delante de ella y, sin que Lauren le dijera cómo hacerlo, se colocó de nuevo los pulgares en su sitio. Ni siquiera pestañeó al hacerlo.

—¿Eres consciente de que podría irme y dejarte ahí? —le dijo en un tono frío y con cierto aire amenazador.

Lauren la miró fijamente a los ojos, guardando silencio, y Evony sonrió levemente, apenas curvando los labios. ¿Por qué diablos no se había deshecho de ella antes? La Morrigan tensó su mandíbula, aún manteniendo la sonrisa. Todo hubiese sido más fácil si Lauren no hubiera nacido, pero ¿cómo hacerlo? Ella era lo único que le quedaba de él. Evony sacudió la cabeza con firmeza, como si realmente nada de aquello la afectara; lo último que necesitaba era ponerse a lloriquear delante de Lauren.

—Malditos humanos —maldijo en voz baja mientras se agachaba para tratar de liberar a Lauren.

#

—¿Dónde está Lauren?

La súcubo no se anduvo con rodeos, después de todo. Aela se dio cuenta del aire de desesperación y de urgencia que emanaba de Bo desde que puso un pie en su despacho.

—La tienen los Una Mens. —Tampoco se anduvo con rodeos y enseguida vio cómo el rostro de la otra mujer cambió radicalmente. Ella pudo sentir su miedo y le fue evidente su ira.

—¡¿Cómo?! —le gritó—. ¿Y lo dices así, sin que te importe?

—No puedo hacer nada, no controlo a los Una Mens y tampoco puedo ocuparme de los asuntos de las sombras —le dijo con cierta indiferencia—. Al parecer algo hizo con Evony. —Obvio que ella sabía lo que pasó, puesto que había sucedido por su culpa, pero tenía que disimular ante Bo, no la convenía tener como enemiga—. ¿Estás pensando en liberarla? Será difícil, por no decir imposible.

—Habrá una forma de parar a los Una Mens. No pueden ser tan invencibles como dicen.

—Quizá la sangre del Rey Sangriento…

—Eso ahora no es una opción —la cortó Bo. Intentó por todos los medios que el recordar la muerte de su abuelo no la afectara en ese momento—. Él… ya no está.

La mirada de Aela cambió al conocer la noticia, se tornó confusa y quizá algo atemorizada. Era imposible que Trick hubiera muerto, no en aquel momento. Y alguien tan poderoso como él… ¿cómo era posible?

—La única forma de salvar a Lauren es acabando con los Una Mens y no puedes simplemente matarlos, es imposible —volvió a hablar Aela, esta vez con un tono más serio.

—¡Algo habrá que pueda hacer! —protestó con desesperación.

—Tendrás que dejarla ir…

—¡No! —le dijo de forma cortante—. ¡No puedo hacer eso!

—¡Es solo amor! —le incriminó Aela, como si Bo fuera el ser más infantil y cabezota del planeta—. Te dolerá perderla, pero lo acabarás superando. La vida sigue. Es triste, pero es así. Todo en esta vida es efímero y hay que aceptar cuando las cosas se tienen que ir. Es lo primero que aprendes después de unos siglos de vida. Felicidad, dolor, aceptación… Es todo como un ciclo continuo.

Bo se quedo en silencio y Aela pensó que la había convencido. Esta vez, la arconte no estaba disimulando ni intentando disuadirla, estaba siendo demasiado honesta con ella. Por un momento, comenzó a sentirse mal por lo que había hecho, no sabía cómo, pero la agonía en la mirada de Bo la estaba haciendo sentir terriblemente mal. ¿Cómo había sido capaz de hacerle aquello a Lauren? Evony era una maldita bruja, pero Lauren… «Es solo un peón, un sacrificio para apartar a Evony…», se decía, aunque ya no lo creía.

—Entre toda la porquería de mi vida —comenzó a decir la súcubo—, ella es de las pocas cosas que me quedan que valen la pena. —Bo no pudo obviar que Kenzi también era importante en su vida y que desaparecería también. Su pecho se estremeció de dolor al recordarlo de nuevo—. Lauren es lo que me alienta a seguir, es lo que me empuja a vivir, es lo que me hace tomar las decisiones correctas, a ser mejor… Me hace sentir increíble, me hace sentir humana, plena, inmensamente feliz; aunque mi alrededor se esté desmoronando, no importa porque ella está ahí. Lo que me hace sentir es lo que deseo y todo lo que he deseado desde siempre. Ella es la vida que quiero vivir. No voy a renunciar a esa vida, no voy a aceptar perderla después de haberla encontrado. Voy a luchar por ella, todo lo que haga falta. Nada ni nadie podrá detenerme, ¿me entiendes?

—No siempre obtenemos lo que queremos o deseamos, a veces lo perdemos o simplemente es imposible —trató de rebatirle Aela, con unas palabras calmadas.

—Lo sé, pero también sé luchar por lo que quiero. No voy a aceptar que tengo que perder lo único que tiene sentido en mi vida ahora mismo, no sin haber hecho todo lo posible. Incluso si no es fácil, me da igual, no pienso conformarme sin haber luchado y vivir arrepentida el resto de mi vida.

Aela guardó silencio. Estaba sopesando las palabras de Bo, aquella valentía y determinación… No entendía cómo la súcubo se aferraba a algo que se iría, porque Lauren era humana, al fin y al cabo, si no la perdía ahora lo haría más tarde, pero el destino de Lauren ya estaba fijado. Aela suspiró contrariada, si hubiera alguna forma de salvar a Lauren… Tenía la necesidad de ayudar a Bo, no lo entendía, pero quería hacerlo, pero no podía hallar una forma de vencer a los Una Mens. Con Trick muerto, las posibilidades habían desaparecido. A no ser que…

—Por lo que Trick me contó —comenzó a decir Aela—, el poder de los Una Mens radica en las semillas de creación. Puesto que lo invocamos los dos, debe haber dos semillas, pero no tengo ni idea en dónde encontrarlas. Destruyendo las semillas a lo mejor los Una Mens mueran. Es una posibilidad, no lo sé.

Los ojos de Bo parecieron iluminarse de alegría o quizá fue el brillo de las lágrimas que se agolparon en sus ojos. Las esperanzas de la súcubo volvieron a elevarse y eso alimentó sus ansias de encontrar a Lauren.

—Háblame de esas semillas —le rogó Bo.

—Eso es lo único que sé de ellas.

Joder, ¿esto era una broma? ¿Por qué narices nada podía ser tan fácil? Los ojos de Bo volvieron a brillar pero esta vez fue un fulgor azul lo que se vieron en ellos. Un azul lleno de rabia. Ella empezó a caminar por todo el despacho de la Ash ante la atenta mirada de ésta.

—Tranquilízate —le pidió Aela.

Y ella se detuvo tan pronto como le dijo esas palabras. Bo suspiró pesadamente, se quedó de espaldas a Aela y se dio cuenta que frente a ella había colgada una espada en la pared. De pronto, se preguntó si esa misma espada sería la que casi acaba con la vida de Lauren. Bo no tenía forma de saberlo, pero allí estaba aquella arma de hoja ancha y reluciente, como una advertencia. Algo serpenteó dentro de Bo. ¿Y si Aela no le estaba contando la verdad?

—Me estaba preguntando —dijo mientras deslizaba los dedos sobre la hoja metálica de la espada—, ¿cómo es posible que los Una Mens, si están tratando de salvaguardar a los faes, hayan descubierto lo de Evony? Al parecer son más débiles, por alguna razón… No entiendo cómo pueden malgastar tiempo y recursos investigando lo que ha hecho un líder de los faes cuando lo importante en sí es salvar a los faes… No lo entiendo, Aela.

—No sé cómo funcionan los Una Mens, Bo, pero no le des más vueltas a eso —trató de persuadirla Aela—. Si quieres salvar a Lauren tienes que buscar las semillas de los Una Mens y rápido.

—Las semillas… —dijo Bo descolgando la espada de la pared y sosteniéndola en sus manos. Quería sentir su peso—. Quizá por eso ahora son más débiles, porque una de las semillas está destruida.

Aela iba a volver a preguntarle, de hecho, abrió la boca, pero no dijo nada. Fue rápido, no pudo reaccionar. Vio la mirada de Bo fija en ella, azul, fría, ausente… Un escalofrío recorrió su espalda y vio la hoja metálica cómo se acercaba a gran velocidad. Fue lo último que vio.

La espada atravesó la carne con demasiada facilidad. Bo sujetó con fuerza el mango del arma y se mantuvo firme en su posición mientras atravesaba el cuello de la Ash. La súcubo observó la cabeza de Aela rodar por el suelo. La mujer apretó la mandíbula sintiendo unas repentinas náuseas cuando se dio cuenta de lo que había hecho. Una ínfima cantidad de duda la asaltó de repente, pensando en la posibilidad de haberse equivocado. Pero ya no había vuelta atrás y si quería matar a Aela, tenía que hacerlo sin que ella se lo esperase. La sangre lo salpicó todo y la angustia se apoderó de Bo, deseó con todas sus fuerzas tener razón, esperaba que la semilla de los Una Mens fuera quienes los habían convocado: Trick y Aela.

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Kenzi se acurrucó en el sofá con un viejo y pesado libro que había pertenecido a Trick. Ella lo abrió lentamente y comprobó cómo las letras iban desapareciendo. Igual que los demás libros que había examinado antes, aquellos en los que el sabio de sangre había escrito. La chica no estaba segura de lo que eso significaba y menos aún de las consecuencias que aquello podía entrañar. Ella apartó el libro y lo dejó en el suelo. Se puso en pie y comenzó a caminar por el despacho de Trick en silencio, pensando.

¿Todos los destinos que el Rey Sangriento había sentenciado con su sangre iban a desaparecer? Meditó bastante con esa pregunta, hasta que su propia mente recordó un destino que había escrito Trick que por el momento no se había cumplido. La humana corrió a la mesa del tabernero y comenzó a buscar ferozmente aquel papel amarillento y viejo que había escrito el sabio de sangre para Odín.

El corazón de Kenzi latió veloz en su pecho, tan ansioso como sus ganas de descubrir si la misma suerte, que los demás escritos, había sucedido con aquella maldita profecía. El rostro de la humana se sumió en la decepción cuando extendió la hoja sobre la mesa y los trazos casi perfectos de Trick seguían dibujados en aquella hoja. Ella suspiró desganada, aferrándose a la estúpida esperanza de que quizá desaparecieran con el tiempo.

Entonces oyó un ruido detrás de ella y se giró rápidamente. Kenzi suspiró con alivio al comprobar que se trataba de Tamsin. La valquiria estaba apoyada en el marco de la puerta, con los brazos cruzados, mirándola en silencio. Para la humana fue obvio el aspecto desaliñado y cansado de la fae, y aunque en aquel momento era lo último que tenía ganas de hacer, le dedicó una sonrisa.

Tamsin solo curvó ligeramente sus labios en respuesta y comenzó a caminar hacia Kenzi. Enseguida la humana la abrazó, bordeando su cintura con sus delgados brazos, y apretando la cara contra el pecho de la detective. La valquiria pasó sus brazos sobre los hombros de la chica morena y un largo suspiro se escapó de sus labios. Después de todo lo que había pasado, abrazar a Kenzi se sintió como llegar a casa después de aquel día infernal.

Sin embargo, dejaron que sus mentes vagaran demasiado rápido hacia la calma que ofrecía el calor de sus cuerpos juntos y el confort de aquella cercanía. Todo se rompió cuando Tamsin levantó los ojos y vio que la hoja que Kenzi había dejado sobre la mesa estaba brillando. La valquiria se separó con cuidado de la humana y ésta rápidamente se dio cuenta de qué fue lo que llamó la atención de la rubia.

La mano de la chica gótica se aferró a la de Tamsin con fuerza mientras ambas se acercaban a la mesa del despacho. Instintivamente, la valquiria se posicionó frente a Kenzi como gesto protector, pero cuando dieron algunos pasos más, la hoja dejó de brillar. Ambas se quedaron mirando hacia allí con curiosidad, pero a la vez con cierto temor.

—¿Qué pasa? —preguntó Kenzi, cuyos ojos solo alcanzaron a ver los mismos garabatos de antes sobre aquel viejo papel.

—Ha cambiado —respondió Tamsin mientras fruncía el ceño confusa.

—¿Qué? ¿Es eso posible?

La valquiria de pronto se había quedado en silencio para desgracia de los nervios de Kenzi. La humana observó cómo los verdes ojos de la otra estaban fijos en aquellos nuevos garabatos que ella no podía entender.

—¿Tam? —insistió la gótica.

—«Espera al Amanecer —comenzó a leer la valquiria—, cuando los Hijos de Heimdal despierten como hermanos y hermanas. Cuando el Monarca se encuentre en el Crepúsculo, la sangre se derramará sobre la tierra y el Crepúsculo se alzará libre en el ocaso del rey. Entonces renacerá el mundo».