NOTAS: Ha pasado mucho tiempo. Siento mucho la espera. Antes de nada, quería agradecer algunos comentarios que me han llegado, me alegra mucho que les haya gustado el capítulo anterior y espero que les guste este. También, me gustaría desearles que todo les vaya bien y que si no es así, que mejore, les aseguro que las cosas mejoran. Esta vez no me enrollo: disfruten del capítulo y muchas gracias por seguir leyéndome (ya queda poco para terminar y la próxima actualización será muy pronto). Espero sus opiniones.

PD: También espero que este capítulo ayude a sobrellevar la ausencia de nuestra querida serie :(

PD2: Tengo un proyecto personal que seguramente les contaré muy pronto, por ahora pueden visitar mi página en Facebook "JenMDLetras", y si os apetece dejar un LIKE, os mandaré mucho amor y os querré eternamente *corazones*. También estoy en wattpad, soy "JenMDz".

ÚLTIMA COSA IMPORTANTE: Este capítulo me costó muchísimo escribirlo, me resultó muy difícil desarrollar algunas escenas. He tenido poco tiempo para revisarlo, así que si veis un error o algo extraño, podéis decírmelo sin ningún problema, como siempre, os lo agradeceré mucho.


Lauren iba a gritar, pero ningún sonido salió de su garganta. Enseguida, Evony se posicionó delante de la humana. Fue algo instintivo que la líder de las Sombras ni se planteó. A pesar de que sería una locura pensar que salieran victoriosas de un enfrentamiento contra uno de esos Una Mens. Demasiado bien estaba saliendo aquella huida como para esperar que sus captores hubieran sido humanos. Sin embargo, tan rápido como aquel ser se había postrado entre ellas y la salida, se desplomó sobre el suelo. Evony y Lauren miraron atónitas lo que estaba sucediendo mientras el cuerpo del Una Mens se comenzaba a convertir en polvo.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Lauren totalmente confusa.

—Está muerto.

—¿Es eso posible?

—Es raro, pero quién somos nosotras para juzgar lo que la suerte nos ha dado —dijo Evony con cierta euforia.

Ambas mujeres se miraron con cierta incredulidad, pero antes de que echaran a correr hacia la salida, una voz resonó por la galería:

—¡Lauren!

—¿Bo? —dijo la doctora, que comenzó a mirar hacia todas partes, buscando la procedencia de aquella voz.

—Joder —dijo con cierta ironía Evony—, si no estuviéramos en medio de un apocalipsis, te diría que te compraras un número de lotería. Vaya suerte te gastas, doctora.

No había demasiada luz en aquel corredor, pero pronto se pudo diferenciar la figura de una mujer entre las penumbras, caminando a paso ligero hacia Lauren y Evony. La humana no dudó ni dos segundos en dejar atrás a la Morrigan y correr hacia su novia.

—Oh, dios, Bo —murmuró cuando la súcubo la envolvió entre sus brazos.

Lauren no fue capaz de decir nada más en algunos minutos. Había pasado tanto miedo en aquella infernal cueva, pensando que jamás iba a volver a verla y que iba a morir allí, que abrazarla pareció hacerle entender que todo había sido solo una pesadilla.

—¿Cómo sabías que estábamos aquí? —preguntó con suspicacia Evony, que había llegado hasta donde estaba la pareja.

—Él me ayudó —dijo Bo sin soltar a Lauren—. Un amigo de la Ash —explicó justo cuando Theodore asomó y se hizo visible para Evony.

—Ah… Por supuesto —exclamó la Morrigan como si todas las piezas del puzle acabaran de encajar—, mi sospechosa número uno. Sabía que ella estaba detrás de todo esto, pero ¿tú? —dijo ella con rabia mientras lo señalaba con el dedo.

—Señorita, Fleurette —respondió él con una ligera reverencia.

—Theodore —dijo ella, negando con la cabeza—, siempre elegiste muy mal tus amistades y tus alianzas.

Evony observó detenidamente el estado de aquel viejo conocido. Hacía algunos siglos que no sabía nada él y ciertamente no se esperaba encontrarlo en aquel momento. Menos en aquel estado: maniatado, sucio y con varios golpes en la cara. Ella siempre lo había recordado como un hombre tremendamente pulcro y que cuidaba de su imagen con esmero.

—Ha pasado algún tiempo —añadió él.

—Ciertamente —contestó ella—, recuerdo que te gustaban mucho las orgías que organizaba. Todo era mucho más divertido antes de la Gran Guerra Fae, he de decir, pero ya veo que tú siempre encuentras formas de diversión. Jamás imaginé que acabarías encadenado a merced de una súcubo, aunque he de admitir que tiene su punto —señaló con cierta diversión.

—Era prisionero de Aela, por alguna razón que ya averiguaremos más tarde —dijo de pronto Bo, quien ya se había separado de Lauren—. Ahora debemos irnos de aquí.

La súcubo agarró con rabia las cadenas que rodeaban las muñecas de Theodore y miró hacia Lauren y luego hacia Evony.

—Los Una Mens han muerto.

Ante aquella revelación de Bo, Lauren sintió cierto alivio. Era normal, porque ella no conocía demasiado la historia de los Una Mens, pero ese no era el caso de Evony. La líder de las Sombras miró con estupor a la súcubo y un escalofrío recorrió su espalda. Había algo en la mirada de Bo, algo siniestro…

—Mierda, súcubo, ¿qué diablos has hecho? —se horrorizó Evony.

—Matar a Aela —le respondió sin rodeos.

—No voy a ser yo quién juzgue esa decisión, si tuviera mi whisky aquí hasta brindaría contigo —dijo la otra mujer, encogiendo los hombros. No estaba segura si la muerte de la Ash era un alivio o no, Aela era un arconte y no era cualquier tipo de fae que una simple súcubo como Bo pudiera matar fácilmente.

—¿Cómo? —exclamó Lauren sin terminar de procesar lo que había dicho Bo.

—Lo sé, pero no tenía elección, eras tú o ella.

—Pero… Bo… —replicó la humana con la voz temblorosa y agarrando el brazo de su novia con fuerza.

—Lauren —intervino Evony con cierta frialdad—, esa tía era una zorra, y no soy quién para decirlo, es cierto, pero no dudó ni un segundo en matarte si con eso conseguía lo que quería: quitarme del medio.

—No defiendas lo que hice —protestó Bo con gesto serio.

—¿Tenías otra opción, Bo? —le replicó Evony—. Acostúmbrate, estamos en una guerra y todo se está yendo a la mierda más rápido de lo que me gustaría, vas a tener que tomar decisiones difíciles si quieres jugar a los héroes y no todo te lo solucionará Trick.

—Trick… —comenzó a decir Bo con cierta dificultad. Sus dedos se aferraron con más fuerza a las cadenas que sujetaba, sintiendo la ira recorrerla—. Trick está muerto.

—Joder… —maldijo Evony, en otra circunstancia le hubiera importado más bien poco la suerte de ese tabernero, pero en aquel instante, con el sistema fae desmoronándose y los humanos dándoles caza, era el peor de los momentos para perder a más faes importantes—.Tenemos que ir a un santuario y tengo que ponerme en contacto con el resto de ancianos y líderes que queden con vida —dijo con total seriedad—. Espero que no sea demasiado tarde.

—Humanos, faes rebeldes… La situación está jodida —dijo Bo.

Lauren miró atentamente a su novia. La súcubo apenas le había mirado y ella sabía que aquello le estaba afectando demasiado a Bo. Su interior se estremeció de dolor pensando en todo lo que estaba ocurriendo y en todo lo que estaría sufriendo la mujer que amaba. Ella solo pudo aferrarse al brazo de Bo y ofrecerle un gesto de apoyo y confort, y Lauren vio cómo la súcubo se dio cuenta de ello e intentó sonreírle cómo agradecimiento. Aunque, por supuesto, aquello no sería suficiente para calmar a la súcubo. Debajo de aquella capa de frialdad y serenidad que mostraba Bo, Lauren sabía que se encontraba todas las emociones opuestas a esas.

—Es el Ragnarok, la profecía se está cumpliendo —intervino Theodore de pronto.

—Oh… vaya —exclamó Evony con cierta burla, aquel comentario le pareció de lo más absurdo—, nadie me avisó de una profecía y yo con estas pintas.

—¿Qué sabes tú de eso? —le preguntó Lauren con rapidez.

—Todo, llevo preparándome por siglos para este momento, buscando a El Monarca…

—Y convenciste a Aela de que era ella… —dijo Bo con desaprobación. La súcubo dejó salir un bufido mientras le dirigía una mirada de desprecio al hombre de pelo canoso—. En fin, ¿qué va a suceder ahora según esa maldita profecía?

—En el Ragnarok, una larga noche cubrirá la Tierra. Jamás volveremos a ver la luz del sol hasta que llegue el Amanecer y renazca el nuevo mundo —les explicó él con un tono serio y alarmante.

—Interesante… —dijo Evony bastante molesta de que estuvieran haciendo caso a los disparates que estaba diciendo aquel hombre, al menos es eso lo que ella pensaba—. ¿Vamos a seguir conversando en esta cueva mugrienta? ¿Queréis que traiga unas cervecitas también?

Bo la miró de mala manera, observando cómo la líder de las Sombras comenzaba a alejarse de ellas, hacia la salida.

—¿Confías en ella, Lauren? —le preguntó la súcubo en voz baja.

La humana rozó con su mano la de Bo y suspiró pesadamente. Le estaba costando pensar con claridad. Sin embargo, miró hacia los ojos de su novia y asintió lentamente.

—Es una de los líderes faes más importantes que quedan con vida, tiene innumerables conocimientos de los faes: su historia, su jerarquía… Y… me ayudó a escapar —añadió Lauren, y eso fue suficiente para Bo.

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Kenzi suspiró. Lo menos que necesitaban en aquellos momentos era precisamente eso. Nadie sabía a ciencia cierta cuál fue el suceso que hizo que la profecía que escribió Trick para Odín cambiara. Sus ojos miraron a Tamsin y luego a Dyson. Ambos se gritaban y gesticulaban exageradamente mientras discutían. La humana dejó que su vista vagara por el estudio de Trick y por todas las estanterías llenas de libros, frascos, pergaminos… No, aquello no la estaba relajando.

—¿Por qué lo hiciste, Dyson? —gritó la valquiria.

—No podía más con este amor que sentía por Bo —le dijo acompañando sus palabras de un ligero gruñido.

—¿Y acaso te sientes mejor ahora? —le incriminó ella, chillando de tal forma que sus palabras terminaron por quebrarse. Kenzi tuvo que sujetar el brazo de Tamsin en ese momento, temerosa de que se abalanzara sobre Dyson.

—Tamsin —le dijo intentando calmarla. Su voz sonó todo lo tranquila que pudo emitirla—. Hacemos cosas terribles en medio de nuestro dolor y nuestros celos.

La fae la miró durante unos segundos, sopesando sus palabras, y luego a Dyson, con rabia. Si él había provocado que la profecía cambiara al liberar el poder de Bo, si él la había puesto en peligro… Tamsin cerró con fuerza su puño y este tembló de ira. Tuvo que controlarse para no estamparlo en la cara del lobo. ¿Cómo pudo hacerle caso a Odín después de todo lo que sabía de él, después de tenerlo prisionero en el Valhalla, después de conocer lo peligroso que era? Menos mal que Trick estaba muerto y no tenía forma de saber sobre la traición de Dyson.

—Vamos, Tamsin, Bo está bien, no le ha pasado nada —insistió él en un tono más apaciguado—. Esto solo la ha hecho más poderosa.

Ella bufó con desprecio, retirando la vista hacia otro lado que no fuera aquella maldita mirada de Dyson. Kenzi seguía pidiéndole entre aquel azul de sus pupilas que se calmara y ella no pudo sino alejarse de la humana lanzando un grito de frustración.

—No trates de justificar sus actos, Kenzi —le recriminó la valquiria—, él pudo haber sentenciado la vida de Bo. ¡Tu amiga puede morir por su culpa! —terminó de decir gritando mientras lanzaba una silla al suelo de una patada.

—¡No lo estoy justificando! —protestó ella alzando los brazos con exasperación. Aquella situación estaba poniendo sus nervios cada vez más alterados—. Pero sabes que Dyson nunca le haría daño a Bo, Odín sacó ventaja de esta situación. Tú conoces al padre de Bo mejor que ninguno.

Tamsin volvió a golpear la silla con más rabia que antes. El objeto salió disparado y se estampó contra la pared con gran estruendo. Ella no estaba pensando en el dolor que produjo aquel gesto en su pie, estaba pensando en que Kenzi tenía algo de razón. Tamsin no podía ignorarlo porque aquello que ella hizo por culpa de Odín había marcado su vida para siempre. ¿Cómo iba a ser capaz de juzgar los actos de Dyson si ella misma había matado a Sigurd, el hombre que amaba, por culpa de Odín?

—¡Cabrón, hijo de puta! —gritó la valquiria mientras estrellaba sus dos puños sobre la mesa del despacho de Trick—. ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Maldito seas, Odín! —chilló con todas sus fuerzas mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

El rostro de Dyson se tensó. Él apretó con fuerza la mandíbula, tratando de mantener el talante, pero un solo suspiro de agonía lo traicionó y sus ojos pronto se nublaron por las lágrimas. No pudo aguantar más. De lo más profundo de su garganta un rugido rompió el breve silencio que se había formado. Su respiración se aceleró y la rabia lo recorrió de arriba a abajo. Él quería hacerle pagar a Odín, él quería vengarse, él quería enmendar su error, pero realmente no podía hacer nada. Al darse cuenta, otro rugido salió de su garganta mientras golpeaba la pared cercana con su puño.

—Chicos —intervino Kenzi, no pudiendo quedarse allí cómo espectadora mientras ellos dos destrozaban la habitación—, Trick ha muerto, Lauren está perdida y se está formando el apocalipsis y no es tan guay como parece en las películas. —Hizo una pausa tratando que las emociones que se acumulaban en su garganta no quebraran su voz—. Tenemos que estar juntos. El Dal está lleno de personas que necesitan ayuda. Y sí, todos estamos muy alterados y están pasando muchas cosas, pero tenemos que permanecer fuertes… unidos… —Ella apretó los dientes con fuerza. Ya no podía seguir hablando.

Tamsin levantó la mirada y vio el rostro de Kenzi: las lágrimas comenzaban a bajar por sus mejillas, sus labios temblaban…

—Kenz —susurró acercándose a toda prisa a la humana. No le importó nada más sino reconfortarla.

Kenzi apretaba los puños con fuerza y su cuerpo temblaba ligeramente cuando los brazos de Tamsin la rodearon. Ni siquiera había tenido oportunidad de asimilar la muerte de Trick, ella no había asimilado nada de lo que estaba pasando; simplemente se había sentido terriblemente asustada de repente. Hundió la cara en el cuello de Tamsin y no le importó parecer una estúpida y débil humana.

—Debí ser más fuerte —dijo Dyson con voz apagada, lleno de culpa y rabia—. Lo siento mucho. Os he fallado.

—No importa —respondió Kenzi levantando la cabeza y separándose de Tamsin—. No importa lo que pase —insistió mientras limpiaba sus lágrimas con las manos—, lo vamos a superar y luego vamos a emborracharnos hasta perder la razón, todos juntos. Será la maldita fiesta del siglo, ¿vale? —les dijo con una sonrisa temblorosa.

Tamsin y Dyson miraron a Kenzi en silencio y asintieron lentamente. Ella se acercó a ellos y colocó sus manos sobre un hombro de cada uno.

—Ahora más que nunca tenemos que estar junto a Bo —dijo la humana sin borrar la sonrisa nerviosa de su boca—. Y yo os quiero muchísimo a los dos y necesito que estéis bien.

La humana los miró a los dos en silencio y en su boca pareció estar la sonrisa más encantadora de todas. Por eso, los otros dos también sonrieron.

—¿La vas a besar tú o lo hago yo? —bromeó Dyson, mirando de soslayo a Tamsin.

—Atrévete a poner una de tus pezuñas sobre Kenzi y me hago un abrigo con tu pelaje —le dijo dirigiéndole una mirada de desprecio—. Y que sepas que vas a pagar todas las rondas después de que termine todo esto —acabó de decir dándole un codazo en un costado.

—Lo haré —le respondió con una carcajada, llevando una mano al costado que Tamsin había golpeado. Realmente no le importaba el golpe después de ver cómo la valquiria se había ruborizado por ese comentario.

—Dyson, has hecho que mi chica se sonroje —dijo Kenzi con cierta diversión mientras observaba las mejillas de Tamsin cada vez más rojas.

—¡Mentira! —protestó ella tratando de disimular—. ¡Callaos los dos!

Kenzi y Dyson rompieron a reír para enardecer la molestia de Tamsin. Ella bufó con malhumor y se giró hacia el otro lado dándoles la espalda. Sin embargo, cuando su vista se posó en la entrada del despacho, sí que se puso de malhumor. Allí estaba Hale, en silencio. La valquiria deseaba que hubiese escuchado el «mi chica» de Kenzi, y tan solo con pensarlo, una sonrisa arrogante asomó en la boca de Tamsin.

—El ratón salió de su madriguera —dijo ella sin apartar la mirada de Hale.

—Encantado de verte a ti también, Tamsin —le respondió él con cierto desdén.

—¡Hale! —exclamó Kenzi con alegría y enseguida fue a abrazarlo—. ¿Dónde narices te habías metido? —le incriminó ella cuando estuvo en sus brazos.

—Mi familia se encargó de poner a muchos faes de la nobleza a salvo ofreciéndoles refugio —se excusó él—, pero no me olvido de mis amigos, por eso estoy aquí. Vosotros también tenéis que poneros a salvo.

—Eso hacemos aquí —dijo la humana separándose ligeramente de Hale para mirarlo—. Estamos en santuario.

—Esto no es seguro —replicó el hombre, esta vez buscando la mirada de Dyson, él lo entendería mejor—. Hay faes rebeldes, para ellos esto no significa nada.

—¿Qué propones? —dijo su amigo.

—El refugio de mi familia. El clan Zamora puede acogeros, he convencido a mi padre de ello —respondió Hale con determinación—. Incluso a ti, Tamsin.

—¿Me tengo que sentir halagada? —bufó ella molesta—. No pinto nada en territorio de las luces y menos con… —Ella carraspeó, quizá conteniendo la verdadera palabra que quería decir— tu familia.

—Es una opción —comentó Dyson—, quizá es más seguro para Kenzi…

—¡Ni hablar! —protestó la humana separándose bruscamente de Hale—. No me voy a mover del lado de Bo.

—Estamos en medio de una guerra, es lo mejor para ti —insistió el sireno.

—¡No! —dijo ella dando un paso hacia atrás y negando con la cabeza—. ¡Ni hablar!

—Kenzi… —intentó convencerla Dyson.

—¡Que no! —gritó ella con bastante enfado. Enseguida buscó con la mirada a Tamsin, quizá con temor de que también la obligara a irse con Hale.

La valquiria le devolvió una mirada sin emoción alguna y su gesto era serio. La mujer cruzó los brazos sobre su pecho y tensó la mandíbula mientras observaba a la humana. Era cierto que con Hale podría estar segura, pero Tamsin no podía quedarse tranquila si Kenzi estaba lejos de ella, no con lo que había sucedido con Massimo y menos aún con la inminente amenaza de Odín. ¿Qué pasaba si alguna valquiria conseguía infiltrarse en el refugio de la familia Santiago para asesinar a Kenzi o si había algún traidor? Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Tamsin. Ella no podía acompañarla porque tenía que quedarse con Bo y no creía que Bo fuera a esconderse con todo lo que estaba sucediendo.

—Ni hablar —dijo tajantemente—, Kenzi no se mueve de mi lado.

—¿Te has vuelto completamente majara? —le reprochó Hale—. Hay faes rebeldes y el santuario puede funcionar con los nuestros pero si al ejército humano le da por bombardear este edificio, no creo que ningún hechizo de protección pueda contra eso. He dicho que puedes venir con nosotros.

—Pero yo no voy a dejar a Bo —volvió a repetir Kenzi.

—Podemos esperarla y luego nos vamos todos —dijo él.

—¿De verdad crees que Bo va a ir corriendo a esconderse? —le espetó Tamsin.

Antes de que Hale pudiera responderle, Antalya asomó por la puerta de la estancia y toda la atención se la llevó ella:

—Bo ha vuelto con Lauren —dijo.

Todos se olvidaron de lo que estaban discutiendo y subieron a la planta superior del Dal con rapidez. Kenzi abrazó a Bo en cuanto la vio y Tamsin fue a examinar el estado de Lauren; sin embargo, pronto todas las miradas se fijaron en las otras dos personas que acompañaban a las mujeres: Theodore y Evony.

—Vaya —exclamó Tamsin al ver a su líder, o a la que había sido su líder antes de que estallara la revuelta—. Creo que debería estar encadenada ella en vez de este señor —dijo cuando se fijó en que Bo traía a Theodore como prisionero.

—Siempre te gustó verme encadenada, querida —comentó Evony con tono sugerente mientras dejaba una suave caricia sobre el brazo de la valquiria.

—¿Qué significa esto? Esta mujer casi me mata —dijo Kenzi molesta, golpeando la mano de Evony para alejarla de Tamsin. La valquiria no pudo evitar sonreír ante ese gesto.

—Evony está con nosotros —explicó Bo—. Y Theodore era prisionero de Aela por algún motivo. —La súcubo clavó la vista en Dyson y suspiró recordando lo que él había hecho, pero aun así, trató de darle una oportunidad. Así que no le dijo nada.

Dyson sonrió levemente, pero pronto tornó su rostro a serio cuando sus ojos se cruzaron con Evony. Por mucho que Bo dijera que estaba con ellos, desconfiaba de esa mujer. Él sabía a la perfección el historial que tenía ella. Por su parte, Evony le devolvió una mirada de desprecio al lobo y simplemente rodó los ojos, ignorándolo.

Bo suspiró mientras veía las reacciones de Dyson y Evony. Prefirió no decir nada y centró su atención en Lauren:

—¿Seguro que estás bien? —le preguntó con preocupación. Lauren, que estaba observando el alboroto que había en el Dal, de pronto miró a la súcubo y asintió en silencio.

—Tenemos que hacer algo.

—Lo sé, Lauren —dijo la súcubo desviando la mirada hacia Theodore.

—Se acerca el momento —respondió él y todos atendieron a lo que tuviera que decir—. Solo se puede esperar a que todo pase tal y cómo dice la profecía.

—No recuerdo que fueras tan lunático, querido —no pudo evitar comentar Evony mientras rodaba los ojos.

—¿Por qué Aela te tenía prisionero? —le preguntó Bo totalmente seria.

—Se estaba empezando a volver un poco paranoica…

Ante esa respuesta, Bo tiró con fuerza de las cadenas que sujetaban las manos de Theodore y lo acercó a ella con brusquedad. Todos se quedaron en silencio observando a la súcubo, con cierto asombro.

—¿Quieres que vuelva a forzarte a hablar? —le amenazó. Los ojos de Bo comenzaron a brillar con un azul peligroso.

—No… no… —respondió él con cierto temblor en la voz, recordando lo que sintió cuando Bo lo había tocado no hace mucho tiempo, sin embargo, no fue capaz de decir nada más.

—¡Qué hables! —gritó la súcubo sin importar perturbar a las demás personas que estaban en el Dal, ni siquiera prestó atención a las miradas de preocupación de sus amigos.

Theodore agachó la mirada y tomó aire profundamente. De pronto sus manos comenzaron a temblar ligeramente y gotas de sudor resbalaron por su frente.

—Ella descubrió que yo… fui yo el que ayudó a las valquirias para que se cumpliera la profecía…

—¿Tú has estado detrás de todo esto? —dijo alguien entre la multitud que abarrotaba el Dal.

—¡Por su culpa estamos en guerra! —gritó otro.

—¡He perdido a mi mujer! —gritó alguien más.

—¡Esperad! —chilló Bo, silenciando a todo el mundo—. Dejemos que siga hablando y se explique.

—Usamos el poder y la influencia de Ryan Lambert —continuó diciendo el hombre—, las valquirias lo obligaron a hacer todo. No fue muy difícil aprovecharnos del pasado de Dögun para poder implantar poco a poco ideas revolucionarias entre los faes… ¡Si incluso teníamos a la súcubo sin bando!

—¡Maldito hijo de…! —dijo Tamsin a punto de lanzarse sobre el hombre. Por suerte, Dyson pudo agarrarla antes de que moliera a golpes a Theodore.

Aquello llenó el Dal de bullicio. La gente estaba asustada y consternada. Muchos no entendían lo que estaba pasando, ni las causas que originaron la guerra. ¿Cómo habían descubierto los humanos a los faes? ¿Cómo era posible que hubieran caído todos los poderes faes?

—Es verdad —dijo de pronto Antalya—, el propósito de Odín era abrir de nuevo el portal. Yo tenía que buscar a una súcubo rebelde que estaba emparentada con el Rey Sangriento, no sabía más del tema, ni por qué era importante, pero tenía que traerla a la ciudad.

—¿Aife? —exclamó Bo sorprendida—. ¿Para qué diablos es importante Aife?

—Es tu madre, Bo —señaló Lauren.

—Pero jamás se acercaría a ese maldito de nuevo.

—Ella nos dijo que podría abrir el portal —volvió a hablar Theodore.

Acto seguido, el bullicio del Dal se incrementó. El gentío estaba demasiado confuso con lo que estaba pasando. Algunos no sabían quién era Odín, otros comenzaron a contar algunas leyendas sobre aquel nombre.

—¡Es el fin! —gritó alguien.

Dyson, Hale, Bo y Lauren trataron de calmar a algunas personas, pero todos estaban demasiado asustados.

—Estupendo, Odín, el que faltaba en la fiesta —bufó Evony, que prefirió buscar una botella de brandy detrás de la barra para relajarse, ignorando el alboroto que se estaba formando.

Kenzi se agarró al brazo de Tamsin instintivamente y esta dio un paso hacia atrás alejándose del grupo. Antalya la imitó y compartió una mirada de preocupación con la otra valquiria. Lo último que necesitaban era que todo el mundo perdiera los nervios.

De pronto, se escuchó un trueno, pero no un trueno cualquiera, fue un estruendo que hizo temblar el suelo, las paredes y todos los muebles del Dal durante unos largos segundos. Todo el mundo se quedó en silencio.

—¿Tamsin? —dijo Kenzi, fue lo único que se escuchó—. ¿Estás bien? —insistió preocupada cuando sintió que la valquiria se había quedado rígida.

Tamsin se alejó de Kenzi de pronto. Sintió una opresión fuerte en su pecho y sus ojos se oscurecieron durante algunos minutos. Exactamente lo mismo le ocurrió a Antalya. Todos las miraron entre asustados y sorprendidos.

—¿Qué diablos está pasando? —preguntó Bo.

Ambas valquirias se miraron con el rostro serio y sus ojos ennegrecidos.

—Hemos sido convocadas a una batalla —explicó la valquiria de pelo naranja con una voz más grave de lo habitual.

—Han pasado muchos siglos desde que… —comenzó a decir Tamsin, pero pronto se calló.

—Odín… El portal… —jadeó Antalya asustada.

—El portal está cerrado —dijo con Bo. Su corazón comenzó a latir a toda velocidad lleno de terror—. Tamsin, el portal está cerrado, ¿verdad?

—¡No lo sé! —gritó ella desesperada—. ¡Solo nos puede convocar Odín!

—¿Es posible que alguien pudiera abrir el portal? —preguntó Evony mientras meneaba su vaso repleto de alcohol—. Cualquier valquiria podría haberlo hecho, no hace falta dramatizar. Además, si Aife decía que podía hacerlo…

—¡No! —dijo tajantemente Bo—. Trick me explicó que para abrir el portal la primera vez necesitaron un artefacto construido por los lokis y que él mismo lo selló con su sangre…

—¡Qué más da! —exclamó Tamsin con exasperación—. Odín nos ha convocado, su poder aquí se ha incrementado.

—Pero… —dijo de pronto Antalya—. Yo no siento la obligación a obedecerlo.

Tamsin miró inmediatamente a Kenzi y su cuerpo se estremeció al verla. Era verdad lo que decía Antalya, el vínculo con Odín no era tan fuerte.

—Entonces, tenemos una oportunidad contra él, su vínculo con las valquirias es más débil, podemos aprovecharlo —dijo Bo—. ¿Qué sabemos sobre el portal?

—Cuando el portal se abra —explicó Antalya—, primero saldrán las valquirias y luego todos los guerreros de Odín. Si el vínculo de Odín con las valquirias es más débil, Tamsin y yo podemos ponerlas de tu parte.

—Bo, esto es una locura —dijo Hale de pronto—. Deberíamos ponernos a resguardo, hay una batalla ahí fuera entre humanos y faes.

—La guerra será peor si el ejército de Odín sale del portal —dijo Tamsin.

—Estamos jodidos —comentó Evony y acto seguido dio un largo trago a su vaso.

La Morrigan lo sabía bien, ella recordaba a la perfección cómo fue la batalla con Odín en el pasado. Fue la única vez que todos los faes se unieron por un bien común. Fue muy difícil encerrarlo en aquel portal y ella no quería pensar en cómo sería esta vez con todo el sistema fae destrozado y los humanos masacrando a su especie. Evony siguió bebiendo intentando no pensar en que aquello era realmente el fin de los tiempos. Ella miró a la «chupi-pandi» metidos en una discusión unos con otros, deseó que ellos tuvieran una solución a todo esto.

—¿Bo Dennis? —dijo un muchacho que se había acercado al grupo desde la multitud que se refugiaba en el Dal.

—Sí —respondió ella, mirándolo fijamente.

—Tú fuiste la primera rebelde, la que no eligió bando —dijo el chico—. Algunos faes te admiramos por ello y nos sorprende que hayas llegado tan lejos. Muchos pensábamos que acabarían contigo en apenas unos días, pero todos nos equivocamos.

—Ojalá hubiéramos sido valientes como tú —dijo otro hombre a su lado.

—Si hubiéramos alzado la voz en vez de escondernos por miedo… —los acompañó una mujer esta vez.

—Queremos ayudarte —habló el muchacho de nuevo—. Queremos terminar con este sufrimiento.

La súcubo miró a los ojos de cada una de las personas que se le habían acercado. Luego desvió la mirada hacia sus amigos. Su corazón latía rápidamente en su pecho y mentiría si decía que no estaba asustada. Sin embargo, ese era el momento, Trick no iba a decirle lo que tenía qué hacer, ni siquiera sus amigos se lo dirían. Ella tenía que ir hasta el portal y cumplir para bien o para mal la profecía.

—Hale, Evony —les dijo Bo—, los dos fuisteis líderes de los bandos, los dos tendréis que trabajar juntos para organizar a los faes y pactar una paz con los humanos. —Incluso entre el murmullo de la gente, Bo pudo escuchar el bufido de Evony, pero ella no dijo nada al respecto, le molestaba trabajar con Hale, aunque sabía que era necesario hacerlo—. Lauren y Kenzi, os quedaréis aquí con Theodore y con la gente que necesite ayuda. Los demás, y los que quieran luchar, vamos a ir hacia el portal y a terminar de una vez por todas con todo esto.

Bo dio un paso al frente, decidida. Ya no sentía tanto miedo, solo adrenalina por sus venas, llenándola de vitalidad. Por fin sabía con exactitud lo que tenía que hacer:

—Faes y humanos, vivimos en el mismo lugar —les dijo a todos—. Tenemos que buscar la forma de coexistir. ¡Los faes necesitan a los humanos y los humanos a los faes! Si trabajamos juntos podemos vivir en un lugar mejor, pero tenemos que cambiar las cosas. —La súcubo comenzó a caminar entre la multitud con paso firme—. Miraos. Trabajando juntos, todos en un mismo lugar… ¿No son luces y sombras solo malditos prejuicios, creencias inculcadas a todos los faes desde su nacimiento? ¿No pueden los faes y los humanos convivir bajo el mismo techo? —Se escucharon de pronto varias voces dándole la razón a Bo—. ¿Por qué los faes tienen que seguir escondiéndose? ¿Por qué los humanos tienen que ser sus esclavos? ¿Por qué humanos y faes no pueden ser algo más que dueño y propiedad? Mirad a vuestro alrededor, a esto nos ha llevado este sistema, a enfrentarnos a unos contra otros, faes, humanos… ¿Seguimos luchando, matando a inocentes, haciendo sufrir a nuestros seres queridos, destruyendo nuestro hogar o buscamos una solución?

Tan pronto como Bo terminó de decir aquellas palabras, el Dal se llenó de gritos de júbilo y apoyo. Muchos estaban dispuestos, incluso, a acompañar a la súcubo hacia el portal. Theodore sonrió, estaba realmente impresionado por Bo y empezó a pensar si la Monarca sería realmente ella. Otros, en cambio, no estaban tan entusiasmados con todo aquel asunto:

—Bo. —Lauren agarró el filo de la camisa de la súcubo y la detuvo—. ¿A dónde crees que vas otra vez?

Bo se giró y la miró a los ojos. Aquella mirada aguada hizo que el latir de su corazón se volviera demasiado doloroso.

—¿A salvar al mundo de nuevo? —intentó bromear ella con una sonrisa, pero la mirada de Lauren fue muy triste.

—No puedes dejarme aquí —le dijo con molestia.

—Sí, ni te pienses que te vamos a dejar sola en esto —le reprochó Kenzi.

—Ella no estará sola —las interrumpió Tamsin.

—¿Las dos queréis matarme, no? —les gritó Kenzi a ambas mujeres.

—Tengo que hacerlo, no puedo dejar que mi padre regrese —insistió Bo.

—¡Qué no! —gritó Kenzi con los ojos llenos de lágrimas.

La humana no dudó un segundo en abalanzarse sobre Bo, que perdió por un momento el equilibrio, pero finalmente consiguió mantenerse en pie con Kenzi abrazada a ella.

—Kenzi, no va a pasar nada —intentó tranquilizarla la súcubo.

Fue Tamsin quien separó a la humana de Bo y trató de tranquilizarla. La abrazó con fuerza y la alejó un poco para dejar que Bo pudiera hablar con Lauren antes de que partieran hacia el portal.

—Lauren… —empezó a decir la fae.

No obstante, los labios de la humana la callaron. No había nada que pudiera decir Bo que tranquilizara a Lauren y nada que dijera Lauren que evitara que Bo se enfrentara a su destino. Así que solo quedó ese beso y sus labios buscándose con intensidad, moviéndose lentamente uno sobre el otro… Hasta que Bo separó su boca con delicadeza.

—Ya sabes que siempre regreso —le dijo con una sonrisa, apoyando su frente sobre la de Lauren.

—Lo sé —le respondió ella. Se quedó así, durante unos segundos, en silencio—. Te quiero, Bo Dennis.

—Lo sé —respondió ensanchando aún más su sonrisa—. Yo también te quiero, Lauren Lewis.

Compartieron otro beso, mientras la gente a su alrededor se preparaba para salir. Dyson las miró a lo lejos y no sintió nada. Creyó que Odín había cumplido su promesa de liberarlo del amor de Bo, pero liberarse de ello no lo hizo sentir mejor. Se sentía decepcionado consigo mismo por haber escuchado al padre de Bo. El lobo gruño de una forma casi inaudible y se centró en preparar a la gente que les iba a acompañar hasta el portal. Él lucharía al lado de Bo hasta su último aliento si hacía falta, ya no la iba a decepcionar más.

No lejos de allí, Hale estaba inmerso en la misma tarea que su amigo. Él conocía a algunas personas que estaban dispuestos a acompañar a Bo y trataba de darles ánimos. Así mismo lo hizo con Dyson, cuando quedaron frente a frente:

—Odio quedarme haciendo política —dijo el sireno.

—Lo necesitamos para después de que acabe todo esto —le respondió su amigo.

—Lo sé, tened cuidado ahí fuera —dijo dándole unas palmadas sobre el hombro a Dyson.

El lobo sonrió a su amigo y se percató que la mirada de Hale estaba fija en algún punto detrás de él. Cuando Dyson se giró, se dio cuenta que Hale estaba mirando a Tamsin y Kenzi.

—¿La amas? —le preguntó. Después de unos segundos de silencio, él respondió:

—Sí.

—Ella es feliz con Tamsin y créeme, los sentimientos de Tamsin por Kenzi son verdaderos. Kenzi estará bien.

Y eso parecía, mientras la valquiria sujetaba las manos de la humana, intentando tranquilizarla. Pero Kenzi era un manojo de nervios en ese momento:

—Tamsin, prométeme que no dejarás que a Bo le pase nada —le pidió con tono alterado.

—Kenz, te prometo que Bo sobrevivirá… y que volverás a ver a esta valquiria con cuerpo de infarto —bromeó para intentar que la humana se relajara un poco.

Kenzi sonrió. Sus labios temblaron de miedo y quiso buscar el refugio entre los brazos de Tamsin. La humana enterró la cara sobre el pecho de la valquiria, escondiendo algunas lágrimas que rodaron por sus mejillas, pero siguió sonriendo.

—Ya deberías de saber lo que me encanta cada rincón de tu cuerpo —susurró Kenzi, palabras que solo quería que escuchara Tamsin—. Tú en general me encantas… y… no te haces a la idea de cuánto te necesito… Da hasta un poco de miedo.

—Sí que lo sé…

Los dedos de Tamsin se mezclaron entre los cabellos negros de la humana al mismo tiempo que la estrechaba con fuerza entre sus brazos. La valquiria podía sentir su corazón correr veloz en su pecho. Claro que lo sabía, si ella lo sentía también, pero no tenía esa facilidad de decirlo. Era como si pronunciar aquellas palabras la expusiera a un peligro peor que la muerte. Ella lo sabía. Ni en todos aquellos siglos había podido olvidar a Sigurd y todo lo que había supuesto amarlo y perderlo para siempre. Sin embargo, el calor de Kenzi parecía aliviar el palpitante dolor que era el recuerdo del que una vez lo fue todo para Tamsin. Aquel era el momento de volver a enfrentar a Odín, con Bo a su lado, y por una vez, parecía posible vengar todo el daño que le había hecho aquel maldito psicópata.

—Tienes que tener cuidado, Kenz, lo que sentimos es lo que hace que el vínculo con Odín se rompa —le susurró la valquiria. Kenzi simplemente asintió en silencio, allí entre los brazos de Tamsin se sentía segura—. No me gusta dejarte aquí sola, pero ahora es lo mejor…

—Tú solo recuerda que tenemos una gran borrachera pendiente, así que vuelve de una pieza —le dijo ella medio en broma, no quería poner a Tamsin más nerviosa.

—Nunca digo que no a una buena borrachera.

Ambas rieron, fue un alivio reír en aquel momento. Siguieron abrazadas un rato más. Así, Tamsin levantó la mirada, encontrándose con los ojos de Lauren. No tuvieron que intercambiar palabras, la conexión entre ellas seguía siendo fuerte, así que Tamsin le prometió a la doctora lo mismo que le había dicho a Kenzi: cuidaría de Bo. El miedo de Lauren se alivió, pero solo un poco. Era la hora de partir.

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Un trueno rasgó la quietud. Una suave brisa comenzó a agitar sus cabellos y ropas y se fue incrementando poco a poco. Las nubes corrieron por el cielo, nubes grises y oscuras que taparon el sol y se volvían más densas cada vez. Otro trueno, pero no hubo resplandor, solo un estruendo ensordecedor que duró apenas unos segundos. La luz del día se iba apagando.

—¡El portal! —gritó Antalya, que iba más adelantada.

—¡Por allí! —exclamó Tamsin guiando a sus amigos.

Bo y Dyson corrieron hacia donde señalaba la valquiria. Atravesaron los árboles colina arriba perseguidos por un grupo de unas cincuenta personas que se prestaron a acompañarlos. Y cuando llegaron arriba, lo vieron, atado con unas cuerdas gruesas al tronco de un árbol: Ryan Lambert. Su rostro caía hacia delante, cubierto de sangre, golpeado; sus manos iban hacia atrás, sujetadas por las cuerdas que rodeaban su torso.

—Está muerto —dijo Dyson cuando se acercó a él para comprobar su pulso.

—¿Quién demonios ha hecho esto? —Bo miró horrorizada el cuerpo del hombre sujeto al árbol.

—Es el loki que necesitaban para el artefacto —respondió él.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de la súcubo, pero casi no tuvo tiempo de reaccionar ante la escena cruenta que se le presentaba. De pronto, un resplandor llenó el ambiente. Bo se tapó instintivamente los ojos y un pitido agudo resonó en su cabeza, provocando una pérdida auditiva temporal. No podía ver, no podía oír, pero sintió el suelo temblar bajo sus pies. Entonces algo la tumbó, su cara se estrelló contra la tierra del piso. Dolorida y asustada, utilizó las manos para tratar de incorporarse, pero apenas podía ver figuras borrosas correr alrededor de ella y un resplandor blanco que la cegaba casi por completo.

Otro golpe, en el vientre. Bo se retorció de dolor. Sintió el miedo bajo su piel y la adrenalina arder por sus venas. El latido de su corazón se incrementó notablemente. Ella se volvió puro instinto de supervivencia. Alzó los brazos y comenzó a golpear el aire frente a ella. Pataleó también con fuerza, aún tumbada en el suelo. Trató de rodar y alejarse de allí cómo pudo.

—¡Bo! —comenzó a escuchar—. ¡Bo!

No sabía de dónde venía la voz, ni de quién era, ni siquiera estaba segura de haberla entendido bien.

—¡Levántate!

Bo empezó a oír los gritos, a ver los cuerpos tirados en el suelo, el césped verde manchado de sangre, unos luchando contra otros… No era capaz de distinguir quiénes eran.

—¡Bo! —Por fin, Bo distinguió la voz de Dyson y la buscó con desesperación ante la escena borrosa que se dibujaba delante de sus ojos—. Levanta —dijo él más cerca.

Enseguida sintió los brazos de Dyson sujetarla y ayudarla a ponerse en pie.

—¿Qué pasa? —consiguió balbucear ella, apoyándose sobre el cuerpo del hombre para mantener el equilibrio.

—Guerreros saliendo del portal —le explicó con apremio—. ¡Nos atacan!

—¿Cómo es posible? —le preguntó confusa y nerviosa. Dyson se tenía que estar equivocando, las valquirias no pudieron ser capaces de abrir el portal, Trick estaba muerto y solo su sangre podría volver a abrirlo. ¡El portal no pudo ser abierto!

—Bo, te necesito conmigo. Olvida las preguntas por ahora.

La súcubo sacudió la cabeza tratando de enfocar la vista. Sin duda, la audición estaba comenzando a ser buena de nuevo. Ella miró a su alrededor y vio hordas de guerreros correr, pero no cualquier tipo de guerreros, eran mujeres de pelo rubio.

—Valquirias —murmuró ella.

Bo dio un paso alejándose de Dyson y se encaró a las mujeres que corrían hacia ella.

—¿Qué haces? —le preguntó él.

Ella no le respondió. En sus ojos comenzó a encenderse un azul, preludio de lo que estaba a punto de suceder. Y de pronto, todo pareció detenerse durante unos segundos. Zarcillos azules comenzaron a bailar por el aire hacia la boca de Bo. Una cantidad inmensa de chi empezó a llenar su cuerpo. Ella sentía la enorme energía recorriendo su carne, hirviendo en sus venas… Era tan poderoso… y tan delicioso.

—¡Booo! —gritó alguien.

La súcubo pareció salir de aquel extraño trance y comenzó a ver cómo los cuerpos de aquellas valquirias comenzaron a desplomarse, uno a uno…

Ella se dio la vuelta rápidamente cuando escuchó movimiento a su espalda: había más valquirias. Sin embargo, estas se quedaron quietas, como si algo las hubiera paralizado. Parecía que de pronto habían perdido su propósito y no supieran qué estaban haciendo.

—¡Bo! —volvió a escuchar la súcubo y enseguida vio a Tamsin corriendo hacia ella. El rostro de la valquiria era de puro horror.

Entonces, la súcubo se dio cuenta del líquido caliente que tenía en los brazos y el rostro. Ella se miró las manos y vio rastros rojos: sangre. Su corazón dio un vuelco, el miedo la invadió de repente. No obstante, aquella no era su sangre.

—Oh… por los dioses —escuchó decir a alguien muy cerca de ella, con una voz temblorosa.

Bo se giró lentamente. Primero vio los charcos de sangre, un rojo oscuro bañando el suelo, luego se percató de un trozo de un brazo… sí, ella fue capaz de distinguir una mano. Sintió una arcada al mismo tiempo que escuchaba un sonido líquido rasgando la carne. Observó la hoja cubierta de la sangre saliendo de la garganta de Dyson, y el cuerpo inerte de Dyson se desplomó sobre el suelo.

Bo quiso gritar, pero sus propias cuerdas vocales parecieron asustarse. Ella se quedó inmóvil mientras observaba cómo Tamsin se agachaba al lado de lo que quedaba del cuerpo de Dyson.


Ya sé que fui un poco cruel, pero si hubiera muerto de forma menos «brutal», Bo hubiera podido resucitarlo con su chi y resulta que soy terriblemente malvada y lo quería bien muerto c: (que conste que había lectores que también querían esta muerte porque también son malvados e.e ... me lavaron el cerebro(?) )