NOTAS: OMG, sí, es un capítulo nuevo. Lamento la tardanza, he tenido algunos problemas y algunas cosas en las que he estado trabajando. Pueden ir a jennifermd(punto)com y ver ;) Anyway, tenía una noticia que darles, y es que voy a adaptar todo el fanfic para convertirlo en una novela. Tendré que hacer muchos cambios obviamente. Seguidme en mi web, wattpad, redes sociales y ya os contaré más. Les dejo con el capítulo. Gracias por seguir leyendo :3

Sería bueno que empezaran a leer desde el 47 o 48 si quieren recordar cosas :3


Sus dedos se deslizaron lentamente por el papel amarillento. No entendía los símbolos que Trick había escrito, pero estaba segura de que no habían cambiado desde que sus amigos se habían marchado hacia el portal. Aún en su cabeza sonaba la voz tenue de Tamsin traduciendo lo que decía la profecía: «Espera al Amanecer, cuando los Hijos de Heimdal despierten como hermanos y hermanas. Cuando el Monarca se encuentre en el Crepúsculo, la sangre se derramará sobre la tierra y el Crepúsculo se alzará libre en el ocaso del rey. Entonces renacerá el mundo». Para Kenzi se había vuelto todavía más confusa que antes. Ya no sabía qué destino les aguardaba a todos... a Bo... a Tamsin...

Kenzi dejó salir un largo suspiro mientras se llevaba la hoja hacia su pecho. Quedarse allí esperando no había sido buena idea, su cabeza no dejaba de dar vueltas y, cada minuto que pasaba, la angustia se iba acrecentando en su cuerpo. Ella se mordió el labio inferior con fuerza y sus ojos se humedecieron. Bo y Tamsin podían estar muertas en ese momento y ella ni lo sabía.

Movió con fuerza la cabeza de un lado a otro. No podía dejarse llevar por la desesperación. La profecía de Trick ya había cambiado una vez y podría hacerlo otra vez, ¿verdad? Y Kenzi ya no sabía si eso era bueno o peor incluso.

Sólo ansiaba perderse entre el calor de Tamsin y olvidarse de todo. Sentía que cada segundo que no estaba con ella era un instante que jamás iban a recuperar. Kenzi no podía olvidar que su destino ya estaba fijado. Sintió un pequeño mareo al recordarlo. A veces parecía que había sido un mal sueño, pero era verdad: iba a morir. No sabía cómo llamar a esa sensación que atravesaba su cuerpo cuando era consciente de su inminente final. Kenzi se estremecía y un dolor punzante se asentaba en su pecho. Era difícil respirar. Había una sensación de vacío y un remolino de emociones que formaban un nudo en su garganta. Y pensaba en Tamsin. Entonces todo se incrementaba dolorosamente. Si hubiera sabido antes que todo iba a terminar así... Kenzi le hubiera ahorrado todo ese sufrimiento. Ya había pasado por tanto en el pasado, solo deseaba que Tamsin fuera feliz por fin y, si era posible, ser ella la causante de esa felicidad.

El corazón de Kenzi se quebró, fue así como se sintió. Estaba sola en el despacho de Trick, acurrucada en su sofá. Ya no hacía falta fingir, no tenía que guardar sus emociones para que los demás no se sintieran mal. Así que las lágrimas bajaron por su rostro con facilidad y Kenzi cedió ante el dolor y la tristeza. Se permitió ese momento para desahogar todo el flujo de emociones que tenía metido en el pecho. No lo podía negar más, estaba asustada. Necesitaba a Bo, necesitaba a Tamsin y necesitaba tantas cosas...

Kenzi se limpió las lágrimas con el reverso de la mano. No podía seguir allí lamentándose por todo, sin hacer nada, mientras sus amigos se estaban jugando la vida ahí fuera. Respiró profundamente, buscando la fortaleza suficiente para ponerse en pie y subir hasta el Dal.

#

Evony agitó con suavidad el vaso rebosante de licor. Las piedras de hielo chocaron contra el vidrio y unas gotas del líquido resbalaron por el borde.

—¿Seguro que no quieres que te llene la copa? —preguntó observando con atención a Lauren.

—Prefiero estar sobria.

Los ojos de la doctora se desviaron hacia la pequeña ventana del Dal, detrás de ellas. Las dos mujeres habían buscado un rincón apartado en el bar, al menos lo suficientemente lejos de la barra, donde Theodore seguía encadenado —hablando todo el rato del portal, del Monarca y el Crepúsculo, de las valquirias y de aquella maldita profecía—, no querían escucharlo más. Evony le había contado que ella y Hale habían logrado reunir a varios ancianos y faes importantes para pactar un acuerdo de paz con los líderes humanos, pero no iba a ser nada fácil. La guerra se extendía a un nivel global. Evony no era capaz de estimar cuánto tiempo llevaría conseguir el alto el fuego y mucho menos la paz entre ambas especies.

Lauren se fijó en el cielo que dejaba ver la ventana mientras Evony seguía hablando. Su voz se escuchaba lejana, no le estaba prestando atención. Las nubes oscuras corrían por el cielo, amontonándose en grupos y volviéndose cada vez más espesas. La luz del día iba muriendo poco a poco hasta que casi parecía que se había hecho de noche. Si Lauren se esforzaba en escuchar, podía distinguir alguna explosión e incluso disparos lejanos, perdidos en las calles. Entonces, uno de aquellos terribles truenos hizo temblar los cimientos del Dal. Cada vez sonaban con más fuerza y, durante los segundos que duraba, el bar se quedaba en silencio. Aún después, nadie se atrevía a hacer ningún ruido, temerosos de despertar una gran tragedia.

—Este ambiente apocalíptico me está crispando los nervios —murmuró Evony y acto seguido se terminó el vaso de licor en apenas unos tragos—. Tu súcubo más vale que se apure en cerrar ese portal o vamos a tener más problemas con los humanos.

—Llevan muchas horas ahí fuera —dijo la otra mujer con la vista todavía fija en la ventana—. Quizá necesitan ayuda. —Giró con lentitud la cabeza para poder mirar a Evony. Su voz era un tenue hilo tembloroso que le costaba mantener—. No podemos seguir esperando aquí.

—¿Qué propones? —dijo con un pequeño bufido. Tampoco le estaba prestando demasiada atención a Lauren, estaba más interesada en llenar de nuevo su vaso.

—Sigues siendo una de las líderes de los faes, arma un ejército.

—¿Te has vuelto loca, Lauren? —Evony meneó la cabeza con una sonrisa irónica. Ni siquiera consideró por un segundo lo que le estaba diciendo, prefirió volcar la botella de licor y verter su contenido en el vaso.

Lauren le dio un manotazo y la botella rodó por la mesa hasta caer al piso. El licor se derramó por la mesa y el suelo.

—¿Qué coño haces? —dijo Evony de malhumor mientras se ponía de pie e intentaba limpiar los restos de licor que habían manchado su vestido—. Podría reducirte a cenizas ahora mismo. —La mirada furiosa de Evony se posó sobre la de Lauren.

—Claro, nunca dudé de que pudieras matar a tu propia hija —la provocó, poniéndose de pie para estar a la misma altura que ella.

Evony alzó la mano delante del rostro de Lauren, pero por alguna razón, contuvo su ira. Cerró el puño con fuerza y profirió un bufido de frustración.

—¿De qué vale pactar una paz con los humanos si el portal se abre y Odín consigue salir con todo su ejército? Esta es la oportunidad perfecta para demostrarle a toda la humanidad que los faes pueden protegerlos a todos.

No le respondió, Evony se dio media vuelta y se mantuvo en silencio; pero Lauren tenía algo de razón. Maldita inteligencia la suya...

—Pondría a los faes en una posición ventajosa respecto a los humanos, porque sabes que ninguna de las dos razas va a doblegarse ante la otra, ninguna va a aceptar dejarse gobernar por la otra. En cambio, si nos quedamos aquí esperando... —Lauren ni quiso pensar en la posibilidad de que Bo fallara y un nudo se formó en su garganta. Se aclaró la voz a la vez que negó con la cabeza, apartando esa idea de su cabeza—. Tenemos que asegurarnos de que Bo tenga éxito.

Pero Evony continuó dándole la espalda y en silencio. Era imposible saber qué estaba pasando por su cabeza.

—¿Evony? —insistió Lauren.

—Necesitaré una ropa más cómoda y un baño en condiciones.

—No creo que tengas ningún problema con eso.

—Y convencer a Hale de que tiene que quedarse a negociar la paz —añadió mirando a Lauren de reojo—. Y rezar a todos los dioses para que ese necio con sombreros espantosos no meta la pata.

—Se lo diré a Kenzi.

Quizá Lauren debería sentir alegría por haber convencido a Evony, sin embargo, todo lo que sentía era un miedo incipiente que se estaba apoderando de cada célula de su cuerpo. Todo en lo que podía pensar era en Bo.

Se llevó una mano a su pecho sintiendo un dolor agudo que comenzaba a hacerse cada vez más presente. Cerró los ojos y trató de mantener un ritmo constante y tranquilo al respirar. Aún así, no podía deshacerse de aquella desagradable sensación en su cuerpo. ¿Será aquello provocado por Tamsin? Ese pensamiento hizo que Lauren se sintiera todavía peor. Miró hacia Evony con urgencia, tenían que partir cuanto antes.

#

Ya no sabía si seguía siendo de día o la noche había llegado por fin. El cielo estaba cubierto de unas nubes tan espesas que apenas dejaban pasar unos tenues haces de luz. La vasta extensión de campo estaba iluminada por el portal. Sus rayos blancos llegaban cada vez más poderosos hasta los ojos de Bo, apenas podía mirar directamente allí. Estaba cada vez más cerca.

Antalya alzó su espada delante de la súcubo y el guerrero enfurecido que se acercaba a ellas se desplomó en el césped con un grito lastimero.

—¡Te cubro! —le gritó la valquiria de pelo naranja—. ¡Tienes que cerrar el portal antes de que lleguen más guerreros de Odín!

Y ojalá Bo hubiera sabido cómo hacerlo. Ella miró hacia atrás durante unos segundos. Odín se había procurado un gran ejército protector durante aquel tiempo que había estado encerrado en el Valhalla. Los guerreros de su padre se mezclaban en el horizonte junto con las valquirias que se habían unido a Bo. El corazón de la súcubo tembló al pensar en cómo todo aquel ejército hubiera podido acabar tan fácilmente con ella y con sus aliados... Dyson llegó a su memoria, pero ahora no podía pensar en su muerte. Tamsin se había quedado atrás, dirigiendo a sus hermanas valquirias contra el frente de Odín, debían mantener al ejército en aquel lugar el máximo tiempo posible. Bo y una pequeña escaramuza de valquirias se habían infiltrado entre las filas de los guerreros de su padre para poder llegar hasta el portal, en un vano intento de cerrarlo. Bo no pudo distinguir a Tamsin entre la multitud que se alzaba combatiendo. Desconocía la suerte de su amiga. Suspiró y luego tensó su mandíbula, sacando fuerzas de flaqueza. Tenía una misión. Nada podía nublar su juicio.

—¡Ahora, Bo! —escuchó gritar a Antalya.

Y Bo supo que esa era su señal. La súcubo volvió la vista al frente y corrió todo lo que pudo. Había un pequeño trecho despejado hasta el portal, pero tuvo que aprovechar la fuerza de su cuerpo para empujar a un guerrero que trató de cortarle el paso. El hombre de barbas largas y blancas cayó al suelo al perder el equilibrio. Bo saltó sobre él tratando de esquivarlo y toda su atención se centró en no tropezar. Eso no le permitió ver que alguien acababa de situarse frente a ella blandiendo una reluciente espada. Fue muy tarde cuando la súcubo frenó en seco tratando de esquivar la embestida de la hoja hacia ella. Inclinó su cuerpo hacia atrás mientras sus pies patinaban sobre el suelo y un agudo dolor atravesó su vientre. Ella sólo vio algunas gotas de sangre saltando delante de sus ojos cuando cayó. Rodó por el suelo para evitar otro posible ataque mientras su agresor volvía a cargar contra ella. Bo se puso en pie con esfuerzo y blandió su espada con rapidez para bloquear el ataque. El golpe de la hoja enemiga fue tan fuerte que el arma de Bo salió volando de su mano. Y su rival volvió a tomar impulso para cargar contra ella de nuevo. Los golpes de su enemigo eran fuertes, pero no demasiado rápidos. Tampoco tenía tiempo para pensar. Sintió la furia de su súcubo quemando la carne debajo de ella y cuando estaba a punto de echarse a un lado para esquivar el ataque, su agresor simplemente se detuvo. Bo se abalanzó contra su atacante sin pensar en nada más.

—¡Soy yo! —gritó una mujer mientras caía al suelo por la acción de la súcubo.

Ella miró hacia abajo, hacia la persona que acababa de derribar. Los rizos rubios y el azul de sus ojos se le hicieron demasiado conocidos.

—¿Ciara?

La otra mujer intentó sonreír, pero enseguida se dio cuenta de que había herido a Bo.

—¡Por los dioses! —dijo mirando el vientre de la súcubo—. ¿Pero qué haces aquí, Bo?

La súcubo se incorporó con rapidez y recogió su arma del suelo. Miró el tajo que cruzaba su vientre y del cual brotaba sangre. En verdad, ni siquiera le dolía.

—Estoy bien —le dijo sin darle importancia—. Debo cerrar el portal.

—No puedes hacer eso.

Bo encaró a Ciara y ésta retrocedió un poco al ver el azul intenso y amenazante brillando en los ojos de Bo. Algo había diferente en la súcubo, ella no podía asegurar de qué se trataba, pero le causaba temor.

—Estás en el bando equivocado, Ciara, Odín os ha engañado. Lo único que quiere traer a este mundo es su tiranía.

—No, Bo... no, eso no es verdad...

—Me conoces, nos enfrentamos juntas al Garuda. Incluso sus valquirias están luchando contra él.

Ciara se quedó mirando hacia Bo totalmente confusa. No podía estar hablando en serio, pero era Bo, ¿no? Aquella súcubo a la que una vez salvó la vida.

—Tengo que cerrar el portal, ayúdame —insistió Bo—. Ya Dyson ha muerto por esto, no dejes que su muerte sea en vano.

Los ojos de Ciara se llenaron rápidamente de lágrimas pero fue incapaz de decir nada. Sabía que tampoco tenían demasiado tiempo.

—Te ayudaré a entrar, pero no sé si es posible cerrarlo. —Su voz sonó algo conmocionada por todo lo que estaba pasando. La súcubo simplemente asintió, conforme con la respuesta.

Ciara tomó la mano de Bo y ambas se dirigieron en carrera hacia la luz cegadora del portal. A medida que avanzaban hacia la luz, los sonidos de la batalla parecían cada vez más lejanos. Bo no podía ver absolutamente nada dentro de aquella luz blanca, así que sólo pudo seguir los pasos de Ciara y fiarse de ella. Pronto, todo estuvo sumido en un silencio. Bo comenzó a sentir una opresión en su cabeza y un ligero mareo. El suelo bajo sus pies se sentía muy extraño, era como si estuviera flotando.

—No puedo avanzar más desde aquí —dijo Ciara.

Bo intentó abrir los ojos, pero todo lo que pudo ver fue aquella maldita luz blanca. Entonces sintió el roce gentil de los dedos de Ciara contra su mano. La calidez de su piel era lo único que podía entender de aquel sitio, lo único que parecía tangible.

—¿Seguro que estás bien, Bo? —preguntó con preocupación Ciara.

—La hoja apenas me rozó... ¿A dónde voy ahora? —La súcubo apretó su mano contra la de Ciara, intentando buscar algo de tranquilidad.

—Sólo las valquirias serían capaces de regresar por este camino, me temo. —Ciara dejó escapar un suspiro lleno de pesar—. Ni tú ni yo somos valquirias, Bo.

—¿Y Odín sería capaz?

—Supongo que sí, ¿por qué?

—Porque soy su hija, quizá yo también pueda cruzar este camino.

Al no escuchar la voz de Ciara, Bo apretó con más fuerza su mano, pensando que en cualquier momento iba a dejar de sentirla, como si Ciara se fuera a desvanecer dejándola sola en aquel lugar. Sin embargo, allí sintió el calor de Ciara entre sus dedos.

—Sigue por ese camino hasta el árbol —le dijo.

—¡Pero no veo nada!

—Tranquila —susurró postrándose detrás de Bo.

Ciara bordeó con sus brazos la cintura de la súcubo y apoyó la barbilla sobre su hombro. Ella no supo lo agradecida que estuvo Bo por poder sentir su cuerpo allí junto a ella, que no se estaba volviendo loca entre aquel vacío blanco, que no estaba sola.

—Sígueme —dijo Ciara mientras ayudaba a Bo a girarse para orientarla en la dirección adecuada—. Camina en línea recta desde aquí y llegarás al árbol. Es el Yggdrasil, el que conecta los mundos, allí hallarás la entrada a Asgard y podrás encontrar a Odín. Los caminos de entrada y salida son diferentes, así que no encontrarás ningún guerrero. Buena suerte.

Ciara dejó un beso sobre la mejilla de Bo y esto fue lo último que sintió la súcubo, pues poco a poco la presencia de Ciara se fue alejando de ella. Entonces, supo que se encontraba sola en aquel blanco inmenso donde no podía distinguir nada. Bo agarró con fuerza la empuñadura de su arma y comenzó a dar algunos pasos. Ni siquiera estaba segura de ir en línea recta, pero no se detuvo, no podía igualmente. En su mente estaban sus amigos, la mujer que amaba, su familia... incluso la gente que se refugiaba en el Dal, aquellos que habían muerto por la estúpida guerra... había demasiada gente a la que no podía fallarle.

Los minutos pasaron veloces y Bo no puso saber cuánto tiempo llevaba caminando en aquella inmensidad blanca. Comenzó a ponerse nerviosa pensando que se había perdido o que estaba caminando en círculos. Incluso la herida de su vientre comenzó a molestarle. Se llevó una mano allí y sintió toda su ropa empapada. No le hacía falta ver para saber que era sangre el líquido que tocaba.

Pero cuando la desesperación y la desesperanza iban siendo cada más grandes, pudo vislumbrar unas sombras a lo lejos, una silueta más bien. La súcubo alzó su espada en alerta, pero no detuvo su paso hasta allí. Y por fin comenzó a ver, primero un suelo —ennegrecido y árido, como si un fuego hubiera pasado por allí— y finalmente una mujer junto al tronco de un árbol inmenso cuyas ramas se perdían en lo alto. Bo se dio cuenta de las hileras de sangre que bajaban por el brazo de la misteriosa mujer, formando un pequeño charco en el suelo. No obstante, cuando aquella mujer se dio la vuelta, Bo lo entendió todo.

—¿Tú abriste el portal? —gritó la súcubo.

—Tardaste más de lo que pensaba...

—¿Qué diablos has hecho? ¿Estás loca?

—Para acabar con ese hijo de puta había que venir a buscarlo. Que piense que su estúpido plan está saliendo bien, así no sabe lo que le espera. —Una suave risa sarcástica acompañó su comentario—. Pero no me has decepcionado, incluso siendo hija de ese bastardo, sabía que recapacitarías, que entenderías la verdad y vendrías tú misma a enfrentarlo.

Bo se quedó mirando a Aife consternada, ni siquiera sabía qué decir. La rabia se acumulaba dentro de ella en un torbellino muy peligroso.

—¿Mataste también a Trick? —le dijo con furia—. ¿¡Lo hiciste, verdad!?

—Él fue el culpable de todo esto —le respondió con cierto desdén—, él escuchó las mentiras de Odín antes que a su propia hija. Por su culpa tú tienes que enfrentarte a ese monstruo, ¡nos condenó a ambas! Si incluso creó esa profecía para él... Irónicamente, él escribió su propio destino cuando decidió entregarme como esclava a ese psicópata y tú eres la única que puede acabar con ese maldito. También lo hice por ti.

—No me metas en esto, ¡ni te atrevas! —Lágrimas rabiosas asomaron por los ojos de Bo.

Aife agachó la mirada antes de volver a hablar:

—Al morir tu abuelo, yo soy la siguiente en la línea de sangre. Tú nunca hubieras podido hacer lo que yo hice porque tu corazón es muy noble, cariño, pero alguien tenía que hacerlo. Ahora la siguiente en la línea sucesoria eres tú. —Aife levantó la mirada hasta los ojos de su hija—. Serás la Reina Sangrienta y usarás ese poder para derrotar al hijo de puta de Odín.

—No me digas que esto era la única forma... ¡No es cierto! —le espetó Bo con la voz entrecortada.

—Él es muy poderoso, cariño —le dijo su madre en un tono más dulce—. Toma mi chi, acaba con mi vida.

—¿Qué narices estás diciendo?

—Maté a mi propio padre, he hecho cosas en el pasado que no puedo perdonarme, tú lo sabes bien... No necesito clemencia, Bo, y estás herida, debes estar fuerte para enfrentarte a él.

—Yo no soy así, no voy a matarte...

—¡Bo!

—¡Cállate, no quiero escucharte más!

La súcubo apartó la vista de Aife, ya no podía seguir mirándola, ya no quería escuchar nada. Estaba enfurecida y no podía pensar con claridad. No podía creer todo lo que había hecho, que matara a Trick, que abriera el portal...

—Intenté hacerlo por las buenas —murmuró Aife.

Y antes de que Bo se diera cuenta de lo que estaba pasando, su madre le asestó una puñalada con una daga que Bo no había visto.

—¡Si no lo haces, obligaré a tu súcubo! —le gritó hundiendo de nuevo el puñal en su costado.

Bo gritó y se dobló de dolor. La espada que llevaba en su mano cayó al suelo e intentó apartar a Aife de ella, pero de nuevo la daga la hirió. Esta vez la hoja atravesó la carne del brazo y la súcubo cayó de rodillas al suelo.

—¡Para! —gritó Bo. Sus ojos se inundaron en lágrimas.

Pero Aife no lo hizo. La daga se hundió en la herida que Bo ya tenía en su vientre. El dolor hizo que Bo profiriera un grito sonoro que retumbó por todo el espacio.

—¡No has llegado tan lejos para dejar que te mate tan fácilmente! —la provocó Aife hundiendo aún más la daga en el vientre de Bo.

—Te dije que... ¡pararas!

La súcubo agarró las manos de su madre con fuerza y la obligó a sacar el puñal. Los ojos de Bo se volvieron azules, furiosos, y Aife torció una sonrisa de satisfacción. Al fin. Bo la empujó con fuerza y la hizo caer al suelo. La súcubo se puso de pie con demasiada facilidad, como si no estuviera gravemente herida. Entonces Aife comenzó a sentir miedo. Había una oscuridad demasiado familiar para ella en la mirada de Bo. La mano de su hija la agarró por el cuello, su fuerza era más que asombrosa y Aife no lo podía explicar. La puso en pie y comenzó a alimentarse de ella con una brutalidad que no se esperaba. Pensó que era el súcubo de Bo, su instinto de supervivencia, pero cuando sintió la forma en la que le arrebataba el chi, intuyó que había algo más. Aife comenzó a gritar de puro dolor hasta que su voz se apagó, igual que ella misma. Su rostro se quedó inmóvil con el gesto de terror dibujado en él para siempre.

—Increíble —dijo una voz a espaldas de Bo.

Ni siquiera tuvo que darse la vuelta para descubrir que era su padre.

—El portal está casi abierto, ya puedo ver los alrededores del Yggdrasil... —Bo dejó caer el cuerpo inerte de su madre al suelo, pero no se giró para ver a Odín, no aún—. Pronto la luz blanca que no nos deja ver desaparecerá y eso querrá decir que seré libre.

Bo se dio la vuelta lentamente y miró a Odín. Estaba apoyado en un lateral del gran árbol Yggdrasil y vestía el mismo ropaje negro que había visto otras veces, además llevaba aquel bastón tan característico de él. Su semblante era serio, impenetrable. Sus ojos azules estaban fijos en su hija y su mirada era intensa, peligrosa, capaz de intimidar y hacer temblar de miedo a cualquiera; pero también era así la de Bo. Se produjo un tenso silencio entre padre e hija. Se intercambiaron miradas durante largos minutos. Ninguno de los dos se movió durante ese tiempo. Hasta que Odín dio un golpe al suelo con su bastón.

—Sé que has intentado evitar este momento —habló por fin—, incluso te hiciste con las valquirias, pero el destino no se puede evitar. Lo que está fijado no se puede cambiar.

Bo mantuvo su mirada sobre él, pero no dijo nada, ni siquiera su gesto cambió.

—Tienes el carácter de tu madre —dijo él esbozando una sonrisa arrogante—, que su alma descanse en paz —añadió haciendo una ligera reverencia hacia donde estaba el cuerpo sin vida de Aife.

—Voy a matarte.

La sonrisa de Odín se hizo más grande aún.

—Ahora te pareces un poco más a mí, Ysabeau.

Odín se incorporó y alzó hacia arriba la mano con la que sujetaba su bastón. Pronto el objeto comenzó a emitir una luz intensa y una lanza dorada se formó en lugar del bastón: la lanza de Gungnir.

Bo lo miró. Él tenía esa maldita sonrisa arrogante mientras balanceaba la lanza de un lado a otro. La ira subía por la boca de su estómago como una llamarada que incendiaba todo su pecho. Sentía el calor de la adrenalina corriendo en su sangre. Su súcubo se deslizaba bajo su piel como un cazador furtivo, preparado para matar, y Bo nunca lo había sentido tan fuerte.

Con un movimiento veloz, Odín dio varias zancadas hacia Bo, llevando la lanza hacia delante. Incluso si ella no se esperaba ese movimiento, pudo reaccionar aún más rápido que él. Sus manos agarraron la punta de la lanza dorada antes de que arremetiera contra su cuerpo.

Odín la miró con sorpresa, ya no pudo esconderse bajo esa máscara de arrogancia. Las manos de Bo se llenaron de sangre mientras sujetaba con fuerza la hoja, impidiendo que él pudiera mover el arma contra su cuerpo.

—¡Tu profecía acaba ahora! —gritó empujando la lanza contra Odín.

El extremo del arma golpeó el vientre de Odín. Retrocedió fatigado, soltando el arma. Tosió tratando de recuperar el aliento. Bo era poderosa, muchísimo más de lo que pensaba. Levantó la mirada fascinado y entonces vio la lanza volando hacia él. Sonrió cuando el arma le dio de lleno en el pecho tirándolo al suelo. Agarró con las dos manos mango de la lanza que atravesaba su cuerpo mientras veía la figura de Bo postrarse sobre él.

—Se acabó —dijo ella agarrando la lanza de Gungnir y hundiéndola más—. Se acabó el Monarca, el Crepúsculo y todas tus putas profecías.

—Acaba de empezar... —Su voz se ahogaba—. El Monarca... no sé... El Crepúsculo... yo lo creé... Y eres perfecta, mejor aún...

Y aquella estúpida sonrisa arrogante apareció de nuevo mientras la sangre brotaba por su boca. Allí se quedó petrificado con ese gesto y Bo... ella también se quedó inmóvil, pero estaba muy viva. Los latidos frenéticos de su corazón lo corroboraban, latidos llenos de terror. Al fin Bo había entendido el plan de su padre. Ya entendía la profecía.


¿Fui muy mala? Espero que les haya gustado el guiño a Lexa :(

¡Las musas han vuelto!