NOTAS: Aquí está el final de esta historia. Fue duro encontrar el momento adecuado para poner en palabras todo lo que tenía pensado y planeado desde hace tanto tiempo. Han sido los peores meses de mi vida y lamento si eso ha afectado al ritmo de actualización y no haber publicado esto antes. Es la única pena que me queda con esta historia. A pesar del tiempo, siempre dije que terminaría esta historia y aquí estoy. Lost Girl ha sido parte de una etapa muy bonita de mi vida. Nunca fue la mejor serie, ya sabemos las incoherencias y los estropicios que hicieron, pero es innegable que disfrutamos de ella, que nos dio momentos fabulosos, que creó amistades, romances y muchísimos momentos especiales (casi todos fuera de la serie). Creamos una comunidad muy bonita en español y creo que todos nos llevamos algo de ella. Esta serie me ha hecho conocer a personas maravillosas, algunas de ellas aún siguen en mi vida y ocupan un lugar muy privilegiado de ella. Y al final, esta historia ha quedado como un homenaje a todo esto. Para mí ha sido muy especial, no sólo por el hecho de escribir y terminar una historia tan larga y compleja, sino por poder llegar aunque sea a una persona que disfrutara tanto o más que yo escribiéndola. Ragnarok llega a su fin después de tanto tiempo y estoy tan orgullosa que trabajo en un universo inspirado en esta historia y en unos personajes propios para poder convertir este fanfic en algo más grande. Ahora mismo me encuentro adaptando mi otro fanfic de Lost Girl que podréis leer en mi cuenta de wattpad (jenmdz) en los próximos meses (se llamará Cómo matar a Ray), también estoy terminando mi fanfic de clexa aquí en fanfiction, por si queréis seguir leyéndome.

Os agradezco muchísimo todos los comentarios, ánimos, apoyos... TODO. Me animaron a continuar con la escritura y la escritura me ha salvado casi la vida en estos momentos, a veces ha sido mi única compañera.

Les dejo con el capítulo ya, quisiera dedicárselo a todos los que siempre me han apoyado y animado a escribir y sobre todo a los pacientes lectores que siguieron esperando este final. Felices Fiestas a todos y gracias por llegar hasta aquí conmigo :D

(es una actualización doble, he subido dos capítulos, este y el epílogo final)


Un par de manos tiraron de su cuerpo. En medio de la oscuridad, sintió una fuerza que trataba de sacarla hacia afuera. Otro par de manos se aferraron a su brazo, intentando tirar de ella. El peso sobre ella comenzó a ser menor poco a poco y al cabo de unos minutos, el cadáver de un guerrero de Odín se apartó de encima de ella, liberándola por fin. Su mirada desenfocada vio en primer lugar el cielo oscuro, cortado por halos de luz blanca que provenían del portal de Odín. Las manos aferradas a su cuerpo la ayudaron a incorporarse y entonces vislumbró la figura de Kenzi. Su corazón se aceleró como si acabara de volver a la vida y sus ojos se llenaron de lágrimas. La muchacha casi se abalanzó sobre ella y la estrechó con fuerza entre sus brazos. En ese momento se fijó que el otro par de manos pertenecían a Lauren:

—Me encontraste —le dijo con la voz áspera y reseca.

—Nuestro vínculo sirve para algo más que compartir recuerdos —le respondió la humana esbozando una sonrisa.

Kenzi se separó de ella de forma brusca y le golpeó un hombro con una mano.

—¡Valkiria estúpida! —le recriminó en un tono infantil. Tamsin se echó a reír.

—Cualquiera diría que te mueres por mis huesos.

—Deja de reírte, me has dado un susto de muerte.

Tamsin tomó a Kenzi por sus mejillas y tiró de ella hasta poder plantarle un beso en los labios.

—A mí también me pareces una estúpida, aunque condenadamente atractiva —le susurró la valkiria cuando se retiró unos centímetros de su boca.

Kenzi tenía el rostro incendiado y podía sentir las miradas de los soldados y guerreros de Evony a su alrededor clavándose sobre ella. Escuchó la risa de diversión de Tamsin y el disimulado carraspeo de Lauren, que debía sentirse incómoda en aquella situación.

—Bueno, no es el beso romántico que esperaba, pero los besos en medio de un apocalipsis no ocurren todos los días —añadió con una sonrisa coqueta, tapándose las mejillas rojas con las manos.

—Muy bien —irrumpió Evony de repente. La Morrigan se colocó tras Lauren con las manos en la cintura y fijó la mirada hacia donde estaban Kenzi y Tamsin—. Vinimos a cerrar un portal o a una orgía lésbica.

—Vaya, el alma de la fiesta —replicó Tamsin rodando los ojos y separándose aún más de Kenzi.

—Querida, no sé cómo lo haces, pero aquí estoy de nuevo para salvarte el culo de Odín —dijo torciendo los labios en una sonrisa socarrona, rememorando viejos momentos que ambas habían pasado juntas—. Eso sí, nunca creí que en mi larga vida vería a una valkiria tan encoñada como tú, eso ha sido toda una sorpresa.

Kenzi lanzó una carcajada y Evony dirigió su atención al frente de soldados que comandaba. Sus hombres y mujeres se abrieron paso a través de los guerreros de Odín y contuvieron las líneas de ataque que, momentos antes, amenazaban con salir de la zona. La máxima prioridad era que la batalla no se extendiera a territorio humano y que pudieran cerrar el portal antes de que estos se dieran cuenta del conflicto.

—Uy, ¿quién se sonroja ahora? —le susurró Kenzi.

Tamsin se mordió los labios reprimiendo una sonrisa y fingiendo una mala mirada. Kenzi le volvió a dedicar otra risa coqueta y extendió sus manos hasta el rostro de la valkiria. Entonces su gesto se tornó más serio y acarició sus mejillas despacio.

—Estás hecha un desastre.

—Bueno, no me he ido de compras precisamente.

Kenzi se echó a reír y abrazó a la valkiria de nuevo. Cuando su risa cesó y continuó pegada a Tamsin, aferrando sus dedos a los pliegues de su ropa, Tamsin supo que en ese momento vendría la pregunta:

—¿Dónde está Bo?

Tamsin trató de parecer serena, pero la mirada de Lauren le recordó que a ella no podría engañarla. Suspiró y alejó un poco a Kenzi de ella.

—Entró al portal.

—¿¡Ella sola!?

—Claro que no, Antalya y otras valkirias fueron con ella... Hemos estado bastante liadas por aquí detrás.

—Perdóname, es que... —Kenzi frunció los labios, incapaz de seguir hablando.

—Deberíamos ir con ella —dijo Lauren.

—Imposible, sólo las valkirias podemos regresar por el portal. Si Bo ha logrado entrar... supongo que ha sido por ser hija de Odín.

Tamsin bajó la mirada al suelo y sintió los dedos de Kenzi rozar su mano. Tomó aire y elevó la mirada de nuevo, fijando sus ojos en los de Kenzi.

—Tú no deberías estar aquí, Kenz.

—¿Y dejar a la loca de Evony con un ejército campando a sus anchas? Uy, qué va... Además —dijo elevando su mano y formando varios haces de luz entre sus dedos—, recuerda que tengo algún arma secreta con la que defenderme.

—Estaremos bien, Tamsin —añadió Lauren, que tiró de la correa que llevaba alrededor de su torso y dejó ver que portaba un subfusil.

—Está bien —respondió Tamsin encogiéndose de hombros—, entonces debería asegurarme de que la súcubo idiota cierra ese maldito portal de una vez.

Kenzi volvió a golpear el hombro de la valkiria y esta se echó a reír.

—Era una broma, qué poco sentido del humor...

—No sé ni por qué me gustas tanto.

—Yo sí que lo sé —le dijo en un tono sugerente.

—Bueno... —añadió Lauren rascándose la nuca, incómoda.

Tamsin y Kenzi también se sintieron incómodas, pero en otro sentido. Se miraron a los ojos y la incertidumbre se puso a bailar en sus entrañas. Por un breve momento se habían dejado llevar a otro lugar, pero la realidad frente a ellas las obligó a volver. La vasta llanura se extendía ante ellas donde se mezclaban unos con otros y no se podía distinguir de qué bando eran cada uno de los atacantes. Las nubes formaban unos gruesos zarcillos en el cielo que no dejaban pasar la luz del sol y al fondo, una radiante línea se dibujaba desde el suelo hasta el cielo, dejando salir destellos blancos intensos.

—Anda, ve —le dijo Kenzi posando una de sus manos en la espalda de Tamsin.

La valkiria la miró. En su rostro había una hermosa sonrisa eclipsada por unos ojos llenos de tristeza. Tamsin tomó aire, como el que toma un respiro de fuerza cuando siente que su corazón se agrieta. Luego miró a Lauren, con ella no hacía falta adivinar, podía sentir su miedo, el dolor por la incertidumbre de no saber de Bo, las ganas terribles de seguir a Tamsin...

—Estaremos de vuelta enseguida, que no se os ocurra abrir otro portal por ahí —les dijo con media sonrisa en los labios.

Kenzi rió y no porque le hicieran gracia las palabras de Tamsin, pues llevaban implícitas su partida. La vio alejarse entre las filas de guerreros con paso enérgico y una determinación de acero, al fin y al cabo era una guerrera. Sintió el nerviosismo tembloroso de su corazón y sus entrañas encogerse de angustia. Por eso rió. Luego suspiró con pesar y echó la vista hacia Lauren.

—¿Por qué me miras con esa cara, Lauren?

En el rostro de la doctora había dibujado una sonrisa tan estúpida que Kenzi se sintió ofendida.

—Quizá Tamsin no está muy acostumbrada a sentirse así, pero yo sé muy bien lo que significa... Está perdidamente enamorada de ti.

Kenzi se llevó las manos a la boca ocultando el gesto estúpido que ahora llevaba ella. Odió a Lauren por decirle aquello, pero una parte muy profunda de ella también se lo agradeció.

Lauren se burló un rato de Kenzi y rió con ella cuando trató de defenderse atacándola con su ingenioso sarcasmo. Su sonrisa se hizo enorme al sentir la felicidad de la valkiria cuando pensaba en Kenzi, y de pronto, aquella sonrisa se ensombreció. Ya no fue capaz de sentir más a Tamsin.

#

Frente a Tamsin se alzaba el portal. Una luz cegadora irradiaba incesante, bañando a todos los que luchaban en primera línea. Ella echó la vista atrás y vio a su último oponente, retorciéndose de dolor en el suelo.

—Voy contigo —escuchó a su lado.

Tamsin volteó la mirada y vio a Antalya con su pelo naranja cayendo en ondas desordenadas y el rostro sudoroso y lleno de magulladuras. Los golpes y la suciedad embadurnaban su aspecto, dificultando saber la procedencia de la sangre que manchaba su cuerpo.

—Necesito que me hagas un juramento —la cortó Tamsin.

—No me gusta cómo suena eso...

—Necesito que vuelvas atrás y te asegures de que Kenzi está bien. Si algo le pasa a ella, Odín recuperará su conexión con las valkirias y eso sería ahora mismo nuestra perdición.

—Cualquiera puede hacer eso, yo quiero entrar contigo.

—¡Antalya! No confío en nadie más para asegurar la vida de Kenzi.

La otra valkiria la observó durante unos segundos con aquellos profundos ojos azules suyos. Suspiró contrariada y se volvió a dirigir a Tamsin con brusquedad:

—No puedo creer que te haya pasado esto de nuevo, después de lo de...

—Esto no va a terminar como lo de Sigurd —la interrumpió Tamsin—, así que mueve tu puto culo hasta allá y asegúrate de que Kenzi está bien.

—Tranquila, comandante —bromeó la valkiria—, a Kenzi ni se le romperá una uña, pero hazme el favor de reventarle la cabeza a ese hijo de puta de Odín de mi parte.

—Lo haré, después de reventársela de mi parte.

Ambas valkirias rieron y se miraron fijamente, leyéndose en la mirada la determinación de sus tareas. Antalya asintió con firmeza hacia Tamsin, como gesto de apoyo en su proveniente batalla y se perdió con rapidez entre el gentío para cumplir su palabra: asegurarse del bienestar de Kenzi.

Cuando Tamsin atravesó la luz blanca del portal, una parte de ella se apagó. Sabía que ya no estaba en el plano terrestre, por lo que era imposible que su conexión con Lauren siguiera existiendo. Seguramente, ambas humanas no entenderían la lejanía que ahora las separaba de Bo y de ella.

Tamsin apenas recordaba el camino. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que caminó hacia el Yggdrasil. En una época mucho más anterior a la llegada de Odín a su tierra: Asgard; antes de que aquel bastardo masacrara a su gente y sometiera a las valkirias a su voluntad. La tierra estaba reseca y ennegrecida, símil del pecado que había cometido Odín al profanar aquel lugar sagrado con su poder. Los nudos de las raíces del milenario árbol se enredaban entre las rocas y sobresalían del suelo. Tamsin las siguió, sabiendo que la llevarían hasta el lugar donde se hallaba el árbol, el conector de mundos. Allí debía estar Bo, aunque no estaba segura de si prefería que Odín estuviera allí también.

Después de un rato caminando, encontró a Ciara acurrucada en el suelo, las lágrimas rodaban por su rostro desconsolado cuando levantó el rostro para mirarla. Tamsin dudó, incómoda por no saber cómo reaccionar ante aquel panorama.

—Estoy buscando a Bo.

—Le dije que fuera por allá —le respondió la mujer.

—¿Qué hace una guerrera como tú ahí tirada?

—Le... le creí... nos engañó a todos... Ahora Dyson está muerto...

Tamsin sintió un molesto nudo en su garganta y cerró los ojos durante unos segundos, gestionando la punzada dolorosa de su pecho.

—Ese bastardo está viviendo los últimos minutos de su miserable vida, pagará por todo. Tranquila.

Ciara asintió en silencio, pero las palabras de Tamsin no le hicieron sentir mejor. Continuó acurrucada en el suelo, incluso después de que la valkiria pasara por su lado y la dejara atrás.

Las raíces del Yggdrasil se iban haciendo cada vez más anchas, cada vez más visibles, hasta que Tamsin pudo vislumbrar el árbol a lo lejos. Un tronco grueso y enorme que se elevaba hacia ramas inmensas que se perdían en el infinito. Incluso en el estado deplorable que se encontraba aquella estampa, Tamsin se quedó admirando la grandeza del conector de mundos durante algunos segundos. Luego, mientras se acercaba allí, vio a alguien apoyado en el tronco del árbol, afanado en tallar algo en su madera. Tamsin frunció el ceño y se aproximó con cautela. Enseguida se dio cuenta de que se trataba de Bo, la súcubo tenía el brazo izquierdo cubierto de sangre y la usaba de tinta para escribir algo en el tronco.

—¿Bo? —la llamó, pero ella no le hizo caso.

Tamsin continuó acercándose, y cuando bordeó lo suficiente el árbol, vio dos cuerpos extendidos sobre el suelo: un hombre y una mujer. Ambos estaban acostados boca arriba —uno al lado del otro— con las manos entrelazadas sobre sus pechos, los ojos cerrados y el gesto tranquilo. Tamsin se aproximó a ellos y vio que se trataba de Aife y Odín. Estaban muertos.

La valkiria alzó su mirada hasta Bo, la súcubo la ignoraba por completo, afanada en su tarea de escribir en el tronco de Yggdrasil con su propia sangre. Un miedo irracional comenzó a bailar por las entrañas de Tamsin. Odín estaba muerto, debería sentir alegría, que todo había terminado, pero Tamsin no podía entender lo que sus ojos estaban viendo.

—¿Bo? —la llamó. La súcubo se detuvo durante unos segundos, pero enseguida continuó afanada en su tarea—. Bo, he venido a buscarte.

—Espera —le respondió levantando una mano para que guardara silencio—, tengo que terminar esto.

Tamsin tomó una lenta y larga bocanada de aire. Su corazón bailaba sobre un borde afilado y a cada paso que daba hacia la súcubo, creía que acabaría con el mismo hecho pedazos en algún momento indeterminado. Bo se movió por el grueso tronco del Yssagrill, continuando con la escritura de lo que fuera que estaba escribiendo. Tamsin se mordió el labio, nerviosa, mientras observaba el brazo izquierdo de la súcubo, lleno de cortes y cubierto de sangre.

—Bo... me estás asustando... ¿qué haces?

Un molesto nudo en la garganta amenazó la entereza de la valkiria, que observaba con estupor la estampa frente a ella.

—Ya entiendo todo, Tamsin —le dijo de pronto Bo—. Mi padre procuró un plan ingenioso incapaz de ser frustrado. Él aprendió de sus errores y se aseguró de que todo aquello en lo que él falló, ahora fuera infalible. —La súcubo se tomó unos segundos para admirar todo lo que había escrito sobre el tronco del árbol milenario con su sangre, asintió con lentitud y finalmente echó la vista hacia Tamsin—. Mi padre me creó a mí, juntando a los linajes fae más poderosos, asegurándose de que cada uno de sus defectos fuera contrarrestado con una característica mía. Yo soy la líder que debería haber sido él, soy la dueña de este mundo y en mis manos está el destino de cada uno de los que habitan aquí. Yo soy su legado, su proyecto.

—¿Qué estás diciendo? —Tamsin frunció el ceño. Apretó los puños y tensó la mandíbula, como para protegerse de cualquier locura que pudiera salir de la boca de Bo—. No te habrás creído esa estúpida profecía, ¿verdad?

—Esto es mucho más que una profecía —rió Bo con sarcasmo.

—Bueno, que sepas que esa estúpida profecía que Odín le hizo escribir a Trick con su sangre cambió, así que dudo mucho que nada de eso tenga algún poder sobre ti.

Bo tornó su rostro a un gesto serio y pensativo. Se pasó la mano derecha por la barbilla y asintió lentamente.

—¿Por qué no me lo habías dicho antes? —Tamsin se encogió de hombros. Habían pasado demasiadas cosas. La profecía solo era un disparate—. Tengo algunas teorías sobre eso —prosiguió Bo—. La primera es que con la muerte de Trick, su poder se debilitó tanto que la profecía cambió. La otra teoría es que cuando mi madre heredó los poderes del Rey Sangriento, fue ella misma la que escribió otra profecía. También puede ser que Theodore tuviera razón, Aela era la Monarca, mi Monarca, y al matarla cambié la profecía. Quizás la profecía nunca fue importante, quizás era una herramienta de manipulación por parte de mi padre para que al final hiciéramos justo lo que él quería. La profecía ya da igual, lo que importa es lo que va a pasar ahora mismo.

»Aunque mi padre fue muy cuidadoso y planeó todo al más mínimo detalle, no pudo prever muchísimas cosas. Por ejemplo, que Lauren apareciera en mi vida y que yo fuera capaz de amarla tanto. —Bo esbozó una sonrisa llena de añoranza—. También subestimó el poder de mi súcubo y la naturaleza oscura del mismo. Ahora soy la Reina Sangrienta y la reina de este mundo, y si quisiera, de todos los mundos que existen. He escrito en este árbol con mi sangre el destino de la humanidad y de los faes, un mundo de convivencia juntos y, por fin, la esperada paz entre todos. He escrito las nuevas leyes del mundo, las leyes para ser libres, para amar, para terminar con la opresión... Y también he escrito la forma de terminar con mi naturaleza oscura. Porque hay dos cosas contra las que no podemos luchar: lo que hemos hecho y quiénes somos. Yo soy muchas cosas, ahora mismo más que nunca, pero sé también que soy algo que no quiero ser. No puedo luchar contra mi naturaleza oscura, cuando salga de este portal, seré esa tirana que diseñó mi padre, seré aquello contra lo que estábamos luchando, seré eso que habían encerrado los faes en este portal y seré lo que destruyó tu mundo y lo que sometió a las valkirias. Pero mientras esté aquí, todo lo que mi abuelo escribió no se cumplirá.

Tamsin perdió el habla, al menos por unos segundos. Se llevó la mano al pecho. Su corazón corría con tal ímpetu que sentía que no podía respirar. No comprendía nada de lo que Bo estaba diciendo.

—Yo... creo que Odín te ha lavado el cerebro...

—No, de verdad que no. O igual sí, pero eso fue antes, cuando creía que las cosas eran diferentes. Quizá él me hizo creer lo que quiso para terminar justo aquí y ahora, como él quería.

Bo bajó la mirada, hacia su brazo lleno de sangre. Tamsin se estremeció viendo los rotos y derrotados ojos de la súcubo. Su interior se agitó violentamente y agarró a la mujer por los hombros para obligarla a que la mirara.

—Por los dioses, ¿¡te estás escuchando!? ¡Odín está muerto! Vámonos de aquí, Bo.

—¡Basta, Tamsin! —le gritó ella, dando un paso hacia atrás y alejándose de ella—. Mi destino ya estaba escrito incluso antes de que naciera, pero todos hemos estados cegados con gilipolleces y aquí estamos. ¿Crees que no he pensado en las formas en las que podía cambiar todo? Trick me habló del poder de su sangre para cambiar el destino...

Bo guardó silencio y de pronto Tamsin sintió sus ojos anegarse de lágrimas. Trató de acercarse de nuevo a Bo, pero esta vez le dio miedo y se quedó donde estaba.

—Quedarte aquí no va a solucionar nada.

—Lo sé mejor que tú, por eso voy a destruir el portal y voy a destruirlo conmigo dentro, porque esa es la única forma de vencer a mi súcubo y al monstruo que creó mi padre.

Bo dejó de hablar y Tamsin fue incapaz de pronunciar palabra alguna. Tenía un incómodo nudo de emociones en la garganta que se extendía hacia su pecho. Tuvo que tomar varias bocanadas de aire, porque sentía que se quedaba sin respiración. Su cuerpo se estremeció, una y otra vez, mientras su mente recreaba de nuevo todas las palabras que le había dicho Bo.

—Estás equivocada —fue lo único capaz de decir después de un rato.

—No, no lo estoy. —Bo suspiró y se podía sentir la tristeza inherente de aquel gesto—. Duele muchísimo, Tam —susurró con palabras temblorosas que derramaron lágrimas por sus ojos—, pero cuando Dyson liberó mi poder, haciendo caso a Odín por sus estúpidos celos, sentenció mi destino. Aunque es injusto culparlo a él, es mi culpa, no le escuché cuando me dijo que Odín podría usarlo... Me negué a encerrarlo para evitar que hiciera cualquier cosa. He matado a mi madre, maté a Aela... fue por culpa de mi súcubo. Incluso he visto cómo Evony me mira ahora, llena de terror... Y quizá todo es mi culpa, quizá le di esperanzas a Dyson...

—¡Basta! No sé qué mierdas te ha dicho ese cretino de Odín, pero nada de esto es verdad, Bo. Yo te conozco, no eres ningún ser oscuro, ¿te estás escuchando?

Y tan pronto como dijo aquello, los ojos de Bo se encendieron en un azul tenebroso que heló la sangre de la valkiria. Bo dio un paso veloz hacia ella y le dio un golpe en medio del pecho que la lanzó varios metros por el aire. Tamsin cayó de espaldas contra el suelo en un quejido de dolor.

—Maldita seas —maldijo la valkiria de malhumor—. Deja de hacer la imbécil.

Cuando Tamsin elevó la cabeza, sintió el pie de Bo sobre su pecho, impidiéndole que se levantara del suelo. Sus ojos aún estaban encendidos en un azul amenazante.

—¿Disfrutaste aquella noche, Tamsin? —La valkiria se estremeció al escuchar el tono ronco y profundo de aquella voz, muy diferente a la de Bo, y la miró sin entender de lo que estaba hablando—. Oh, ya sabes, cuando regresamos de Helheim, cuando me follaste para «curarme». Recuerdo muy bien el sabor de tu chi y cuánto me excitaba... y me excita.

En un movimiento rápido, Bo se subió a horcajadas de Tamsin y le sujetó el cuello con una mano.

—Bo, esta no eres tú. ¡Para!

—Sería tan maravilloso... Tú y yo gobernando el mundo... Tú y las valkirias... Seríamos implacables.

El corazón de Tamsin se congeló de terror. Lágrimas cayeron por sus ojos sin control. Las palabras de la súcubo la hicieron revivir un terrible recuerdo y, por un momento, el rostro de Bo fue el de Odín.

—¡Tendrás que matar a Kenzi para recuperar a las valkirias! ¿Estás dispuesta a eso, Bo? ¿Matarías también a Lauren?

—¡Cállate! —El puño de Bo golpeó el rostro de Tamsin y a continuación se puso de pie, consternada.

Tamsin se incorporó con el corazón a punto de salir disparado de su pecho. Se limpió las lágrimas de su rostro con el reverso de la mano y observó cómo Bo se llevaba las manos a la cabeza, llena de frustración.

—Estoy muerta, Tamsin —sollozó desde la lejanía.

—Bo —le respondió con un fino y tembloroso hilo de voz—, cuando tu padre me ordenó buscarte, me dijo que tu sangre estaba maldita. Quizá tengas razón... Tu naturaleza está en tu sangre, pero no en tu corazón... no en tu alma.

Bo la miró. Parpadeó con confusión, frunció el ceño, luego negó con la cabeza, pero volvió a mirarla, con una luz de esperanza iluminando sus ojos.

—Quizá... ¿y qué puedo hacer? Ya casi no tengo el control... —Bo cayó al suelo derrotada. Se sentó con los hombros hundidos y cabizbaja—. Vete, Tamsin... Kenzi no puede perdernos a las dos...

—¿Y qué pasa con Lauren? —le gritó Tamsin entre lágrimas.

—Ya lo sé... pero... ¿qué maldito sentido tiene que muramos las dos? El portal se destruirá en cualquier momento.

—¿Te vas rendir? —volvió a gritarle.

—Me rendiría si saliera de este portal y mi súcubo tomara el control... Toda mi vida luchando contra la naturaleza que me fue impuesta para convertirme en quien soy realmente. No dejaré que nada ni nadie me obliguen a vivir una vida que no es mía, prefiero morir que perder mi identidad. Prefiero morir que vivir una vida que no he elegido... Y, definitivamente, no condenaré vidas inocentes a la tiranía de mi naturaleza.

—Bo, tenemos una oportunidad, puedo ayudarte. —Bo la miró con los ojos llenos de lágrimas que vertían una frágil y tenue esperanza—. Soy una valkiria, tienes una oportunidad de salvar tu alma.

—¿Y... y si te equivocas? Morirás... Y Kenzi... Lauren...

«Estoy segura», hubiera querido decirle, pero no lo estaba, no lo sabía, sólo era una estúpida idea, la única forma que su desesperada mente había ideado para evitar lo que estaba planeando Bo. Al pensar en eso, Tamsin sintió su corazón hacerse pedazos y cada uno de esos trozos se clavaron en su carne de forma demasiado dolorosa. Tensó la mandíbula mientras le sostenía la mirada a Bo. Se pasó una mano por su mejilla, limpiando algunas lágrimas. Tomó varias bocanadas de aire sintiendo cómo su cuerpo temblaba.

—Será mejor intentarlo...

—¿Y cómo lo harás?

—Como lo hice con Lauren. Salvé su alma, ¿recuerdas?

Bo negó lentamente con la cabeza, pero no dijo nada. Tamsin se sentó a su lado, se quedó mirándola en silencio durante unos segundos y luego apoyó su mano sobre la rodilla de la súcubo en un gesto gentil.

—No voy a dejarte sola, Bo. Hice una promesa.

La súcubo levantó sus ojos rotos hacia Tamsin. En sus oscuros iris aún bailaban suaves trazos azules. Su súcubo amenazaba con volver a salir y quizá Bo no encontrara suficientes motivos para oponerse a ella. No tenían mucho tiempo. Bo dejó salir un largo y pesado suspiro. Colocó su mano sobre la de Tamsin y luego se aferró con fuerza a ella.

—No quiero que Odín gane, Tamsin.

—Ya se acabó —le dijo llevándose su mano a la boca para dejarle un beso—. Ya se va a terminar...

#

Después del rugido estremecedor, la tierra crepitó como si se estuviera partiendo en dos. Los árboles temblaron de forma violenta, el suelo se estremeció bajo sus pies, haciéndoles perder el equilibrio. De pronto, el portal se encendió en un blanco cegador mientras todo parecía que iba a estallar en mil pedazos. Los guerreros dejaron de luchar, confundidos, las valkirias se llevaron las almas de los muertos y cuando la luz blanca comenzó a desvanecerse, Kenzi alzó la vista al cielo y vio cómo las nubes se empezaban a deshacer, dejando paso al sol.

—¡Qué cojones! —exclamó Evony en algún punto tras ella.

Kenzi se frotó sus ojos doloridos y se levantó del suelo mirando con consternación a su alrededor. Se sentía que acababa de despertar de un mal sueño. Todo se había detenido. Las valkirias se movían sobre el campo de batalla y desaparecían con los cuerpos de los fallecidos, los supervivientes caminaban dando tumbos y el portal... ¡el portal ya no estaba!

Ella no dijo nada, salió corriendo instintivamente, ni siquiera se dio cuenta de que no fue la única que lo hizo. Su corazón era un frenesí violento en su pecho mientras luchaba por apartar a la gente de su camino. Y cuando llegó allí, encontró a Lauren y Antalya, sosteniendo a Tamsin.

Kenzi profirió un grito mientras se lanzaba al suelo junto a la valkiria.

—Cuidado —le advirtió Lauren—, está débil.

—Dios santo —exclamó Kenzi agarrando el cuerpo de Tamsin—, ¿estás bien? ¡Dime que estás bien!

—Está bien, a esta tía solo le gusta llamar la atención —bromeó Antalya, provocando una sonrisa en el rostro de Tamsin. Ambas compartieron una mirada de complicidad, que Kenzi no pudo entender.

Lauren y Antalya se echaron a un lado, dejando paso a Kenzi, que se arrodilló en el suelo para sostener a Tamsin. La valkiria la miró, con el rostro lleno de lágrimas y después apoyó la cabeza sobre el pecho de la humana, cerrando los ojos.

—Se acabó todo —murmuró—, ya se acabó...

Lauren se puso de pie en un salto. Las manos le temblaban y aun así, trató de mantener la firmeza en su voz:

—Kenzi, quédate aquí con Tamsin, nosotras vamos a buscar a Bo.

Kenzi asintió sin saber qué decir, sólo fue capaz de abrazar a Tamsin mientras Lauren se alejaba junto a Antalya y luego era seguida por Evony.

—Estaba con Bo... Sólo recuerdo una luz cegadora y... Traté de salvar su alma...

—Shhh —le susurró Kenzi con una sonrisa temblorosa mientras acariciaba con extrema ternura el rostro de Tamsin—. Ya terminó todo, ¿vale? Pronto estaremos tomándonos esa borrachera que planeamos.

Los labios de Tamsin temblaron y nuevas lágrimas se derramaron por su rostro.

—Me temo... me temo que tendremos que posponerlo.

—Lo haremos cuando tú quieras, mi vida. —Kenzi dejó varios besos sobre el rostro de Tamsin, aferrándose luego a él, incapaz de separarse de ella y afrontar lo que sea que pasara a continuación.

—Creo que para esta vida fue suficiente con traer el alma de Lauren... pero tenía que intentarlo... —Kenzi cerró los ojos sintiendo las palabras de Tamsin como un doloroso puñal que se enterraba sobre su pecho.

—Vas a estar bien, cariño...

Tamsin tomó el rostro de Kenzi y la apartó con mucho cuidado. Acarició con dedicación cada facción de su cara y finalmente dejó una mano sobre su barbilla, ayudándola a ver la herida que estaba consumiendo su cuerpo.

—¡Oh, dios! —gritó horrorizada lanzándose sobre el costado de Tamsin para tapar la hemorragia con sus manos—. Dime qué hago.

—Quédate conmigo, por favor —le susurró esbozando una sonrisa.

—Vas a estar bien —volvió a gritar con la voz quebrada—. Esto no es nada, vas a estar bien.

—Me estoy...

—No lo digas, por favor —la cortó con un grito.

—No tengas miedo, Bo liberó mi hogar, volveré allí, con mis hermanas...

—Por favor, Tamsin...

—Gracias por esto.

—¿De qué narices hablas? ¡No estoy haciendo nada!

—Por evitar que me vaya de este mundo de nuevo tan sola...

—¡No te vas a ir a ningún lado! ¿¡Me estás escuchando!?

Tamsin sonrió y tomó el rostro de Kenzi con sus manos. La aproximó hasta ella y dejó un beso sobre su frente, luego sobre su nariz y finalmente, uno sobre sus labios.

—Y gracias por poner en paz un corazón que llevaba demasiado tiempo en guerra.

Kenzi se quedó muy quieta y en silencio. Su gesto se congeló lleno de lágrimas. Apretó los labios y luego cerró los ojos durante algunos segundos. Volvió a mirar a Tamsin: su sonrisa, sus ojos verdes... parecía tan serena... Kenzi liberó su herida y se acostó sobre su cuerpo, aferrándose a ella todo lo que pudo.

—¿Sabes lo que me dijo Lauren? —le dijo en un tono tembloroso.

—¿El qué?

—Me dijo algo que me hizo muy feliz, pero me gustaría escucharlo de tus labios...

Tamsin suspiró, paseando sus dedos por la espalda de Kenzi. Sus ojos se fijaron en el cielo, que poco a poco se iba aclarando.

—Te gusta mucho ver a una valkiria ruborizada.

Kenzi dejó salir una pequeña risa y enterró la cara sobre el pecho de Tamsin después.

—Supongo que será que estoy enamorada de ti... y que te quiero...

Kenzi levantó la mirada y vio los cálidos ojos de Tamsin bajo ella. Ya no sonreía y sus manos estaban tendidas sobre la tierra, pero sus ojos continuaron mirándola. Kenzi se acercó hasta sus labios y sintió el débil aliento saliendo de ellos. Los besó con todo el cariño que albergaba dentro de su pecho, hasta que los sintió rígidos. No se separó de ella, aferró sus dedos a los hombros de la valkiria mientras sentía todo su interior destruirse por completo.

Se perdió en el tiempo. Su mente y su cuerpo se habían ido con Tamsin. A su hogar, suponía, al Valhalla. Lo único que la ataba a aquella tierra era el agujero doloroso que se había abierto dentro de su pecho. Por eso intuía que seguía viva, aunque se hubiera muerto con Tamsin.

—¡Kenzi! ¡Kenzi!

De pronto, escuchó una voz y se dio cuenta de que Lauren estaba de pie frente a ella. Kenzi estaba acostada sobre el suelo, sola. Su corazón dio un vuelco y se incorporó con rapidez. Buscó a Tamsin con desesperación, pero ya no la encontró. Se había ido. Para siempre. Sintió su interior como una losa que se estampó contra el piso. Escuchó todos sus pedazos rebotar sobre el suelo, porque era capaz de romperse en cada momento en el que volviera a ser consciente de su nueva realidad. Y se perdió en el tiempo, todo parecía lejano y fruto de una terrible pesadilla.

Sintió los brazos de Lauren alrededor de su cuerpo con fuerza. Escuchó el llanto desconsolado de Lauren y su alma adivinatoria volvió a romperse de nuevo, porque sintió a Lauren tan muerta como lo estaba ella y supo por qué sin ni siquiera preguntárselo.

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El aire remolineó entre su pelo. Se pasó una mano entre sus cabellos rubios y se colocó varios mechones tras la oreja. Suspiró mientras una lágrima caía por su mejilla. Varias hojas resecas volaron sobre el césped, cuyo verde se apagaba conforme avanzaba el otoño. Seis años y el simple hecho de volver a pisar aquel suelo abría todas las heridas que guardaba en su interior. El cielo se dibujaba sobre sus ojos con un azul vivo y la vasta llanura se abría ante ella entre flores y árboles que lo llenaban todo de vida, como si en aquel lugar nunca hubiera sucedido una batalla, como si sobre aquel césped no hubieran desfallecido innumerables vidas. Se tragó el nudo de emociones que amenazaba con salir de modo explosivo fuera de ella y cerró los ojos durante un instante. Por un momento su mente rememoró los sonidos de cientos de guerreros luchando y creyó que había vuelto, que podía correr hacia el portal y salvarlas, pero allí no había nada, salvo la quietud del campo y el sonido de algunos pájaros.

—Lauren...

Ella volteó el rostro, buscando con sus ojos la voz que la llamaba y a su lado vio su pelo castaño, ondeando al ritmo del viento, y su mirada oscura fija en ella.

—Estoy bien —mintió. Ella alzó una ceja, dándose cuenta, pero no le dijo nada. Lauren lo agradeció—. ¿De verdad han pasado seis años?

—Lo sé, han sido... muy duros. Aunque sabes que también han pasado cosas maravillosas.

—Cierto. —En el rostro de Lauren se dibujo una suave sonrisa, empañada por algunas lágrimas que apartó con la mano—. Si no fuera por el ADN de Bo que me dio Tamsin... Ojalá pudiera agradecérselo en persona.

Evony asintió con una sonrisa y luego pasó un brazo sobre los hombros de Lauren, estrechándola con fuerza.

—Ella lo sabrá.

Las dos mujeres se quedaron en silencio, contemplando las tres lápidas de piedras frente a ellas. Solo en una de ellas descansaba de verdad un cuerpo. Lauren siguió con sus ojos las letras talladas en la piedra: Mackenzie Malikov. Sintió un peso en su pecho, ojalá hubiera encontrado una cura para ella, pero la tristeza aceleró su enfermedad y su final fue inevitable.

Kenzi descansaba junto a las dos mujeres más importantes de su vida, o al menos era el lugar donde cada mes iban a rendirles un homenaje, pues sus cuerpos desaparecieron de aquella tierra. Así fue hasta que Kenzi no pudo levantarse de la cama. Después, era Lauren, junto a Evony, quienes volvían a aquel lugar.

—Vamos, una personita te está esperando —le dijo Evony de pronto.

—Dame un momento.

—Claro —le respondió dejando una caricia por su espalda.

Evony besó la sien de Lauren y luego se alejó, dejándole un momento de soledad. Lauren sonrió, a veces le seguía sorprendiendo cómo Evony seguía cuidándola después de todo. En aquellos seis años había sido la madre que Lauren nunca tuvo.

La doctora suspiró y se arrodilló sobre la lápida a la derecha de la de Kenzi. Perfiló con sus dedos temblorosos las letras allí grabadas: Ysabeau McCorrigan.

—Bo... —suspiró.

Las lágrimas volvieron a sus ojos sin poder remediarlo. Lauren hundió las manos sobre la tierra con rabia y después de un rato pareció calmarse. Volvió la vista a la piedra y esbozó una suave sonrisa.

—Al menos me dejaste una parte de ti y no sé qué hubiera hecho sin esa personita y sin ti.

Lauren besó la piedra y luego la acarició con la yema de sus dedos. Se puso en pie y se dirigió hacia la limusina donde la estaba esperando Evony. Antes de subirse al vehículo, observó el paisaje de la ciudad de fondo, el mundo de paz y prosperidad que Bo les había dejado, y se subió al coche con una sonrisa llena de orgullo.


Si quieren tomarse un descanso y dejar sus impresiones en un comentario, genial. Pero no se olviden que aún queda otro capítulo: el epílogo