Hola! Dios, siento muchísimo el retraso, pero la universidad está siendo horrible este año T_T Pero esta historia pienso terminarla, da igual el tiempo que tarde, NO ESTÁ ABANDONADA!

Os dejo el nuevo capítulo.

Vamos!

SOL

El agua caliente recorriendo mi piel calmaba eldolor. No solo el dolor físico, sino también el dolor de mi alma. Me sentía sucia, tanto por dentro como por fuera, y el agua y el jabón solo podían limpiar mi exterior.

Alargué mi brazo para alcanzar mi esponja. No solía usarla a menudo, pero en ese momento pensé que con ella borraría toda huella de él de mi piel. Restregaba la esponja por mi cuerpo con fuerza, hasta dejar mi piel de un intenso color rojo, más intenso de lo que ya estaba a causa del agua caliente. Mis lágrimas producidas por el dolor que yo misma causaba en mi piel y por el dolor que atormentaba mi alma resbalaban de manera abundante por mis mejillas, mezclándose con el agua que caía sobre mi cuerpo.

Sacudía mi cabeza intentando inútilmente expulsar la pesadilla vivida apenas una hora antes, intentando expulsar el recuerdo de su mirada lasciva cavándose en cada rincón de mi cuerpo y sus obscenas palabras que resonaban en mis oídos una y otra vez. Lo único que sentía en ese momento por esa persona que en algún momento quise tanto era asco, odio, repugnancia.

Sabía que nunca en mi vida podría olvidar el momento en el que entró por la puerta de mi apartamento y se abalanzó sobre mi antes de que yo dijera nada, como me hizo suya a la fuerza en el sofá de mi propia casa. Cuando intuí a que se debía su visita me maldije mentalmente por haberle dado una copia de las llaves de mi casa unos meses atrás. ¿Quién me iba a decir que mi mejor amigo iba a ser capaz de violarme en mi propia casa?

El sonido de la puerta principal cerrándose me sacó de mis oscuros pensamientos. En ese momento me tensé y comencé a temblar frenéticamente. ¿Sería el de nuevo? ¿Vendría a hacerme más daño? Me arrinconé más en la ducha, intentando inútilmente fusionarme con el frío mármol. Dejé de sollozar para que no me oyera y cerré el grifo de la ducha por miedo a que el sonido del agua estrellándose contra el suelo fuera muy ruidoso. Me senté lentamente en el plato de la ducha y comencé a balancearme hacia delante y hacia atrás con la cabeza oculta entre mis piernas, las cuales amortiguaban mis sollozos. Escuché los pasos por el pasillo, aproximándose a la puerta del baño. Me tensé inmediatamente y contuve la respiración cuando esa persona dio dos golpes en la puerta del baño.

-¿Yumi? ¿Estás ahí?-

Abrí los ojos de par en par, una ola de alivio inundó mi cuerpo, y con solo escuchar su voz todo el dolor que sentía menguó hasta casi desaparecer.

-¡ULRICH!- grité saliendo rápidamente de la ducha y envolviendo mi cuerpo con una toalla.

Prácticamente corrí hacia la puerta, la abrí y me lancé a sus brazos, aferrándome a él fuertemente. Empecé a notar como su aroma me envolvía y sonreí contra su cuello derramando algunas pequeñas lágrimas de alivio, de vergüenza, de culpa. La presencia de Ulrich era como un rayo de luz, como un sol que hacía desaparecer la oscuridad en la que me encontraba antes de que el llegara a casa. Mi sol. Mi propio sol.

Al notar que estaba llorando me separó de él suavemente y clavó su oscura y penetrante mirada en mi rostro.

-¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado? Preguntó el con tono de preocupación.

-Ahora que has llegado todo está perfectamente- dije sonriendo débilmente.

-Entonces, ¿por qué sigues llorando?

En ese momento una lucha interna surgió en mi cabeza. ¿Debería contarle la verdad? Sí, debía hacerlo, quería hacerlo. Pero temía que me abandonara o que me culpara de lo sucedido.

-Yumi, por favor…- susurró Ulrich colocando su mano en mi cuello dulcemente.

Ante ese gesto sentí un agudo dolor que hizo que me estremeciera. El se percató de ello y, apartando mi pelo, dirigió su mirada hacia donde había reposado su mano hacía un segundo. Sus ojos de abrieron de par en par. Entré de nuevo al baño para mirarme al espejo. Un sonido ahogado salió de mi boca al ver una gran marca en varios tonos púrpuras en mi cuello. Pasé mis dedos por la marca, soltando un pequeño gemido de dolor. Sin duda ese cardenal me lo había hecho el que se hacía llamar mi amigo esa misma tarde.

Ulrich se acercó a mi con mirada preocupada. El sabía que eso que había en mi cuello no lo había hecho él, y aunque no me lo dijera en ese momento yo sabía que Ulrich confiaba en mi y estaba convencido de que esa horrible marca no estaba en mi cuello por mi propia voluntad. Sabía que yo nunca lo engañaría con nadie. Mi novio se percató entonces de que algo raro ocurría. Con una de sus manos colocó un mechón de mi oscuro cabello detrás de mi oreja.

-Yumi…

Pronunció mi nombre con una voz tan tierna, preocupada y triste que no pude resistir más y rompí a llorar de manera ruidosa. Me refugié en su pecho y el no dudó en rodearme con sus fuertes brazos.

-Me ha violado, Ulrich… dije sollozando descontroladamente.

Noté como sus brazos se tensaban, pero en ningún momento me soltó.

-¿Qué dices, Yumi?- dijo furioso- Dios, tranquilízate y explícamelo todo.

Poco a poco mi llanto fue cesando, estaba preparada para contarlo.

-William vino a casa esta tarde. Me extrañó, porque el siempre me avisa cuando va a venir, pero creí que algo grave había pasado, que vino por alguna emergencia…-hice una pausa para suspirar profundamente- Antes de que le preguntara nada me agarró fuertemente.- le enseñé a Ulrich algunos de los cardenales que habían aparecido en mi piel por culpa de William- Olía mucho a alcohol, pero era consciente de sus actos. Entonces me llevó hasta el sofá, y entonces pasó…

Ulrich me soltó y se alejó de mi unos pasos. Me abracé a mi misma, intentando aplacar el frío que me producía su lejanía. Con los puños fuertemente apretados comenzó a golpear la pared. Me llevé las manos a la boca tratando de ahogar mis sollozos, que no habían menguado tras acabar de narrar los hechos de aquella tarde, y las lágrimas volvieron a mis ojos. Rápidamente me acerqué a el y traté de sujetar inútilmente sus manos para que dejara de dar golpes, no quería que se hiciera daño, y menos por mi culpa.

-¡LO SIENTO, ULRICH! ¡LO SIENTO! ¡PARA, POR FAVOR!- grité.

Con un último golpe finalmente se detuvo y apoyó su frente contra la pared. Yo le abracé por detrás, colocando mi cabeza contra su espalda. Sentí su respiración agitada, la cual poco a poco iba calmándose. Hubo un momento de silencio que finalmente rompió Ulrich.

-No pidas perdón, Yumi, no tienes culpa de nada- dijo con la mandíbula apretada- Ha sido mía, debí haber estado aquí esta tarde, no tendría que haber ido al entrenamiento, no era obligatorio…

-No, Ulrich- lo interrumpí yo- No te culpes de algo que no podías saber que sucedería.

Se deshizo de mi agarre y caminó a grandes zancadas hacia el salón. Con la toalla envolviendo todavía mi cuerpo ya seco, salí corriendo tras él. Ulrich se puso la chaqueta y fue directo a coger las llaves del coche.

-Ulrich, ¿a dónde vas?- pregunté angustiada conociendo la respuesta.

Se detuvo en mirad de la sala y lentamente se giró hacia mi. Esa fue la primera vez que me dirigió la mirada tras contarle lo ocurrido. Tenía los ojos rojos y vidriosos, como si estuviera conteniendo las lágrimas.

-Voy a ir a casa de ese hijo de puta y a romperle esa sonrisa de gilipollas que tiene en la cara- amenazó Ulrich intentando no gritar- Voy a reventarlo, Yumi, voy a hacer que se arrepienta de lo que te ha hecho, voy a convertir cada una de tus lágrimas en un puñetazo dirigido a él. Tras decir esto se dirigió a la puerta como un huracán. Lo agarré del brazo, impidiendo que se fuera.

-Ulrich, no le hagas nada, por favor.

-¿Que no le haga nada, Yumi? ¿Lo dices en serio? ¡Ese hijo de la gran puta te ha violado! Se ha atrevido a tocarte sin tu consentimiento y te ha llenado el cuerpo de moratones, y eso solo son las secuelas físicas, las psicológicas son peores. ¿Y no quieres que haga nada?

Comenzó a patear la puerta con rabia. Esta vez no hice nada para evitarlo, entendí que era lo que necesitaba. Me quedé mirándolo, llorando en silencio. Cuando los golpes cesaron colocó ambas manos en su cara, cubriendo sus ojos. El silencio volvió a instalarse entre nosotros. Me acerqué lentamente hacia él y suavemente retiré las manos de su rostro. Ulrich mantenía los ojos fuertemente apretados, al igual que su mandíbula.

-Ulrich…- susurré acariciando su mejilla con mi dedo pulgar.-Si le haces algo podrías meterte en problemas. Te denunciaría y aunque te libraras de la cárcel constaría siempre en tu historial.- tomé una gran bocanada de aire antes de continuar- Ulrich, mañana vamos a comisaría y lo denunciamos. Lo sacaremos de nuestras vidas para siempre, y de la manera correcta. No te ensucies las manos con alguien que no merece la pena.

Ulrich suspiró fuertemente, asintiendo aún con la mandíbula apretada. Me fijé como dejaba poco a poco de apretar los puños. De repente unas pequeñas lágrimas de rabia surcaron su rostro, y me abrazó fuertemente, rodeando mi estrecha cintura con sus brazos y enterrando su cara en mi pelo. Yo enredé mis brazos en su nuca y allí, entre mis brazos, comenzó a llorar de manera silenciosa.

Dejé que con el llanto liberara toda esa rabia contenida. Verlo así hizo que algunas lágrimas inundaran mis ojos, pero me mordí el labio evitando así que surgieran. No quería llorar más. Cuando cesó el llanto acercó sus labios a mi oído.

-Te amo, Yumi- susurró- Y te juro que William lo va a pagar caro. No estás sola en esto, yo estoy contigo y lo estaré siempre.

Esas palabras hicieron que las lágrimas volvieran a mi rostro, pero esta vez eran nuevas, por primera vez en esa tarde eran lágrimas de felicidad. Porque me sentía la persona más afortunada del mundo por tener a Ulrich a mi lado. Di gracias mentalmente a quién fuera que lo pusiera en mi camino. La oscuridad que envolvía mi mundo en el momento en el que William me forzó comenzó a desaparecer con la llegada de un pequeño rayo de luz producido sin duda por mi novio.

Sabía que no sería fácil dejar atrás ese recuerdo, pero también sabía que no estaba sola en esto. Tenía una familia maravillosa, los mejores amigos del mundo y mi propio sol, Ulrich, el cual siempre estaría ahí para iluminar mi camino.

-Yo también te amo, Ulrich.

Lo sé, LO SÉ! Es un poco deprimente T_T Pero juro que la siguiente será feliz al fin. Esta historia se me ocurrió en clase, mientras la profesora de Textos Latinos nos explicó como una protagonista de la mitología griega fue perseguida por un hombre que intentaba violarla.

Esta vez no puedo contestar a los comentarios pero juro que la próxima vez si lo haré. Gracias a todos los que seguís ahí leyendo cada tontería que sale de mi loca cabeza :D

Un beso, y hasta la próxima!