Hola, aquí os traigo el siguiente cap, sí, lo sé, lo siento, debo haber tardado una eternidad T/T no me matéis. No os entretengo más y os dejo con el cap :3


Los primeros rallos de sol iluminaron la estancia levemente. La joven se removió en su cama, molesta por la luz que perturbaba su sueño. Suspiró, ya se había despertado así que lo mejor sería que se levantara. Se sentó en la cama y se estiró, una sonrisa se instaló en sus labios. La ojirubí recordó de nuevo aquella maravillosa noche. Lo había encontrado, debía ser él. Kuroashi Sanji tenía que ser su marido. Le parecía estúpido pero se había enamorado. Se sonrojó al recordar el beso que se habían dado escondidos en su jardín. Su primer beso, había sido tan especial, tan perfecto. Se sentía feliz.

Se levantó y fue directa al baño a lavarse la cara, poco después llegó una doncella que la ayudo a vestirse y peinarse. Se miró al espejo y sonrió satisfecha con su aspecto, quería estar impecable por si hoy iba a visitarla Sanji. Bajó a desayunar, en el comedor ya se encontraban sus padres, charlando amenamente.

-¿Qué tal te lo pasaste anoche, cariño? –preguntó su madre dulcemente.

-Muy bien, madre –sonrió Aiko. El destello de su mirada no pasó desapercibido por su madre, que sonrió pícaramente sin añadir nada más.

-Hubo un momento en el que no te encontraba, ¿dónde estabas? –preguntó su padre con inocencia. La rubia menor se sonrojó haciendo reír a la otra.

-Fui al jardín a tomar el aire… estaba un poco agobiada dentro –contestó la ojirubí sin mirar a su padre a los ojos.

-¿Si? Pues yo te vi salir con el señor Kuroashi al jardín –contestó su madre con una nota de diversión en la voz.

"¡Lo sabe!" pensó alarmada la joven. "Pero eso es imposible… estábamos solos fuera… Tal vez es que estoy siendo demasiado evidente…" repuso intentando relajarse un poco.

-Sí, salimos fuera para hablar más tranquilos –contestó seriamente Aiko.

-Aburrida… -susurró su Atsuko, desilusionada porque su hija no le contaba detalles de aquel momento a solas con el rubio. Shanks la miraba sin entender nada, "cosas de mujeres" pensó.

-¿Y tienes ya más claro quién será tu marido, Aiko? –preguntó con dulzura el pelirrojo mirando a su hija. La rubia se removió en su asiento, incómoda, no había recordado el propósito de aquella fiesta. Estaba completamente segura de que sentía algo especial por Sanji, ¿pero tanto como para casarse? No lo tenía tan claro, debía asegurarse bien.

-Bueno, más o menos, no quiero precipitarme… –contestó evitando la mirada que le lanzaba su padre.

-Pues espero que pronto lo tengas decidido, cuanto antes hagamos esto mejor. –las dos rubias asintieron ante lo dicho por el cabeza de familia y continuaron su desayuno con una conversación amena y tranquila.

Cuando terminaron Aiko se quedó sola en el comedor, al parecer sus padres tenían unos asuntos importantes que atender. Observó como dos de sus criadas recogían la mesa en absoluto silencio, ella sonrió y agradeció el trabajo de estas, recibiendo una sonrisa agradecida de las chicas.

Llamaron a la puerta y la joven, curiosa, decidió ir a abrir ella misma. Pero cuando llegó el mayordomo ya había abierto. Se acercó a la puerta, ignorando este hecho. El mayordomo se sorprendió un poco al verla pero dejó que ella atendiera a las visitas.

-¡Robin, Kaya! –exclamó la rubia al ver a sus dos amigas.- ¿Cómo es que habéis venido tan temprano?

-No hemos podido evitarlo, estábamos ansiosas por hablar contigo –respondió la morena con una sonrisa divertida.

-Al parecer tienes muchas cosas que contarnos –añadió de igual manera Kaya.

-Vosotras también, si no recuerdo mal os vi ir a bailar con unos hombres muy interesantes –contraatacó la rubia, haciendo sonrojar a sus dos amigas.- Pero no os quedéis ahí en la puerta, pasad, pasad.

Las tres chicas se dirigieron a la salita de estar comentando entre ellas cosas sin importancia de la fiesta. Cuando llegaron las tres se sentaron en un cómodo sofá. Fue Robin la primera en hablar antes de que Aiko se adelantara.

-¿Y bien? Que tal con el señor Kuroashi, ¿es el indicado? –preguntó rápidamente. Aiko suspiró ante la pregunta tan directa de su amiga.

-Sí, creo que sí… –susurró un poco avergonzada. Robin y Kaya se miraron entre ellas y sonrieron.

-Nos alegramos mucho por ti –dijo la rubia.- Seguro que te va muy bien con él.

-Pronto iremos de boda –comentó la morena sonriendo divertida.

-No te adelantes tanto, Robin, poco a poco, aun no está del todo claro, además si a mi padre no le parece bien mi elección…

-¡Eso sería injusto! –exclamó la ojimarrón indignada. La otra rubia asintió algo triste.

-No te preocupes, no pasará nada malo.

-Eso espero… –suspiró Aiko.

-Bueno, ¿y qué ocurrió cuando os fuisteis al jardín? –preguntó Kaya para cambiar de tema. La ojirubí se sonrojó notablemente.

-P-pues… nada del otro mundo… estuvimos hablando de nuestras vidas y nuestros gustos… y-y después… me… b-besó… –añadió susurrando. Las otras dos, atentas a cada palabra que pronunciaba escucharon perfectamente.

-¡¿Te besó?! –gritaron a coro las dos.

-Sshhh –la rubia se llevo el dedo índice a los labios pidiendo silencio.- No quiero que se entere nadie…

-Debió ser muy romántico… –comentó Kaya ilusionada. La morena asintió sonriendo.

-Lo fue… ¿y a vosotras que tal os fue? –preguntó para cambiar rápido el rumbo de la conversación. Robin miró a Kaya para que empezara ella con su relato.

-¿A-ah…? Yo… pero… –suspiró, la morena no aceptaba escusas- Pues… el príncipe Usopp me pidió bailar, y… después me preguntó si querría enseñarle esta tarde la ciudad…

Las otras dos la miraron con sorpresa. Nunca hubieran imaginado que el príncipe árabe tuviera tanto valor como para incluso pedirle una cita. Aun así después de la sorpresa inicial sonrieron a su amiga, dándole ánimos.

-¡Eso es genial, Kaya! Seguro que pronto el dará el paso y seréis pareja –sonrió Aiko.

-¡Y tú lamentándote porque pensabas que no te prestaba atención! –comentó Robin con una risilla.

-Sí… la verdad es que estoy muy feliz… –comentó la rubia sonrojada.- Ya es más de lo que esperaba conseguir de él… así que estoy muy conforme. Aunque al final no lleguemos a nada más, no importará.

-¡No seas tan pesimista! –la regañó la ojirubí.- Hacéis una pareja fantástica, seguro que todo irá bien.

Kaya sonrió con renovadas esperanzas y miró a Robin como momentos antes la morena había hecho con ella.

-Bueno, el señor Roronoa me pidió un baile y se lo concedí –resumió tal vez con excesiva frialdad la morena.

-Vamos, Robin, no seas así, seguro que hay algo más –comentó Aiko frustrada.

-Fue interesante bailar con él, pero nada más –contestó cortante, dando por finalizada aquella conversación. Ambas rubias se miraron, preocupadas y tristes por su amiga. Sabían que había algo más, pero si Robin no ponía de su parte no podrían hacer nada por ayudarla. Suspiraron abatidas. Debían pensar en una manera de hacerla entrar en razón.

La llegada a palacio del príncipe alemán fue, como siempre, ostentosa. La mayoría de los criados habían salido al enorme jardín delantero para recibir a su señor. Aun Luffy, lejos de querer parecer mal soberano, no les prestó atención. Estaba demasiado ocupado hablando con Nami, diciéndole que tenían que bailar más, como hace algunas noches en la mansión Akagami. La pelinaranja suspiró, llevaba todo el viaje repitiendo lo mismo.

-Luffy, te he dicho que bailaremos las veces que quieras, cállate –le ordenó, Luffy obedeció sin perder la sonrisa.

Se escuchó una exclamación ahogada a coro por todos los criados y empleados que habían salido a recibir a su príncipe. Nami calló avergonzada dándose cuenta del error que había cometido. Había aceptado llamar a su rey por su nombre, como en los viejos tiempos, pero era algo que no debía hacer ante las miradas de los demás. Dirigió una mirada a su alrededor, y horrorizada, comprobó que todos la miraban como si hubiera matado a alguien. Luffy también fue consciente del cambio de humores de sus subordinados, acababa de darse cuenta de que estaban allí y que miraban de muy mala manera a Nami.

-¿Ocurre algo? –preguntó mirándolos con seriedad. Aquello sorprendió a todos, incluso a la propia Nami. Se mantuvo un silencio sepulcral durante unos minutos, hasta que uno de los mayordomos más ancianos que se encontraba allí dio un paso hacia su señor.

-Su majestad, esta plebeya le ha llamado por su nombre… –explicó, sin salir de su horror. Luffy hizo un mohín con molestia.

-Nami tiene permiso para llamarme por mi nombre –sentenció sin dejar posibilidad a replicas. El mayordomo asintió e hizo una reverencia para después volver a su lugar en absoluto silencio, sorprendido por la decisión del príncipe.

La pareja continuó su camino hasta el interior del palacio. Una vez allí, Nami acompañó al moreno al comedor, donde lo esperaba un gran banquete. Luffy se relamió disimuladamente, y una vez en su asiento empezó a comer lo más educadamente que podía para que Nami no lo regañara. La niñera se quedó a su lado, mirándolo, también tenía hambre pero debía esperar para ir a comer con el servicio. Sin darse cuenta se quedó mirando demasiado tiempo un trozo de carne, parecía tan jugoso, justo en su punto…

-¿Tienes hambre? –preguntó Luffy sonriendo.- ¡Come conmigo! –añadió emocionado. Aquellas palabras trajeron de vuelta a la pelinaranja.

-No… yo no puedo comer contigo Luffy… debo comer con el servicio… además no tengo ha-… –un leve rugido del estomago de Nami hizo que esta se sonrojara y el príncipe sonriera aun más. Le hizo un gesto para que se sentara a su lado y la chica no pudo hacer otra cosa más que sentarse, y la verdad es que lo agradecía. Luffy le ofreció el filete que momentos antes había estado observando.

-Puedes coger lo que quieras –dijo el moreno para después seguir comiendo, o tragando mejor dicho, como si fuera una aspiradora. Nami sonrió un poco y comió despacio, su estomago agradeció enseguida el alimento y su paladar degustó concienzudamente aquel plato que jamás pensó que podría probar.

Siguió comiendo, maravillada con la cantidad y variedad de comida que había en aquella mesa, y no paraba de llegar y desaparecer igual de rápido. Entonces fue cuando Nami se dio cuenta que en una comida con Luffy debes pelear o quedarte sin comer. Le dio un manotazo para apartarlo de su plato, aquello no fue suficiente porque a los pocos minutos el príncipe lo estaba intentando de nuevo. Clavó el tenedor a pocos milímetros de su mano y le lanzó una mirada asesina. Aquello fue suficiente para que no lo intentara más y Nami pudo disfrutar de una comida tranquila.

-Nami, ¿después podemos ir a la ciudad a pasear? –preguntó Luffy algo sonrojado, para él aquello era una cita oficialmente.

-Claro, será divertido –contestó la chica terminándose de comer una mandarina. Ella no notó aquel sonrojo, tampoco se dio cuenta de lo que aquel paseo significaba para Luffy, para Nami aquello no era más que otra aventura de su príncipe.

Sanji salió del local muy conforme con su compra. Abrió el pequeño estuche con infinito cuidado y observo la joya que se encontraba dentro. Un pequeño broche, con forma de flor, los pétalos eran de oro y en el centro de la flor había un rubí que brillaba con luz propia. Siguió caminando hasta su carro. Allí lo esperaba su chófer, recostado intentando dormir un poco, se despejó al escuchar a su señor subir. No hizo falta que le dijera donde tenía que ir, lo sabía. Próximo destino, la mansión Akagami.

No tardaron en llegar, el destino parecía que quería que se reuniera con su amada cuanto antes. Se arregló el traje de nuevo y bajo del carro, nervioso. Se sorprendió al darse cuenta de que estaba nervioso, él que era todo un conquistador de las damas, era algo innato en él. Pero aquella chica… era tan perfecta que temía a cometer un simple error y perderla para siempre. Llegó a la puerta y llamó con firmeza. Segundos después el mayordomo le abrió la puerta y lo miró sorprendido.

-Perdone, estoy buscando a la señorita Akagami Aiko, ¿se encuentra en casa? –preguntó el rubio con una sonrisa trayendo a la realidad al mayordomo.

-Oh, sí, voy a buscarla –el mayordomo dejó a Sanji en la entrada y fue en busca de Aiko que seguía con sus amigas. –Tiene visita, señorita.

Aiko miró sorprendida a su mayordomo y se quedó pensativa unos segundos, intentando averiguar quién sería su nueva visita. Pero no llegaba a comprender quien podía ser, a las únicas que esperaba era a sus amigas y ellas estaban allí con ella. Decidió desvelar de una vez ese misterio e ir a averiguarlo por sus propios ojos. Se levantó y siguió al mayordomo hacia la entrada, sus amigas que vieron la expresión de duda de su rostro la siguieron con curiosidad.

Sanji escuchó los pasos de alguien acercarse y volvió a comprobar que su traje estaba correctamente. Entonces la vio entrar, bastante pensativa y después sorprendida. Segundos después la rubia estaba completamente sonrojada, aun así se acercó a él.

-S-sanji… no te esperaba aquí hoy –comentó la rubia aun sonrojada.

-Quería darte una sorpresa, y por lo que veo lo he conseguido –le sonrió el rubio. Las amigas de las chica observaban la escena desde más atrás con una sonrisa divertida en el rostro.

-Es un detalle por tu parte que te tomes la molestia de venir hasta mi casa solo para eso… –susurró la ojirubí aún más sonrojada.

-Yo haría cualquier cosa por ti, mellorine –con aquel comentario Aiko llegó a un nuevo tono de rojo intenso, aún más que sus ojos que brillaban emocionados, sus amigas la miraban con cierta envidia deseando tener un hombre como el que tenía ella.

-V-vamos a un lugar más privado para hablar… -consiguió decir la chica. Sanji asintió con una sonrisa y acompañó a su amada a una de las salitas de su mansión.

Se sentaron en uno de los cómodos sofás mirándose a los ojos, y así permanecieron unos instantes. Sus miradas no se separaban la una de la otra, expresando más sentimientos de los que las propias palabras podían albergar. Fue Sanji el que rompió el silencio, sin romper aquella conexión de miradas.

-Oh, casi olvido el por qué he venido hasta aquí –dirigió una de sus manos al interior de la chaqueta, sacando de uno de los bolsillos interiores una cajita. Aiko abrió los ojos sorprendida, casi se le para el corazón. "¡¿M-me va a pedir matrimonio…?!" pensó alarmada. La rubia intentó balbucear algo como "Aun no estoy preparada" "Es demasiado pronto" pero las palabras no le salían. Sanji abrió la cajita mostrándole el broche que había elegido para ella, y había elegido bien porque el tono que tenía el rubí era el mismo que el de los ojos de la chica.- Un pequeño presente para mi amada –comentó con una sonrisa entregándole la caja.

Aiko se relajó notablemente tomando la caja y mirando ilusionada la flor de ojo que había en su interior. Aunque también se sintió un poco decepcionada, de verdad que pensaba que él le iba a pedir matrimonio, y algo dentro de ella pensó que casarse con aquel hombre no era tan malo. Desechó esa idea, era pronto para pensar en matrimonio, debía disfrutar de ese momento. "Aun nos queda mucho camino por recorrer y muchas cosas por vivir juntos antes de hablar de matrimonio" pensó fríamente. La ojirubí cogió el broche con delicadeza a elegancia y lo colocó sobre su vestido, cerca de donde se encuentra el corazón con una sonrisa.

-Es precioso Sanji, muchísimas gracias –dijo mirándolo con ojos acuosos de la emoción. Era la primera vez que recibía un regalo de un hombre que tal vez pudiera convertirse en su futuro marido. – No hacía falta que te molestaras en comprarme algo… podías haber utilizado el dinero para obras benéficas…

El rubio sonrió al recordar la pequeña conversación que tuvieron sobre ese tema cuando habían paseado por los jardines. Al parecer sus palabras habían hecho buen efecto en la rubia.

-No es ninguna molestia, dulce flor, tengo dinero suficiente para gastarlo donde quiera ahora que puedo, no es malo permitirse algún capricho de vez en cuando –contestó Sanji sin perder su sonrisa.- Y no tienes que agradecerme, por ti compraría la luna si fuera necesario.

Aquellas palabras hicieron sonrojar a Aiko nuevamente. Sentía que cada vez se sentía mejor al lado de Sanji, quien le dedicaba bellas palabras y elegantes regalos. Pero una duda asaltó su mente. ¿Durante cuánto tiempo sería el rubio así de atento y galante con ella? Tal vez después de conseguir casarse con ella dejaba de tratarla igual. Algo dentro de ella suplicaba porque aquello no fuese verdad, y realmente creía que aquel comportamiento por parte de su amado no podía ser posible. Suplicó para que aquella vocecilla no se equivocara.

-Aun así, muchas gracias –sonrió y le dio un beso en la mejilla, cerca de la comisura de los labios. Sin atreverse a llegar a más, algo sonrojada se apartó desviando su mirada. Aquella acción sacó un ligero sonrojo a Sanji, que parecía que en cualquier momento se pondría a bailar de la emoción, por suerte, consiguió contenerse. Aiko lo miró de reojo y vio de primera mano las reacciones que había conseguido sacarle al rubio. Se rió bajito, divertida por la situación. Sanji al escucharla no pudo evitar reírse con ella, contagiado por la alegría de la joven.

-¡Ah! Otra cosa más antes de que lo olvide –dijo el de cejas en espiral poniéndose un poco serio y consiguiendo que la chica le prestara atención, preocupada.- Esta tarde me voy de viaje de negocios, debo ir al norte del Reino Unido unos días… Solo quería decírtelo para que no te preocuparas si no venía a visitarte.

- Oh –suspiró Aiko.- Pensé que te había pasado algo grave… Gracias por decírmelo, eres muy considerado –sonrió.- Te voy a echar de menos…

Se dieron un abrazo y se quedaron así unos minutos, que parecieron segundos, disfrutando del contacto y el calor del otro. Se levantaron juntos cogidos de la mano, Aiko estaba más que sonrojada. Cuando salieron se encontraron con Robin y Kaya que estaban intentando escuchar detrás de la puerta, se sonrojaron al instante al verse descubiertas y se disculparon avergonzadas. Sanji se despidió de ella con un beso en la mejilla, y cuando la puerta se cerró tras él soltó un suspiro. Sus amigas la miraban interrogantes, a pesar de haber intentado escuchar no habían sacado ninguna información.

- Me ha traído un regalo –resumió Aiko señalando su broche con una sonrisa alegre, al continuar hablando su expresión cambió a una más triste.- Y se va unos días al norte de Reino Unido de viaje… Lo voy a echar de menos…

-Tranquila, son solo unos días, en seguida lo tendrás de vuelta –sonrió Kaya.

Aiko asintió y volvieron a la salita donde se encontraban momentos atrás y reanudaron su conversación, aunque no quedaba mucho más por comentar y pronto las dos invitadas se marcharon ya que tenían otros asuntos que atender y tampoco querían molestar demasiado a su amiga. Se despidieron con un abrazo. Cuando Aiko las vio marchar se sintió más vacía que nunca. Hizo una mueca de disgusto. Su amado no estaría en la ciudad, sus amigas no podían estar todo el rato con ella, lo entendía, pero un ratito más le hubiera venido bien. Miró hacia atrás, la gran mansión parecía vacía, sus padres no estaban en casa y no sabía cuándo llegarían… y su hermana… Le dolía pensar en su hermana. La echaba de menos, desde el día en que se casó no la había visto, porque ahora vivía en América con su marido, sabía que era feliz, pero deseaba poder ir a visitarla. Recordó que Sanji tenía negocios allí, tal vez un día la llevaría allí de viaje. Sonrió, más animada al pensar que quizás podría visitar a su hermana.

Iba a cerrar la puerta cuando escuchó un carruaje acercarse rápidamente a la puerta principal de su hogar. Debía ser alguien importante para estar atravesando a esa velocidad el camino principal que atravesaba su jardín delantero. Esperó impaciente, con su mayordomo al lado. El carro llegó y frenó súbitamente a pocos metros de ella. La puerta del carro se abrió y de ella bajo una mujer, unos años mayor que ella, con el pelo rojo como el fuego, al igual que el de su padre. La mujer en la que apenas unos instantes estaba pensando. Sonrió. Su hermana, Naoko.

La pelirroja fijó sus ojos marrones en ella unos segundos, estaba muy seria, pero al darse cuenta de quién era la rubia sonrió y su rostro se llenó de alegría. Apartó la mirada un momento de ella y ayudó a su marido a bajar del carro. Portgas D. Ace. Aiko en seguida supo que algo no estaba bien. Normalmente hubiera bajado primero Ace y después ayudaría a bajar a Naoko, y otro detalle era que Ace estaba muy pálido demasiado pálido, sus pecas se marcaban más en su rostro, y parecía tener muy pocas fuerzas. Naoko ayudó a su marido a llegar a la puerta, permitiendo que dejara caer algo de su peso sobre ella. Aiko en seguida salió a ayudarlos. Aunque el mayordomo y otro sirviente intentaron ocupar el lugar de las mujeres, estas no se lo permitieron y cargaron con el pecoso hasta una habitación, que solo se abría para ser limpiada y aireada. La habitación que siempre tenían preparada para la pareja. Las mujeres acomodaron a Ace sobre la cama y Naoko pudo saludar adecuadamente a su hermana.

- ¡Hermanita! ¿Qué tal? ¡Cuánto has crecido! –dijo abrazándola con fuerza, Aiko correspondió al abrazo en seguida riéndose.

- Yo muy bien, tengo muchas cosas que contarte, pero mejor las dejamos para otro momento… –dijo la rubia cambiando su expresión. Naoko entendió en seguida y asintió, poniéndose seria y perdiendo toda la alegría que su rostro mostraba.- ¿Qué le ha pasado a Ace?

- N-no lo sé… –se le quebró la voz y temblaba de impotencia, con los ojos acuosos apunto de derramar un mar de lágrimas.- Lo han revisado los mejores médicos de América y ninguno sabe lo que tiene… Aiko, mi Ace se muere –y bajo la mirada sorprendida de la rubia, Naoko se echó a llorar.


Y eso es todo. De nuevo no me matéis por poner a Ace así, pero era necesario TwT Espero que os haya gustado y ya sabéis cualquier crítica, consejo, comentario sobre el fic y el cap me lo hacéis saber, vuestra opinión es importante para mí ewe

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