VENGANZA

Prologo

Era una noche muy fría y oscura en la aldea de la hoja, todas sus calles eran invadidas por el silencio, escuchándose los lamentos de un pequeño niño, que limpiaba unos gigantescos rostros de piedra, en lo profundo de la noche.

- Snif, snif –se escuchaba por parte de un niño rubio de ojos azules, subido en un peldaño, con una cubeta y un pedazo de trapo
- Deja de llorar estúpido mocoso –decía un hombre, que lo veía con una mirada gélida, vistiendo el uniforme de la aldea, a unos cuantos centímetros de él
- Snif, snif –volvía a escucharse por parte del niño
- Si no te metieras en problemas todo el tiempo no estarías en esta situación

El pequeño no contestaba, solo se concentraba en limpiar lo que parecía una especie de grafiti sobre los rostros de piedra.

- No sé porque el Hokage no te castiga como corresponde –dijo el shinobi de la hoja, cruzando los brazos, sin notar que alguien estaba viéndolo
- Ya es suficiente Iruka –se escucho, por parte de un hombre de edad avanzada, apareciendo cerca de ambos, tanto del shinobi como del niño
- Lord Hokage –contesto el shinobi, con algo miedo, al notar que el Hokage tenía un semblante muy serio, poco común en él
- No es necesario que me expliques nada Iruka… por qué mejor no te vas a descansar, yo me haré cargo de Naruto

Iruka no tuvo más opción que obedecer a su superior, marchándose. El pequeño rubio por su parte, no dejaba de limpiar, llamando la atención de aquel venerable hombre.

- ¿Por qué me defiende? –pregunto el pequeño, sin mirarlo, concentrándose en sacar los trazos de pintura de los rostros de piedra
- Porque eres especial Naruto –respondió el Hokage, con una singular pipa en su boca, inhalando un poco de ella, para exhalar un poco de humor negro
- Sera el único que lo piensa, los demás me ven como si fuera un monstruo

Aquel hombre quedo callado, no sabía cómo contestarle; el pequeño lo noto, cambiando su expresión a una más seria, creando una enorme tensión en el ambiente.

- Te parece si después te llevo a comer rameen –dijo el Hokage, tratando de romper con ese silencio tan incomodo
- No tengo hambre –replico el niño rápidamente
- Y eso... a ti te gusta comer… y más si se trata de rameen –respondió el Hokage asombrado, casi tirando su pipa de la impresión
- No tengo hambre… eso es todo
- Pero
- ¡No tengo hambre! –replico el pequeño niño, volteando a ver al Hokage, mientras varias lágrimas le brotaban
-Entiendo –asintió el Hokage un poco serio –Lamento molestarte entonces, sigue con tu trabajo –dijo el venerable, dándose la vuelta, tocándose un singular sombrero de color blanco con una franja roja –Lo siento Cuarto Hokage –pensó el hombre, marchándose de ahí

La noche se hacía cada vez más fría y oscura con forme el tiempo pasaba.

Le había tomado algunas horas, pero por fin Naruto había terminado de limpiar los rastros de pintura de las enormes construcciones de aerolito.

El pequeño niño, cansado y sin energías, bajo del peldaño, dejando la cubeta y trapos a un lado, bajando de ahí.

- Odio mi vida –decía el pequeño rubio, aguantando las ganas de sollozar

El pequeño caminaba por las calles de la aldea, tratando de contener sus chillidos lo más que podía, para no despertar a nadie, sabiendo que si lo hacía, podría sufrir graves consecuencias.

El trayecto solitario hacia su departamento se volvió muy rutinario, a la corta edad de seis años, Naruto había sufrido muchas injusticias y humillaciones por parte de todos los aldeanos.

- Por que habré nacido –musito el ojiazul, enfrente de una puerta, sacando una llave de su bolsillo derecho, incrustándola en una cerradura, jalando una palanca interna, abriendo lentamente la puerta

El pequeño entro a su apartamento, viendo una muy pequeña habitación, sintiendo un extraña sensación en su estomago, se moría del hambre. Haber limpiado una de sus muchas travesura, había agotado la mayoría de sus energías.

- Me muero de hambre –decía el ojiazul, yéndose a una pequeña alacena que tenía en una esquina de su vivienda

Naruto abrió la alacena con gran ilusión; para su sorpresa, nada era lo que había encontrado en esa pequeña estantería.

- Odio mi vida –se decía el ojiazul, mirando su confortable cama, pensando en irse a dormir sin cenar, como muchas noches ya era costumbre

En ese momento, un leve golpe de viento le llego a su nuca, haciendo que este volteara rápidamente, viendo hacia su ventana, dos enormes tazones de rameen, con doble carne de puerco; su favorito. Naruto camino hacia la ventana, asomando un poco su cabeza, viendo de lado a lado, sin ver a nadie.

El pequeño no pudo contener su felicidad y su desconcierto; su platillo favorito servido como por arte de magia, ¿cómo era posible?, pensaba, llegando a la conclusión que alguien lo había dejado. Naruto deseaba darle las gracias a quien le ayudo, por ese enorme gesto de generosidad, pero sería otro día, ya que se moría del hambre como para dejar que ese delicioso platillo se enfriara.

El pequeño no perdió tiempo, comía como si no lo hubiera hecho en mucho tiempo, degustar de esos deliciosos tazones de rameen eran un deleite para él.

Con forme el tiempo pasaba, Naruto terminaba felizmente su ración de comida.

- No sé quien haya sido, pero le debo las gracias –dijo el pequeño rubio, chupándose los labios, dejando los dos tazones, sobre una pequeña mesita de madera, para luego juntar sus manos, dando las respectivas gracias.

El ojiazul estaba contento, aunque sabía que su felicidad solo le duraría un leve instante. Ya satisfecho, el rubio se quito su ropa, que consistía en un pantalón naranja, así como de una chaqueta del mismo color, siendo sujetada por su cintura, quedándose en unos boxes blancos, y una playera negra lisa.

- Ahhh –se escucho combinado con un suspiro

El rubio miro nuevamente su cama, halando sus sabanas, para así poder dormir y descansar.

No pasó mucho para que el cansancio lo venciera, el rubio reposaba en su confortable lecho, cuando un extraño encapuchado entro a su habitación, su cuerpo tenia semblantes finos y delgados, como si se tratara de una mujer, que sujetaba una enorme bolsa negra, dirigiéndose hacia la alacena, colocando muchas cosas en ella, para después tomar los dos tazones de la mesa, guardándolos en la bolsa.

- Descansa Naruto –musito el encapuchado, con un tono de voz muy suave, podría distinguirse que era una voz femenina

La encapuchada se acerco hacia Naruto, besándole su mejilla izquierda, para después salir por la ventana, pero no sin antes dejarle una nota, sobre la mesita de madera.

El tiempo paso volando, la fría noche desaparecía. El sol se hacía presente, iluminando la mayoría de su habitación.

Su despertador sonó, sacándolo rudamente de su lecho.

- ¡AHHHH! –Grito el rubio, respirando agitado, parecía que había tenido una pesadilla –Solo fue un sueño –se dijo, mirando por casualidad hacia la mesita de madera, distinguiendo un pedazo de papel que yacía en esta

Naruto se levanto lentamente, tomando la nota, que contenía un dibujo de lo que parecía una repisa.

- ¿Qué significa eso? –pensó el ojiazul, viendo sin querer la alacena, sorprendiéndose, al ver varias sopas instantáneas, así como varias cajas de leche, pan, y frutas

Naruto se acerco a la alacena, con mucha confusión, mientras se rascaba la parte trasera de la cabeza.

- ¿Qué es todo esto? –pensaba, viendo todo lo que estaba en la alacena

Entre la confusión y el asombro, Naruto decidió dejar esa interrogante para después, necesitaba ver al Hokage, ya que pensaba que había sido él, el que le dio los tazones de rameen, y posiblemente haya llenado su repisa con comida.

Después de tender su cama, de ducharse como corresponde, y de cambiarse con su misma vestimenta naranja, Naruto salió de su apartamento.

El rubio caminaba por las calles, viendo como todos los aldeanos se susurraban cosas al oído, viéndolo con una mirada gélida. Naruto ya estaba acostumbrado a que hablaran a sus espaldas, pero no a esa mirada que lo hacía sentir diferente, como un bicho raro.

- ¿Que tanto miras fenómeno? –pregunto uno de los aldeanos, que sintió como Naruto lo veía

Naruto miro hacia otro lado, siguiendo con su camino. No paso mucho para que el ojiazul llegara a la oficina del Hokage, viendo a un muy familiar shinobi, saliendo de la oficina del venerable.

- ¿Qué demonios haces aquí? –pregunto el mismo shinobi de la noche pasada
- Vengo a ver al viejo –respondió Naruto sonriendo
- Más respeto ignorante… él es Hokage de la aldea de la hoja, no cualquier persona –dijo el shinobi, con un tono de voz molesto
- ¿Por qué me habla así? Yo no le he hecho nada –dijo Naruto, acercándose un poco hacia el ninja

En eso una puerta se abrió.

- ¡Iruka! –dijo el Hokage un poco molesto
- Lo siento Lord Hokage –respondió Iruka rápidamente
- Naruto –dijo el venerable sonriendo –Pasa

Naruto asintió, pasando a su oficina.

- Tú y yo debemos hablar más tarde Iruka –replico el Hokage, mientras cerraba la puerta, dirigiéndose hacia su escritorio, viendo al rubio, parado en el centro de la habitación, observando la ventana

El Hokage se dirigió hacia su silla, sentándose.

- ¿A qué debo tu visita Naruto? –pregunto el Hokage, viendo como el rubio tomaba asiento, en una de dos sillas de madera, que habían frente a su escritorio
- Quería agradecerle por el gesto que tuvo conmigo anoche –dijo el rubio, rascándose la cabeza –Pero no tenia por que llenar mi alacena con comida, es mucho no cree
- ¿De qué hablas Naruto? Yo no te he mandando nada… como dijiste que no tenías hambre, pues pensé que estabas hablando muy enserio
- Entonces no fue usted –contesto el rubio, un poco confundido, levantándose de la silla –En ese caso me mejor me voy
- Espera –respondió el Hokage, viendo como el rubio, salía de su oficina, sin tener respuesta alguna de su parte

Naruto salió corriendo de la oficina del Hokage, hacia las calles de la aldea.

- Si no fue el… ¿entonces quien fue? –se preguntaba, demasiado desconcertado

Naruto vagaba por las calles, como se la había hecho costumbre, hasta notar que varios niños jugaban, en lo que parecía un parque.

Naruto sonrió, corriendo hacia ese parque. Los niños al notar que Naruto se aproximaba, salieron corriendo en diferentes direcciones, abrazando a sus respectivos padres.

- ¡Esperen! –decía el rubio, bajando la cabeza

Los niños se marchaban de ese parque, siendo tomados de las manos por sus respectivos progenitores

Naruto cayó de rodillas al suelo, dándole varios golpes al piso, maldiciendo mil veces el haber nacido.

- ¡Odio mi vida! –decía el ojiazul con mucha rabia

En ese mismo lugar, una encapuchada lo observaba, oculta en unos arbustos, viendo como el ojiazul descargaba su rabia contra el piso, lo que llamaba la atención de todos los aldeanos.

- Deja de hacer tanto escándalo mocoso –decía un aldeano, lanzándole una piedra, casi pegándole en la cabeza

Varios aldeanos tomaron rocas y empezaron a lanzárselas. Naruto salió corriendo de ahí, para que ninguno de esos aerolitos lo golpeara, maldiciéndolos a todos, con varias lágrimas en el rostro.

- Eso Naruto… me gusta ese odio –decía la encapuchada, mientras se le dibujaba una enorme sonrisa, desapareciendo de ahí.

FIN DEL PROLOGO…