Capitulo 1 La Encapuchada

Por las calles de la aldea, un pequeño corría con varias lágrimas en su rostro, siendo perseguido por decenas de aldeanos iracundos, que le lanzaban piedras. El pequeño corría lo más que podía, para que esas peñas no lo hirieran.

- ¡Muérete maldito! –replicaba una aldeana, iracunda
- ¡Lárgate! –decía otra aldeana, lanzándole varias rocas
- No te acerques a nuestros hijos… ¡raro! –replicaba un aldeano, casi alcanzándolo
- ¡No por favor! –sollozaba el pequeño, aumentando su llanto, así como su celeridad
- No dejen que escape –decía otra aldeana, juntando sus dientes con fuerza
- ¡Ayúdenme! –gritaba el pequeño, entre sus chillidos y gimoteos

Naruto corría lo más que podía, sintiendo que sus piernas ya no daban para más, tropezándose, cayendo al suelo de cara.

- ¡Agárrenlo! –grito un aldeano, a punto de apresarlo entre sus brazos
- ¡Ayuda! –grito el pequeño, cerrando fuertemente los ojos

En ese momento, una leve ráfaga de aire, envolvió el lugar en donde se cometería un posible linchamiento, dejando a los habitantes quietos, ya que la corriente de aire era demasiada como para poder moverse con libertad, o poder ver con claridad.

- Mantengan la calma –dijo un aldeano, sintiendo como la corriente de aire desaparecía en un instante

Los aldeanos se sorprendieron al notar que Naruto ya no estaba, lo que les molesto, sintiendo una enorme frustración.

- ¿Dónde está? –pregunto una aldeana, viendo todo a su alrededor
- Maldita sea –contesto uno de los aldeanos – ¡Hállenlo! –grito, mostrando molestia, con un tablón de madera

En otra parte de la aldea, un hombre de edad avanzada, se recostaba cómodamente en su sitial, con los ojos cerrados. En eso, se escucho como tocaban levemente una puerta de madera.

- Pase –dijo el venerable Hokage, abriendo lentamente sus ojos

La puerta de su oficina se abrió lentamente, un singular shinobi entro, demostrando un poco de nerviosismo, cerrando lentamente la puerta.

- Me mando llamar Lord Hokage –dijo timoratamente aquel shinobi, viendo como aquel venerable hombre se levantaba de su asiento
- Así es Iruka –respondió el venerable, un poco serio –La razón por la que te llame es porque necesito que hablemos de algo
- Lo escucho –respondió Iruka, sentándose en una de dos sillas

Mientras tanto, cierto rubio estaba en el suelo, de lo que parecía un bosque, teniendo las manos en ambos lados de la cabeza, con los ojos cerrados.

Naruto abrió lentamente los ojos, para temerosamente levantarse, notando que estaba en un bosque, rodeado de varios árboles, así como arbustos, y la verde hierba que crecía por los alrededores.

- ¿Qué es este lugar? – indago el ojiazul, viendo todo lo que le rodeaba

El rubio no pudo disimular su desconcierto, viendo no muy lejos de él, un pedazo de tronco que yacía en el suelo, se veía hueco y desahuciaba un olor a húmedo. El pequeño se sentó en ese pedazo de madera, y con mucha confusión percibía todo a su alrededor.

- Pero si yo estaba en la aldea… ¿Cómo llegue aquí?

El niño se cuestionaba muchas cosas, sin percatarse que una misteriosa encapuchada, no le quitaba los ojos de encima, oculta en la parte más alta de uno de los arboles.

El niño por su parte, se quedo sentado en ese pedazo de tronco por un largo tiempo, así como la encapuchada, que solo lo veía.

- ¿Por qué me odian? –se cuestionaba -¿Por qué?
- ¿Quieres saber porqué? –escucho el pequeño, llenándolo de miedo
- ¿Quién anda ahí? –cuestiono el ojiazul, viendo hacia todos lados

La encapuchada apareció frente al rubio, en cuestión de segundos; el pequeño casi pierde el conocimiento, debido a la impresión de ver como una extraña silueta aparecía de esa forma.

- ¡AHHH! –grito el pequeño, levantándose del tronco

El niño salió corriendo de ahí, adentrándose en lo profundo del bosque. Naruto corría sin mirar atrás, seguramente le haría daño, era lo que pensaba; todos lo hacían.

- No te asuste Naruto –dijo la encapuchada, con un tono de voz suave y elegante, saltando de árbol en árbol, viendo como el pequeño corría
- ¿Por qué sabes mi nombre? –pregunto el ojiazul, deteniéndose, viendo de reojo a la encapuchada, creándose posibles respuestas en su cabeza

La encapuchada apareció frente al rubio, en un instante.

- Te he estado observando desde hace mucho tiempo Naruto –respondió la encapuchada, muy apaciblemente
- ¿A mí?, ¿Por qué? –Cuestiono el pequeño, un poco atemorizado -¿Quién eres tú? –pregunto el ojiazul, confundido

La encapuchada soltó un suspiro, lo que confundió más al pequeño.

- Quien soy no importa… vengo a ayudarte
- ¿De qué hablas?, ¿Cómo puedes ayudarme?
- Contándote la razón por la que todos te odian

Naruto quedo estático, el miedo se apodero de él, tal vez esta misteriosa encapuchada podría darle las respuestas que por mucho anhelaba saber.

- Si lo sabes… explícame –dijo el ojiazul, viendo como la encapuchada desaparecía ante sus ojos

Naruto miraba hacia todos lados, no la encontraba entre los árboles, ni tampoco entre los arbustos; era como si no estuviera.

- Por favor –dijo el rubio, hincándose con la cabeza en el suelo –Si sabe algo… lo que sea –replico el rubio, aferrándose del pasto, mientras las lágrimas le brotaban –Dímelo… por favor –se escucho, combinado con un chillido, que le partiría el alma a cualquiera
- De acuerdo –respondió la encapuchada, apareciendo frente a él

Naruto levanto la mirada, viendo de nuevo a la misteriosa mujer, llevando sus manos hacia sus ojos, masajeándose la vista

- La razón por la cual todos te odian… es porque dentro de ti, vive un poderoso Biju conocido como el zorro de las nueve colas –dijo la misteriosa mujer, sin ningún tipo de sentimiento alguno

Naruto entro en confusión, por tales palabras.

- ¿Qué?, explícame –replico, levantándose lentamente
- Es una gigantesca bestia, con la forma de un zorro… el masacro esta aldea, seis años atrás… cuando lo sellaron en ti, las personas te empezaron a odiar
- Lo sellaron dentro de mi… entonces es por eso que…
- Es por eso que las personas te tratan así… te ven como esa bestia, te ven como un monstruo, piensan que alguien como tú no merece vivir

Naruto no pudo evitar llorar, bajando su cabeza, empuñando sus pequeñas manos, juntando sus dientes.

- ¡Malditos! –dijo el rubio sollozando -¿Quién me hizo esto?
- Tus padres –replico la encapuchada, con mucha tranquilidad
- ¡Mis padres has dicho! –replico, casi en un grito
- Así es… no les importo tu sufrimiento… no les importo si su único hijo sufriría por el resto de su vida
- No puede ser lo que me estás diciendo –dijo el rubio, sollozando amargamente, cambiando por un leve segundo el color azul de sus ojos a rojo
- Lo es Naruto –dijo la encapuchada, halando al rubio de la mano derecha, abrazándolo, sintiendo su frustración y su sufrimiento

Naruto comenzó a tener varios recuerdos.

En un parque, un pequeño niño rubio, yacía sentado en un columpio, solo, notando una pelota plástica, cerca de él. Naruto tomo la pelota, corriendo hacia un pequeño grupo de niños.

- ¿Puedo jugar con ustedes? –preguntaba el pequeño rubio, con la pelota plástica en las manos
- Claro que no estúpido… papá dice que eres mala influencia –respondía un niño, al lado de cuatro niños más
- Pero necesitan un jugador más… así seriamos tres contra tres, yo podría
- No ínsitas anormal –dijo otro niño, quitándole la pelota de las manos

Naruto, tenía los ojos rojos, pero no eran por tanto llorar, aferrándose con fuerza de la encapuchada, teniendo más recuerdos.

Un pequeño pasaba frente a una tienda de antigüedades, viendo una singular mascara de león, colocando dos de sus dedos, en un vidrio.

- ¿Qué demonios estás haciendo? –pregunto un hombre algo viejo, con una vara de madera, en su mano derecha, detrás del pequeño
- Estaba viendo la máscara… yo
- Querías ver si podías robártela –replico el hombre molesto
- No señor… solo quería
- ¡LARGATE! –grito el hombre, pegándole un fuerte golpe en la cabeza con la vara de madera

El rubio se toco el centro de la cabeza, llorando debido al fuerte dolor

- Miren al idiota, jajajajaja –reía un aldeano, señalando al pobre niño
- Jajajajaja –reían al unisonó, varias personas que estaban cerca de ese lugar –Que pendejo –decían varios aldeanos riendo
- ¡Cállense! –grito el rubio, gimoteando con más fuerza

El rubio juntaba sus dientes con fuerza, mientras la encapuchada sonería levemente. Las marcas de su cara se hacían más gruesas.

- Muéstrame el poder de tu odio –especulaba la encapuchada, sonriendo

Un pequeño niño caminaba por la aldea, mientras varios aldeanos lo veían

- Míralo… que ridículo se mira –le dijo una aldeana a otra, en murmullo
- ¿Cómo puede el Hokage tenerle lastima? –le contestaba la otra

Naruto empuñaba sus manos con fuerza, las lágrimas le germinaban, así como sus chillidos, perdiendo lo rojo de sus ojos, y lo grueso de sus marcas.

- Malditos –decía el pequeño rubio molesto –Me vengare… me vengare de ustedes malditos –musito el ojiazul, secándose la lágrimas
- Quieres castigarlos –dijo la encapuchada, soltándolo

Naruto veía fijamente a la encapuchada.

- Si –contesto el rubio fríamente, sin ningún tipo de emoción
- Permite ayudarte entonces –dijo la encapuchada, quitándose la capucha

Naruto observaba a una mujer alta, de cabellera larga, de color rojo, un rojo tan intenso como el mismo fuego; unos ojos azul claro, de una mirada seductora y penetrante, sus labios eran suaves y carnosos, su tez era blanca rosácea, de un sensual cuerpo; sus senos eran un poco grandes, al igual que su trasero, piernas y caderas, a diferencia de su cintura que era pequeña. Vestía una falda arriba de las rodillas, de color rojo oscuro, con una singular franja negra curvada; una camisa sin mangas del mismo color, y la misma franja negra, junto con unas botas negras, de tacón bajo, llegándole por debajo de las rodillas, con dos pulseras blancas, con símbolos extraños.

El niño se quedo atontado, nunca había visto a una mujer tan hermosa.

- ¿Quién eres? –pregunto el pequeño, viéndola detenidamente
- Llámame Sula –dijo la pelirroja, con un tono de voz suave y sensual

Naruto se avergüenzo un poco, mirando hacia el piso.

- Si de verdad te quieres vengar… yo te voy a ayudar –dijo la pelirroja, poniéndose nuevamente su capucha –Te hare fuerte
- ¿Cómo? –pregunto el pequeño, sintiendo algo en su estomago, tenía hambre
- Todo a su tiempo… vete a tu casa… no estás muy lejos de ella
- ¿Pero? –indago el ojiazul, con desconfianza
- Te veré aquí mañana –dijo la pelirroja, sonriendo, mostrándole unos perfectos dientes blancos –Confía en mí
- De acuerdo –dijo el rubio, cerrando los ojos por un instante, para percatarse que Sula ya no estaba por ningún lado

Entre tanto, en un mirador, un familiar shinobi veía a docenas de personas transitar las calles de su aldea.

- Me mando llamar Lord Hokage –dijo timoratamente aquel shinobi, viendo como aquel venerable hombre se levantaba de su asiento
- Así es Iruka –respondió el venerable, un poco serio –La razón por la que te llame es porque necesito que hablemos de algo
- Lo escucho –respondió Iruka, sentándose en una de dos sillas
- Se que tu odias a Naruto
- ¿Por qué lo dice? –pregunto Iruka, viendo detenidamente al venerable
- Es muy evidente

Iruka bajo la cabeza, arrugando la frente

- Se que no te agrada… pero Naruto no es culpable de nada
- Lo sé… pero cuando lo veo, los malos recuerdos vienes a mi mente
- Oye iruka… sabes por qué defiendo mucho a Naruto –dijo el Hokage, dejando su singular sombrero, sobre su escritorio
- Lo ignoro –replico Iruka, sereno
- Se lo debo al Cuarto
- Se refiere al Cuarto Hokage
- Así es… sentí que era mi responsabilidad el protegerlo… pero he fallado en mi trabajo… pensé que con mantenerlo en la aldea, sería como mi forma de cuidar de él… pero me equivoque
- ¿Puedo preguntarle algo?
- Adelante
- ¿No hubiera sido más fácil para el Cuarto, dejar libre de esto a su hijo?
- No lo sé… El sabía que mientras más tiempo pasara, más vidas inocentes se sacrificarían, fue por eso que se sacrifico, sellando al zorro dentro de su pequeño hijo… él confiaba que Naruto usaría el poder del zorro para bien

Iruka no dejaba de sentir rabia dentro de él.

- Sabes… el Cuarto quería que a Naruto se le viera como un héroe
- ¿Héroe? –pregunto Iruka, sacándolo de sus pensamientos
- Al ser el nuevo recipiente del Kyuubi, Naruto nos salvo… el Cuarto quería que a Naruto se le viera de esa forma… pero la gente se dejo influenciar por el miedo, y comenzaron a evitarlo, condenándolo a una vida de dolor y de sufrimiento, siendo humillado y rechazado por todos

- Tsk… tonterías –dijo Iruka, llevando las manos hacia sus bolsillos

El tiempo paso volando, anunciando una hermosa noche de luna llena.

En cierto apartamento, un rubio comía una de las muchas sopas instantáneas que le habían dejado la noche anterior, celebrando que no lo lincharan.

- Ya sea poco a poco… pero me vengare de todos… y mi venganza será endemoniadamente brutal –dijo el ojiazul, tomando un poco de leche de una caja de plástico –Ya quiero ver sus rostros, pidiéndome piedad… jajajajajaja

CONTINUARA…