Disclaimer: Shugo Chara! le pertenece a las Peatch-Pit :D Yo escribo porque mi imaginación vuela, obviamente sin fines de lucro.


Erase una vez...

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[: Introducción :]

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Amuto

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Amu HinamorixIkuto Tsukyomi

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Se abre el telón

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Sky Hyuuga Hitsugaya

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Sus orbes ambarinos bailaron del televisor, hasta la laptop mini que reposaba en su regazo, el vivir completamente sola en su apartamento heredado no era del todo saludable, tal vez por eso tenía un gato, un perro y un hamster como mascotas, pero era solo una pantalla, como todo lo que sucedía al cruzar el umbral de la puerta a la salida.

¡Kya! Debiste de haberla besado Joon Pyo... a veces son bastante torpes estos protagonistas, pero bueno, mejor hay que colocar el siguiente capítulo. —La chica presionó entonces dos botones, el primero para apagar la aburrida transmisión monótona que su televisor daba, y el segundo, para colocar en la computadora el siguiente capítulo del dorama que tanto la había capturado desde que llegó a leer la sinopsis, aunque realmente era porque acababa de terminar la versión japonesa del mismo, antes de aquello de ver el anime y antes, de leer los tomos del manga. —Estúpido internet ¡Carga rápido! —gruñó mientras el reproductor al fin dejaba que comenzara el video, por lo que sonrió aliviada, buscando alguna de las botanas regadas por el sofá negro de piel sintética.

Esa era su vida, pese a que ya tenía dieciocho años, se la vivía ahora sola, claro, desde que murieron sus padres, aunque era algo a lo que se había resignado desde hace ya un largo tiempo, la salud de su padre por exceso de trabajo no era nada favorable y la de su madre, bueno, mejor no estaba después del nacimiento de su hermana pequeña, el doctor le había dado termino tiempo atrás y una advertencia a su progenitor, por eso le había sorprendido en parte que sobrevivieran durante más tiempo del esperado... aunque, si decía la verdad, se sentía bastante sola. Suspiró, a lo máximo que aspiraba era a una historia sencilla, casarse con algún compañero de trabajo, vivir tranquila bajo un sueldo asalariado, tener hijos y vivir sin preocupaciones extras además de pagar las deudas de una familia promedio, pero claro, había algo diferente en ella...

Amu Hinamori tenía el detalle de que era bastante soñadora, así era la chica, se la vivía imaginando historias de amor con y para todas las personas que llegaba a conocer, pero era algo que se callaba, lo prefería así, como antes se había dicho, ella era... un secreto, su verdadera forma de ser la ocultaba tras una fachada de indiferencia que aún ahora, las chicas del instituto declaraban como ¨cool¨, lo cual ella catalogaba como... irreal, así como todas sus ilusiones, pero era más que nada por vivir en aquella pequeña región en la isla de Hokkaido era de lo más pacífico, por eso se resignaba a la aventura, aunque, más equivocada que nunca no podría estar, pues como cada situación cliché, tan similar a muchos de los mangas shoujo que había tenido la oportunidad de leer, lo más inesperadamente predecible estaría por suceder, desde el momento en el que su teléfono sonó y saltó del susto.

¡Hey! No hay muchas personas que la llamen realmente, solo algunos conocidos y familiares lejanos, como su hermana menor y su tía, quienes eran precisamente las que habían marcado a aquel apartamento con paredes de color crema y adornos sencillos, contados muebles –los que ella consideraba indispensables para una sala-comedor, como el televisor, el mueble para el mismo, tres sillones con los lugares correspondientes a su número, algunos cuadros con fotografías familiares colgados en la pared, un comedor para cuatro personas, una computadora de escritorio algo abandonada, un reproductor de música con entrada universal y dos bocinas medianas, dos alcobas de las cuales una mantenía intacta con las viejas cosas de sus padres y en la otra su cama individual pegada a la ventana con las cosas que una adolescente pudiera ocupar, el cuarto de baño y por último el cuarto de lavado con una azotea pequeña en la cual pudiera tender a la perfección sus ropas–, los cuales parecían ponerse en su contra al estorbarle el paso, llegando a darse un buen sentón.

—Estúpido cable —mencionó al aire y se apresuró a tomar el teléfono inalámbrico desde el suelo y al fin contestar —. Moshi moshi, Hinamori habla.

—¡Amu-chan! Qué bien que contestas, pensé que estarías fuera con tus amigos a esta hora —una voz cantarina y alegre, aunque madura y algo mandona, se dejó escuchar por el teléfono.

—Si... hoy nos tomamos un tiempo libre —mintió, tampoco era como si no tuviera amigos para salir, pero generalmente eran personas que vivían por los alrededores de aquel departamento, sus compañeros de la escuela rara vez le hablaban, al considerarla demasiado ¨genial¨ como para acercárcele, un gran error.

—¡Qué bien! Aunque eso solo hace que me sienta un poco melancólica y culpable con lo que tengo que decirte. —Los labios de la peli rosa dejaron escapar un bufido al intercomunicador, demostrando así que no estaba para sorpresas, exigiendo además, una respuesta a dudas mudas que se habían formado. —Ya, no tienes que molestarte. Es solo que tu hermana me ha pedido que la visites después de leer en voz alta algunas de las peticiones del testamento de tus padres y la carta de aceptación que llegó... arg, esto es más difícil de lo que pensé.

¿He?

—¿Qué peticiones? ¿Qué carta? —interrumpió el monólogo personal de la mujer al otro lado de la llamada.

—¿Ya has ingresado los papeles para alguna universidad, Amu?

—No —respondió dudosa, la verdad es que no pensaba en estudiar hasta después de un año vacacional auto-impuesto, por eso no se había preocupado por las opciones universitarias, igual que lo habían estado pensando el resto de sus compañeros.

—¡Eso me saca un peso de encima! Aunque tampoco es como si pudieras ingresar a otra universidad si ya estabas recomendada para una.

—¿He? —su duda fue exteriorizada en esta ocasión.

—Escúchame bien Amu. —La voz de la mujer repentinamente se escuchó más gruesa, firme y calculadora, como toda una mujer de negocios que era Yukari Nikkaidou. —Al parecer tus padres dejaron una copia de una carta recomendación para que entraras en pase automático a la ¨Universidad Seiyo¨ que está aquí en Tokio, ahora que tienes dieciocho, me llamaron para... avisarme que fuiste ¨aceptada¨.

Comenzó a dudar al final de su explicación, bueno, cualquiera lo haría, decirle a una adolescente que su futuro fue planeado y está algo lejos de donde vive es...

—¿¡Qué cosa!? —si, es algo sorpresivo para cualquiera, pero en especial para ella. —No, no y ¡No! ¿Cómo puede ser eso?

—Amu, respira, cálmate ¡No te pongas histérica! —lo dice quien ya estaba en ese estado, así que tomó su propio consejo —. Mira, traté de hablar con el decano de la universidad, pero al parecer es un viejo amigo de tus padres y lo hizo como favor personal a su muerte... ¿No quieres que me ponga en contra de sus ultimas voluntades, oh si? Y antes de que me respondas, recuerda que estarás cerca y bien puedo torturarte.

—... —silencio, no podía decir nada, la cosa era que, ella ni si quiera tenía una idea concisa de que estudiaría al graduarse (otra razón por la que pospuso su elección de universidad), y ahora... sin deberla ni temerla, estaba inscrita en una de la cual, solo había escuchado algunas cosas.

Suspiró y tomó en mano su mini laptop, abrió una nueva pestaña y colocó en el buscador el nombre de la institución, dando como primer resultado, la página oficial de la misma, a la cual dio un click y fue directo al portal de bienvenida.

—¿Amu? ¿Estas viva?

—Si Yukari, solo estaba revisando la página de Seiyo —explicó mientras navegaba en distintos sitios, la verdad, no estaba tan mal, aunque no tenía idea de que iría a terminar eligiendo de entre tantas carreras expuestas ahí mismo —, no te preocupes, es solo... que me tomó por sorpresa, no creí que mis padres planearan todo para nosotras.

Una sonrisa melancólica se dibujó en sus labios, sus padres aun ahora parecían mantenerse al tanto de las vidas de sus hijas, cuidándolas y dando por hecho que su deber incluso a tal edad, era cuidarlas, algo que mentalmente agradeció la chica de orbes ambarinos.

—En ese caso... tengo que darte los últimos datos, además de comenzar a empacar, te enviaré dinero para el transporte, lo de la residencia también ya esta arreglado al parecer, pero todo eso lo veremos por acá —explicó la mujer.

—¡Quiero que mi hermana mayor venga a visitarme! ¡Quiero que venga! —gritó una voz algo infantíl del mismo lado que Yukari se comunicaba.

—Ami, tu one-san vendrá, así que está de más tu petición, incluso la veras más seguido.

—Mándale saludos a Ami de mi parte, nos estamos hablando, haré las maletas, tía. Oh, también saludos a Yuu-san —comenzó a finalizar la llamada Amu.

—Cuídate mucho, te llamo mañana después de depositar en la cuenta.

—Bien, hasta pronto.

—Hasta pronto... y cuídate, Amu —cortó y el tono se dejó escuchar, la peli rosa presionó el botón de colgar también y dejó el teléfono en la base.

Bufó al aire mientras soltaba una que otra maldición, sus orbes ámbar brillante pasearon por la página recién abierta, la institución era bastante buena, al menos como la describían en aquel sitio, demasiado para ser real, así que sin más, decidió investigar un poco, era soñadora, si, pero tenía los pies bien firmes en la tierra, sabía lo que podía costar entrar a un sitio así, y que, fuera acreditado su pase sin que si quiera tuviera que hacer el examen de admisión, le parecía bastante loco. Navegando por la red fue que se encontró con alguna que otra imperfección, escándalos normales que en las escuelas se podrían presentar, algo común pero no fuera de lo normal, agradeció por ello internamente, al menos así no terminaría soñando despierta como siempre lo hacía.

—Aruto Tsukiyomi... supongo en verdad fue buen amigo de mamá y papá —habló sola, como normalmente hacía en aquella casa —, en fin... chicos, al parecer nos mudaremos a Tokio.

Cerró la pantalla de la computadora sin asegurarse de si quiera cerrar el navegador, después de todo terminaría volviendo a lo mismo una vez que apreviniera sus cosas y empacara lo más esencial, no dejaría su computadora hasta haber terminado al menos el capítulo nueve de aquel dorama tan divertido, aunque por ahora, debería de asegurarse de que cosas llevaría, porque al estar aquel hogar a nombre de sus padres, sin duda alguna, no lo dejaría habitar por alguien más, ese era su templo, el lugar donde creció y donde muy probablemente regresaría, al menos eso quisiera. Añadido a eso, tenía un último problema para resolver... ¿Qué carrera terminaría eligiendo? Suspiró de nueva cuenta, era buena en varias y bastantes cosas, aunque no se especializaba en nada... ¿Quién sabe? Tal vez en aquel lugar encuentre su razón de ser, un sueño apartado de esa irrealidad que día a día se inventaba, pero, eso es algo en lo que pensaría después... de momento, buscaría algo de comer en la nevera.

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Soy sincera, me siento pésima al leer las viejas historias de mi amada pareja "Amuto" xD! Además, entre tanto querer remontarme a mis viejas historias, leí mi primer fanfic, realmente me nacieron unas ganas enormes de meterme un tiro pero esta vez en la cabeza jajaja xD! Tenía tantos errores, incluso cuando comencé a pasarme a la forma de escritura de dialogo. Vaya, vaya... Ahora he vuelto a as andadas, he de escribir esta historia y a la vez, trabajar en la corrección de mis otras historias Amuto, solo para ustedes lectores, agregando que lo que hayan leído, algunas cosas estarán cambiadas.

Espero sea de su agrado todo esto, he de volver a mi adorable camino (?) y comenzaré con las publicaciones seguidas, claro, todo dependiente de sus reviews, esto es solo como un prólogo de la historia, pero me parece bastante divertida xD! Por ahora me despido, tal vez traiga a este sitio mi primer historia, corregida en su totalidad, por estos lares (?) pero eso ya será después, por ahora me retiro.

¿Me dejan un review?

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Y me apresuro a subir la continuación.

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Chaito

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Sky Alex Hitsugaya

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