Disclaimer: Soul Eater no me pertenece. Es de Atsushi Okubo (¡Héroe!). ¿Claro como el mismo lodo?

Para candelaa-97, (nombre en la página pero a quien yo simplemente llamo "Cande") -mi parabatai y gemela-.

¡Pequeña Cande, ya no tan grande! Feliz cumpleaños atrasado, pero como dicen "mejor tarde que nunca" (le estoy copiando a alguien, pero luego me disculpo) Te felicito un montón por haber cumplido tus tan ansiados... -no diré la edad, porque eso no se dice...menos de una mujer (?)-. Solo te quiero mucho, mi niña bella hermosa y espero que hayas tenido un excelente día, año, mes, bicentenario o lo que sea. Ojala este fic te guste, hecho con mucho love como todos mis fics pero este para ti.

Bueno eso, espero que a todos les guste (aquellas personitas que también se animan a entrar, muchas gracias). Bienvenidos seáis, estoy feliz el día de hoy porque he casi terminado las pruebas, me queda una solamente pero es matemáticas -suspira-. Este es un one- shot, pero es muy largo, pude haberlo cortado pero no lo hice porque soy vaga y no quería así que ojala se animen a leerlo completo y sin aburrirse. Ojala que no.

Un abrazo, y un abrazo para ti, mi parabatai, feliz cumpleaños.

Leed, cuanto queráis~


Primera vez.

"Nuestro amor es como el viento: no puedo verlo, pero sí sentirlo."

Un paseo para recordar.


El recuerdo más antiguo que tenía de él constituía cuando era muy pequeña, seguramente de unos cincos años y medio (quizás un poco más). Estaba leyendo bajo la sombra de un gran árbol en el parque cerca de su casa. Su madre se encontraba hablando con una mujer que no conocía pero Maka podía notar era muy hermosa; piel blanca seguramente suave, cabello largo que caía en cascada por su espalda más blanquecinos todavía (primera vez en su corta vida que veía a una persona "Albina") y de hecho poseía un rostro amable. Aun siendo hermosa Maka sentía tanto curiosidad como desconfianza.

Volvió la vista a su libro. Estaba muy enfrascada en la historia de Matilda; una chica muy inteligente pero incomprendida.

Sonreía mientras leía con una concentración extraordinaria. Maka, para su corta edad, era muy lista y aquella era gran razón por la cual prefería leer (algo que había aprendido antes) que jugar en el lodo con los demás niños de su edad. Posible era que ahí residía por qué no tenía muchos amigos, o ninguno. Los demás la tachaban de "rara" y "aburrida".

Iba pasando el capítulo del pastel de chocolate gigante cuando sintió una sensación muy extraña, como incomodidad. Una presión en la nuca y espalda. Poseída por ese escalofrío levantó la mirada de su libro y se encontró con un par de ojos rojos que la miraban con curiosidad.

Maka abrió la boca por la sorpresa. Frente a ella había un chico, seguramente unos centímetros más alto que ella y unos dos años mayor. Tenía el rostro de un infante, tez morena y cabello blanco canoso (albino). Se encontraba de pie, medio escondido en el tronco del árbol pero no con miedo o timidez sino con precaución e indiferencia hacia ella.

—Hola —saludó Maka con el ceño fruncido y la nariz arrugada.

Odiaba que la interrumpieran en su lectura.

—Hola… —el chico respondió dando una extraña sonrisa que Maka no pudo identificar.

Iba a decirle que la había interrumpido y que se fuera de ahí para que pudiera seguir leyendo tranquila pero eso no fue necesario porque el chico rápidamente se escabulló alejándose de la mirada de Maka. Parecía que se reía consigo mismo mientras lo hacía. Tan rápido como había aparecido de pronto ya no estaba.

«Extraño», pensó. Su cabello se sacudía por el viento de la tarde.

Maka suspiró y volvió la vista a su libro para poder seguir leyendo aunque sea un poco más. Realmente quería saber si el chico se podía comer el pastel de chocolate…

—¡Maka! —nuevamente levantó la vista por inercia. Su madre la llamaba y ella todavía estaba en compañía de aquella extraña mujer —¡Ven aquí, hija!

Con rapidez se levantó mientras cerraba el libro. Se limpió a sacudidas los residuos de tierra y césped que seguramente estaban en su vestido rosado, luego corrió en dirección a Kami (su madre), quien la esperaba con la sonrisa maternal que tanto conocía en su rostro.

Llegó a su lado con el libro casi resbalándose entre sus pequeñas manos. Se paró junto a sus rodillas.

—Maka —Kami sonrió al divisarla y dejando de hablar con la mujer durante unos leves momentos.

Ella se acercó con cuidado, precavida, analizando la situación con toda la lógica infantil que lograba conseguir. El mundo de los grandes se movía ante ella mientras intentaba comprenderlas, de alguna manera. Nunca le había gustado sentirse fuera de la escena.

—Ven aquí, amor —su madre alargó la mano indicándole que se acercara. Maka con timidez llegó a su lado, más cerca que antes. Pensó seriamente en aferrarse a las faldas de la mujer pero desechó la idea. Ya estaba grande para esas cosas —. Quiero presentarte a alguien.

Con delicadeza femenina Kami posó una de sus manos blancas y de dedos largos con uñas cortas sobre el hombro de Maka. De cerca la mujer albina se veía más hermosa que antes, era todo brillo por el sol que debido a su blancura natural parecía rebotar la luz como casi un espejo. Ella le regaló una amable sonrisa.

—Cielo, ella es Sara Evans, se mudó hace una semana. Es nuestra nueva vecina.

Maka frunció la boca sin poder evitarlo. No le gustaba la manera en que su madre aclaró el "nuestra" como si ya fuera alguien de confianza para ella y su familia. Maka sólo la conocía de hace unos cinco minutos, quizás menos si descontaba el tiempo que la estuvo mirando a la lejanía.

—Sara es una vieja amiga mía.

Ah, así que de ahí era.

—Un gusto… ¿Maka?—sonrió la señora Evans. Pronunció su nombre como si no estuviera muy segura pero todavía tenía una sonrisa. Quizás quería que corroborara las palabras de su mamá.

—Maka Albarn —asintió con firmeza y un asentimiento rápido de cabeza. Sus coletas se mecieron.

—Que encanto.

Maka dio una amable sonrisa. De pronto se sintió más a gusto con ella.

—Déjame presentarte a mi hijo —Sara volteó buscando con la mirada tras de ella. Se tardó unos segundos viendo hacia ambos lados pero parecía que no encontraba lo que quería, hasta que su mirada se posó en algo y su voz se escuchó un poco más severa—: ¿Soul? Soul, ven aquí. Vamos, no te quedes ahí parado.

La pequeña rubia levantó el rostro y se colocó de puntillas en sus zapatos, buscaba detrás de Sara Evans a quien sea que fuera su proclamado hijo. Había una extraña sensación bullendo en su pecho.

—Soul, quiero presentarte a alguien —Sara entonces volvió a mirar en dirección de Maka. Su mano estaba tras la espalda de un chico como si de esa manera evitara que saliera corriendo, poco menos parecía que lo estaba empujando un poco en su dirección. El niño sólo fruncía el ceño—Ella es Kami, ¿recuerdas? Te hable de ella hace unos días. De hecho la conociste cuando eras más pequeño.

Maka parpadeó y un ligero "Oh" escapó de sus labios rosados. Tenía la mirada calvada en el chico albino que había frente a ella. ¡Era el mismo muchacho de antes! ¡El que había interrumpido su lectura! Y no se había equivocado porque era unos cuantos centímetros más alto que ella así que debía inclinar la cabeza hacia atrás para verlo mejor.

—Sí —el chico, Soul, asintió con naturalidad.

—Y ella es su hija, Maka —continuó Sara mientras lo miraba con atención. Nuevamente le dio una palmada en la espalda—. Saluda, Soul. No seas mal educado.

¿Soul? ¿Aquel era de verdad su nombre? No podía ser cierto. Era demasiado extraño para serlo.

Maka no estaba segura de qué pensar. Miró con nerviosismo camuflado a Soul, quien la miraba como si estuviera inspeccionándola. Era un chico extraño, muy extraño. Pero al final Soul extendió la mano con una sonrisa torcida (no había otra manera de describirla) y confiada en el rostro. Maka frunció el ceño mientras miraba su palma con muchos raspones en ella. ¿Quién se creía ese chico?

—Soul Evans —sonrió como si hubiera respondido la pregunta que Maka no hizo en voz alta. Quizás leía la mente—. Un gusto.

Hubo algo; un brillo, un extraño brillo que Maka pudo reconocer como amabilidad. Vaya, ese extraño chico podía ser amable, esa era una sorpresa (según lo que había observado). Miró la mano extendida de Soul y entonces, sin darse cuenta, extendió la suya con una sonrisa amable casi tierna.

—Maka Albarn.

Compartieron un apretón de manos amistoso en un intento de saludo formal de adultos, entre risas y miradas cómplices.

Ese era el recuerdo más antiguo que Maka poseía de Soul; viéndolo como un pequeño niño de siete años que, aunque al principio le pareció extraño y molesto, ahora (en el futuro) ya no sería tanto así.

Esa fue la primera vez que conoció a Soul Evans.

Durante los siguientes días Maka conoció más a Soul. Iba a su casa o él a la suya. Normalmente también iban juntos al parque por las tardes cuando el albino volvía de la escuela, y hablaban, hablaban todo el tiempo sobre ellos, sobre sus intereses, sobre las cosas que los adultos habían olvidado al crecer; cosas inocentes e ingenuas pero que a ellos les interesaban y eso era suficiente.

Se divertían mucho juntos y Maka por primera vez tuvo un amigo.

—Soul —llamó ella con un nuevo libro entre sus manos el cual era nada más que Charlie y la fábrica de chocolate —, ¿qué se siente ir a la escuela?

Soul levantó la mirada del castillo de tierra que hacía con tanta concentración. Como cualquier tarde se encontraban juntos en el parque, los dos tranquilos. A veces (casi siempre) a Maka no le gustaban los juegos de Soul y por eso se echaba leer. Prefería estar a distancia pero eso no significaba que no le gustara estar con él.

A Soul aquello no le molestaba mucho. Le bastaba con la compañía de la rubia.

—¿La escuela? —repitió como si no creyera que le preguntaran eso, atónito.

Maka asintió. Sus grandes ojos color jade abiertos con un brillo expectante en ellos.

—No es mucho —se encogió de hombros tras unos segundos—. Aburrido. No es muy cool que digamos.

—¿Cool? —preguntó Maka mientras repetía despacio. No comprendía la palabra.

—¡Algo muy genial! —sonrió.

Maka parpadeó, confundida.

—¿Genial? —de manera vaga recordaba esa palabra, cosquilleaba en su cabeza. Apretó el libro entre sus manos con nerviosismo. De pronto se sentía presionada.

—Yo, por ejemplo—comenzó a reír después de decir esas palabras.

Maka hinchó las mejillas con molestia. A veces Soul podía ser tan… tan…

Frunció el ceño al no encontrar la palabra adecuada. Odiaba cuando eso ocurría, pero a veces Soul sólo se preocupaba de sí mismo y hablaba como si él fuera la mejor persona del mundo, o mejor dicho, el universo entero. Maka recordaba un poco que la palabra que buscaba comenzaba con la vocal "e".

—Maka también es cool —Soul volvió la vista a la tierra con indiferencia.

Ella entonces relajó el rostro, enmudecida por lo que su amigo había dicho con tanta naturalidad. Era la primera vez que le decían algo así…

Sintió el rostro caliente en la zona de las mejillas, sintiendo un tanto agobiada. Por alguna razón tenía la sospecha de que se había sonrojado.

—Pronto irás a la escuela también —continuó Soul intentando no mirar a la pequeña que se hallaba tan cerca suyo—. Sabrás qué es… y creo que te gustara. Conocerás gente…—titubeó durante un leve segundo como si estuviera triste por alguna razón. La última parte la susurró con un hilo de voz casi irreconocible—: y harás amigos.

Maka bajó la mirada. Sus padres le habían dicho lo mismo pero no se sentía tranquila al respecto. Ir a la escuela, después de todo, era algo desconocido.

—No soy buena haciendo amigos.

—¿Somos amigos, no?

—Sí, p-pero… —murmuró en una leve voz. Se sentía muy niña al lado de él.

—Entonces no digas que no eres buena haciendo amigos —sonrió él en respuesta, mostrando sus dientes tan raros. Maka antes, al verlos, se había asustado pero ahora le gustaban. Los encontraba… especiales, una marca de que Soul era diferente —, harás muchos… muchos amigos —remarcó la última palabra.

Maka sonrió. Ahora estaba entusiasmada por ir.

—Además yo estaré contigo.

—Pero tú eres mayor —replicó chillando un poco.

—¿Y? Te veré de todos modos.

—Gracias, Soul —diciendo esas palabras de agradecimiento le regaló una gran sonrisa.

Dejó el libro en el suelo y caminó donde Soul se encontraba todavía agachado. Se sonrieron mutuamente, como siempre hacían. Maka se arrodilló a su lado y lo ayudó en su juego infantil sin importarle lo demás. Rieron juntos, ensuciándose con la tierra y raspándose los nudillos, pero no les importaba para nada.

Esa fue la primera vez que Maka dejó de lado un libro para ir con una persona.

El tiempo pasó rápido. Maka comenzó la escuela y a pesar del nerviosismo que sentía estaba consolada al saber que Soul estaría con ella. Su madre, ese día, le ayudó a elegir su ropa; un bonito vestido color melocotón con líneas verdes verticales en la zona de la falda. La peinó con dos coletas que se mecían por cada movimiento que hacía con la cabeza, y hecho eso por último tomó su mochila miniatura con dibujos de conejos.

Bajó las escaleras con mucho cuidado e intentando no rodar por los escalones mientras sujetaba con firmeza la madre de su madre. En la entrada se encontraba Spirit, su padre, quien no dejaba de tomarle fotos y llorar como un idiota.

—Mi Makita ya va a la escuela —sollozaba intentando aguantar las lágrimas y fallando en el intento.

Llegó a Shibusen, su escuela, donde pasaría los siguientes doce años de su vida. El lugar era grande con un enorme edificio principal que para ella era bastante lindo y elegante, quizás un poco tenebroso por tantos colores oscuros que poseía. Maka pudo observar que habían más niños como ella (o sea muy pequeños en edad) y también chicos más grandes que caminaban con una seguridad increíble por el recinto, incluso conversaban entre ellos.

Hubo un titubeo y se sintió insegura.

Sus padres la acompañaban con sonrisas y agarrando cada uno una de sus manos. La llevaron a su salón lleno de niños; había algunos que lloraban porque no querían separarse de sus padres, otros tímidos que se veían asustados y algunos que ya se encontraban jugando por el lugar. Era una escena caótica que la dejó boquiabierta en la entrada, pensando sus posibilidades.

Tragó saliva y se dio valor.

Maka, con todo el orgullo que tenía (que no era poco), soltó las manos de sus padres, se despidió y entró al salón. A sus espaldas dejaba a unos nostálgicos Kami y Spirit, que la observaban en ese importante paso de su vida.

Su hija estaba creciendo.

Maka se sentó en una mesa redonda, al centro de la sala, donde había más niños pero conversaban y gritaban entre ellos. Después de lo que pareció una eternidad entró su profesora (una mujer joven que se veía amable y usaba un delantal verde) y cada uno tuvo que presentarse, pero a pesar de todas las ganas que tenía Maka todavía no hacía ningún amigo y no sabía dónde estaba Soul.

En el receso salió con timidez al patio de Shibusen pero sólo la zona que se encontraba para ellos, la cual era diferente de la de los chicos grandes (según les dijo su profesora), mientras muchos niños ya jugaban entre ellos o se conocían mejor Maka se sentía sola en aquel lugar tan ajeno a ella.

—¿Cómo va tu primer día?

Al escuchar esa voz con esa pregunta Maka volteó y sonrió agradecida al ver a Soul de pie junto a ella. No sabía cuándo, ni de dónde había salido pero su felicidad fue palpable en sí misma.

—¡Soul! —Maka se paró frente a él con una sonrisa agradecida. Como siempre inclinaba el cuello hacia atrás para poder verle a los ojos.

—¿Cómo va tu primer día de escuela? —repitió el albino con una sonrisa natural. Él, a diferencia de ella, vestía el uniforme de la escuela.

Maka se encogió de hombros.

—No he hecho… amigos —y aquel parecía el resumen perfecto de cómo iba su día.

—¿Y yo qué?

—Tú no cuentas, Soul —refunfuñó apretando sus diminutas manos —. Ya te conocía.

Soul se encogió de hombros todavía sonriendo.

—Vale, podría presentarte a mis amigos.

Maka se sonrojó nerviosa pero con un sentimiento de entusiasmo en el fondo, ¡por fin haría más amigos! Mientras se perdía en su felicidad interior iba a responder cuando reparó en una chica en un rincón del lugar. Estaba sola y parecía asustada, además de tener aspecto de no saber qué hacer e incluso creyó que podría echarse a llorar en cualquier momento. Se veía de la edad de Maka y entonces como un flash recordó haberla visto de pasada sentada en su mismo salón y muy nerviosa. De hecho era la chica que se había aferrado a la falda de su madre y después a los pantalones de la profesora.

No pensó lo que hacía. Simplemente tomó a Soul de la mano y caminó hacia la chica. Tenía el cabello oscuro y largo peinado en una coleta, piel pálida y ojos azules un poco achicados en las esquinas. Sus rasgos eran algo que nunca antes había visto, salvo en las películas. Claramente no era de allí.

En menos de lo que esperaba terminó frente a ella con Soul todavía a su lado. La chica, sintiendo la presencia de alguien más, levantó la mirada.

—Hola —saludó con naturalidad—, soy Maka Albarn. ¿Y tú? —sonrió de manera amable.

—Hola —devolvió el saludo con voz suave. Viéndola más de cerca se perdió en sus rasgos tan exóticos —, soy Tsubaki Nakatsukasa.

Maka le dio un empujón disimulado a Soul en las costillas para que también hablara. Tsubaki miró sus manos entrelazadas pero rápidamente volvió la vista a sus rostros.

Soul carraspeó.

—Soy Soul Evans.

Tsubaki sonrió.

—¿Quieres ser mi amiga? —preguntó Maka tragándose su vergüenza y timidez. Para su alivio su voz se escuchó segura y determinada, como si no temiera a nada.

Soul le apretó la mano transmitiéndole su apoyo. Sabía que para Maka era difícil tal situación. Por su lado, ella se había olvidado que seguían con las manos juntas pero no le importó, ahí lo agradecía porque no se sentía sola. La verdad es que las palabras dichas simplemente las copió de otros niños que habían dicho lo mismo a sus nuevos compañeros.

—Claro —sonrió de manera ancha Tsubaki. Su cara de niña se iluminó por completo.

Maka con su mano libre ayudó a Tsubaki a ponerse de pie. Ambas sonrieron a la otra, felices de haber hecho una amiga. En el resto del receso los tres hablaron y se rieron por cosas que contaban. Para el alivio de Soul, Maka y Tsubaki se llevaron realmente bien pero aun así sentía cierto temor pero no lo demostraría. Claro que no.

La verdad es que Soul temía que Maka lo olvidara por tener otros amigos, a parte de él.

El receso terminó y sólo entonces Soul soltó la mano de Maka. Se despidieron y junto con Tsubaki fueron de vuelta a su salón. Cada uno por su lado durante ese momento.

Esa fue la primera vez que Maka tomó la mano de un chico y la primera vez que hizo una amiga.

Los años fueron pasando, Maka fue creciendo. Tsubaki se volvió su mejor amiga, estaban muy unidas y siempre estaban la una para la otra. Soul les presentó a sus amigos (de su mismo grado y por ende más grandes que ellas), sus nombres: Black Star y Death the Kid. Cada uno era extraño pero no importaba, eran buenos amigos y los cuatro se juntaban en los recesos y almuerzos. Se volvieron un buen grupo.

Soul se convirtió en el mejor amigo de Maka.

Aunque los problemas venían llegando. Cuando Maka tenía doce años y Soul catorce ocurrió lo peor para la rubia: sus padres se iban a divorciar.

Recordaba llorar en silencio en su habitación, bajo sus mantas y en la oscuridad que la ocultaba cuando escuchaba los gritos que se lanzaban sus padres. Odiaba oírlos pelear. Además en las mañanas tenía que soportar ver la tristeza y cansancio en los ojos de su madre. Maka, a su manera, se sentía impotente y aterrorizada, ¿no eran acaso una familia? ¿Dejarían de serlo? Dentro de ella existía esas y más inseguridad. Comenzó a tener resentimiento hacia sus padres, pero más hacia Spirit.

«Todo es su culpa», pensaba Maka tras ver a su madre. «Todos los hombres son iguales».

Fue una noche durante una gran discusión en que no pudo más y ella misma interceptó con gritos. En su vida había gritado tanto como aquella noche. Terminó por decir todo lo que sentía y más; alegó las decisiones de sus padres, les gritó lo que sentía y lo que pensaba de ellos. Mientras decía eso simplemente no pensaba, sólo había fuego y al final todo salió mal así que terminó corriendo de su casa, escapando sin reparar en los gritos de sus progenitores, y sin pensarlo se dirigió al parque del vecindario. El mismo al que iba con Soul desde pequeña. Con la garganta adolorida y picazón en los ojos se sentó en una banca para romper a llorar. Aunque intentaba contenerse con toda la fuerza que podía, enterrando sus diminutas uñas en las palmas de sus manos, las lágrimas salían y eran de ira además de impotencia, quizás un poco de tristeza.

Sollozaba cuando sintió alguien sentándose a su lado.

—No es tu culpa —musitó una voz y la reconoció como la de Soul. Intentaba parecer indiferente cuando realmente se hallaba muy preocupado—, no es tu culpa.

Siguió llorando con la mirada gacha. Lo último que quería era que Soul la viera de esa manera; con los ojos hinchados, la nariz roja y las mejillas húmedas además de sucias. Intentó detenerse de alguna manera clavándose más fuerte las uñas pero lo único que consiguió fueron sollozos ahogados. Sus hombros se sacudían.

—No es el fin del mundo… —susurró Soul guardando las manos en los bolsillos de su chaqueta, de esa manera evitaba el deseo de tocar el hombro de Maka, abrazarla y consolarla. Sentía que no era correcto, al menos no ahora.

Joder, que hacía frío esa noche.

Soul había salido de su casa segundos después de ver a Maka corriendo de la suya. Desde su habitación podía escuchar los gritos de Spirit y Kami. Siempre se preguntaba cómo estaría Maka, pero todas sus alarmas se dispararon cuando escuchó su conocida voz, gritando a todo pulmón. En ese momento su cuerpo se tensó mientras se levantaba de la cama, sólo pensando en ir a verla para decirle algo, lo que sea.

«Joder…», maldijo en su mente. Se sentía cansado y fatigado, los ojos se le cerraban solos. Lo único que quería era tirarse en su cama y dormir un año, quizás un siglo.

Pero no podía dejar a Maka.

—¿Tú qué sabes? —inquirió Maka con furia. Molesta consigo misma por verse débil se refregó los ojos de manera violenta, limpiando sus lágrimas y lastimándose los párpados— ¡¿Qué sabes de esto?! —gritó.

Soul no respondió y tampoco volteó a mirarla.

Maka apretó las manos con fuerza en torno a la madera de la banca, poniendo sus nudillos blancos y enterrándose algunas astillas en las palmas ya dañadas. No le dio importancia, se sentía muy herida y furiosa. Necesitaba descargarse en algo o mejor en alguien.

—Crees que sabes, pero no, porque tu familia es perfecta —continuó escupiendo las palabras sin pensar realmente lo que decía. Era como veneno saliendo de su boca o la lava de un volcán. No se podía detener —, no tienes problemas y vives relajado sin que te importe nada, ni nadie. ¡Pero yo no soy así! Tengo problemas… sufro. ¡Así que no me digas que no es el fin del mundo! Menos cuando yo siento que si lo es…

El albino seguía sin mirarla. Se encontraba observando el cielo nublado de la noche. Sus palabras le llegaban directamente al pecho, clavándose de manera dolorosa y la cual hubiera preferido evitar. ¿Por qué se sentía de esa manera? Ah, cierto, porque todo eso que decía no eran nada más que mentiras. Maka no sabía de lo que hablaba pero él tampoco iba a decirle, o contradecirla, no era el momento. No ahora, ojala no tuviera que contarle jamás.

—Es mi fin del mundo —volvió a sentir las lágrimas agruparse en sus ojos mientras susurraba esas palabras, pero con una fuerza increíble las contuvo. La garganta ardía. No lloraría, menos enfrente de alguien —, mi asqueroso fin del mundo.

Soul frunció el ceño. Le dolía la cabeza.

—Mi asqueroso fin del mundo.

—Deja de repetirte eso, Maka.

—¿No me entiend…?

Soul gruñó, hastiado.

—No, no te entiendo —recalcó con fiereza. Volteó para ver a Maka con el ceño fruncido y los labios apretados en una mueca de disgusto. Odiaba cuando Maka se encerraba de esa forma, cavaba un agujero y se tiraba dentro. Pocas veces pasaba, de hecho sólo pasaba con lo de sus padres pero lo detestaba porque parecía un lugar donde no podía alcanzarla. En ese momento la observaba con ferocidad y sus ojos borgoña entregaban un brillo —. No te entiendo porque no soy tú y tú tampoco eres yo así que nunca nos entenderemos por completo.

El viento sopló y Maka se quedó quieta, manteniendo la firme mirada roja de Soul. No sabía por qué pero tampoco podía respirar. No deseaba romper el momento. Aunque al mismo tiempo detestaba pensar que él le estaba gritando, regañándola.

—Nunca nos entenderemos. Nunca sabremos lo que el otro está pensando o sintiendo, vivimos historias diferentes, lo hacemos cada día y esas historias de vida fueron las mismas que nos convirtieron en lo que somos ahora. Cada uno tiene su maldito reto por vivir… —apretó más los labios antes de continuar —: lo importante es aprender a superarlo, solo o con compañía, depende de cada uno. Así que deja de repetirte que es el fin del mundo porque no, no lo es, la vida sigue y tú tienes que continuar.

Soul apretó más las manos. Ver la mirada de Maka; una mezcla de angustia y decepción, como si no creyera que las cosas se fueran a solucionar, hacía que sintiera ganas terribles de zarandearla por los hombros hasta que reaccionara. Demasiado a diario tenía esa sensación con su amiga.

— No nos entenderemos nunca —repitió más despacio, intentando calmarse— pero… al menos podemos intentarlo, podemos intentar comprender y salir adelante, ayudarnos…

—Eso lo vez de tu punto de vista.

—Obviamente, tonta, es el único que tengo —jugueteó un poco mientras sonreía levemente. Había sacado su mueca de disgusto, para alivio de la chica. No había razón pero el ambiente se sentía más liviano. Cosa buena.

—Por eso no puedes ayudarme. Nadie puede —Maka suspiró —, ni si quiera mis padres porque ellos están haciendo esto…

—Hay cosas peores —murmuró Soul. Aquello era lo último que quería soltar pero salió solo de sus labios. Al instante en que musitó la última letra se arrepintió de manera enorme. Obviamente aquella era una pésima elección de las palabras.

—¡Si sé que hay cosas peores! ¡Siempre me lo dicen! —Maka pateó el suelo con ira y levantó una nube de tierra que le hizo lagrimear los ojos a ambos—Siempre me lo dicen.

—Ya, sólo tenía que decirlo yo también. Para que te quedara claro —de alguna manera Soul trataba de aligerar nuevamente la situación.

—No ayuda mucho.

—Es el intento.

—¿Tú qué sabes? —gruñó la rubia mientras tosía un poco, aclarando su garganta. Su amigo hizo lo propio para no echarse a reír.

—Nada, realmente, no sé nada y tampoco podría importarme.

—Soul, ¿alguna vez te has preocupado por alguien que no seas tú mismo? —Maka volteó a mirarlo, sin ninguna expresión en el rostro.

Auch. Eso no se lo esperaba. Soul la miró directamente a los ojos con una seriedad increíble sin creer lo que sus oídos le hacían escuchar. Realmente Maka podía ser una cabeza hueca que se merecía un par de buenos golpes. Intentó calmarse y no entrar en la historia. Al final, después de respirar internamente, dijo muy tranquilo:

—Me preocupo por ti todo el día, todos los días. Siempre estoy preocupado por ti y me pregunto si estarás bien o si necesitas ayuda, pero te cierras de una manera que hasta para mi es difícil entrar y sacarte de ahí.

Maka parpadeó confundida por lo que había dicho. De pronto las palabras el faltaban. Fue tan inesperado que al golpeó como una bofetada y la tranquilidad de su amigo simplemente le hacía sentirse más extraña. ¿Soul le había dicho eso? ¿A ella? ¿Realmente…?

Soltó una exclamación de sorpresa, sintiendo un calor en sus mejillas ahora con lágrimas secas. No quería pensar en cómo se veía en ese momento. Lo mejor era no preocuparse para nada en cosas como esas, ya habría tiempo y ese no era.

—¿En serio? —fue lo único que pudo decir, más bien preguntar porque se sentía tan extrañada.

Soul asintió con seriedad.

—¿Por qué? —no pudo evitar preguntar. Maka sentía como su corazón se aceleraba de una manera extraña y una sensación de hormigueo llegaba a su estómago, ¿Qué era eso en su interior? ¿Por qué de pronto se sentía tan

Soul dio una sonrisa torcida.

—Porque somos amigos —mintió. Realmente para él había otra razón pero no iba a decírsela en ese momento. Podría arruinarlo todo y él no deseaba eso—. Los amigos hacen eso; apoyarse mutuamente.

Rápidamente aquello que Maka había sentido antes fue remplazado por una gran decepción, ni si quiera sabía por qué se sentía decepcionada, tan sólo era así. Se forzó a dar una sonrisa.

—Que tonto —liberó una carcajada intentando ocultar cómo se sentía. Quizás Soul no se daría cuenta de su otro desgano.

—Gracias —respondió con sarcasmo.

Se quedaron en silencio unos minutos o tal vez fue una hora completa. No estaban muy seguros pero se sentían bien en compañía del otro y Maka no deseaba volver a su casa para enfrentar a sus padres. Ni si quiera sabía qué les iba a decir. Pero mientras el tiempo pasaba Soul sentía un gran dolor de cabeza que lo único que hacía era aumentar mientras un agotamiento total se apoderaba de su cuerpo. Deseaba dormir, quería tirarse a algún lugar y no levantarse en un buen tiempo. Comenzaba a sentirse peligrosamente mareado. El pánico comenzó a inundarlo mientras luchaba contra el sueño. No, no y no, ¿por qué ahora? ¿Por qué no podía ser después? Ahora no podía ocurrirle eso. No cuando estaba en compañía de Maka.

—Bueno, será mejor que vuelva —Maka se levantó con pesadez. Tenía las piernas entumecidas por el frío y por estar tanto tiempo sentada sin moverse—Estarán preocupados…

—Entiendo —dijo Soul. Agradecía que Maka se fuera por su cuenta porque él se sentía muy agotado para hacer cualquier comentario.

—Supongo que nos veremos.

Soul asintió, luchando por no cerrar los ojos. El mareo seguía sobre él.

No se dio cuenta. No se dio cuenta cuando el cuerpo de Maka estaba tan cerca del suyo y sus brazos flacuchos lo rodeaban con delicadez y al mismo tiempo calidez, con agradecimiento y sentimientos compartidos. Maka lo estrujó entre sus brazos por un período largo de tiempo, más largo que cuando se felicitaban el uno al otro por sus cumpleaños o cualquier cosa. Se sentía nerviosa y nuevamente aquellas extrañas sensaciones bullían dentro de ella. Entonces se dio cuenta que tal vez los hombres no eran todos iguales (menos Spirit). Acerca su rostro, su boca, a su oído y susurró un despacio:

—Gracias Soul, por todo… te quiero —con rapidez, antes de pensar lo que hacía, le dio un beso en la mejilla. Hecho eso se separó y comenzó a caminar hacia su casa, dándole la espalda a su amigo. Su cara ardía en vergüenza y su corazón daba la impresión de que saldría volando. Mierda, ¿qué había hecho? ¿Cómo se le había ocurrido decirle algo así? Aunque, por alguna razón no se arrepentía. Si su corazón estaba loco, su estómago era un caos. Antes de correr hacia su casa se dio vuelta y gritó con una sonrisa—: ¡Buenas noches, Soul!

El chico observó cómo se perdía de vista mientras recordaba las palabras que le había dicho, demasiado atónito para moverse. "Te quiero", eso le había dicho. Maka le había dicho que le quería y él lo único que pudo hacer fue quedarse como un tonto sin si quiera corresponder su abrazo.

—Buenas noches, Maka.

Como pudo se levantó sintiendo el mareo y agotamiento aumentando. Las ganas de tumbarse también crecían pero se obligó a caminar a su casa, a un paso muy lento. Ni si quiera supo cómo llego esa noche, si llegó o tal vez no, quizás fue lo segundo. Sólo recordaba haber estado caminando, oscuridad, el frío a su alrededor que de pronto aumentó con la dureza de algo desconocido y rojo.

Esa fue la primera vez que Maka le dijo "te quiero" a alguien que no fueran sus padres y la primera vez que sintió su corazón como loco y su estómago como un zoológico.

El mañana había llegado. Maka intentó no hablar con sus padres, de hecho ninguno le había dicho nada (ni si quiera respecto a haber salido corriendo. Pensaba que iría a recibir el regaño de su vida), pero ambos estaban demasiado acomplejados con sus propios problemas para tener que sumar los de Maka. La mañana en casa fue normal pero ninguno se habló.

Al llegar a Shibusen saludó a Tsubaki como siempre y como ella sabía acerca de sus padres siempre la apoyaba en todo, de hecho le había invitado a que se quedara en su casa si no deseaba estar presente en la suya. Maka se había negado pero lo agradecía. En el receso, como era la costumbre, fueron a buscar a los chicos. Mientras caminaban por el lugar a lo lejos pudo ver a Kid y Black pero no había ni un solo rastro de Soul. Toda la noche había estado dando vueltas acerca de lo que se dijeron y por eso mismo no había tenido idea de cómo comportarse cuando lo viera pero… no estaba.

—Chicos —llamó Maka al tanto que se acercaba.

—¡Hola, mortales! —saludó Black Star con su sonrisa egocéntrica de siempre. Estaba más tranquilo que otros días.

—Buenos —saludó Kid más amable.

—¿Y Soul? —se adelantó a preguntar Tsubaki.

Black se encogió de hombros mientras chasqueaba la lengua.

—No estuvo en clases. No ha venido, ¡menudo se cree ese! ¡Faltando cuando su Dios está aquí! —gritó con el ceño fruncido y mientras se cruzaba de brazos. Con esa actitud parecía más un pequeño mono que de costumbre— ¡Cuando lo vea…!

Maka ignoró a Black porque era lo mejor que se podía hacer cuando comenzaba a hablar sobre lo grandioso que era y derivados. Prefería dejar que Tsubaki se encargara. Por eso mismo miró a Kid con la curiosidad en su mirada.

—¿Realmente no vino? —le preguntó sin poder ocultar la decepción en su voz.

Kid negó con la cabeza.

—No, no lo he visto en toda la mañana —al ver la mirada de Maka se apresuró a agregar —: Seguramente está resfriado y debió quedarse en casa. Podrías ir a verlo después. Son vecinos, ¿no?

—Sí, eso debe ser —murmuró pensativa mientras se encogía de hombros. Kid no pudo evitar una expresión de tristeza en su rostro al ver la propia preocupación de su amiga rubia. Maka deseaba pensar con todas sus fuerzas que no era nada más que un leve resfriado, pero nunca había visto a su amigo enfermo.

Al finalizar las clases se dirigió directamente a casa de los Evans, ya todos ahí la conocían. La madre de Soul fue quien la recibió, como siempre estaba sonriendo y al preguntar por él le respondió que estaba en su habitación, que entrara con confianza. Cuando lo hizo, subiendo las escaleras y atravesando el pasillo que se sabía de memoria, encontró a Soul postrado en su cama escuchando música y no haciendo realmente nada importante.

No pudo evitar acercarse, molesta, mientras cerraba la puerta a su espalda y tiraba la mochila a un costado.

—Has faltado hoy —soltó mientras se cruzaba de brazos.

—Sí, también me da gusto verte —Soul se sentó en la cama mientras miraba a Maka con flojera. Rodó los ojos. Todavía iba en pijama y se veía ridículo, más desordenado que de costumbre.

—Que vago, ¿por qué has faltado?

— ¿Por qué? ¿Tanto me has extrañado? —el chico dio una sonrisa arrogante de medio lado.

—Cómo no sabes —bufó con sarcasmo ella.

—Me alegra oír eso —sonrió Soul sin preocuparse del tono de voz de su amiga.

—Ya, en serio, ¿por qué has faltado? —Maka relajó la mirada y se acercó todavía más a la cama de Soul. Éste, sin pensarlo dos veces, se corrió hacia el costado que daba a la pared dejando que de esa manera Maka pudiera sentarse a la orilla. Así lo hizo, aplastando la falda a cuadros del uniforme de la escuela.

Se encogió de hombros.

—Estaba resfriado… me dio dolor de cabeza y no me sentía en mis mejores —respondió de manera corta con la mayor indiferencia que pudo conseguir.

—No me llamaste, pudiste haber avisado —Maka hizo un mohín mientras decía eso. Se puso a jugar con sus dedos.

—No tengo móvil, ¿recuerdas? —musitó él en respuesta mientras la miraba con una sonrisa divertida.

—Cierto que lo arrojaste a la piscina de Kid-

—¡No lo arrojé a la piscina! El idiota de Black quería ver si flotaba —replicó Soul como un niño. No sabía cuántas veces habían tenido la misma discusión.

Maka comenzó a reír sin poder evitarlo al ver su expresión de enojo.

—Claro, claro.

—Bueno… ¿Entonces viniste a ver si estaba aquí? —inquirió el mayor volviendo a la calma de antes. Pudo ver como ella asentía y se encogía de hombros, igual que él antes. No pudo evitar sonreír un poco al ver ese gesto, claramente se lo había pegado. Muchos años de convivencia juntos.

—Somos amigos —repitió las mismas palabras que Soul le había dicho ayer. Intentó mantenerle la mirada pero no lo logró muy bien. Estiró los brazos delante de ella como si fuera algo casual para decir.

—Maka es cool —volvió a reír el albino.

Luego de unos segundos los dos estallaron en carcajadas en las cuales casi se ahogaron. El resto de la tarde Maka estuvo con Soul. Era cierto que se encontraba muy resfriado; se le veía muy débil (como nunca, mejor dicho era la primera vez que lo veía así). No pudo evitar pensar que era culpa de que ayer hubiera salido a verla, hacía mucho frío. Fue entonces que como un flash reparó en su aspecto. Estaba pálido y ojeroso, se veía muy cansado. De verdad necesitaba tomar reposo.

Entonces ella ayudó a Soul tanto como pudo; le hizo un poco de compañía porque él se lo había pedido (diciendo que se aburría solo), intentó ordenar bajo las objeciones de Soul el desastre que era su habitación-jungla y le ayudó a tomar la sopa de pollo que Sara había preparado.

A las siete de la tarde a Soul ya se le cerraban los ojos. Maka había bajado a fregar los platos sucios que Soul había utilizado y cuando volvió a la habitación lo encontró profundamente dormido. No pudo evitar formar una sonrisa al verlo descansar de manera tan calmada. Era como otra persona y, cielos, se veía muy mal. Esperaba que se mejorara pronto para que pudiera volver al instituto. Era muy extraño estar con un Soul que no se movía o hablaba tanto.

Con cuidado terminó de entrar a la habitación y recogió sus cosas sin querer despertarlo. Se colgó la mochila al hombro pero se quedó unos momentos observándolo. Nunca había reparado en el ligero detalle de que Soul, siendo igual joven, podía ser tan… guapo (la palabra se escuchaba tan extraña incluso dentro de su cabeza. Era su amigo, ¡por Dios mismo!). Tenía unas facciones masculinas que poco a poco iban marcándose y todo era simétrico en él, nada que fuera suyo estaba fuera de lugar. Incluso las ligeras cicatrices de su rostro por la pubertad se veían bonitas.

Dio una sonrisa al comprobar que nadie la observaba, se acercó con cuidado, se agachó y le dio un leve beso en los labios, fue más un roce pero que le hizo sentir más que un zoológico en el estómago, era un safari completo. No sabía exactamente de dónde salió el impulso pero simplemente se movió sin pensarlo. No pudo evitar sonrojarse por lo que había hecho y se alejó un poco de su rostro para verlo mejor. Por suerte seguía dormido.

No la había descubierto.

—Buenas noches, Soul —susurró. Rápidamente se dio vuelta y salió de la habitación, cerrando tras de sí con mucho cuidado.

Soul, entonces, abrió ligeramente un ojo y formó una sonrisa floja.

—Buenas noches, Maka —murmuró.

Esa fue la primera vez que Maka besó a alguien.

Al día siguiente Soul asistió a Shibusen. Su excusa fue que sólo se había sentido un poco mal pero ya estaba mejor. Maka realmente se sentía más tranquila al saber eso, pero todavía veía a Soul medio cansado. No podía evitar preocuparse por él y cuando lo vio ese día el recuerdo del beso que le dio llegó a su mente. ¡Lo había besado! ¿Qué pasaba si lo recordaba? Se moriría de vergüenza.

Para suerte suya Soul no se comportó extraño con ella, ni le dijo nada así que Maka supuso que no sabía que lo había besado. Eso era bueno y decepcionante al mismo tiempo. Aun sentía esa extraña sensación cuando lo veía.

Juntos con el grupo pasaron un buen día en el cual Maka estuvo vigilando a Soul.

—¿Por qué faltaste, mortal? —preguntó Black mientras todos estaban sentados en unas bancas en el almuerzo. La verdad es que la excusa que el albino había usado sólo fue con los profesores pero sus amigos no sabían nada al respecto. Maka se preguntaba por qué. Por eso mismo al escuchar la pregunta levantó ligeramente la mirada de su panecillo, queriendo escuchar lo que Soul diría a continuación y ver su reacción.

—Me quedé dormido —respondió mientras se encogía de hombros.

—¡Ah! ¡Faltaste por eso! —se quejó su amigo. Hizo varias muecas y movimientos con los brazos. Era demasiado inquieto para mantenerse simplemente sentado en su lugar.

—No puedo creerlo… ¿No tienes despertador? —preguntó Kid mientras suspiraba con resignación ante la actitud del albino.

Soul dio una sonrisa fingida por lo que pudo ver Maka. Ella abrió la boca para protestar pero justo en ese momento Soul pasó un brazo por sus hombros atrayéndola hacia él y dándole una mirada significativa de "no digas nada". Maka bajó la mirada avergonzada por estar tan cerca de él, por la sorpresa casi se le cae el panecillo. Se quedó muda y deseando que, por favor, sus mejillas se mantuvieran blancas como siempre. Intentó comer pero tampoco funcionó.

—No, no tengo, tal vez se rompió.

—Compra otro.

—Tendría que ir a la tienda-

—¡No vuelvas a faltar por eso, mortal!

Soul creó una sonrisa pero Maka, asustada, pudo darse cuenta que realmente lo que intentaba hacer era ahogar una tos.

—Ya, ya. Dejen de llorar por mi ausencia. Ya pasó.

—Sino voy a tu casa a buscarte para la próxima vez—Black Star lo apuntó con una mirada seria. Todos los demás simplemente se quedaron en sus lugares porque si él decía que lo haría, es que lo haría—. Sé dónde vives. Te estaré vigilando.

—Eres raro —dijo Kid con una sonrisa mientras alzaba una ceja, mientras tanto también se ordenaba por vez millón el uniforme.

—Al menos hoy volviste, Soul —sonrió Tsubaki, como siempre muy amable. Se preocupaba más de saber que por lo menos el chico se encontraba mejor.

Soul bajó la mirada hacia Maka, la cual no se había dignado a mirarlo de frente por la mera vergüenza de tenerlo tan cerca y recordar lo que había ocurrido ayer. Él, de hecho, no se lo diría porque no sería lo mejor. Tendría que esperar, por supuesto.

Mientras pensaba en todo eso miró el panecillo que Maka sostenía entre sus pálidas manos. Su estómago gruñó por el hambre. Ese día no había comido nada así que la pregunta de que sí le daba fue inevitable. Maka, al escucharlo, levantó la mirada y se dio cuenta que Soul hablaba acerca de la comida. Suspiró mientras levantaba la mano y ponía el dulce frente a la boca del chico, en una clara respuesta afirmativa. Entonces él, sonriendo de manera lasciva, tomó la mano de Maka con delicadeza en la muñeca y dio un mordisco dulce. Ella con todas sus fuerzas intentó no sonrojarse ni temblar ante el tacto, cosa muy difícil, pero de alguna manera extraña lo logró.

Siguieron la conversación juntos los cincos, riendo y contando antiguas anécdotas. Maka terminó dándole todo el panecillo de vainilla a Soul, quien dijo que algún día se lo pagaría pero ella no confiaba en esas palabras. Pero para su máxima sorpresa él no se alejó de ella en el resto de lo que quedaba de tiempo.

Esa fue la primera vez que Maka estuvo sentada junto a un chico, siendo abrazada y sintiéndose muy cálida entre un grupo de amigos.

Los años continuaron pasando, transcurrieron y no se detenían por nadie para bien o para mal. ¿Cuánto podía cambiar una cosa en cierto tiempo? Un segundo, un minuto, una hora, un día, una semana, un mes, un año… Todo eso podía llegar a ser muy corto cuando se analiza todo lo que llega a cambiar en ese período. Para Maka fue así, el tiempo pasó como un soplido, una exhalación, un respiro, una gota de lluvia desapareciendo en un charco del centro de la ciudad, algo que si quiera te das cuenta que ocurre pero genera un gran cambio. Un pequeño gran cambio.

Maka de pronto tenía dieciséis. Soul dieciocho.

Los sentimientos de Maka cada vez que estaba cerca de Soul o solamente pensaba en él habían aumentado, se habían mantenido y empeorado. Y ahora sabía qué era, la respuesta era muy simple: Se había enamorado de su mejor amigo, de ese chico que la cuidó desde niña y aquel chico que era dos años mayor que ella. El mismo que ahora se consideraba como un adulto en toda la regla mientras ella seguía siendo una niña.

Maka recordaba perfectamente cuando descubrió su amor por él. Fue cuando conversó con Tsubaki sobre eso, a los trece años.

—Tsubaki, ¿nunca te has sentido extraña cerca de alguien? —había preguntado mientras intentaba parecer desinteresada como si la pregunta no le importara realmente. Su amiga, en cambio, la había mirado con extrañeza.

—¿Extraña? ¿Qué quieres decir?

—Cerca de un chico —terminó especificando con más ímpetu de lo que debería—. ¿Te has sentido extraña cerca de un chico?

Como era Tsubaki recordaba que se había llevado una mano a la barbilla, meditando unos momentos. Maka simplemente había pensado qué hacer con sus propias manos durante el transcurso del tiempo.

—Puede ser, ¿por qué?

—Pero, ¿te has sentido con una sensación en el estómago? ¿Qué se te acelera el corazón y te sientes nerviosa? —había terminado por balbucear. Adiós intento de indiferencia. Maka sentía al instante como se sonrojaba. Dios, era demasiado vergonzoso hablar en voz alta de eso pero para su tranquilidad su amiga no se había reído de ella, ni tampoco hizo comentarios al respecto para juzgarla, en cambio la escuchó de manera atenta y asintió. Al final simplemente le había.

—Así es como se siente el amor —recordaba que ella había parpadeado. Ahogada por esas palabras tan extrañas que sólo escuchaba en las películas. Tsubaki volvió a decirle—: Estás enamorada, Maka.

Luego de eso, tras meditarlo seriamente, Maka le confesó a su mejor amiga que estaba enamorada de Soul.

Suspiró. En ese momento se encontraba sentada en la banca del parque cercano a su casa, como siempre leyendo. Era una bella tarde donde el sol ya se estaba ocultando y un arrebol de colores se formaba en el cielo, había tonalidades violetas, blancas, rosadas, salmón además de amarillo. Estaba cálido y tranquilo. Los niños a esa hora ya debían estar dentro de sus casas viendo la basura que daban en la televisión o jugando con aquellos aparatos que mataban la imaginación. Maka en su lugar leía Mala Onda. Se encontraba sola porque Soul había tenido que ir al doctor. En ese último período de tiempo había estado yendo mucho y aun bajo la insistencia de Maka (que no era poca) para que le dijera la razón él simplemente se encogía de hombros y respondía con "Chequeo" o a veces "Tal vez por la anemia, ya sabes".

Maka no estaba muy segura si Soul tenía o no anemia pero de todas maneras se preocupaba mucho por él. Más veces de las que le gustaría contar se le veía cansado, agotado y hasta demacrado. Se enfermaba mucho y faltaba constantemente a clases. Estaba muy preocupada y el idiota no le respondía qué ocurría.

—Idiota —susurró mientras el viento cálido movía su cabello. Le molestó en los ojos.

«Me preocupo por él y no le importa. ¿Cómo es que puedo amar a ese idiota?», pensó mientras hacía un puchero.

—¿Quién es el idiota? —entonces como si hubiera sido invocado Soul apareció sentándose al lado de Maka.

Ella volteó a mirarlo inspeccionado su aspecto como siempre hacía cuando volvía de sus "chequeos". Otra vez no tenía color en la piel y había bolsas bajo sus ojos. Se preguntaba si descansaba bien. Soul, ahora con dieciocho años, estaba más atractivo que antes. Tenía una estatura alta que si bien era cierto no era exagerado se encontraba de todas formas sobre el promedio normal, su cuerpo estaba tonificado, su cabello se mantenía despeinado en un estilo único y tenía tal carismática actitud que lo hacía atrayente.

Maldijo internamente. Su amigo era condenadamente sexy.

—¿Quién va a ser? —resopló Maka frunciendo el ceño hacia él. Cerró el libro mientras marcaba la página en donde había quedado.

—Cualquiera —se encogió de hombros.

—Obviamente tú.

—¿Ahora yo que hice? —sonrió Soul.

—Nada, ese el problema —Maka infló las mejillas con molestia —. Me preocupo por ti, ¿no te das cuenta, idiota? Pero cada vez que te pregunto no respondes.

Soul miró a Maka con sorpresa Realmente se sentía extraño por lo que le había dicho. ¿Cómo debería reaccionar a algo así? ¿Qué tenía que decirle ahora? Él, la verdad, moría por confesarle una sola cosa pero sentía que no podía porque al final simplemente la dañaría y él no deseaba eso. De todas maneras siempre existía la posibilidad horrible de que Maka no sintiera lo mismo por él. No quería arriesgarse de esa manera.

—No quiero preocuparte, es todo —respondió al final mientras entrelazaba sus manos.

Maka no volteó para verlo.

—Me preocupas aunque no me digas, tonto —murmuró—. Termina siendo peor.

—Bueno, lo lamento —suspiró al final. Parecía que nada hacía bien últimamente. Miró el cielo, sabiendo que lo siguiente que diría sería una de las mil mentiras que tenía bajo la manga—: La próxima vez te diré la verdad.

—¿Lo prometes? —preguntó Maka mirando de reojo a Soul. Quería ver su reacción. Él nunca había roto una promesa, podía confiar. Eran mejores amigos, después de todo. Ella confiaba en él.

Soul la miró directamente a los ojos cuando respondió con un:

—Sí, lo prometo.

Terminó sonriendo y con eso Maka se sintió más calmada mientras correspondía el gesto. Entonces podría comenzar a preguntar en ese mismo momento, él diría la verdad y, por fin, podría saber qué ocurría. Algo que no era de hace poco. Estaba cansada de mantenerse al margen.

—¿Por qué has estado yendo tanto al doctor? —preguntó de manera directa mientras lo veía con seriedad.

Soul sintió la manera en que su pecho se encogía ante aquello porque de todas las cosas justamente debía ser eso, lo que quería ocultarle para evitar su sufrimiento. No podía creer que no había durado ni dos minutos y ya estaría a punto de romper su promesa. Odiaba mentirle a Maka. Lo odiaba, pero no había opción. Terminó suspirando mientras intentaba relajarse y siento por un momento el calor de los leves rayos de sol que todavía quedaban.

—Tengo anemia, ¿recuerdas? —respondió en voz baja. Eso no era una mentira totalmente, pero tampoco la verdad completa—. Tengo que ir a chequeo porque… tal vez se ponga grave.

Maka jadeó, asustada. Sabía de la supuesta anemia de Soul, pero ahora era la primera vez que se lo afirmaba sin su tono de broma. La primera vez que se lo había dicho, ya hace algunos años, comenzó a investigar al respecto. La anemia era cuando el cuerpo no tenía los suficientes glóbulos rojos sanos (los cuales suministraban el oxígeno a los tejidos, entre otros). En casos extremos podían no aportar oxígeno suficiente a los órganos vitales como el corazón y podía causar un ataque cardíaco. Existían diferentes tipos de anemia y jamás le habían dicho si la anemia de Soul era leve o severa. Él evitaba el tema tanto como podía.

—¿Qué quieres decir con "tal vez"? —balbuceó sintiendo cómo se enredaba su lengua y un nudo se sentía en su garganta. Odiaba pensar en Soul así de enfermo, que pasaría si él. No. Ni si quiera deseaba imaginar la opción. Era horrible incluso de una manera hipotética— ¿No es grave? ¿Te mejoraras, cierto? —preguntó con seriedad y los ojos transmitiendo su miedo. No quería perderlo. No podía pensar su vida sin él, como su amigo o como algo más. Daba igual. Simplemente lo quería a su lado.

Soul se acercó más a ella sentándose con cuidado a su lado. Maka tenía las manos apoyadas todavía en el banco y él con delicadeza rozó una. Temía tomarle la mano pero aun así lo hizo porque ya había aprendido y la vida era arriesgarse. Estaba cansado de quedarse al margen de las cosas, y la verdad es que esa decisión la había tomado hace menos de un minuto. En su caso quién sabía cuánto tiempo tendría para seguir arriesgándose.

—Dije que podría ponerse grave, no es una certeza —sonrió intentando quitarle tensión al asunto. Joder, Maka se veía muy asustada —. Tengo que tomar hierro, son unas píldoras asquerosas… saben a vómito de gato.

Maka no pudo evitar reír con nerviosismo ante la mala broma de Soul, por eso y porque le estaba tomando de la mano. De niños siempre se sujetaban de la mano pero ahora que Maka sabía que estaba enamorada de él no podía evitar sentir todas esas cosas molestas en su organismo. Creía que metería la pata en cualquier momento.

—¿Cómo sabes que es como vómito de gato? —inquirió tragando saliva para tranquilizarse.

—Yo creo que así sabe el vómito de gato —respondió entrecerrando los ojos graciosamente al verse atrapado. Titubeó durante unos segundos.

—¿Has probado el vómito de gato? —siguió Maka el juego con una sonrisa maliciosa. Molestar a Soul era algo que ocurría una vez en un millón, había que aprovechar siempre que se pudiera.

—No.

—Mentiroso —comenzó a reír intentando sentirse liberada al hacerlo.

Soul sonrió mientras la miraba. Amaba escucharla reír, era una de las cosas que le hacían feliz en la vida. La simple felicidad de Maka era su propia felicidad y por eso, sin poder evitarlo, terminó riendo con ella. Rieron hasta quedarse sin aire y hasta que sus estómagos rogaron para que se detuvieran. Maka entonces se secó unas pequeñas lágrimas que habían escapado de sus ojos por culpa de la risa. Todavía con una sonrisa que detonaba su diversión implantaba en su cara.

—Dios… eres un caso —musitó mientras recuperaba el aire.

Soul se encogió de hombros.

—Pero es un secreto.

—Claro, yo lo guardo.

Entonces por el silencio que se formó. Maka recayó en que todavía Soul sostenía su mano, era cálida y áspera en contacto con la suya, pero para ella era suficiente.

—Soul… —le llamó por su nombre con determinación, antes de que comenzara a flaquear. Lo miró directamente a los ojos. Podía ver su reflejo en las irises rojas de Soul—¿Por qué últimamente has estado tan extraño?

Soul hizo una mueca.

—¿Extraño? ¿A qué te refieres? —inquirió.

—Algo diferente en ti, tal vez lo he notado antes pero no te lo había dicho —siguió ella. La duda que tanto tiempo había guardado por fin podría soltarla. Moría por hacerlo.

—Quién sabe, ¿cambios hormonales, tal vez? —Soul se encogió de hombros, sin comprender a dónde quería llegar.

—Tal vez…

—¿No te ha pasado? Tú también te comportas extraña.

—No más que tú.

—Los dos somos extraños, eso es todo

—Soul, no has respondido mi pregunta —Maka frunció el ceño mientras decía eso.

Soul, en cambio, levantó la mirada al cielo. Botando de manera pesada el aire y pensando bien lo que diría a continuación. Lo pensó y lo pensó. Comenzó a sentir un cosquilleo de adrenalina dentro de él. Apretó un poco la mano de Maka. Tenía que analizar bien si decirlo o no pero, tenía que arriesgarse. Quería hacerlo. Necesitaba hacerlo. Ya no deseaba seguir corriendo. De pronto se encontraba más decidido que nunca.

—¿Estas enamorada, Maka? —preguntó Soul sin dejar de mirar el anaranjado crepúsculo.

Ella se sobresaltó y abrió los ojos sintiéndose atrapada. Su pulso se disparó como las naves espaciales de la NASA.

—¿Qué? —preguntó agradeciendo no haber tartamudeado. Su corazón se aceleró y sentía el calor en las mejillas. La garganta se le secó. Estaba segura que comenzaría a hiperventilar en cualquier instante.

—¿Estas enamorada? —repitió con simpleza. Bajó la mirada y vio a Maka con seriedad, directamente, sin titubear y casi sin pestañear tampoco. Ella sentía como si pudiera ver a través de lo que intentaba ocultar —. Porque yo sí.

El mundo de Maka se vino abajo rápidamente como si hubieran quitado la primera carta que sostenía un castillo de naipes. Así de simple. Así de fácil. En silencio su mundo se destruyó y su corazón parecía romperse. Otra opresión el pecho pero está vez más dolorosa que antes. Cielos, habían transcurrido sólo dos segundos desde que Soul soltó esas palabras y sentía como si le hubieran enterrado mil espadas en el pecho, pateado todo el cuerpo y lanzando al suelo varias veces. En ese momento creyó que debía estar muy seria. Con toda su fuerza de voluntad fingió una sonrisa feliz o natural, porque debería estar feliz por su amigo, ¿no? Eso hacen los mejores amigos.

—¿Ah, sí? —pudo decir sintiendo el doloroso nudo en la garganta. Soul asintió sin dejar de mirarla ni un segundo, haciendo que se sintiera incómoda y expuesta —¿Y cómo es?

—Terca, inteligente y curiosa, muy curiosa —sonrió Soul mientras ladeaba un poco la cabeza hacia el lado.

—¿Curiosa?

—Mucho —sonrió.

El dolor aumentaba a cada segundo, ¿cómo podía estar hablando de esto con él? ¿Cómo podía estar respirando si su garganta se sentía cerrada?

—¿Y… es hermosa? —preguntó Maka bajando un poco la mirada con incomodidad hacia el suelo con la tierra y las piedras. Ojala fuera una piedra en ese momento. Seguramente la persona sería Kim, aquella chica tan guapa compañera de Soul. Los había visto juntos varias veces. Ella no tenía comparación.

Pero Soul entonces tomó con delicadeza la barbilla de Maka e hizo que volteara a mirarlo. Dio una pequeña sonrisa tímida. Ella pensó, de manera tonta, que era la primera vez que lo veía casi tímido por algo.

—Sí, eres muy hermosa.

Maka soltó una exclamación mientras su cabeza procesaba las palabras. Sus ojos se abrieron. Sintió su corazón acelerarse, su cerebro se nubló y sus mejillas ardieron en carmesí. Todo eso al mismo tiempo. No estaba muy segura qué estaba pasando. La sangre en sus venas ardía. ¿Qué había dicho? ¿Escuchó mal?

—¿Ah? —soltó de manera casi inteligente.

—Eres hermosa, Maka —respondió Soul acercando su rostro al de ella. Se sentía nervioso pero no lo demostraría. En ese momento era todo lo confiado que podía intentando tapar su verdadero miedo—. Tú eres esa chica. Estoy enamorado de ti.

Maka se volvió muda.

—Tú-

—Escucha. —le pidió tajando sus palabras de raíz. Maka cerró la boca. Sus piernas temblaban y las manos le sudaban. Soul en cambio habló—: Estoy enamorado de ti desde hace ya mucho tiempo. Es tanto que no puedo aguantarlo, ya no puedo contenerlo, tenía que decírtelo. Entiendo que seguramente sólo me veas como "el mejor amigo" he escuchado esa mierda antes, Maka, la he visto, pero… tenía que arriesgarme. Estoy cansado de vivir al margen de las cosas —cuando terminó de decir eso su respiración estaba acelerada. El silencio en el parque era aterrador y se sentía como si fueran las únicas personas en todo el planeta Tierra. No le molestaría. Quería recordar ese momento para siempre. Soul le estaba diciendo todas esas cosas bonitas a ella, que siempre lo había amado en silencio—. Por eso ahora te digo —tomó aire una vez más. Se dio cuenta que la mano de Soul temblaba sujetando su cabeza—. Estoy enamorado de ti y lo digo ahora de manera abierta, sin temor, estoy cansado de fingir que sólo te quiero como amiga cuando realmente es mucho más…

—Que tonto eres —murmuró Maka todavía siendo sostenida por Soul. Dio una sonrisa y él sintió como sus esperanzas quedaban repartidas por el suelo en fragmentos de cristal delicado —, realmente eres un tonto.

—Maka-

—Porque yo también estoy enamorada de ti, Soul —miró sus irises oscuras en ese momento.

Soul entonces no pudo evitar su exclamación de sorpresa y júbilo. Luego dio una gran sonrisa mostrando todos sus dientes de tiburón. Sin decir nada más Soul besó a Maka como si todo hubiera sido dicho ya y quizás así fue porque con esas palabras ambos estaban satisfechos. Se sentían bien al saber que sus sentimientos eran correspondidos. Sostuvo su rostro con ambas manos, profundizando el beso y sintiendo la cercanía de su piel, su calor. ¿Cuánto tiempo había soñado con eso? ¿Cuántas noches o días observando sus labios? No la podía contar, perdió la cuenta. Pero no importaba porque ahora podía hacerlo, pues ya se lo había dicho todo. Era mejor de lo que había soñado.

«Después de todo, valía la pena arriesgarse», pensó Soul mientras seguía besando a Maka. Al principio fue un poco incómodo porque sólo presionó los labios sobre los de ella pero luego recordó cómo moverse y todo salió mejor. No podía decir que era el beso perfecto pero, en su mundo, así era.

Ella en cambio no podía dejar de celebrar la felicidad interior.

Esa fue la primera vez que Maka le dijo "te amo" a alguien y la primera vez que tuvo un novio.

La primera vez que se sintió completa y feliz.

Transcurrieron dos años tranquilos, largos y felices para Maka. Terminó la escuela y había llegado el tiempo temido de elegir una carrera para seguir en la universidad, pero en su caso todavía no decidía así que estaba en problemas. Seguía saliendo con Soul y no podía estar más feliz por ello. Era cierto que seguía siendo un idiota en muchos ámbitos y tenían sus discusiones, pero de manera paralela estaban felices juntos. Aunque la preocupación de Maka por la anemia de él no se había apaciguado con los años y simplemente empeoraba cuando se daba cuenta que tenía que ir al hospital, de nuevo.

«Es la anemia», pensaba Maka afligida cuando Soul era internado. «La anemia lo está acabando».

Pero cuando Soul salía siempre le daba una sonrisa tranquilizadora y bromista, le decía que todo estaba bien y que no ocurría nada. La calmaba, le mentía y ella, por inocente, le creía. Soul era fuerte porque Maka seguía bien pero de todas maneras se sentía culpable por mentirle, el problema recaía en que opción no tenía.

La rubia seguía viendo a sus amigos; Tsubaki comenzó a salir con el tonto de Black Star (cosa que la tenía muy feliz. Estaba contenta por su amiga) y Kid estaba saliendo con una chica llamada Chrona, la cual era muy simpática y agradable pero extremadamente tímida y nerviosa. Hacían una pareja bastante peculiar y bonita.

—Tsubaki, ¿qué estudiaras? —preguntó Maka ese día. Ambas estaban en la habitación de la japonesa. Tsubaki se encontraba sentada frente al tocador, cepillándose su largo cabello y viendo cuál sería la mejor opción de peinado para ese día. Maka, en cambio, se encontraba acostada en su cama mirando y dando su opinión al respecto de vez en cuando.

Su amiga volvió a verla, pensativa.

—De hecho me gustaría ser… peluquera —respondió en un susurro suave con una ligera vergüenza—, o estilista. Me gusta peinar y arreglar a las personas.

Maka parpadeó.

—Oh, ¡eso es genial! —sonrió dándole ánimo. Ella sabía que a Tsubaki le gustaba todo es pero no estaba segura de que lo siguiera por sus padres. Antes le había dicho que no deseaba decepcionarlos pero entonces podía concluir que lo había hablado con ellos y la apoyaban.

Eso era suficiente para estar más que feliz por su amiga.

—¡Es increíble! —siguió diciendo.

—Gracias —Tsubaki dio una sonrisa tierna agradeciendo todo el apoyo de su amiga.

Maka comenzó a reír.

—Tendrás que peinarme luego… —miró como Tsubaki se tomaba el cabello una y otra vez, sin encontrar un peinado que le gustara—Mañana es mi aniversario con Soul —anunció sin poder quitar la sonrisa mientras apoyaba la barbilla en los brazos.

—¡Cierto! Me alegro mucho de que sigan juntos, Maka.

—Yo también —sonrió en respuesta desde su lugar—, ha sido… increíble.

—Me imagino —Tsubaki le sonrió de manera maternal, sólo como ella sabía. La miraba por el espejo.

—Y tú también vas increíble con Black Star —Maka le dio una sonrisa socarrona riéndose al ver el sonrojo en las pálidas mejillas de su mejor amiga.

Ambas se hallaban muy felices en su tiempo juntas. Maka, de manera aparte, también porque ciertamente mañana era su aniversario. No podía creer que estuviera saliendo con él, su amigo de la infancia, ese chico que la ayudó de tantas formas las cuales hasta él nunca entendería pero ella nunca viviría lo suficiente para agradecerle. Le faltaría vida para quererlo.

Las cosas cambiaban muy rápido. Una simple, una insignificante acción podía cambiar todo, ¿no? Todo tiene su resultado.

Albarn luego de haber llegado a su casa fue a la cocina buscando un vaso con agua. Su madre no se estaba y pensó que seguramente había salido a alguna parte con Sara. No le dio más importancia de la necesaria. Soul no la había llamado y eso sí era un poco extraño pero, por suerte, podía ir a visitarlo en cualquier momento porque después de todo eran vecinos.

Estaba bebiendo a sorbos el agua cuando sonó el teléfono de la casa. Maka, con curiosidad, se acercó preguntándose quién sería. Ya eran las ocho de la noche y la verdad nunca nadie llamaba. Así que simplemente se acercó, descolgó el aparato y el sonido cesó. Pensó que podría ser del trabajo de su madre. Se llevó el auricular a la oreja y con voz monótona respondió:

—¿Aló?

—¿Maka? —le tardó unos segundos reconocer la voz pero después se dio cuenta de quién era. Era Wes, el hermano mayor de Soul. No tenía idea qué quería o por qué llamaba. Frunció el ceño mientras buscaba las opciones a esa pregunta.

—Sí, hola Wes —saludó cambiando su peso de un pie a otro, ¿por qué la llamaba él? No es que no le agradara, simplemente era extraño. Wes nunca llamaba. Wes, de hecho, nunca estaba en casa de los Evans. Normalmente iba de visita los días especiales—. ¿Qué ocurre?

—Maka… —su voz se cortó, se escuchaba ronca y cansada, muy cansada. Tenía la voz rasposa como si hubiera estado gritando o llorando. La alarma se disparó en el cuerpo de la rubia. Como hermano mayor era muy responsable y de pronto la única razón que se le ocurrió para que le llamara era por Soul—Necesito que vengas…

—¿Q-qué? —tartamudeó sin entender y sintiendo un hormigueo de miedo en el cuerpo. De pronto su casa se sentía muy fría y vacía para su gusto. Demasiado grande para ella—No entiendo, ¿a dónde?

—Sólo ven a la clínica central —pidió de nuevo. Otra vez se le cortó la voz y soltó un gemido lastimero, como un perro que acaba de ser atropellado. Escuchaba a alguien detrás. Ese alguien estaba llorando y la respiración de Wes salió forzada—Es Soul, por favor ven, Maka. Por favor… es urgente… él…

El tiempo se detuvo y de pronto se sintió helada hasta los huesos, como si la sangre de su cuerpo no existiera. Las piernas le temblaron amenazándola con hacerla caer, parecían de jalea. Sentía el palpitar en sus sienes de manera molesta y dolorosa. Hubo un pitido extraño en sus oídos. Y mientras todo eso pasaba en su cuerpo no dijo nada, no respondió, ni si quiera se preocupó de colgar bien el auricular (¿lo había hecho?). Corrió a la puerta de su casa casi cayéndose de camino, sacando las llaves del auto de su mamá sin interesarle en lo absoluto. Después se lo devolvería. Ahora necesitaba llegar a la clínica lo más rápido que pudiera.

Sólo podía repetir el nombre de Soul una y otra vez mientras abría el auto de un tirón que casi le dislocó el hombro. Lo encendió para luego poner la palanca de cambios en reversa y dar marcha atrás. Comenzó a conducir por las calles y las ruedas chirriaron por la velocidad. Sus pensamientos eran un remolino mientras conducía como loca, simplemente queriendo llegar a él. No se le ocurrió que podía chocar pero de vez en cuando se daba cuenta que sostenía con tanta fuerza el manubrio para evitar el temblar de sus manos. Estaba oscuro en las calles pero a Maka no le importó acelerar la velocidad, saltarse algunas señales de alto y pasarías varios autos. Él, Soul, había sido quien le enseñó a conducir y si en ese momento la viera la regañaría por decir que era muy irresponsable con su propia vida.

«Soul, Soul, Soul, él no… por favor, él no. ¿Será la anemia?», pensaba afligida mientras cambiaba las marchas e intentaba calmarse un poco, aunque sea. Miraba por los espejos para revisar que no atropellaría a nadie o chocara contra otro auto. Tenía que llegar, «Por favor no te lo lleves, por favor, por favor, él no. Por favor no te lo lleves todavía», imploró a quién sea que estuviera dispuesto a escucharla. Sus ojos picaban por el pánico de no saber realmente qué pasaba pero sentir que no era nada bueno. Sentía la vista nublada. A lo lejos, de pronto, pudo ver las luces que distinguían la clínica de Death City. En su cabeza seguían las preguntas, una tras otra. ¿La anemia le había hecho eso? ¿Era tan grave? ¿Era tan grave para que Wes también estuviera involucrado? ¿Por qué, oh Dios, por qué no se había dado cuenta antes?

Detuvo el auto en el estacionamiento, bajó rápidamente y lo cerró como pudo. Quizás no lo hizo. Las piernas amenazaron con nuevamente hacerla caer y se tropezó en los escalones de la entrada pero siguió caminando. Corrió dentro de la clínica y se lanzó hacia el lugar de consultas. La enfermera de turno se sobresaltó al instante al verla con esas fachas; agitada, hecha un desastre y con una mirada afligida.

Pero intentó sonreír con amabilidad.

—Buenas noches, ¿qué se le ofrece, señorita?

—¿Soul Evans? —Soltó de corrido sintiendo la garganta seca. No pensó en contestar su saludo. No le importaba en ese momento—Está internado aquí. La habitación. ¿Sabe la habitación?

—Ah, el joven Evans —la enferma buscó en el computador demasiado lento para el gusto de Maka. Abrió carpetas y archivos. Lentamente comenzó a teclear el nombre del mencionado en el buscador.

—¡DÓNDE ESTÁ —gritó alterada mientras daba un puñetazo a la mesa. No podía evitarlo. Su cuerpo entero vibraba.

—En pabellón, habitación 203 —respondió la joven enfermera sobresaltada por el grito de la chica. No pudo evitar pensar que era una niña muy grosera para exclamar de esa manera dentro de una clínica.

Maka no perdió más tiempo y simplemente corrió por los pasillos hacia el lugar que le habían dicho. Corría sin importarle los demás. Sólo estaba pensando en él, en Soul. ¿Cómo no se había dado cuenta que estaba tan mal? Debió haberse fijado, ahora que lo pensaba era obvio; las ojeras, el cansancio, la palidez. Al recordar todo eso se mordió el labio hasta hacerlo sangrar y se reprendió mentalmente por ser tan ciega y estúpida. Mordiéndose aguantó las ganas de llorar.

Por suerte o milagro no se perdió. Cuando estaba llegando por el pasillo pudo distinguir el perfil de Wes. Él estaba de pie caminando por el pasillo fuera del pabellón y mientras se acercaba más rápido pudo distinguir a la madre de Soul, Sara, sentada en los asientos de espera. Kami se encontraba a su lado y la abrazaba con fuerza mientras la albina sollozaba en su hombro. Maka no se paró a preguntar por qué su madre estaba allí y no la había llamado.

Cuando se acercó lo suficiente, jadeando por el cansancio, Wes fue el primero en reconocerla.

—Maka —le llamó. Se dio cuenta que tenía los ojos rojos e hinchados y su voz estaba ronca. Sin duda alguna había estado llorando. Wes era tan parecido a Soul que le dolió verlo. Tuvo que tragar varias veces para no romper en llanto por la desesperación.

—¿Cómo está? ¿Qué paso? —preguntó de inmediato manteniendo la compostura. Al reconocer la voz tanto Sara como Kami levantaron la mirada. Maka no pudo evitar sentir el dolor en los ojos de la madre de Soul. Su pecho se apretó.

—Se encuentra grave —explicó lo mejor que pudo Wes. Tomó aire y cruzó los brazos sobre el pecho, intentando nuevamente no echarse a llorar. Él no podía romperse ahora mismo. Era fuerte. Debía hacerlo por su hermano y mantener la compostura por lo menos frente a su novia—. Lo están operando. No sé bien al respecto, sólo se lo llevaron. Él comenzó a sangrar demasiado en casa. Le dio un ataque y no podía respirar. Tuvimos que llamar a la ambulancia.

Maka jadeó y se cubrió la boca con las manos conteniendo los gemidos lastimeros mientras imaginaba la escena. El llanto estaba cerca, tuvo que alejarlo pero pensar en un Soul que escupía sangre y se ahogaba no ayudaba en nada. Perfectamente se lo podía imaginar convulsionando en el suelo mientras a su alrededor los demás entraban en pánico. No se había dado cuenta pero de pronto tenía las mejillas húmedas. Estaba llorando. El lugar daba vueltas. Las paredes blancas y brillantes junto con el olor a desinfectante la sofocaban.

—N-No… —balbuceó.

—No están seguros si irá a… sobrevivir —la voz de Wes se cortó mientras se apoyaba en la pared y se cubría el rostro mientras las lágrimas caían por él. No pudo evitarlo. Con suerte logró terminar la frase de alguna manera. Sorbió por la nariz y bajó la mirada. Intentaba que nadie lo mirara.

Maka cayó al suelo de rodillas. Se sentía enferma.

—No. — ¿Cómo podía pasar eso?—Él no…

Era anemia. Sólo eso, ¿no? Soul le había dicho que era eso. Lo estaban tratando. Eso no podía ocurrirle.

—¿C-cómo? —tartamudeó sosteniendo su cabeza con sus manos frías. El cuerpo estaba frío. Quería vomitar.

—Soul tiene leucemia, Maka. —levantó la cabeza rápidamente cuando escucho, sorprendentemente, la voz de Sara. Seguía llorando, siendo consolada por Kami (a quien no le preguntaría ahora cómo es que ella lo sabía porque sus ojos transmitían que claramente estaba al tanto). Los ojos de Sara se dirigieron a la rubia, intentando serenarse pero sin poder evitar seguir llorando, su nariz estaba roja. Alzó la cabeza lo mejor que pudo porque sabía que tenía derecho a saberlo. Era muy injusto con ella—: Fue diagnosticado de leucemia linfática aguda a los trece años… comenzamos el tratamiento, pero-

La voz se le cortó y sollozó con más fuerza. Se apretó el pecho mientras las lágrimas caían. Hipó y jadeó desesperada.

—Estará bien. Soul es fuerte —intentó tranquilizarla Kami acariciándole el cabello, pero la verdad es que ella tampoco estaba muy segura. Se estaba mordiendo la mejilla de manera interna para no llorar también.

—¿L-leucemia? —susurró Maka sin creer lo que escuchaba. Tuvo más ganas de vomitar. La bilis se sentía en su garganta —. No puede ser.

—Lo lamento, Maka. Lo lamento mucho. No sabes cuánto —musitó entre sollozos Sara, intercalaba la mirada para mirarla y luego sollozar un poco más—. Él no quería que te lo dijéramos. No quería preocuparte. Nos pidió que por favor no te contáramos nada.

Maka hizo una mueca, dolida, y aunque sonara muy egoísta se sintió molesta con Soul, ¿por qué no le dijo? ¿Por qué intentó protegerla del dolor cuando esto podría pasar?

—Tiene que salvarse —murmuró y se abrazó a sí misma encorvándose y llorando en el suelo. Le costaba respirar y sentía el frío del metal del collar que Soul le había dado hace dos años; era un corazón con una nota musical en el interior, detrás tenía las iniciales "S y M" con una leyenda en hebreo que decía "Le pertenezco a mi amada y mi amada me pertenece".

Los cuatro se mantuvieron en silencio y llorando por lo que parecieron horas. El doctor no salía y no venía ni una sola enferma. Lo único que seguía era la luz de la sala de operaciones, en la que claramente señalaban que seguían en cirugía. ¿Qué le estaría ocurriendo a Soul? Maka, de sólo pensarlo, se sentía diminuta y el único pensamiento que llegaba es que debía salvarse.

Fue a las once en punto cuando llegaron corriendo Black Star, Kid, Chrona y Tsubaki. Todos con el rostro convertido en una máscara de terror. Wes tuvo que explicarles lo mismo que a Maka y cuando terminó Tsubaki fue la primera en echarse a llorar con fiereza, seguida por Chrona. No podían perder a un amigo, más si éste era tan joven. Era un dolor insoportable. Fue entonces cuando Tsubaki se agachó junto a Maka y la abrazó con tanta fuerza que hasta dolió. Siguió llorando sin querer detenerse y pidiendo que Soul se salvara. Maka agradecía el abrazo pero no tenía las fuerzas suficientes para corresponderlo. Sus brazos estaban flácidos a sus lados.

—Soul… joder —escuchó a Black quien contenía el llanto. Se había sentado en el suelo con la espalda apoyada en la pared y se sujetaba la cabeza entre las manos.

—Sálvate —completó Kid con el rostro vuelto hacia el suelo. Él era todo lúgubre en su lugar.

El doctor salió como un fantasma de la sala y todos los miraron. Ahora él era el juez, tenía la última palabra acerca de que si salvaba o no. Maka se levantó con las rodillas entumecidas y los músculos de las piernas doliendo, pero ese dolor era mil veces más soportable en comparación al que sentía en su pecho.

—¿Mi hijo? —logró decir la madre de Soul pero sin poder levantarse.

—¿Él…? —siguió Wes.

El doctor de mediana edad se pasó las manos por su cabello casi canoso. Todas esas miradas sobre él. Odiaba esa parte de su carrera, ser portador de malas noticias.

—Lo lamento mucho —eso fue suficiente para que todos sintieran un cuchillo en el corazón. Sara lloró con más fuerza—, no podemos salvarlo. La leucemia es muy avanzada-

—No —murmuró Maka con la voz rota.

—Sigue vivo —continuó el doctor intentando no mirar el rostro de aquellas personas que tenían la perdida entre sus manos —, no durara mucho. Pueden pasar y…

«Despedirse», completó Maka en su mente.

Tsubaki lloró con fuerza y Chrona también. El doctor les dejó el paso libre a la habitación. Fueron los familiares, en este caso Sara y Wes los primeros en entrar. Kami también fue con ellos ya que Sara no soltaba su mano. Pasaron las puertas y de alguna manera el lugar bajó de temperatura. Los cinco amigos, mientras tanto, se quedaron afuera esperando su turno en silencio y llorando, lamentando todo lo que pasaba. Maka no podía dejar de pensar en todos los momentos que había compartido con Soul. Lo había conocido desde niño, cuando ambos lo eran. Él sólo tenía veinte años, ¿cómo podía acabar su vida así? Soul tenía sueños, mentas, cosas por cumplir, había planeado su vida y acabaría sin más de esa manera tan injusta.

Comenzó a llorar mordiéndose la lengua con fuerza para contener los gritos.

Cuando fue el momento Black fue el primero en dar un paso adelante en dirección a las puertas.

—Vamos —susurró con la voz ronca.

Lo siguieron en silencio e ingresaron al lugar. Maka dirigió la vista a la cama llena de cables y conectado a ellos se encontraba Soul, su Soul. Se veía como siempre muy pálido y débil, pero estaba despierto y con los ojos levemente abiertos. Dio una sonrisa muy penosa al verlos, intentó levantar la mano pero no lo logró. Chrona, a un lado de Maka, no pudo contener un gemido.

Se acercaron lentamente y Maka sentía el peso sobre sus hombros cada vez que se acercaban. El monitor mostrabas los lentos latidos del corazón del chico. ¿Cuánto tiempo tenían? Prácticamente mantenían un reloj de arena sobre sus cabezas.

—Vinieron —logró decir con voz débil. Un murmullo perdido —¿Por qué tardaron tanto?

—Nos perdimos en el camino —intentó bromear Black acercándose hacia su amigo y arrodillándose junto a su cama. Intentaba mantener natural pero era tan difícil—. Ya sabes cómo se me da llegar a un lugar.

Soul dio una leve risa.

—Nunca cambias.

—Lamentamos tardar —se acercó Kid. Ambos contenían las lágrimas, pero si Soul no estaba mostrando un poco de lástima por lo que ocurría, ellos no lo harían. Era una cosa de respeto. Al menos compartirían un buen momento con su amigo antes de. El problema fue cuando Soul comenzó a toser y todos se alarmaron. Un poco de sangre escurrió por la comisura de su boca pero él mismo intentó limpiarla, como no pudo fue su madre quien se encargó de ello. Estaba del otro lado de la cama.

—De acuerdo —murmuró al final mirando a sus amigos.

—S-Soul —Tsubaki intentó hablar pero no pudo porque si lo hacía rompería a llorar.

Soul le dio la mejor sonrisa tierna que pudo logar.

—Lamento que no vaya a poder ver tu peluquería abierta, Tsubaki —suspiró un poco mientras la miraba —, no sabes cómo me gustaría poder ir y que me cortaras el cabello con esos modelos que están tan de moda, que ponen tanto a las… chicas de ahora.

—Está bien —logró articular con el ardor en su garganta. Tsubaki se mordió el labio y negó con la cabeza lentamente. Las lágrimas quemaban sus ojos azules cristalizados. Se adelantó para tomar la mano libre de Soul, fría y débil entre sus cálidas y suaves manos. A él se le iba la vida—. Lamento nunca… haberte podido hacer un corte digno.

—Cualquier cosa se ve bien en mí —él logró reírse aunque sea un poco—. Además tienes talento, pequeña. No lo desperdicies.

Black bajó la mirada y Chrona tomó el brazo de Kid con fuerza. Maka simplemente estaba de pie todavía en estado de shock sin poder hablar o decir algo. Se sentía tan irreal todo el suceso. No podía creer que realmente estaba ahí cuando antes, hace poco, se encontraban todos tan bien.

Soul desvió la mirada a Black Star.

—Fuiste un gran amigo, idiota —Black lo miró apretando los puños evitando llorar porque era fuerte por todos. Mientras lo estuvieran observando él no se rompería—. Nunca podremos tener nuestra banda de rock junto con Kid.

—Íbamos a ser pop comercial, ¿recuerdas? —sonrió Black o al menos lo intentó, recordando aquella vez en que no paraban de reír al imaginar eso. Fue mientras veían un comercial en la tele —Kid sería el vocalista del cual todas las chicas se enamorarían.

—Eso. Hubiéramos sido los mejores.

—Con tu talento con la guitarra, ya lo creo —dijo Kid.

Soul dio una carcajada pero al momento comenzó a toser nuevamente y todos saltaron asustados, Maka miró el monitor pero los latidos se calmaron. Más sangre escurrió por su boca. La intravenosa parecía doler mucho, a sus ojos.

—Chrona —la chica se sobresaltó y miró a Soul usando toda su fuerza de voluntad para no llorar. Ella se veía tan delgada entre todos, con su ropa eternamente oscura. La muchacha la cual todos creyeron que tenía anorexia la primera vez que la conocieron—, deja de ser tan tímida, ¿vale? Eres una gran chica y Kid es un suertudo al tenerte. Lamento no estar en el día de su boda, me gustaría ver cómo pierdes los nervios.

Chrona sonrió un poco y apoyó su mano en la mejilla de Soul.

—S-sé que hubieras sido… un gran padrino de bodas —sonrió como pudo pero de todos modos las lágrimas cayeron por su rostro. Kid la tomó de la cintura con cuidado.

Soul asintió.

—El negro siempre me ha venido.

Rieron pero de manera lúgubre. Soul comenzó a toser otra vez, sin razón, y su respiración se hacía más forzada. El pánico se apoderó del gentío. Maka intentó controlar su propia respiración. Soul la miró y le dio la sonrisa más tierna de la noche.

—No me he olvidado de ti, rata de biblioteca —murmuró con la respiración dura. Levantó la mano y se la extendió—.Ven.

Maka la sujetó de inmediato, sin pensar, y se acercó a él. Black Star se levantó y se alejó unos pasos dejándoles privacidad. En silencio todos salieron. La madre de Soul con el dolor en su corazón pero sabía que su hijo quería privacidad. Le dolía. Maka estaba tan concentrada sólo en Soul que no se dio cuenta que estaban solos. Se arrodilló junto a él y acercó su rostro, recordando cada una de sus facciones y acariciando su mejilla, alejando los mechones rebeldes que se pegaban por el sudor.

—Te amo —soltó y no pudo evitar llorar, hundía su rostro en el cuello de su novio, embriagándose con su aroma y apretó su mano. Soul acarició su cabeza y suspiró.

—Yo también, no sabes cuánto.

—¿Por qué no me dijiste? —preguntó entre sollozos sin poder levantar la mirada. Sólo quería saber la razón. Ya nada podía hacer porque era demasiado tarde.

—No quería que sufrieras.

—¿Y ahora…? —Maka levantó la mirada y lo vio. Las mejillas de él estaban húmedas y sonrojadas.

—Lo lamento pero si te hubiera dicho…—Soul tomó aire despacio para tranquilizarse, cielos, se le hacía tan pesado estar despierto pero debía que hacerlo. Se encontraba muy cansado —nunca hubieras disfrutado el tiempo como yo lo hice. Estos dos años que estuvimos juntos… no, de hecho, desde que te conocí cuando eras una niña de cinco años… Maka, fue lo mejor que me pasó en mi vida.

Ella besó su mejilla y dejó sus labios ahí un momento. No quería escuchar esas palabras.

—Si te hubiera dicho no habrías dejado de pensar en el momento final.

—Ahora lo vivo y es horrible.

Soul tomó como pudo su rostro y lo giró. Sus narices se rozaron.

—Este no es el final, ¿de acuerdo?, yo siempre te amaré; vivo o muerto —Maka unió sus labios con lo de él en un simple roce. Esa era su manera de decirle que ella también a él, siempre. Soul la miró con seriedad—: Pero yo no podré seguir a tu lado, Maka, prométeme algo, ¿quieres?

Maka asintió sin pensarlo.

—Quiero que lo cumplas —volvió a asentir al verlo con esa mirada suya—. Prométeme que seguirás adelante. Yo siempre desee que fueras sólo para mí pero quiero que vivas tu vida; estudia, cumple tus sueños, cásate con alguien que te merezca y no te abandone, que sepa cuidarte y respetarte, ten hijos, ve crecer a tus nietos… disfruta la vida, ríe, llora, grita, canta, baila. Se feliz, por favor. Es lo único que te pido.

Ella parpadeó y su vista se nubló cuando las lágrimas comenzaron a salir, agachó la mirada y juntó su frente con la de Soul. Él apretó su mano. Aquella promesa le dolía tanto. No quería hacerla, realmente no deseaba prometerle algo así pero él mismo se veía demasiado desesperado. Sollozó unos segundos mientras él seguía insistiendo.

—Prométemelo.

—L-Lo prometo, Soul —terminó por susurrar.

Soul sonrió complacido y calmada. Ella sería feliz, seguiría su vida aunque fuera sin él. Lo único que quería es que fuera feliz y lo lograría. Ahora estaba calmado. Sentía que podía irse sin remordimientos de nada. Le besó la frente dejando sus labios ahí un momento.

—Te amo, Maka. Gracias por hacerme el chico más feliz por quedarte a mi lado —fue lo único que susurró. Entonces su respiración se volvió dificultosa y lenta. Maka levantó la mirada y apretó su mano por inercia. Los latidos de su corazón poco a poco se iban haciendo más lento, un compás de vals.

—Te amo, Soul. Gracias por enseñarme a ser feliz —pudo sentir otro apretón en su mano de parte de él y quizás, sólo quizás, imaginó esa sonrisa en su rostro. Se estiró y depositó un delicado beso en sus labios, el último que se darían—. Espérame.

Él cerró los ojos. La máquina comenzó a sonar. Eso fue todo.

No supo cuándo, ni cómo pero la habitación se llenó de personas. Ya estaba todo. Soul se había ido y no volvería. Maka no supo exactamente qué ocurrió luego. Salió como un fantasma de la habitación y todavía sentía la calidez del agarre de Soul en su mano. No reconocía bien a las personas que estaban a su alrededor, sólo podía pensar en la mirada de él y en sus estúpidas bromas, en su sonrisa.

No sintió cuando cayó al suelo junto a la pared y se acurrucó ahí, llorando y gritando con todas sus fuerzas, desgarrando su garganta. No sintió a sus amigos llorando junto a ella o los abrazos que le daban. No sintió nada de eso. Sólo sentía el dolor en su pecho y en la sensación de que le faltaba algo. Ese algo que había sido desgarrado de su alma. Sentía que lo había perdido todo. Una mitad suya se había ido.

No sintió el tiempo transcurrir. No sentía hambre, ni frío o sueño. Era un fantasma en vida. No recordaba el día que llegó el funeral y cuando ella misma ingresó a la iglesia con su vestido negro. Las muchas personas llorando casi a coro. Había gente que ella no sabía quiénes eran. Esa fue la siguiente vez que lo vio desde la clínica. Ahí estaba en el ataúd como si simplemente estuviera durmiendo, como tantas veces que lo había visto. No podía sentir las lágrimas corriendo por su rostro (aunque sabía que ahí estaban) o escuchar los sollozos de sus amigos. Tampoco el dolor de perder a alguien.

—Queridos hermanos —comenzó el padre con el funeral.

Fue cuando comenzaron a bajar el ataúd que Maka aceptó que Soul realmente no volvería, que estaría lejos de ella durante mucho tiempo y que no podría volver a sentirlo.

Apretó el collar con fuerza viendo cómo lo tapaban con tierra. En su tumba, luego de eso, le dejó una rosa roja y una blanca. Leía la lápida que decía:

"Soul Evans.

1993-2013.

Hijo, hermano, novio y amigo. Muy amado y querido.

Que en paz descanse."

Cuando se alejaban cada uno hacia su auto para poder irse Maka se acercó a Tsubaki, quien se secaba las lágrimas y estaba abrazada a Black Star, el cual vestía un terno negro. La rubia miró a su amiga, respirando e intentando calmarse. Estaba determinada:

—Tsubaki —le llamó. Ella levantó la mirada con los ojos rojos y unas ojeras enormes, muy visibles en su pálido rostro—. Ya sé qué estudiaré.

Tsubaki la miró con curiosidad. Maka continuó:

—Seré oncóloga. —anunció con una leve sonrisa.

—Maka —Tsubaki no pudo evitar sonreír también orgullosa de su amiga. Era fuerte, aunque ella lo dudara. Era tan fuerte que decía esas cosas con todo ese dolor en su interior.

Maka se despidió y caminó hacia su propio auto donde la esperaban su madre y padre (quien también había asistido al funeral). Sentía determinación. Había hecho una promesa y la cumpliría. Viviría su vida, cumpliría su sueño e intentaría ser feliz. Sería oncóloga para evitar que esto ocurriera nuevamente a otras personas.

Sonrió mientras sentía cómo una cálida brisa la acariciaba. Por alguna razón quería pensar que era él.

Cumpliría su promesa. Lo haría.

Estudió día y noche para completar la carrera de oncología. Cuando terminó comenzó a trabajar en la misma clínica en que Soul había sido tratado. Tenía muchos pacientes y era muy querida. Hasta podría conocer a alguien ya que muchos de sus compañeros la encontraban muy atractiva. Maka tenía entonces veinte siete años.

Tsubaki había cumplido su sueño y tenía ahora una cadena famosa de peluquerías, trabaja como estilista para modelos y era muy feliz junto a Black, quien había cumplido su sueño junto con Kid y ambos eran cantantes famosos. Su dúo se llamaba "Soul Eater" en honor a su amigo fallecido, el tercer integrante faltante. Chrona estudió pedagogía en párvulo, trabajaba con los niños más pequeños y se sentía muy a gusto con ellos, todos la querían. Había con traído matrimonio con Kid (como había dicho Soul) y ambos vivían felices, tenían un hijo y esperaban el segundo.

Maka todos los años sin falta, el día de su aniversario, iba al cementerio y visitaba la tumba de Soul, quien fue su primer y verdadero amor. Dejaba un ramo de rosas rojas (como los ojos de él) y blancas (como su cabello). Le relataba lo que había hecho y cómo le iba. Limpiaba el lugar hasta dejarlo como nueva y sentía que él estaba junto a ella, por lo menos ese único día. No eran nada más que niños de cinco, siete años jugando juntos con tierra.

—Estoy cumpliendo mi promesa —dijo mientras miraba la lápida y dejaba las rosas de manera ordenada en la visita de ese año—. Lo haré por ti.

Recordaba cuando era un niño y cuando era un adolescente. Siempre presente y siempre con ella. Siempre estuvo apoyándola. Y la verdad es que siempre estaría con ella cada día de su vida, cada segundo, cada momento. La estaría cuidando y esperaría hasta que se volvieran a encontrar para estar juntos.

Y esa fue la primera vez que Maka se despidió de alguien. La primera vez que amó a alguien con todas sus fuerzas.

La primera y última vez que sintió el amor verdadero y real.

«Gracias, Soul».


Si llegaron hasta aquí abajo, ¡Pues les felicito y gracias! Ojala les haya gustado, a todos, ojala te haya gustado, Candela. Se que es medio nostálgico o lo que sea, pero hace mucho quería escribir esta historia y me emocione mucho haciéndola.

Un saludo a todos, pequeños. Os quiero.

Si es que pueden dejen review y denme su opinión al respecto de este fic...one-shot o lo que sea.

Nos vemos.