PROLOGO

Mathias caminaba por las frías calles de Oslo con la tristeza reflejada en su rostro, de nuevo había tenido una pelea con Lukas, ya era la tercera en lo que llevaba de la semana, pero había ocasiones en las que incluso el noruego lo hacia a propósito solo para echarle en cara sus defectos. El danés suspiro mientras se sentaba en un banco cercano al parque de Vigeland, estaba harto, realmente ya no podía soportar mas aquella situación, sabia que Lukas era una persona inexpresiva y que muy difícilmente mostraba sus sentimientos hacia otra persona que no fuera su hermano, pero desde que Emil se había ido a vivir con su novio a HongKong parecía que el humor del noruego no hacia mas que empeorar, el había tratado por todos los medios, habidos y por haber, de alegrarlo, tratando de ser el mejor novio del mundo, siempre atento a sus necesidades, siempre sonriente, siempre dejando de lado sus problemas para tratar de solucionar los del noruego, lo llevaba a cenar, al cine, al parque, le compraba de todo y aun así siempre recibía palabras de desprecio de parte de Lukas.

El cielo comenzó a nublarse y decidió que no quería pasar mas tiempo ahí, se levanto y camino rumbo al aeropuerto, después de todo, aunque le doliera admitirlo, sabia que al otro nórdico su presencia no le hacia nada de falta, se lo había echo saber ya muchas veces y era hora de que abriera los ojos, Lukas no iba a cambiar por el, por mas amor que le profesara y por mas cosas que el hiciera, el noruego nunca iba a cambiar su forma de ser. Al llegar al aeropuerto busco lo mas rápido posible un vuelo que lo llevara directamente a Amsterdam, estaba mas que seguro que Vince se molestaría con el por llegar tan de improvisto pero ahora mas que nunca necesitaba de un amigo, y el holandés le había demostrado en mas de una ocasión que podía confiar en él, después de todo ya tenían una historia juntos, una amistad forjada desde la mas remota y tierna infancia de ambos que por desgracia se vio algo deteriorada por su repentina relación con el noruego, ahora mas que nada se maldecía no haber escuchado las palabras de su amigo cuando le decía que aquello no era una relación nada sana y que solo terminaría lastimado, aunque en su momento no le creyó ahora se arrepentía de no haberlo hecho, el anuncio de su próximo vuelo lo saco de sus pensamientos y, con paso decidido, abordo el avión.