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Está oscureciendo y estoy perdido en el bosque.'***—La música vibró por los pasillos de Hogwarts en un delicado compas que parecía arrastrar cadenas para, suavemente, envolverlo todo en un hipnótico susurro.

«Dependiendo de quién la escuche —recordó Snape las palabras de la profesora Merrythought, cuando los primeros acordes atravesaron su pecho, dejándolo sin aliento— y no cualquiera puede hacerlo, te contará una historia… tu historia».

Encontraría una manera de salir si supiera dónde mirar.'*** —El dolor se clavó muy hondo, tanto que las lágrimas quemaron, obligando al profesor de pociones a cerrar los ojos, respirar profundo y clavar las uñas en la mesa.

—¿Severus? —La voz de Dumbledore lo hizo abrir los ojos, girar la cabeza a la derecha, los profesores lo miraron extraño, giró un poco a la izquierda, El Gran Salón estaba en silencio, los ojos del estudiantado fijos sobre él—. ¿Estás bien?

Snape regresó la vista a Dumbledore, en el centro de la mesa de profesores; abrió la boca para responder pero la magia bramó con furia:

Si pudiera, arrancaría esta página de mi libro.'*** —Los acordes del violonchelo rasgaron el aire. Severus pudo sentir como su alma era literalmente destrozada, viendo esferas blancas, parpadeó, asintió con la cabeza, se levantó y caminó hacia la puerta que daba a la antecámara.

Su apresurado paso hizo que los cuadros cuchichearan y siguieran su andar.

—La Noche del Diablo'' —masculló una bruja pálida en un viejo cuadro al fondo de la antecámara— exige un sacrificio. ¿Estás dispuesto, mi Príncipe? —Los demás cuadros la miraron suspicaces.

—Violeta —llamó un estirado enano en un cuadro cerca de la puerta—, deja de decir estupideces.

—Recordarás mis palabras Vargot —Violeta habló con voz trémula—, cuando los muros de Hogwarts cantan en una noche como esta… —Mordió su labio inferior, el enano enarcó una ceja—. Una vida es dada por otra.

El enano chasqueó maleducadamente la lengua.

—Patrañas, vieja bruja.

Violeta se tragó su enojo y, pronto, con la visita de la Señora Gorda que exigía conocer todo el barullo, olvidó su vaticinio.

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Severus sentía que mil agujas se clavaban en su cuerpo, ni siquiera la peor tortura dada por el Lord le había provocado tanto dolor, su oído izquierdo punzaba, provocando un tirón desde el cráneo hasta el hombro, apresurado cruzó el pasillo hasta la puerta del aula 11.

Confundido y mal aconsejado.'*** —La varonil voz subió una octava, Snape supo que tenía poco tiempo, quiso gritar pero el filo atravesó el centro de su pecho, sus piernas no lo soportaron, tambaleante golpeó la puerta y cayó dentro del salón—. Mi fe está a mi lado...'***

Cerró los ojos esperando el duro impacto, sin embargo, fue recibido por la dócil hierba, desorientado miró de un lado a otro: estaba en la ladera que daba al lago; los rayos del atardecer dibujaban una femenina figura sentada en la orilla, dándole la espalda.

—Siempre fue mi lugar favorito.

Los ojos de Severus se abrieron sorprendidos, el viento jugueteó arrastrando florecillas por su rostro, cubrió sus ojos con el brazo, el perfume a margaritas inundó su nariz, tembloroso apartó su brazo y murmuró:

—¿Madre?

La brisa jugó con los largos cabellos de Eileen, vistiendo una elegante túnica verde y aparentando tener veintitrés, giró el rostro por sobre su hombro izquierdo.

—Es bueno verte, cariño —saludó con una bonita sonrisa. Severus tragó el nudo en su garganta, sus ojos se inundaron de lágrimas—. Ven —invitó estirando el brazo izquierdo con la palma de la mano hacia arriba.

Snape no se detuvo a pensarlo, se levantó sin dificultad y corrió a los brazos de su madre; Eileen lo arropó contra su pecho, deslizando sus dedos por el lacio cabello.

—¿Estoy muerto?

La cantarina risa de su madre cobijó el dañado corazón de Severus.

—Cuando esa hora llegue —musitó besando los negros cabellos— no pensarás en mí. —Snape elevó la mirada resentida para clavarla a una muy similar, una llena de amor y calidez; Eileen acarició la mejilla derecha con el dorso de su mano, se agachó y depositó un beso en la frente del profesor—. Shhh —arrulló acomodando la cabeza de su hijo en su pecho—, aún no es tiempo —dijo cerrando los ojos y dejándose envolver por los rayos de luz.

Severus la abrazó, permitiéndose derramar las lágrimas.

—Aún me dueles —murmuró entre hipidos—, ¿cuánto tiempo más?

—¿Hay un tiempo suficiente para eso? —El llanto se hizo más fuerte, Eileen lo estrechó con fuerza—. Shhh… —Acercó sus labios al oído de Severus—. No puedo prometer que todo estará bien, cariño, pero sí puedo asegurarte de que fuiste el amor de mi vida. —El llanto disminuyó, los espasmos se hicieron más violentos y Eileen abrigó con fuerza—. Desearía volver atrás y hacerlo todo diferente.'***

—Mamá…

—Pero no puedo. —Las lágrimas inundaron los ojos negros de Eileen—. Perdóname mi amor… —Recostó su rostro en la cabeza de Severus, empapando los cabellos—. Perdóname.

El cielo de otoño empezó a teñirse de rosas y violetas, la temperatura bajó un par de grados.

—Hace mucho que te perdoné, mamá. —Severus se apretó más, no quería separarse, no obstante, las preguntas empezaban a acumularse en su cabeza—. ¿Cómo…?

—Todos somos uno. —Eileen tomó el mentón del profesor y elevó el amado rostro, las lágrimas manchaban los blancos pómulos, Severus nunca había visto a su madre tan bella—. Ese es el secreto de la magia y de la vida misma. —Con una suave sonrisa, apartó dócilmente a Severus y lo invitó a sentarse a su derecha. La primera estrella los iluminó. Tomando con la mano derecha la zurda de Snape, continuó—: Merlín fue uno de los pocos hombres que lo comprendió…

—¿Por eso estás aquí? ¿Por él…?

Eileen sonrió dulcemente.

—No. —El desconcierto en el rostro de Severus la hizo ampliar la sonrisa—. Un hilo rojo, invisible —pronunció—, conecta a aquellos que están destinados a encontrarse…

—A pesar del tiempo —continuó Snape—, del lugar y de las circunstancias. El hilo puede tensarse o enredarse, pero nunca podrá romperse.

—No importa el tiempo ni la distancia o las circunstancias, siempre estaré presente.

—Pero estás muerta.

Eileen mordió su labio inferior divertida, evitando soltar la carcajada.

—Y no volveré a la vida ni seré un fantasma. —Su voz era baja, como si temiera que la atmosfera de tranquilidad se rompería si hablaba más fuerte, el mismo tono que usaba cuando Severus era un niño y ella le contaba lo maravilloso que era Hogwarts, enseñándole hechizos multicolores, haciéndose cómplices en un mundo donde Tobias no podía entrar—. La magia es parte de la vida y la vida es parte de la magia.

—Y es misión de los magos procurarla.

Un destello de orgullo iluminó los ojos negros de Eileen, llevó la mano de Severus a su corazón y la envolvió con ambas manos.

—Merlín atesoraba profundamente la vida y sabía que la oscuridad sólo es la ausencia de luz. —Severus asintió con la cabeza, ansiando descubrir lo que su madre no decía. Eileen llevó la mano del profesor a sus labios y besó suavemente las puntas de los dedos—. No hay razones justas sólo verdades individuales y Merlín en su infinita sabiduría comprendió que no podía hacerlo solo.

—Unió Bretaña —interrumpió Severus, empezando a entender—, un sólo reino, un único rey… Arturo… por la vida, por la magia…

—Y al hacerlo, rompió sus propias reglas…

—El más grande don que tiene el ser humano es… —La voz de Severus se quebró, la imagen de Sirius lo estremeció—: su libre elección.

—Merlín, abusando de su poder, engañó a Igraine, impidiéndole elegir rechazar o aceptar a Uther Pendragon y un niño nació… —dijo enfatizando cada palabra—. Un niño nacido de la luz, amado por su madre al creer que era hijo de su único amor, un niño nacido de la oscuridad de la mentira y el engaño, un niño destinado a ser… un Pilar.

Severus dio un respingo.

—¿Lo condenó a esta tortura?

—Un Pilar no es alguien que deba sacrificarse, cariño. —Hizo una pausa—. ¿Elegiste o decidiste ser un Pilar?

Severus quiso apartarse, ella no lo permitió; la mirada de su madre era tan profunda que lo hizo tragar el nudo en su garganta.

—Nunca elegí —dijo, apartando la mirada—, me llenaste la cabeza de lo maravilloso que era el don, me hiciste creer que sería fácil y feliz. —Las lágrimas rodaron de nuevo, esta vez con un dejo de rabia—. Nunca hablaste del pago ni de lo doloroso que sería…

Eileen dio un fuerte apretón a la mano de Snape.

—Es el patriarca el que transmite el don del destino, pero es la madre quien confiere el poder… Tu padre debió entrenarte como Merlín entrenó a Arturo. —Severus giró el rostro, estupefacto, abrió la boca y volvió a cerrarla—. Merlín no era un humano más, era un Guardián destinado a procurar la vida y salvaguardar lo más preciado, a aquel que podía transformar al mundo: un Pilar.

—Pero…

—No hay luz sin oscuridad, la magia y la vida fluyen en un ciclo donde en algún punto todo acaba y vuelve a empezar, y en determinados momentos nace un Pilar que lo transforma todo, ampliando las visiones y dando paso a un nuevo ciclo. Pero… tiene que elegirlo.

—¿Y si no lo elije?

El brillo en los ojos negros de Eileen se opacó.

—Entonces sólo es uno más cegado por sus pasiones y por lo que no pudo ser.

Ambos guardaron silencio; el resquicio del cuarto creciente se asomó por el horizonte.

—¿Eso es lo que he sido? —preguntó Severus sin mirarla—. ¿Un hombre más?

Eileen tomó su tiempo para responder, girando el cuerpo a la derecha soltó la zurda de Severus.

Snape sintió una horrible sensación en la boca del estómago, ¿tan tonto había sido?

—Sev —llamó Eileen—, mírame. —Severus no se atrevió, soltando un suspiro, Eileen tomó el amado rostro con las dos manos, dulcemente lo elevó hasta que sus ojos conectaron con los de su hijo—. Un Pilar es alguien que elige ser extraordinario por algo más grande que sí mismo y en vez de elegirlo una vez lo elige todos los días… Cuando Arturo dejó de elegirse a sí mismo como un Pilar perdió todo…

—Humano al fin —arguyó Secerus intentando esbozar una sonrisa.

—No cualquiera es capaz de vivir por algo más grande que sí mismo.

—¿Por eso estás aquí?

—Estoy aquí para que recuerdes quién eres.

Severus se apartó y dirigió la vista hacia el lago.

—Un idiota que ha cometido demasiados errores.

—No. —Eileen lo tomó por el hombro—. Un descendiente de Ricardo Corazón de León, heredero de Arturo y, como él, puedes elegir.

El profesor de pociones parpadeó incrédulo, desde la muerte de Regulus le daba vueltas a las posibles consecuencias.

—Regulus tenía tan sólo tres años, ¿cómo podía elegir dar su vida por algo que ni siquiera comprendía?

—Eso no lo sabes. —Snape frunció el entrecejo—. Supones que él no eligió, supones que él no entendió y olvidas quién era.

—¿Un mago sangre pura arrodillándose ante un bastardo maniático?

Sin importar lo poco elegante, Eileen bufó.

—Un hombre que estaba destinado a ser un Guardián y eligió ser un Pilar. —Severus volteó tan rápido que su cuello tronó—. No se nace siendo un Pilar, se elige serlo.

—¡Pero yo puedo cambiar el destino de reyes! —espetó entre dientes Snape—. ¡Modificar el hilo si así lo quiero!

Eileen inclinó la cabeza.

—Un mago excepcional y único. —Acarició la pálida mejilla de Severus—. Estoy orgullosa de ti.

—¿Pero?

La última descendiente de los Prince suspiró tristemente.

—Tanto poder, ¿realmente ha hecho una diferencia?

De pronto, el profesor de pociones se sintió avergonzado.

—Creí que hacía lo correcto.

—Lo correcto es tan subjetivo, tanto que se disipa entre nuestros deseos y perspectivas. —Volvió acunar el rostro de Snape entre sus manos—. Eres libre de elegir quién quieres ser. —Inclinándose, besó la frente—. Nunca olvides que te amo.

Un fuego en mi interior, pero mi sangre se está congelando.'***

El dolor volvió, arrancando un alarido a Severus, el profesor cayó al suelo.

—Mamá —llamó, parpadeando para limpiar las lágrimas se encontró de nuevo en la oscuridad del aula 11.

Estoy caminando solo por este desolado camino.'*** —El reloj de Hogwarts marcó las 12 y el hilo se deslizó por todo el cuerpo de Severus, asfixiándolo—. Ayer se siente como una vida hace mucho tiempo.'***

Cuando la última campanada fue dada y, oficialmente era 31 de octubre, el hilo rojo se convirtió en espinas lacerando la piel, acribillando la razón, trasladando a Severus a una sala iluminada por el calor de la chimenea, sin entender, inspeccionó el lugar, en la mesa de centro había una serie de velas de colores y pétalos de flores cuidadosamente colocadas en forma de estrella, la estancia estaba anegada de sándalo y canela, los sillones en escuadra daban hacia el comedor, en medio la puerta y, frente a esta, la escalera.

—Te amo. —La voz en su oído lo paralizó, cayendo en cuenta de que estaba sentado frente a la chimenea, unos brazos lo sostenían en un cálido abrazo.

Mecánicamente giró el rostro para encontrarse con unos ojos cafés tras unas gafas redondas.

—¡Qué demo…! —Apenas las palabras habían salido de su boca cuando la puerta salió disparada por un bombarda, permitiendo la entrada a la temible figura del Lord.

James se paró y gritó:

Protego.

Severus se movió como si no fuera su cuerpo —la voz de Potter se perdió entre siseos de hechizos—, subió por las escaleras, corrió desesperado hasta la puerta del fondo y entró.

El escandalo había despertado a Harry, su carita empapada de lágrimas miraba a su madre hincada frente a su cuna.

—Harry eres muy amado —susurró Lily—, muy amado. Harry mamá te ama, papá te ama. Harry estás a salvo, Harry sé fuerte'''. —Estiró su brazo y sólo atinó a acariciar el rostro del niño cuando, bajo el dintel de la puerta a su espalda, apareció Lord Voldemort.

—Apártate —mandó el Lord, dando un paso al interior de la habitación.

Los ojos verdes se cerraron, derramando adoloridas lágrimas, respirando hondo se paró, dio la vuelta y encaró al mago más poderoso del mundo.

—No.

Voldemort esbozó una ladeada sonrisa.

—Ilusa. —Levantó la varita.

Evans estiró sus brazos en cruz.

—Te amo, Harry.

Avada Kedavra.

Todo fue lento para Severus, el fogonazo verde se dirigió a él y por un instante pudo ver la vida desde la perspectiva de Lily, la pelirroja no sintió nada cuando el aliento le fue arrebatado, para Severus fueron millones de espinas clavándose en su alma.

No supo cuándo perdió el conocimiento, despertó en el aula 11; empapado en un sudor frío, por un momento creyó que todo había sido una pesadilla, probablemente se hubiera quedado así hasta que escuchó las campanadas dando las 2 de la mañana y a los cuadros murmurando que había algo diferente en la magia.

Sin pensar en buscar a Dumbledore, corrió a los lindes del castillo, desesperado intentaba concentrarse para sentir a Lily, el hilo no respondía, simplemente parecía que Evans se había desvanecido.

Al llegar a la puerta principal la encontró sellada, maldijo.

—¿Qué sucede, mi muchacho? —indagó Albus, provocándole un ataque a Severus.

—¡Tengo que salir de aquí! —gruño Snape, mirando al Director que parecía preparado para salir.

—¿Por qué? Quizás pueda ayudarte.

Y Severus comprendió que Dumbledore ya lo sabía, que siempre tuvo el conocimiento de todos sus movimientos y nunca hizo nada; endureció la mandíbula y habló entre dientes:

—Abre la maldita puerta.

Los anteojos de Albus ocultaron el brillo azul.

—Lo mejor es que te calmes y vayamos a mi despacho.

Snape arqueó una ceja.

—Si no quieres descubrir mi poder —dijo, elevando la varita—, ¡abrirás la maldita puerta!

—No creo que…

—Fui instruido por el propio Lord Voldemort —silbó—, ¿acaso crees que un mestizo, como tú, va a detener al heredero de los Prince?

Albus permaneció impávido.

Ava…

Dumbledore chasqueó los dedos y el portón se abrió, Severus se apresuró por las puertas, antes de llegar a la zona de Aparición, el director preguntó:

—¿Cómo sabes a dónde ir?

Snape se detuvo, sin voltear exclamó:

—Tu problema es que supones tenerlo todo bajo control. —Retomó el paso—. Todo por el bien común.

—Sólo hice lo que creí correcto.

Severus resopló:

—Ese es tu mayor error. —Antes de desaparecerse, giró el rostro sobre el hombro, miró a Dumbledore a los ojos y murmuró—: Todos somos uno.

Apareció frente a la casa de los Potter, que con el fidelius rotó se mostraba en todo su esplendor, si no fuera por la puerta destrozada y el aroma a muerte, cualquiera creería que nada había sucedido.

Trémulo avanzó y cruzó el jardín, al llegar a la puerta sintió que el aire se le acababa, inhaló y exhaló lentamente; obligándose a no pensar, entró, todo estaba hecho un caos, James Potter no había muerto sin dar pelea.

Despacio se dirigió a las escaleras, un mareo lo embargó, apoyándose de la pared dio el paso; cada escalón era un aguijón en el alma, a mitad de camino el cuerpo de Potter yacía con los ojos abiertos, incapaz de seguir ahí, procuró pasar sin tocar el cuerpo.

Con cada paso el palpitar del corazón anegaba sus oídos, al llegar a la punta de la escalera la boca se le secó, en vano intento humedecer sus labios con la lengua.

No supo cómo siguió, cuando cruzó el marco de la puerta, la adrenalina se esfumó, su hombro derecho golpeó la pared, desequilibrado cayó de rodillas a un paso de Lily, la voz se le fue y por más que intentaba no había lágrimas.

El lamento desgarró la garganta, tomando a Evans entre sus brazos, lloró, lloró como jamás lo había hecho.

Harry no comprendía qué pasaba.

—Mama —llamó entre hipidos, estirando su brazo y señalando con su índice a la pelirroja en brazos de Severus—. ¡Mamaaa!

Los espasmos todavía controlaban el cuerpo de Snape, aturdido, levantó la vista y se topó con dos grandes ojos verdes

Los recuerdos se desvanecen.'*** —El melancólico acorde del violonchelo inundó la habitación—. Todos mis sueños están cambiando.'*** —La magia giró una y otra vez, envolviéndolos en una burbuja sin tiempo.

Ante los ojos negros el hilo rojo cobró vida, ramificándose en miles de posibilidades, expandiéndose por toda la habitación, atravesando los muros; el vínculo que lo unía a Harry centelleó intensamente.

El bebé miró curioso el hilo enroscado en su dedo.

—¿Mamá? —balbuceó sin entender.

Severus quedó inmóvil, perdido en los ojos verdes consintió que el hilo cobrara más fuerza. Embriagándose del destello verde se dejó llevar por los diferentes escenarios de lo que sería la vida de Harry Potter, diferentes elecciones, diferentes probabilidades y todas ellas con un mismo final: el sacrificio.

«A diferencia de un adulto —recordó las palabras de Felipe Prince—, un bebé es una pizarra en blanco, su destino no es certero, por mucho que el hilo rojo establezca un final, el libre albedrío siempre será una opción, que junto con el lenguaje va delimitando y estableciendo los vínculos y, por ende, la elección final de una vida».

—Pero el precio es demasiado alto —reflexionó en voz alta. Podía dejar que el niño eligiera y que con mucha suerte y sensatez, su final no fuera el sacrificio.

El sonido en la planta baja lo sacó de sus pensamientos, el vínculo con Dumbledore ardió, hizo una mueca y lo supo. El viejo director no permitiría que el niño eligiera, manipularía por el bien común, sacrificándolo, como había hecho con Lily.

Dando un suave beso en los labios de la pelirroja, la acomodó cuidadosamente en el piso. Con un último vistazo a quien fuera su primer amor, se puso de pie.

Un ademán y la puerta se restauró, posó la mano en la madera, figuras de runas brillaron y la puerta se selló.

Giró para encarar a Harry, el bebé estaba sentadito recargando su frente en los barrotes de la cuna, a punto de caer dormido. Elevó la varita y farfulló:

Avada Kedavra. —El fogonazo verde se unió con el hilo rojo en su dedo anular, enredándose como si fuera una serpiente sobre su presa atravesó todo el vínculo con Harry. Severus podía sentir la resistencia de la magia, forzó más el vínculo, drenando rápidamente su energía, buscaba desesperadamente la apertura de que Harry eligiera por sí mismo, difícil cuando el pequeño ni siquiera había elegido ni decidido. Con un adulto simplemente era cuestión de matar las elecciones e implantar la adecuada, haciendo creer a la víctima que todo había sido su idea.

La madera se clavó en la palma, una gota carmesí se deslizó por la varita y cayó al piso. El sudor empapaba la frente de Snape.

—¿Quieres realmente hacer una diferencia? —La voz de su madre le susurró a su oído—. ¿O es tu orgullo herido?

—Esto no es por mí.

La magia onduló alrededor de su cuerpo.

—Elige o decide.

—Elijo... —Algo en el corazón de Snape se rompió, la luz el Avada por fin atravesó el alma de Harry, alineando y ramificando las conexiones del hilo, se estableció un momento donde el niño sería totalmente consciente de sí mismo y su vida—. Sólo tú puedes elegir si sacrificarte o no —declaró, cayendo al suelo de rodillas.

La puerta se abrió, Dumbledore entró seguido por McGonagall, quien se apresuró a revisar al pequeño ya dormido.

—¿Qué has hecho Severus? —increpó el director.

Snape estaba exhausto, no obstante, se levantó, ignorando a Dumbledore pasó por su lado y abandonó la habitación, el director lo siguió con la mirada.

—El niño está bien —La voz de Minerva atrajo la atención de Albus—. Pobre Lily.

—Tenemos que sacarlo de aquí —indicó Dumbledore, la profesora lo miró indignada—, pronto se correrá la voz de la muerte de Tom y el niño será enviado a una casa preventiva.

Minerva cargó al pequeño y limpió las lágrimas del rostro.

—Ya ha pasado por demasiado… —Apretó los labios—. ¿Estará a salvo ahí?

Dumbledore escaneó la habitación, sintiendo la antigua magia que Lily había evocado, ningún rastro de si Severus había hecho algo.

—Lo estará.

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Con sus últimas energías, Snape se había aparecido en Hogwarts, de nada servía esconderse de Dumbledore. Parado en la ventana más alta de la torre central, observaba el rayar del alba sobre el lago; los minutos pasaron y el patio central, bajo sus pies, empezó a llenarse de vida, pronto la noticia se esparciría y el Mundo Mágico sería una revolución.

—Fue Black —reveló Dumbledore a un paso de Severus—, él era el Guardián… Ni bien regresó de Albania, corrió detrás de Pettigrew y lo atacó, una veintena de muggles murieron en el ataque, él fue apresado y llevado a Azkaban.

—¿Sin juicio?

—Sólo puedo salvar a uno y él es un traidor…

Snape soltó una irónica carcajada.

—Soy tan culpable o más que Black.

—Pero te has redimido, mi Príncipe.

—Ni mil años eliminarán mis pecados. —Sin girarse, disfrutó de la brisa que juguetona elevó la oscura túnica como si fuera alas de un ángel, por un instante Dumbledore creyó ver un aura dorada alrededor de Severus—. Espero que no te arrepientas.

Albus salió de su ilusión.

—Hice lo correcto.

Severus resopló.

—Es tan relativo.

El estridente sonido de los fuegos artificiales atrajo su atención.

—Es momento de vivir —adujo Dumbledore, estiró la mano para ponerla en el hombro de Severus, la magia vibró peligrosa, se detuvo a medio camino—. Descansa. —Sin más, esbozó una sonrisa y se alejó con la intención de unirse al festejo de todo Hogwarts.

Severus se quedó ahí, observando, vigilante entre las sombras, aguardando por el día que volvería elegir a Harry, una y otra vez por sobre sí mismo.

Tengo un hueco en mi alma donde solías estar tú, hay una espina en mi corazón y está matándome...'***. —Para sorpresa de Severus y aunque no volvió a modificar ningún otro hilo rojo, la música de Hogwarts siempre lo acompañaría—. Desearía volver atrás y hacerlo todo diferente, porque ahora hay un hueco en mi alma donde solías estar tú.'***

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La densa niebla, suspendida sobre las aguas, se esparció parsimoniosamente por las costas de Aberdeen, Escocia; el viento silbó alborotando los cabellos de una negra figura que deambulaba por la arena blanca.

En la punta de la playa, la luz del faro giraba, deteniéndose un segundo más sobre un punto en específico a mitad de las heladas aguas.

La figura se detuvo, el viento hizo la capucha hacia atrás, las pálidas facciones de Remus por un instante parecieron consternadas, abrió la palma izquierda, permitiendo ver una mariposa nocturna de papel, sopló, el insecto cobró vida, batió sus negras alas y voló.

Contra el viento y el oleaje, la mariposa logró posarse en la celda de la torre sur de Azkaban. Un perro negro se acercó a ella, pronto la mariposa se encontró en la mano de Sirius, las alas fueron batidas con fuerza, el polvillo que brotó de ellas formó la imagen de El Profeta anunciando que la guerra había terminado y la negativa de darle un juicio al "traidor", la siguiente página mostraba la foto de Harry, halagando al Niño-Que-Vivió.

—Nos hemos hecho demasiado daño —murmuró Black.

—No —respondió Remus en la distancia—, fuimos egoístas y cada uno pagó las consecuencias.

—Yo…

Shhh. —La mariposa revoloteó por la celda—. No sé si podré perdonarte y, sin embargo, cuentas con que te informaré de Harry. —La mariposa se desvaneció antes de que los dementores percibieran la magia.

Sirius sintió que todo el aire se le escapaba.

—Gracias. —musitó, volviéndose lentamente a las sombras, los ojos grises fueron lo último que la oscuridad cubrió.

En el silencio de la celda evocaba a Severus, no fue sino hasta el 12vo año que lo escuchó:

Tengo un hueco en mi alma donde solías estar tú.'*** —Al principio sólo fue un hormigueo en la piel, los dementores lo habían atacado brutalmente, incluso en su forma de perro estaba a punto de dejar que su alma se uniera a la de James y que el hilo lo vinculara con Regulus, los acordes se hicieron más fuertes y la voz más grave—: Tú eres la espina en mi corazón y estás matándome. '***

Innato en él, respondió:

Desearía volver atrás y hacerlo todo diferente, ojala te hubiera tratado diferente.'*** —Poniéndose de pie con dificultad, caminó a trompicones hasta la ventana y miró más allá, hacia la playa, donde una efigie envuelta en un túnica negra permanecía observado el horizonte—. Porque ahora hay un hueco en mi alma donde solías estar tú.'***

Sin importar la distancia, los ojos negros se conectaron con los grises.

Hay un hueco en mi corazón, en mi vida, en mi camino.'*** —murmuró Severus, ya no podía modificar el hilo rojo, situación que Dumbledore lamentó profundamente, pero podía verlo, sentirlo vibrar, sobre todo con Black, bajando la voz dijo—: y está lleno de pesar, y todo lo que hice para alejarte...

—Lo siento —musitó Sirius, pero Severus ya no estaba en la playa. Adolorido se permitió recordar ese único momento:

Espera… —jadeó Severus, sintiendo a la oscuridad saborear la sal de su piel. Por entre las cortinas, el haz del farol se deslizó y volvió a apagarse; dedos trémulos dejaron al descubierto las caderas afiladas, los dientes marcaron con fuerza—. ¡Estúpido Perro, te dije que esperaras! —Snape pateó con fuerza e intentó alejarse.

Black sonrió divertido, ignorando el dolor en los costados, golpeó la espalda del Slytherin contra el librero, varios libros cayeron, provocando que Snape gruñera.

Di mi nombre —exigió Sirius, obligando a Severus a rodearlo con las piernas y brazos, volvió a atacar su nueva zona favorita, la clavícula del de ojos negros.

No —objetó Snape, enterrando las uñas en la espalda de Sirius; en un hábil movimiento terminaron sobre el desvencijado sofá, Severus arriba del Gryffindor—. No. —Los ojos negros brillaron peligrosos, los labios torcidos en una astuta sonrisa.

Sirius sonrió de lado, elevándose, lamió lentamente la mejilla de Severus.

Puedes tomarme —dijo, la luz iluminó la sorpresa en los ojos negros—, pero también te tomaré.

¿Es un desafío?

La sonrisa de Black dejó ver una hilera blanca de dientes, acomodando a Snape sobre sus caderas, musitó:

Es un hecho. —Onduló, apremiando a Snape a cabalgarlo.

Severus mordió con fuerza su labio inferior, suave y calculadamente inició el vaivén. Las manos deambularon por los pezones de Black, bajaron por el pecho, el ombligo hasta el cinturón

Sirius arqueó la espalda, Snape aprovechó para sacar los pantalones y empujar, el movimiento alertó a Sirius, sin saber cómo, se encontró tendido sobre el piso son Severus entre sus piernas.

Serpiente… —murmuró, rodando sobre la alfombra en un juego que ninguno quería perder. Los ojos grises se clavaron en los negros, la magia revoloteó frenética, cuando no hubo nada más que disputar, el fragor del relámpago ocultó al ganador.

La mariposa de Remus aleteó, trayéndolo al presente, como parsimonia la tomó entre sus manos y dejó que le contara que sería el profesor de Harry, esa noticia iluminó su rostro, cuando la polilla se desvaneció, dio paso a El Profeta y ahí, en primera plana, la familia Weasley sonreía con las pirámides de Egipto a sus espaldas, una sombra llamó su atención, sobre el hombro del menor de los pelirrojos una rata lo cambió todo…

Si todavía hay un lugar en tu vida, en tu corazón para mí, haría cualquier cosa, así que no me pidas que me vaya.'***

Lamentablemente para Sirius, las cosas pocas veces suceden como se planean y cuando volvió hallarse frente a Severus, un año después de su gran escape y la pelea en la Casa de los Gritos, donde Snape se había enfrentado a Remus y a él por Harry.

Los ojos negros lo miraron de una manera distinta, sin atreverse a cerrar la distancia que los separaba, Severus indicó:

—Elegí.

Aunque el dolor era palpable, Black asintió con la cabeza.

—Lo sé…. Gracias por protegerlo...

—Siempre.

—Siempre.

No volvieron a hablar, evitándose y jugando el rol que el mundo les había impuesto.

Cuando Black murió, un año después, Severus permaneció en la torre central hasta el alba del día siguiente, observó a Harry salir de la oficina destrozada del director y atravesar los jardines en busca de consuelo; lo único que brotó de los labios de Snape fue un:

Ahora hay un hueco en mi alma donde solías estar tú.'***

Siguió ahí, vigilante, esperando la oportunidad de descubrirse ante el estúpido niñato, tan amado por él como por Sirius y Lily, sigilosa travesía que terminó con el ataque de Nagini en el embarcadero. Resignado a no volverlo a ver, se sorprendió cuando dos brillantes ojos verdes lo miraron directamente; las lágrimas brotaron.

—Tómalas —instó sin apartar la mirada—, tómalas.

—Rápido un frasco o lo que sea —gritó Harry, Hermione rápidamente se acercó y le dio un pequeño frasco, que Potter llenó.

—Llé-llévalas —balbuceó Snape—, llévalas a un pensadero. —Harry asintió—. Mírame. —La voz tembló—. Tienes los ojos de tu madre…—Lo último que vio fue el destello verde siendo opacado por un resplandor plateado; sintiendo el cuerpo liviano, el silencio ciñó los sentidos, formando una apacible sonrisa que impactó en los jóvenes espectadores, su mano cayó inerte y pudo sentir el cálido abrazo de luz en el que era acogido.

La luz y la oscuridad se transformaron en polvo de estrellas en una espiral sin fin, y él volvió al inicio…

—¡Cuidado! —El grito incitó a las palomas a revolotear por los simétricos tejados.

Severus apenas tuvo tiempo de entender dónde estaba antes de ser derribado y rodar por la ribera.

«¡Basta, por favor!», deseó cerrando los ojos, pronto quedó tirado boca arriba sobre la hierba.

—¡Lo siento! —La dulce voz lo hizo llevarse la mano a la cabeza—. ¡No te vi! —Abrió los ojos y se encontró con un apasionado destello verde—. ¿Te hice daño?

Intentó responder, pero la aparición de unos ojos grises en su campo de visión se lo impidió.

—¿Estás bien? —El dueño de los orbes grises extendió la mano, ante su silencio, gris y verde se encontraron; los ojos verdes brillaron divertidos, los grises destilaron peligrosos y volvieron a él—. ¿Te vas a quedar ahí?

—¿Eh? —farfulló impactado, se sentó, miró a un lado y luego al otro, estaba en un parque frente a la calle de La Hilandera, aunque él no recordaba el parque. La chimenea industrial seguía ahí, pero pintada de colores chillones.

—¿Te comieron la lengua los ratones? —burló el de ojos grises.

El tono lo exasperó, sin poder reprimirse expresó:

—¡Quieres callarte, Perro!

—¿¡A quién llamas perro, Debilucho!?

—¡Basta! —La dulce voz teñida de fastidio los hizo mirar a la izquierda. La chispa en los ojos verdes lo atrapó—. ¡Son un par de idiotas!

—¡El idiota eres tú! —objetó el de ojos grises.

—¡No la llames así! —gritó, atrayendo el verde y el gris supo que había cometido un error, se sintió cohibido.

El de ojos grises sonrió con chulería y a punto de abrir la boca fue interrumpido por un:

—¡Albus! ¡Scorpius! —Un maduro Harry Potter estaba parado en la cima de la ribera.

—¡Papi! —Los niños gritaron al mismo tiempo y se alejaron de él.

Parpadeó azorado, por inercia bajó la vista, examinando sus manos las descubrió pequeñas, la comprensión lo golpeó y soltó una jovial carcajada.

Vacilante se levantó, el destello rojo en su dedo anular llamó su atención: el hilo brillaba con intensidad y, aunque tuvo ganas de mirar hacia dónde conectaba, se abstuvo de mirar, lo rozó con las yemas de los dedos.

—Papi. —La voz de Scorpius lo hizo alzar la mirada.

—¿Sí? —respondió Harry sin prestar atención.

—Quiero volver con él —demandó señalando un punto atrás de Albus.

Potter giró la vista: un pequeño de profundos ojos negros los observaba.

—¿¡Severus!? —jadeó sorprendido.

—Aquí estoy —respondió Albus, extrañado porque su papi lo llamara por su segundo nombre.

Los ojos negros se clavaron en los verdes de Harry, un vigoroso grito hizo que el pequeño girara el rostro, una pareja corría hacia él, miró a Potter, guiñó divertido un ojo, al instante los ojos negros adquirieron un brillo de desconcierto, los gritos se hicieron más fuertes, el pequeño dio media vuelta, dejándose abrazar por la pareja.

—¡Quiero ir con él! —exigió Scorpius.

Harry clavó la mirada en las pupilas grises, un conocido cariz plateado irradió con fuerza en ellos.

«¿Sirius?», Potter pestañeó incrédulo, al momento los ojos grises volvieron a ser los de siempre, negando con la cabeza, tomó de la mano a los niños y susurró:

—Su padre nos espera.

Albus dio un último vistazo atrás.

—En esta vida y en la que sigue —masculló al notar que el pequeño de ojos negros era mimado y adorado, volvió el rostro al frente cuando su otro padre llegó.

Antes de partir, Scorpius buscó con la mirada.

En brazos de su padre, el pequeño de ojos negros sonrió al niño rubio, dirigió la vista al hilo, tomó las puntas desatadas, elevó el rostro, negro y gris volvieron a encontrarse, y dejando ir el hilo rojo pronunció:

—Te elijo…

.

Ama el camino por el que viajas y no creas que todo se aclara cuando todo se ha acabado […] y si crees que sabes, entonces es hora de dejar que la vida te enseñe un poco más.

The road, Elan

.


'***Letra traducida (por mí) de Hole in my Soul, Apocalyptica.

''De acuerdo a la película El Cuervo, la Noche del Diablo es el 30 de octubre.

'''Palabras que Lily dice antes de morir en los recuerdos de Snape, Harry Potter and the Deathly Hallows Part. 2