¡Muy buenas noches! Vengo con otro OS *Yipeeeee*. Os pongo un poco en situación. ¿Conocéis una serie llamada "Sobrenatural"? Bien, pues ya os hacéis una idea de cómo puede ser este OS. ¿No la conocéis? Entonces ahora lo veréis. BTW, os la recomiendo muy mucho porque es genial.

Este OS consta de unas cuantas partes que no sé cuantas son y que no tengo escritas, lol, pero me he encontrado esta, la primera, en mi pc, y la subo básicamente porque así me obligo a terminar esta historia. Aunque con todo, no creo que sean más de cuatro.

Sobre decir, que es Pones XDDDDDDDD

Nada más. Hope you like it :)


Love is too dangerous for your tiny little heart

Otra cerveza viaja hacia los labios de Danny. Su codo hace una perfecta parábola, en un movimiento casi estudiado y medido al milímetro, y el cilindro apoya contra su boca con una exactitud metafísica. El líquido se vierte entre sus alcoholizados labios y se mezcla con su saliva, refrescando sus papilas gustativas con el amargo sabor de la cebada, dejando que las partículas desciendan en caída libre por su garganta hasta su estómago, para más tarde pasar al torrente sanguíneo y hacerle verlo todo doble, creer que tiene respuesta a las preguntas más enrevesadas de la historia y pensarse que es el rey del mundo. Pero lo realmente importante es que Danny ni siquiera necesita mirar para beber, que ese movimiento es tan exacto que, incluso teniendo los ojos clavados en la falda de la camarera, y sobre todo, en lo que se esconde bajo ella, no derrama ni una sola gota. La práctica, debe ser.

Parpadea cuando la chica se da cuenta de que le está mirando el culo con tal descaro que prácticamente siente que la desnudan, y esboza una sonrisa de disculpa y vuelve la mirada hacia su hermano Harry, que sostiene su sola segunda cerveza y teclea algo en un ordenador portátil a toda velocidad.

- ¿Qué haces?- pregunta con tono cansino, enfatizando la 'e' de qué, como si ya sólo con eso le estuviera riñendo. Harry alza sus ojos azules de la pantalla, con gesto sorprendido, para luego torcer los labios.- Es nuestro día libre.

- ¿Cómo tengo que decirte que nosotros no tenemos días libres? – puede que esa pregunta se la haya hecho unas... dos mil quinientas sesenta y siete veces a lo largo de aquellos casi tres años que llevan trabajando juntos.- El mal no descansa.

- Pero yo sí, no soy Dios.

- Más te vale, o te mataría. Me tocaría mucho los huevos llevar un año buscándote y que resultaras estar dentro de ese cuerpo pecoso e irritante y no me hubieras dicho nada.

- Que te jodan- le espeta. Danny lo arregla todo con un "que te jodan", y se cree que ha ganado la partida. Incluso si esas peleas son contra su hermano, como esta vez. Se lleva de nuevo la cerveza a los labios, y apura hasta la última gotita, pensando en pedir otra y aprovechar su día libre, por más que Harry se empeñe en que no se puede llamar como tal, cuando éste le sobresalta llamándole al grito de "eh, eh, eh".

- He encontrado algo- anuncia.- Al parecer...

- No me interesa. Dímelo mañana cuando se me haya diluido el alcohol de la sangre.

- Para diluirte a ti el alcohol de la sangre habría que hacerte una diálisis...

- ¿Una qué?

- Tenemos que ir a Detroit. Al parecer ha habido varias muertes extrañas, y han desaparecido siete adolescentes en lo que va de mes. ¿No es sospechoso?

- Lo sospechoso es que estas latas digan que traen 33ml de cerveza, y cada vez venga menos. Me están cobrando el aire.

Harry suspira, por no estamparle el portátil en la cabeza, y cierra el aparato con determinación. Puede que Danny no se tome en serio su trabajo, pero él sí que lo hace, y aunque sabe que en cuanto a su hermano se le pase la tontuna de "estoy en mi día libre, espera a mañana a morirte", será el primero en acompañarle a la carretera para impedir más muertes. Por que son dos Winchester, y lo llevan en la sangre. No se puede huir de tu pasado.

Mete el ordenador en su funda y cierra la cremallera con rapidez, recogiendo el magnetógrafo, el teléfono móvil, el diario de su padre y guardándolo todo en su mochila. No hace falta mencionar que dentro de ella, si retiras el forro de nylon, puedes encontrar una pistola no muy mal escondida.

- ¿Dónde vas?- inquiere Danny en cuanto ve que se pone en pie.

- Creo que voy a reservar un spa en Massachussets, me han dicho que hacen baños de sangre que son deliciosos. ¿Dónde voy a ir? Te he dicho que en Detroit...

- ¡Joder con Detroit, Harry!- le alza la voz y le mira con ahínco. Es el hermano mayor y debería hacerle caso a él, en vez de actuar por libre. Y lo más importante, tiene las llaves de su coche, su coche.

- Vale, muy bien, quédate- repone con tranquilidad, echándose la mochila a su ancha espalda y ganándose un par de miradas lascivas de las mujeres que hay por el bar tomando un par de cañas.

- Gracias, joder. Llevamos dos años sin parar, si lo de Detroit fuera tan grave, Tom nos habría avisado, ¿no crees?

- Sí, sí, tienes razón.

- Bien...

- Pero yo voy a ir de todos modos.- cambia el peso de un pie a otro, dándole una última oportunidad, pero cuando ve que no levanta el culo de la silla, ataca donde sabe que duele.- Y me llevo el Impala.

Y Danny salta. Por que su Impala no se toca, ni se mira, sin su permiso. Aparte de Harry y Tom, que son toda su familia, lo que más quiere en el mundo es ese coche. Su padre John lo encontró en una tienda de oportunidades y tuvo que reparar el motor desde cero, ese que ruge cada vez que lo prende. Era un modelo del 67 y llevaba con ellos desde que tenía uso de razón, y lo más importante, era de los pocos recuerdos materiales que le quedaban de su padre.

- El Impala no se mueve de donde está- sentencia, poniéndose en pie, y aunque es más bajito que su hermano pequeño, sabe que le tiene respeto, o eso espera.

- ¿Y cómo quieres que llegue a Detroit? ¿Andando?

- Sácate una cacha, igual alguna camionera te coge de camino y te lleva a cambio de un par de polvos.

- Adiós, Danny- da un paso hacia la puerta de salida, y eso es todo lo que Danny necesita para encenderse y rugir, como el coche.

- Que no te vas a llevar el Impala- le agarra de la chaqueta y le da la vuelta con esfuerzo.- Trae las llaves, Harry. Los niños no deben conducir esos coches.

- Papá nos le dejó a los dos. ¡Y sé conducir!

- Como eslogan de BMW queda muy bonito, pero no quiero arriesgarme a que te cargues otra vez la caja de cambios.

- ¡Fue sin querer!

- Sin querer yo. Trae las llaves.

Y empiezan a pelearse. Con veintiséis y veintidós años. Harry mete la mano en el bolsillo de sus vaqueros y saca las llaves para aferrarlas entre sus dedos y que a Danny no se le ocurra meterle mano para robárselas, pero le coge la mano y trata de abrirle los dedos a la fuerza. Forcejean, y todo el bar les miran y les escuchan decir cosas cómo "A QUE LE DIGO A TODO EL MUNDO QUE TE HACÍAS PIS EN LA CAMA HASTA LOS QUINCE AÑOS", o "POR LO MENOS YO NO PERDÍ LA VIRGINIDAD CON MI PRIMA", hasta que la camarera a la que Danny ha estado mirando el culo se acerca a ellos y les pega con una escoba.

- ¡Fuera! ¡A hostiarse a la calle!

Entonces aparece un jugador de rugby, el segurata, un armario empotrado de dos puertas, les coge de las chaquetas y les saca de allí con una patada en el culo. Ambos hermanos dan con el culo en el suelo y se miran desde allí abajo. Les han echado y ni siquiera les han cobrado las cervezas, algo bueno tenía que tener.

- Bueno... ya no tienes mucho que hacer, ¿no? No nos vamos a Detroit.

- Pero conduzco yo.

Cuando el Impala es aparcado, unas ocho horas después, en un motel en pleno centro de la cuidad, Danny apaga el coche y mira a su hermano. Está recostado en el asiento de al lado, con los brazos cruzados, la frente apoyada en el cristal de la ventanilla y el cuello doblado de un modo casi imposible que le provocará tortícolis sí o sí. Pero está durmiendo, y Danny se muere de sueño.

- ¡PRINCESA!- le grita, dando palmas como una flamenca.- ¡ESTAMOS EN DETROIT!

Harry se despierta súbitamente y se limpia un hilillo de baba que ha ido cayendo por la comisura de sus labios, encontrando entre ellos una cucharilla de plástico que no recuerda haber dejado allí. Mira a su hermano, con las legañas pegadas todavía, y tira la cuchara al salpicadero.

- Eh, llévate tus mierdas contigo, que luego el que limpia el coche soy yo.

- Necesitas un polvo, hermano, que te toque alguien los huevos a ver si dejas de tocarme a mí los míos.

Salen del coche y se dirigen al maletero. Hace un sol abrasador y el aparcamiento del motel está en perfecta calma, lo cuál podría no significar otra cosa más que son las ocho de la mañana de un 16 de agosto y que todo el mundo está durmiendo en el frescor de sus habitaciones. Pero no es así. Los años les han enseñado que cuando algo parece una cosa, siempre termina siendo la contraria. Siempre.

Recogen sus mochilas del maletero y un par de armas de mano, guardándolas con disimulo en sus vaqueros, junto a la piel, y mirando en derredor comprobando que no hay ojos indiscretos. Un instante después se ponen en marcha hacia la cabina de recepción. Al entrar a ella las maderas chirrían y junto con el sonido de la puerta al abrirse, un tintineo les llega de encima de sus cabezas. Alzan ambas, abriendo la boca como besugos, y sus ojos contemplan que el llamador está decorado con cruces, imágenes de santos y palitos metálicos, de ahí el sonido.

- Joder- murmura Danny, revisando la estancia con la mirada, hasta que se topa con la figura de un hombre bajito y sucio que masca algo que seguramente no sea chicle al tiempo que se seca las manos en un trapo roído y más sucio aún, en caso de que sea posible.

- ¿Qué desean?- pregunta con una voz grave y ajada, como las de los abuelos que llevan toda una vida fumando, pero esta es arrastrada y casi amenazante.

- Queremos una habitación- dice Harry, acercándose al mostrador con seguridad para que el dueño vea que no le tiene miedo.

- ¿Una habitación?- repite él, situándose cara a cara con el menor de los Winchester, y escupiendo al suelo lo que sea que tenía en la boca.- ¿Sois de esos que se dan por culo todas las noches o qué cojones?

Danny deja de revisar las paredes y mira a aquel tipo con los ojos abiertos. ¿Gay, él? Su hermano todavía, ¿pero él? Se acerca a ellos, a defender su hombría, pero un instante antes de que pueda abrir la boca, Harry sonríe melosamente e inclina la cabeza.

- Estamos de paso, prometemos no hacer mucho ruido, verdad, ¿cariño?- y para hacer más creíbles sus palabras, le propina a su hermano una cachetada en el culo que le hace pegar un brinco en el sitio y mirarle como si quisiera meterle el Colt hasta el cerebro.

- Claro- sonríe también al dueño y este deposita con desdén una llave sobre la madera del mostrador, volviendo a masticar algo que no se ha metido en la boca previamente.- Disculpe, ¿qué... qué está mascando?

- ¿A ti qué cojones te importa?- le espeta, escupiéndole salivazos a la cara que escapan entre su desdentada boca. – Me pagáis la mitad ahora y la otra cuando os vayáis.

Harry deposita un par de billetes en el mostrador, y el anciano los coge con mano veloz, para un segundo después alejarse de ellos, entrando a la habitación que hay adosada a la recepción, murmurando un "maricones..." que hace sonreír a Harry, que además se gana un codazo de su hermano.

- Vamos.

Una vez instalados provisionalmente en la habitación, Harry saca de nuevo su portátil y vuelve a revisar sus pesquisas de la noche anterior. Danny acude a su lado, frotándose los ojos para combatir el sueño y coge una silla, sentándose en ella, como buen macho que es, con el respaldo hacia delante.

- ¿Qué tenemos?- pregunta.

- No mucho. Al parecer están desapareciendo adolescentes en un radio de veinte kilómetros de este motel y no parece haber un móvil fijo.

- ¿Cómo no va a haber un móvil? ¿Qué características tienen las chicas?

- Son chicos- rectifica.- Son todo chicos de entre 15 y 17 años, estudiantes de secundaria, frikis informáticos y sin gran vida social.

- Ah, como tú entonces- Harry le mira, diciéndole con los ojos "ponte serio y deja de decir tonterías", y continúa leyendo el patrón de los chiquillos.- O sea, que tenemos a... ¿un raptor de mocosos en plena pubertad? ¿Para qué? ¿Los viola, se los come?

- No lo sé...

- Bueno, ¿y de quién cojones se trata?

- ¡Que no lo sé! ¿Tengo que hacerlo todo yo?

- Valeeeee... Voy a llamar a Tom.

Saca el teléfono móvil del bolsillo de sus pantalones y aprieta durante un par de segundos el número dos, donde tiene puesta la llamada fija de Tom. Tom es algo así como su centro de operaciones, si ellos necesitan algo, cualquier tipo de información o ayuda extra, Tom se las apaña para solucionarlo. Como atención al cliente.

- Danny- responden al otro lado.

- Hey, ¿qué pasa, Tom? Necesitamos tu ayuda.

- Es un wendigo- dice, de buenas a primeras.- ¿Estáis en Detroit, no?

- Sí. Oye, ¿tienes una bola del futuro o algo así, don pitoniso? A veces me das miedo, Tom.

- Déjate de memeces. Tenéis un wendigo. Ya sabéis lo que tenéis que hacer.

Dicho lo cual, cuelga. Danny mira el teléfono un segundo y le guarda.

- Es un wendigo- le dice a su hermano.- Al parecer los secuestra para... ya sabes... helarles el corazón.

- ¿Un wendigo?- Harry cierra el portátil y se cuadra en la silla.- Pues manos a la obra.


Las que conozcáis la serie, decidme que os estáis loleando tanto como yo y que no estoy loca (? BTW, la frase que da título al OS no es mía, es de uno de los libros de Mathias Malthieu, pero no se me ocurría otra cosa y en cierto modo, pega :D

Según comentarios, veré si esta historia se merece ser continuada o no. ¡Love para todas!