WARNING: INCESTO HERMANO/HERMANO Y PADRE/HIJO. VIOLACIÓN. LENGUAJE FUERTE. MUERTE DE UNO DE LOS PERSONAJES PRINCIPALES EN CAPÍTULOS POSTERIORES.


"¡Faramir!"

Eso fue lo último que el más joven de los hijos del senescal de Gondor escuchó de la boca de su hermano, antes de ser empujado a un lado para apartarlo de la veloz flecha que tenía como objetivo clavarse directo en su corazón.

Una horda de orcos se había acercado demasiado a Ithilien, y los dos capitanes de Gondor apoyados por el grupo de exploradores bajo el comando de Faramir, fueron tras su caza.

La situación comenzó a tornarse más oscura cuando una segunda horda llegó por la retaguardia. En medio del caos, nadie pudo explicar cómo un grupo tan grande de orcos había logrado pasar desapercibido del primer grupo; sin embargo, los Hombres de Gondor estaban altamente cualificados para responder adecuadamente en aquellos casos de crisis y necesidad, manteniendo el ritmo y llevando la ventaja. No obstante, mientras Faramir se ocupaba de mantener al margen a los grupos que se habían dispersado, uno de los líderes de la compañía inmunda apuntó con su arco desde una distancia muy considerable para evitar ser visto por el joven Lord y disparó.

La flecha rompió el aire, e iba dispuesta a matar de un solo golpe, sin embargo Boromir quien instintivamente se mantenía siempre cerca de su hermano, reaccionó con rapidez y se interpuso al ataque.

La flecha se clavó con ferocidad en el hombro del hijo mayor, cayendo inmediatamente inconsciente en medio del campo. Los ojos de Faramir observaron horrorizados la escena.

"¡MI HERMANO!" chilló "¡MI HERMANO A CAÍDO!" corrió hasta donde el cuerpo estaba tendido y con lágrimas en los ojos y preso de la furia más pura que pocas veces en su vida había sentido, defendió con su espada y con su propio cuerpo a su misma sangre.

Cuando los dos bandos anunciaron la retirada, se dirigieron a galope tendido hacia Minas Tirith.

"¡MI HIJO!" exclamó el senescal de Gondor, Denethor II, al ver a su favorito tendido sobre una cama con el pecho cubierto de sangre. "¡Mi amado hijo!" – sus amargas lágrimas caían hasta chocar contra las mejillas de Boromir, sus ojos permanecían cerrados, como si estuviera sumergido en un profundo sueño.

"Mi Señor…" dijo uno de los curadores "debe salir de la habitación, tenemos que tratar a Lord Boromir de inmediato."

Denethor, preso de repente por una violenta ira, tomó al hombre del cuello y exclamó "¡mi hijo muere, y juro por los dioses que les cortaré la garganta a todos ustedes!" en seguida se volvió a Faramir "¡Tú! ¡traidor de tu propia sangre! ¡será mejor que me sigas, si no quieres que te mate a ti primero!"

Las plateadas lágrimas de Faramir se deslizaban por su maravilloso rostro rebosante de pena y angustia por la condición de su hermano y del más autentico temor ante el castigo que recibiría de su padre. Lo siguió de inmediato. Denethor se volteó antes de salir de la habitación y exclamó "¡Traigan a ese maldito brujo! ¡Responsable de la locura de enviar a mi hijo a una muerte segura!"

Faramir siguió en silencio a su airado padre hasta la sala de audiencias. Denethor se volteó y tiró violentamente del cabello de su hijo menor, obligándole a caer de rodillas "Tú deberías ser el que estuviera en esa cama, ¡TÚ!" gritó con odio. Faramir observó con temor aquella cara deformada por la furia y el desdén que siempre había estado presente cuando intercambiaban siquiera un par de miradas.

"Padre…" sollozó.

"¡No me llames así! No tienes el derecho. Tú debes defender a mi hijo aunque te cueste la vida. Solo así tendría sentido tu muerte, de lo contrario no me sirves para nada más. No haces más que torturarme. Te encargas de destruir todo lo que amo." Las lágrimas no cesaban de brotar de los hermosos ojos de Faramir, alimentadas por las crueles palabras de su padre, quien demostraba, desde las profundidades de su alma, cuanto le odiaba.

"¡Detén esta locura, Denethor!" La voz de Gandalf cayó como un rayo sobre el salón y el senescal quitó las manos de encima de su hijo.

"¡Tú! ¡Maldito brujo! Que no traes más que desdicha a estas tierras. ¡Encárgate de curar a mi hijo y no vuelvas a pisar mis dominios nunca más!"

"Faramir…" – la suave voz del mago llegó hasta los oídos del joven Lord "ven aquí."

"Atrévete a moverte de donde estás, Faramir, y haré que te arrepientas profundamente." Ante la amenaza de su padre, el capitán solo dedicó tal mirada al mago que le laceró terriblemente su corazón, y deseó acercarse al hermoso joven y protegerlo sobre su regazo.

"Tu hijo estará bien, Denethor, es fuerte y resistente. Debo salir en busca de unas hierbas que necesito para neutralizar por completo el veneno. No pasará mucho tiempo antes de que se levante de nuevo." Exclamó con la intención de calmar la desenfrenada ira del senescal. "Goza y celebra la salud de tu otro hijo, Faramir, que es igual de valioso."

"No hay valor en la debilidad." Contestó observando al joven Lord con desdén "no hay nada en este hombre que sea igual de valioso que MI hijo. Deja de perder el tiempo Mithrandir, y busca eso que Boromir necesita, si no quieres que mi justicia y mi dolor caigan sobre ti con tal ira que nunca habrás conocido antes. "Y tú," continuó dirigiéndose a su hijo menor "haz algo útil por primera vez en tu vida, aséate y repórtate de inmediato a tus deberes. Ahora." Faramir se levantó enseguida, con sumisión.

"No seas cruel con tu propia sangre, te lo suplico." Susurró Gandalf.

"Tú me has robado el amor de Faramir. Ser tu pupilo no ha hecho más que cosecharle el desprecio hacia su propio padre y te tome a ti en reemplazo."

"Eso no es verdad, Padre." Expresó la suave voz de Faramir "Nada puede compararse al amor que siento por ti y por mi hermano."

"¿Dejándole al borde de la muerte para salvar tu propia vida?" inquirió el senescal soltando un bufido, y sin esperar respuesta, salió de la sala a paso rápido y firme. Gandalf, con compasión en sus ojos, se acercó al joven Lord y le puso su mano sobre el hombro. "Nada de lo que ha pasado a sido culpa tuya, Faramir" susurró "espero que lo entiendas."

"No, Mithrandir, mi padre tiene razón." Los ojos azules del Hombre estaban cargados de culpa y de insondable tristeza, esa que parecía ensombrecerle el corazón mientras corrían los años. "Mi deber es también proteger al futuro senescal de Gondor. La vida de mi hermano vale más que la mía."

"No hables con las palabras de tu padre." Contestó el mago "No permitas que su sombra te absorba. Eres tan valioso como tu hermano. Y estoy seguro, porque te conozco y porque lo escuché de la boca de tus hombres, que peleaste con valentía y extraordinaria habilidad en el campo de batalla."

Faramir parecía observar otras escenas que desfilaban solo delante de sus propios ojos, y Gandalf supo que sus palabras no eran escuchadas. "Debo volver a mis deberes." Susurró el capitán, levantando la vista hacia el viejo mago y esbozando una falsa sonrisa. Antes de verlo desaparecer por la puerta, Gandalf se dirigió a él por última vez "No te alejes del lado de tu hermano. Le alegrará el corazón ver que estás bien en cuanto despierte."

Faramir fue hasta sus aposentos, se despojó de sus ropas manchadas por las huellas del combate y se metió al cuarto de baño. La bañera de piedra lo recibió con ternura, cubriendo su cuerpo mallugado con agua caliente y aromatizada. Cerró sus ojos e imaginó que en cuanto saliera de la bañera, todas sus penas se deslizarían de su cuerpo como lo hacían las gotas, y no volverían a atormentarlo nunca más.

Era la primera vez que herían a Boromir por su culpa y el tormento por su sufrimiento era desconsolador. El inmenso amor que sentía por su hermano no podía ser explicado con palabras, y cuando le vio caer, Faramir también se sintió herido, e incluso en aquel momento, sumergido en la quietud del agua, sentía como si su corazón de hecho hubiera recibido aquella flecha maldita.

"Yo debería estar en el lugar de mi hermano" pensó con mucho dolor "esa debió ser la hora de mi muerte."

Luego de asegurarse de haber limpiado bien su cuerpo, Salió de la bañera y cogió la toalla más cercana enrollándosela a la cintura. Decidió ir a visitar a su hermano antes de comenzar con sus deberes, para asegurarse que las cosas se mantenían estables desde su salida con su padre.

Sin embargo, aquello tendría que esperar.

Su corazón se disparó al ver a su padre sentado a la orilla de su cama. Cualquier atisbo de esperanza que hubiera mantenido en aquel trágico día desapareció por completo. Faramir no dijo nada, se mantuvo de pie al marco de la puerta, paralizado. Denethor se levantó y recorrió las estancias de su hijo con la mirada. Se acercó al pequeño escritorio delante de la ventana y rosó levemente el montículo de pergaminos y libros que estaban sobre su superficie.

"Nunca has sido un buen guerrero." comenzó "Desperdiciaste tu tiempo escribiendo poesía." Faramir pudo percibir la burla en la voz de su padre. "Eres débil de corazón y vacilas a la hora de clavarle la espada a tus enemigos. Boromir nunca duda. Boromir nunca descuida sus espaldas."

"Eran…" su voz se perdió. La inseguridad de que si debía o no defenderse impidió que dijera más, y aquello hizo que el enfado de Denethor comenzara a encenderse.

"¿Eran qué?"

"Eran demasiados enemigos. Más de los que teníamos noticias, nos doblaban en número y no eran orcos comunes. Ellos no le temen al sol, y son mucho más resistentes."

"Excusas. No son más que excusas." – inquirió con desdén.

Faramir no respondió, sabía que sea lo que sea que dijera, su padre encontraría alguna manera de hacerle ver el error que había cometido. Denethor tampoco continuó, y su vista estuvo fija en el montón de papeles sobre la mesa. Luego de unos momentos de pausa, volvió a dirigirse a su hijo, y Faramir reconoció que el tono de su voz era diferente…

"¿Piensas en mí cuando escribes estas poesías?" preguntó el senescal en susurros.

"Si, mi Señor." Mintió.

"Recítame algo." Le ordenó. Su mente estaba tan nublada de miedo que no fue capaz de encontrar ni el más básico de los versos. Su boca permaneció cerrada y tras la acuchillante mirada de su padre supo que no le quedaba más que apagarse y esperar a que aquel tormentoso día terminara.

"Acércate a mí." Faramir caminó a paso lento hasta llegar frente Denethor. El Señor de Gondor lo observó. Estaba desnudo, lo único que le protegía era la suave lana que rodeaba su cintura y Faramir vio lujuria en los ojos de su padre.

Denethor rosó sus dedos por el duro abdomen de su hijo. "Nadie va a amarte, Faramir. Tu debilidad no hace más que causar lástima y repulsión." Los dígitos luego se posaron en la mejilla del joven Lord y en un movimiento brusco, haló de sus hebras doradas y le obligó a caer de rodillas.

"Por favor, Padre…" imploró con su voz suave, sabiendo lo que estaría obligado a hacer a continuación. Sus ruegos no fueron escuchados y Denethor sacó su erección por entre la túnica. Atrayendo con violencia la cabeza de su hijo, le obligó a llenar su boca con su hombría. "Chupa" susurró, y Faramir contuvo sus ganas de vomitar, sabiendo que su padre le obligaría a limpiarlo él mismo como había pasado en ocasiones anteriores.

Su padre jadeaba de placer, y aquel sonido repugnante llegaba hasta los oídos de Faramir y le torturaban. Denethor sacó su hombría de la boca de su hijo y le obligó a mirar hacia arriba. "¿Entiendes por qué hago esto? Me arrebataste al amor de mi vida, Faramir. Desde tu nacimiento, no ha pasado un solo día sin que tu rostro me recuerde a ella. Mi Finduilas…" susurró y su cara se deformó por el dolor "Este es tu deber. Es lo menos que puedes hacer por torturar a tu propio padre."

Tomó a su hermoso hijo por sus cabellos dorados de nuevo y lo arrastró hasta el escritorio frente a la ventana. En el camino, la toalla que protegía la cintura de Faramir cayó al suelo. Denethor le golpeó la mejilla sobre la mesa y le separó las piernas. El joven Lord no dijo nada, sabía que no importaba cuanto rogara que se detuviera, su padre iría hasta el final. Sus lágrimas aterrizaban en el escritorio y mojaban los pergaminos que habían grabado aquellas palabras hermosas que le salían del corazón.

Su padre lo penetró profundamente y Faramir gritó. El terrible dolor de ser tomado con tanta brutalidad le hizo desear, una vez más, que aquella flecha hubiera terminado con su vida. Su cuerpo sangraba y su corazón palpitaba como si se tratara de una herida que tenía sobre el pecho. "Eres hermoso…" jadeaba Denethor sobre su espalda "Este es tu lugar, hijo mío." Las veces que Faramir había escuchado que su padre le llamaba "hijo" eran en estos momentos. Quizás, pensaba, los únicos momentos en los que Denethor se sentía orgulloso de él.

Sintió como la semilla de su padre llenaba su interior y pensó que no importaba cuantas veces intentara quitarse esa horrible sensación, no lograría hacerla desaparecer, así como no lograría que su padre dejara de ponerle las manos encima. La hombría de Denethor salió de su interior y segundos después escuchó como los pasos se alejaban y el sonido de la puerta cerrándose los hizo desaparecer por completo.