Disclaimer:Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Magnolia822, yo sólo traduzco.

Beta:Isa.


"Señor, si usted fuera mi esposo, envenenaría su trago."

-Lady Astor a Winston Churchill

"Madame, si usted fuera mi esposa, me lo tomaría."

-Respondió él.

Capítulo 5: Un plan nuevo

—Nos gustaría verte, Edward.

—Ya sé —digo mientras me enredo con más firmeza una toalla en la cintura. Mi madre siempre sabe cómo llamar en los momentos más inoportunos; como cuando estoy a punto de meterme a bañar para encargarme de ciertos asuntos personales. No es que fuera a hacer eso justo ahora... en absoluto.

—¿Estás seguro de que todo está bien?

No. Nunca he estado menos seguro de eso. Victoria está a punto de joderme, y yo quiero joderme a Bella. No, no es cierto. Sí, sí quiero. Se veía malditamente buena el viernes. Pienso en su número de teléfono que está en ese estúpido portavasos sobre mi cómoda. No la he visto desde entonces, y tampoco he hecho nada con su número, aparte de memorizarlo. No estoy muy orgulloso de admitirlo.

—¿Edward?

—Sí, todo está bien. Sólo hemos estado ocupados. Quizá la semana siguiente luego de la apertura. —Mi madre y yo siempre hemos tenido una buena relación, aunque últimamente no me he mantenido en contacto como debería. Ella sabe muy bien que no debe presionarme, lo cual agradezco—. Creo que haremos una fiesta para celebrar, ustedes también deberían venir.

—De acuerdo, cariño. Lo entiendo, pero asegúrate de cuidarte bien.

—Tú también. Y cuida a papá.

Mi madre se ríe al otro lado de la línea.

—Oh, él nos cuida lo suficiente por ambos.

—Cierto —me río junto con ella. Mi padre, el médico, es una de las personas más concienzudas que conozco. También es un notorio hipocondríaco. Nunca deja de asombrarme cómo alguien que es tan competente y razonable a la hora de lidiar con las enfermedades de otras personas, pueda ser tan paranoico y dramático con respecto a su propia salud. En una ocasión cuando yo era niño se convenció a sí mismo de que tenía cáncer de estómago, pero luego de un viaje a su propio doctor resultó ser indigestión a causa de los nervios. Los últimos seis meses ha estado bastante preocupado por la giardiasis en el tanque de agua luego de ver a un par de castores cuando estaba pescando en el lago.

—No quieres contraer la fiebre del castor, Edward —dijo—. Lo he visto y no es bonito.

Luego de despedirnos me meto a la ducha abriendo el agua a una temperatura casi hirviendo y realizando rápidamente mi rutina matutina. Bueno, la mayor parte de ella. No puedo hacerme una paja luego de hablar con mi madre, eso es jodidamente raro. Y de todas formas, Emmett y yo tenemos muchas mierdas que hacer; tengo que ir a la cervecería. Ha sido una semana de locos, llena de preparativos para la apertura del sábado y he estado trabajando doce horas por día.

Hoy es miércoles, y Bella irá para terminar su entrenamiento. En realidad estoy bastante satisfecho con la forma en que ha estado manejando la cerveza, incluso le di una "tarea" la semana pasada para que investigara un poco por su cuenta. Pero hoy necesitábamos repasar los detalles finales del trabajo.

Me puse unos jeans y mi camiseta vieja y deslavada de Cullen Creek, y para cuando estoy listo y saliendo por la puerta, veo que apenas son las 8:30. Está cayendo una ligera llovizna, enfriando aún más la mañana de abril. Todavía tengo tiempo de ir a la ciudad y comprar un muy necesitado café. Estoy a punto de hacer eso cuando se me ocurre una idea... ¿y si Bella necesita un aventón? Un aventón al trabajo. Estoy bastante seguro de que todavía no arregla su camioneta, viendo que no recibirá su primer cheque hasta el viernes, y está lloviendo.

Podría llamarla para preguntarle.

Sí, pero se supone que ella entra a las diez. Por todo lo que sé podría estar dormida, y quizá ya hizo otros planes para que alguien la lleve. Tal vez con Seth o alguno de sus compañeros de cuarto.

Antes de saber lo que estoy haciendo, ya estoy marcando su número.

—¿Hola? —responde una voz adormilada del otro lado de la línea. Mierda. Sí la desperté.

—Hola Bella. Soy Edward Cullen.

Se oye un pequeño murmuro y movimiento agitado al otro lado de la línea, seguido por un sorpresivo:

—¡Oh! Hola.

—Perdona si te desperté. Sólo llamo para saber si necesitas un aventón. Voy a ir a la ciudad antes de dirigirme a la cervecería.

—Uh... qué amable de tu parte —dice—, pero todavía no estoy bañada ni vestida.

Mi mente inmediatamente se va en esa dirección. Sé que eso no significa que esté desnuda... es sólo un decir, ¿verdad?

—Y, de hecho, Seth va a pasar por mí en una hora. Él entra a la misma hora, pensamos que tendría sentido

—Claro. —Claro que tiene sentido. Es obvio que Seth está interesado en Bella, y por todo lo que sé ella también podría estar interesada en él. Quizá incluso están saliendo. Al instante me arrepiento de haber llamado.

—Pero gracias por la oferta, Edward. Y también por despertarme. Mi alarma no sonó.

—No fue nada. Nos vemos en un rato entonces.

—Bien —responde.

Cierro de golpe mi teléfono y lo aviento al asiento del pasajero, enciendo la camioneta y me dirijo hacia la avenida principal. Ciertamente no me corresponde a mí llamar a los empleados para ver si necesitan un aventón, ¿cuándo he hecho eso antes? Y es obvio que ella ya tiene un acuerdo con Seth. A partir de ahora tengo que dejar de pensar en Bella Swan en cualquier otro contexto que no sea el profesional. Estoy frustrado conmigo mismo por haber permitido que esos pensamientos entraran en mi cabeza. No sólo es mi empleada, que puede o no estar saliendo con otro empleado, sino que también tengo el proceso de un divorcio colgando sobre mi cabeza. A Victoria le encantaría algo como esto —una relación inapropiada con una mujer joven como Bella—, para tener más mierda que usar en mi contra.

Sí, quizá me estoy dejando llevar mucho, considerando que nada ha pasado... o pasará... entre Bella y yo, pero aún así. Mi negocio es mi prioridad número uno y hacer algo para arriesgarlo sería estúpido y egoísta; después de todo no soy el único que resultaría afectado si algo sale mal. Tengo que pensar en mi hermano, al igual que en los otros empleados. No, nada bueno puede salir de esto.

Además Bella no ha expresado otro interés en mí a parte de amistad. Coquetea, eso es seguro, pero no ha actuado diferente conmigo a como lo hace con los otros. La imagen de su muslo rozándose con mi rodilla llega sin ser requerida. Junto con eso una molesta avalancha de sangre viaja a mi entrepierna, pero me obligo a concentrarme en la carretera que tengo delante.

Me alegra haber llamado, a pesar de todo. Eso me dio un poco de claridad; Bella es mi empleada, nada más, y de esa forma se quedará.

Paso por un café al autoservicio, también uno para Emmett y sigo hacia la cervecería manteniéndome firme en mi nueva resolución. Ya me siento más en control de la situación.

Cuando entro veo a Emmett instalando los barriles nuevos detrás de la barra. Sonríe cuando dejo el café frente a él.

—¿Crema y azúcar? —pregunta.

—Sí. Café de niña. Sólo para ti.

—Jódete.

—No, gracias —digo sentándome en un taburete.

—En fin, ya está todo instalado aquí. Le diré a Seth que llene la hielera hoy en la tarde —dice Emmett, asintiendo hacia la unidad de refrigeración que está actualmente vacía—. ¿Qué más?

—Pues supongo que alguien debería checarle el pH a la Three Frog. Ver cómo va.

—De acuerdo, yo lo haré.

—Gracias.

—¿Vas a seguir entrenando hoy?

—Sí. En un rato.

—Qué bien. ¿Qué tienes planeado para hoy? ¿Más higos? —pregunta alzando una ceja.

—Um, no.

—Qué mal. Ésa era mierda de la buena. Tendré que intentarlo con Rose uno de estos días.

—¿Intentarlo? Yo no estaba intentando nada.

—Cierto, lo olvidé —se ríe golpeándome la espalda. ¿Por qué siento que nunca me dejarán olvidar eso?

Nos movemos hacia la oficina y pasamos la siguiente hora discutiendo sobre la apertura. Unos chicos de la ciudad tienen una banda, y los contratamos para que toquen un par de canciones. Tendremos comida del bar, Emmett piensa que debemos ponerle un listón a la barra y hacer la ceremonia de cortar el moño. Estoy a mitad de convencerlo de que es una idea estúpida cuando llega Jasper y nos sorprende con los muffins de chispas de chocolate que prepara Alice. Lo miro buscando ayuda.

—Dile que es una idea estúpida, Jasper.

—A mí no me parece tan mala —dice. Maldito traidor. Emmett se ríe a carcajadas golpeándose la rodilla.

—¿De dónde carajo voy a sacar un moño tan grande? —murmuro para mí.

Estamos tan metidos en el trabajo que me sorprendo cuando Bella toca tentativamente la puerta de la oficina.

—Hola —dice, asomándose. Me doy cuenta de que lleva el cabello suelto otra vez, largo y brillante.

—Hola Bella. Entra —la anima Emmett.

Da un par de pasos dentro de la oficina.

—Entonces éste es el santuario. Me siento privilegiada.

—Sí, no es tan especial —digo.

—¿Estás bromeando? Esto es como la baticueva. Puedo imaginarlos haciendo un complot para adquirir cerveceras secretas... dominación mundial. —Bella frunce los labios y mira detenidamente el vidrio de doble vista, y Emmett se ríe.

Alzo la ceja cuando se ríe.

—Puedo asegurarte que es menos glamuroso que eso.

—Tendrás que disculpar a Edward —Emmett se para y se limpia las migajas del pantalón—, hoy se levantó por el lado equivocado de la cama.

—¿Es verdad? —pregunta Bella con una sonrisa.

—Ha estado peor, pero no hay mucha diferencia. ¿Quieres un muffin?

—¡Ooooh! ¿Son de los de Alice? Oh, Dios, sí. —Agarra uno del plato que le ofrecen y lo muerde murmurando con apreciación. Bella sí que sabe cómo expresar su entusiasmo con la comida. Intento ignorar el hecho de que sus labios brillan de nuevo... de color cereza—. Recuerdo la primera vez que comí uno de estos chicos malos —dice mordiendo otro pedazo—. Fue el último día de clases y Alice los preparó para todos, asegurando su lugar como la mejor maestra de la historia de San Mike. Estas mierdas son leyenda.

—No están tan malos —admito reticentemente.

—Los amas —me dice Emmett agarrando otro para sí—. De acuerdo, niños, ya me voy. Ustedes pónganse a trabajar, ¿me oyeron?

—Sí, jefe. —Bella lo saluda con su mano libre. Cuando él se va ella se deja caer en su silla, dándose vueltas un par de veces.

—Entonces, ¿todo esto es nuevo? —pregunta mirando a su alrededor.

—Así es. —Habíamos renovado la oficina hace casi un mes, la agrandamos y compramos muebles nuevos. Ahora es bastante cómoda.

—Es interesante estar aquí atrás luego de haber estado al otro lado de esa cosa —dice, haciendo un gesto hacia la ventana—. ¿Puedo asumir que estoy bajo constante vigilancia?

Por alguna razón, su comentario me pone a la defensiva.

—Siempre tendré otras cosas que hacer —gruño.

—Por supuesto. Me equivoqué. Entonces, ¿qué haremos hoy, Edmund? —pregunta con malicia intentando obtener una respuesta de mí con su recién estrenado apodo. Por muy molesto que sea, y a pesar de mi impulso de seguirle la corriente, me detengo. Profesional.

—Pues Emmett puso los barriles, así que creo que haremos una prueba de bebida, y luego repasaremos el resto de nuestras políticas.

—Suena bien. Y quiero que sepas que leí los artículos que me recomendaste.

Le recomendé un par de páginas web que describían el proceso de elaboración de cerveza, sólo para reforzar lo que ya había aprendido en el tour, al igual que unas descripciones de estilos y marcas de cerveza. También sugerí que aprendiera un poco sobre nuestra competencia local. La mayoría de nuestros visitantes irán a varias micro cervecerías en un día ya que todas están a una distancia cercana en carro, así que es importante saber en qué se especializan y qué comparaciones tenemos. En la comunidad local de cervecerías nos apoyamos bastante entre todos, pero también somos rivales.

—Qué bien. Espero que te hayan servido.

—Me ayudaron mucho. Me siento como una experta en cerveza. En serio, pregúntame cualquier cosa.

—De acuerdo... —pienso cuidadosamente por un segundo—. ¿Cuántas libras de malta se necesitan para hacer un barril?

—Esa es una pregunta capciosa —responde con orgullo, dándole vuelta a la silla para quedar frente a mí con los brazos cruzados—. Depende del estilo de la cerveza, pero para una cantidad típica, más o menos veinticinco libras.

—Muy bien.

—Otra —exige.

—No planeaba hacerte un examen, pero puedo crear uno si gustas.

—Pensándolo bien, no gracias. Creo que tengo suficiente con mis finales.

—Cierto. ¿Cómo te va con eso? —pregunto, me pongo de pie y le hago una seña para que me siga de regreso a la barra.

—Bastante bien. Quiero decir, estoy llevando Biología Celular y Molecular, y es muy pesado, pero creo que saldré bien. Es un requisito para mi especialización.

—¿Cuándo es el examen?

—Al final de la siguiente semana, y tengo otros dos el siguiente lunes, pero luego de eso ya habré terminado para el verano, gracias a Dios.

—¿Y el Kerouac? —pregunto. Me gana la curiosidad de saber si ya habrá terminado de leerlo.

—Lo leí este fin de semana. —Toma asiento en la barra mientras yo espero expectante a que siga.

—¿Y?

—Todavía sigue sin gustarme mucho... pero supongo que entiendo lo que decías el viernes, fue un buen argumento. Pareces tener opiniones fuertes sobre literatura. ¿Puedo preguntarte en qué te especializaste?

—En realidad tengo dos especializaciones. Administración e historia. —Camino detrás de la barra y reviso que los tanques de CO2 hayan sido agregados a los barriles. Debería enseñarle a Bella a abrir los barriles, aunque siempre será Emmett, uno de los chicos o yo el que traiga los barriles de la parte trasera. Aún así hice una nota mental de enseñarle más adelante.

—Interesante —dice.

—¿Por qué?

—Pues la especialización en administración concuerda con esto —dice indicando la barra—. Pero, ¿por qué historia?

—Me encantan la historia, pero supongo que no era una buena opción de carrera. Y siempre he querido tener mi propio negocio.

—De acuerdo, ¿entonces por qué cerveza?

—Pues comencé a hacer cerveza en la universidad. Me hice bastante bueno con ello. Comencé a venderla a algunos de mis amigos, pero la demanda fue aumentando. Luego Emmett se unió; empezamos a hacer diferentes tipos de cerveza. Para cuando me gradué me di cuenta de que eso era lo que quería hacer.

—Qué genial. Debe ser divertido llevar el negocio con tu hermano. Parece ser un tipo agradable —dice.

—Tiene sus momentos.

—Parece que ustedes dos se llevan pesado.

—Es mi hermano, siempre hemos sido así —digo, encogiéndome de hombros.

—Y Jasper... Alice dice que llevan mucho tiempo siendo amigos. ¿Dónde se conocieron?

—¿Qué es esto? ¿El juego de las veinte preguntas?

—Lo siento —dice—, estoy siendo chismosa.

—Un poco —digo antes de ceder un poco—, pero está bien. En realidad Jasper era mi compañero de cuarto en la universidad. —Agarro un par de vasos de la vitrina que está debajo de la barra, los enjuago rápidamente en el fregadero y los seco. De repente pienso si Bella compartirá información sobre sus compañeros de cuarto, pero no le pregunto nada—. Compartimos cuarto por dos años y luego de graduarnos. Cuando Emmett y yo compramos este lugar, él vino a ayudarnos. Cada año dice que va a renunciar para encontrar un trabajo de verdad, pero hasta ahora no lo ha hecho.

—Es bueno que lleven tanto tiempo siendo amigos.

—No soy tan viejo —digo con una pequeña sonrisa.

—Ya sabes a lo que me refiero. A veces me pregunto si seguiré en contacto con mis amigos luego de graduarme.

—Pues, de la forma en que yo lo veo, mantienes contacto con las personas que valen la pena. Si no es así, que se jodan.

—Sí. Es que soy muy mala con ese tipo de cosas —dice suavemente—. Por ejemplo, siento que si no tuviera correo electrónico, nunca hablaría con nadie de donde vivía antes. Aparte de mi papá, a él eso no le gusta; apenas puede usar su laptop, y odia el correo electrónico.

—Yo tampoco soy un gran fan.

—¡Otra cosa que ustedes dos tienen en común! —bromea.

—Hmm —digo de manera seca dejando los vasos frente a ella—. Probablemente tiene algo que ver con nuestra avanzada edad.

—Probablemente.

—De acuerdo, Bella —digo hablando de forma más autoritaria. Nos alejamos del tema que teníamos en manos —su entrenamiento— otra vez. Por alguna razón eso sigue pasando, pero no puedo dejar que continúe así. No hoy.

—Bella. Vaya. Estaba segura de que habías olvidado mi nombre.

Se refiere a mi prolongado uso de "chica cabra", pero tengo que corregir la dinámica entre nosotros. Apodos como esos no son apropiados.

—Pues ahora estamos en el trabajo, ¿entendido? Necesito que te concentres. Tenemos muchas cosas que hacer hoy ya que no podrás venir hasta el día de la apertura. Necesito asegurarme de que estés preparada para manejarlo. —Es una indirecta en doble sentido. Después de todo cuando ella empezó a trabajar yo sabía que seguía teniendo clases, la veo fruncir un poco el ceño y asentir de manera rígida. Me siento un poco mal, aun peor cuando me doy cuenta de que sueno como la maldita Victoria. Es como si hubiera interiorizado sus clandestinas técnicas de mierda y no me gusta en absoluto. Está bien que quiera mantener profesionales las cosas entre Bella y yo, pero incluso yo tengo que admitir que así no es cómo tengo que actuar.

Durante la siguiente hora intento mantener cierta distancia sin ser grosero mientras le explico los aspectos más intrincados de servir y atender a los clientes. También es importante asegurarse de que ella conozca completamente bien todas las políticas de la cervecería con respecto a borrachos, clientes difíciles y acoso. No es que espere que lleguen muchos cabrones, pero es conocido que suele pasar. Puede que a veces llegue un grupo de chicos en fiesta, quizá una despedida de soltero o esa clase de mierdas, y que le causen problemas al barman... especialmente si es una chica.

—La mayor parte del tiempo Emmett o yo estaremos en la oficina por si alguien te molesta. Mantendremos un ojo en esas cosas, pero hay un teléfono detrás de la barra por si necesitas usarlo.

—Creo que puedo manejarlo —responde de manera defensiva—. Puede que sea mujer, pero tengo un buen gancho derecho. —Alza su pequeño puño y casi me río: su brazo es pequeñito y está poniendo el pulgar de manera incorrecta.

—Pues intenta no usarlo con los clientes —digo—, a menos de que sea absolutamente necesario. Y siempre mantén el pulgar sobre los otros dedos. —Hago puño mi mano para demostrarle cómo—. Golpea a alguien así —le hago un gesto hacia su mano—, y te la romperás.

—Ya lo sabía. Mi papá es policía. Era sólo una broma, Edward —dice, enfatizando un poco mi nombre mientras rueda los ojos.

Esas noticias son nuevas para mí, pero sólo me encojo de hombros.

—De acuerdo. —Entonces ya estamos de regreso con los nombres apropiados. Bella parece haber captado el mensaje. Qué bueno. Debería sentirme feliz.

No hablamos mucho por el resto del día. Bella se queda para ayudar con la limpieza y ayuda a Seth a llenar la hielera con los paquetes de cerveza y las botellas. Yo limpio la barra intentando no enojarme por la forma en que hablan y bromean mientras trabajan. Bella tiene una risa agradable; no es chillona o ruidosa o falsa, es inhibida. Ilumina todo su rostro en una forma que la hace parecer genuinamente feliz. Seth parece estar bastante interesado en ella, pero no puedo determinar qué siente ella mientras los veo por el rabillo del ojo. Parece que a ella también le gusta. Qué bien. Qué bien.

Finalmente ya no queda nada que hacer para ellos, y les doy el permiso de irse. Bella se despide, pero no sonríe o agita la mano como siempre, aunque Seth parece estar de buen humor, porque le abre la puerta y sonríe cuando ella pasa. Qué bien.

Debería estar feliz.

Pero no lo estoy.


Al fin, el tan ansiado capítulo, una disculpa por la demora. De una vez les digo que Edward va a meter la pata más de una vez...

Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus reviews! ^^

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