TITULO: LA NOVIA DEL HIGHLANDER

LYNSAY SANDS

TÍTULO ORIGINAL: The Highland Bride

GÉNERO: HIGHLANDER

PROTAGONISTAS: EDWARD CULLEN Y BELLA SWAN

ADAPTADO POR: MARS992

PERSONAJES DE: STEPHANIE MEYER

Capítulo I

— No tengas miedo… — Bella se inclinó para acariciar el cuello de Millie, la yegua en la que iba montada. — ¡Los rumores sobre los Cullen y los Hale son una completa tontería! Creer que ellos tienen sed de sangre es una gran estupidez…

Bella se enderezó y miró a los caballeros que la acompañaban: dos al frente, dos atrás y uno a cada lado. Seis escoceses rudos y taciturnos. Desde que habían partido del castillo de Swan, en Inglaterra, ninguno de ellos le había dirigido la palabra, excepto para darle ordenes o instrucciones. No es que hubiese tenido muchas oportunidades para conversar, ya que hacía dos días que viajaban sin parar, subiendo y bajando montañas y atravesando senderos por el interior de los bosques.

Al principio Bella soportó bien el viaje, pero al final del primer día, el cansancio la venció, y más de una vez, Jasper, uno de los caballeros, tuvo que aproximarse a ella y llamarle la atención, para que no se durmiese y se cayera de la silla de montar. En cierta ocasión, Jasper se había detenido y la había sacudido hasta que ella se despertó terriblemente avergonzada y como volvieron a retomar el galope, a Bella no le quedó más remedio que seguirlos dejando su cansancio a un lado.

No era fácil dormirse en un caballo al trote, pero muchas veces el sueño se volvía tan fuerte que era imposible impedir que los ojos se le cerraran y el cuerpo se le inclinara hacia delante. Soñaba con un momento de descanso, aunque sabía que eso sólo sucedería cuando llegaran al clan Cullen, su destino final.

Bella estaba exhausta, y eso minaba su capacidad de mantenerse optimista y tener una visión positiva sobre el futuro que le aguardaba. Si el agotamiento no fuera tan grande, tal vez todo le pareciese una gran aventura; sin embargo, lo que sentía ahora era soledad y temor. Al fin y al cabo, dejaba atrás el castillo de Swan, el mundo que conocía, y partía rumbo a una vida con extraños, en una tierra lejana, llevando apenas la ropa que llevaba y el contenido de una bolsa colgada a la silla; un pequeño retrato de su madre, un cuchillo que había pertenecido a su padre, un vestido viejo y dos o tres objetos más. Eso era todo lo que poseía en el mundo.

Ella estaba acostumbrada a no tener posesiones, y eso no le importaba, pero le dolía no poder contar en aquel viaje, con la compañía de Angela. La joven ayudante de cocina de Swan, transformada en su dama de compañía cuando era necesario, la única amiga que tenía. Bella se sentía más cercana a Angela que a Jacob, su propio hermano. Angela era la única persona a quien echaría de menos. Jacob se había negado firmemente a permitir que la criada se fuese, y de todos modos era de esperar que los caballeros escoceses no quisiesen llevar a otra mujer en ese viaje, como si fuese una carga.

Bella sonrió al pensar en si misma como un fardo que los caballeros transportaban. Su hermano, Jacob, siempre le había dicho que ella era un peso muerto, una criatura indeseable, de la cual él había tenido que hacerse cargo desde la muerte de sus padres, cuando ella tenía nueve años. Bella intentaba al máximo no incomodarlo, ayudando con el trabajo hasta el punto de hacer servicios que correspondían a los criados; pero eso no bastaba para Jacob, él nunca perdía una oportunidad para humillarla, declarando que ella no valía la poca comida que ingería. Sus esfuerzos para ayudar al mantenimiento de la propiedad y comer lo mínimo posible, jamás fue suficiente para que Jacob la tratase con consideración.

La verdad era, que la simple presencia de ella lo irritaba. Cuando intentó prometerla en matrimonio y no sucedió, tomó la decisión de internarla como monja en un convento, en vez de permitirle que viviese en el castillo donde había nacido y crecido. Pero un día antes de que Jacob mandara a Bella al convento, llegaron los caballeros junto a una oferta de matrimonio.

Bella estaba cuidando sus hierbas medicinales, cuando Angela llegó corriendo, anunciando la nueva sorpresa que el destino le preparaba.

— ¡Lady Bella, no imagina lo que está pasando! ¡En este mismo momento, Jacob está… negociando su matrimonio! ¡Un lord desea casarse con milady, y ha enviado a seis escoceses para tratar el asunto! ¡Lo más extraño es que pretenden realizar la ceremonia ahora mismo, sin la presencia de ese lord!

Al principio, Bella pensó que Angela había malinterpretado el tema de conversación entre Jacob y los caballeros, por que su hermano ya hacía tiempo que había extendido la noticia, de que no ofrecería una dote a quien la desposase. Aunque más tarde se enteró, de que no estaban decidiendo lo que Jacob pagaría por librarse de ella, sino lo que recibiría de los escoceses por consentir que su hermana se casase con el lord que los había enviado.

¡Bien, no decepcionaré a mi ambicioso hermano! ¡Veamos lo que el destino me reserva!, pensó ella con el orgullo herido.

Aun estaba recuperándose de la impresión por la noticia que le había dado su criada y única amiga, cuando la sirvienta le informó con disgusto que el lord escocés era del clan de los Cullen.

— ¡Oh, señora, es horrible que tenga que casarse con uno de esos monstruos! — La joven se esforzó para no llorar.

Bella nunca prestaba atención a los rumores y cotilleos, ella también había oído los comentarios de que los Cullen eran vampiros que se alimentaban de la sangre de seres humanos. Intentó consolar a Angela, explicándole que todo eso no eran más que estupideces.

— Querida, los caballeros han llegado a Swan a plena luz del día; y según los rumores, los vampiros no soportan el sol, y mueren quemados cuando se exponen a el.

— Pero no todos los Cullen son vampiros — Insistió Angela — Un antepasado de la familia se casó con una mujer mortal, y sus hijos pasaron a tener sangre mixta; mitad vampira, mitad humana.

Por eso hay gente entre los Cullen capaces de realizar tareas que los seres sin alma no pueden realizar. Los seis caballeros escoceses soportan la luz del sol, y por ese motivo el lord del clan de los muertos vivientes los envió para negociar el matrimonio en su nombre.

Bella no se dejó convencer por tal argumento, pero aún así no podía negar que Angela había plantado la semilla de la duda en su mente.

— Jasper, milady está hablando sola otra vez.

Jasper suspiró al escuchar el comentario de Mike. Los otros caballeros ya habían notado el extraño comportamiento de la joven, que había comenzado a hablar sola desde que salieron de Swan. Ya comentaban entre ellos, que la dama que se había convertido en esposa de su lord, estaba loca.

— A nuestro señor no le va a gustar saber que se casó con una mujer loca…

— ¡Estoy de acuerdo, Mike, no le va a gustar nada! — Alec, que hasta entonces cabalgaba en el lado izquierdo de Bella, se aproximó a los dos caballeros que estaban detrás para tomar parte en la conversación. — Y milord nos culpará por eso.

— ¡No! — Protestó Tyler, dejando de cabalgar a la derecha de Bella para meterse en la conversación. — Milord no va a culparnos porque ella esté loca.

— Nuestro lord pensará que la volvimos loca contándole historias de lo que le espera allí.

— Lord Cullen sabe que nunca haríamos eso— Los interrumpió Jasper. — Además, la esposa de nuestro lord no está loca.

— ¿No crees que hablar sola sin parar, es un signo de locura, Jasper? — Mike insistió.

— Sería un signo de locura si fuese escocesa. Pero ella es inglesa, y los ingleses son diferentes. Creo que estaba tratando de calmar al caballo.

— ¿Calma al caballo todo el tiempo? — Mike parecía tan sorprendido que Jasper casi se echó a reir.

Sin embargo, Jasper sabía que el asunto era demasiado grave como para provocar la risa. Su argumento no era convincente incluso para sí mismo, pero algo tenía que decir, ya que no era bueno que los caballeros llegasen a Cullen creyendo que la nueva lady del castillo estaba loca, y extendiesen tal rumor. En su posición de primer caballero del señor del clan, era su deber proteger los intereses del lord y de la mujer que se había convertido en su esposa. Desafortunadamente, Jasper se daba cuenta de que sería muy difícil hacerles cambiar de opinión. No había otra salida… tenía que dirigirse a Bella, abordar el asunto y asumir las consecuencias. Si no estaba loca, todo estaría bien, pero si sus facultades mentales estaban mermadas, entonces lord Cullen tenía un problema por delante. De momento, era mejor tratar de hacer que parase de hablar sola para no acrecentar las sospechas de los caballeros.

Apresurando el galope, Jasper se adelantó y se puso al lado de Bella. Ella lo miró sorprendida, y luego le sonrió amablemente. Sería mejor que no sonriera, pensó Jasper, sabiendo que ninguna mujer en su sano juicio sonreiría después de pasar dos días en una silla de montar. Esa sonrisa sería interpretada como otro signo de locura. Decidido a desalentarla de ser amable, Jasper la miró con seriedad, mientras intentaba encontrar una manera de abordar el tema sin ofenderla.

— ¿Milady está loca?

— ¿Cómo? — preguntó Bella abriendo mucho los ojos.

— Habla sola todo el tiempo. Por eso pregunto si está loca.

Estupefacta, Bella se quedó mirando al hombre, que no aparentaba más de cuarenta años. Era difícil de creer que él tuviera el valor de hacer esa pregunta, y de una manera tan burda.

— No hablo sola — Respondió ella finalmente.

— ¿No?

— Estaba hablando con Millie. — Bella notó que los caballeros que iban detrás se acercaban para oir la conversación, y los que galopaban por delante frenaban la marcha para escuchar lo que decían.

— ¿Millie? —preguntó Jasper sin entender lo que Bella quería decir, mirando a su alrededor como si buscara a otra mujer por allí.

— Mi yegua — Bella explicó pacientemente.

— ¡Ah! — Jasper se relajó, y una leve sonrisa de triunfo asomó en sus labios. Los otros caballeros, sin embargo, no parecían impresionados con la explicación.

— ¿Y espera que su yegua le responda? — Le preguntó uno de ellos con el ceño fruncido.

— Alec, eso no es algo que se pregunte — Le reprendió Jasper.

Bella sonrió al caballero con el pelo negro y la cara llena de pecas.

— No seas absurdo. Los caballos no hablan – Argumentó ella— Pero, ¿quién dice que no son capaces de oir?

Jasper sonrió y los otros movieron la cabeza asintiendo.

— Milady tiene razón — Dijo el caballero que galopaba a su derecha.

Bella se volvió con una sonrisa de agradecimiento al hombre que la apoyaba, y trató de recordar su nombre. Le parecía que Jasper lo llamaba Tyler, pero no estaba segura.

— ¿Por qué quiere hablar con su yegua? — Insistió el caballero de la izquierda, el que Bella sabía que se llamaba Mike.

— Esta yegua me pertenece desde hace muchos años, y sólo ha salido de Swan una vez, cuando viajamos a la Corte. La conozco y sé que está inquieta cabalgando por lugares extraños. Por eso hablo con ella, para calmarla y asegurarle que todo está bien.

Esa explicación pareció convencer a los hombres, que ya se apresuraban para volver a la formación habitual de galope.

Era bueno que hubiesen confirmado que ella no estaba loca, pero era una pena que volviesen a ser los callados y taciturnos escoceses de siempre, ya que ella adoraría hablar con otro ser vivo que no fuese Millie.

A Bella le gustaba conversar. En Swan siempre había alguien con quién hablar; Angela y los otros criados del castillo, el herrero, el sacerdote, el joven que se encargaba del establo, incluso los niños. Todos la trataban bien y jamás rehusaban conversar cuando Bella los buscaba o los encontraba por casualidad.

No estaba acostumbrada a los largos periodos de silencio, y el viaje ya comenzaba a molestarla. Se sentía irritada, sobre todo con quién la había colocado en esa situación y la había obligado a viajar; su marido, Edward Cullen.

Bella murmuró el nombre de su esposo con un tono desanimado, y soltó un profundo suspiro. En vez de haber ido a buscarla personalmente, lord Cullen había enviado a sus hombres para traerla, como si fuese una vaca o una oveja. Eso indicaba que su vida en el castillo Cullen no sería muy diferente de su vida en Swan, donde su hermano no le daba el menor valor. Cuando supo que lord Cullen había pagado por casarse, y que el matrimonio se realizaría antes de que partiesen, sin la presencia del novio, había alimentado sus esperanzas de que Edward Cullen la considerase algo más que un objeto aburrido; pero las circunstancias demostraban que eso no sería así.

— ¿Milady? — La llamó Alec

— ¿Si? — Bella se giró distraída hacia el caballero pelirrojo y pecoso.

— ¿Por qué habla con su yegua de nuestro lord?

— ¿Yo hago eso? — Preguntó Bella, avergonzada por haber dicho sus pensamientos en voz alta.

— Lo ha hecho. ¿No es verdad, Tyler?

— Si — Confirmó el caballero de anchos hombros y oscuro pelo largo, aproximándose también a Bella. — Y no parecía nada satisfecha. ¿Por casualidad, no está contenta de ser la esposa de lord Cullen?

Bella consideró mentir para no ofender a los caballeros, pero mentir no formaba parte de su naturaleza.

— Yo hubiera preferido que lord Cullen hubiese venido a buscarme personalmente, en vez de mandaros a recogerme como si fuese una vaca comprada, para aumentar el rebaño.

— ¡Ah! — Jasper llevó a su caballo más cerca, con el fin de tomar parte en la conversación. Los otros caballeros también se habían acercado al lado de Bella, pero sólo Jasper habló.

— Milady es inglesa, por eso no lo comprende. Lord Edward jamás enviaría a sus caballeros para buscar a una vaca. Enviaría solamente un hombre, y no sería a ninguno de nosotros.

Los demás caballeros estuvieron de acuerdo, moviendo la cabeza de modo solemne.

— ¿Entonces, debería sentirme honrada por que lord Cullen os ha enviado a buscarme en vez de hacerlo él mismo, en persona? — Bella preguntó con aspereza.

— Sin duda — Aseguró Jasper, serio y convencido.

— Naturalmente — Confirmó Alec — Además, nuestro lord no podía venir, y por eso nos envió. ¡Seis caballeros! ¿Ve cómo es de importante? Hasta el mismo Jasper fue enviado.

— Jasper es el primer caballero de lord Cullen — Le informó Mike, dando a entender que ella debería sentirse satisfecha con la escolta encargada de negociar el matrimonio y de traerla.

— ¿Por qué lord Cullen no podía venir en mi busca? — Bella aún no estaba convencida.

— Es difícil de explicar... — Contestó Jasper vacilante.

— Debido a su condición — Dijo Alec, tratando de ayudar a su compañero.

— ¿Condición? — Bella preguntó, entre curiosa y preocupada.

— Sí — La turbación de Jasper era visible.

— ¿Qué quieres decir? ¿Qué hay de malo con lord Cullen?

— No hay nada malo con nuestro lord — Garantizó Alec — Pero milady tendrá que preguntarle a milord y él se lo explicara.

Aunque seguía sin estar satisfecha con la respuesta, Bella decidió no insistir, ya que ninguno de los caballeros le daría más explicaciones. Lo cierto era que habían vuelto al silencio habitual volviéndose hacia delante y desalentando cualquier diálogo. Bella, sin embargo, odiaba la idea de reanudar el silencio que le molestaba y retomó el camino, más triste y cansada. A ella le gustaría conocerlos mejor, saber quiénes eran y cómo vivían. Después de todo, se adentraba en un país que no era el suyo, y estaría rodeada de extraños en su nueva morada.

Bella solía soñar que algún día se casaría y su marido se quedaría en Swan, para que ella no tuviese que dejar el lugar y la gente que conocía desde la infancia. Este sueño, sin embargo, ya no existía porque se había casado con un noble escocés y se uniría a él en Escocia. Bella nunca se hubiera imaginado que la soledad era lo que le deparaba el futuro.

— Es un hermoso día, ¿no es así?

Sin embargo, ninguno de ellos respondió, sólo se miraron con asombro. Entonces Bella se dio cuenta de que había dicho una estupidez, ya que el día estaba gris y no tenía nada de hermoso. Su comentario había sido estúpido, pero ella sólo estaba tratando de sacar un tema de conversación.

— ¿Un hermoso día? — Dijo Jasper por fin, sin estar seguro de por que ella había asegurado eso.

— Bueno, no está lloviendo — Bella respondió en tono defensivo, temiendo que una vez más la consideraran una loca.

— Es verdad — Contestó Tyler, levantando los ojos para mirar el cielo nublado.

Por lo vistono tiene sentidoseguir hablandosobreel clima, pensó Bella. Pero ¿de qué hablarían? Hablar de política estaba fuera de cuestión, ya que ellos eran escoceses y ella inglesa, y aunque ahora disfrutaban de un período de paz, los dos pueblos habían sido enemigos durante siglos.

Inesperadamente, fue Jasper quien tomó la iniciativa de seguir la conversación.

— No estamos muy lejos de Cullen.

Bella se sintió repentinamente incómoda al considerar que pronto se encontraría con su marido por primera vez. ¡Finalmente conocería al hombre con el que se había casado a distancia!

— ¿Mi marido nos estará esperando cuando lleguemos?

— Si llegamos después de oscurecer si, de lo contrario estará ocupado — Informó Jasper tras una breve vacilación — Nuestro lord no sabía cuánto tiempo necesitaríamos para negociar el matrimonio. Ni siquiera sabía si la propuesta sería aceptada.

— Entiendo — Bella pensó que sería mejor si llegaban antes de que anocheciera, ya que así tendría al menos tiempo para arreglarse un poco antes de encontrarse con Edward Cullen.

¿Qué les pareció la "sutilidad" de Jasper?

Espero que les guste esta nueva historia… será cortita, solo doce capítulos, asi que espero la disfruten tanto como yo.