HE´S A WHAT?

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AUTOR: Ana-chan86

TRADUCCIÓN: Meliza Malfoy

BETA: Bellatrix_2009

DISCLAIMER: Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Ana-chan86, sólo la traducción es de nuestro grupo.

RESUMEN: Él podría haber sido cualquier cosa. Un Duende. Un Troll de las Montañas, un Ogro. Caramba, pudo haber sido el Rey de Gnomos, para lo que a Harry le importaba. Pero NO, de todas las criaturas mágicas, Draco Malfoy tenía que ser un Vampiro.


CAPITULO 18


Las gradas de Quidditch estaban llenas de estudiantes parlanchines, como era habitual en los partidos en que se enfrentaban Gryffindor y Slytherin.

El personal de Hogwarts estaba también ampliamente representado por un nervioso y completamente bañado de fango Profesor de Pociones junto a un felizmente empapado perro negro casi apoyado sobre su regazo. Parecía que el pobre Severus había tratado de agarrar su varita para deshacerse del desorden, pero su compañero bastante molestoso lo había derribado en su asiento y lo abrazó hasta morir.

Junto a ellos, la siempre severa profesora McGonagall fingía no ver a sus entusiastas vecinos, a pesar de que Severus podía jurar que ella había reído disimuladamente. Hagrid estaba en medio de una acalorada discusión con la profesora Trelawney, algo sobre la exactitud de las predicciones de un centauro. Parecía que hasta el profesor Flitwick había llegado, o se sospechaba al ver la mano que agitaba la pequeña bandera de Gryffindor y que sobresalía de detrás de la profesora Sprout.

Por último, pero no menos importante, Albus Dumbledore que se encontraba buscando frenéticamente en su barba; después de extraer con su varita, un pato de goma, una ratonera y un calcetín rojo, finalmente emergió con un victorioso "Aja", blandiendo lo que parecía ser un derretido caramelo de limón, que felizmente desapareció en su boca.

Madame Hooch estaba de pie junto al cofre que contenía los Bludgers y la Snitch, observando a la multitud con preocupación. Envió una última mirada suplicante al director, sólo para ver como el dulce desaparecía. Bueno, ella había hecho su trabajo advirtiendo a todos, al infierno con todo. Ella hizo un gesto para que los equipos ingresaran al terreno.

Harry tenía un mal presentimiento. Éste se inició en sus entrañas, haciéndolo sentir un montón de nudos extraños allí; también parecía como si un grupo de pigmeos estuvieran teniendo una fiesta en su estómago. Mientras se encontraba de pie detrás de las puertas se sentía como una mala imitación de un Gladiador, trató de calmarse.

No tenía ninguna razón para entrar en pánico, la verdad. Él solo estaría jugando Quidditch contra su consorte por primera vez desde su unión, frente a una gran multitud que observaría todos sus movimientos.

El elfo se pellizcó el puente de su nariz. Estaba condenado. Para él, la mera idea de que una multitud estuviera mirando a su pareja, babeando al ver los movimientos gráciles del vampiro, era suficiente para causar que su magia chisporroteara y se descontrolara ominosamente.

— Um, ¿Harry?

Un gruñido bajo le dijo a Ron que estaba siendo escuchado.

— ¿Estás seguro que quieres jugar?— el pelirrojo le preguntó con cautela. Con el fin de que no lo fulminara con la mirada, se apresuró a añadir: — No es que yo no quiera que juegues, eso sí, pero en este momento estás asustando un poco a tu propio equipo, así que, ¿crees que podrías parar con ese despliegue fuera de lo normal?

El mago de gafas parpadeó mientras miraba a su mejor amigo. Luego miró a los miembros de su equipo, dándose cuenta tardíamente que ellos habían retrocedido hasta el otro extremo de la habitación. ¿Por qué se veían como si alguna bestia salvaje estuviera a punto de cortarles la garganta? Oh, cierto. Su magia. Chisporroteando y descontrolada a su alrededor.

—Vaya, lo siento, chicos. — Él refrenó visiblemente su temperamento, viéndose un poco avergonzado.

—Te sientes un poco posesivo, ¿por nosotros?— Dean movió sus cejas. Por segunda vez en menos de diez minutos, Harry balbuceó de manera indigna, ruborizándose completamente.

—Awww, vamos Harry, sabemos que es tuyo — Ginny rió.

El pobre elfo se escondió detrás de sus manos, sintiéndose completamente humillado. La puerta finalmente se abrió, indicándole al equipo que debían ingresar en el terreno de juego.

—¡Vamos a patear los culos de los Slytherin! — Ron gritó lanzando un puñetazo en el aire. Rápidamente vaciló bajo la fulminante mirada de su mejor amigo. —Um… Vamos a patearle el culo a los Slytherin, menos el de Malfoy. ¿Cierto? Haha. Um… ¿Harry?

Todo el mundo rodó sus ojos.

—Vamos, Harry, es hora de ir — Ginny lo empujó hacia adelante y él salió tropezando, la multitud rugió al ver al orgulloso equipo de Gryffindor.

En el terreno de juego, cierto vampiro dio un gruñido que prometía un centenar de años de dolor para la Comadrejilla que había osado tocar a su Harry.

Cuando Madame Hooch dio la patada inicial, los dos equipos se elevaron en el aire, asumiendo sus respectivas posiciones. Harry era vagamente consciente de la voz mágicamente amplificada de Justin Finch-Fletchley que estaba comentando el partido, pero estaba demasiado ocupado fingiendo buscar la snitch.

Fingiendo era la palabra clave aquí.

En todos los años que llevaba practicando el Quidditch, Harry nunca hubiera imaginado que le resultaría difícil concentrarse en la Snitch. Él estaba increíblemente enojado, imaginando a esas muchachitas aduladoras mirando lascivamente a Draco y prácticamente desnudándolo con la mirada. Harry echaba humo. ¡El Slytherin era suyo, maldita sea! ¡Estúpidas chicas deberían buscarse su propio vampiro personal!

Repentinamente fue sacado de sus pensamientos filosóficos por una sensación que se había vuelto muy familiar. De hecho, cuando se volvió para mirar, vio un destello de verde, plata y rubia abalanzándose en picada sobre él. El Gryffindor chilló y cayó en picada en un intento desesperado por escapar de su agresor.

Draco dio un grito de guerra. La persecución había comenzado.

Ron estaba ansiosamente buscando qué cazadores de Slytherin se acercaban rápidamente cuando vio algo brillante. Él parpadeó y la snitch desapareció. Sacudiendo la cabeza, volvió a mirar el partido, maldiciendo entre dientes. ¿Qué demonios estaba haciendo Harry?

Harry actualmente se encontraba huyendo como nunca lo había hecho en su vida.

Debería haber sabido que Draco iba a sacar algún truco tan propio de él. Pero, ¿qué diablos era todo eso? En cualquier caso, Harry no se dejaría atrapar. Agarrando su escoba firmemente la instó a ir hacia arriba antes de dejarse caer en una falsa caída libre. Lanzó una rápida mirada por encima del hombro y maldijo en voz alta.

No sólo el vampiro seguía sus acrobacias sin ningún esfuerzo, también parecía que disfrutaba mucho de la caza.

Draco era un vampiro feliz. Nada se comparaba con la excitante sensación de perseguir a tu pareja, ya sea en tierra firme o en el aire. Sin embargo, Draco rápidamente se dio cuenta que había una cosa que se hacía cada vez más molestoso y era la forma en que algunas personas en las gradas estaban observando al Niño-Que-Vivió. Todo el mundo sabía que los Malfoy no comparten.

Aún volando veloz como un rayo detrás de su evasivo compañero, el vampiro gruñó mientras volaba sobre las gradas donde se encontraban los de primer año de Ravenclaw "Te he visto mirándolo de reojo, patética sanguijuela. ¡Retrocede!" Lanzó algunos certeros hechizos de Tarantallegra y varios estudiantes quedaron atrapados en un loco baile de zapateo.

Continuando con su inspección de la multitud, el rubio pronto se centró en un grupo de varones de Slytherin de cuarto año y dejó a algunos de ellos con dolorosas pústulas, verrugas, y varias quemaduras mientras maldecía a los demás con un mal caso de comezón genital.

—¿Creían que mi propia casa se salvaría? Bueno, piénsenlo de nuevo. ¡Él es mío!

Severus no podía creerle a sus ojos y oídos. Era una masacre. Y su ahijado era responsable de eso. También podría atribuir parte de la responsabilidad a Potter, pero aún así. El Maestro de Pociones trató de levantarse y poner fin al rápido incremento del número de víctimas, pero se vio obligado a sentarse cuando su compañero había mordido su túnica y lo había jalado hacia abajo. Los grandes y oscuros ojos del perro estaban llenos de gozo y tenía una expresión traviesa que su compañero reconoció como el "vamos, es divertido" que Sirius a veces ponía cuando lo miraba a él.

Severus suspiró. Bien podría volver a ver el partido. Porque a pesar del caos total, los equipos ajenos a lo que sucedía siguieron jugando con todo lo que tenían, animados por una entusiasmada Minerva, quien seguía gritando en un megáfono para hacerse oír por encima del desorden.

En todas partes que Draco voló, dejó un rastro de desolación. Un pobre Hufflepuff fue convertido en un alce; otro en un cebú. La mayoría de los estudiantes estaban ahora poseyendo atributos inesperados tales como bocinas, campanas, colas, plumas, o incluso balanzas; algunos fueron maldecidos para hablar en rima, mientras que otros tuvieron que caminar sobre sus manos. Pronto, las gradas de Quidditch no eran más que un gran desorden ruidoso.

Severus sintió el comienzo de un dolor de cabeza particularmente cruel. ¿Se atrevería a mirar al resto de la plantilla para ver si alguno de ellos intervendría? El Jefe de Slytherin lentamente se volvió para ver a Hagrid parpadeando mientras miraba a la Profesora Trelawney convertida en un Dragón. La única cosa que confirma la identidad de la bestia era el hecho de que de alguna manera había conservado las gruesas gafas y el extraño chal, por lo tanto, la expresión de perplejidad en el rostro de Hagrid. Draco se había presentado hace unos segundos, había apuntado amenazadoramente su varita hacia la profesora de Adivinación diciendo: "¡Sé que lo has estado deseando, siempre diciéndole que supuestamente va a morir sólo para hacer que llore en tu hombro, eh! ¡Aspirante a ladrona de compañeros!"

La mirada de consternación en la cara de Severus sólo se amplió más al ver a la profesora Sprout examinar una variedad rara de seta que crecía en la cabeza de un estudiante de segundo año de Ravenclaw, murmurando "qué interesante" de vez en cuando. El Profesor Flitwick estaba actualmente tirando de sus recién adquiridas orejas de conejo, maravillándose en alta voz en la textura sedosa. El Director Dumbledore estaba agitando salvajemente sus alas amarillas, viéndose como un pollito demasiado crecido. En cuanto a Madame Hooch, ella simplemente ignoraba el circo que se encontraba justo detrás de ella. ¿Ella estaba… de mal humor?

Madame Hooch estaba de espaldas a la tribuna, haciendo caso omiso de todo el lío que sucedía detrás de ella. No era de su incumbencia, de todos modos. Ella le había dicho al director, intentó advertirle sobre eso, pero noooo, el maldito viejo tenía que no hacer caso como si no fuera nada. Bueno, ¡ja! Que se coma eso.

Así que sí, Madame Hooch estaba de mal humor, muy muy mal humor.

Si había una cosa en la que Evan MacPherson era bueno, era el Quidditch. En realidad, nunca había entendido la pasión de sus compañeros de Slytherin por Transformaciones, Pociones, Artes Oscuras y esas chucherías. Para él, no había nada como un buen partido de Quidditch. Se requiere fuerza física y mental, una buena parte de estrategia, así como un poco de suerte. En sus tres años en Hogwarts, aún no había visto que Slytherin gane la copa. Sin embargo, ahora que había ingresado al equipo de Quidditch decidió contribuir a la victoria de su Casa.

En ese momento se encontraba concentrado en la Quaffle, su equipo finalmente la había interceptado. Esquivó una bludger que se acercaba rápidamente, cortesía de Colin Creevey y atrapó la Quaffle de otro Slytherin. Hizo un rápido giro de 360° y voló de forma vertical en un impresionante despliegue de habilidad. A medida que volaba como un rayo hacia los postes de Gryffindor, aferraba la Quaffle contra su pecho, con el objetivo de su victoria, Evan tuvo que detenerse bruscamente para no chocar con el Niño-Que-Vivió-Peligrosamente que se había detenido justo entre él y el Guardián de Gryffindor.

— ¡Pero que…!

Evan fue interrumpido por la voz de… ¿su capitán? ¿Qué demonios estaba haciendo Malfoy detrás de él? ¿No se suponía que debía estar en algún lugar mucho más alto detrás de la Snitch? Evan frunció el ceño al darse cuenta de que cada vez que su capitán hacia algún movimiento para girar en torno a él y acercarse al otro buscador, Potter hacia lo mismo con el fin de mantener la mayor distancia entre ellos.

Se encogió de hombros al ver su extraña danza, e intentó volar hacia arriba y escapar de la incómoda situación, pero los dos buscadores lo siguieron. Él frunció el ceño de nuevo, esta vez al escuchar el intercambio entre ellos.

—Haaaaarryyyyyy — Draco estaba llamándolo con voz cantarina. —Ni pienses que puedes escapar de mí — dijo el vampiro con una sonrisa sinuosa.

El elfo tragó saliva audiblemente, sin perderse el doble sentido. Rápidamente Evaluó su situación. Prácticamente casi se había chocado en contra de los postes de la meta de Gryffindor. Si se zambullía hacia abajo o intentaba volar hacia arriba, Draco sería capaz de seguirlo fácilmente. Su única oportunidad residía en hacer un bucle vertical y una espiral alocada alrededor del poste. Sí, valía la pena probarlo.

Eryn O'Sullivan, bateadora de Tercer Año de Gryffindor, estaba muy orgulloso de defender los colores de su casa. Ella siempre había amado pelear y tenía un gancho de derecha perverso, que se podía convertir fácilmente en un viraje peligroso de su bate cada vez que jugaba Quidditch. Mientras ella despreocupadamente dirigía una de las Bludgers para golpear un cazador de Slytherin, hubo un destello dorado en su visión periférica, y, efectivamente, cuando se volvió para mirar, la Snitch flotaba perezosamente junto a ella antes de levantar el vuelo de nuevo. Por desgracia para cierto elfo, Eryn también era famosa por mal carácter.

—¡POTTER! ¿Qué demonios estás haciendo?

Harry había estado a punto de poner su plan en marcha, cuando oyó que alguien gritaba su nombre; estaba tan concentrado en escapar de su lujurioso compañero que se había olvidado por completo del juego. Por desgracia, estaba tan sorprendido por el fuerte grito que perdió el equilibrio y cayó de su escoba.

—Por una vez, chocaré violentamente contra la arena — pensó distraídamente.

Draco sin duda no dejaría pasar la ocasión. Se lanzó inmediatamente después que el Gryffindor y lo agarró por la cintura.

"¡Oh!" fue Harry.

"¡Mmm!" fue Draco.

La multitud rugió.

EPÍLOGO

Después de capturar su premio, Draco había hecho un gran espectáculo besando a su pareja en medio del cielo, justo en frente de la multitud, quien aún seguía impactada.

Una vez que había estado seguro de que había demostrado sus puntos:
1) Eran un grupo de perdedores, y
2) Harry era suyo
.

Había dejado de inmediato el campo de Quidditch, sujetando firmemente a su avergonzado compañero que protestaba débilmente en su contra. Ambos volaron de vuelta al castillo. Ninguno fue visto el resto del día.

El partido de Quidditch finalmente llegó a su fin después de la salida precipitada de los dos buscadores. Los jugadores de ambos equipos no podían creer lo que sus ojos veían cuando finalmente se dieron cuenta del lío que sucedía en las gradas. Dean levantó una ceja ante la obra de Draco. ¿Territorial? Bastante.

Y así fue como Harry Potter se dio cuenta de que no le importaban mucho los duendes, ogros, trolls de las montañas o incluso el rey de los Gnomos. No, de todas las criaturas mágicas, el único que le importaba era Draco Malfoy, un vampiro.

Y uno muy territorial, por cierto.

FIN


Muchas gracias a todos por acompañarnos en esta historia, los esperamos en las demás sorpresas que les estaremos trayendo por aquí.