Capítulo 05

El detective le observó irse, le pegó una patada a una de las mesitas y se tumbó en el sofá. Estuvo dos horas allí tumbado, dándole vueltas a lo que había hablado con Bilbo. Suspiró profundamente.

Aquel ser solo había intentado ayudar desde un primer momento y él se lo había pagado así, como si no hubiera hecho nada por él. Se pasó las manos por la cara y se levantó.

Caminó lentamente hacia la habitación de Bilbo. Llamó a la puerta antes de abrirla y entrar. Habían pasado dos horas desde la discusión pero por el estado en el que el Hobbit se había encerrado Sherlock supuso que no se había dormido.

Y era cierto, en cuanto entró a la habitación los ronquidos de Bilbo eran demasiado fuertes como para ser reales. Sherlock se acercó con cuidado, cerró la puerta y se sentó en la cama. No había luz en l habitación pero supo distinguir la silueta de Bilbo. Estaba en posición fetal abrazado a algo que no supo distinguir. Mirando hacia el lado contrario a la puerta.

—Bilbo —llamó Sherlock.

El hobbit dejó de roncar, incluso de respirar.

—Mira, sé que estás despierto así que no servirá de nada el que ronques o el que quieras asfixiarte a ti mismo —dijo el hombre poniendo las manos sobre las rodillas.

Notó como Bilbo se movía a su lado, se estirazaba y cambiaba su posición. El silencio perduró unos minutos más.

— ¿Qué quieres? —murmuró Bilbo.

—Creo que he sido un mal educado al… Al hablarte así. Tú me estás ofreciendo comida y un hogar donde poder dormir y yo no te lo he agradecido. Es más, te he hablado de una manera cruel —dijo Sherlock en voz baja.

Bilbo soltó el pañuelo que tenía agarrado y se pasó las manos por el rostro, intentando aclarar su mente.

—Vengo de otro mundo. Y me tienes que creer porque sabes que no soy como otros hombres que habrás conocido. Nunca he creído en las cosas paranormales y vivir una me está causando mucha frustración, es por eso que he sido un mal educado. Además, eres idéntico a mi mejor amigo. Tienes su mismo rostro y algunos tics que son idénticos a los de él. Estoy muy confundido y me siento solo, más solo de lo que jamás me he sentido —le dijo Sherlock muy serio.

—Quizás sientas miedo. Al saber que no puedes regresar del sitio del que provienes —susurró Bilbo.

Sherlock se quedó en silencio, agachó el rostro hasta ocultarlo entre sus manos e inspiró con fuerza.

—Quizás —susurró.

Bilbo se incorporó en la cama y se puso de rodillas. Se aproximó hasta Sherlock y apoyó una mano en su hombro. Lo apretó con suavidad.

—Algún día podrás regresar a tu casa —susurró —. Estoy seguro de ello.

Sherlock apretó los ojos fuertemente y se movió hasta quedar mirando hacia el hobbit. Se pasó la lengua por el labio inferior antes de hablar, pero no fue capaz de decir nada. Bilbo se sonrojó tanto como pudo y suspiró. Su rostro estaba a escasos milímetros del de Sherlock y podía sentirle respirar.

Podía sentir el aliento de Sherlock contra su rostro. Ese aliento que, aunque pareciera mentira, olía bien.

— ¿Quieres dormir aquí? —preguntó Bilbo —. Aunque sea por una noche… La… La cama es grande, cabremos los dos. Puedes dormir cómodo hasta que encontremos un colchón.

Sherlock entornó los ojos. La cama de Bilbo a él le venía corta, aunque era cierto que solo con encogerse un poco podía dormir bien. Además el colchón era asombrosamente cómodo. Asintió en la oscuridad y se tumbó lentamente.

Bilbo lo hizo a su lado, separado cuanto pudo de él. Sherlock se tapó con las cobijas y se puso de costado para quedar mirando a aquel ser.

—Bilbo, me comparaste con un elfo —susurró —. ¿Cómo son los elfos?

—Son seres mágicos. Inmortales, altos y con una tez blanca tan resplandeciente como el mismo sol… —susurró el hobbit —. Con orejas puntiagudas, más acentuadas que las nuestras y viven en un lugar sagrado.

Sherlock sonrió de medio lado. Por su forma de hablar, sus pausas y que la respiración se agitara conforme hablaba supo muchas cosas de él

—No tengo las orejas puntiagudas, ni soy mágico. Ni inmortal —comentó el detective.

—Lo sé… Pero… Me recuerdas a los elfos… Estaba seguro de que eras uno de ellos que había sido rechazado en Rivendell.

Bilbo se tensó cuando el cuerpo de Sherlock se aproximó al suyo.

—Bilbo —susurró el detective tan cerca de su oreja que le hizo temblar —. ¿Estás enamorado de los elfos?

El hobbit no era capaz de responder. Aquello era una verdad como un templo. Había pasado inadvertido para toda la comarca durante años, pero aquel hombre lo había adivinado en tan solo dos días que habían pasado juntos. Era obvio que poseía unas grandes capacidades deductivas ya que no había hablado suficiente de ellos como para que se le notara.

—Sí —murmuró al final —. Estoy enamorado de los elfos.

Sherlock asintió lentamente en la oscuridad y se pegó a Bilbo, rozando con su mano la espalda de este. El hobbit se pegó disimuladamente con esa mano, como si necesitara sentirle.

—Yo creo que estoy enamorado de mi mejor amigo… —murmuró Sherlock.

Bilbo abrió los ojos sorprendido y se dio la vuelta para mirarlo.

—Eso está bien, ¿no? —dijo sonriendo.

—Supongo.

—Podrías decírselo cuando llegaras a tu ciudad…

—Podría.

Bilbo se aproximó a él y le dio un beso en la frente para intentar calmarlo. Una lágrima salió de los ojos de Sherlock aunque el Hobbit la pasó por alto. Se pegó contra él y lo abrazó, acariciando con su mano la espalda del detective, intentando que se calmara.

—Duerme —pidió —. Mañana me tendrás que ayudar a encontrarte algún colchón donde quepas…

Sherlock se rió divertido y asintió. Cerró los ojos y se quedó dormido poco después. Bilbo, se durmió apoyado sobre su pecho, rodeado por uno de los brazos del detective.

Era cierto que no era ningún elfo pero se sentía bien estando a su lado. No estaba tan mal tener compañía al fin y al cabo.

Conforme pasaban las semanas, Sherlock se iba acostumbrado más a esa vida tan simple. Las mañanas las dedicaba a arar el huerto, comprar en el mercado o dar paseos por Hobbiton, nunca alejándose demasiado de los lindes del pueblo.

Las tardes las pasaba con Bilbo en su casa, fumando tabaco de pipa y dejando que el Hobbit le enseñara cada vez más de ese mundo. Le contó historias de magos, de elfos y de dragones. Todas tan espléndidas que parecían sacadas de un cuento de hadas demasiados perfectos. Sherlock, nunca se mostró impertinente, aceptó todo lo que el hobbit le contó ya que, si tenía que ser verdad pues ese mundo era diferente al suyo.

Sherlock le contaba cosas acerca de sus casos en Londres, de las aventuras que había recorrido junto a su amigo John. Disparos, policía… Bilbo comenzaba a comprender del lugar donde venía ese hombre y le encantaba.

Sherlock había sido incapaz de recordar cómo había llegado allí así que no volvió a pensar en ello. Pero dos meses después de su llegada, todo cambió.

Se encontraban en un bar de Hobbiton cuando escucharon a otros Hobbit hablar de que habían visto un objeto grande y rectangular, de color azul, surcar el cielo.

Bilbo y Sherlock se miraron fijamente, expectantes, aunque antes de preguntar siguieron escuchando. Unos minutos más tarde llegó un Hobbit anunciando que el objeto se había parado en el bosque y que había salido un hombre de él antes de que se hiciera invisible.

Sherlock se levantó, le hizo un gesto a Bilbo y ambos salieron casi corriendo del bar.

— ¿Dónde ha dicho que se detuvo? —le preguntó el hobbit siguiendo al detective.

—Han dicho en el bosque, es grande y los árboles están separados. Seguro que no tardamos tanto.

Bilbo asintió vagamente y le siguió hasta el bosque. Anduvieron juntos durante quince minutos pero fueron incapaces de encontrar algo grande y azul. Y tampoco había un hombre por allí, solo había ardillas y gallinas que seguían los pasos de Sherlock.

—Deberíamos separarnos —dijo Bilbo —. Tu puedes ir por la derecha, yo por la izquierda y encontramos algo gritar. ¿Te parece?

Sherlock sonrió.

—¡Fantástico! —exclamó —. Bien, vamos.

Sherlock giró hacia la derecha cruzando los árboles buscando por la zona. Bilbo tiró a su izquierda e hizo lo mismo. Andaba con cautela sorteando las ramas de los árboles y los arbustos.

Sherlock le había enseñado vagamente a observar mejor, así que no perdía puntada de nada. Incluso sabía identificar las huellas de animales del suelo.

Cuando llegó al rio, se dio cuenta de que había algo extraño en el agua. Esta corría hacia el sur, pero había una parte donde no corría agua. Es más, parecía que la tierra estaba aplastada y el agua intentaba bordearla.

— ¡SHERLOCK! —gritó Bilbo.

Escuchó pasos hacia él, mientras esperaba estirazó una mano hacia el sitio que impedía que el agua corriera con normalidad. Fue cuando su mano se chocó contra algo.

Algo que sonaba a madera y era invisible.

—¿Qué has encontrado? —preguntó Sherlock corriendo hasta su lado y salpicando agua.

—Mira —dijo Bilbo señalando al suelo —. Y observa —dijo antes de hacer presión sobre la madera invisible.

Sherlock abrió los ojos sorprendido, se arrodilló junto a Bilbo y puso su mano derecha al lado de la del Hobbit. Presionando lo que se ocultaba bajo su palma fue subiendo y subiendo.

—Mide casi dos metros —anunció Sherlock sorprendido —. ¿Qué diablos será…?

— ¡Sherlock Holmes! —exclamó una voz a su espalda.

Sherlock se volvió de golpe y se apoyó contra la madera. Con su brazo derecho cubrió el torso de Bilbo.

— ¿Quién es usted? —preguntó.

El hombre, vestido con camisa, pantalón de vestir, chaqueta y una pajarita le miraba sorprendido.

— ¿Cómo que quien soy? —preguntó alzando las cejas —. ¡Soy el Doctor!

— ¿Doctor…? —preguntó confundido, se metió la mano izquierda en el abrigo y sacó el papelito donde tenía el número apuntado.

— ¡Exacto! Tenías mi número, ¿por qué no me llamaste? —preguntó sorprendido.

Sherlock tragó saliva lentamente y agitó la cabeza.

—No tengo teléfono.

— ¿Quién es, Sherlock? —preguntó Bilbo.

—Recogí a Sherlock de la tierra, es el mejor Detective del mundo y necesitaba su ayuda para una pequeña aventura. Lo recogí en su casa y viajemos a un planeta cercano. Me dijo que quería descubrir un nuevo mundo y pasamos por aquí. Mientras el daba una vuelta por el bosque yo cargaba de energía la TARDIS. Te perdiste y la reina requería mi presencia así que me fui. No he tardado mucho en volver, solo dos minutos. ¿No? —preguntó el mirándose el reloj.

Sherlock, que había estado recordando cada acción que había ocurrido conforme el Doctor hablaba, gruñó.

—Dos meses… —dijo.

— ¿Dos meses? Nunca llego en el tiempo correcto, ¿por qué nunca llego en el tiempo correcto? —dijo divertido luego chasqueó loas dedos y la puerta tras Sherlock se abrió.

El detective se apartó junto a Bilbo. Mirando como entraba a la nave. Ambos se asomaron al interior. Bilbo con curiosidad, Sherlock preocupado.

—Es más… —empezó Bilbo

— ¡Grande por dentro! —anunció orgulloso —. Bueno Sherlock, vamos.

El detective ni se inmutó. Escuchó como aquella máquina se ponía en marcha, pero solo se apartó de la puerta.

— ¿Cómo que "vamos"? —preguntó en voz alta.

El Doctor salió de la TARDIS y le miró.

—A la Tierra. A tu casa. ¿No quieres volver? —preguntó.

—Sí, pero… —murmuró dirigiendo la vista hasta Bilbo que seguía mirando el interior de la cabina con curiosidad.

El Doctor también dirigió la vista hasta el Hobbit.

—Él no puede venir —le dijo.

Sherlock arrugó el entrecejo. Los dos humanos observaron durante unos minutos al pequeño Hobbit hasta que este se dio la vuelta con una sonrisa de felicidad.

—Tu vehículo es impresionante… —le dijo al Doctor, luego miró a Sherlock —. ¿Qué te ocurre?

El detective se pasó la mano por la nuca mientras se acercaba a él.

—Me tengo que ir —le dijo.

Bilbo le miraba con una pequeña sonrisa pero cuando escuchó las palabras de Sherlock esta desapareció de su rostro.

—Ah —dijo en voz baja —. Bueno, tarde o temprano tenía que ocurrir, ¿no? Llevas mucho esperando esto.

Sherlock se agachó a la misma altura que Bilbo para mirarle a los ojos.

—Lo siento Bilbo —susurró.

El Hobbit sin embargo, le sonrió. Alzó una mano y la apoyó en el rostro del detective.

—Tranquilo Sherlock. Voy a estar bien. No tienes por qué preocuparte.

Sherlock apoyó la cabeza en la mano de Bilbo y la presionó contra su hombro.

—Vas a correr alguna aventura. ¿Verdad? Con los elfos, o con los dragones… Pero hazlo Bilbo. Lo estás deseando.

El Hobbit le sonrió y asintió.

—Seré un aventurero. Como tú Sherlock. Te lo prometo.

Sherlock sonrió vagamente, se separó de Bilbo y se quitó el abrigo que llevaba puesto. Se lo puso al Hobbit por encima de los hombros, se acercó a él y le besó la frente.

—Cuídamelo, ¿vale? —le pidió.

Bilbo cogió el abrigo, lo presionó contra su nariz e inspiró el olor de Sherlock.

—Lo cuidaré. Gracias.

Sherlock se levantó y extendió su mano. Tras apretar la de Bilbo con suavidad se metió en la TARDIS. Con la cabeza firme, sin mirar atrás, temiendo que si lo hacía pudiera derrumbarse.

El Doctor le dedicó una sonrisa al Hobbit antes de meterse en su nave y dirigirse al panel de mandos. No le dijo nada a Sherlock, que estaba de espaldas a él con los brazos cruzados. Puso unas coordenadas y encendió los motores.

Bilbo siguió con el oído el sonido de la TARDIS hasta que se cesó. Fue cuando supo que Sherlock se había ido para siempre. Tragó saliva y regresó de nuevo a casa. Ahora volvía a estar solo, pero algo había cambiado en él. Había conocido a alguien de otro planeta, a un ser increíble y eso era algo que jamás olvidaría. Ni siquiera lo escribiría en los libros. Ese secreto se lo guardaría para él.

Lejos de Hobbiton, en la Tierra, el Doctor acababa de dejar la TARDIS en la calle Baker, justo al lado de una cabina telefónica.

—Hemos llegado —anunció.

Sherlock se dirigió directamente hacia la puerta y la abrió.

— ¿En qué fecha estamos? —preguntó mientras salía.

—Solo han pasado unos minutos desde que te fuiste. Esta vez es seguro. Oye…

—Jamás me pidas ayuda. No quiero volver a verte —dijo comenzando a andar por la calle.

Sherlock no se volvió para mirar, simplemente escuchó de nuevo el ruido de aquella nave y supuso que se había ido. Llegó hasta el 221B y entró tras llamar a la señora Hudson.

Le dio un abrazo enorme, aunque la señora no se quejó, simplemente se lo devolvió. Luego subió a su casa. Todo estaba exactamente como lo dejó, ningún papel fuera de su sitio, ni tan siquiera una minúscula mota de polvo. Es como si nunca se hubiera ido de allí.

Se sentó en su sillón lentamente, como si fuera desconocido para él. La casa parecía desconocida para él. Unos pocos minutos más tarde, escuchó la puerta de abajo abrirse.

—No me ayudes… —dijo una voz conocida.

Sherlock se levantó inmediatamente, su pulso se aceleró y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, sin entender porque. John subía las escaleras, cargado de bolsas de plástico blancas. Se balanceaba sobre sí mismo, descompensado por el peso.

—Cuando decías "no me ayudes" intentaba hacer queme ayudaras —le regañó John.

Sherlock se acercó a él y le abrazó con fuerza. John soltó sorprendido las bolsas, sin esperárselo.

—Sherlock, ¿qué diablos te pasa? —preguntó.

El nombrado no se movió, apretó un poco más el abrazo, pegando a John a él tanto como fuese posible. El médico abrió los ojos sorprendido cuando notó como algo húmedo le acariciaba la oreja. Sherlock estaba llorando. Estaba abrazándole y lloraba.

—¿Qué has roto? —preguntó mientras lo rodeaba algo dudoso con sus brazos.

Sherlock separó su cabeza del hombro de John para poner su rostro frente al del médico y capturar sus labios con fuerza.

John se quedó paralizado.

—Mmm… —exclamó intentando separarse.

Notaba como el nerviosismo se le instalaba en su estómago, las mejillas se le sonrojaban. Aquello le gustaba pero no estaba bien. Se apartó dando un tirón con la cabeza hacia atrás.

—Sherlock —dijo —. ¿Qué te pasa?

—Te he echado de menos —dijo el detective rozando sus labios con los de John mientras hablaban.

—Solo he ido a la compra —dijo este dejándose hacer —. Solo han sido 20 minutos —dijo.

—Para mí es como si hubiesen sido dos meses —dijo Sherlock antes de volver a besarle.

John desconectó, cerró los ojos y respondió al beso. No sabía porque su mejor amigo estaba así pero disfrutaría cuanto pudiera de eso. Algo había cambiado en Sherlock Holmes, he iba a disfrutarlo.

FIN


¡Acabado! Siento que haya acabado así pero Bilbo tenía que correr sus propias aventuras, sin Sherlock. Espero que os haya gustado, de verdad. Antes de finalizar daros las gracias por los comentarios recibidos, enserio, anima seguir subiendo capítulos si sé que estáis ahí para leerlos.

De nuevo, ¡gracias!

PS: Quizás, solo quizás, pueda haber un epílogo... Solo quizás.