—Juro Solemnemente que mis intenciones no son buenas —

Disclaimer: Los personajes pertenecen a la señora Stephanie Meyer, Mari y yo solo nos adjudicamos la trama de la historia.

Agradecimientos a Yanina Barboza por betear el fic, fueron 36 páginas, bitch ¡te adoro!

N/A: La historia es escrita en conjunto con Mari, decimos esto para evitar malos entendidos.

N/A #2: Lo sé, lo sé. Sabemos que nos tardamos tres meses en actualizar y sé que no tiene perdón de Dios, tampoco le vamos a decir mil y una excusas porque ustedes quieren es leer, pero lo sentimos. Solo esperamos que aun recuerden a este sexy boxeador y a la hermosa bailarina. ¡Las queremos!

¡Vayan a leer luego de tanto tiempo!


Capítulo 5

—¿Qué diablos fue lo que le hiciste, mastodonte? —le preguntó su pequeña hermana.

—¡Ya te lo dije, Jane! ¡Nada! Fue un accidente.

—¿Qué tipo de accidente, Edward?

—Yo... Eh... Supongo que... accidentalmente la aplasté... Y ahm, se desmayó al final. Y... ¡Oh, por Dios, no me mires de esa forma, mugre! ¡Fue un accidente!

Bella gimió un poco, irritada por los gritos. Jane miró rápidamente a su tutora, con los ojos llenos de preocupación y olvidándose completamente de su hermano mayor. Edward también miró a la chica, que yacía en una camilla de enfermería, acostada y con los ojos entrecerrados.

Después de haber sufrido aquel choque aparatoso donde Bella se había desmayado, un grupo de alumnos de la academia se habían puesto a su alrededor mirando la escena como si fuera algo emocionante y en vez de ayudar a Edward, solo se habían quedado allí, observando, como chismosos.

Edward en su momento no había sabido qué hacer, y a pesar de que había pedido ayuda a los adolescentes allí congregados, ninguno le había dicho dónde estaba la enfermería de la academia, ellos solo estaban pendiente de que la mejor alumna de la academia de ballet estaba desmayada y en brazos de aquel hombre, el cual a los ojos de los demás tenía una muy mala apariencia.

No fue hasta que Jane, su hermana, enfundada en mallas, zapatillas, tutú y un moño en su cabeza, salió a ver por qué tanto alboroto, que pudo llevarla a la enfermería.

Durante ese trayecto, donde Edward sostenía el frágil cuerpo de Bella entre sus manos, la pequeña rubia no había parado de preguntarle una y otra vez qué le había hecho a su tutora y la respuesta del cobrizo siempre era la misma: "No le hice nada, Jane, fue un accidente".

Al llegar a la enfermería, la señora Clap, los había visto con ojos preocupados y la alarma creció más al ver a Bella, su niña bailarina, desmayada y de igual manera que todo el mundo había hecho antes, la señora Clap miró a Edward con desconfianza.

Cuando la enfermera volvió a preguntarle "¿Qué le pasó?", Edward saltó, gritando: "¡Yo no hice nada!". Tanto Jane como la enfermera le miraron de forma extraña y la señora Clap se puso de inmediato a ayudar a Bella.

Jane agradecía internamente a Dios de que Melani no estaba en la academia, por alguna razón no había ido ese día, así que, por el momento, no se tendrían que enfrentar contra su profesora de Ballet.

Edward veía como la señora Clap, o eso suponía por la placa que tenía prendada en su uniforme, pasaba continuamente un poco de algodón con alcohol, repetidas veces bajo la nariz de Isabella, haciendo que inhalara el fuerte olor, pero Bella estaba como muerta en esa camilla, si no fuera porque su pecho subía y bajaba sutilmente, Edward creería que de verdad lo estaba.

La pequeña Jane, que estaba de pie al lado de su hermano, notó la ansiedad de este.

—Ella estará bien, más te vale que lo esté —dijo queriendo tranquilizarlo, pero eso solo hizo que el cobrizo entrara en pánico.

¿Y si le había golpeado muy fuerte la cabeza? ¿Y si algo le había pasado a sus piernas? ¿Podría volver a caminar? ¡Sus piernas! ¿Cuán idiota había sido como para dejar que todo su cuerpo recayera en el pequeño cuerpo frágil de aquella chica, quien lucía un poco delgada?

¡Había sido un bruto!

¿Acaso no se había podido quitar al instante y darle un poco de espacio? Al parecer no.

La señora Clap continuaba con su tarea, pero de vez en cuanto elevaba su mirada para observar a aquel extraño chico.

Jane sabía lo que la enfermera pensaba. Ella pensaría igual de no conocer a su hermano mayor.

Pero no podía defenderle en ese momento, estaba demasiado angustiada por Bella, que no despertaba.

—Bella, Bellita —susurró la chica, inclinándose sobre la castaña y cubriéndola de la mirada intensa y preocupada de su hermano—. Vamos, Bella, despierta, que me estás asustando demasiado...

En ese momento Bella gimió levemente. Odiaba que su pequeña se oyera así. Intentó abrir los ojos, pero los sentía demasiado pesados. Volvió a intentar abrir los ojos y lo logró con pesadez.

Miró los ojos azules de Jane un largo rato, abriendo la boca pero sin decir nada.

—¡Despertaste! —exclamó la pequeña, sonriendo sin poder evitarlo, la castaña abrió su boca y cerró sus ojos, veía un poco borroso, cuando los volvió a abrir, ya no estaba Jane, en cambio estaba su hermano, mirándola profundamente, era como si la quisiera traspasar con la mirada. Era un verde tan intenso, que eso la hizo cerrar de nuevo los ojos, pero escuchó un canturreo de parte de Edward pidiéndole que no lo hiciera y no lo hizo.

Ella le obedecía.

—Lo siento, pequeña chica, de verdad, no era mi intensión lastimarte... No estás herida, ¿verdad? —preguntó Edward rápidamente, con los ojos desesperados.

Bella se sintió de repente algo intimidada por su mirada.

"Estoy bien", quiso decirle, pero no hallaba su voz.

Él debió darse cuenta de ello ya que sonrió tímido.

—Lo siento, olvidé que eres sorda, y muda, y yo no hablo señas... —se disculpó.

Bella lo miró confundida... ¿De qué mierda hablaba ese chico?

Jane jadeó en sorpresa, mirando a Bella, la castaña la vio y no supo qué hacer, regresó su mirada a Edward, que le sonreía apenado, y luego una carcajada por parte de Jane hizo que el cobrizo frunciera el ceño.

—¿De qué te ríes? —quiso saber él, Bella estaba quieta en su sitio, un poco mareada para intervenir, no que fuera a hablar tampoco.

—Es que... Es que... —la pequeña intentó hablar entre risas, pero un ataque de risa literalmente la tiró al piso.

Edward enarcó una ceja, mirando a su hermanita menor confundido. Bella tragó saliva y con esfuerzos, y ayuda de la señora Clap, se sentó.

La risa de Jane había sosegado un poco, pero de cierta manera había enojado a Edward. ¿Por qué diablos su hermana se reía de manera tan histérica? ¿Acaso había dicho algo estúpido? O...

Los ojos de Edward volaron hacia Bella, viéndola sentada, detallándola completamente, desde la primera hebra de ese cabello marrón, rizado, brilloso y espeso, hasta el intento de falda que llevaba, allí su mirada se quedó clavada, observando como unas buenas piernas formadas se dejaban ver. El ballet, se dijo Edward en su mente.

Pero luego su ceño se frunció nuevamente, ¿por qué llevaba una falda tan corta?

Negó imperceptiblemente con la cabeza y la terminó de observar. Parecía sana. No había nada malo en ella y debía admitir que la chica era muy, muy hermosa, de ojos preciosos e inocente, con un brillo misterioso y esas piernas...

—¡Edward! —El grito de su hermana le trajo de vuelta a la realidad, la miró con los ojos bien abiertos y volvió a mirar a Bella, ella estaba mirándolo con ojos acusadores, intentando tapar sus piernas de infarto con esa minifalda de...—. Por el amor bendito de Dios, Edward, ¡hazme caso!

—¿Qué? —graznó él, obligándose a poner atención a su hermana.

—Edward —volvió a llamar Jane y él la miró fastidiado, sin querer apartar la vista de aquella castaña, una vez la pequeña rubia estuvo plenamente segura de que tenía la atención de Edward para ella sola, le dijo algo a Edward que lo haría sonrojarse—. Ella no es sorda, hermanito, Bella te puede escuchar perfectamente, puedes sentirte avergonzado por todo lo que has dicho, ella solo no puede... hablar. —Sí puede, pero no lo hace, agregó Jane para sí misma.

Los ojos de Edward se abrieron y un rubor bochornoso se apoderó de sus mejillas, haciendo que Bella se riera brevemente.

—¿Qué? —jadeó su hermano. ¿No era sorda-muda? ¿Entonces había estado haciendo el ridículo? ¡Por Dios! ¡Le había dicho sorda-muda!

Edward se volvió hacia Bella y la miró.

—¿No eres sorda? —le preguntó, lentamente, moviendo sus labios y Bella le frunció el ceño, pero negó.

Jane rio suavemente.

—¿En serio? —urgió, sentía sus mejillas arder.

Bella asintió, sonriendo sin poder evitarlo.

—He hecho el papel de idiota, ¿no es así? —Esta vez el cobrizo se dirigió a su hermana.

—¡Sí! —gorjeó su hermana, alzando sus brazos al aire.

Bella abrió la boca pero la cerró de golpe, sonriendo en su lugar. Edward se volteó lentamente a ella de nuevo y la miró fijamente. La chica le sonrió tímida y Edward le regaló una pequeña sonrisa que se convirtió en una mueca.

—Perdona, dulzura. Creí que eras sorda...

Bella negó con la cabeza, sin poder hablarle. Se sintió, estúpida e irracionalmente, como Ariel, cuando había perdido la voz por estar con su príncipe Eric.

—¡Dios!, no me hablarás nunca en tu vida luego de haberte dicho lo que te dije —murmuró Edward, deseando que la tierra lo tragara, sin ser consciente de lo que había dicho, hasta que el silencio lo hizo darse cuenta—. Yo... no, Bella, lo siento —se disculpó torpemente, elevando sus manos para tocarla a modo de consolación, pero Bella se apartó en un brinco, él dio un suspiro de resignación—. No quise decir eso, ¿vale? —le preguntó a la castaña, sonriéndole con pena, ella asintió.

Bella se sonrojó fuertemente y Jane la miró con el ceño fruncido. Edward volvió a sonrojarse mientras iba comprendido las palabras de su hermana: "Ella no habla". ¡Claro! Ella es muda... Idiota, grandísimo idiota, se regañó a sí mismo, cerrando los ojos con vergüenza.

—De verdad, lo siento —volvió a repetir el chico, abriendo los ojos y mirando a Bella suplicante. Ella volvió a asentir, sin poder verlo a los ojos.

—Ven, Edward, déjala descansar... —le urgió Jane, viendo la incomodidad de su tutora—. Yo me quedo con ella. Ahora salgo.

Edward miró por última vez a Bella y se sintió como un grandísimo pendejo, pero asintió a su hermana y salió de la enfermería.

Edward se recostó en la pared, pensando en todo lo que había sucedido, ella no era sorda, aunque sí muda y él había metido la pata mil y una vez en escasos minutos, ahora seguro la chica lo odiaba por menospreciarla, pero no había sido su intención, él no tenía la culpa de no ser bueno con las palabras.

Edward no tenía tacto, punto.

Ese nunca había sido su punto más fuerte, él siempre era tosco y ordinario con las cosas que decía, nunca le había importado en cómo hablarle a las chicas, claro que no las trataba como a putas, no al menos a quienes no se lo merecían, pero tampoco era de palabras como: "mi amor, cariño, bebé, mi cielo, etc."

Era bueno con las manos, no con las palabras.

Pero con Bella era diferente, sentía que le tenía que hablar como le hablaba a Jane, no, olviden eso, mejor que a Jane y no sabía por qué.

Era una sensación extraña y lo asustaba de cierta manera.

—Deberías verte esas heridas sin sanar, muchacho —le dijo una voz desde alguna parte de aquel pasillo a Edward, sacándolo de sus pensamientos tontos, él elevó la mirada y se encontró a la enfermera Clap.

—¿Disculpe? —preguntó atontado.

La enfermera negó con la cabeza y le hizo una seña para que la siguiera. Con algo de confusión, él lo hizo. Se encontró en un cuarto pequeño, como en el que Bella estaba, pero sin camilla. La enfermera Clap le instó a sentarse y en cuanto lo hizo, se puso en marcha para curarlo.

Edward hacía muecas y gruñía cada vez que la enfermera le ponía el algodón con alcohol en las heridas abiertas o medio cerradas, desinfectándoselas.

—Bella Swan es una buena chica, linda, suave y una gran bailarina —empezó la enfermera, sin ver a Edward y concentrándose en sus nudillos abiertos. Él asintió una vez, pensativo—. Con ella, debes de ser suave y cuidadoso, hijo. Ese tipo de mujeres son muy frágiles... Pero cuidado, no la subestimes... Ella es fuerte, inclusive más fuerte que tú.

—¿Qué quiere decir? —preguntó él confundido. ¿Acaso aquella señora estaba sugiriendo que ellos tenían algo más que una amistad? Al parecer, sí. Aunque lo que tenían ni siquiera era amistad.

—Vi lo preocupado que estabas por ella, muchacho, y como la mirabas, no soy ciega; y sí a eso agregamos la manera en que la niña Bella interactuó contigo, eso deja mucho que pensar. Nunca la había visto así tan. . .

—¿Tan qué? —urgió Edward.

—Tan sonriente —terminó ella, sonriendo—. La chica solo sonríe con tu hermana, la rubia chiquita. Normalmente ante extraños, Bella se cierra y ni siquiera los mira.

Edward miró pensativo a la enfermera, sus ojos azules cansados mirándolo con dulzura.

—Ella... Bella... es muy... ¿tímida? —aventuró el cobrizo.

—No sólo tímida. —La mirada dulce de la enfermera se oscureció, preocupando a Edward—. Algo malo le pasó en el pasado, cuando era niña... Eso la dejó marcada de por vida.

Como a mí, dijo Edward, pensando en el bastardo de su padre, pero eso no venía al caso ahora. Lo que le importaba era Bella, ¿que podría haberle sucedido para que la afectara? Y de ser así ¿en que la había afectado? No obstante, Edward dudaba que algo tan malo le hubiera sucedido a Bella, y era que ella se veía tan perfecta, bien vestida, bien portada y sobre todo estaba en la academia de ballet, la cual era cara, pero eso último era lo de menos, porque él era de muy bajos recursos y la podía pagar para Jane, que Bella estuviera allí matriculada no quería decir nada. Cualquiera que quisiera estar allí, bailando por la pasión de bailar, podría hacerlo, con esfuerzo, claro está, pero sí se podía. Tampoco era imposible.

Seguramente había sufrido un trauma..., una... ¿violación? No, no podía ser posible. Sin embargo, muchas muchachas que él conocía, que estaban en la escuela de él, habían sufrido de eso y peores cosas, porque fuera, tal vez, una chica rica, Bella no estaba absuelta de lo que le pasaba a las chicas.

De solo pensarlo sus manos se cerraron en puños. Definitivamente eso no podría haberle pasado. ¿Y sí era verdad? ¿Que podría hacer él?

—¿Qué le sucedió? —preguntó curioso, sin poder evitarlo, la señora sonrió con pena y sacudió su cabeza.

—Eso no me concierne decírtelo —murmuró la enferma, vendando las heridas.

Edward respiró hondamente, intentando no pensar en lo que estaba pensando. Ya no podía esperar nada de esa chica, no podía suponer nada...

Era mejor averiguarlo y él quería hacerlo. Quería conocerla, ser su amigo inclusive...

Pero primero tendría que ganar su confianza y lo haría.

—Solo sé amable con ella, trata de no abrumarla con tu presencia tan imponente. Háblale como si fuera otro de tus amigos y ella se abrirá a ti —le aconsejó la señora Clap, dándole unas palmaditas en la espalda antes de salir de allí, dejándolo completamente pensativo.

El día era, irónicamente, soleado y caluroso, un lindo día de primavera, donde las mariposas volaban, los pájaros cantaban y Edward se estaba muriendo en su maldito malhumor.

Era el puto día lunes y si antes lo odiaba ahora lo hacía con mucho más fervor. ¿Por qué a él?, era lo que se pregunta el chico. No debería estar de ese humor, no cuando el día era tan perfecto. No obstante estaba de mírame y no me toques.

La principal razón por la cual estaba de ese humor era debido a que hoy tenía su primer día de labor social, durante todos los días de la semana, tres meses completos, en la mañana y si a eso le sumábamos que era la peor escuela, peor para él, pero en realidad era la mejor de la ciudad que Edward pudiera imaginar, de niños ricos y niñas mimadas, daba como resultado una jodida situación.

Edward simplemente odiaba hacer aquello, pero si no lo hacía, entonces aquel comportamiento iría a su documental y eso podría afectar la vida de su hermana. Además, de verdad no quería ser expulsado de su preparatoria, no era que le importase mucho, pero gracias a ella había podido ayudar a Jane con todo lo que le mandaban sus maestras de tareas a la casa.

Pensó que tal vez lo mandarían a dirección o a ser el mensajero de la secretaria floja y gorda del director. Eso podía hacerlo, era sencillo. No tendría que ver a los molestos alumnos mimados de la institución. Aunque, por una parte, los maestros de ese tipo de escuelas, algunos al menos, resultaban ser algo... o mucho, demasiado egocéntricos. Entonces ahí sí que habría problemas.

En su fuero interno, el cobrizo rezaba porque le tocara solo ver la cara de la secretaria del director, porque de lo contrario sí que se volvería loco y mandaría todo a la mismísima mierda.

Al llegar a la entrada de la institución fue recibido por su majestuosidad, grandes ventanales, hermosos matorrales, aparcamientos de lujos —llenos por autos excesivamente hermosos, pero muy costosos— y por último, pero no menos importante, los alumnos, con aquel uniforme, que no parecía uniforme y sus rostros de modelos con sonrisas fingidas y plásticas.

Los hombres rodeados de hermosas chicas y las chicas con cuerpos de modelo, a Edward le parecían atractivas todas esas chicas, pero él siempre se recordaba que lo de afuera no importaba tanto como lo de adentro y estaba cien por ciento seguro de que aquellas mujeres por dentro no tenían nada.

Solo eran una bonita carcasa que resguardaba la frialdad de mamis y papis con dinero, ni siquiera inteligencia pensaba él que poseían. Como si les hiciera falta con tanto dinero que tienen, le susurró la conciencia a Edward.

Por poco sale corriendo de regreso, a suplicarle a su directora que impusiera otro castigo que no fuera ese.

Rodó los ojos mientras caminaba con la cabeza bien alta entre esos niñitos mimados. Como era obvio, todos voltearon a verlo. Edward sonrió con satisfacción oculta. Vestía unos vaqueros viejos, que sin embargo se le veían muy bien, una camisa blanca y otra de manga larga encima, a cuadros y de lana. Se sintió como un leñador antipático, pero le valía madres lo que los demás pensaran.

Esto lo hacía porque era un castigo y respetaba mucho a su directora como para no rebatirle. Pero la sensación de querer correr a pedirle piedad por otro castigo no se fue, y lo siguió hasta su camino a la dirección.

No estaba tan perdido a sus ideas. La secretaria sí era una señora fea, pero flacucha como un palo y muy sonriente. De algún modo amable. Y sí le pidió que fuera de cartero a casi todos los profesores, entregando citas, cartas y demás cosas que él no quería saber. La mayoría de ellos eran gente decente. Sólo tres profesores le cayeron definitivamente de la mierda.

—Edward —le llamó la secretaria del director, Francias, de manera un tanto melosa. El aludido, quien estaba a punto de sentarse, maldijo para sus adentros, estaba agotado de ir de un lado al otro entregando recados como si fuera una palomita mensajera, y no era tanto el hecho de entregar recados, sino todo lo que tenía que caminar para llegar de un aula a la otra. La institución era demasiado gigante.

Ya iba a ser la hora libre de los estudiantes y Edward no había parado en ningún momento.

—¿Sí? —preguntó apretando sus dientes.

—Querido, puedes irte ya a tus veinte minutos de descanso, si quieres puedes ir a la cafetería y pedir algo a nombre del director —le informó casi guiñándole un ojo, Edward hizo un mohín.

Francias a pesar de ser muy flaca y sonriente, podía ser hasta su abuela, solo que las múltiples cirugías le habían estirado la piel del rostro de tal manera que casi no podía sonreír con fluidez

Le sonrió encantado y asintió. Al menos probaría la comida ostentosa de la escuela. Eso le animó un poco y casi corrió a la cafetería. Su cuerpo ansiaba comida. La pedía a gritos.

Justo cuando estaba a punto de llegar, sintió un pequeño cuerpo estrellarse contra él. Y un gritito de sorpresa. Bajó la mirada al suelo y vio una maraña de cabello caoba, en uniforme de la escuela y varios libros alrededor de la chica.

Cuando alzó la cabeza para mirar furiosa al tipo que la había tirado, los dos se miraron sorprendidos. Bella Swan lo miraba desde el piso y Edward Masen la miraba desde arriba.

Mierda, pensaron los dos casi al mismo tiempo.

Edward fue el primero en reaccionar de los dos, agachándose para recoger los libros de Isabella, ella por su parte lo veía sin disimulo alguno. ¿Qué hacía él allí? ¿Acaso iba a estudiar allí? No, no podía ser, se decía Bella. Edward no se veía como una persona que pudiera estudiar en aquel lugar y no porque no tuviera el dinero, sino porque simplemente, él no parecía de ese lugar.

El cobrizo le tendió los libros a Bella y le dio una de sus manos magulladas para que se apoyara de ella y se levantase, lo cual Bella hizo casi por inercia.

—Al parecer siempre que nos encontremos yo voy a terminar encima de ti o tú en el piso —dijo Edward divertido, viendo como Bella abrazaba sus libros contra su pecho. No hubo respuestas por parte de ella, solo un leve asentimiento—. Igual sigue siendo un placer encontrarte aquí, Bella. —A pesar de que Edward sabía que ella no era sorda, no podía evitar hablar lentamente, era como si él temiera que ella no lo entendiese.

Bella asintió de nuevo. Edward pensó que ella no diría nada y ya se estaba preparando para irse. Pero entonces, ella habló.

—¿Qué haces aquí? —preguntó bruscamente, frunciendo el ceño.

—Eh... Cumplo con un... eh, castigo —tartamudeó él. Ella le miró con los ojos entornados.

—Castigo —repitió, él asintió y ella enarcó una ceja—. Bueno.

—Sí, yo... —Carraspeó incómodo, señalando vagamente hacia las puertas de la cafetería—. Creo que... Eh, ¿quieres ir a comer?

Ella le miró con una sonrisa divertida en el rostro.

—A eso iba, ¿sabes? Antes de chocar contigo.

Edward se quedó impresionado. Era la primera vez que escuchaba a la chica hablar más seguido.

Pero Bella estaba nerviosa y cuando estaba nerviosa a veces se dejaba ir y hablaba incoherencias que la hacían sonrojar. Pero eso él no lo sabía, era obvio por su expresión de sorpresa.

—Oh, vaya... ¿Lo siento? —preguntó Edward, sonando avergonzado.

Bella sólo asintió con la cabeza, miró a los lados del pasillo y siguió caminando, la cabeza gacha y empequeñecida. Qué rara, pensó de golpe Edward. Luego una sonrisa cruzó su rostro. Entendió algo en ese puto momento. Estaría cerca de Bella por todo lo que durara este castigo, que ahora ya no lo veía tan castigo...

Al cruzar las puertas de la cafetería cada par de ojos, correspondiente a cada alumno de la institución, se fijó en ellos dos. ¿Qué hacía Bella Swan, la chica tímida que nunca hablaba, con aquel espécimen que gritaba por todos lados peligro?

La estancia se llenó de cuchicheo al segundo después de ellos entrar, Edward se sentía un poco intimidado por tantas miradas sobre él y Bella ni se diga, sentía que se encogía a cada paso que daba y eso hizo que se callara y volviera a ser la Bella que Edward había conocido ese día en el callejón.

Nadie era discreto y los veían fijamente. Cuando Edward vino a ver ya estaban enfrente de la señora que les servía la comida, esperándolos con una sonrisa amable. Primera sonrisa sincera y no fingida que veo en esta institución, se dijo Edward en la mente, ciertamente agradecido.

—¿Qué vas a comer tú? —preguntó Edward, girándose hacia Bella, pero esta ni lo veía, solo se limitaba a mirar la cubierta de uno de los libros que tenía entre sus pequeños brazos. El cobrizo al fijarse que no respondió, insistió—: Bella...

La aludida levantó la mirada debido a dos cosas: la primera, era porque no podía dejar de verlo sin saber por qué; y la segunda, unos dedos bajo su barbilla la obligaban a verlo, pero rápidamente ella respingó y se alejó temerosa. Le daba pánico que alguien la tocara.

—No te haré daño, Bella —susurró el chico, viendo el miedo en los ojos chocolates de la muchacha.

—Eso no lo sabes —murmuró de vuelta ella, bajando de nuevo la cabeza.

—¿Qué van a querer, jóvenes? —preguntó la cocinera, sin dejar de sonreír genuinamente.

Edward le regresó la sonrisa y pidió lo primero que vio, pero sin dejar de ver a la castaña con el rabillo del ojo.

—Deme sólo un sándwich y una botella de agua, señora Lu —pidió la chica, armándose de valor y alzando el rostro a la cocinera.

Ella le sonrió con algo parecido al cariño maternal y le dio lo pedido.

Bella se alejó a la caja, pagando rápidamente y casi corriendo a su mesa de siempre. Edward le siguió, pero en caja le dijeron que la comida iba por parte de dirección. Sonrió con petulancia y corrió hacia Bella.

—¡Hey! —le dijo, dejándose caer enfrente de ella.

Bella le miró con los ojos bien abiertos.

—¿Disculpa? —susurró ella.

—Eres la única que conozco, que es... normal. En esta escuela de... —Se detuvo, sin saber a ciencia cierta cómo llamarla sin ofender a Bella.

—¿De mierda? —barajeó Bella, pero sin dejar de mirar su pobre comida.

Él sonrió enormemente.

—Si tú lo dices así, entonces sí —admitió él, un poco sonrojado—. Así que pensé que tal vez podríamos... ya sabes... —Edward se veía tan lindo todo avergonzando, tratando de buscar las palabras adecuadas para decirle a Bella que él solo quería sentarse con ella a comer, estaba balbuceando, ella se aguantó las risas, era demasiado tierno. Pero él se sentía estúpido, nunca, nunca había tenido problemas para hablar con una chica, mucho menos para invitarla a sentarse a comer o a una cita o simplemente a tener sexo, pero con Bella..., todo era distinto y muy difícil, él no quería asustarla, no quería que ella se alejara, por esa razón buscaba las palabras adecuadas. Bella esperó, con una ceja arqueada y con la risa pegada a la garganta—. Yo... —Edward susurró, sin saber qué decir. ¿Por qué era tan difícil? Solo le tenía que decir que quería almorzar con ella, no era para tanto—. ¿Puedo comer contigo? Es decir... yo... ¡Diablos! —dijo a la final, llevando una mano a su cabello, rascándose la nuca, incómodo—. Lo siento, no quise decir eso último —susurró apenado, bajando la mirada al suelo, con la bandeja balanceada en una mano.

Bella sonrió para sí misma y se encogió de hombros, caminando hacia la mesa, rodó la silla y colocó la bandeja en la mesa, sentándose, descargándose de libros y su bolso. Edward levantó la mirada y la observó, era obvio, ella no quería sentarse con él, resignado y triste se dispuso a dar la media vuelta para irse, pero Bella lo estaba viendo y le habló, aunque más bajo de lo que lo había hecho ya antes.

—¿A dónde vas?

Edward se volteó rápidamente, mirándola.

—¿A comer a otra parte? —preguntó en vez de responder, al notar la confusión en Bella agregó—: Porque quieres que me vaya, ¿no? —Su voz era precavida.

Por dentro deseaba haber interpretado todo mal y deseaba que ella quisiera sentarse con él, Edward de verdad quería sentarse con ella, quería conocerla.

Entonces Bella sonrió encantadoramente.

—Puedes quedarte —le dijo en voz baja, asintiendo hacia la silla frente a ella.

Edward casi grita de emoción y lanza un baile estúpido. Se decidió a irse rápidamente a sentarse frente a ella y la miró con agradecimiento.

—Gracias —le dijo sinceramente.

La gente a su alrededor los miraba impresionados, pero un par de chicas miraban la escena enojadas, casi chillando de rabia.

Rosalie y Alice estaban enojadas. Bella se les hacía muy poquita cosa como para que ese bombón con letrero de peligro le sonriera de esa forma. Ellas pensaban que la chica Swan era tímida, muy rara y para nada admitida en la "sociedad" de la escuela.

—¿Ese no es el hermano de la pequeña mocosa que la mudita protege con uñas y dientes en la academia? —preguntó Rosalie a Alice de manera muy despectiva.

—Creo que sí y para serte sincera me importa muy poco que sea hermano de la mocosa de Jane, ¡está como le da la gana el hombre! —chilló, lanzándole una mirada que pretendía ser sensual.

—Al parecer la muda se lo ha metido en el bolsillo —dijo con desprecio la rubia, acomodando su falda escolar.

—No digas bobadas, cuando "Sexy Peligro" se dé cuenta de que no habla y de que es un completo cero a la izquierda, la dejará. No creo que con esa pinta que se carga esté acostumbrado a lidiar con niñitas como Bella muda Swan —musitó muy segura de sí misma.

Pero Rosalie no estaba tan segura, al ver cómo Edward empezó a hablar con Bella, solo podía ver la espalda de la chica, y se reía en voz baja o se veía algo avergonzado o feliz, todo en cinco putos minutos. Con cada segundo, Rose pensaba que algo estaba cambiando en Bella Swan. Y ese bombón peligroso estaba muy metido en ello.

—No hay problema —le dijo Bella, nuevamente en voz baja. Se mordió el labio, tratando de parar su curiosidad, pero era demasiado curiosa...—. ¿Por qué estás aquí?

Edward se sintió avergonzado. No le molestaba moler a alguien a golpes, pero sí le avergonzaba decirle a esa chica tan dulce y calmada el porqué de su estancia aquí.

—Es un castigo —empezó poco a poco, tragando saliva—. Porque... bueno, digamos que tuve una pelea mala con un compañero y para que no me expulsaran, debo hacer servicio comunitario aquí…

—¿Por cuánto tiempo?

—No estoy seguro...

—Vaya... —Bella chifló lentamente, pensativa—. Te metes en peleas continuamente, ¿verdad?

Edward sonrió de repente abiertamente, con un secreto escrito detrás de sus ojos y sonrisa. Bella sintió la necesidad de regresarle la sonrisa, pero solo tiró levemente de sus labios.

—No te imaginas en cuántas, Bella...

Ella solo lo miró con dudas.

El espacio entre ambos se llenó de un silencio un tanto incómodo, donde Edward la miraba intrigado, esperando aquella pregunta la cual él sabía que ella quería hacer, pero a la vez no se atrevía, no obstante esa pregunta nunca llegó.

—¿No vas a preguntar por qué digo eso? —inquirió él, sorprendido. Usualmente cuando alguien lo veía todo golpeado o él decía algo como eso, le hacían muchas preguntas a la vez, pero aquella chica solo negó con su cabeza y se dispuso a comer de su sándwich.

—¿Cómo está, Jane? —preguntó ella, en voz baja.

Edward suspiró y negó con su cabeza divertido.

—Eres extraña, Bella, muy extraña —canturreó divertido—, pero respondiendo a tu pregunta, ella debe estar en el colegio a estas horas, con eso de que tiene prácticas en la tarde, le están dando clases particulares en la mañana, apenas salga de aquí tengo que ir a buscarla y llevarla a la academia de baile, tengo entendido que están ensayando para un presentación.

Ella asintió, mirándolo, procesando sus palabras y luego de un rato dijo:

—¿Es malo? —Edward frunció su ceño, sin saber a qué se estaba refiriendo ella—. Que sea rara —le explicó, el cobrizo abrió su boca para responder, pero no salió nada de ella, ¿qué podía decir?—, ¿es malo? —insistió ella, nuevamente, con sus ojos abiertos, esperando una respuesta.

Edward la miró fijamente. En sus lindos ojos abiertos había ansia, casi miedo. Él sabía lo que era ser diferente. Al no tener padre, siempre fue la burla de sus compañeros, diciéndole bastardo y más cosas. Él protegía a Jane de esas burlas, pero sentía dolor cuando las oía siempre

—No. —No fue consciente de qué decía hasta ese momento, cuando el rostro de la chica se iluminó—. Realmente creo que es muy, muy bonito. Forma parte de ti y eso es importante.

Bella le sonrió agradecida, volviendo a bajar sus ojos hasta su sándwich.

Edward también bajó su mirada a su comida, y los dos empezaron a comer. Sin saber cómo, una pequeña amistad se empezó a formar entre ellos.

...

Al día siguiente, Edward tenía una sonrisa de tonto en su rostro, su mirada estaba más alegre y su hermana lo notó, obviamente no lo dejó pasar por debajo de la mesa. Esa mañana cuando Edward la llevaba a la academia de baile le lanzó la pregunta.

—¿Se puede saber por qué, en nombre del ballet, tienes esa sonrisa en tu boca? Desde anoche estás muy extraño —le hizo saber su hermana, frunciéndole el ceño—. ¿Estás enfermo? —inquirió con preocupación. Su hermano no es que fuera un cascarrabias, pero aquella sonrisa en su rostro era diferente a cualquiera que le haya visto alguna vez.

Edward miró a su hermana con los ojos como platos, ¿acaso era tan evidente su felicidad? Al parecer sí, mas eso no le interesaba, ayer había sido, de lejos, el mejor día de su vida, y sepan que son muy pocos los mejores días que ha tenido, pero el simple hecho de hablar, aunque fuera un poco con Bella, había sido la gloria. En todo el tiempo que duró sin verla, luego de conocerla, siempre fantaseó en cómo se escucharía su voz, y aunque él no había nunca visto a un ángel y mucho menos los había escuchado hablar estaba seguro que si los ángeles eran como decían, tan sublimes y celestiales, entonces la voz de Bella era como la voz de ellos porque Bella era un ángel. Todo en ella era tan celestial y puro, tanto así que rayaba en lo absurdo.

—No me pasa nada —mintió, muy mal, pero Jane no dijo nada más. Sólo le lanzó una mirada de "sé que algo te traes" y siguió avanzando.

En la escuela, Bella estaba en clases, demasiado aburrida estudiando Historia cuando Edward entró en el salón, entregándole algo a su profesor, al instante la chica lo vio y se sorprendió, el cobrizo sintió que alguien lo miraba y cuando volteó era Bella, él le sonrió. Ella le regresó la sonrisa, tímida. Edward entregó unos papeles al profesor Smith y volvió a mirar a Bella mientras salía. Ella suspiró al final y antes de que Edward saliera, bajó la mirada, aburrida y con ganas de que el almuerzo llegara. Edward la vio tan decaída y ansiosa... Miró el reloj del pasillo, apenas llevaba media hora ahí. Faltaban cerca de cuatro horas para que el almuerzo llegara.

Fue entonces cuando a Edward se le ocurrió una magnífica idea.

Bella estaba caminando con la vista baja hacia su casillero, ya había terminado su clase de Historia y ahora iba a la de Matemática, cuando llegó a su casillero lo abrió de golpe y un papel voló hacia su cara, jadeó sorprendida y, dejando sus libros en el casillero, se agachó a recogerlo. "Bonito inicio de día. Espero que nos veamos en el almuerzo. ¡No mueras de aburrición en clases! E". La chica sonrió emocionada, mordiéndose un labio.

Y de hecho así fue, los dos jóvenes se encontraron en la puerta de la cafetería, no que fuera planificado, y entraron juntos y como el día anterior, todos los vieron, incluidas las brujas de Rosalie y Alice, quienes le lanzaron a Bella dagas con la mirada. Si antes la odiaban y envidiaban, ahora lo hacían más.

Pero tanto Edward como Bella no notaron eso, los dos estaban muy inmersos el uno con el otro, Edward tratando de hacer hablar a Bella, y Bella no queriendo hablar mucho por pena, pero sin ningún éxito, porque igual le hablaba.

...

Los días siguieron así y las notas no faltaban en su día a día, el castigo para Edward se convirtió en una bendición y cada día se levantaba con las ganas de ver a Bella, había descubierto que la castaña tenía gustos un tanto extraños, por ejemplo, le dijo que tenía la costumbre de comer café con galletas, al principio el cobrizo dijo que eso de extraño no tenía nada, pero cuando Bella le dijo que hacía como una especie de masa con ellas, no le pareció tan normal, de hecho la vio una vez haciéndolo y a ella parecía gustarle, sin embargo para él se veía realmente asqueroso. De igual manera había descubierto que lo que más amaba hacer era bailar, cosa la cual no le extrañaba en lo absoluto.

Las notas a medida que pasaban los días iban subiendo de palabras y de sentimientos. Lo que comenzó con un simple "saludo" se había convertido en palabras cargadas de emoción y anhelo. Algunas de ellas decían cosas cómo:

"¡Buenos días, Bella!, espero tengas un hermoso día y ya sabes nuestra cita de todos los días. E".

Y así fueron creándose más palabras cómo:

"Anoche no pude dormir pensando en ti. E".

"Ya te extraño y aún no comienza el fin de semana. E".

"Señorita Bella, espero hoy tenga un hermoso día. Yo estaré pensando en ti mientras esté cumpliendo mi aburrido castigo. Tú también piensa en mí. Con cariño. E".

Y la última que había recibido Bella antes de que otro fin de semana los separara había sido de lejos la más directa y con más sentimientos.

"Espero tengas un hermoso fin de semana, Bella. Ya te extraño, ¿es eso loco? Bueno, si lo es, no me importa, porque sí, estoy loco, pero por ti. Con amor, E".

Bella estaba atontada. Ese sentimiento empezaba a ser mutuo, aunque a Bella le daba miedo, cada vez que pensaba en Edward se le encogía el estómago y su cuerpo se tensaba de nervios. Empezaba a quererlo como algo más profundo, casi como..., como amor.

Intentaba no mostrarlo, pero cada vez que Edward la hacía reír, que la hacía soñar y olvidarse de casi todo, se sentía feliz. Así que cuando Edward le dejaba tan claro esos sentimientos en esos papelitos, ella se limitaba a sonreír y suspirar ilusionada.

Por su parte, Edward se podría decir que estaba pletórico, no cabía dentro de sí mismo, pero justo ahora y en el lugar donde se encontraba no era momento para estar desconcentrado.

Hacía semanas que no estaba en una pelea y dentro de unos minutos iba a estar en una, ya el dinero comenzaba a faltar y Jane estaba necesitando dinero para el vestuario de la presentación, así que había tenido que aceptar una pelea cuando Félix se la ofreció, había estado negándose porque de cierto modo estaba cansado de eso, pero cuando la necesidad era más fuerte que el poder de querer abandonar lo que está mal, no hay nada que se pueda hacer al respecto.

Así que él estaba calentando, saltando sobre su puesto, con vendas en sus manos, su torso descubierto y unos pantaloncillos de deporte, en conjunto con unos zapatos deportivos.

Fue entonces cuando Félix entró alterado a la habitación donde se encontraba, esa era su señal de salida, no obstante su amigo se acercó a él y le dijo seriamente:

—Debes perder esta pelea, hermano.

Edward jadeó, eso solo significaba una cosa, la gente había puesto dinero para que él perdiera y eso quería decir que había mucho, mucho dinero en juego, de lo contrario Félix no le diría eso. El cobrizo solo se limitó a asentir con su cabeza, resignado, y respiró hondo. Solo esperaba salir de esa pelea sin ningún hueso roto y vivo.

Edward salió hacia la multitud, donde todos gritaban y decían obscenidades, ya su contrincante estaba allí y al verlo tragó en seco. Ya de antemano le dolía el cuerpo y ni siquiera aquel hombre de mirada asesina, innumerables tatuajes e inmensos músculos le había propinado el primer golpe, se veía que lanzaba esos puños con fuerza.

Edward miró a Félix y este lo miró con pesar.

Piensa en Jane y en su presentación, Edward, lo demás no importa, es solo dolor físico, no puede ser peor a lo que ya has pasado, se dijo en su mente, cuadrándose, al menos le asestaría un par de puños antes de dejarse moler a golpes.

La pelea comenzó y fue peor de lo que Edward había pensado que sería. Aquel hombre daba golpes demoledores, y golpes los cuales él dominaba "saca aliento", se sentía levemente mareado y desorientado cuando uno de los puños de su contrincante cayó sobre su pómulo derecho, haciendo que cayera al suelo por completo, él podía sentir la sangre en su boca, pero como pudo se puso de pie, sentía su cara latir, hinchada. Le dolía.

Sin pensarlo, él comenzó a lanzar golpes, atinándole varios en el rostro, haciendo que el otro sangrara, pero en un descuido y cuando vio que Félix le lanzó la mirada de "ya termina con esto", el otro luchador le dio fuerte y contundente en toda la nariz y eso fue todo para Edward, cayó al suelo sin poder evitarlo, respirando agitadamente, gimiendo de dolor, el suelo estaba manchado de su sangre y la de su compañero, justo después de eso sintió otro golpe en el hombro y chilló de dolor.

Que no se rompa, que no se rompa, suplicaba dentro de sí, a la vez que sentía el dolor recorrer su cuerpo. El cobrizo cerró sus ojos y escuchó a la gente gritar de júbilo cuando lo vieron en el suelo.

Malditos, pensó él. ¿Cómo podían disfrutar aquello? Era simplemente morboso.

Segundos después escuchó la voz de Félix.

—Ya, ya, ¡terminó! ¡Has ganado tú! —Al parecer el otro hombre no se había calmado y quería seguir propinándole golpes, pero Félix sabía que había sido suficiente, su amigo estaba desmadejado sobre el suelo. Había sido demasiado y muy brutal.

Edward sentía que todo a su alrededor se movía con rapidez, solo escuchó la voz de Félix hablándole con pesar.

—Ya terminó, Edward, ya te voy a sacar de aquí, ¿puedes caminar? —Edward gimió en respuesta, le dolía absolutamente todo—. Está bien, está bien, Emmett está aquí, él me va a ayudar para llevarte a casa.

Al instante Edward se desesperó, luchando por abrir los ojos.

—¡No! —gritó con sangre saliendo de su boca—. No dejes que... —En ese momento tosió, interrumpiendo lo que iba a decir—, no dejes que Jane me vea así. Cúrame, primero —le suplicó y luego de eso todo terminó para Edward.

Su mundo se volvió negro hasta la mañana siguiente.

Jane estaba inclinada sobre él, mirándolo preocupada y ansiosa. Cuando sus ojos verdes chocaron con los azules de su hermana, ella gritó y lo abrazó con fuerza.

—Oh, Edward, tuve tanto miedo... —gimió ella, llorando con fuerza—. Cuando te trajeron acá lastimado y la ropa llena de sangre, tuve miedo... pensé que estabas muerto... ¿Por qué perdiste? ¡Tú nunca lo haces!

—Él era más fuerte, mugre —graznó él, sonriéndole levemente a su hermana—. Pero estoy bien. Al menos gané para que nos sobre hasta dentro de dos meses...

Jane negó con la cabeza, cerrando los ojos. Odiaba esto. Odiaba que su hermano se sacrificara de esa forma por ella, por su madre... ¡Todo por culpa del inútil de su padre! Si él no se hubiera ido, Edward no tendría que vender su vida a cambio de unos billetes, por golpes y demás cosas... No tendría que pelear de esa manera, hasta casi la muerte.

—¿Hasta cuándo vas a hacer esto, Edward? —le exigió saber Jane, con lágrimas cayendo de sus ojos.

Edward suspiró hondo, por lo menos no le dolían las costillas, al parecer no había nada roto allí, lentamente se reincorporó y miró a su alrededor, todo seguía como siempre y Jane ya estaba vestida para su práctica.

El cobrizo sentía su rostro hinchado y sus manos le dolían, y su hombro parecía que se lo estuvieran arrancando del puesto, le tiraba y le incomodaba intensamente.

—Jane, por favor...

—Te van a matar, Edward. Vas a morir si sigues con esto, por favor déjalo —le suplicó Jane.

Edward odiaba ver a Jane así, él sabía que la pobre sufría cuando le veía en ese estado, pero no le podía hacer ningún tipo de promesa, él no podía dejar de hacer eso porque si lo hacía, entonces morirían de hambre, ella dejaría de estudiar y también dejaría de hacer lo que más le gustaba que era bailar.

—Es por nuestro bien, Jane. No me importa —añadió rápidamente cuando la pequeña abrió la boca para replicar— romperme el rostro unas cuantas veces siempre y cuando podamos comer bien, podamos estudiar y tú sigas bailando. ¿O acaso ya no quieres bailar?

La niña bajó los ojos, dolida. El baile era su vida, su segundo amor. No podía dejar de bailar... Edward sabía eso y supo que ella diría que no. Edward asintió para sí mismo, besó a su hermana en el tope de la cabeza y suspiró.

—Creo que tengo que ir al hospital... —balbuceó Edward, tirando un poco de su hombro y gritando cuando se movió, sintiendo todo el dolor desde el hombro hasta la punta de sus pies.

—Creo que sí —jadeó Jane.

Con mucho esfuerzo, Edward se levantó de la cama y caminó hacia el baño, todo lo hacía con extrema lentitud, procurando no lastimarse sin querer alguna parte adolorida, lo cual era todo.

El espejo en su pequeño baño de casa lo evadía consciente de la situación en la cual se encontraba: molido a golpes. No quería verse las marcas, ni la sangre, ni nada. Solo quería quedarse en cama y dormir por el resto de la eternidad, pero fue entonces cuando se recordó que no podía ir al hospital. ¿Cómo demonios iba a explicar los golpes y su rostro casi desfigurado?

Con un suspiro, buscó en los gabinetes unas pastillas para el dolor de cabeza y algún antiinflamatorio y se lo metió a la boca, sacando agua del lavamanos para tomar.

Se sentía como mierda y él parecía vuelto mierda.

—Creo que... —dudó la niña, sin saber qué hacer cuando escuchó a Edward chillar, saliendo de la habitación—. Ay, Edward...

—Estaré bien, mugre —se apresuró a decirle Edward, sonriendo con paciencia.

Pero Jane miró preocupada a su hermano, no podía dejar de negar con la cabeza y quería llorar. Sus labios se formaron en un mohín y le tembló el labio inferior.

—Oye, mugre, ya es hora de irnos, ¿no? —la distrajo Edward. Jane asintió—. Deja me meto a bañar rápidamente y nos vamos...

La niña parecía a punto de decir algo, pero se lo pensó bien y asintió, volviéndose para irse y dejar a su hermano. Edward gimió cuando hizo esfuerzos enormes en bañarse como pudo, apenas se quitó la sangre y el olor a sudor y pelea. Fue un suplicio, cada vez que alzaba el brazo izquierdo, todo se ponía negro y miles de punzadas de dolor lo dominaban, haciéndolo apretar los dientes con fuerza. Casi llora de dolor, pero se obligó a terminar de arreglarse y hacer todo lo posible por verse bien para Jane... Y para Bella. En ese puto instante no cayó en cuenta que iría a ver a Bella en la academia, donde seguramente ya estaría esperando a Jane ansiosa... Seguramente le preguntaría qué pasó y entonces él ya no podría mentir, tendría qué decirle la verdad…

—Oh, mierda —se quejó. Tanto por la expectativa de qué decirle a Bella como por el tirón de dolor que no dejaba su hombro.

De mala manera cerró la llave de la ducha y salió del baño, tomó lo primero que encontró de ropa en su cuarto, lo cual eran unos jeans desgastados, unas Converse y una camisa ligera, y salió de la habitación para encontrarse con Jane en la sala, viendo un punto fijo en la pared, ya vestida para su práctica de Ballet y triste. Edward suspiró hondo.

—Vamos, mugre, es hora —le dijo suavemente, caminando hacia ella.

Jane volteó hacia la procedencia de la voz de su hermano y lo miró de pies a cabeza, la mueca que se formó en su rostro al ver los cortes en uno de sus pómulos y cejas, y los moretones en el rostro de Edward, no la pudo reprimir.

La pequeña rubia tomó su bolsa y se la colgó en el hombro, acercándose a su hermano, ella le tendió la mano y él se la cogió entre las suyas, todas golpeadas, Jane miró eso y un nudo se instaló en su garganta.

—Estoy bien —repitió Edward, tratando de no hacer un movimiento brusco y aguantando el dolor del hombro lo más que podía. La pequeña asintió y juntos emprendieron hacia la academia.

El viaje fue tortuoso para Edward, cada paso que daba eran como si miles de cuchillos se clavaran por todo su cuerpo, el hombro le dolía como el infierno y no podía dar un paso sin perder el aire, no obstante se aguantó y gracias a quién sabe qué cosa, pudo llegar sin desmayarse.

—Pude haber venido sola, de vez en cuando lo hago —dijo la niña, con sus ojos azules llenos de preocupación al ver a su hermano jadear cuando casi llegaban a la academia—. Te veo muy mal, Edward, deberías ir...

—Estoy bien, Jane —dijo serio, mirándola a los ojos. No quería que su hermana se preocupara por él, su única preocupación debía ser los estudios y el baile, nada más—. Y ya deja de preocuparte por mí, si te digo que estoy bien es porque lo estoy, ¿de acuerdo? —Sabía que estaba siendo brusco con su hermana, pero era la única manera en que ella dejara de mortificarse, la pequeña bajó la mirada y asintió—. Además, no podía faltar a tu ensayo general, mugre —agregó suavizando las cosas, queriendo brindarle una sonrisa, pero sentía todo su rostro entumecido.

Alzó los ojos para ver la academia de baile y vio a Bella ahí, esperándolos enfrente de la misma, una sonrisa empezó a formarse en su rostro pero desapareció al darse cuenta de cómo estaba. Empequeñecida, con la cabeza baja y casi queriendo desaparecer. Y frente a ella, una chicas, una rubia alta y una morena bajita.

—Oh, no es cierto —gruñó enfadada Jane, olvidándose de su hermano y echando a correr hacia Bella. Solo ella podía desplazar a Edward ante los ojos de Jane de esa manera... Intentó caminar más rápido, consciente de cómo su hermana les gritaba a la rubia y a la morena, Bella miraba sorprendida a Jane y cómo su cuerpo gritaba de dolor—. ¡Aléjense de ella, ustedes dos, perras! —gritaba Jane, realmente enojada.

La rubia se rio socarronamente. Ninguna de ellas se había dado cuenta de que Edward estaba cerca.

—Oh, vamos, enana de circo. Largo de aquí —le espetó la rubia, mirándola con condescendencia.

—El problema es con Mudita Swan, enana, desaparece de nuestras apreciadas vistas. —La enana morena miró mal a su hermana y Edward ya estaba empezando a temblar de rabia contenida. Nadie le decía así ni a Bella ni a Jane.

—Lo que le hagan a ella, me lo hacen a mí. ¡Largo de aquí, brujas del mal! —Jane se puso en garras, protegiendo a Bella con su cuerpecito.

Bella miraba asustada a las tres chicas, abriendo y cerrando la boca. Quería hablar, lo veía Edward... Pero por algún motivo, ella no podía hablar más que con él y su hermana. Y esas brujas del mal, como les dijo Jane, se aprovechaban de ello.

—Vamos, Jane. No queremos causarte más problemas con Melani... Digo —añadió la rubia, sonriendo con falso cariño—, a menos que quieras que a la Mudita Swan la castiguen por culpa tuya.

Jane abrió la boca, pero la cerró. Miró a Bella y ella negó con la cabeza.

—Basta ya, Rosalie, Alice —murmuró, pero apenas Jane la pudo oír.

—¿Qué? —La morena se puso una mano como cono, fingiendo escuchar a Bella—. ¡No te escucho, mudita!

—Ha dicho que es suficiente —habló entonces Edward, mirando con frialdad a las dos chicas. Bella lo miró con alivio y luego con miedo y sorpresa. ¿Qué diablos le había pasado...? Las otras dos chicas también lo miraban sorprendidas, solo Jane lo miraba con suficiencia.

—¿Disculpa? —graznó la rubia, enarcando una ceja perfectamente delineada.

—¿Acaso eres sorda? —se quejó Edward, gruñendo. Jane ahogó una risita y hasta Bella sonrió dentro de su estupefacción al verlo así—. Evidentemente, sí. Bella ha dicho —acompañó sus palabras pasando un brazo sobre los delicados hombros de la chica y ahogando un gemido de dolor— que basta. Y yo les digo: vuelvan a decirle así a mi hermana y a Bella y me importará un bledo que sean mujeres. Les patearé el culo.

Las dos chicas abrieron la boca y chillaron, mientras que Bella sonreía más ampliamente y Jane se largaba a reír.

—¡Qué imbécil...! —gritó ofendida Rosalie, alejándose dos pasos de él.

—Tú no eres nadie para ofendernos. La mocosa se metió, como siempre. Y Mudita Swan tiene bastantes años como para defenderse sola —le espetó furiosa Alice. Nadie la iba a ofender, mucho menos un bombón que a duras penas se podía mantener de pie—. ¡Así que jódete, cabrón, nosotras haremos lo que queramos, cuando queramos!

—Oh, claro, háganlo —les dijo con melosidad Edward, una sonrisa demasiado dulce en su rostro magullado—. Háganlo, ofendan a mis —enfatizó la palabra— chicas y sus traseros nunca más podrán servir ni para cagar.

Las otras dos volvieron a abrir los ojos alteradas, pero otra voz respondió por ellas.

—Haga eso, joven... y su hermana quedará expulsada, al igual que la joven Swan.

Jane y Bella jadearon al voltearse y ver a Melani detrás de ellos con el rostro rojo de furia y lanzando dagas con los ojos a Edward, Bella se puso un paso frente a él, protegiéndolo de su mentora.

—No —suplicó apenas en un murmullo.

Melani la vio con indiferencia.

Edward miró a la mujer que estaba frente a él, pero Bella intentaba cubrirlo de ella, aun así él era más alto y pudo observar a aquella mujer. Toda elegante, con un body entero y mallas, su cabello recogido perfectamente en un moño como los que su hermana usaba y zapatillas de ballet, la mujer lo estaba mirando con desprecio, él sabía quién era ella, él sabía que ella era la directora de la academia así que tragó en seco, pero aun así mantuvo un posición defensiva.

Alice y Rosalie temblaban en sus puestos, pero a la vez sonreían al escuchar a Melani hablar de esa manera sobre Bella. ¿Dónde había quedado la protectora mentora que la ayudaba y cubría siempre que podía? Al parecer eso había desaparecido.

Por su parte, Bella tenía plasmado el terror en sus facciones y Jane no estaba mucho mejor que Bella. ¿Por qué había tenido que aparecer la señorita Melani en ese momento? ¿Por qué?, se preguntaba la pequeña, refugiándose un poco con el cuerpo de Edward y Bella a la vez.

—¿Qué es todo este desorden en la academia, señoritas? —ordenó saber a las presentes.

Alice y Rosalie se miraron entre sí, sin saber qué decir, y Bella no hablaba, estaba muerta de miedo, fue la pequeña Jane que respondió.

—Eso puede preguntárselo a las brujas de Rosalie y Alice. —Al instante la pequeña se tapó la boca con una mano. Eso iba a ser un regaño de seguro.

Melani la miró reprobatoriamente. Ninguna de sus alumnas decía malas palabras, ella las formaba para que fueran unas excelentes bailarinas, pero también para que fueran unas completas señoritas entre la sociedad.

—Modales, señorita Masen —casi le ladró la directora.

A Edward todo se le revolvió, observando como Jane se encogía en su puesto.

—Sí, señorita Melani. Lo siento —se disculpó Jane, tomando una posición recta, justo como Alice y Rosalie lo estaban, inclusive la propia Bella inconscientemente se había puesto rígida.

Melani la ignoró y enfocó la mirada en Bella, diciéndole todo con la mirada. Advirtiéndole.

—Señoritas, pueden irse, y que sea la última vez que las encuentro en una situación tan degradante como esta —musitó con voz seria Melani, dirigiéndose hacia Alice y Rosalie, quienes corrieron al salón de ensayo en menos de lo que cantaba un gallo—. Ahora, ¿será que usted me puede explicar por qué amenazaba a mis alumnas de esa manera, señor Masen? Le recuerdo que está en una institución privada y que usted es mayor de edad y ellas no, si algo les llega a suceder usted será el responsable de eso, ya que las ha amenazado, ¿está consciente de eso? —le increpó ella, mirando con asco las heridas en su rostro magullado. ¿Dé que clase de película callejera había salido aquel joven? ¿Y por qué Bella estaba tan cerca de él?

La expresión facial de Melani se distorsionó por completo cuando vio que Edward tocaba el hombro de Bella, apartándola con suavidad de su cuerpo, a mucho pesar, y daba un paso hacia Melani, dándole la cara. Él no era de esos que se escondía, él batallaba sus propias luchas.

—Lo siento, señorita Melani —empezó cordialmente Edward, mirando de reojo a Bella que lo miraba a su vez preocupada—, pero esas... chicas, estaban ofendiendo a mi hermana y a Bella, no podía quedarme ahí escuchando sin hacer nada.

—¿Y por eso las tenía qué ofender de esa forma? —estalló Melani, más enojada porque le plantó cara que nada.

—Oh, bueno... Entonces dígame de qué manera puedo hablarles cuando estoy escuchando como le dicen a mi hermana que se vaya a la mierda y a Bella que es una muda.

Fue el turno de Melani en quedarse callada, con los ojos como platos. Oh, Rosalie y Alice...

—Isabella. —Miró a la aludida fijamente—. ¿Es cierto?

—Sí, profesora —admitió Bella. Y le dio de lleno. Nunca le decía profesora a Melani. Nunca. Notó la incredulidad en los ojos de su mentora y casi quiso sonreír, triunfante—. Yo no... Usted sabe que yo...

—Entiendo, Isabella.

Por la voz cortante de Melani, parecía que sí. Pero estaba enojada con ella, así que no le tendría nada de compasión.

—Siento si ofendí a sus alumnas, señorita Melani —se apresuró a decir Edward—. Pero no iba a quedarme callado.

—Eso ya lo ha dejado claro, señor Masen. —Melani miró con frialdad a Edward y algo de repugnancia—. Pero le sugiero que se aleje de esta academia, y de mis chicas, inmediatamente si no quiere que su hermana y la señorita Swan paguen las consecuencias.

—¡Eso no es justo! —soltó de golpe Jane, bastante enojada—. ¿Permite que Rosalie y Alice nos ofendan aunque queramos defendernos, pero no permite que mi hermano nos defienda?

—¡No grite, señorita Masen!

—¡Me vale! ¡No voy a dejar que ofenda a mi hermano cuando sí deja que nos ofendan a Bella y a mí!

—Jane Masen, es...

—Tiene razón. —Las tres personas se voltearon para ver a Bella, que estaba perfectamente parada, con las manos enfrente de ella y unidas, viendo calmadamente a Melani. Por primera vez, aunque no para Melani, había hablado en voz alta, como una persona normal.

—¿Qué? —gruñó Melani, frunciendo el elegante ceño.

—Que tiene razón... Jane tiene razón —añadió Bella, sin dejar de verse tranquila—. Edward solo nos estaba defendiendo. Y se lo agradezco mucho. No veo cuál sea el problema, profesora.

Melani estaba ardiendo en furia. Nunca, en todo el tiempo que se conocían, Bella le había hablado así. Los Masen tenían la culpa, de eso estaba segura.

—El problema es que está amenazando a mis alumnas, en mi academia —enfatizó "mis" y "mi" con furia. Bella parpadeó dos veces, inocente.

—Pero, profesora —Bella se volteó, mirando a todos lados, con expresión confundida—, estamos fuera de la academia. Técnicamente, ni siquiera estamos pisando la acera... —Señaló la calle, donde estaban parados. Frente a ellos, la academia se alzaba imponente. Bella sonrió ligeramente al ver la mirada furiosa de Melani.

Abrió y cerró la boca dos veces, ganándose las miradas expectantes de los chicos y la niña.

—Luego hablaremos, Isabella —le amenazó fríamente. Miró a las chicas—. Entren inmediatamente. Y usted, señor Masen, le aconsejo se mantenga alejado de las señoritas Hale y Brandon. —Y de paso de Isabella Swan, pensó con odio la mujer. Lo volvió a mirar con repugnancia y se dio la vuelta, elegante y furiosamente, entró en la Academia y Jane y Bella suspiraron de alivio.

Edward observó como la mujer entraba a la academia, realmente furiosa y se quedaba de pie mirándolos, esperando la entrada de su hermana y Bella, pero no le importaba, él estaba más preocupado por el hecho de haber escuchado hablar a Bella en un tono, que él, en esas semanas que llevaba conociéndola, no lo había hecho.

—Bella... —susurró él, mirándola sorprendido, pero ella negó con su cabeza.

—Hablamos después, ¿sí? —preguntó ella, observándolo con sus brillantes ojos preciosos. Ella estaba hermosa como siempre, el moño de bailarina la hacía ver más elegante y estilizada de lo que era.

—Pero... —Ella lo cortó, negando con su cabeza.

—Hablamos después —le repitió y Edward notó el significado tras esas palabras, no solo hablaban de lo que había recién ocurrido, sino de su rostro y Bella se lo comprobó al hacer una mueca de dolor cuando alzó la mano, dubitativa y rozó su mejilla no lastimada, él cerró los ojos y algo tembló dentro de él.

—De acuerdo —contestó con obediencia, sonriendo a Bella.

Ella le regresó la sonrisa y una mirada dubitativa pasó por su rostro. Esperó unos segundos y tomó aire, volviéndose a poner en puntillaspara besar suavemente su mejilla magullada, dejando tras de sí un suave y dulce hormigueo, en la mejilla de él y sus propios labios. Edward la miró sorprendido, pero con una sonrisa en su bello rostro. Jane controlaba su emoción, intentando no saltar en sus puntas y gritar de alivio. Bella dio una última mirada dulce a Edward, y tomando la mano de Jane, juntas cruzaron hacia la academia. Edward sonrió como si se sintiera en un sueño y suspiró, pero se quedó de piedra al ver la cara seria de Melani. Por un muy mal momento, sintió que ella sería algo malo entre Bella y él. E inclusive para Jane.

Él le sostuvo la mirada y la profesora se dio la vuelta siguiendo a su hermana y a Bella, él suspiró y se dio la vuelta para irse para su casa. Ya no vería el ensayo general de Jane, pero la vería en la presentación y sabía que sería espectacular.

Tal vez todo su cuerpo estuviera magullado, tal vez todo su cuerpo doliera, pero en ese momento todo había desaparecido, solo había sido suficiente una sola cosa: el beso de Bella. Fue en ese momento que se dio cuenta, con terror, de dos cosas: la primera, Bella era su aliciente, para todas sus heridas y ya lo sabía, ese beso simplemente le había regenerado el alma y la segunda, él, Edward Masen, el chico que peleaba para poder sobrevivir día a día, estaba jodidamente de una manera muy retorcida, enamorado de Isabella Swan, la chica de ballet. La chica que de ahora en adelante, sin saber, se había convertido en lo mejor de su vida, aparte de Jane.

—Joder, estoy enamorado —se susurró Edward, riendo con nerviosismo, pero la sonrisa nunca abandonó sus labios.

Ahora lo difícil sería saber qué sentía Bella por él, porque si ella le correspondía, haría todo lo posible para estar con ella. Le gustara o no a los demás.


*Nos escondemos por pena* ¡Hola!, luego de miles de años, ¿Cómo están? ¡Feliz año nuevo! esperamos que la hayan pasado de lo superhipermegagenial *-*

Ahora, ¿qué les ha parecido el capítulo? Debemos decirles que fueron 36 páginas de Word O.O, creo que es el capítulo más largo hasta los momentos, de igual manera sabemos que se lo merecen por la larga espera :c , lo sentimos pero hay cosas que se nos escapan de las manos.

De corazón esperamos que el capítulo les haya gustado y si es de su agrado nos dejen un comentario diciendo que les pareció

En nuestra opinión personal estamos muertas de amor por Edward boxeador sexy Masen *-* ¿Y ustedes?

Muchas nos enviaron MP preguntando si la historia continuaba y sí, si sigue, aun queda mucha tela que cortar, de hecho ya tenemos estructurado lo que será el próximo capítulo, así que esperamos no tardar tanto como antes, y sí, dirán que siempre decimos lo mismo, pero lo intentaremos.

Y ya no tenemos más nada que decir, solo que nos recuerden y muchisímas gracias a todas esas personitas que se tomaron la molestia de preguntar, de comentar y de agregarnos en sus favoritos y a las lectoras silenciosas, besos silenciosos.

Les recordamos que la historia tiene un trailer y el link lo pueden encontrar en mi perfil de FF así como el link del grupo de Marie y el mío propio por si se quieren unir.

Beshotes y abrazotes.

—Travesura realizada —

21/01/2014