Harry Potter ni ninguno de sus personajes me pertenece. Todo es propiedad de J. K. Rowling. Menos la idea, claro.


Capítulo seis: Harry Malo.


Harry golpea el pie contra la mesa una, dos, tres, cuatro veces, y le da un sorbo a su café. Está caliente y amargo, y su lengua queda ardiendo luego de ese trago, pero prefiere quemar su lengua hasta el punto de no poder hablar, que iniciar la maldita conversación con Malfoy. De acuerdo, él insistió en hablar; en buscar respuestas; y ahora se arrepiente. No lo hace porque no quiera escuchar la historia del rubio, sino porque sabe las pocas probabilidades que tiene de poder sacar algo de información del susodicho. Es más probable que vaya a terminar frustrado y enojado, que aliviado y satisfecho.

Diablos, ya se sentía cansado con sólo imaginar el rumbo de la conversación:

"Y entonces... Malfoy, ¿qué-"

"Vete a la mierda, Potter".

Seee... no, para nada alentador.

Es irónico, Harry debe admitir, que ganándose la vida investigando, atrapando y haciendo confesar criminales, no se sienta capacitado para hacer lo mismo con Malfoy. ¡Él es uno de los mejores Aurores, qué diablos! ¿Por qué tendría que ser diferente? Peor aún, ¿por qué se siente diferente con Malfoy? ¿Por qué siquiera lo está ayudando tanto? Su vida ya es bastante un caos por sí misma, ¿por qué se esmera en complicarla aún más? No es su obligación hacer esto. Entonces, nuevamente, ¿por qué siente que es su obligación, incluso más fuerte que antes, cuidar de alguien como el ex Slytherin?

Oh... oh, ok... wow... wow, wow. ¿Cuidar? ¿Él? ¿A este petulante? ¿Desde cuándo?

Vale, Harry ya está exagerando. La frustración lo hace pensar idioteces. Lo pone irritable y provoca que sus emociones se vuelvan turbias y raras porque en ningún escenario, vida paralela, o lo que sea, él cuidaría de... de ese sujeto. Jamás. Nunca. En ninguna puta vida.

Y ya, basta de distracciones. Volvamos al tema.

―Entonces... Malfoy ―intenta comenzar Harry, aun sin saber como encarar el tema.

―Vete a la mierda, Potter ―escupe el rubio. Y bueno, el castaño no puede decir que no lo vio venir.

Un bufido se le escapa, apoyando la taza de café contra la mesa aplicando un poco de fuerza innecesaria. Muy bien. Perfecto. Si Malfoy quería jugar al auror malo, eso es lo que iba a obtener.

―Primero, madura, Malfoy. Segundo, como la única persona que te está mostrando compasión en estos momentos de tu vida, deberías mostrarte más predispuesto a colaborar conmigo, ¿no crees? Creí que teníamos un acuerdo pactado ―Harry no quería que aquello sonara tan brusco y realista, pero su paciencia y buena voluntad tienen un límite.

Su sentimiento de culpabilidad y su bondad interna ya es otro tema. En cuanto vio a Malfoy sufrir una breve expresión de suplicio; y por breve se refiere a un segundo; y por suplicio se refiere a la cara de dolor que un hombre pone cuando es pateado en sus partes sensibles; se arrepintió de hablarle así. Por supuesto, no lo suficiente como para pedirle disculpas o retractarse, pero sí lo justificable como para hacerse la nota mental de pensar sus palabras antes de decirlas.

Por favor, ¿el gran Harry Potter, el ex gryffindor más noble, valiente e impulsivo del último siglo, intentando controlarse ante una serpiente como el rubio? ¿En serio? Eso es algo que hasta sus oscuros enemigos gozarían de ver. Eso es algo que hasta él mismo quisiera ver a decir verdad y por lo que se encontraba muy confundido en estos momentos.

Aun sin poder descifrar lo que estaba pasando de malo con él, el suspiro de la persona que tenía enfrente hizo que, por su bien, decidiera dejar el asunto de lado. Acomodándose bien en su sitio, Harry supo que Malfoy iba a ponerse a hablar cuando este clavo sus hermosos ojos grises en su rostro, mostrando una vulnerabilidad sincera y que trataba de quedar oculta.

Esperen, ¿hermosos?

―Ignoraré tu forma de hablarme, Potter, y dejaré en claro que no te debo nada por voluntad propia. Pero está bien. Accederé a contarte la razón por la cual tuve que aceptar la ayuda de... la paria ―Harry abrió la boca, ofendido y cansado, listo para recordarle que era su sillón el que iba a ocupar por los siguientes meses y la mano que le estaba dando de comer―. Di una palabra y me iré, sin importarme tener que llevarme a Scorpius conmigo a quién sabe dónde ―amenazó enseguida Malfoy, aunque Harry cerró la boca en el mismo instante en que las palabras "me iré" fueron dichas. Al parecer muchas cosas estaban mal con él hoy―. Buen chico. Bien, entonces... hum... ¿por dónde empezar? ―cavilaba en voz baja, acariciando su mandíbula.

Por alguna razón, el auror tuvo que despegar sus ojos de esa mandíbula delineada, tragar saliva fuertemente para disipar la sequedad de su garganta a medida que recorría el blanquecino cuello de su acompañante, y reprenderse mentalmente por tener que salir de un estupor que no tendría que estar en primer lugar.

―¿Que tal si me cuentas qué te dijo tu abogado cuando tus padres...? ―Harry dejó la frase inconclusa. La mirada de advertencia de Malfoy le daba una pista de que no estaba dispuesto a recordar lo que pasó con sus padres, a pesar de que él no tenía ni idea.

―No es de tu incumbencia lo que pasó con mis padres. Sólo diré que en estos momentos me alegro que estén tan sepultados como los tuyos ―Los insultos siguen siendo tan sutiles como siempre, reconoció Harry, enojado, pero por primera vez hizo uso de su auto control y no interrumpió. Draco lo observó conforme y continuó hablando en un tono cada vez más sombrío―. Toda mi vida creí que tenía un padre que me amaba y una madre que velaba por mí. Jamás me demostraron los contrario. Incluso cuando Scorpius nació, ambos estaban orgullosos de decirle al mundo que tenían un nieto y parecían ser capaces de dar sus vidas por él. No estoy dudando de su amor, sé que nos adoraban, es por eso que no me puedo explicar su descuido. Es decir, soy consciente de lo muy odiados que er-somos los Malfoy, como bien pudiste comprobar, y sabía que algunos tomarían venganza contra nosotros. Y por lo visto mi error fue ese: pensar que mis padres eran tan conscientes como yo del peligro que corríamos.

Harry no pudo evitar retorcer sus dedos al escuchar las palabras de Malfoy. El hecho de haber pasado por una guerra cuyo objetivo era acabar con la discriminación, le parece ahora uno de los conceptos más lejanos e impensados teniendo en cuenta la actualidad.

―Lo siento, Malfoy. Verdaderamente creí que era un cuento viejo y que tod-

―¿Qué? ¿Imaginaste que hacíamos círculos humanos donde todos nos tomábamos las manos y nos decíamos lo mucho que nos queríamos? Por favor, Potter, entiendo que estés ciego, pero tu ceguera interior ya sobrepasa la línea de lo ridículo ―dice con desdén. No está irritado con Harry, sin embargo. Es sólo el recuerdo de su madre blanca y fría lo que todavía lo atormenta―. De todas formas, ninguno dejó un testamento, ni nada nombre mío. Ni siquiera las empresas, por ende tampoco conservé mi trabajo. Y como sabrás, Malfoy Manor, a menos que tenga un sucesor legal, le corresponde al jodido Ministerio de Magia, ya que para que mi padre pudiera conservar la casa y un techo para nosotros, se vio obligado a firmar un contrato, el cual decía que, al ser la casa embrujada donde Voldemort decidió hibernar, a menos que tenga un heredero legítimo, y por legítimo aclararon que tendría que estar contratado en un testamento, la mansión pasara a ser del Ministerio y puesta en venta. Así que, bien, esta es la fabulosa historia de cómo el pobrecito Malfoy se quedó atrapado entre las garras caritativas de Harry heroico Potter. Fin.

―Veo que el cinismo no pudieron sacártelo, eh ―se burla Harry, aunque en realidad lo hace para evitar que su pecho se contraiga más.

Aun si es Malfoy el que está narrando, el sentimiento de comprensión lo abruma por completo y lo arrastra al recuerdo de su yo de once años, que no tenía nada más que un hueco debajo de las escaleras. Claro que Malfoy por suerte tenía a su hijo junto a él y a... bueno, a Harry también a decir verdad.

Ajá, lo sabía, picarón. Míralo, Harry Bueno, hasta ya está bromeando con él ―Harry Malo apareció de repente sobre su hombro, codeándole la cara con complicidad.

Y justo cuando él que comenzaba a pensar que el día podría mejorar.

Déjalo, están formando el comienzo de una amistad. No los molestes ―dijo Harry Bueno en defensa de Harry. Aunque hubiera preferido que se quedara callado. O que nunca hubiera aparecido en realidad.

¿Amistad, dices? ¡Já! ¡Estás ciego como el mismo Harry, idiota! ―cuestionó Harry Malo, sonriendo engreído, como si supiera algo que ni siquiera el mismo Harry sabía.

―Mi cinismo es mi marca distintiva, Potter. Es como tu cicatriz, nadie te reconocería sin ella ―contrarrestó Malfoy, sonriendo socarrón.

Más allá del sorprendente hecho de que Malfoy estaba sonriendo, Harry tenía que aclarar su mente ya mismo si no quería perder la oportunidad de hacer las preguntas correspondientes. El tema es que ni los labios finos del rubio, ni la jodida mente del Héroe Mágico, que creaba mini-yoes con el simple motivo de molestarlo, le hacían la tarea fácil. Le hubiera gustado que solo los mini-fastidiosos sean la verdadera distracción de esta situación.

Ok, esperen... ¿qué?

―Sí, eso veo ―dijo Harry, apurando su café en su garganta. Se preguntó en qué momento comenzó a sentirse tan a gusto en compañía de Malfoy como para ahora querer dar por finalizado su encuentro de inmediato―. Volviendo al asunto, algo en todo esto no me cuadra.

―¿Ah, sí? ¿Y qué podría ser? ―cuestiona Malfoy, frunciendo el ceño. El rubio ya había repasado los sucesos de su vida con bastante minuciosidad y está muy seguro de que nada se le pasó por alto como para que ahora viniera el grandioso Harry Potter a contradecirlo.

―Que legalmente, aun con el Ministerio detrás de ustedes, le corresponde al hijo heredar absolutamente todo. Lo sé porque eso fue lo que pasó cuando mis padres murieron, heredé su fortuna y todo lo demás.

La de por sí fantasmagórica cara de Draco Malfoy, parecía haberse vuelto más pálida. Sus ojos grises se agradaron como una lechuza. Y su boca se abrió de la impresión. Harry estaba confundido ante la sorpresa de Malfoy. ¿No se suponía que los herederos sabían de estas cosas? En especial alguien como los Malfoy. Su duda quedó en la nada cuando Malfoy desinfló su cara de sorpresa y pasó a una expresión de verdadero fastidio.

―¿Cuán idiota crees que soy, Potter? Sinceramente. ¿Crees que no sé nada de eso? ¿Qué no averigüé y me asesoré con mi abogado? Por Salazar, estoy frente a un completo inútil ―Las manos de dedos largos y pulcros cubrieron el bonito rostro de Malfoy con dramatismo, como si realmente él fuera el mártir de la situación.

Quizá lo era, Harry tuvo que decirse. Y... esperen, ¿bonito?

―¿Abogado? ¿Con cuál abogado hablaste de esto? ¿Cuál era su nombre? ―cuestiona Harry, impaciente, rogando porque no fuera quién él creía que era.

―¿Y eso qué relevancia tiene? ―se queja Malfoy, quitándose las manos del rostro, harto y sintiendo que tiene más de mil años encima.

―¡Sólo dímelo! ¿Ok? ―pide el castaño.

―¡No me grites, Potter! ¿Quién te crees que eres? ―Por supuesto, el rubio no iba a colaborar enseguida para hacer el trabajo de Harry más fácil. Mucho menos si le ordenaban algo.

―¡El único que te escucha y quiere ayudarte, Malfoy! ¿Qué te parece eso? ¡¿Tiene suficiencia relevancia para ti?! ―eleva la voz el auror, parándose de su asiento y poniendo las manos contra la mesa, perdiendo los estribos.

―¡Ya quedó claro que eres un salvador, San Potter! ¿Cuántas veces más en el día vas a repetirlo? ―grita Malfoy, parándose también.

Es en ese momento, mientras ambos están en la misma posición, listos para atacarse, cuando a Harry se le ocurre hacer la cosa más estúpida que alguna vez hizo. Sí, todos sabemos que él ha hecho cosas muy estúpidas, una más grande que la otra, pero no cree que alguna estupidez pasada o futura pueda ser capaz de superar esta. Sólo imagínense la tensión entre los dos adultos, las emociones expuestas y las rabias fluyendo. Bueno, la rabia; sólo la de Harry, que, dicho sea de paso, no estaba siendo correspondida. Entonces, figúrense el calor que recorrió al castaño cuando vio el dolor expuesto de Malfoy en aquellos ojos grises ni bien terminó de gritarle en la cara.

¿Qué hubieran hecho ustedes al ver eso? Probablemente, no hubieran besado a Malfoy. Quizá nadie hubiera besado a nadie en una situación así. Mucho menos a Malfoy. Es por eso que Harry no entiende cómo fue que terminó tomando la mandíbula del rubio y besándolo sin espacio ni tiempo, sin piedad y con un desespero que tenía rugiendo a su pecho por más.

Él realmente no lo entiende.

―¿Harry?

Y, bueno, mierda. Parece que tampoco va a tener tiempo para comprenderlo. Y en serio debería dejar de besar a Malfoy justo en este momento. Principalmente porque esa voz inconfundible que lo está llamando es la de Ron Weasley, su mejor amigo y su cuñado, quien no suena para nada feliz.


N/A:

Holuuuu.

Bien, no tengo excusas para haberme tardado DOS AÑOS. Sólo diré que muchas cosas pasaron, pero nunca pensé abandonar este fic. De hecho, a varios de ustedes se los dije. Siempre pienso terminar mis proyectos. De lo contrario, este fic hubiera sido eliminado. Pero no, y acá estoy, 333.

Espero que ustedes estén también, jajajaja. He visto sus comentarios, sus favs y sus follows a lo largo de estos años, y may gad, no lo podía creer. Muchas gracias. Y muchísimas gracias por esperar y, como ya dije, espero que todavía lo estén porque hasta que este fic no tenga final escrito y yo diga que es el último capítulo, no lo dejaré.

Finalmente, quiero que disfruten del capítulo lo más que puedan; no está corregido ni beteado ahora, pero lo haré más tarde. También quiero que estén al tanto de que ya estoy escribiendo el cap. que viene, pero ténganme paciencia porque estoy en periodo de exámenes, trabajos, parciales y etc., y las cosas se complican. Pero al menos ya escribí el principio y eso es mucho. En el próx. cap. finalmente se desatará lo inevitable que prometí para este cap, pero que no escribí.

Con esto me despido, besotes llenos de amor a todos.

Recuerden: sus reviews son lo que me mantiene viva, si no los dejan, destuyen uno de mis horrocruxes.