Los personajes de Twilight no me pertenecen, y la historia tampoco, es de Cella Ella; solo me adjudico la traducción, la cual la hago con el respectivo permiso de la autora.

Hola, bienvenidos. Disfrútenlo.


Capítulo 6 — La confesión

Escogí el único vestido femenino que tenía en el guarda ropas, un regalo de Charlie cuando cumplí los 17 años. Era un vestido negro, simple, pero que tenía un corte impecable y un escote maravilloso en el frente. Con un buen maquillaje y unos tacones altos estaría lista.

Me maquillé con cuidado, usando por primera vez otros colores del estuche de maquillaje que Alice me dio de regalo. Generalmente usaba apenas el color negro.

Me coloqué el vestido, con cuidado para no borrar al maquillaje, y me calcé las sandalias de tacón alto. Mi cabello era la parte más fácil, era solo cuestión de secarlo, pasando las manos por los finos cabellos para que quedara de la manera que quería. Me miré en el espejo y me llevé una sorpresa al ver la imagen que estaba siendo reflejada.

—Muy bien. —Sonreí y tomé mi bolsa, saliendo del cuarto. Bajé las escaleras lentamente mientras oía a Charlie murmurar:

—Bells, a qué hora vas… —Mi padre no terminó la frase, me miraba con la boca abierta, completamente sorprendido. Me mordí los labios y lo miré insegura.

—¿Y entonces, papá? ¿Cómo estoy? —Charlie silbó y luego sonrió, mirándome de los pies a la cabeza.

—¿Bells, a quien quieres matar vestida de esa manera? Estás linda, querida, una verdadera mujer —comentó y sonreí aliviada, la opinión masculina siempre era bienvenida.

—Gracias papá. Realmente adoré este vestido. Gracias por habérmelo dado —murmure, colocándome en la punta de los pies para besarlo.

—El placer fue todo mío, Bells —dijo y tomé las llaves de mi camioneta, dirigiéndome hacia la salida.

—Chao, papá —me despedí ya desde el jardín.

—Diviértete, querida —gritó mientras entraba en mi camioneta—. Y no te preocupes, tu encanto no termina a la media noche.

.

.

.

Estacioné en frente de la mansión de los Cullen y miré hacia la agitada fiesta en la parte de adentro.

"Hora de encarar a las fieras, Swan" pensé, respirando profundo.

Entré en la casa, lentamente, buscando a Alice. La casa estaba repleta de gente; Alice, como siempre, había invitado a toda la escuela. Era una loca.

Me mezclé entre la multitud que bailaba al ritmo de la música electrónica comandada por un Dj. Hasta ahora estaba todo bien, todavía no me habían reconocido. De pronto, alguien me tomó del brazo y me giré, sonriendo inmediatamente.

—¿Bella? —Mike me miraba incrédulo—. ¿Eres tú? —le sonreí y me miró sorprendido—. ¿Qué pasó contigo? Uau, estas muy guapa.

—Gracias, Mike. ¿Viste por ahí a Alice? —Mike me miraba medio ido, creo que estaba demasiado sorprendido con mi nuevo aspecto.

—¿Alice? Ah, sí... está por ahí, sabes cómo se pone con el día de su cumpleaños. Está emocionada con tantos regalos —habló, sonriendo sin gracia. Creo que la nueva Bella tenía intimidado a Mike.

—Bien, Mike, voy tras de ella, pero si la ves, avísale que ya llegué y que la estoy buscando —pedí, intentando apartarme. Balanceó su cabeza, concordando y después gritó.

—¿Bella, después bailas conmigo? —Me giré y sonreí.

—Claro, ¿por qué no?

.

.

.

Encontré a Alice en medio de la pista, bailando con un chico de la escuela. Casi se asusta al verme, se tiró encima de mí, abrazándome.

—¡Bellaaaaa! ¡Sabía que no ibas a dejar de venir! —dijo mientras casi me sofocaba en su abrumador abrazo—. Uau, traes todo en ese vestido. ¡Lo amo!

—Valió. —Le brindé una sonrisa deslumbrante y le entregué el regalo—. Felicidades, Alice. —Sonreí mientras regresaba a abrazarme.

—Gracias, Amiga. Voy a colocarlo junto con los otros regalos, ya regreso —avisó y salió corriendo, desapareciendo de mi vista.

El chico que antes estaba bailando con Alice me haló hacia la mitad de la pista, bailando a mí alrededor. Sonreí y seguí sus pasos, bailando al ritmo de la música electrónica. Si, sabía bailar.

En las horas libres Alice y yo adorábamos colocar el sonido alto y bailábamos ese tipo de música. Era un poco torpe, pero por lo menos había servido para alguna cosa. No le envidiaba nada a ninguno de los que estaban bailando en la pista.

Fue en ese momento que lo vi, recostado en un lado de la sala, con cara de pocos amigos. Cómo estaba de lindo y como movía a mi corazón, aunque ni siquiera había notado mi presencia. Pero como si me leyera la mente se giró y encontró a mis ojos, su expresión inicialmente era de confusión, pero después una sorpresa invadió a su rostro al reconocerme.

Sonreí cínicamente y después desvié la mirada, concentrándome en el chico frente a mí, quien intentaba de todas las maneras impresionarme. No estaba muy acostumbrada con ese tipo de atención y no sería ahora que empezaría a lidiar con eso.

La música cambió completamente, pasando ahora a un ritmo más lento. El chico estaba a punto de pedirme que bailáramos cuando oí a una voz susurrar.

—Lo lamento, amigo, pero este baile es mío. —Me congelé donde estaba, mi cuerpo inmediatamente reaccionó a aquel timbre inconfundible. Edward se giró hacia mí y sonrió.

—¿Bailas conmigo? —preguntó, exactamente del mismo modo como lo hizo aquella tarde en mi casa.

Y exactamente de la misma manera me tomó de la cintura, halándome hacia él, sin que pudiera al menos balbucear alguna cosa.

Bailamos pegados al cuerpo del otro, su olor me enloquecía como siempre pasaba. Fue Edward el primero en quebrar el silencio que se instaló entre nosotros.

—Debo admitir que sabes sorprenderme, Bella. —Me conducía perfectamente, nuestros movimientos en armonía con el ritmo de la música.

—Tengo algunas cartas bajo la manga, Edward —hablé, siguiendo su juego.

Edward sonrió y su mano descendió por mi espalda, lentamente, mientras luchaba para respirar.

"Enfócate, Bella, no te dejes intimidar." Intentaba repetirme eso mentalmente. Pero a medida que Edward pasaba las manos por mi cuerpo me quedaba prácticamente imposible hacer cualquier tipo de comentario.

Bailamos por mucho tiempo, no me estaba importando lo que la gente pensara o dejara de pensar. Estaba aquí para eso, para ser vista. De pronto, Mike apareció e interrumpió mi baile con Edward.

—¿Bella, puedo? —preguntó, intentando ignorar a Edward.

Sonreí a Mike y me liberé de las manos de Edward, que intentaban a toda costa retenerme.

—Claro, Mike, lo prometido es deuda. —Le guiñé, apartándome de Edward.

"Así es que me gusta" pensé sonriendo.

Alice corrió hasta donde Edward estaba, en el momento siguiente, empezaron a bailar. Abracé a Mike con cariño y bailamos lentamente, es decir, intenté bailar con él; la verdad es que mi amigo no podía coordinar un pie, ya había pisado mi pie veces incontables, pero no estaba recamando. Dejé que Mike me condujera de la mejor manera, sabiendo que Edward no me quitaba los ojos de encima.

Cerré los ojos, dejando que la música penetrara en mi alma, dejándome liviana. Cuando los abrí nuevamente Alice había desaparecido, Edward estaba con Jessica en brazos.

Me sentí mal inmediatamente, mi momento había acabado. Me aparté de Mike murmurando cualquier disculpa y salí de la pista de baile, queriendo irme de esa casa. ¿Pero qué era lo que quería? ¿Qué Edward viniera a mi encuentro y me apartara de los brazos de Mike para estrecharme en un beso apasionado? ¿Desde cuándo soñaba despierta?

La noche había acabado para La Cenicienta aquí. Era hora de volver a ser la cenicienta simplona.

Salí de la casa de los Cullen precipitadamente, buscando el lugar donde había estacionado mi camioneta. Me acerqué al carro y busqué las llaves en mi bolsa, pero no las encontré. Me desesperé, no podía haber perdido las llaves. Fue ahí que vi a una mano blanca extendida delante de mis ojos, las llaves estaban en esas manos. Miré hacia arriba y vi que Edward me veía sonriente.

—Me puedes golpear porque jugué sucio, pero como sabes, también tengo algunas cartas bajo la manga —dijo, y en seguida me haló más cerca de él, capturando mi boca en un beso enloquecedor.

Inmediatamente envolví su cuello con mis brazos, colocándome en la punta de los pies, ansiando más. Se recostó en la camioneta y me apretó más cerca su cuerpo, mis senos siendo aplastados por su pecho musculoso. Su lengua invadía mi boca de tal manera que me hacía flotar. No conseguía reaccionar, solo conseguía pensar en cómo era de bueno todo eso y en cómo quería que no acabara.

Edward pasó las manos por mi nuca, acariciando la curva de mi cuello. Gemí y solté un largo suspiro mientras mi lengua sentía la dulzura de sus labios. Se apartó y me miró a los ojos, nuestras respiraciones eran agitadas, sentía mi boca hinchada a causa de sus besos. Sonrió y me estrechó en un abrazo mientras hacía cariños en mi espalda. Aproveché ese contacto para inhalar un poco de su tentador perfume.

—¿Ya te dije que juegas conmigo de todas las maneras, Swan? —preguntó, sus manos jugando en mi espalda, dejando un rastro de puro fuego.

—Depende de lo que eso signifique, Cullen —respondí, totalmente entregada a sus caricias.

—Bien, significa que ya no consigo pensar en otra cosa más que no sea tu boca maravillosa —susurró, acercándose para un beso más, al cual, correspondí con gusto.

Pero después me aparté, recobrando un poco de mí conciencia.

—Edward, creo que a tu novia no le va a gustar ni un poquito esto que estás haciendo, entonces es mejor que me vaya —dije, queriéndome ir lo más pronto posible, estaba nuevamente en terreno peligroso. Pero Edward me lo impidió, halándome del brazo.

—¿Novia? ¿Qué novia? —preguntó y lo mire confusa. Después, mi mente se dio cuenta de lo que él estaba queriendo decir y lo miré seria.

—Eres una gallina, eh, Edward Cullen. Apuesto que debes haber terminado con Jess esta noche y no perdiste tiempo, quieres picotear en otro lugar —acusé, liberándome de sus manos. Había regresado a ser lo que era—. Siento decepcionarte, querido, pero conmigo la historia es diferente —le previne, entrando en mi camioneta, queriéndome ir lo más rápido posible—. Que tengas una buena noche, Cullen. —Encendí el carro y se apartó de mi camioneta, mirándome.

—Bella… espera, Bella. —lo oí gritar, pero no respondí, ya estaba con la camioneta en marcha.

Ahora se las quería dar de seductor, pero iba a quebrar su cara conmigo si intentaba algo más.

.

.

.

La luz del día siempre trae la vergüenza de la noche que pasó. Y conmigo no fue diferente.

Me arrepentí de haber ido a la fiesta de Alice con esa ropa, me arrepentí de haber provocado a Edward. Solo no lograba, aunque quisiera, arrepentirme de haber correspondido a sus besos.

Fui a clases sin ánimos, mi cabeza estaba doliendo por culpa de una noche mal dormida; y cuando no dormía bien era difícil lograr alimentarme. Pero algún día, a ese ritmo, no estaría solo necesitando de descanso.

Entré en el salón con la cabeza baja, sabiendo que los rumores sobre mí, ahora, se habían ido a otra dirección, estaban rondando sueltos por el salón. Edward estaba sentado en el lugar de siempre e intenté retardar al máximo los pasos hasta mi lugar, no estaba con ánimos de oírlo.

Pero para mi sorpresa él no dijo nada, ni al menos un buenos días. Lo encontré extraño, después de lo que había pasado entre nosotros la noche anterior. Definitivamente era un caso interesante para ser estudiado, ya que mi mente estaba dividida: había un lado que me animaba a patear el trasero de Edward, y el otro que quería verme suspirando de amor por él. No sabía cuál lado me dominaba.

Edward no me miró en ningún momento, su rostro estaba muy serio, su expresión era firme. Millares de preguntas surgían en mi mente, quería saber el motivo de la seriedad por su parte.

Fue así durante todo el día. En la hora del receso busqué a Alice, pero no estaba en ningún lugar. Fui a buscarla queriendo disculparme por no haberme quedado hasta la hora de la felicitación, ya me había ingeniado una disculpa cualquiera en mi cabeza, y esperaba ser convincente. Doblé por el corredor vacío y encontré a Alice y a Edward conversando o mejor, discutiendo.

Me quedé quieta en mi lado cuando oí mi nombre ser pronunciado. Era demasiado tarde para intentar no ser indiscreta, estaban hablando sobre mí.

—No te puedo creer que hayas besado a Bella y después la dejaste ir —Alice hablaba reprendiendo a su hermano mayor.

—Intenté conversar con ella, Alice, pero sabes cómo es de obstinada, como nadie —oí a Edward responder, soltando un largo suspiro.

—Pero debes haber intentado conversar con ella, Edward. ¿Te está empezando a gustar? —Alice preguntó y casi me caigo al suelo, mis piernas flaqueaban sin una explicación posible.

Había llegado la hora de la verdad.

Oí a Edward quejarse con alguna cosa incomprensible, pero después murmuró:

—Ella… bien, ella me confunde, Alice, y no sé si eso significa que me está gustando; pero la verdad es que Bella juega con mis nervios y no logro sacármela de la cabeza.

Y en ese momento olvidé como respirar. ¿Yo, Isabella Swan, la chica más extraña de la escuela, la más temida también, confundía a Edward Cullen, el chico más popular y más sexy de la escuela, el enemigo mortal de… Isabella Swan?

Eso era demasiado para mí. Claro que por dentro estaba soltando fuegos artificiales, loca por salir bailando por las calles, feliz de la vida. Pero ahora, ¿cómo quedaban las cosas? Ahora sabía que se sentía atraído por mí, ¿y qué más da? Podría estar intentando hacer la misma cosa que venía haciendo yo hace décadas: podría estar ocultando esa atracción.

Y la pregunta más importante: ¿quería que hiciera eso?

Sentí mi garganta trabada, no conseguía pensar en una respuesta para esa pregunta.

Alice retomó mi atención al hablar:

—Si te sientes atraído por ella es mejor que te lances, y a partir de ahí empezar. —Percibí que Edward suspiraba exasperado.

—¿Y crees que todavía no lo intento? —preguntó Edward con rabia—. Pero ella es más evasiva de lo que pensaba. Lo intenté, Alice, ayer en tu fiesta, pero no lo conseguí.

Mi corazón dio un brinco dentro de mi pecho, mi cabeza rodó y tuve que enfrentarme a un hecho: estaba sintiéndome la última Oreo rellena del paquete. Entonces no era tan extraña, había conseguido llamar la atención de Edward Cullen. Sonreí halagada. Punto para Bella Swan.

Pero ese era el momento de la verdad para parar de oír la charla, solo que nadie avisa cuando el momento correcto surge, y realmente no estaba preparada para lo que seguía.

—¿Ya le contaste a Bella que fue Jessica la mentora del rumor absurdo? —Alice preguntó y sentí a mi cuerpo quedarse en shok.

Jessica, la inútil mimada y dada de superior, la novia o, ex novia de Edward, fue ella quien me difamó frente a la escuela entera.

Sentí la rabia brotar y dominarme, incapacitándome para pensar. Solo conseguía actuar. Salí de mi escondite, disparada hacia la cafetería, ignorando las caras de sorpresa de Alice y de Edward. Mi rostro estaba muy rojo, lo que siempre pasaba cuando tenía ataques de furia.

No me di cuenta que ellos me estaban siguiendo, solo lograba pensar en acabar con la raza de Jessica Stanley.

Entré en la cafetería volando, buscando al objetivo de mi ira, que estaba sentada al lado de otras inútiles mimadas iguales a ella. Salí disparada hasta donde estaba, ignorando a quien intentara evitar que diese un bello correctivo a Jessica.

Halé a la rubia por el cabello, derrumbándola al suelo mientras una multitud se amontonaba a nuestro alrededor, curiosos, ávidos de una batalla.

—No tenías derecho de esparcir esa mentira respecto a mí, Jessica. —Gruñí, todavía halando su cabello. Era débil, no ofrecía ninguna resistencia.

—Suelta mi cabello, machorra. No dije ninguna mentira. ¡Ay! —Gruñó cuando halé su cabello con más fuera—. Solo mírate, Bella, nunca vi a una persona más tosca. Está claro que eres lesbiana —dijo ella y miré el coraje que tenía.

Jessica realmente no sabía con quien se había metido.

Simplemente levante mi puño en dirección a su nariz, dándole un golpe, quebrando su hermosa naricita con la mayor felicidad. Rápido, no necesitaba nada más.

Gritó exageradamente, se llevó las manos a su nariz que dejaban escurrir un hilillo de sangre. Edward me tomó de la cintura, quitándome de encima de Jess.

—¿Qué piensas que estás haciendo, Bella? ¿Quieres joderte aún más? —preguntó, su mirada recriminatoria.

—Solo le di a Jessica su merecido, Edward —sisee, mi voz muy calmada.

Me ignoro y fue a socorrer a Jessica, que lloraba compulsivamente, con las manos en su nariz.

—Calma, Jess, voy a llevarte a la enfermería —dijo Edward y la abrazó gentilmente.

La furia me invadió nuevamente, yo era la víctima en toda esa historia, yo era quien tenía que ser consolada, yo fui a quien llamaron lesbiana, yo fui quien tuvo la reputación manchada. Al contrario de eso, todo lo que recibí fueron miradas de recriminación.

Bufé, saliendo rumbo a la dirección, estaba más que hastiada con todo eso, merecía un buen descanso. Nada como una semana de suspensión.

Entré en la oficina del director sin ser anunciada, ignorando los gruñidos que él dio.

—Mire director, antes de que alguien venga a pronunciarse, tomé la delantera. Sí, acabé de quebrar la nariz de Jessica Stanley y sí, me pude suspender. Estoy lista para mi castigo.

Y ya me podía imaginar el sermón que me llevé del director Henderson, y para mi decepción no fui suspendida, en consideración a Charlie, quien no merecía tener más dolores de cabeza con una hija tan problemática como yo. Solo me llevé una advertencia y fui mandada a casa, sintiéndome impune.

¿Ah, para que servían los castigos si no habían verdugos que estuvieran dispuestos a ejecutarlos?

Regresé a casa, con rabia por no haber sido castigada, pero feliz por haberme vengado.

"La venganza era un dulce en la boca de quien se vengaba. Pero para Jessica, la venganza debe haber tenido un sabor amargo" pensé sonriendo.


Muito, muito obrigada, Cella Ella.


Bien, hasta aqui llego, por hoy :D

Que levante la mano quien siente la venganza como un dulce en la boca… \o/ … amo a esta Bella.

¿Qué les pareció el capítulo? ¿Qué tal estuvo el beso? :P espero sus opiniones con ansias.

Gracias por sus favoritos, alertas, visitas clandestinas a leer, sus reviews, los cuales leo muy emocionada, son un pago realmente estupendo.

Espero les siga gustando la historia, perdón por no actualziar en la mañana, pero no me fue posible.

Esta semana voy a actualizar hasta el jueves, me pondré a hacer capítulo para mi fic "El parque" así que nos leemos pronto, que tengan un bonito inicio de semana.

Beijos

Merce