Hola! Qué tal? Aquí Mitsuki-Wing con una nueva historia!^^

Esta es mi decimoctava historia, la octava que es de Soul Eater (en general), la sexta historia larga (aunque "Lo que nos une" tan solo consta de tres capis :P), siendo esta la cuarta historia larga de Soul Eater :)

Tras terminar "Palabras Silenciosas", la verdad es que no he perdido el tiempo en ponerme a escribir esta historia =P Es que es una idea que llevaba mucho tiempo en mi cabeza, y tenía ganas de darla forma… Aunque eso sí, me decía que, hasta que no terminara "Palabras Silenciosas", nada de nada XD Si comienzo muchos fics, luego no tendré tiempo para continuarlos a todos con cierta periodicidad. O eso me digo :P

Podría decirse que he escrito este primer capítulo en tiempo record! XD (Ojalá hiciera lo mismo con todos los capis de mis fics… -.-).

Así que, como cada vez que subo un nuevo fic, espero que le den una oportunidad y les guste.

Disfruten leyendo!^^

Pd. Como curiosidad, decir que a mí siempre me ha encantado la temática de los sueños :) ("Mitsuki, no creo que a nadie le interese eso." "¿Ah no? Bueno, pues yo aun así lo digo" XD).

**..**

DREAMS

"Todo lo que vemos o parecemos es solamente un sueño dentro de un sueño"

Edgar Allan Poe.

Sueño I: El preludio de un sueño

"Dime, ¿crees en la magia?"

Estaba oscuro. No se veía nada a mí alrededor. Pero podía verme a mí. Un punto de luz en la inmensa oscuridad. No tenía miedo. Porque escuchaba esa voz.

-No-contesté-La magia no existe.

"Pero te gustaría que existiera"

La voz era suave y aguda. Podría tratarse de un niño o una niña.

-Sí, me gustaría. Pero eso es solo un sueño.

Una niña apareció ante mí, como otro punto brillante en la oscuridad. Era yo de pequeña. Tenía ocho años.

Sonreía.

"¿Un sueño? Entonces… ¡Soñemos!"

*.*.*

Al abrir los ojos, fui consciente de que había soñado. Pero no recordaba de qué trataba.

Antes de que la bruma pudiera volver a llevarme a la inconsciencia, sonó el despertador, y como sabía que, en cuanto lo apagara inmediatamente, volvería a dormirme, había optado por dejarme el despertador lo suficientemente lejos como para que tuviera que deshacerme de las sábanas, ponerme en pie y apagarlo tras decir una maldición.

Anoche aquello me apreció buena idea. Así no me dormiré, pensé. Así no tendría que venir Spirit a molestarme, pensé.

Bufé mientras fulminaba al despertador, que se encontraba en mi escritorio, en vez de en mi mesilla de noche (donde le habría apagado de un ágil movimiento de muñeca, o de un tortazo, si se diera el caso), que indicaba las 07:03 en hora digital.

Bostecé y me estiré, me calcé mis zapatillas de estar por casa, que tenían forma de oso, y que abrigaban como tal (en verano hacían que me sudaran los pies) y me dirigí al baño a asearme.

Mis ojos verdes me devolvieron la mirada en el espejo, somnolientos, pidiéndome más descanso.

"Otro día será"

-Buenos días, Maka-mi padre sonrió al verme bajar por las escaleras.-Hoy te has levantado bastante bien.

-Sí-comenté, mientras me iba haciendo mis dos coletas.

-Es que, como siempre te cuesta mucho coger el sueño… Siempre te duermes de madrugada y nunca te levantas a tu hora…

Puse los ojos en blanco y me saqué mi taza que rezaba "Soy el primero al que besas por la mañana", lo cual era ingenioso, teniendo en cuenta que mis labios se posaban en esa taza para beber una leche que no me gustaba. Tal vez por eso no haya dado tanto el estirón, a pesar de tener ya quince años, e ir a tercero de secundaria.

-Buenos días, Spirit.

-Papá-puntualizó.

-Papá-repetí.

Me hice un par de tostadas, saqué la mantequilla y la mermelada de fresa.

Desde que Spirit me quemó unas tostadas, y se cargó la tostadora, no le dejo acercarse a ella (la nueva tostadora, me refiero), ni tampoco prepararme el desayuno.

-Entonces, ¿has dormido bien?-me preguntó, con una sonrisa que sabía que escondía más de lo que aparentaban esas palabras.

-…Sí. Como siempre-comenté mientras terminaba mi tostada.

Tras terminar de desayunar, lavarme los dientes y vestirme, me calcé las botas para irme a clase.

-Me voy.

-¡Que tengas un buen día, Makita mía!

Cerré la puerta para esquivar su abrazo. No me gustaba que me diera abrazos. Al menos, no de esos que me hicieran rezar por poder coger aire, de lo mucho que me apretaba.

Death City dormida era como una ciudad fantasma, y eso le daba un toque tétrico que no le quitaba encanto.

La brisa matutina, junto con el silencio que le acompañaba, era agradable. Por supuesto, no tenía en cuenta a los perros a los que sus dueños sacaban a hacer sus necesidades. Nunca recogían nada, por lo que era como andar por un campo de minas (siendo las minas esas caquitas tan hermosas de esos animalejos). Supongo que por eso yo no tenía un perro. De tener un animal, tendría un gato.

Con la mochila a cuestas, y después de caminar un buen rato, la fachada del Shibusen se avistó en la lejanía, al igual que sus largas e insufribles escaleras, que, quería pensar, solo me servían para tener buenas piernas y culo. Y para llegar a mi colegio, ya puestos.

A pesar de haber hecho la primaria en otro colegio de Death City, me trasladé al Shibusen para cursar mi secundaria, por lo que su aspecto de castillo (ridículamente) grande ya no me sorprendía.

Al igual que yo, muchos estudiantes se dirigían a sus puertas, ya que las clases pronto comenzarían.

Bostecé por enésima vez aquella mañana.

¿Por qué seguiré siendo incapaz de conciliar bien el sueño…?

-Maka, ¡buenos días!

Su voz atronadora resonó en todo el aula cuando me vio entrar por la puerta.

-Buenos días, Black Star-correspondí al saludo, aunque en un tono de voz saludable.

Dejé mi mochila en mi sitio.

-¿Qué? ¿Hoy no te has dormido?

-No. Pero, me haya dormido o no, sabes que siempre llego puntual a las clases, Black Star, a diferencia de ti.

-Eso debería herir mi orgullo, ¿verdad?

-Nada ni nadie podría herir tu gran orgullo, Black. Ni tu ego tampoco.

Sonrió ampliamente.

-¡Cómo me conoces! Por supuesto, siendo un dios como soy, ¿quién podría herirme en el orgullo, siendo los demás tan insignificantes como son respecto a mí? ¡Deberían alabarme! ¡Idolatrarme!

Esbocé una sonrisa cansada.

Este chico con complejo de dios, y ególatra a más no poder, era mi mejor amigo desde hacía tres años, desde que entré en el Shibusen.

Tenía sus propios problemas, a parte de los de hiperactividad, pero era un buen chico.

-M-Maka… B-buenos…días…

-Buenos días, Chrona.

Sonrió tímidamente.

Chrona Makenshi era, actualmente, la única amiga que tenía. Era tartamuda, muy tímida, y no socializaba muy bien con las personas, debido a que tiene un leve autismo. Y también, era adoptada.

-Buenos días.

Todos nos giramos para mirarle, y le devolvimos el saludo.

-Hola, Kid.

Y este es Death the Kid. Maníaco del orden e hijo del director del Shibusen (razón por la cual los demás parecen tenerle cierto respeto y miedo), al cual, por cierto, yo nunca había visto (no había hecho nada para que me mandaran a su despacho, a diferencia de Black Star…), y que cree que su vida es una mierda por el simple hecho de no ser simétrico, de no ser perfecto. Daba igual las veces que le dijeras que "Nadie es perfecto", porque en ese tipo de casos, Black Star, que se creía perfecto, no ayudaba es absoluto. Siempre terminaban discutiendo, pero eran amigos, dentro de lo que cabe.

Black Star se empeñaba en decir que era gay, y tal vez yo también podría pensarlo, pero yo creo que le gusta Chrona, o, al menos, querría que le gustara Chrona, ya que a Chrona le gusta Kid.

-¿Habéis hecho los deberes?-les pregunté.

-Sí-respondieron Kid y Chrona, aunque esta última con su característica tartamudeo.

-¡No!

Suspiré.

-Black, en serio, deberías hacer los deberes, aunque tan solo fuera una vez por semana.

-Nah, es perder el tiempo. ¿Por qué no me los dejas copiar?

-Black Star…-dije en tono de advertencia.

-Oh, vamos, sé que no te importa. Además, en casa no me puedo concentrar para hacer deberes o estudiar.

Le miré por unos instantes y terminé por aceptar.

-Está bien.

-¡Yuju! Gracias, Maka, eres la mejor. Aunque no mejor que yo, claro.

-Sí, sí… Lo que tú digas.

-Por cierto, se te ve cansada-comentó Black Star-¿No has dormido bien?

-No mucho.

-¡Ja, ja, ja! ¿Qué estarías haciendo durante toda la noche?-reía.

Le lancé un libro a la cabeza.

-No tienes remedio-dijimos Kid y yo.

Chrona asintió, dándonos la razón.

Black Star seguía riendo, pese a todo.

Y estos eran mis amigos. El chico con problemas de hiperactividad, el chico maníaco del orden, y la chica tartamuda. Yo era la chica empollona y devora libros, y ya solo por ello me tachan de friki. Y que además, vivía sola con su padre desde que su madre pidió el divorcio hace casi tres años.

Éramos un grupo un tanto estrafalario, tal vez, pero éramos ignorados (o en el peor de los casos, intimidados porque se metían con nosotros) por el resto de los alumnos. No importaba, nos teníamos los unos a los otros, y yo era feliz con mi grupo de amigos. Aunque…antes las cosas fueran diferentes.

-Callaos, y sentaros en vuestros sitios-dijo Stein de mal humor nada más entrar en clase.-Vamos, y sacad vuestros libros. A no ser…-se le iluminaron los ojos de manera macabra, que hacía juego con su sonrisa-…que queráis ser diseccionados.

Nuestro profesor loco.

Desde luego, había de todo en el Shibusen…

Llamaron a la puerta.

Stein maldijo que le interrumpiera la clase, aunque aún no había empezado a darla, y abrió la puerta.

-Oh… Vaya, Evans, otra vez tarde.

-…

-Entra, pero que no se vuelva a repetir, ¿me oyes? O…

-Sí, sí… Coges un bisturí y me sacas las tripas. Lo sé. No paras de repetirlo todos los malditos días.

Muchos compañeros de clase rieron.

Stein le miró como si realmente quisiera hacer aquello en aquel momento.

-Vete a sentar.

Cerrando la puerta del aula tras de sí, con las manos en los bolsillos, y con una cara de total indiferencia y dejadez, Soul Evans entró en clase, y llegando tarde, para variar. Tenía ojeras bajo los ojos, y me pregunté si no habría dormido mucho por la noche, como yo. No pude evitar sentirme preocupada, pero nunca lo diría. Nunca se lo diría.

Hasta que entramos en la secundaria del Shibusen, Soul y yo habíamos sido mejores amigos, amigos de la infancia inseparables. Pero, cuando entramos en secundaria, cuando teníamos trece años, todo cambió. Él empezó a distanciarse de mí.

Le pregunté qué le pasaba, pero contestaba con evasivas, o, simplemente, no contestaba. Y yo dejé de insistir. Y nos alejamos de la vida del otro.

Y así, pasamos a ser unos completos extraños. Ahora, como mucho, éramos compañeros de clase.

Y eso me dolía. ¿Por qué? Porque estaba enamorada de él. Desde hace mucho tiempo atrás. Pero él nunca lo sabrá. Además, actualmente, está saliendo con Tsubaki Nakatsukasa, de las chicas más guapas de nuestro curso y, qué demonios, del Shibusen también. Según tenía entendido, llevaban mes y medio juntos. Y yo no podía hacer más que morirme de la envidia.

Recuerdo que cuando me enteré de su noviazgo lloré aquella noche, y no pude dormir en absoluto, aunque no distaba de lo normal, ya que, a fin de cuentas, no soy capaz de dormir bien desde hace mucho tiempo. Al día siguiente, me dio igual. Seguía doliendo, pero no es como si pudiera hacer algo al respecto. Soul y yo ni siquiera éramos amigos ya. Y había sido él quien le había pedido a ella que saliera con él. Y ahora, eran la pareja más popular del Shibusen. No por algo los dos eran condenadamente guapos.

Ambos siempre habían estado en la élite, en el "Grupo de los populares", ese grupo que parecía que siempre tenía que haber en todos los colegios. Igual que el de los raritos, que en el Shibusen estaba compuesto por mis amigos y yo.

En este grupo de los populares estaban, además, Liz y Patty Thompson, las bellas gemelas extranjeras, y Harvar, el guaperas de las gafas "chic" (que a mí me parecían sacadas de una película de ciencia ficción).

Éramos completamente opuestos, y toda esa mierda de "vivir en diferentes mundos". Me daba rabia, mucha rabia. Porque él venía a jugar a mi casa, y yo iba a la suya. Spirit no le veía una amenaza (a fin de cuentas, tan solo éramos niños), y su familia era muy amable conmigo. Aunque su madre era muy estricta y autoritaria; me caía mejor su padre, más afable. Pero me gustaba mucho Wes, el hermano mayor de Soul. Me gustaba oírle tocar el violín. Yo no entendía mucho de música, pero me encantaba lo que oía, y era porque, según decían: "Tenía un don para la música. Es increíble lo bien que toca". Y a él le encantaba tocar. Era una parte de sí mismo, me dijo en una ocasión.

Al parecer, Soul no era tan bueno. No tocaba el violín, sino el piano. Recuerdo que nos sentábamos juntos en el taburete, y él intentaba que recordara una cuantas notas por mi parte del piano, para tocar una partitura a cuatro manos, pero era imposible. Para mí lo era.

Me pregunto si Soul seguirá tocando el piano…

Aunque eso sí, los duetos de Soul y Wes, eran mágicos.

"Magia…"

"Dime, ¿crees en la magia?"

Mm… Eso… Lo he soñado, ¿verdad?

*.*.*

La campana del Shibusen resonó como un réquiem del final de un día.

-¡Por fin se acabaron las clases por hoy!-exclamó Black Star-Puf, menos mal, creí que no lo contaba…

-Pues a ver qué tal se te da sobrevivir mañana, habiendo examen de biología.

-¿¡Qué!? ¿Examen? ¿Mañana? ¿Cómo?

Enarqué una ceja.

-Black, ¿es que acaso no escuchas nada en clase?

-Mm… Solo un poco-sonrió.

Resoplé.

Su ausencia de preocupación le traerá problemas, y, por lo menos sus notas, ya lo reflejaban. Aunque siempre podía recurrir a mí, y lo hacía, aunque estaba harta de que, a pesar de pedirme ayuda con los deberes y los estudios, siguiera sin dar un palo al agua, o se quejara cuando se supone que le estoy ayudando. Si no quiere mi ayuda, ¿para qué pedírmela?

Era un dejado, y yo sabía la razón. Y por eso le dejaba a veces los deberes, o le ayudaba a estudiar. Aunque solía quejarme de ello.

-¿Por qué siempre me lo pides a mí?-le pregunté en una ocasión.

-Porque nunca dirás que no-me dijo-Siempre eres así. Te piden algo, y eres incapaz de rechazarlo.

-…Me sentiría mal al rechazar algo que me pide alguien.

-¿Ves? Por eso eres una buena persona, y sigues intentando ayudarme, a pesar de ser un caso perdido.

"No soy una buena persona", recuerdo que pensé en ese momento.

Al salir del Shibusen, vi a Soul y Tsubaki besarse. Aparté la vista, y noté la cara caliente, y me pregunté por qué me seguiría importando aquello.

Al menos, sabía que no era la única a la que no le gustaba aquello.

-¡Chrona!

"Mierda", me mordí la lengua.

Chrona sonrió al verla.

-Ho-hola… M-madre…

Miré a Medusa Gorgon de hito en hito.

Era la madre adoptiva de Chrona, que, desde que la conozco, sé que ha estado soltera. La mayoría de las personas la ven como una gran madre entregada con una niña que fue abandonada en un orfanato cuando era un bebé y con problemas para relacionarse con los demás. Y venía a recogerla casi todos los días al colegio.

"Sí, la madre ideal", bufé al pensarlo.

Chrona no compartía el apellido de su madre por una razón. Me lo explicó cuando la pregunté por ello, hace ya muchos años.

-E-es… El nom…nombre que…que me d-dieron…en…el o-orfanato… A-así que… Q-quiero con…conservarlo… Y…Y… A m-madre no le i-i-importó.

-Hola, chicos-saludó.

-Hola-respondimos.

-Gracias por cuidar siempre de Chrona.

-Nah, no es nada, señora-dijo Black Star.

-Es un placer-dijo Kid.

-Mm…-asentí con la cabeza.

Medusa me miró, con una sonrisa un tanto forzada.

-Mm… Maka, ya que tu casa pilla de camino… ¿Quieres que te baje en coche?

Pasé de largo y no respondí, y Black Star y Kid me siguieron, despidiéndose de Chrona y su madre.

-Maka-volvió a llamarme Medusa.

Me di la vuelta y sonreí.

-Hasta mañana, Chrona.

Y seguía andando con mis amigos, camino hacia mi casa.

-Maka-habló entonces Kid-Deberías, por lo menos, haber dicho "No, gracias". Ya sabes, por educación.

-Ya lo sé-refunfuñé-Pero siempre se ofrece a lo mismo, y siempre la digo que no. Me tiene un poco harta.

-Joder, lo que daría yo porque pudieran llevarme en coche-dijo Black Star.

-Te lo ofreció una vez-le recordé.

-Sí… Pero no quiero que nadie me lleve a mi casa-contestó.

Y ahí dejamos el tema.

Poco tiempo después, en una bifurcación, me separé de ellos.

-Nos vemos mañana. Y Black Star, ¡no te olvides de estudiar! Vamos, ¡que el examen solo es de un tema!

-Sí, sí… Ya veré lo que hago.

Kid le dio una colleja.

-Deberías hacerla caso de vez en cuando-le reprochó.

Black Star le echó un brazo encima.

-Ah… ¡Todos aliados en mi contra!

Kid se puso rojo, frunció el ceño y se desembarazó de él.

-Es porque los demás tenemos razón.-le replicó-Y no te cuelgues de mí, maldito mono.

-¿A quién llamas mono, flequillo a rayas?

Me despedí una vez más con la mano y me alejé por una de las intrincadas calles de Death City, por donde ya se filtraban anaranjados rayos de sol, al cual se le veía cansado y con ganas de dormir, para dar paso a la luna. Para dar paso a la noche. Durante la cual habría que dormir.

Aceleré el paso.

"Odio la noche", porque no puedo dormir bien.

Ah, y por si no lo había comentado, aunque creo que es perfectamente evidente, no me cae bien Medusa Gorgon.

*.*.*

-Ya estoy en casa-anuncié.

-¡Hola, Makita mía!

Esquivé sus brazos, que buscaban un abrazo.

-¿Qué tal el día?-intentó no hacerse el dolido, aunque ya estaba acostumbrado.

-Bien-dije.

Permaneció un instante en silencio, y al ver su expresión, supe que había algo que quería decirme.

-¿Qué?-le interrogué.

-… Kami ha llamado.

Me quedé quieta en el suelo, como si me hubiera convertido en piedra.

-¿Cómo?

-Dice que hacía mucho que no hablaba contigo, así que… Me ha dicho que la llames en cuanto llegues a casa.

"Dos meses y tres días", eso es exactamente el tiempo que llevaba sin hablar con mamá. Ya no te cuento cuánto desde la última vez que la vi después de que Spirit y ella se divorciaran tres años atrás.

Se había convertido en una mujer que no conocía.

-Spirit…-empecé a decir.

-Papá.

-Papá… No me apetece hablar con mamá…

-Pero, Maka… Ella quiere hablar contigo-por la expresión de su rostro, se veía que no concebía que una hija no quisiera hablar con su madre por teléfono.

Sabía que, si volvía a negarme, no me dejaría tranquila, por lo que le dije que lo haría.

Subí a dejar mi mochila, y bajé para llamar por teléfono.

Al cuarto pitido alguien respondió en la otra línea.

-¿Sí?

Cogí aire.

-…Hola, mamá. Soy yo, Maka.

-Oh, Maka. ¿Ya has vuelto del colegio?

-Sí.

-Y… ¿Qué tal?

-Bien.

-¿Y las notas?

-Bien.

-¿Sigues yendo con ese grupito?

-…Sí.

-Mm… Bueno, me alegra que tengas allí amigos con los que estar, Maka.

-Ya…

Unos momentos de silencio incómodo.

-Y… Eh… ¿A ti, cómo te va, mamá?

-¿A mí? Bien, bien…

Aunque aquello me sonaba a mentira, igual que lo dicho por mí.

-Ajá.

Ninguna de las dos daba detalles, o explicaciones, y ni siquiera estábamos cómodas hablando la una con la otra, y ni siquiera era cara a cara.

Y parecía que no teníamos nada más que decirnos.

-Bueno, pues… Me alegra haber hablado contigo y ver que estás bien… Y… Bueno, pues, ya volveremos a hablar, Maka.

-Sí, mamá. Hasta luego.

Y colgó.

Cuando estaba subiendo las escaleras, encaminándome a mi cuarto, Spirit me interceptó.

-¿Qué tal la charla con tu madre?

-Como siempre.

-Y… Eh… ¿Te dijo si se encontraba bien?-preguntó, preocupado.-Es que a mí no me ha dicho nada…

Sabía que seguía preocupado por mamá. Intenté sonar convincente, cosa que ella no había conseguido.

-…Sí, está bien. Dice que todo es más fácil a cada día que pasa.

Mi padre esbozó una sonrisa melancólica.

-Qué bien.

Porque papá seguía queriendo a mamá, pero ella, le quisiera a él o no, no iba a volver. Nunca más. Y yo lo tenía asumido.

*.*.*

Después de terminar los deberes, me puse a estudiar. Por suerte, al ser tan solo un tema, se hacía un poco más ameno. Con un poco de suerte, sacaré la mejor nota de la clase…

"Mamá estaría orgullosa", pero no lo hago por ella, me recordé.

Tras lo que me pareció tiempo suficiente estudiando (en realidad, es que ya no me entraba nada más y estaba cansada), me tiré a la cama a leer uno de mis tantos libros de fantasía que adornaban mi habitación. Estanterías y estanterías (todas las que cabían en aquel reducido espacio) ocupadas por libros de fantasía, ciencia ficción, romance, drama y distopía, en su gran mayoría. También tenía figuritas de hadas (no de brujas; las figuritas de brujas que tenía las tiré), ositos de peluche, manga y cómic, videojuegos y cuadernos y alguna que otra cosa más.

Así me encontraba, leyendo un libro en la cama con una postura que yo calificaría de antinatural para que no me doliera la espalda (los ojos ya eran otro cantar), cuando sonó el timbre de la puerta, peor lo ignoré.

Cuando sonó por segunda vez, alcé la voz.

-Spirit, ¡están llamando a la puerta!

-¡Es papá!-me llegó su voz desde el piso de abajo-¡Y ahora no puedo abrir! Ve tú, por favor.

Resoplé, frustrada. Coloqué el marca páginas en la 111, me calcé mis pantuflas, y fui a la puerta. El timbre me resultó igual de odioso que el despertador por la mañana.

"Tenemos que cambiar la melodía del timbre"

-¡Ya va!

Abrí la puerta de mal humor, pero en cuanto vi quién había tras ella, todo enfado se evaporó.

-¿Black Star?

Tenía un aspecto horrible.

Tenía golpes y moratones en brazos y cara, y tenía zonas de piel rojas, que debían escocerle.

Su aspecto y ánimo distaban tanto del de esta mañana, que parecía otra persona.

Y yo sabía a qué se debía.

-… ¿Otra pelea?-dije, con cautela.

Asintió con la cabeza.

-Makita~ ¿Quién es?-me llegó la voz de mi padre del interior de la casa.

-Es Black Star, papá. Viene para hacer los deberes junt…-me fijé en que Black Star no llevaba nada encima-Eh… Como ya hemos terminado todos los deberes y de estudiar, viene a pasar la tarde. ¿Te importa, papá?

Miré a Black Star y le susurré algo.

-Te dejo copiarme los deberes, pero solo por esta vez, ¿de acuerdo?

Asintió en silencio.

Mi padre apareció en el pasillo.

-Claro, que pase.

No sé si su entera disposición se debía a que se lo había pedido llamándole papá (dos veces, además), o a que no consideraba a Black Star una amenaza para mí. Cuando me refiero a amenaza, me refiero a que Black Star quiera algo más que amistad conmigo. Pero este ya le había dejado claro a Spirit que podía quedarse tranquilo.

-A mí me gustan las tías con buenas tetas. Y Maka es plana como una mesa.

Por mi parte, le di un Maka-chop, que consistía en lanzarle un libro, aunque el libro no se lo mereciera; Black, como recibía tantos de esos golpes, decidió ponerle ese nombre.

Por parte de Spirit, recibió la aprobación.

Conduje a Black Star a mi habitación, evitando en la medida de lo posible que Spirit viera su aspecto.

Al llegar a mi cuarto, le solté y cerré la puerta.

-¿Quieres pomada o algo…? Puedo curarte las heridas, si quieres. Y tengo tiritas. O mejor, hielo.

-Son solo golpes. Déjalo-su voz salió ronca.

-Vale-no insistí, sabía que era mejor no hacerlo.- ¿Has…podido estudiar algo?

-…No.

Entonces seguro que se hace unas cuantas chuletas, o intenta copiar en el examen, o tira de inventiva, pero en ese tipo de situaciones, era incapaz de enfadarme con él por ello. Tampoco le diré que estudie algo ahora.

-¿Te apetece echar una partida?-le dije, señalando la consola y la pequeña pantalla que había en un rincón de mi habitación.

Asintió con la cabeza.

-¿A cuál quieres jugar?-me puse a mirar títulos y carátulas.

Hizo un amago de sonrisa.

-Al más violento que tengas.

Así, sentados en un par de cojines en el suelo, con patatas fritas, palomitas y varios refrescos, pasamos la tarde.

No le pregunté, porque si quería contármelo, sé que lo haría él por su propia cuenta, y al ver que no lo hacía según pasaba el tiempo y matábamos zombis, supe que no me lo iba a contar. Aunque tampoco es como si lo necesitara.

Entonces decidí hablar yo.

-Ha llamado mi madre.

-¿Sí?-no despegó los ojos de la pantalla, y yo tampoco. Estábamos jugando al multijugador.- ¿Y cómo ha ido la cosa?

-Mm…-mis dedos seguían presionando botones-Supongo que bien, aunque no hemos hablado mucho. Para variar-añadí.

-¿Y eso es bueno?

-No lo creo-comenté.

-Pero hacía mucho que no hablabas con ella.-me hizo ver, metiéndose un puñado de palomitas en la boca; más tarde tendría que limpiar el mando de la consola de grasa.

-Sí, pero… Sé que me llama casi por obligación-dije con resentimiento-Y sé que no me quiere ver, pero se siente culpable por ello y por eso se obliga a llamarme por teléfono.-Black Star no me interrumpió-No quiere verme…por mi aspecto. Lo sé.

Black Star no preguntó.

Puso el juego en pausa y entonces me miró. Tenía una de las mejillas hinchadas lo que le hacía tener un ojo más entornado que el otro.

-Pero sabes que, si no la ves, o no hablas con ella en absoluto, la perderás. Lo sabes, ¿verdad?

-…Sí, lo sé-musité-Y eso es lo que más miedo me da.

-Si lo sabes, entonces no hay problema. Habrá que ver cómo se desenvuelven las cosas, pero tendrás que hacer algo, si ella no pone mucho de su parte. Pero, por lo que me dices, al menos, hace el esfuerzo de seguir en contacto contigo.

Y aunque sabía que aquello en realidad no solucionaba nada, sus palabras me aliviaron.

-Gracias, Black.

Aunque Black Star tampoco sabía todo sobre mí.

-No hay de qué. Ahora, no dejes que te maten tan rápido-volvimos a la partida.

-Eso es porque no me cubres.

-Yo no voy a la defensiva. Siempre ataco.

En eso, sabía que mentía, pero no lo dije.

Todos tenemos derecho a decir mentiras, pensemos o no en sus consecuencias.

A veces, guardar un secreto se asemeja demasiado a mentir.

Y mentir es malo. Solían decírmelo.

*.*.*

-¿Seguro que no quieres quedarte a cenar, Black Star?

-Nah, tengo que volver a casa.

-… ¿Seguro?

-No, pero tengo que hacerlo-intentó sonreír; esperaba que mañana por la mañana volviera a ser el chico sonriente y estúpido de siempre. Con algún que otro moratón.

-Bien, aquí tienes. Mi cuaderno de matemáticas con todos los ejercicios hechos, y los puntos más importantes para el examen de mañana. Por favor, échale un vistazo a todo. ¿Me oyes? A todo-recalqué.

-Ja, ja. De acuerdo, de acuerdo. No te sulfures-cogió lo que le daba, que había puesto convenientemente en una bolsa-Mañana te lo devuelvo.

-Más te vale.

Le saqué una sonrisa.

-Hasta mañana, Maka.

Supe que lo necesitaba, y como yo también lo necesitaba, le di un abrazo, no sin antes revisar que Spirit no miraba, y él me respondió.

-Hasta mañana, Black Star.

Y se perdió por entre las calles de Death City y la oscuridad que empezaba a reinar en el cielo, lo cual, solo significaba una cosa.

"Se acerca la noche"

Y con ello, la hora de ir a dormir.

*.*.*

Tras terminar la cena, antes de la cual me había dado una ducha, recogí junto con mi padre, me lavé los dientes y me puse el pijama.

Cogí el libro que había estado leyendo hasta la llegada de mi amigo, y bajé al salón, donde mi padre estaba viendo un programa de esos de preguntas. Tenían su gracia, y te entretienes a ver si averiguas algo, pero hoy me apetecía sumergirme de lleno en un mundo y no pensar mucho en nada de lo acontecido hoy, aunque no había sido un día malo, realmente. No del todo.

Hay veces que leía allí, con mi padre en el sillón, yo espatarrada (o no) en el sofá, o a veces veía en la tele una serie que me gustaba.

Pero siempre llegaba ese momento. El momento en que él dice…

-Maka… Se ha hecho tarde. Tienes que irte a la cama, que mañana madrugas.

Cerré el libro y contuve un suspiro.

-Sí-me levanté y le di un beso en la mejilla-Buenas noches, papá. Tú tampoco te quedes hasta tarde.

Sonrió.

-Descuida.

Subí los escalones con parsimonia hasta mi habitación. Dejé el libro en cualquier lado y fui al baño a mear.

Antes de regresar a mi habitación, eché un vistazo a la puerta cerrada de al lado.

Conecté la alarma del despertador y pensé que sería mejor dejarlo en el escritorio y no en la mesilla de noche, para así obligarme a levantarme a ir a apagarlo. Seguro que mañana me maldigo por esto.

Pero es lo curioso que tienen las noches. A esas horas, lo que te parece una buena idea, deja de serlo a la mañana siguiente. O no. Misterios de la vida.

Deshice mis dos coletas y me dejé los coleteros en la muñeca.

Apagué la luz y me metí entre las sábanas.

Cerré los ojos, y esperé en dormirme lo más rápido posible.

Porque por las noches, en silencio, mi mente piensa demasiado. Piensa en cosas que no quiere pensar, y me quitan el sueño.

Apreté los ojos con fuerza.

"Tan solo quiero dormir"

Y soñar un bonito sueño.

"¿Un sueño? Entonces… ¡Soñemos!"

*.*.*

Al abrir los ojos, por encima de mí, había cielo y árboles.

Me froté los ojos, bostecé y me incorporé. Miré a mi alrededor.

-Un bosque…-murmuré.

Parecía el bosque de Death City.

Me puse de pie, y caí en la cuenta de que estaba descalza, y, también, en pijama.

"Oh dios mío", ¿no me digas que soy sonámbula, y he venido hasta aquí andando?

Me extrañaba, teniendo en cuenta que nunca me había pasado con anterioridad, y haber salido de casa así, en mitad de la noche, sin que Spirit lo advirtiera (si así fuera, dejaría mucho que desear como padre), o sin que me despertara a medio camino porque alguien me interceptara, como un vagabundo o trasnochador.

Y antes de mirarme las plantas de los pies, que no tenían herida alguna, sabía que estaba soñando. Porque tendría cortes y heridas en las plantas de los pies de haber venido hasta aquí andando descalza desde mi casa.

"Un sueño"

Solo espero que no sea una pesadilla, como tantas otras que me acosaban. A lo mejor, si se trata de una pesadilla, tengo suerte y cuando me despierte no lo recuerdo.

"Si tengo suerte", pero nunca la tengo…

Suspiré.

Aquel sitio era inquietante. Porque estaba en silencio. Ni un solo ruido. Ni el viento, ni ningún animal. Ni siquiera ningún crujido.

-Habrá que salir de aquí-me dije, mientras me sacaba los coleteros de la muñeca y me hacía mis dos coletas.

Empecé a andar, aunque no sabía muy bien en qué dirección.

Por mucho que hubiera estado en el bosque de Death City con anterioridad, aparte de que habían sido pocas veces, aquello era un sueño, por lo que no tenía por qué ser como es exactamente aquel lugar en la realidad.

Curiosamente, me dolían los pies al andar, y comprobé que ahora sí que se me hacían heridas, debido a las piedras y las ramas.

Y se escuchaba mi andar. Cada vez que pisaba una rama. Cada vez que pisaba una hoja. Pero el paisaje no cambiaba.

Entonces, escuché algo.

"¿Un crujido? No… Es más como… ¿Un gruñido? Pero, que yo sepa, no hay animales salvajes en el bosque de Death City…"

"Pero es un sueño, Maka", me recordé.

Un alarido retumbó en el corazón del bosque, y cuando me giré para ver de qué se trataba, un enorme monstruo negro, con olor a putrefacción y humeante baba que resbalaba por sus colmillos me miraba con una única intención: comerme.

Por si aún tenía alguna duda de no estar soñando.

Grité.

Empecé a correr para alejarme de aquel extraño ser, pero me perseguía, y sabía que pronto me daría alcance. Su olor nauseabundo cada vez era más penetrante, por lo que se acercaba… Se acercaba…

Miré por encima de mi hombro y me hice a un lado cuando me lanzó un zarpazo. Destrozó un árbol.

Seguí corriendo, pero, una raíz traicionera me hizo tropezar y caer al suelo. Me clavé ramas y piedrecitas, pero apenas fui consciente de ello.

Me encontraba tendida en el suelo, y aquel ser estaba frente a mí, a escasos metros, con las fauces abiertas y la baba chorreante.

Yo temblaba de pies a cabeza, y tan solo rezaba por que aquella pesadilla terminara de una vez. En mi vida me había sentido tan asustada… Era tan real…

El monstruo gruñó y alzó uno de sus brazos, con enormes garras, y supe que todo pronto acabaría. Cerré fuertemente los ojos.

Escuché al monstruo gruñir nuevamente, y sus alaridos se sucedieron, pero yo seguía sin sentir nada.

Abrí tímidamente los ojos, temiendo ver algo que no quisiera, pero lo que vi me dejó tan desconcertada que solo atisbé a abrir los ojos como platos, de la impresión.

Un chico, con una especie de guadaña, había cortado al ser negro por la mitad, y este estaba deshaciéndose, mientras soltaba alaridos lastimeros. Cuando desapareció, solo una bolita blanca quedó flotando en su lugar.

-Esto es para mí-le escuché decir al chico.

Cogió aquella cosa flotante y… ¿Se la comió? Oh dios mío… Qué sueño más raro…

Entonces el chico se giró, y se puso en un claro del boque, dejando que la luz de la luna le bañara, y pude verle bien, y solté un grito de sorpresa al comprender varias cosas.

Una, que no llevaba una guadaña. Su brazo era una hoja de guadaña. Y dos, era Soul Evans.

-A-ah…-intenté decir algo, pero nada salió de mis labios.

-¿Se puede saber qué hace un civil a estas horas aquí? Esto está plagado de kishines cuando oscurece, deberías saberlo. ¿Acaso estás loca?-me increpó.- ¿O era un intento suicida? Pues sí que valoras poco tu vida si esperas que un kishin te destroce.

-Ki… ¿Qué?-dije entonces.

-Kishines-me miró como si estuviera loca; tal vez realmente lo estuviera-Eso que acabo de despachar. Oh, es la primera vez que ves uno, ¿verdad? Claro, ya nos encargamos los Técnicos y las Armas de que los civiles puedan vivir en paz en Death City… Y así, se convierten en unos completos inconscientes, sin saber que el peligro les ronda siempre.-me miró-Tú eres un claro ejemplo de ello.

"¿Técnicos? ¿Armas? ¿De qué está hablando?"

Le seguía mirando atónita, y a pesar de que me temblaban las piernas, me obligué a ponerme en pie.

-Tu…Tu brazo…-musité.

-Oh-se miró el que sería uno de sus brazos; el filo estaba manchado de sangre negra, e intentó limpiarlo-Impresionante, ¿no crees?

Y su brazo dejó atrás el metal y se transformó… En un brazo normal y corriente, como el otro que poseía.

Entonces, rompió a reír.

-¿Q-qué?-parpadeé confusa.

¿Le hacía gracia mi completa incomprensión porque pudiera cambiar su brazo de esa manera? Porque a mí no me hacía gracia.

-No me lo puedo creer…-reía a carcajada limpia; veía sus dientes de tiburón perfectamente-Vas descalza. ¡Descalza! ¡Y en pijama!-no podía parar de reír.

Fruncí el ceño.

-Bueno, no es mi culpa-dije.

-Sí, claro…-pareció recuperarse del ataque de risa, pero la sonrisa socarrona seguía ahí; me encantaba esa sonrisa-Además, parece que estés invitando a los kishines para que te coman.

-¿Mm?

Me miré, y entonces supe a qué se refería.

Mi pijama era de dos piezas. El pantalón era corto, pero la parte de arriba parecía una sudadera de manga larga, y, en el centro de ella, se podía leer en letras mayúsculas bordadas y de diferentes colores: "EAT ME".

Enrojecí y le fulminé con la mirada.

-No sé qué haces aquí, pero… Vamos, te sacaré de aquí-se ofreció.

Sin esperar respuesta alguna por mi parte, empezó a andar. Parecía saber el camino.

Intenté seguirle, pero debido a la carrera por la supervivencia, mis pies dolían hasta límites que no creía posibles.

-Soul, espera…-le pedí.

Y se detuvo.

Se giró para mirarme, con los ojos entrecerrados, como si intentara analizarme.

-¿Cómo sabes mi nombre?

-¿Eh?

Entonces, de la nada, se escuchó un grito. Y no era un grito humano.

Dos monstruos negros (¿cómo los había llamado? ¿Kishines?) aparecieron frente a nosotros.

Grité nuevamente.

-Mierda-masculló Soul-No sé si podré yo solo con los dos a la vez… Y como llamen a más…-hablaba consigo mismo, por supuesto.

-S-Soul…-dije, sin apartar la mirada de los monstruos que nos acechaban.

-Joder, habrá que huir-resolvió.

Entonces me cogió de la mano.

-¡Vamos!

Y tiró de mí para correr.

Pero, al sentir su mano sobre la mía, algo se agitó en mi interior. Y, de pronto, Soul se transformó íntegramente en guadaña en mi mano.

-¡Kya!-grité, que parecía que era lo único que hacía, y le solté.

En cuanto el arma cayó en el suelo, ésta volvió a transformarse en Soul.

Me miró con ojos ansiosos y anonadados.

-Tú. Pero, ¿cómo…?

Sus palabras quedaron ahogadas por un nuevo grito de los seres negros y deformes.

-Soul…

-¡Corre!-me dijo entonces.

-P-pero…

-¡Tú hazlo, o no saldrás viva de aquí!

Asentí con la cabeza y, tras echarle un último vistazo, viendo cómo se preparaba para luchar, con los ojos rojos furiosos y el pelo blanco pegado a su frente y nuca debido al sudor, puse pies en polvorosa.

Pero no esperaba que uno de aquellos bichos me siguiera.

Me dolían los pies y me costaba respirar debido a la carrera y, cuando mi cuerpo cedió, supe que estaba acabada. Soul no podría venir a salvarme, y yo no tenía ningún modo de defenderme.

El kishin (¿era así?) que me seguía aún no había dado conmigo, ya que le llevaba un poco de ventaja, pero no tardaría en hacerlo.

Me apoyé contra un árbol, y sentí cómo las fuerzas me abandonaban poco a poco.

Caí al suelo y, con el mismo paisaje, cielo y árboles, con el que había despertado en este sueño, perdí el conocimiento.

*.*.*

Desperté en mi habitación.

Notaba el cuerpo agarrotado y me picaban los pies.

Alargué el cuello para mirar la hora, y bufé al ver que apenas quedaba un cuarto de hora para que sonara el despertador.

Me incorporé en la cama y me estiré, y noté los hombros tensos, sin duda debido a aquella pesadilla en la que, curiosamente, salía Soul.

Me miré la mano.

"El Soul de verdad no volverá a cogerme de la mano", pensé con amargura.

Inspiré hondo. Había que ponerse en marcha. Un nuevo día empieza a amanecer, evidenciado por la escasa luz que empezaba a filtrarse por entre las cortinas de mi ventana…

…Anoche me quité las coletas antes de irme a dormir, ¿verdad? Entonces, ¿por qué ahora las tengo puestas…?

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Espero que les haya gustado! Dejen sus reviews para que sepa su opinión!

Como siempre, cada vez que subo un nuevo fic, tengo miedo de que no pueda gustar. Supongo que, aun teniendo varios fics a mi espalda, eso no cambia. Ese sentimiento de temor nunca desaparecerá. Siempre que empiezo algo, surge ese "¿Y si no gusta?". Al cual le sigue "Espero que sí, ya que a mí me encanta escribir esto". Así que, espero seguir escribiendo^^

Bien, a pesar de ser un poco largo, este primer capítulo es más bien introductorio, pero espero haberles picado la curiosidad como para que quieran saber cómo sigue. Ya saben, háganmelo saber con sus comentarios :)

Así pues, muchas gracias por pasarse a leer!^^ Espero verles en el segundo capi :P

Bye~^^