Hola! Qué tal?^^

El calor me consume, y solo quiero tumbarme y no hacer nada y estar fresquita XD

Bien, con este capítulo, que ha salido más largo de lo que me esperaba (cómo era antes capaz de hacer capítulos más cortos? Porque incluso lo que ahora considero una longitud normal de capítulo, antes era largo. En fin XD), conocemos a Ángela.

Sin más que decir, disfruten leyendo!^^

**..**

"¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión;

una sombra, una ficción

y el mayor bien es pequeño.

¡Que toda la vida es sueño

y los sueños, sueños son!"

La Vida es Sueño, de Pedro Calderón de la Barca.

Sueño XXII: Una obra de teatro y un baile de fin de curso ahogados en un mar de lágrimas.

"Dime, ¿crees en la magia?"

Estaba oscuro. No se veía nada a mí alrededor. Pero podía verme a mí. Un punto de luz en la inmensa oscuridad. No tenía miedo. Porque escuchaba esa voz.

-No-contesté-La magia no existe.

"Pero te gustaría que existiera"

La voz era suave y aguda. Podría tratarse de un niño o una niña.

-Sí, me gustaría. Pero eso es solo un sueño.

Una niña apareció ante mí, como otro punto brillante en la oscuridad. Era yo de pequeña. Tenía ocho años.

Contuve un sollozo, llevándome las manos a la boca.

Porque estaba completamente equivocada.

No era yo de pequeña. Era Ángela con ocho años. La edad con la que murió.

Ella sonrió.

"¿Un sueño? Entonces… ¡Soñemos!"

*.*.*

No sabía por dónde empezar.

Sería fácil decir que "por el principio", pero en realidad, no sé cuándo empezó todo, solo cuándo terminó. Las pequeñas y grandes cosas que se entrelazaron para llegar hasta ese desgarrador desenlace.

Supongo que decir su nombre es una buena forma de empezar como cualquier otra. Y tras tres años, se me atraganta un poco su nombre, porque no lo había vuelto a pronunciar en años.

Se llama… Se llamaba Ángela Albarn. Era mi hermana cuatro años menor que yo.

Nos parecíamos bastante, físicamente hablando, o al menos eso solían decirnos. Ambas habíamos salido más a mamá.

A pesar de la diferencia de edad, nos llevábamos muy bien. Teníamos nuestras riñas, como cualquier par de hermanas, pero era algo normal, y siempre terminábamos haciendo las paces.

Era una niña muy imaginativa, incluso más que yo. Cuando yo leía sobre un mundo fantástico, ella se había inventado el suyo propio.

Yo solía liderar los juegos, quizá pensando que tenía ese derecho simplemente por ser la mayor, pero el caso es que ella me seguía allá adonde fuera.

Recuerdo jugar a los superhéroes poniéndonos distintos tipos de prendas por el cuerpo sacadas del cesto de la ropa limpia, lo que sacaba una risa a papá y una regañina a mamá.

Recuerdo pintarme la cara y a ella también para jugar a ser extraterrestres que viajaban a múltiples planetas buscando ser descubiertos.

A pesar de que cada una tenía su cuarto, muchas veces Ángela venía al mío para dormir conmigo, cuando le costaba dormir o tenía miedo del fuerte golpeteo de la lluvia contra su ventana.

Cuando estaba triste o enfadada (y no tenía nada que ver conmigo), o cuando había tenido un mal día en la escuela, yo me encargaba de tranquilizarla, porque tanto mamá como papá, especialmente mamá, llegaban tarde del trabajo.

Por eso me inventé algo a lo que pudiera agarrarse cuando estuviera sola y aprendiera a sobreponerse por su cuenta. A pesar de que no se me daba tan bien como a mamá.

"El cielo es azul. Los gatos son negros. Las brujas juegan con calabazas. La luna sonríe.

No hay problemas que no podamos superar, porque juntas siempre vamos a estar"

Junta tus manos. Aprieta fuerte. Cierra los ojos. No hace falta ver. Sé que estás a mi lado…

"Y te regalaré algo para que no me olvides nunca. Para que sepas que siempre estoy a tu lado"

Un día la regalé un llavero con la primera letra de su nombre intentando compensar la tristeza por haber perdido una de sus muñecas favoritas en una excursión escolar, la cual mamá le había dicho que no se llevara precisamente para evitar que pasara algo parecido. Quizá por eso se sentía peor.

Le encantó la pequeña A, y eso que ella no tenía aún llaves propias, ni siquiera yo, pero Ángela le pidió a papá que le comprara una M para mí, y las colgamos del pomo de la puerta de cada una de nuestras habitaciones.

Era genial.

Me tenía en un altar. Me hacía sentir invencible. Era agradable. Y por mi parte, yo la adoraba de manera incondicional.

Más de una vez pienso cuándo las cosas empezaron a cambiar. No fue algo brusco, sino gradual, y por eso aún hoy sigo achacándome todo y lo que ocurrió poco antes de su muerte.

Pero quizá, ese principio que no sé dónde está, estuviera cuando empecé la primaria.

Allí fue donde conocí a Soul. Nos hicimos amigos rápido, puede que influyendo el hecho de que nos hicieran compañeros de pupitre durante el primer año, por nuestros apellidos, como ya comenté en su momento.

También conocí a Chrona, la pequeña niña con ansiedad social y su ligero tartamudeo.

Al verla tan tímida y costándola entablar conversación con los compañeros de clase, me recordaba un poco a Ángela, así que fui yo quien se acercó a hablar con ella, y arrastré a Soul conmigo. E hice una amiga más.

Con el resto de los compañeros de clase me llevaba bien, en mayor o menor medida, pero solo consideraba amigos a Soul y Chrona, con quienes jugaba y pasaba todo el tiempo.

Y, finalmente, llegó Hero. Hero cerró el círculo de mis amigos de la infancia.

Hero era de nuestro mismo curso, pero iba a la clase de al lado.

Sinceramente, no recuerdo exactamente cómo nos hicimos amigos. Quizá por jugar varias veces juntos en el patio o cuando compartíamos las pistas de deporte durante educación física, pero para cuando los cuatro estábamos en segundo de primaria, acabamos en la misma clase y nos hicimos inseparables. Ya sabes, ese grupo con el que pasas casi más horas que con tus propios padres.

Según avanzaba la primaria, empezaba a pasar más tiempo con ellos, también fuera del horario escolar, como ir a dormir a casa de Chrona (que me confesó que era adoptada, y su madre hacía unos platos de pasta riquísimos), o pasar las tardes en casa de Soul jugando a los videojuegos o hacer una guerra de globos de agua en la parte trasera del jardín de la casa de Hero cuando empezaba a hacer calor.

Puede que eso no le gustara mucho a Ángela, que cada dos por tres me lo hacía ver.

-¡Siempre estás con ellos! Juega también conmigo, porfi…

Y yo no me resistía a sus pucheritos, así que la terminaba consintiendo, siempre que no interfiriera con planes con mis amigos.

Tanto Chrona como Hero eran hijos únicos, pero Soul tenía un hermano mayor, Wes, con el cual se llevaba bastantes más años que yo con Ángela. Cuando le conocí, ya iba al instituto.

-¿Te gustaría oírme tocar?-me preguntó al verme embelesada con su violín.

Por otra parte, a Soul tampoco parecía gustarle mucho cuando iba a su casa y Wes también pasaba tiempo con nosotros.

Me contó que era porque solían compararle con él, y Soul no sacaba tan buenas notas como Wes ni tocaba el piano tan bien como Wes el violín.

-Pero, él es mayor. Es normal. Tiene más práctica, ¿no?-le dije.

Aquello le hizo sonreír.

Aunque, aun hoy, me pregunto si había algo más…

Cuando yo empecé quinto, Ángela entraba en mi misma primaria.

Al principio, siempre que podía venía a buscarme para que jugara con ella. Conocía a mis amigos, pero se mostraba algo reservada con ellos.

Intenté que hiciera amigos en su clase, de su edad, porque yo no siempre iba a poder estar ahí.

Refunfuñando, aceptó. Luego ver lo feliz que parecía con los otros niños me tranquilizó, y a papá y mamá también, debido a lo que le costaba abrirse a los demás, aunque cuando lo hacía, solía hacerlo sin muchas reservas.

Según se acercaba el final de la primaria, yo, seria y responsable como no puedo evitar ser, me centraba estudiando, y cuando no, a pasar el rato con los amigos.

-Venga, juguemos. O veamos una peli, anda-me insistía Ángela por las tardes, cuando terminaba los deberes y se aburría; parecía que, si se aburría, los demás también debíamos ser partícipes de su aburrimiento.

-No, lo siento, no puedo. Tengo que estudiar…

Frunció el ceño.

-No sabes hacer otra cosa-se cruzó de brazos, mientras se detenía al lado de mi escritorio, donde estaba intentando estudiar.-Pero bien que dejas eso de lado cuando él te pide que vayas a pasar tiempo con él.

Me sonrojé débilmente ante su acusación.

Sabía que se estaba refiriendo a Soul. A fin de cuentas, era con quien más tiempo pasaba. Pero que lo dijera así, y el hecho de que ya llevo un tiempo enamorada de él…

-…No es lo mismo.

-¡Claro que sí!-me reprochó-Solo que a mí me dices que no.

Dejé el bolígrafo encima del cuaderno, derrotada.

-Está bien. Veamos una peli.

-¡Guay!-canturreó-Muchas gracias, Maki-dijo, mientras me daba un rápido abrazo para luego bajar corriendo las escaleras para preparar el salón.

Solía llamarme Maki.

Tampoco sé cómo empezó. No guardo recuerdo de todo, y menos a esas edades tan tempranas. Lo raro sería que lo recordara todo. Pero, en este caso, creo que fue por el intento de Ángela de llamarme como me llamaba papá más habitualmente de lo que podría gustarme: Makita.

Pero le costaba pronunciarlo todo seguido (si hacía pausas entre las sílabas, sí que conseguía decirlo), y me llamaba Maki, y terminó por llamarme a sí siempre. Creo que solo me llamaba Maka cuando estaba enfadada o triste.

Creo que fue cuando estaba a medio camino ya de la primaria, que dije:

-Quiero un gato.

A Ángela se le iluminaron los ojos ante la idea, y se vieron opacados, al igual que mi ánimo, cuando mamá nos dio un tajante "No".

-Lo siento, mis niñas. Pero, soy alérgica a los gatos.

La insistencia de mi hermana no duró mucho, y tras bastante tiempo, la mía también se diluyó.

Fue entonces cuando, unas navidades, me regalaron un peluche de un gato.

-Sentimos que no pueda ser de verdad, cariño, pero oye, es una monada, ¿a que sí?

Mis ojos hacían chiribitas mientras mis manitas espachurraban el muñeco.

-¡Me encanta! ¡Muchas, muchas gracias!

Mis padres sonrieron, complacidos.

-¿Cómo vas a llamar al gato?

Me quedé mirando el peluche.

-¡No es un gato!-dije entonces, casi indignada-Es una gata. Y se llamará Blair.

-Oh, que nombre más bonito. Y sí, tienes razón, parece más una hembra.

Sonreí ampliamente.

Les di la espalda a mis padres y se lo mostré.

-Y a ti, ¿te gusta?

-Oh… ¡Es muy guapa!-exclamó Ángela, a la vez que le acariciaba-Tiene un tacto suave. ¡Es como un gato de verdad!

-¿Jugamos con ella?

-¡Sí, sí!

A veces, a Ángela le gustaba jugar a que, en realidad, Blair era una bruja capaz de convertirse en gato.

-¿Jugamos a algo, Maki?

-¿A qué? Tengo que estudiar.

-No seas aburrida-rio.-Mira, Blair quiere jugar.

Cogió al peluche, que reposaba tan tranquilamente en mi cama.

-Oye, déjalo…

Le puso su sombrero retorcido

-¡Es una bruja! Una bruja que puede transformarse en gato, ¿qué te parece? O no, mejor… Un gato con poderes que puede transformarse en lo que quiera. O…

Terminé por sonreír.

-¿Cómo puede un gato ser tantas cosas? Y no le pongas tu gorro. No querrás que se estropee, ¿verdad?

-Je, je. ¡Yo sí que seré una gran bruja!

Claro. Una bruja.

Cuando yo ya estaba camino de terminar sexto de primaria, y viendo casi de refilón la secundaria, la clase de Ángela iba a representar una historia que se habían inventado entre todos en clase de dramatización para representar en el salón de actos del colegio.

Estaba muy emocionada al respecto, ya que iba a ser uno de los personajes principales, una de las hermanas brujas. Incluso papá y mamá habían pedido la tarde libre para ir a ver la obra, y por supuesto yo fui con ellos.

-Ay, creo que no me lo sé…

-Claro que sí, Ángela. Me has contado tu papel tantas veces que creo que hasta yo también me lo sé.

Aquello la hizo sonreír, algo avergonzada.

-¿Me ayudarás a comprar el disfraz?

-Claro. Le pediremos el dinero a papá. Aunque seguro que se pone a llorar por no poder acompañarnos.

-Ja, ja, ja. Sí, papá es un llorón-rio.

Compramos su gorro de bruja de punta retorcida en una tienda de disfraces de nuestro barrio, así como un pequeño vestido y distintas telas para hacerle bordados y guirnaldas a la ropa, como a ella le gustaba.

Desde que lo compramos, siempre estaba con el gorro de aquí para allá, ya sea en su cabeza, en su mano o en la cabeza de Blair.

La obra en sí no tenía mucho sentido (la habían ideado juntos como una veintena de niños), pero era muy divertida, y menos mal, a Ángela no se le olvidó ninguna línea.

Se lo conté a Soul, Chrona y Hero.

-Ya está otra vez-se quejó Soul, pero aun así con una sonrisa en los labios-Fanfarroneando de su hermana pequeña.

Fruncí el ceño.

-Yo no hago eso.

-Oh, claro que sí. Te tiene embelesada, ¿a qué sí?

-Es cierto-le secundó Hero, con una sonrisa tímida.

Chrona asintió con la cabeza.

-Bueno, es que lo hizo muy bien…

-Querrás decir que todos los niños lo hicieron bien.

-Sí, ellos también.

Reímos.

Y tan bien. La clase de mi hermana ganó el concurso de teatro del colegio, y fueron seleccionados para actuar en el centro cultural de la ciudad, y tratándose de Death City, era bastante grande, lo que implicaba mucha gente y muchos nervios.

A Ángela la podían esos nervios y la emoción.

-¡Voy a ser una estrella!-no paraba de canturrear.

Así que la iban a representar cuando acabara el curso. Sin embargo, ese día también pasaba algo más.

Me quedé mirando uno de los carteles que había pegados en la puerta de cada aula de los alumnos de sexto de primaria.

-¿Baile de fin de curso?

Al parecer, muchos lo esperaban con gran expectación, ya que nunca habíamos tenido algo parecido. Las chicas de clase no pararon de hablar sobre ello durante las últimas semanas del curso, y eso que antes había que hacer los exámenes.

-No entiendo por qué están tan emocionados. Solo es una fiesta, ¿no?

Hero se encogió de hombros.

-Es una buena forma de acabar la primaria como cualquier otra, ¿no te parece?

-Si tú lo dices…

Cuando ya por fin veía el fin de curso cerca, caí en la cuenta de que iba a ser una adolescente cursando primero de secundaria meses después. Era algo apabullante.

Inevitablemente, de vez en cuando, miraba a Soul de reojo, preguntándome si iría al baile. Si querría ir conmigo.

Me gustaría ir con él. Con la persona que me gusta.

Por aquel entonces, no era nada más que una niña tonta, cabezota, y demasiado obcecada como para ser un poco más honesta conmigo misma y con los demás, y por mi culpa, todos terminamos heridos, incluida yo misma.

-Oye, Maka.

-¿Sí, Soul?

-Esto… ¿Vas a ir al baile de fin de curso?

Me quede parada en el sitio, y le miré intensamente por un momento. ¿Era una forma de invitarme? No, no lo creo… No le pega ir a estas cosas. Y supongo que a mí tampoco. Aunque, ahora estábamos los dos solos, camino a casa después de las clases…

-Mm… Pues no lo sé-dije, tanteando-Además, es el mismo día que la obra de Ángela en el centro cultural.

Claro que, ya había asistido una vez a la obra, así que quizá podría ir al baile si…

-¿Y tú?-le devolví la pregunta.

-No sé-respondió también, rascándose la nuca, casi como si le incomodara hablar del tema.-No es algo que me suela gustar…

Retomé el camino, esta vez cabizbaja.

-Ya. La verdad es que a mí tampoco me llama mucho… Hay cosas más divertidas, ¿verdad?

-Mm… Pues sí.

Era extraño. Ambos estábamos comportándonos de manera extraña, casi como si esperáramos…

"Que el otro diga que quiere ir al baile contigo"

Tal vez fue eso. Pero nuestra incomodidad, el salirnos del papel de mejores amigos que teníamos establecido desde hace años, nos daba miedo.

-No es algo que nos pegue-siguió diciendo Soul. Soltó una carcajada-¿Te imaginas a mí con chaqueta y corbata, y a ti con vestido?

Contuve una carcajada.

-¡En absoluto!

Sin embargo, sabía que no era verdad.

Había esperado que me pidiera ir al baile con él. Y la muy idiota de mí ni siquiera se le ocurrió pedírselo, porque temía que pasara justo esto, que se riera de mí por querer hacer algo distinto a lo que estoy acostumbrada, por llevar un vestido y no un pantalón.

Era una cobarde. Y por eso me mordí la lengua y no dije nada.

Ninguno de los dos iría al baile, como Chrona, que ya había dejado claro desde el principio que no iría porque le angustiaban demasiado las multitudes y su dificultad para entablar conversación. No sabía qué tenía pensado Hero. Tengo que preguntárselo.

En tal caso, ninguno iría al baile. Y yo iría a ver la obra de teatro de mi hermana sin problemas.

O eso pensaba.

Cuál fue mi sorpresa, cuando unos días después, me entero de que Soul va a ir al baile con Anya Hepburn, de la clase de al lado.

Era una chica con la que no había tenido mucho trato. Solo que era de una familia rica, como la de Soul, y que solía juntarse con Harudori Tsugumi, que no suele destacar mucho pero que es muy amable, y Tatane Meme, la cual suele destacar por su facilidad para olvidar las cosas, por lo que me sorprende que haya aprobado todo.

Enfadada a más no poder, no sé si porque creía que Soul había roto alguna especie de promesa de que si no iba uno el otro tampoco iría al baile, o eran simples celos. Quizá ambas cosas, pero el caso es que abordé a Soul en un momento dado del día.

-Soul, ¿a qué viene esto?

-¿Esto?-se mostró confuso-¿A qué te refieres?

Me crucé de brazos, fulminándole con la mirada.

-Eso de que vas a ir al baile con Anya Hepburn. ¿Es verdad?

-Eh…-ahora se mostraba incómodo-Sí.

-¿Por qué?-no quería sonar dolida, pero era como me sentía.-Creí que habías dicho que no ibas a ir, que era una chorrada, que no te gustaban esas cosas.

Por eso no te pedí ir conmigo.

-Sí, bueno… Es cierto. Pero Anya me lo ha pedido, bastante insistentemente, y… He aceptado.-fue entonces cuando me miró directo a los ojos-¿Por qué me lo preguntas? ¿Te molesta? Qué más te da, si tú no tienes intención de ir al baile.-ahora era él el que sonaba resentido.-¿O sí?

-¡Habría ido si era contigo, idiota!-le grité, y me alejé de allí más enfadada que antes.

Nos habíamos comportado como un par de críos idiotas, y en realidad lo éramos. Solo teníamos doce años.

Cuando se me pasó un poco (entiéndase por calmarse), Hero vino a hablarme. Mis amigos saben perfectamente que tengo muy malas pulgas, y es mejor dejar que se me pase para evitar que les ladre.

-¿Pasa algo, Maka?-preguntó, acercándose a mi pupitre.

-No, nada-dije, cortante. Luego caí en la cuenta de que él no tenía culpa de nada y que no debía hablarle así-No, lo siento. Estoy bien. ¿Qué pasa?

-Eh… Me preguntaba si podíamos hablar.

Le miré sin entender. Luego solté una risita.

-Ya estamos hablando, Hero.

-Ya, sí, no…-estaba actuando raro-Me refiero a los dos solos. No en clase.

-Oh, vale-no sabía a qué venía tanto misterio-¿En el recreo?

-En el recreo-asintió.

*.*.*

Fuimos a una parte del patio algo alejada, donde apenas había nadie. A mí llegaban los gritos de los demás niños jugando en la arena, al fútbol, al pilla-pilla…

La mayor parte de aquel patio de colegio, quitando las pistas de deporte, era arena. Demasiada arena. Se me asemejaba a una gigantesca caja de arena para gatos, y todos los niños eran pequeños gatitos escarbando por todos los rincones, buscando tesoros que nunca existieron.

-¿Y bien?-dije, quizá algo brusca.-Ya estamos aquí. ¿Qué querías decirme?

La verdad es que no estaba de muy buen humor. Quizá actué mal, pero no era culpa mía. No podía serla. ¡Todo es culpa de ese estúpido Soul! ¿Por qué diría eso…?

-Mm… Pues…-parecía costarle hablar.

-Vamos, no te hagas el misterioso. Dímelo, Hero.

Decidió soltarlo.

-Me preguntaba si querrías ir al baile de fin de curso conmigo.

-Oh-no me lo esperaba.-Yo…

-¿O ya tienes pareja? ¿Vas a ir con Soul?

Ante la mención de ese nombre, fruncí el ceño.

-No, claro que no voy a ir con él. ¿Por qué debería?

Soul no quiere ir conmigo. Es culpa suya.

-¿Entonces?-parecía esperanzado.

-La verdad es que no tenía pensado ir al baile, Hero. Además, quería ir a ver la obra de teatro de…

-Oh, sí, claro… Es el mismo día, ¿no?

-Sí.

-Vaya…-ahora parecía decepcionado-¿Entonces no vas a venir?

-Pues…

Lo medité durante unos instantes. Y no fue por Hero, sino por mi orgullo y mi enfado, que dije:

-Claro, ¿por qué no? Será divertido.

Hero sonrió.

Yo sonreí.

Y pensé: "Soul, idiota"

Si tan solo Soul me hubiera invitado. Si tan solo yo no fuera tan idiota, y celosa, y cobarde, y rencorosa…

"Maka, idiota"

Hero no se lo merecía, y aun así lo hice.

Fui con mamá a comprar un vestido y un par de zapatos. Me dijo que incluso me ayudaría a maquillarme un poco para esa tarde-noche. Yo tenía doce años, y me iba a sentir mayor. ¿Se suponía que se trataba de eso? No lo entendía.

Por supuesto, a Ángela no le hizo mucha gracia el que no fuera a ir a ver su obra.

-Dijiste que vendrías…

-No pasa nada. Ya he visto la obra, y sé que lo haces genial.

-Sí, pero… No será lo mismo si sé que no estás ahí…

Me hizo pucheritos, intentando darme más pena de la que ya sentía, porque a fin de cuentas, prácticamente solo iba a ir al baile para hacer, ¿qué? ¿Que Soul se arrepintiera de no haberme elegido a mí?

Pero no di mi brazo a torcer.

-¿No vas a venir?-insistió.

-No, lo siento.

-Pero… ¡Me lo prometiste!

-Sí, bueno… Pero, tienes que entenderlo. Es el baile de fin de curso. ¡Termino primaria! Sería raro no ir.-dije como excusa.

-Me dijiste que Chrona no va a ir.

-Es cierto.

-Y tú tampoco.

-Pero me han invitado.

-¿Quién? ¿Él?-sabía que se refería a Soul.

Negué con la cabeza, con pesar.

-Ha sido Hero.

-Oh… ¿Tu amigo rubio?

-Sí, ese.

-Mm… ¿Y no puedes decirle que no?

-Lo siento, ya le he dicho que sí. No puedo hacerle ir solo, ¿sabes?

-Mm… Bueno… Si tú lo dices…

-Venga, alegra esa cara. Te lo compensaré la próxima vez, ¿de acuerdo?

Sus ojos se iluminaron.

-¡Sí! Tendrás que hacer todo lo que te pida. Y sin peros, ¿de acuerdo?

-Puf… Tu precio es alto, ¿eh?

Rio.

Sonreí. Esperaba que me perdonara.

-Está bien. La próxima vez, pues.

Sin embargo, no hubo una próxima vez.

*.*.*

El día del baile y de la obra de teatro amaneció nublado, y se fue oscureciendo según avanzó el día.

-Va a llover. Ah, ¿¡y si cancelan la obra!?

-No la van a cancelar por un poco de lluvia, tranquila. Y estate quieta-la dije, mientras intentaba arreglarle el pelo y colocarle el gorro de bruja anclado con pinzas al pelo para que no se le cayera, ya que se iba a mover mucho en el escenario.

-¿Y tu baile?

-No lo creo. Es en el gimnasio, por lo que está techado.

-Oh, es verdad…

-Ya está. Lista.

Se miró en el espejo, ya con todo el disfraz puesto.

-¡Genial! ¡Muchas gracias, Maki!-me abrazó fuertemente.

-Bien. Ahora por fin puedo empezar a prepararme yo.

-¿Te ayudo?

-No hace falta. Pero gracias, pequeña brujita. Ve a jugar con Blair, que esta tarde se sentirá muy sola sin ninguna de las dos en casa.

-¡Es verdad!-mostró falso espanto y salió corriendo.

-¡Pero no te estropees el traje!

La escuché reír desde su habitación, al lado de la mía, donde Blair se pasaba la mayor parte del tiempo más que en mi cama, donde había estado siempre desde que me la regalaron y que poco a poco casi parecía más de Ángela que mía.

Todo iba bien. Hasta que surgió un pequeño imprevisto.

Ring. Ring. Ring.

-¡Maki! Suena el teléfono.

-Ugh, ¡ya voy!

Bajé al salón y cogí el teléfono fijo.

-¿Sí? Casa de los Albarn.

-¿Maka? Soy yo.

-¿Mamá? ¿Pasa algo?

-Sí, verás… Me ha surgido algo en el último momento, así que voy a salir un poco más tarde de trabajar.

-Pero…-entendí lo que estaba pasando-Se supone que tú tenías que venir y llevar a Ángela al centro cultural. Porque papá sí que dijo que no podía, y que iba a ir directamente desde el trabajo…

-Lo sé, cariño. Pero no voy a llegar a tiempo. Iré directamente, me dará tiempo, pero no puedo pasarme a recogerla. ¿Puedes llevarla tú? A las malas, podéis ir en tu bicicleta.

-Pero, mamá… Yo tengo que ir al baile. Si la llevo al centro cultural, no llegaré a tiempo a la inauguración del baile. Y Hero me estará esperando…

-Lo siento, Maka, pero no puedo hacer otra cosa.

-P-pero…-intenté pensar en distintas posibilidades.

-Ya que nos vas a ver a tu hermana, al menos llévala, ¿no?

Y colgó.

Creo que, en cierto sentido, siempre estuve resentida con mi madre por aquello.

Tantas cosas podían haber sido diferentes… Quizá algo podría haber cambiado.

-Ángela-me asomé a su habitación, donde estaba recitando sus frases frente a Blair.-Mamá no va a poder llevarte al centro cultural.

-¿Qué…?-se quejó-Entonces, ¿cómo voy a ir? ¡Ah! Me vas a llevar tú, ¿verdad?-sonrió ampliamente-¡Podemos ir en tu bici! Me encanta cuando bajas rápido la cuesta que conecta con la calle principal, ¡porque parece que volamos!

Me mordí el labio inferior.

-No puedo. Tengo que ir al baile.

En realidad, mamá tenía que haber llegado a tiempo para llevarme a mí al colegio en coche, y desde ahí llevar a Ángela al centro cultural. Ahora me las tendría que ingeniar. Puedo ir en bici, si aún no empezaba a llover, con mis zapatillas para pedalear bien, y llevar los tacones en una bolsa, y luego cambiarme de calzado y guardarlos en mi taquilla. Sí, parece un buen plan.

Me miró como si de pronto me hubiera convertido en uno de los villanos de nuestros juegos, aunque yo no tenía la culpa de que mamá no cumpliera sus promesas. O quizá sí. Quizá había salido a ella más de lo que creía.

-¡Me tienes que llevar!-me gritó.

-Ángela, tranquila. Se me ha ocurrido otra cosa. E irás más cómoda. Además, tiene pinta de que va a llover, por lo que ir en bici puede ser peligroso.

-¿Qué otra cosa?

Sonreí.

-Te puede llevar en coche la madre de mi amiga Chrona, Medusa.

*.*.*

Menos mal, no puso ninguna pega.

-Claro, estaré encantada. Pensaba ir a ver la obra cuando me lo comentó Chrona, así que no me importa llevar a una de sus pequeñas estrellas.

-Ay, mil gracias, Medusa. Es que mi madre…

-Nada, tranquila.

-Y es que además los alumnos tienen que ir bastante antes de la hora establecida porque tienen que preparar todo y…

-Sí, no pasa nada. Tú vas a ir al baile de fin de curso, ¿verdad?-cambió de tema.

-Sí-se me iluminaron los ojos ante una posibilidad-¿Ha cambiado Chrona de opinión? ¿Va a venir?

-No, lo siento. Ya sabes…que este tipo de cosas la cuestan mucho.

-Ya… Bueno, ya lo celebraremos juntas de otro modo otro día.

La escuché reír al otro lado de la línea telefónica.

-Eres una buena chica. Gracias por ser amiga de Chrona, Maka, y por estar siempre tan pendiente.

-Oh, no es nada…-me avergoncé-Eh, tengo que terminar de arreglarme-dije, mientras miraba el reloj de pared del salón-Gracias. Voy a llamar a mi padre para decirle que la llevaras tú.

-Bien. No ha sido nada. Nos vemos en un rato.

Quince minutos después, Medusa Gorgon había aparcado frente a nuestra casa.

-Vaya, ¡pero mira lo guapa que está la pequeña Ángela!

Mi hermana se sonrojó y le devolvió la sonrisa.

-Gracias.

La di un fuerte abrazo y un beso en la frente. También la hice un poco de cosquillas.

-Lo harás genial, como la última vez, ya lo verás.-le di un golpecito en la nariz-Ve a por todas, y disfruta. Ya me contarás que tal, ¿vale? Y… siento no poder llevarte ni ir a verte-dije una última vez.

-No pasa nada, Maki. Te lo contaré más tarde con toooodo lujo de detalles.-sonrió enseñando los dientes; tenía más de uno de leche a punto de caérsele.-Pásatelo bien, ¿vale? ¡Y cuéntamelo tú también todo luego!

-Ja, ja. Claro, pequeña bruja. Hasta luego.

-Hasta luego, Maki.

*.*.*

El sonido era ensordecedor. La música estaba tan alta que no era más que mero ruido que hacía que nos gritáramos los unos a los otros, riéndonos, para hacernos oír en medio de todo aquel barullo.

Era mareante.

Toda aquella música. Todas aquellas luces intermitentes que hacían que pensara que, a lo mejor, alguien podría llegar a sufrir un ataque epiléptico.

La pista de baile estaba abarrotada de niños que ya se creían jóvenes adultos. No es que hubiera muchos alumnos, solo todos aquellos que componían las tres clases del último curso de primaria del colegio. Y no es que la pista de baile fuera muy grande. No, es solo que el gimnasio no podía acapararnos a todos.

Desvié la mirada del centro donde todos hacían que bailaban y se creían que realmente lo hacían bien cuando le vislumbré. Estaba en la pista, bailando. Desvié la mirada. No quería verle. No con una pareja de baile que no era yo.

Contuve un suspiro y me alejé de una de las mesas llena de canapés y latas de refrescos que había sido mi refugio la gran parte de la velada, y me acerqué a una de las puertas laterales del gimnasio para salir al exterior.

Fuera diluviaba. Por suerte, había un porche rodeando por fuera al gimnasio.

La fiesta había empezado ya algo entrada la tarde, y el cielo estaba gris y oscuro, anunciando tormenta. Parecía incluso que era de noche. Las largas cortinas de lluvia caían con un sonido hueco.

Y aun a pesar de la lluvia, aún llegaba a mis oídos retazos de música amortiguada.

Me quedé contemplando la tormenta.

Quizá no había sido tan buena idea venir a fin de cuentas. Y mi plan no parecía haber surtido efecto alguno, por lo que todo carecía de sentido. Quería haberle dado celos a Soul, pero… Había sido una estúpida. Y una rencorosa.

Debería estar…

"Quizá aún tenga tiempo de ir a ver la obra", pensé.

-¿Maka?

Me giré al oír mi nombre. No había escuchado la puerta abrirse y cerrarse debido a la lluvia torrencial.

Era Hero.

Me sentí culpable.

-¿Qué haces aquí?-me preguntó, acercándose a mí.

Desvié la mirada al frente.

-Nada. Supongo que tomar el aire.

-¿Con la que está cayendo aquí fuera?

Me encogí de hombros.

-No debería haber salido así, sin más. Lo siento.

-No es como si pudiera monopolizarte durante toda la noche.

Sonreí, divertida.

-Supongo que no. Ay, Hero… Deberías haber escogido otra pareja para venir esta noche.

-¿Por qué?-se mostró confuso, y hasta sorprendido, diría yo.

-¿Que por qué? Pues porque soy muy mala acompañante, ¿no lo ves?

-¿Porque te da vergüenza bailar?

Le fulminé con la mirada e inflé los mofletes.

-Lo que hacen ahí dentro no puede considerarse bailar. Y aun así, yo lo haría peor.

Rio.

-Puede que tengas razón.

-La tengo. Lo sabes.

-En tal caso… No tendría sentido venir con quien tú consideras "una buena acompañante"-le miré-No tendría sentido porque yo quería venir contigo.

Desvié nuevamente la mirada.

-Ya. Gracias por invitarme.

-Por un momento creí que dirías que no.

Torcí el gesto.

-¿Por qué lo dices?

Se mostró sorprendido.

-¿Por qué? Pues porque pensé que, de venir, vendrías con…

-Sí, sí-le atajé-Pues ya ves que no. Ya te lo dije.

-¿Ha pasado algo?

-No-mentí.

Por unos instantes, solo se escuchó la lluvia.

-Me hubiera gustado que también viniera Chrona-comenté entonces.

-Sí, hubiera estado bien-añadió, dándome la razón.

-También podrías haberla invitado a ella.

-No habría venido de todas maneras.

-Cierto. Es demasiado vergonzosa.

-¿Y qué hay de ti?

-¿Que si soy vergonzosa?

-¿Te arrepientes de haber venido?

-Mm… No.

Rio.

-¿A qué ha venido esa pausa?-me dijo.

-No es que no quisiera venir contigo-le aclaré-Es solo que… Estas cosas no van conmigo-dije, mirándome.

Con vestido. Con tacones. Con un recogido de pelo. ¡Incluso algo de maquillaje! Lo que me costará quitarlo después…

-Puede ser. Pero estás guapa. Mucho.

No pude evitar sonreír.

-Gracias. Pero eso ya me lo habías dicho cuando me viste al llegar.

-Por si se te había olvidado.

Amplié la sonrisa.

Hero era un chico genial. Él no se merecía que me pusiera gruñona ni decaída. Debería hacer un esfuerzo por disfrutar de aquella estúpida fiesta de despedida.

-¿Volvemos dentro?-propuse entonces-No cuentes conmigo para bailar, pero podríamos atacar varias bandejas de canapés.

-Oh, eso suena bien-sonrió.

-Decidido entonces.

Me dirigí a la puerta pero él no me siguió.

Me giré para mirarle.

-¿Hero?

Me miró un fugaz instante, y bajó la mirada a sus mocasines, nuevos para la ocasión. Estaba segura que nunca había usado unos antes, al igual que yo con aquellos odiosos tacones.

-Maka, verás…

Su voz se apagó. O quizá lo había dicho tan bajito que con la lluvia no había sido capaz de oírle.

-¿Qué?

Alzó la mirada. Estaba sonrojado.

-N-no… No sabía si decírtelo, pero… Creo que es una buena ocasión…

-¿A qué te refieres, Hero?-estaba muy serio, y en Hero, que solía ser todo sonrisa, era raro.

Entonces lo soltó.

-Me gustas, Maka.

Me quedé de piedra. Es decir… No me esperaba algo así. Aunque puede que debiera haberlo hecho. A fin de cuentas, me había invitado al baile, igual que yo quise invitar a Soul, porque me gustaba.

Y en cambio, yo, solo había sabido ser una mala amiga. Solo pensando en mí misma. Hero me caí genial, y solo había aceptado venir con él a este estúpido baile por un arrebato, por una rabieta infantil. Y no quería hacerle daño, aunque sabía que lo iba a hacer.

-Hero, yo… Lo… Lo siento. A mí, me gus…

-¡Maka!

Un grito con mi nombre me interrumpió, alzándose por encima de la lluvia.

Ambos nos giramos y pudimos ver a un hombre que se acercaba al gimnasio. Abrí los ojos de par en par por la sorpresa al ver quién era.

-¡Papá! ¿Qué haces? ¡Estás empapado! ¿No tienes paraguas? No, espera, ¿qué haces aquí? No deberías estar…

Llegó al porche y vi lo calado que estaba, así como la desolación de su rostro, y las alarmas resonaron por mi cuerpo.

-¿Qué ha pasado?

-He venido aquí tan pronto como me he enterado… Tenía que avisartepuso sus manos húmedas en mis hombros-Y llevarte conmigo.

-Papá, ¿qué…?

-Escúchame atenta y tranquilamente, Maka-pero el que hablara así y dijera eso solo conseguía el efecto contrario-Ha habido un accidente, Maka. Supongo que por esta maldita lluvia torrencial.-me mira a los ojos, y me pregunto si, entre toda esa lluvia que le moja la cara, no hay lágrimas también-El coche de Medusa se ha estrellado en una de las calles colindantes del centro cultural. Y…-se le escapa un sollozo-Ángela ha…

No le escucho terminar.

Salgo corriendo a la lluvia. Gracias a las farolas, puede verse algo, y corro hasta llegar donde he dejado mi bici. Me quito los tacones para poder pedalear mejor, aunque sea descalza, y pedaleo todo lo rápido que puedo, en dirección al centro cultural.

Lo que pasó entonces está confuso. Difuminado. Quizá fuera cosa de la lluvia, también. Esa maldita lluvia… Odio la lluvia. O quizás es que mi mente se negaba a rememorar aquello de manera clara.

Para cuando llego, apenas soy consciente del caos que hay. Dejo caer la bici al suelo y camino descalza, sin importar hacerme daño. Las sirenas de los bomberos, de la policía, de las ambulancias envuelven el ambiente junto con la lluvia y los gritos. Hay varios coches siniestrados, pero reconozco el coche de Medusa. Destrozado. No hay nadie en él.

Pero entonces veo a Medusa en una camilla. La están metiendo en una de las ambulancias. Tiene un montón de cortes por todo el cuerpo, especialmente en los brazos, casi parecían tener forma de flecha, y sangraba tanto…

Busqué a Ángela, a pesar de que había adultos que me gritaban que no podía pasar, que me sujetaban para impedírmelo.

Pero la vi. Su pequeño cuerpo y disfraz destrozado. La estaban metiendo en una bolsa.

Fue entonces cuando rompí a llorar.

*.*.*

Ángela no había sido la única que había muerto en aquel accidente, pero era la única muerte que me importaba.

Al principio, mamá se culpó a sí misma. Porque ella debería haber llevado a su querida niña, y no lo hizo. Sin embargo, luego, me terminó culpando a mí.

-¡Deberías haberla llevado tú! Si me hubieras hecho caso… ¡La habrías dejado en el centro antes de que empezara a llover y aún estaría aquí!

Cada vez que me gritaba así, los brazos me picaban, y me los pellizcaba.

Papá intentaba mediar. Sin éxito.

-Kami, cariño, sabes que no es verdad… Fue un accidente…

-No, Spirit, ¡es su culpa!-gritaba, señalándome.

Medusa sobrevivió. Nos pidió perdón. Se lamentaba mucho. Lloraba.

Mi madre no la hacía caso, como si no tuviera nada que ver con lo que le pasaba a nuestra familia. Mi padre repetía una y otra vez que fue un accidente, que nadie tenía la culpa.

Yo, por mi parte, me ahogaba en la culpa.

¿Cómo aceptar que mi hermana pequeña podría haber muerto porque su hermana mayor había sido una egoísta y una rencorosa? ¿Por hacer daño al chico que le gustaba?

Porque, en realidad, nunca quise ir a ese baile. Solo lo hice por devolver el daño que me hicieron, y éste volvió a mi multiplicado infinitas veces.

No podía soportarlo.

Al igual que mamá, entré en depresión, y estuve bastante tiempo yendo al psicólogo. Estaba convencida de que era mi culpa, y mamá solo echaba más leña al fuego.

A veces, la culpa era insoportable, y terminé por odiar y culpar en gran medida de lo que pasó a Medusa, puede que como mi madre había hecho conmigo, y dejé de querer tener que ver nada con esa mujer.

En casa todo nos recordaba a Ángela.

Y tras unas semanas muy malas, Kami no lo soportó y se marchó de casa.

No es raro que un matrimonio se rompa cuando muere un hijo.

Además, sabía que no soportaba verme. Me culpaba. Y mi cara le recordaba a su hija muerta. Nada podía hacer para evitarlo.

Me distancié de Soul. De Hero. De Chrona.

Solo Spirit se quedó a mi lado. Cuando tenía que ir al psicólogo. Cuando tenía pesadillas.

Cuando quería que ella volviera.

Gracias a la terapia y a mi padre, pude recomponerme un poco, y quise empezar de cero. O más bien, esa fue la idea que me metieron en la cabeza.

-Vas a empezar el instituto, Maka. Una nueva etapa. Empezar de cero. Todo será mejor.

Echaba de menos a Soul. Quería su apoyo, que me consolara, que me diera un abrazo, pero se alejó de mí. ¿Por qué? Me pregunto si es otra parte de mi penitencia por querer que te arrepintieras de no ir al baile conmigo.

Y, menos mal, realmente las cosas mejoraron cuando entré al Shibusen.

Como allí nadie me conocía, exceptuando Soul y Chrona, y ninguno mencionaba el tema, podía fingir no tener una hermana muerta. Pude hacer nuevos amigos, Black Star y Kid, y seguir intentando ser la alumna modelo que saca muy buenas notas, que nunca llega tarde a clase, que se preocupa e intenta ayudar a los demás, que nunca sabe decir no, porque la última vez que lo hizo, mató a alguien.

Hero fue a otro instituto, y no le volví a ver hasta hace no mucho, pero fue el adiós que no tuvimos entonces, y su confesión y mi respuesta quedaron en el olvido.

Quizá esté loca. Quizá esté fingiendo ser alguien que no soy. Quizá tengo la mente tan retorcida como para crear un mundo de ensueños en el que todo es perfecto. Ángela no está, pero nunca lo ha estado, por lo que no hay huella alguna de su muerte. Y tenía lo que siempre quise, a Soul.

Pero claro. Todo eso es solo un sueño, ¿verdad?

**..**

Espero que les haya gustado! Dejen sus comentarios para que sepa su opinión!

Tenía ganas de escribir este capi porque por fin podemos ver el trasfondo de Maka, ver cómo ha llegado a ser como es por un trauma que le cambió la vida a ella y a los que la rodean. Además, si uno lo piensa bien, se van entendiendo ya pequeños detalles que siempre han estado en la historia y que ahora cobran sentido (creo que algunos de ellos se puntualizarán más adelante), y se aclaran cosas, como por ejemplo el por qué Kami los dejó.

Uno no sabe lo que pueden acarrear sus decisiones, y uno no puede saber con exactitud lo que va a pasar en el futuro, o qué pasaría si las cosas hubieran sido diferentes en algún aspecto. Pero el caso es que Maka actuó como lo hizo, movida por sus sentimientos, que no eran precisamente positivos. Pero, cuándo no has hecho cosas, en ocasiones, movido por sentimientos negativos y han tenido un final malo? O un final bueno? Puede que incluso haciendo lo correcto, por desgracia, las cosas no acaben bien. Es triste V-V Pobre Makita :(

En tal caso, Maka ha estado intentando superar la muerte de su hermana, o huir de ella. Al menos tiene a Spirit, y a amigos a su lado. Veremos qué pasa ahora…

Aún quedan cositas que contar… y personajes, como Soul, con los que hay que hablar...

Así que, si quieren saber, dejen sus lindos reviews (con un helado adjunto, de chocolate a poder ser XD) y nos vemos en el próximo capi si no he muerto de calor! :P

Como siempre, muchas gracias por leer y comentar!

Bye~!^^