Bueno un nuevo capítulo, espero sea de su agrado. Espero sus reviews. Me ayudan a mejorar y me dan ánimos de continuar.

Capítulo 10 – Libertad y Viento

Esa noche de domingo ya no pude dormir. Solo veía pasar los momentos con Elsa, y el dolor que le provoqué con mi confusión. Y sentía los llantos de Michiru una y otra vez retumbar en mi mente. Por todo esto, esa noche decidí pasarla en la cabaña. Ese refugio que me devolvió algo de paz la vez anterior. Pero esta noche eso no funcionó. Michiru no me llamó, y Elsa solo se había convertido en una amiga. Al despertar en la mañana del lunes noté que mi cuerpo ya no tenía fuerza alguna para continuar. Había perdido a la única mujer que me amó de verdad por un imposible, por alguien que solo ve en mi amistad, amistad y nada más. Me sentía derrotada una vez más por el destino. Por esa fuerza superior que me arrastra hasta la tristeza y la soledad. Con algo de impotencia por la situación decidí levantarme y desayunar. Debía asistir al estudio, pues todos esperaban mis instrucciones para los siguientes casos que debían presentarse en el Juzgado.

No sentía ánimos para salir del refugio, pero así lo hice. Caminé por la playa, pero una vez más ella no estaba a mi lado. El frío de mis pies sobre la arena mi hiso reaccionar y decidí no dejarme caer. No tenía intenciones de resignar mi vida a esta situación. Conduje hasta el edificio y al entrar en mi casa, noté que del departamento de Michiru salía alguien muy angustiado. Al verlo de cerca noté que era Seiya quien cerraba la puerta del depto. No podía con la impresión. Era muy temprano para que Seiya se encontrara haciendo la limpieza. Además Michiru jamás había solicitado ese servicio de conserjería.

- Seiya, ¿Qué haces aquí? – intenté sonar tranquila aunque sentía algo de inquietud por saber la respuesta a mi pregunta.

- Solo estaba conversando con Michiru. Está muy mal. Creo que necesita desahogarse con alguien. – su respuesta me dejó perpleja. No tenía idea de que Seiya se hubiera convertido en el nuevo confidente de Michiru. Asique no pude evitar confrontarlo. No sabía porque lo hacía pero su presencia en el depto. De Michiru me molestaba y mucho.

- Que extraño, Michiru no me comentó mucho sobre su malestar. Debe de tratarse de su pelea con su novio Yaten ¿Verdad? – intentaba sonar segura de mi misma. Quería demostrarle que sabía sobre los sentimientos de Michiru pero algo en su rostro me hiso desconfiar sobre mis suposiciones.

- No tienes ni idea Haruka. En verdad. – se notaba molesto. Como si mi presencia lo incomodara. No logré entender su respuesta asique no le di mucha importancia. No tenía tiempo para perder. Y además hablar de Michiru me provocaba mucha nostalgia y dolor.

- Ok, no importa. Sus problemas de amores son pasajeros. – Ya no quería continuar esta charla. Algo en su actitud me molestaba pero no quise sonar maleducada, asique me despedí y entré a mi hogar. – Adiós Seiya, gusto en verte.

Al entrar en mi casa, sentí nuevamente toda la angustia contenida entre esas paredes. Las lágrimas recorrieron automáticamente mi rostro. Comencé a llorar sin siquiera darme cuenta.

- No voy a caer otra vez en esto. Tengo que ser fuerte y salir adelante. – repetía la misma frase una y otra vez intentando que se grabara en mi mente y corazón.

Me duche y me cambie con mi habitual traje, pero esta vez decidí que solo usaría la camisa, sin el saco. No tenía ganas de cargar con más peso del que ya tenía en mi cuerpo por la culpa y el dolor. Al cerrar la puerta, escuche su voz nuevamente. Hacía mucho tiempo que no la escuchaba cantar. La melodía era triste, la letra no pude interpretarla. Solo sentí la tristeza en su voz, y la angustia contenida en cada frase que pronunciaba. Ojala pudiera abrazarla, sentirla cerca una vez más. No pude hacer más que bajar por el ascensor. No tenía ánimos de verla, ni deseos de escucharla.

El día comenzó terrible. En el estudio todos estaban esperando mis instrucciones y yo sin notarlo solo podía oír su voz en mi mente. No atiné a dar instrucciones y decidí suspender todas las actividades con la excusa de que estaba descompuesta. Al mediodía me salí de aquel lugar que ya no sentía propio. Abandoné mi auto en el estacionamiento y corrí a toda prisa sin saber hacia dónde. Me encontré sentada en el mismo banco de la plaza donde conocí a Elsa. Al parecer mi mente me jugaba una mala pasada ese día. Allí permanecí hasta pasadas las 2 de la tarde. Cuando ya no pude con mi furia interna, me puse de pie y emprendí la carrera una vez más. Ese día solo sentía ánimos para correr. Correr del mundo, huir de mis sentimientos. Alejarme de todos. Nada de eso sucedió. Caí rendida en aquella plaza por el cansancio en mis piernas y el dolor agudo en mi pecho. Me recosté hacia arriba y cerré los ojos para poder visualizar la carrera a beneficio. Sentí a alguien acercarse y me sobresalté. Me puse de pie de inmediato, solo para notar que Elsa se encontraba detrás de mí con una risa disimulada en su rostro.

- Llevas aquí mucho tiempo ¿Verdad? – comentaba con algo de alegría en su voz.

- Perdón no sabía que estabas acá. Si te molesta me voy a otro lado. – no deseaba incomodarla ni mucho menos. Pero sería feliz si me permitía estar a su lado.

- Por supuesto que no. Quédate. Podemos tomar algo mientras descansamos un rato antes de entrenar. ¿Te parece? – Elsa actuaba como si nada de lo que sucedió hubiera afectado nuestra relación. Me sentía tranquila a su lado, sabía que comprendía mi situación y lo había asimilado de maravilla. Era realmente especial. Sabía de su dolor, podía sentirlo como si fuera mío, pero aun así me regalaba su mejor sonrisa y eso ayudó a reconfortar mi cuerpo aunque sea solo un poco.

Caminamos hasta la cafetería más cercana a la plaza y allí nos sentamos a conversar mientras esperábamos que nos trajeran los jugos que pedimos. Elsa se veía alegre, como si aún siguiéramos siendo novias. No entendía su actitud pero sentía mucha paz a su lado. Aquella paz que antes sentía al hablar con Michiru.

- Bueno, cuéntame. ¿Cómo te ha ido con esa muchachita? – su tono despectivo hacia Michiru me hiso volver a la realidad. Aún estaba molesta y le dolía preguntar por ella. No sabía porque lo hacia pero decidí responder con sinceridad.

- Michiru ni me registra. Solo tiene ojos para el idiota de Yaten. Es su novio, o exnovio. La cosa es que la engaña con una de las compañeras del Museo el muy descarado. – Mi bronca no se hiso esperar.

- Bueno, pero ¿Le dijiste lo que sientes por ella? – Elsa no quería mostrar su dolor y sonaba segura de sí misma, cosa que yo no pude lograr.

- mmm No, aún no me atrevo a decírselo. Sé que tendría que saberlo pero no quiero perderla, si le cuento y me rechaza ya no podré siquiera ser su amiga. – Estaba siendo sincera. Bebí un gran sorbo de jugo y traté de continuar. – No quiero repetir mi historia una vez más. Por eso tengo terror de confesarle mis sentimientos.

- No hagas eso Haruka. No dejes que el miedo te domine. Eres fuerte y puedes con esto. Además si no te acepta, es ella la que se lo pierde. Eres una excelente mujer, sabes como hacer sentir segura a una persona y sobre todo tienes mucho amor para brindar. Solo tienes que encontrar la persona correcta. – Elsa estaba aconsejándome. Justamente ella que había perdido mi amor era quien me daba fuerzas para continuar. Ella que había resignado su felicidad por un imposible en mi vida. Eso me hiso recapacitar. Me sentía confiada gracias a sus palabras. Y no dude en agradecerle tan lindo gesto.

- Gracias Elsa. En verdad aun no entiendo como es que te tomaste tan bien la situación. Creí que ibas a odiarme por el resto de mi vida, o al menos que me golpearías. Gracias, eres muy especial para mí. Te quiero. – esto último lo pronuncie muy despacio, para que pudiera grabárselo en su corazón. Ella había sido la primera mujer con la que estuve y cada minuto que pasaba a su lado era una experiencia inolvidable para mí. Aun ahora que solo éramos amigas, seguía sintiendo el mismo cariño y ternura por ella.

- No me agradezcas. Me debes varias ya. Jajajaaa! – Seguía de buen humor. Aunque esquivó mi confesión.

- Por supuesto, cuando quieras. Yo encantada de complacerte en todo. – Debí sonar muy coqueta, porque su rostro de ruborizó de inmediato. No podía evitarlo, ella hacía vibrar mi cuerpo. Y eso provocaba mi picardía al instante. Aún no estábamos preparadas para separarnos. Pero el destino se interpuso.

- Te tomo la palabra he. – Como siempre Elsa correspondía a mi juego, aunque esta vez pude notar algo de tristeza y melancolía en su mirada. Ambas nos quedamos un momento en silencio después de esa charla. No sabia que hacer. Llamé a la mesera, pedí la cuenta y me dirigí a Elsa.

- Vamos, aún tenemos que entrenar. – Seguir con las actividades planeadas ayudaría a disipar la situación y nos evitaría tener que hablar al respecto. Elsa asintió con la cabeza y me dedico una sonrisa sincera en respuesta a mi actitud.

- De acuerdo. A entrenar se ha dicho. – Toda su energía la depositaba en la carrera, y a decir verdad yo estaba haciendo lo mismo.

Entrenamos alrededor de la plaza durante 4 horas, hasta que ya no hubo luz solar para continuar. Allí nos despedimos. Ese fue un momento realmente incomodo para mí. Quería abrazarla y refugiarme en sus brazos, besarla con pasión y arrastrarla hasta mi cama. Logré contener mis ansias de su cuerpo y dedicarle un simple abrazo cariñoso y un beso en la mejilla. Cuando logré soltarla al fin Elsa estaba mirándome fijamente a los ojos. Con ella si podía mantener la mirada. No tenía miedo de sus ojos.

- ¿Vendrás al bar esta noche? – su propuesta heló mi piel. No sabía que contestar o como reaccionar. Su voz sensual y su mirada en mí, me hicieron actuar por inercia.

- Por supuesto. Si eso quieres ahí estaré. – una vez más ese tono coqueto en mí.

- Claro que quiero que vengas. Te voy a estar esperando. No llegues tarde. – no conocía esa faceta suya, pero tampoco me incomodó su actitud, por el contrario, que más quisiera yo que volver a sentir su piel al rose con la mía. Miré el reloj en mi muñeca que anunciaba las 8 de la noche y le contesté en tono sutil, pero sin perder la picardía de nuestro juego de palabras.

- En una hora estoy allá. Me doy una ducha y salgo. Espero que tengas el trago de siempre preparado en nuestra mesa princesa. – no sé porque la llamé así, pero la charla y el juego de palabras me llevaron a eso. Y al parecer no le molestó en lo más mínimo pues sus ojos y semblante se iluminaron por completo.

- Ok, a las 9 en el bar entonces. Hasta más tarde Haruka. – Se despidió con un beso en la mejilla y se marchó.

Fui hasta mi casa. Me duché y me paré frente al enorme ropero en mi habitación. Miré mi ropa detenidamente y no conseguía decidir que usar. Jamás fui de las mujeres que están horas paradas frente al ropero o en el espejo del baño, pero esta vez estaba realmente nerviosa y no hallaba una prenda que me gustara para la ocasión. Después de 20 minutos vestí un jeans marrón, una playera sencilla color celeste y por sobre ésta una blusa roja con escote en "V" y unos zapatos negro no muy formales. Salí del departamento y noté que ya era bastante tarde, asique apresuré el paso y me adentré en el bar.

- Haruka! Por aquí. – Elsa ya me había visto y me hacía señas desde nuestra mesa habitual. Me acerqué rápidamente y le regale una sonrisa nerviosa seguida de un pequeño beso en la mejilla. Ella me abrazó con fuerza y luego me devolvió la misma sonrisa – Hasta que al fin llegas, pensé que me ibas a dejar abandonada. – su rostro de perrito mojado causó que mi cuerpo temblara y sentía una necesidad enorme de tomarla entre mis brazos y no soltarla jamás. Así lo hice. La abracé con todas mis fuerzas, intentando desvanecer los días pasados y volver a esa noche junto a ella aquí en el bar, la primera vez.

- Haruka, por favor… -creí que me pediría que la sacara de ahí. Que la llevara a mi casa y la hiciera mía, pero algo en ella cambio de repente y solo continuo abrazándome. Así permanecimos un largo tiempo hasta que Elsa me separó de mí cuerpo.

- ¿Pedimos lo de costumbre? – intenté sonar despreocupada, pero mi voz me traicionó y terminé por sonar aún más nerviosa de lo que estaba.

- Sí, claro. – Elsa agradeció mi pregunta con la mirada y luego se dirigió a la barra del bar en busca de nuestras clásicas cervezas.

Nos sentamos en la mesa y conversamos sobre la carrera, los preparativos y nuestras expectativas sobre ella. Al finalizar la conversación comenzaba a sonar en el ambiente "Electric Shock" y me arriesgué a invitarla a bailar, aunque sabría que no sería como aquella vez.

Comenzamos a bailar al ritmo de la música, pero sin acercarnos demasiado. Hasta que el bendito DJ´S cambió completamente la melodía y el tema musical. Para mi sorpresa Elsa no se separó de mi lado, siguió bailando junto a mí, ahora a la par del famosísimo tema de TATU. "Sacrifice". Creo que la letra y el significado de cada palabra del tema nos fueron acercando lentamente. Me rodeo con sus manos, y me sentí desvanecer nuevamente en su cuerpo. Me anime a preguntar yo primero.

- ¿Querés que vayamos a mi casa? – Mi pregunta estaba cargada de muchos recuerdos. Y aun así no se alejó. Me aferró aún más a su cuerpo y pude sentir su corazón latir desbocado sobre mi pecho.

-Esta vez no. Quiero que conozcas mi casa. Vamos. – Tomó mi mano y caminamos hasta la salida. Ahí nos quedamos paradas, ambas tomadas de la mano. Aún lo lograba descifrar su actitud pero caminaba con ella. Al llegar a la esquina de la cuadra la detuve con un suave tirón de manos.

- ¿Vives muy lejos? , porque podemos ir en mi coche si no te molesta. Es que hace bastante frío. – Sonaba estúpido, pero aún podía sentir su corazón latir con fuerza cuando me indicó con una sonrisa que estaba de acuerdo con mi propuesta. – Ok, Vamos por mi auto y me enseñas donde vives, princesa. – Otra vez estaba llamándola de esa manera. La situación era muy especial. Ninguna de las dos sabía exactamente qué estaba haciendo pero nos movíamos por la fuerza de nuestra pasión y la urgencia de sentir nuestros cuerpos fusionados en uno una vez más, aunque fuera solo por cariño y nostalgia.

Llegamos al estacionamiento y dejé que esperara allí mientras subía a buscar las llaves a mi depto. Supuse que no querría subir conmigo, ya que podría cruzarse con Michiru. Y así fue. Ni bien salí del ascensor, allí estaba ella. Recargada sobre la perilla de su puerta y ocultando su rostro bajo ese cabello aguamarina que te transporta a las olas del mar en furia. No supe que decirle, se notaba que estaba muy triste pero supuse que sería por el imbécil de su novio asique la rabia dejó que la ignorara casi por completo, hasta que la escuché llorar en vos baja. Su llanto desvaneció mi orgullo y calmo mi ira. No podía dejarla así. Tenía que decirle algo.

- Buenas noches Michiru. ¿Cómo te está yendo en el trabajo? Hace tiempo que no veo a Mery por aquí. – no quería que se explayara demasiado sobre sus sentimientos, solo quería confirmar que sus lágrimas eran por Yaten y largarme del lugar. Volteó a verme y mi cuerpo se paralizó. Sus ojos estaban apagados casi por completo y sus lágrimas destrozaron mi alma al instante. No podía verla sufrir, aunque fuera por ese imbécil que no la merece. Pero tampoco quería aferrarme a ella sin esperanzas de obtener el mismo amor que le brindaba. Asique en un momento de lucidez solo pude abrazarla con cariño y dedicarle unas palabras.

- Tranquila, todo se va a solucionar. Si no te quiere de verdad debes dejarlo ir. Es mejor vivir la realidad día a día que soñar eternamente. – creo que me lo decía a mí misma.

- Haruka quédate conmigo ¿sí?, necesito hablar con vos. –Otra vez la confidente de Haruka al rescate. Pero no. Esta vez no tenía por qué pasar por lo mismo. Además ya tenía a Seiya para sus confesiones y charlas. Ahora tenía a Elsa nuevamente conmigo y no dejaría escapar esta oportunidad de sentirla mía nuevamente, por alguien que solo ve en mí a la "eterna amiga".

- Disculpa Michiru pero tengo planes. Si quieres mañana por la noche conversamos. Pero ahora tengo que irme. – No quería sonar ruda y hostil pero creo que así fue como reaccioné.

- Está bien, perdona que te molestara. Creo que hablaré con Seiya entonces. – Se notaba que estaba librando una guerra interna de sentimientos encontrados, pues no lograba definir su situación con Yaten. Al menos eso fue lo que pensé.

- No hay problema, nos vemos. – Entré, busqué las llaves y salí nuevamente rumbo al estacionamiento en planta baja. Allí estaba Elsa esperándome.

Conduje por aprox. 10 minutos hasta que llegamos a su casa. A diferencia de la mía, Elsa vivía en una casa sencilla y muy acogedora, nada que ver con el frío y solitario edificio.

- Pasa por favor. Ponte cómoda. ¿Quieres algo de tomar?

- No, por mi está bien, gracias. – no sentía deseos de tomar alcohol.

- Bueno, yo sí tomaré una cerveza más.

Mientras Elsa disfrutaba de su bebida yo me dediqué a observar el lugar. Las paredes y techos de madera hacían de este lugar un hogar de verdad. Los colores tierra me recordaban a mi cabaña en el mar. Los sillones color negro y los adornos en las pareces lograban captar la atención de cualquiera que pasara por allí. Todo me hacía recordar a mi cabaña. Estaba disfrutando de algunos cuadros colgados en la sala cuando Elsa me sorprende desde atrás con un abrazo suplicante.

- Ven, te enseño la habitación. ¿Quieres? – su mirada fija en mis ojos me hiso seguirla nuevamente. No sé cómo lo hacía pero cada vez que me miraba me sentía arrastrar por esos ojos color fuego que me quemaban la piel.

Al llegar a la habitación todo estaba a oscuras. Elsa me sujetó del cuello de la blusa y comenzó a besarme con pasión y locura. Me arrastró hasta la cama entre suplicas de amor y besos sofocados. Su respiración en mi cuello y sus manos recorriendo mi cuerpo lograron que reaccionara. La tomé entre mis brazos y caminé delante suyo unos pasos hasta caer ambas en la cama. No podría describir el huracán de sensaciones que sentí esa noche. Volver a sentir su aroma, su piel y sus manos fue realmente increíble. Quería quemarme en su mirada. Dejarme ser. Arrebaté su ropa con urgencia y me despojé de mis últimas prendas con rapidez. Batallamos un largo rato sobre qué posición adoptar, ya que quería ser yo quien la guiara hasta la locura. Al cabo de varios besos y caricias triunfé. Recosté mi cuerpo sobre el suyo con sutileza y comencé el recorrido de besos y caricias. Besé su cuello, hasta su boca, y luego una vez más por su cuello. Allí suspiré con pasión hasta sentirla temblar en mis brazos. Deslicé mis manos por su abdomen hasta sus piernas. Esa noche borraría todo el dolor que le hice sentir en estos últimos días. Su respiración comenzó a aumentar y nuestros cuerpos se fusionaron en uno para dar paso a la locura. Con el último de sus jadeos, quedamos tendidas sobre las sabanas. La respiración fue normalizándose y pude articular palabra.

- Elsa yo… - no me dejó continuar, cubriendo mis labios con su dedo índice.

- Ya, no digas nada. No arruines el momento. Descansemos. – y me abrazó con ternura y cariño, nada más lejos de la pasión y lujuria vivida hace unos momentos.

- No puedo quedarme. Mañana tengo que trabajar. Perdón. – Otra vez estaba haciéndole daño. No quería continuar así, pero me era imposible dejarle ir.

- Está bien. Creo que esto fue un error ¿Verdad? – su rostro de angustia me partía el alma en mil pedazos.

- No, por supuesto que no princesa. Te quiero. Es solo que no quiero lastimarte más. Y si continuamos así vamos a hacernos mucho daño. Perdón. De verdad fue hermoso, pero creo que está fue nuestra despedida. –Estaba hablando con sinceridad. Ya no quería seguir jugando con sus sentimientos, ni con los míos.

- Está bien, tenés razón. Mejor lo dejamos hasta acá. Gracias por esta hermosa despedida Haruka. Te amo, aunque vos no puedas decirme lo mismo. – Sus palabras me hicieron ver lo triste que estaba y lo mucho que le costaba dejarme ir.

Abracé su cuerpo desnudo y allí permanecí por un largo rato, sin emitir palabra alguna. Quería que sintiera mi cuerpo con el suyo y lo mucho que significó y significa en mi vida. Después de unos minutos la solté.

Dejarla libre era la mejor opción. Además no podía corresponder al amor que ella me regalaba, y eso nos estaba consumiendo a ambas.

-Bueno, no puedo decirte que te amo, pero si puedo quererte. Te quiero, de verdad. – mis palabras acabaron por cortar nuestro lazo, o al menos así lo sentí yo.

- Gracias, te amo. – me dedicó una gran sonrisa y se recostó sobre la almohada, para luego quedarse dormida.

Recién ahí pude marcharme. No sin antes observarla por completo una vez más. Grabé en mi mente su cuerpo y sus caricias. Jamás olvidaría lo que ella me enseñó y lo mucho que me amó.

Al llegar a mi edificio dejé mi coche en el estacionamiento y me adentré en el ascensor. Al abrirse la puerta en el 8º piso de inmediato una ráfaga de aire trajo hasta mis oídos su voz. Quedé sumida en su voz, en esa voz tan única y especial que me transportaba hasta los paraísos más hermosos que alguien pudiera soñar. Al acercarme hasta la puerta de mi casa, pude distinguir claramente la melodía. Era la misma melodía que había escuchado por la mañana, solo que esta vez pude distinguir la letra de la canción. Me adentré en mi hogar y me fui directo al baño, por una ducha que relajara mi cuerpo.

Viento, elévame de la tierra

Hazme despegar

Viento, rompe todo silencio

Hazte escuchar

Cuando un simple humano

Cuando un simple animal

No te dejen llegar

El agua corría por mi espalda y cuello y yo solo podía seguir escuchándola. Al fin el aire jugaba a mi favor trayendo consigo una melodía tan hermosa, solo para mí.

Soy tu camino destinado

El que nunca te perderá

Te amo con amor verdadero

Y si sigo aquí

Es porque eres mi libertad

Comencé a pensar en ella y en cuanto daño le habría causado con mis desplantes y falta de afecto. Jamás quise lastimarla, solo que no podía enfrentar su amistad. No podía resignar mi amor a su cariño.

Antes de que llegues

Ya se cuan cerca estas

Eres mi loco alboroto

El viento que me hace volar

Cerré mis ojos para dejarme llevar por esa melodía. Tan suave y dulce a mis sentidos.

Viento, elévame de la tierra

Hazme despegar

Viento, elévame con tus besos

Llévame a volar

Porque este simple humano

Porque este simple animal

Te quiere ver llegar

Ya no sentía el agua correr por mi cuerpo. Solo su voz en mi mente. Solo su voz en mi corazón. Volví a sentir esa paz que teníamos en un principio, cuando nada era tan complicado. Cuando estábamos ahí para ambas.

Soy tu fiel molino

Locura que tu aliento moverá

Te amo más allá del tiempo

Sigo siempre aquí

Porque eres mi necesidad

Ahora todo era distinto, en mi nació el amor. Y ella solo supo mirar otros ojos. Ojos que la engañaron, ojos que la hicieron sufrir. Por quien derramó muchas lágrimas que ya no puedo aguantar. Aun así no la dejaré escapar. Ahora que todo con Elsa terminó, estoy decidida a hacerme escuchar. A gritar mis sentimientos de una buena vez.

Viento revoluciona mis sentidos

Eres el viento que quiero oír soplar

Grítame con fuerza

Que siempre me harás volar.

Sentí ganas de gritar. Gritar que la amo, que ya no hay nada más. Me derrumbé sobre la bañera y hundí mi rostro en el agua. ¿Por qué demonios no tenía la valentía para confesarle mi amor? ¿Por qué?!.

Bueno… hasta aquí. Quiero AGRADECER PROFUNDAMENTE a "marsromina" GRACIAS Sirena por la hermosa canción, que es de SU AUTORÍA y me cedió el permiso de poder usarla en algún momento de la historia, y creí conveniente utilizarla en este momento. Luego sabrán que es MUY IMPORTANTE para Haruka la letra y el porqué de su significado.