Bajo el puente de Londres

por: Lucía Boggiano


Era el quinto domingo, un día muy esperado por todos los estudiantes del colegio Real St. Pablo. Miles de carruajes esperaban en la puerta, pero no todos podían disfrutar de aquel día. En la segunda colina de Pony, estaba Terry con un cigarro, apunto de terminarlo, regalándole muchos dulces a Klin. Para él este era un día como todos o peor aún, muy aburrido pues no vería a su Pecosa.

Terry estaba vestido con un ceñido pantalón blanco, un chaleco marrón y una camisa con los cuellos totalmente desarreglados; también con unas largas botas marrón oscuro.

Recostado en la rama alta del Padre árbol podía ver todo Londres, el puente, la catedral, las cúpulas, castillos... pensaba en su madre, en su agitada vida y el desprecio que según él le tenía. Se preguntaba por Candy, "¿en dónde estará? Quizás se halla quedado en el colegio, en su recámara...¿ir a verla? No, podía meterla en problemas"... "o quizás ha podido salir con sus primos 'el americano elegante' y 'el dizque inventor'.

Mientras su mente vagaba y soñaba, no se dio cuenta que unos pasos se acercaban a la colina, sólo pudo salir de su estado al escuchar una conocida y pícara voz: "Klin!, pero quien te ha dado tantos dulces! Me invitas uno verdad?" – Klin asintió con la cabeza.

- ¡uhm! No sabes cuanto me agradan los dulces!

- si lo hubiera sabido te hubiera dejado algunos en tu cuarto

- Terry! –al verlo, Candy se alegró mucho, pues pensaba que estaría en el zoológico o en el hipódromo.

- No sabía que te alegrabas tanto por verme pequeña mona pecas

- ¡¡Soy Candy Whit...

- shhh! Lo sé Srta. Pecas, pero no te enfades sino, ¡ se te verán más las pecas! – y empezó una mezcla de angelicales risas...

- ¬¬ no me causó ninguna gracia, Terry.

- ... pensé que estabas con tus primos...

- Tú bien lo sabes. La tía abuela nunca me ha querido y no creo que esa vieja cabeza dura lo haga. ¡¡¡Estoy más feliz aquí que aguantar a esa vieja cascarrabias!!!

- Jajajaja – Terry no paraba de reír mientras se llevaba unos chocolates a la boca con su peculiar estilo – se te ven más las pecas!!! Jaja

- Terry Grent Granchester! Es imposible hablar contigo! Klin! Acompáñame a mi cuarto! – Candy y Klin se iban, este último con los dulces y ella no dejaba de pensar acerca de lo ocurrido ' que chico tan mimado y malcriado'. En el fondo las indirectas de Terry no la enfadaban, mas bien ella estaba ya acostumbrada y era tan cotidiano que cuando él no le decía nada, Candy se sentía triste. Muy en el fondo sus corazones estaban tan sincronizados que ambos se necesitaban, y ella aún más necesitaba escuchar las descaradas e ingeniosas frases y sobre todo los graciosos apodos que Terry inventaba.

Pero Candy no se dirigió a su cuarto... ... Era muy solitario y estar encerrada entre las cuatro paredes no era de su más mínimo agrado. Y para colmo estudiar! "no ni loca!!!". Necesitaba tomar aire, Terry la había puesto de muy mal humor, en sí, la había hecho pelear: "¡lástima que él esté en el árbol! ¡tanto que quería subirme!!"

Un olor a carne asada le abrió el apetito... la hora del almuerzo se acercaba y los dulces que había comido no la satisficieron y su estómago vacío, no sobrevivía. Su instinto la llevó cautelosamente desde el pasillo hasta la cocina, donde se encontraba la mamá de Mark.

- Candy? Pasa... no hagas ruido, te pueden escuchar, ok?

- No quería molestarla, pero ya ve... estoy hambrienta!! – hizo una pausa larga, su estómago 'rugía' - ^_^ U

- Siempre eres bienvenida Candy. Te sirvo un plato antes que lleguen las madres y te pillen.

- ¡Uhm! ¡Huele delicioso!

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Terry tenía un simple presentimiento, "es hora del almuerzo, así que iré a ver a Candy, las 'monjas' estarán comiendo y no nos encontraran"

Saltó de la rama sis sufrir ningún rasguño, cogió su chaqueta y empezó cuesta abajo a descender hacia su cuarto primero, y luego al de Candy. Y como el lo pensó, no halló a nadie.

- tendré que esperarla - pensó

- tarzán pecosa, ¿en dónde te habrás metido?

Los Legan, Brighten y Ardley estaban almorzando junto a la tía abuela como siempre, como lo hacían todos los días de descanso; luego venía la visita obligada al museo, conferencia y una pequeño recorrido a los lugares más contemporáneos y antiguos de la época. Al finalizar el día, el té y de regreso al colegio, "la cárcel".

Archie y Stear estaban muy resentidos por la constante indiferencia de la tía abuela para con Candy. Sólo pensaban en lo mal que estará ella sola en el colegio. Pero la sola idea de pensar en el colegio, obligó a Archie a pensar en el Terry, "ojalá esté muy lejos de ella ahora".

- tía abuela, insisto en que Candy sea tomada en cuenta en las reuniones familiares de los Ardley, y que la invites a participar del té el próximo quinto domingo.

- Archibol Cronwell, he hablado claramente sobre el comportamiento de Candy, y como lo sabes, ella sería una deshonra para la familia.

- Pero tía abuela, ella es de nuestra familia, lleva el apellido Ardley.

- Como tú mismo lo has dicho Archie, lleva el apellido, sólo eso, porque de sangre, ella es una huérfana del hogar de Pony, y no lo niegues, la tía abuela también opina igual.

- Eliza! Te prohibo que te expreses así de Candy!

- Por favor cállense!! Que horror los dos discutiendo por ella, es el colmo!

Archie, no opinó más, pero por dentro era una persona muy triste por ver cómo la maltrataban dentro se su misma familia.

- ¡ummmm! ¡que sueño que tengo!, oye Klin, sé buen chico y déjame descansar ok?, con todo lo que hemos comido merecemos un buen descanso!

klin salió corriendo pero no exactamente por el pedido de su ama, sino que presentía otra cosa más interesante.

- ¡ahora a dormir! pero que aburrido es todo esto, nosé como la hermana Margaret, siendo como es pueda soportar este festival de claustrofobia! - Candy entra a su habitación y al cerrar la puerta siente una voz que la deja totalmente atónita...

- ¡huyyyy! ¡por poco y me encuentras sepultado y momificado! ^_^

- ¡terry! – gritó Candy como si hubiera visto al mismo Frankestain, pero ella tenía la razón, ser asustada de esa forma no es para menos - ¡pero que haces aquí en mi cuarto!!!? ¡¿quién te ha dado permiso?? ¡Eres un:...

- shhhh!! – le tapó la boca a Candy... – ayyy! – pero Candy no soportó el tremendo susto y le mordió los dedos, Terry sólo atinó a gritarle aún con más fuerza.

- ¡No sabes que si te escuchan las monjas nos podemos meter en líos!

- Perdón, pero es que tú me provocaste! ¬¬

- ¿yo? Acaso soy yo la lora parlanchina con pecas y megáfono que ha gritado?

- ¡¡ah terry!! – y lo empujó cayendo los dos en la cama siendo Terry el que aguantaba todo el 'peso' de Candy.

- Bueno ya! Pero que haces acá?

- Te lo diré, pero si te bajas y me dejas salir, o prefieres continuar así?

- ... – Candy estaba roja y se levantó con la mirada baja. Terry prefirió no darse cuenta y se dirigió a la ventana, la empezó a abrir y examinar cuan alto estaba el pequeño balcón del suelo.

- ¿nos vamos? Ya vi que no hay nadie y podemos salir sin que nos vean. Apúrate porque tengo un apetito voraz!

Candy acabada de almorzar, pero no podía rechazar aquella suculenta oferta, su rostro se le iluminó con sólo pensar en asados y muchos lomos; y claro, su apetito nunca acabada, siempre había espacio para algo más...

- Terry... ¿pero a dónde iríamos?

- Tengo un plan, sígueme.

Candy y Terry bajaron por la ventana cuidadosamente, ambos eran expertos y no les costó mucho trabajo. Para ella sólo existía un pequeño, o quizás gran problema: ¿a dónde ir? – se preguntaba internamente "¿a dónde me llevará Terry?, que importa! Con tal de salir de aquí y estar con él, ¡que me lleve al fin del mundo si es posible!" – y comenzó a reír tapándose la boca para que Terry no se desconcentre.

Iban por una estrecha acera, la avenida en sí era muy angosta. Se parecía bastante al barrio por donde Candy deambuló una noche fría buscando medicamentos para Terry y en dónde también se encontró a Albert. La pista adoquinada le daba ese aire genial perfecto para aquellos que aman Londres y todo lo contemporáneo. Estaba rodeado de inmunerables casas y restaurants de clase media alta. Aquel lugar era muy concurrido los domingos y los precios eran módicos. Terry tenía un lugar preferido no sólo por la buena comida que se sirve, sino porque su gente era amigable y lo conocían mucho, lo trataban como en su casa por el sólo hecho de ser sencillo y natural a pesar de ser de sangre azul; Terry nunca se quejó, porque él no tenía ninguna distinción de clases y razas, además le mantenían un gran respeto por ser hijo de un Duque. Aunque él primeramente no quiso decir nada de eso, ellos se dieron cuenta muy pronto al ver un reportaje.

Candy estuvo de acuerdo al ingresar a este local, primero por que con lo poco que tenían no podían pagar otro y segundo porque si iban a un restaurant a la altura de Terry tendrían que ir con vestidos lujosos y ellos no estaban para eso. Además sabiendo el carácter de cada uno, preferían estar en un lugar cómodo que en un lugar donde lo que prevalecía era la aristocracia y con ella los lujos.

A algunos ya les era familiar ver a Terry cada domingo, pero esa tarde se sorprendieron al verlo entrar con una bella jovencita de ojos verdes y cabellos rubios. Siempre lo veían solo, pero rápidamente reconocieron que ella era la chica de que tanto Terry les hablaba...

CONTINUARA.....

Notas de la Autora:

Hola, espero les guste esta primera parte de este capítulo, que para mí me hubiera gustado que pase, porque pienso que podría cambiar en algo la historia de Candy- Candy.

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Sakura_lucy15@hotmail.com

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