Natsu no me pertenece, para mi mala suerte, FT es completa propiedad de Hiro, yo solamente juego con ese sexy pelirrosa y sus amigos.

Lucy—pensamientos o recuerdos

"Natsu"— plática telefónica.

La Primera

Capitulo 1: ¿Infidelidad?

—¿Te llamaron?— preguntó un sorprendido Natsu, ahora sí que aquellos estúpidos se habían pasado.

—"Sí, y me dijeron que te niegas a ir a celebrar con ellos"— la dulce y tranquila voz de su mujer del otro lado de la línea lo hizo sonreír, así era siempre, solamente con escuchar su voz podía sonreír.

—Dios, no les hagas caso, lo único que quiero es llegar a casa y besarte— se distrajo jugando con un bolígrafo, aquel día tenía mucho trabajo, pero también aquel día hacían dos años que cumplía como gerente en Fairy Tail.

—"Vamos, Natsu, Gray me dijo que tienen todo preparado, solamente será una fiesta de agradecimiento"— el hombre miró el porta retratos que tenía sobre su escritorio, su mujer, no podía creer que aun cuando tenían más de siete años conociendo a Gray y compañía, ella seguía pensando que hacían fiestas inocentes.

—Pero…— suspiró, ponía sus manos al fuego y su cabeza bajo un hacha a que de inocente no tendría nada aquella fiesta. —Está bien, pero espero encontrarte con algo sexy— dijo juguetón, aquello sería su venganza.

—"¡Natsu!"— sonrió al escuchar el sorpresivo grito del otro lado de la línea. —"Te amo".

—Yo también te amo— susurró.

—Yo también te amo— una burlona voz se escuchó a la misma vez que la puerta de la oficina era abierta.

—"Creo que tienes visita, diviértete"— dijo la mujer del otro lado antes de cortar la comunicación.

El hombre miró el teléfono y lo dejó en su lugar para concentrar su mirada en el pelinegro recién llegado.

—Quita esa cara, hombre, el hecho que estés casado no quiere decir que estés castrado— dijo sonriéndole burlonamente.

—¿Entonces deseas que me involucre con otras mujeres?— preguntó un serio Natsu.

—No, si la engañas yo personalmente te hiciera mierda— dijo seriamente.

—Sí, como digas— le restó importancia. —¿Qué quieres?— le preguntó.

—Te venía a buscar, ya vamos a tu fiesta— la sonrisa de Gray no le gustaba, sabía que clases de fiestas tenían Gray y los otros, no eran para personas como él, no eran para hombres casados, lo juraba.

…000…

—Te queda precioso— decía un hombre de cabellos rubios cenizos. —Media vuelta— ordenó a la chica que estaba frente a él. —Tienes buenos pechos, un buen culo, sino fuera porque ya pagaron por tus servicios, te follaría aquí mismo— le dijo de manera lasciva, mirando a la chica de arriba abajo.

La chica llevaba el rostro cubierto, solamente sus ojos eran visibles, su profunda mirada no se apartaba del hombre, sin embargo, bajo la fina tela que cubría su boca, sus dientes estaban apretados fuertemente, estaba conteniéndose para no abofetear a aquel asqueroso, solamente el recordar que su hermana estaba en una cama la daba fuerza, tenía que hacerlo por ella, su hermana solamente la tenía a ella, su cobarde hermano que decía que era muy macho las había abandonado.

—Sabes las reglas, el cliente es quien manda— dijo mientras tomaba una caja de cigarrillos y un encendedor. —Es una pena que primero te tenga que tener otro— susurró el hombre mientras daba una larga calada de su cigarrillo. —Retírate, ve con Yukino y Juvia, tienes que estar dentro de una hora en la habitación principal— vio como la chica solamente asentía con una inclinación de cabeza.

El hombre suspiró, saboreando el delicioso sabor de la nicotina en su boca. Aquella chica era su nueva adquisición, sin embargo, no hubo podido darle una bienvenida como a todas las demás, pues Loke lo había llamado, pidiendo algo único para un amigo especial, no podía negarle nada a su mejor cliente, Loke junto a Gray eran de los clientes que no les importaba que cantidad pagar por unas de sus chicas. Estaba seguro que sea a quien sea que los hombres planeaban sorprender, lo conseguirían, pues habían pedido la mejor habitación y con todo nuevo y no usado antes, pues le habían dicho que era alguien bastante complejo.

—Seguramente quedará satisfecho— sonrió al terminar su cigarrillos y tomar otro, porque si algo amaba Sting Eucliffe era a las mujeres y al tabaco.

…000…

Sabía que no tenía que acudir a salir con Gray y compañía, un putero, no era que estaba sorprendido, conocía bien a aquellos hombres y su estilo de diversión, mas no esperaba que al llegar a aquel lugar cada uno se dispersara por su lado, y claro, como era su primera vez allí, terminó perdido, por lo menos hasta encontrar a una chica la cual lo guio a una demasiado lujosa habitación con estilo árabe, cojines en el piso, largas cortinas, ambiente íntimo, y una muy grande cama, esperen. ¿Aquello era un tubo? Sí, un tubo de metal donde bailaban las mujeres de vida alegre, no era un santo, conocía la materia.

—Lo siento, señorita no soy….— pero cuando miró a su espalda se encontró solo, la mujer se había marchado. ¿Qué diablos se supone que haría en aquella habitación? Estaba solo…Miró todo el lugar y detuvo su mirada en una pequeña puerta que se abría. Jesús! Pensó cuando su verde mirada se encontró con la figura femenina, tenía una especie de túnica, roja, brillante, era seda, los reflejos de la tunes luz brillaban al contacto con la tela. La tela caía justo sobre medio muslo, dejando toda la blanca piel de sus piernas descubierta. Volvió a mirarla al rostro, lo tenía cubierto, solamente sus ojos eran visibles.

—Perdone mi demora, señor— en ningún momento había levantado el rostro para ver al hombre, mientras menos contacto, más rápido sería aquello, solamente tenía que recordar que era por su hermana.

La voz femenina fue como una bofetada para el hombre, suave, dulce, no había escuchado algo igual antes. Estaba atónito, sorprendido.

—No te preocupes— y su voz salió demasiada pesada y ronca, cosa que nunca quiso.

Al escuchar la voz de aquel hombre, levantó la mirada, y sus ojos se encontraron con la mirada verde oscura del hombre, su garganta se secó y sus ojos se abrieron como platos. Habían pasado diez largos años, pero lo recordaba, ese rostro, esa voz, los recordaría siempre. Sus ojos se llenaron de lágrimas, lágrimas las cuales había estado reteniendo durante muchos años, pero no derramaba, y ahora tampoco lo hizo, tenía que recordar lo que le hizo aquel hombre, se había llevado su confianza y su inocente amor de niña, la había dejado vacía.

—Yo…— su vida sexual era bastante activa, no necesitaba serle infiel a su esposa, pero poca idea tenía de como pedirle o decirle a aquella chica que todo había sido equivocación, que él no pretendía acostarse con ella. Abrió los ojos sorprendido, pues vio como la chica llevaba una mano al lazo que rodeaba su cuello, como lo deshacía y luego la túnica caía a sus pies, dejándola completamente desnuda, solamente con el rostro cubierto. Su cuerpo se endureció al momento que su mirada recorrió a la mujer de arriba abajo, el cuerpo femenino brillaba por el aceite que le cubría, y aunque su mente intentaba recordarle que estaba casado, que tenía una maravillosa esposa, sus pies se movieron acercándose a la chica, dejando sus manos sobre sus hombros antes de inclinarse un poco sobre ella y cubrir su boca con la suya.

…000…

Abrió la puerta con pereza y ya cuando tuvo dentro se recostó en la puerta. ¿Qué había hecho? Los recuerdos vividos con la mujer de horas atrás ahora pesaban como plomo en su consciencia, remordimiento, culpa. Había mandado al demonio ocho años de perfecto matrimonio solamente por unas horas de desenfrenado sexo. Diablos, no tenía perdón, en ningún momento había imaginado que aquella chica era su esposa, no tenía excusa que valiese, se había olvidado completamente de su mujer mientras se revolcaba con aquella muchacha. ¿Qué haría? Se frotó el cabello, confundido, enojado, suspiró y con resignación luego de pensarlo una y otra vez, subió las escaleras y se adentró en la habitación matrimonial. La escena que vio al encontrarse la recamara, le llegó al corazón, allí estaba ella, hermosa, con su cabello esparcido en la almohada, sus labios entreabiertos mientras la luz de la luna se colaba entre las cortinas y acariciaba su delicado rostro.

Se despojó de su ropa y fue al cuarto de baño donde se duchó, sin embargo, mientras lo hacía, volvió a recordar a aquella chica, preciosa, hermosa, de grandes ojos y labios dulces. No, sacudió la cabeza, no podía estar pensando en otra mujer, no en su casa, no con su esposa durmiendo a centímetros de él. Se secó rápidamente y completamente desnudo tomó su lugar en la gran cama matrimonial, tomando a la mujer en sus tan vacíos brazos y abrazándola con delicadeza para no despertarla.

—Natsu…— fue el dulce susurro de ella entre sueños y él sonrió nostálgico. No dijo nada, solamente quedó allí con ella en brazos mientras su mente y recuerdos eran invadidos por escenas las cuales debía haber impedido y evitado que sucedieran.

No, aquello solamente había sido un error, el peor error que había cometido aquellos últimos años, el sexo había sido bueno, pero su esposa era primero, era primordial en su vida, ella había llegado primero, ni siquiera supo el nombre de su chica anónima, era una ley del lugar, según le había dicho ella, no le había dicho su nombre. Observó el dormido rostro de la mujer que descansaba en sus brazos.

—Lucy…— aquel hermoso nombre se escapó de sus labios y para su sorpresa, se sorprendió.

Continuará


Espero que les haya gustado, es mi primer oneshot?...Esta historia es dedicada con mucho cariño a una nalibier loca llamada Irene Pilar, me tiene bastante cabreada con sus loqueras de nali obsesiva xDD…Y de hecho, cualquier persona que involucre a Lucy con otro chico que no sea con Natsu, no le soporto, especialmente si son las que la meten con el rubio con carencia de cerebro xDDDDDD

Nota resubida

Olviden lo que dije arriba, la historia no será ningún oneshot, la seguiré y os advierto, a diferencias de muchas, yo no involucro a Lucy con el primer aparecido, ni me gusta Sting y ni me agrada Gray, Loke o todos los otros con quienes la junta, soy fiel al NaLu y nunca apoyaría a Lucy con ningún otro chico, cosas que no hacen muchas supuestas fans