Hola! Aquí me presento con otro cap, recién salido del horno! La verdad es que no me animaba a seguir publicando pero vi los reviews y me alentaron a seguir. El capitulo es más corto que el primero y tranquilo dentro de todo. En realidad este fic iba a ser un one-shot no tenía intención de alargarlo pero creo que da para más. Dependiendo de la acogida que tenga, en este capitulo y el siguiente que subiré en este semana, continuaré la historia como long-fic o lo acortaré.

En fín, gracias a los que me dejaron reviews! Ustedes son el aliento que me anima a seguir con la historia y también a los que leen y no comentan!


CAPITULO 2.

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Mansión Flint, 23 de Diciembre de 2023.

Theodore Nott se encontraba amarrado en una silla metálica en lo que parecía ser un dormitorio. Se encontraba solo hasta donde sabía, estaba oscuro pero era capaz de divisar ciertos objetos. Recordaba que había sido interceptado por dos encapuchados no muy lejos de su casa. Lo habían desarmado entre los dos y lo habían dejado inconsciente luego de una lluvia de maldiciones. No tenía idea de a dónde lo habían llevado pero si sabía algo. Eran mortífagos, lo sabía por los métodos sucios de duelo y por sus trajes. No podía equivocarse, claro qué no. Y eso solo significaba algo: los rumores eran ciertos.

El ex Slytherin, se removió en la silla intentando averiguar en qué condiciones estaba. Estaba atado por medio de embrujos, como pensaba, y no tenía varita. Suspiro y trato de tranquilizarse. La realidad era que estaba desesperado, la situación era verdaderamente complicada. No sabía a dónde estaba ni tampoco quién lo había llevado allí.

De pronto, la puerta de la habitación donde estaba se abrió. Theo miro al recién llegado, espantándose al reconocerlo. Allí, parado en el umbral de la puerta se hallaba Theodore Nott padre.

Los ojos de Theo se abrieron descomunalmente mientras miraba a quién había sido su progenitor. El señor Nott había sido encerrado en Azkabán luego de que terminara la Segunda Guerra Mágica, él había muerto allí de manera misteriosa y desconocida. ¿Cómo demonios su padre estaba parado en frente de él tal y como lo recordaba? ¿A caso lo habían maldecido o qué?

Su padre camino hacia él, con su habitual porte propio de un sangre pura. Theo estaba estupefacto, era sencillamente imposible lo que estaba viendo. El señor Nott se acerco a él y entonces su hijo se dio cuenta de la diferencia. El cabello de su padre era negro azabache y lacio como solía tenerlo pero sus ojos… No eran del color azul zafiro que él mismísimo Theo tenía, estos eran de un color escarlata...

- ¿A caso no te alegra verme, Theodore? – La voz del señor Nott era lúgubre, sin vida. No tenía ni siquiera el tinte oscuro que Theo recordaba. Era una voz áspera de ultratumba. El auror sintió como la sangre se congelaba en las venas. Ese hombre en frente de él no era su padre, era un monstruo.

- ¿Qué te hicieron? – Dijo el hijo con un hilo de voz, evadiendo los orbes rojo sangre. Una sonrisa fría se dibujo en el rostro pálido del mortio.

- Me devolvieron la vida. – Le espeto el señor Nott. Theo pensó que aquella cosa en frente de él era más un cadáver que un humano. – Lo mismo le hicieron al Lord y a los demás. Solo faltan algunos.

- ¿Qué? – Theo estaba aterrado, su cerebro a penas procesaba lo que ese muerto viviente le estaba diciendo. - ¿Están vivos…?

- Claro que sí. – Repuso el mortifago, con vehemencia. – Más vivos de lo que crees, pronto vas a verlo tú mismo, hijo.

- ¿Por qué me trajeron aquí? – Preguntó, de repente el auror, con dureza. - ¿Qué están planeando?

- Calma, Theodore. – Le cortó Nott, sacando su varita. Hizo levitar la silla en la que estaba amarrado su hijo y la hizo salir por la puerta. – Pronto averiguaras todo.

Theo no pudo preguntar nada más debido a la impresión. No conocía el lugar en el que estaba pero intuía que se trataría de una propiedad de los sangres pura. ¿Qué diablos estaba pasando? ¿Cómo es que su padre estaba vivo? No entendía absolutamente nada, no era capaz de atar cabos de ningún tipo, pero lo peor ¿Por qué estaba él allí?

No tardo en verse debajo de las escaleras, en una sala de estar poco iluminada y bien mantenida. Una araña negra colgaba en el techo, una alfombra gris topo cubría el suelo y un juego de sillones de terciopelo negro se encontraban en el centro. La chimenea estaba encendida, unos cuadros adornaban las paredes y, en ellos, Theo reconoció a los miembros de la familia Flint; una familia de sangres puras. Parado en frente de la chimenea, Theo vio a un hombre. Tenía las manos detrás de la espalda con las que jugaba con su varita. Vestía un traje negro y su cabello oscuro estaba, pulcramente, engominado y peinado. El auror no quiso reconocer esa silueta, era demasiado para su salud mental.

Nott dejo de levitar la silla bajándola, peligrosamente cerca, del hombre. A continuación, este se reverencio ante la figura.

- Milord… - Dijo con su voz carente de cualquier rasgo de vida. – He traído al traidor como ordeno.

Theo noto como su "padre" lo entregaba a modo de traidor a aquel sujeto. Este último dejo de jugar con su varita, poniéndose rígido.

- Sí ya veo. – Fue la ínfima respuesta dada por el personaje. Nott hijo, distinguió el mismo tono frio, sin vida y áspero de su padre. La diferencia estaba en que esa voz le daba la impresión de un serpenteo. Un escalofrió le recorrió al notar eso. – Hasta donde recuerdo este "traidor" es tu hijo, Nott.

- Sí, milord. – Respondió el mortio al lado de Theo. Este último miro la estancia en busca de alguien más pero no había nadie. Estaban solos.

- ¿Y tú le enseñaste a tu hijo a ser un traidor? – Pregunto nuevamente el tipo. Theo sentía un terrible frio allí, entre esos sujetos. ¿Qué demonios eran?

- No, milord. – Repusó Nott.

- Mientes. – Dijo con silbidos serpentinos el hombre aun sin moverse de su lugar. – Las fallas de tu hijo son las tuyas también. Me decepcionas Nott, eras uno de mis más leales mortífagos. – Acto seguido Theo vio, con espanto, como su supuesto padre se retorcía en el suelo de, aparentemente, dolor. Cruciatus, era la única maldición capaz de hacer eso. Pero, ¿Cómo la había conjurado el hombre? ¡Ni siquiera lo había mirado! - ¿Asombrado, Theodore? – Escucho la voz susurrante, dirigirse a él. Theo no pudo responder, no tenía fuerzas para hablar ante el terror y el asombro. – Sé que estás muy conmocionado pero él se lo merecía, después de todo, falló con tu educación. – Señalo aún de espaldas. Nott padre ya había dejado de convulsionar y estaba inconsciente. Theo trago duro, ¿en qué infierno estaba metido? – Veras, gracias a un pequeño plan que trazamos mucho antes de nuestra derrota ante Potter, hemos logrado volver. Creo que, a estas alturas, ya debes de saber quién soy. – Repuso siseando y con un acento formal. Los escalofríos de Theo aumentaron al pensar en el hombre. Él sabía perfectamente quién era. – Puedo ver que sabes quién soy, los Nott nunca fueron estúpidos. También sabrás que no estás aquí como invitado. En mi estado actual no soy capaz de hechizar a los seres vivos, solo puedo con los que son como yo y los objetos inanimados, lo mismo ocurre con Nott por eso hechizo la silla para traerte. Pero este estado me ha dado ciertos beneficios que veras luego. En fin, necesito ciertos "elementos" y tú puedes darme uno y lo harás. – Una risa cínica y maliciosa congelo a Theo. – Si lo haces por las buenas, tal vez sea bondadoso – Remarco esta última palabra con sarcasmo gélido. – y perdone tu traición, pero si no cooperas tu suerte será otra. – Theo miro al hombre que ahora movía su varita en círculos, aun con las manos detrás de la espalda.

- ¿Cómo lograron volver? – Pregunto el hombre ojiazul, con el corazón aterrado. Su protección no le preocupaba en absoluto pero Daphne y Lizbeth corrían peligro. Aquello era más delicado de lo que parecía.

- Oh, no Theodore. – Replico el sujeto negando con la cabeza. – Así no se dirige a los superiores, ¿O no recuerdas que me debes lealtad? – Theo sintió como, en su brazo derecho, ardía la marca que le habían impreso a sus dieciséis años. Un grito quiso salir de su boca pero se lo permitió. Sería fuerte, costara lo que costara. – Esta noche, mi poder regresara en su totalidad y se sumara a mis nuevas cualidades. Tú serás capaz de presenciarlo, Theodore. – El sujeto se giro, mostrando su rostro completamente pálido, aunque no tenía arruga alguna. Sus rasgos eran finos y delicados, pero sus ojos aterraban hasta al más gallardo: rojos escarlata, pero eran idénticos a los de una serpiente. La maldad estaba escrita en ellos.

Theo vio en frente de él al que-no-debe-ser-nombrado.

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La Madriguera. Ottery St. Catchpole. 25 de Diciembre de 2023.

- ¡Arriba todo el mundo! – Se escucho la voz de Molly Weasley gritando a los cuatro vientos detrás de la puerta del cuarto que compartía con Albus. - ¡Ya es Navidad!

Scorpius abrió los ojos con pereza. Se había dormido tarde la noche anterior mientras leía una carta que su madre le había enviado. Por suerte, su padre y ella estaban bien. Se encontraban en Francia donde vivían sus abuelos, los señores Greengrass. Les había dicho que regresarían luego de una temporada, cuando las cosas se calmaran. Scorpius entendía a la perfección el por qué de sus viajes. Ellos eran Malfoy y ser uno era verdaderamente peligroso en esos tiempos. La sociedad los consideraban "mortífagos" y los mortífagos los veían como "traidores". Inglaterra no era precisamente un lugar seguro en esos momentos y él prefería que sus padres se ocultaran a que estuvieran exponiéndose al peligro.

- ¡Jóvenes quiero verlos debajo de inmediato! – La señora Weasley había abierto la puerta para lograr despertarlos. El menor de los Malfoy se removió en la cama, desperezándose. Albus, en cambio, ni se inmuto ante el grito de su abuela. - ¡Albus! ¡Vamos, despierta! – Scorpius se vio obligado a taparse los oídos. ¡Por Merlin! ¿Cómo una persona podía tener aquel timbre de voz?

El joven Potter, luego de una buena dosis de gritos, finalmente se despertó bostezando y desperezándose. Scorpius rio por lo bajo, su amigo era de sueño muy pesado, tanto que recordaba que muchas veces tuvo que echarle agua encima para despertarlo en Hogwarts.

- Albus tu madre está a punto de llegar. – Dijo con reproche la mujer regordeta y graciosa. – No le agradara ver que sigues de vago así que ¡arriba! – Chillo con energía, Scorpius se tapo los oídos de nuevo. – Tú también, Scorpius. – El chico abrió los ojos con asombro. - Los quiero a los dos abajo inmediatamente. ¡Oh, y feliz Navidad! – La mujer salió, cerrando la puerta, dejando a un Albus dormido y a un Scorpius azorado.

- Tu abuela es una mujer bastante revoltosa. – Dijo el Malfoy mirando a su amigo, con tono estupefacto. Había ido a la Madriguera en otras oportunidades pero nunca se había quedado a dormir. Aquellas vacaciones de Navidad habían sido bastante bizarras y la señora Weasley era uno de los motivos.

- Y eso que no la viste en los cumpleaños. – Dijo Albus poniendo los brazos detrás de su cabeza, aún acostado. – Cuando nos reunimos todos se pone más chillona.

- ¿Quiénes vendrán hoy? – Le pregunto el rubio, aún intentando decidir si la situación era cómica o terrible.

- Pues, mi madre con Lily y Hugo; seguramente mi hermano James vendrá también. Mi tío Bill con la tía Fleur, Dominique y Louis… El tío Charlie y tío Percy con tía Audrey y Molly y Lucy. Tío George con Tía Angelina y mis primos Fred y Roxanne… - Albus hizo una pausa y continuo pensando. Scorpius solo miraba boquiabierto. – Tío Ron, tía Hermione y mi papá no vendrán porque siguen de misión y creo que el señor y la señora Scammander vendrán con Lysander y Lorcan. Son todos creo.

- Ah, nadie. – Ironizo Scorpius, esbozando su media sonrisa marca Malfoy.

- No es mi culpa que mi familia sea así de numerosa. – Albus se levanto de la cama, mostrando su pijama color verde y su cabello azabache revuelto. El cuarto en el que estaban era el mismo que Ron había ocupado en sus años de colegio. Albus había quitado todo lo referente a los Chudley Cannons y había puesto adornos en verde esmeralda. Su tío aun no lo sabía, pero no dudaba que le lanzaría una buena lluvia de imperdonables cuando se enterará. – A veces hasta me olvido de los nombres. – Le comento Albus caminando hacia el ropero de roble donde tenía la ropa.

- Sí, recuerdo cuando confundiste a Roxanne y Lucy. – Dijo Scorpius riéndose. – Creí que Roxanne te lanzaría un avada. – El rubio se incorporo y se acerco a su baúl.

- Ambas tienen el cabello naranja y son de ojos marrones, ¿qué esperaban? – Dijo el moreno, aun bostezando. – Hugo y Fred son pelirrojos y de ojos azules ¡Podrían pasar por hermanos! Molly se diferencia por su pelo castaño como el de tía Audrey y Lily tiene los ojos castaños y el pelo rojo…

- Rose tiene también el pelo rojo. – Le corto Scorpius con semblante pensativo. – Aunque sus ojos son azules. – El chico sonrió casi imperceptiblemente aunque Albus logro distinguirlo y lo miro con burla. – Por otro lado, tu hermano James es de pelo oscuro como el tuyo y ojos castaños y Louis y sus hermanas son rubios así que ellos serían una excepción al prototipo Weasley.

- Si, somos una familia muy variada. – Rió Albus. – Espero que pases una buena Navidad con nosotros. – Scorpius fue tomado de improviso con ese comentario, miro a Albus y le sonrió como agradecimiento. Albus vio una sonrisa sincera en su amigo, de las pocas que él regalaba.

Los chicos terminaron de alistarse y bajaron al comedor. Rose y Lizbeth ya estaban allí, junto al árbol de Navidad. Las chicas vieron a sus amigos y corrieron a saludarlos.

Rose se abalanzo sobre su primo deseándole feliz Navidad, Lizbeth hizo lo mismo con Scorpius.

Cuando Albus se vio en frente de Lizbeth no fue capaz de articular palabra. La chica de ojos azul claro siempre le dejaba sin palabra en boca, era como si ella controlara su ser y lo enviara a otro mundo donde todo era simplemente hermoso. Con ella, Albus lograba sentirse completo.

- Feliz Navidad, Albus. – Escucho a su amiga, decirle. Ella le sonreía, una sonrisa hermosa, radiante.

- Feliz Navidad, Lizy. – Le dijo él, tratando de salir de su ensoñación.

A su lado, Scorpius y Rose estaban mirándose de reojo. Ninguno de los dos decía nada pero se miraban. Ambos estaban sumidos en el otro, sin saber que lo estaban. Tanto Albus como Lizbeth sabían que esos dos se gustaban, simplemente eran demasiado competitivos y tercos como para darse cuenta. Ocultaban su atracción, en competencia y peleas. Algo inmaduro pero divertido, a la vista del Potter y la Nott.

- Feliz Navidad. – Se dijeron al unísono, abriendo los ojos desmesuradamente ante el complemento de los dos. Albus y Lizbeth se rieron, esa Navidad sería memorable.

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- Simplemente creo que Sarah Longbottom es una chica muy inteligente. – Dijo Hugo Weasley mientras comía una empanada de calabaza. Frente de él, Roxanne lo miro con burla.

- ¡A alguien le gusta Sarah! – Grito la pelirroja riendo. - ¿O es que necesitas un Extraordinario en Herbologia? No creo que al profesor Longbottom le agrade que uses a su hija para sacar notas altas, Hugo. - El chico se puso tan rojo como su cabello. Rose observo a Roxanne con reproche.

- ¡Deja en paz a Hugo! – Exclamo mirando a la menor. - ¿O quieres que diga en frente de todos lo lindo que te parece Lorcan? – Susurro Rose, con cierta malicia en la voz.

- Odio tu lado Slytherin, Rose. – Dijo Roxanne, con pesadumbre. – No molestaré más.

Rose sonrió complacida. Su persuasión y su seguridad siempre eran armas útiles. Sabía usarlas cuando era debido. Miro a Hugo que miraba el plato de comida frente él, ella esperaba que él se lo agradeciera como siempre pero, en vez de eso, se levanto y salió afuera.

- ¿Pero? – Vio que Lily lo seguía y se quedo sentada en la mesa con los demás familiares y amigos.

- ¿No crees que deberías dejar a Hugo defenderse solo? – La voz suave de Lizbeth le llamó la atención. La castaña estaba sentada a su lado y había escuchado toda la coversación.

- Yo… - Rose no sabía qué decir, ella tenía razón. Ya había hablado con Hugo sobre eso y se había olvidado. – Solo quería evitar que pase un mal momento. Es todo.

- Lo sé, Rose. – Dijo su amiga, tratando de no perder su paciencia. – Esta vez no se han burlado de él porque era Roxanne, pero si hubiera sido un Slytherin u otro mal intencionado ya sabes cuál sería el resultado.

- Claro que lo sé. – Afirmo la pelirroja. – Pero los papeles de hermana mayor son difíciles de olvidar.

- En realidad no deberías olvidarlo. – Lizbeth era una persona de poca paciencia, pero sabía que Rose era terca para entender. Debía armarse de esa virtud con ella. – Simplemente déjalo crecer.

Rose asintió comprendiendo con el tono directo de su amiga. Hugo tenía que aprender a defenderse solo ya que ella no estaría siempre para él.

-¡¿Quién quiere un partido de quidditch?! – Escucho el grito de Lysander en una de las puntas de la mesa.

Los gritos de afirmación no tardaron en sonar.

- Era de esperarse. – Dijo Albus, en frente de Rose. - ¿Les apetece? – Pregunto a Scorpius, Rose y Lizbeth.

- Sabes que ni siquiera debes preguntarlo. – Dijo él rubio con arrogancia. – Es una lástima que Allan no esté aquí. – Dijo refiriéndose a Allan Zabinni, uno de los bateadores del equipo de quidditch de Slytherin.

- Podremos ganar igual. – Comento Rose con confianza y altanería. – Sin Wood, Lily nunca podrá armar un buen equipo.

- Ese chico es su consejero personal en quidditch, - Señalo Lizbeth analíticamente. – Tenemos a Lysander y podemos pedirle a Louis que juegue con nosotros.

- Pero aún nos faltaría uno. – Señalo Albus.

- En todo caso, decidiremos afuera con los demás. – Concluyó Scorpius.

Los chicos fueron por sus escobas y se reunieron en los jardines de la Madriguera. Los partidos de quidditch eran tradición en las Navidades, nunca podían faltar. Muchas veces hasta los adultos se sumaban, como Ron y Ginny que habían jugado en equipos durante unos años.

- Como yo soy capitana en Hogwarts de Gryffindor, ¡Yo elegiré a mí equipo! – Gritó Lily a los cuatro vientos, nadie se atrevió a contradecirla. – Perfecto, Scorpius tú también eres capitán. ¡Elige a tu equipo! – Scorpius miro a la pequeña pelirroja Potter. La chica no era muy alta pero su carácter de los mil demonios la hacía ver gigante.

- De acuerdo. – Acordó el blondo.

Elegir los equipos costo peleas y lanzadas de bluggers por la cabeza, pero finalmente lograron ponerse de acuerdo. Lily eligió, en su equipo, a Roxanne (quién era excelente en quidditch), Lucy y Dominique como cazadoras; Hugo se llevo el puesto de guardián, James y Fred quisieron ser bateadores y ella misma como buscadora; un puesto que le pertenecía por excelencia.

Por otro lado, el equipo de Scorpius se acomodo, minuciosamente, consigo mismo, Rose y Louis como cazadores, Lysander y Lizbeth como bateadores, Lorcan como guardián y Albus, como no, de buscador.

Todos se subieron en sus escobas y comenzaron a volar por el improvisado campo de quidditch de la Madriguera. Rose sintió como la adrenalina la recorría de pies a cabeza, al estar sobre su escoba. Amaba volar, podía ser relajante o turbulento, una combinación que la extasiaba. Victoire se situó en el centro del campo, preparada para arbitrar el partido.

- Creo que está de más decirles que este debe ser un "juego justo". – Vic sonrió ante la perspectiva de que ese partido sería de todo menos justo. – No quiero que tengamos que llevar a alguien de urgencia a San Mungo.

- Pierde cuidado, hermanita. – Repusó Louis, con su voz varonil y su seductor acento francés. El chico era todo un modelo. Al igual que Scorpius, Lorcan y Lysander era rubio, solo que tenía ciertos toques rojizos y sus ojos eran de un azul oscuro y brillante. Su sangre veela, acentuaban sus razgos, haciéndolo aun más atractivo de que ya era. Sus hermanas, Victoire y Dominique, tenían la misma suerte. Altas, estirazadas, de cabello lacio y rubio y ojos azul claro. – Mas allá de un Episkeyo no creo que haga falta.

- ¡Lo digo en serio! – Repitió mirando a los jóvenes a su alrededor, en especial a James y Fred. Victoire suspiro y tomo la caja con las bluggers, la quaffle y la snitch. - ¡A jugar! – Gritó soltándolas, pronto la snitch se perdió de vista.

Scorpius se hizo rápidamente con la quaffle, tuvo que esquivar dos bluggers que James le mandó. Llego hasta los aros que cuidaba Hugo y logro marcar los primeros 10 puntos.

- ¡Eso, Scor*! – Gritó Albus, usando el apodo que Scorpius había adquirido en segundo año, cuando logró anotar 100 puntos en su primer partido.

El Malfoy choco las manos con Albus y salió disparado a buscar la quaffle que, ahora estaba a disposición de Roxanne. La Weasley era rápida, increíblemente rápida, volaba como un rayo por el campo de quidditch pero tenía una deficiencia: su puntería era pésima. Lizbeth intercepto a la pelirroja, enviándole una blugger que habría impactado de no ser por el bate de Fred que la desvió, directo a la cabeza de Rose.

- ¡Rose! – Hugo gritó desde los aros de su equipo. La pelirroja estaba sumida en el partido, intentando planear cómo quitarle la quaffle a su prima. - ¡Rose!

Rose sintió como alguien la empujaba, más bien la tiraba a un costado. En seguida vio como una blugger pasaba volando peligrosamente cerca de su cabeza. La pelirroja abrió los ojos como platos, al darse cuenta que si le hubiera golpeado, muy probablemente se habría comprado un boleto de ida a San Mungo.

- ¡Presta más atención, Weasley! – Escucho el típico arrastre de palabras de Scorpius, quién técnicamente acaba de salvarle de una grande. – Ya te dije que no necesitas hacer tonterías para llamar mi atención. – Agregó con tono seductor y burlesco. La cara de Rose se sonrojo a sobre manera.

- Tú y tu ego van a hacerme vomitar, Malfoy. – Dijo ella, intentando controlar su mal temperamento. Si el chico la seguía importunando, terminaría quitándole el bate a James y partiéndole la cabeza al blondo.

- Yo creo que es todo lo contrarío. – Scorpius le guiñó un ojo y voló a la portería donde Lorcan acababa de atajar la quaffle de Roxanne y se la entregaba a Louis.

- ¡Maldito, Malfoy! – Gritó Rose, iracunda. – Ya verás… - Siseó con ira. Desde lejos, Hugo observaba la escena, sin saber si reírse o partírle la cara a Scorpius.

El partido continuó con una ventaja de 30 puntos del equipo donde estaba la mayoría de Slytherins. Aún no había rastros de la snitch y ya estaba oscureciendo. Teddy, Charlie, George, Luna y Molly habían salido a ver cómo jugaban y a alentar. Teddy, Charlie y George gritaban estrategias para ambos equipos, Luna pedía que tuvieran cuidado con las criaturas invisibles que se metían en el campo y la abuela Molly les chillaba que tuvieran cuidado de no lastimarse.

De repente, Albus vió un destello dorado girar cerca del aro que cuidaba Hugo. Notó que Lily estaba distraída buscando en el lado contrario y se lanzó a la pequeña pelota. No tardó en escuchar a como Hugo, le avisaba a su hermana de su hallazgo. Para lamento de Albus, la pelirroja era casi igual de rápida y ágil que Roxanne y, en un suspiro, sintió como ella volaba a su lado en carrera. Haciendo gala de sus habilidades Slytherin, Albus empujó la Nimbus 2002 de su hermana, no lo suficiente para tirarla pero si para desestabilizarla. La snitch volaba cerca del suelo, en cualquier momento chocarían contra este.

- ¡Eres un tramposo, Albus! – Gritó la pequeña de los Potter, visiblemente aireada.

- ¡Solo es un pequeño método de juego, Lily! – Le dijo su hermano, burlesco. Tenía la victoria en sus manos.

Albus estaba a solo centímetro de atrapar la snitch. Podía sentir el aleteo de la pelotita en la palma de su mano, cuando vio una mano aferrarse a ella antes que él. El moreno se detuvo en seco, mirando a quién había atrapado la snitch.

El hombre era igual que él, o él igual que el hombre… La diferencia es que el tipo debía andar por los cuarenta y tantos, tenía algunas canas en el pelo y usaba anteojos de aumento. El miope estaba parado en medio del jardín de la Madriguera, sonriéndole alegremente. Tenía marcas de cansancio y preocupación su rostro, pero podía notarse lo contento que estaba. Su traje de auror estaba enmugrecido y roto, su rostro mostraba heridas y raspones.

- ¿Papá…? – Dijo Albus, asombrado. Escucho desde atrás a Lily gritar y, a continuación, la vio abalanzarse sobre él.

Harry Potter sonrió contento de ver a sus tres hijos y su familia a salvo después de lo que había visto… Abrazó a Lily y James, quienes lo recibieron efusivamente. Albus simplemente le dio la mano aunque vio el brillo de alivio y felicidad en su semblante.

Ginny fue la siguiente. La pelirroja salió del interior de su casa gritando y empujando a todos. Se tiró sobre Harry y les regaló a todos una escena de película, besando al moreno sin recato alguno. Las replicas no faltaron, sobretodo de los jóvenes.

- Me alegra volver a verlos. – Dijo Harry, luego de la escenita. – Feliz Navidad. – Les saludo pasando su mirada sobre cada uno de los presentes, lo que estaban en el patio cuando llego y los que salieron de la casa.

- ¿Cómo le fue padrino? – Le preguntó Teddy, luego de un rato. - ¿Encontró algo?

- Si tomamos en cuenta la información que encontré, - Le respondió Harry con cansancio en la voz. – Sí, he descubierto ciertas cosas que serán de ayuda, aunque no es suficiente.

- Perdón, Harry. – Dijo la señora Weasley, preocupada. – Pero, ¿Dónde están Ron y Hermione?

Harry inhalo fuertemente. Tenía que armarse de valor para decir lo qué diría.

- Ron está en Azkabán. – Respondió con un nudo en la garganta. Miro a Hugo y, alternativamente, a Rose. – Él va a tomar mi lugar en el Cuartel hasta que yo pueda volver.

- ¿Por qué? ¿Qué te ocurrío? – Ginny se preocupó ante esa declaración. Miró a Harry que se veía bien, hasta que notó un guante negro en su mano izquierda.

- Un hechizo de nigromancia – Señaló el moreno levantando la mano enguantada. – No entiendo muy bien cómo funciona pero Hermione… me dijo que no debía volver a tocar una varita hasta que se deshiciera… - Harry miró al suelo al nombrar a su amiga. Suspiro con pesar.

- ¿Y dónde está ella? – Cuestionó Ginny Weasley, temiendo lo que diría su marido.

- Herms… - Potter miró a Rose y Hugo con dolor en el rostro. Tomó aire y habló. – Ella… Fue secuestrada, los mortifagos se la llevaron… - Una lágrima de impotencia cayó por la mejilla del auror.

Rose sintió que el mundo se derrumbaba. Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro, bañándolo. Sin embargo, no mostro emoción alguna, permaneciendo rígida en su lugar sin flaquear. Escucho a su hermano gritarle a su tío Harry, y a James tratando de retenerlo de que lo hechizará pero ella se encontraba en otro mundo, enajenándose del dolor que abrumaba a su corazón. Sintió una mano aferrarse en su hombro y atraerla a un fornido pecho. Un olor a menta la envolvió y, solo cuando lo descubrió, se dejo llevar por el llanto y el dolor que la ahogaban.

Porque no le mostraría nadie su debilidad, solo a quienes la entendían.

A lo lejos, unos ojos negros observaban la escena. Una sonrisa de placer se dibujo en el rostro de este personaje. Así comenzaba su plan.


*Scor: en inglés significa punto o puntación, según el contexto.


- R.M -