EL REENCUENTRO FUE EN UN RESTAURANTE

Warning: Spoilers. Este fic contiene las últimas noticias sobre la tercera temporada.

Cap. I Uno a uno

Todo allegado a Sherlock Holmes sabía que su muerte tenía fin. Todos menos John.

Pero ninguno de ellos sabía la fecha exacta de su vuelta y se preguntaban a diario cuándo sería ese momento. Y fue el día más inesperado.

El detective consultor dividió su llegada por personas para que fuera más personal y, bueno, si querían golpearle sería más fácil escapar.

Primero fue Mrs. Hudson. La señora se encontraba lavando la vajilla en la soledad de su hogar cuando la puerta rechinó. Temerosa, pues no sabe uno cuándo le van a entrar a robar, cogió un cuchillo afilado y se puso a la defensiva. Se quedó a las puertas de herir a quien no quería.

Sherlock, con esa sonrisa puntual, se quedó entre el cristal y la instancia ante tal acto. El cuchillo cayó y el detective abrazó al ama de llaves.

Su fe en la vuelta de Sherlock había sido eso, FE. Confiaba en el cerebro y corazón de su inquilino al que tan bien conocía y en que todo hubiera sido lo que fuese menos una muerte verdadera. Y tuvo razón. John no lo creyó así.

Tras contarle lo que intuyó conveniente que debía saber, aun con un repertorio de preguntas bastante variado y una taza de té por medio, Sherlock se despidió para sí volver y la mujer se quedó de nuevo en la tranquilidad de su apartamento. John seguía viviendo en el edificio, pero en esos momentos no estaba allí y era un tema que el detective no quería tocar todavía.

La segunda visita fue a Lestrade. Sherlock le citó en un parking subterráneo lejos de ojos y oídos indiscretos y, concretamente, de Mycroft.

Tal y como había previsto, aconteció.

El DI miró su móvil sobresaltado al ver un mensaje de Sherlock vacío. ¿Vacío? ¿Qué significaba eso? Y, en ese momento, algo se movió entre la poca luz que llegaba. Alzó el arma, quitó el seguro, pero no disparó. Quien quisiera que fuese llevaba las manos en alto. Pasó por un sitio más claro y le vio.

La charla fue similar a la que había tenido con Mrs. Hudson. Quizá incluyendo algún detalle técnico, pero poco más.

Ahora le tocaba reencontrarse con su hermano. Tomó aire y dejó a Lestrade allí mismo, sentado donde hacía escasos segundos le había contado casi todo, procesando.

El encuentro con Mycroft fue, cómo decirlo..., familiar.

Sherlock entró en el Club Diógenes como si de un miembro más se tratase, abrió la puerta del despacho y le miró. Mycroft se veía sorprendido, pero tampoco hizo una gran demostración. Tras estar un buen rato sentados el uno frente al otro, con un vaso de coñac cortesía del mayor de los hermanos, Sherlock se terminó la bebida y se marchó, y su hermano volvió a poner las manos bajo su barbilla.

La penúltima parada era Molly.

Ella estaría en St Barts, como siempre, y allí se dirigió. Era tarde, por lo que la chica ya estaba preparándose para volver a casa. Se quitaba la bata para dejarla en la taquilla cuando le vio y casi grita del susto.

Sherlock no hizo nada, ni siquiera movió los labios, pero, al contrario, ella le abrazó fuertemente y coloreó sus mejillas. El detective seguía en la misma posición, con el mismo color y sin saber qué hacer. Sabía de los sentimientos de Molly, por eso mismo, no quería herirla con falsas esperanzas.

La chica se recompuso tras limpiarse algunas lágrimas. Fueron al laboratorio y, en los taburetes de siempre, Sherlock le contó lo que le quedaba por saber. Ella le había ayudado en la caída, lo demás era toda una incógnita.

Y por fin llegó el más temido, John.

Tras varios días siguiéndole sabía de su situación, pero igualmente tenía que verle. Tenía que contarle lo que pasó de primera mano, aunque eso supusiera un riesgo para su integridad física.

Ése era el restaurante, estaba seguro de que estaría allí. Entró con el pie firme y el corazón en un puño. Pudo vislumbrarle en una mesa a media distancia, con una copa de vino, una carta y, ¿un bigote? Pero era él ciertamente. Contuvo una sonrisa que se volvió amarga. No estaba solo.

Sherlock no pudo acercarse más. Dio media vuelta y aplazó el plan por tiempo indefinido.

o.o.o

No pude engañar a mi cerebro para no escribirlo.

Actualizaré cada semana.

¡Gracias por leer!

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