- Sólo han pasado dos semanas, pero aún no me hago a la idea de que Sherlock, haya… haya muerto. No pude hacer nada para evitarlo. – Dijo Watson mientras recogía el instrumental de laboratorio de Sherlock de la cocina y lo guardaba en cajas.

- Yo también me siento igual. Le conocía desde hace unos años y bueno, sabía que nada iba bien por la mirada que tenía, la tristeza que reflejaba su cara, pero ya sabes como es, bueno, como… era, siempre tan misterioso y nunca hablaba de sus sentimientos. – Expresó Molly que estaba ayudando a John a recoger todas las cosas. - ¿Cómo está la señora Hudson?

- Ella, también está muy triste. Ayer fuimos a visitar la tumba de Sherlock y a pesar de que parecía enfadada, se le notaba lo afectada que está.

- Pobrecilla.

- Si. Necesito, descansar un poco. – John se aclaró la garganta. – Está siendo más duro de lo que creía.

En ese momento entró la Señora Hudson con una bandeja con dos tazas de te caliente acompañadas de un patito con pastas, dejó la bandeja en la mesa junto a los sillones y se asomó a la cocina.

- Buenos días John, Molly… Vaya que vacío está todo esto sin las cosas de Sherlock, por todas partes y con polvo, no me dejaba tocar nada y su manía de… - En ese momento se llevó las manos a la boca, intentando contener su emoción. En sus ojos se veían lágrimas que acabaron recorriendo sus dos mejillas. – Lo siento, tengo que… hacer unos recados.

- Lo comprendemos señora Hudson.

La señora Hudson se fue del piso sin decir nada más y John y Molly aprovecharon para hacer un pequeño descanso. Tenían el estómago cerrado, pero sabían que tenían que comer algo o la situación sería peor. Terminaron del te, pero las pastitas apenas las tocaron, volvieron al trabajo de empaquetar las cosas de Sherlock, acabando a las siete de la tarde.

- Muchas gracias por ayudarme Molly, no habría podido hacerlo solo.

- No tienes de qué preocuparte Watson, además, ahora todo este material volverá al laboratorio…

- ¿Todo este material es de tu laboratorio?

- Si, bueno. Me pedía material prestado y después se me olvidaba pedírselo.

- Se te olvidaba o te ponía alguna excusa.

- Ehh.- Molly empezó a ponerse el abrigo y cogió una de las cajas para llevarlas a su coche, mientras Watson terminaba de poner cinta a la última que habían empaquetado.

- Se aprovechaba de todo el mundo, era un…- Watson dio un fuerte golpe en la mesa que asustó a Molly. – Perdona, yo…

- Está bien, si la verdad que era algo irritable. ¿Me ayudas a cargar las cajas?

- Si, claro. Llamo a un taxi, aunque si quieres puedes quedarte a cenar esta noche.

- No hace falta, gracias…

Terminaron de cargar las cajas en el taxi y ésta se fue al laboratorio a dejar todo el material en el hospital. Antes de empezar a abrir las cajas se sacó una bolsa de patatas de la máquina exprendedora que había al final del pasillo.

Cuando volvió al laboratorio se asustó al ver una figura alta de espaldas a ella. La primera persona que se le ocurrió fue: Sherlock y diciendo su nombre, la figura se dio media vuelta comprobando que era Greg Lestrade.

Por un momento se derrumbó anímicamente, pero al ver la cara que Molly puso él la abrazó, reconfortándola como nunca un abrazo lo había hecho y sin decir palabra alguna se puso a llorar en los brazos de aquel hombre.

- Lo siento, por un momento he creído que era él. – Dijo Molly, secándose los ojos con las mangas de su bata.

- He aparecido sin avisar y seguro que eso, te ha chocado, la culpa es mía. Tendría que haberte avisado que vendría. – Lestrade sacó un pañuelo de tela de uno de los bolsillos interiores de su abrigo y se lo ofreció a Molly.

- Gracias. – Se enjugó las lágrimas que había soltado.

- Puedes quedártelo. – Dijo Lestrade dirigiéndole una mirada triste.

Aquellos ojos marrones que miraban a Molly habían perdido su habitual brillo y una barba de dos días se dejaba asomar. Sin duda alguna, la muerte de Sherlock había afectado a Lestrade mucho más de lo que nadie había pensado que le afectaría y más al casi llegar a creer lo que Anderson y Donovan le planteaban.

- ¿Necesitas que te ayude con las cajas? – Dijo Lestrade, mientras admiraba el dulce rostro de Molly mientras ésta se calmaba.

- He venido a dejarlas, mañana ya empezaré a colocar todo el material en su sitio, pero hoy… Creo que es suficiente.

- Esa bolsa de patatas me indica lo contrario.

- Me has pillado. – Dijo Molly dejando aparecer un amago de sonrisa. – Todas estas cajas son las que hemos sacado del piso entre John y yo. Lo de las patatas es una manía que tengo.

- ¿Cómo está John?

- Sigue muy afectado, sin creerse que Sherlock, haya desaparecido de nuestras vidas. – Molly volvió a emocionarse pero esta vez pudo contener sus lágrimas. – Pero, dime, ¿por qué has venido?

Molly estaba decidida a colocar todo ese material en su sitio, pues desde que Sherlock falleció, apenas había pegado ojo y aunque esa situación no había afectado a su trabajo, mantener la mente ocupada por las noches le evitaba pensar en ese terrible hecho.

- Verás, he empezado a investigar la muerte de Sherlock. Ahora estoy con un nuevo caso y al pasarme por los archivos decidí pedir también el informe que el forense hizo sobre Sherlock y Moriarty. – Empezó a decir Lestrade mientras ayudaba a Molly con la tarea de aquella noche. – Ya sabemos lo que ocurrió, pero conociendo como conocía a Sherlock… ¡Yo ví la gran capacidad de deducción que demostraba en los casos!... Su nota de suicidio, no sé, pero me sigue pareciendo rara.

- Estoy convencida de que Moriarty tuvo que ver en su muerte. Me alegro de que esté muerto.

- Todo indica que se suicidó, en el informe se hallaron restos de pólvora en su mano, pero nada en las de Sherlock, si tenía rastros en el abrigo, pero si se encontraba cerca, que es mi opinión, explicaría esos rastros.

- Eso es porque Sherlock no era un asesino como Moriarty quiso que pensáramos todos.

- ¿Sabes?, llegué a dudar por un momento de él. No me perdono haberle puesto en duda y además mi instinto me decía que él era inocente, pero… ¿Esto dónde va?

- Eres inspector, si surge un sospechoso nuevo, es normal que tengas que investigarlo, se trate de quien se trate. Dame. – Molly se acercó a Lestrade para coger el microscopio que éste había sacado de la caja.

- Viendo todo esto debería haber detenido a Sherlock por ladrón… - Ambos se rieron y al rozarse las manos, ambos se tan pusieron nerviosos, que a Molly le falto poco para dejar caer el microscopio.

- Vaya, emm, perdona.

Estuvieron hasta casi las doce de la noche ordenando todo lo que había en las cajas en su sitio correspondiente.

- Supongo que ya hemos terminado. – Dijo colocando la última probeta en su sitio. – Gracias por ayudarme.

- No ha sido nada. Por cierto, ¿a ti te dijo algo Sherlock sobre todo este asunto?

- No dejó de repetir IOU y la última vez que le vi me dijo que necesitaba mi ayuda, pero cuando volví de dejar unos informes que tenía que llevar, ya se había marchado. Si hubiese sabido que estaba en la azotea, hubiese impedido que esto pasara. – Molly, se sentía un poco culpable y esas palabras le demostraron a Lestrade que ella no tenía nada que ver con su muerte. Él sabía que ella y Moriarty habían salido un par de veces y aunque acabó, quería asegurarse de que no tenía nada que ver, ya que le tenía cierta simpatía a esa chica. – Creo que será mejor que nos vayamos… No me van a pagar horas extra.

- Es tarde, te llevo a casa, si te parece bien.

- Muchas gracias, encontrar un taxi a estas horas es difícil. Gracias.

Molly terminó de ponerse el abrigo y ambos se dirigieron al coche que estaba aparcado en el parking del hospital.

- ¿Has solucionado los problemas con tu mujer? – Preguntó Molly, para evitar cualquier silencio incómodo.

- Nos hemos divorciado. Una semana después de la fiesta de finales del año pasado en casa de John y Sherlock.

- Lo siento. – Expresó Molly lamentándose de haber preguntado por ese tema.

- Sabes, Sherlock tenía razón, tenía una aventura. Llevaban dos años antes de que nos separásemos.

- Vaya, eso es mucho tiempo. A un tío mío le pasó algo parecido pero él dejó a su mujer después de dos meses, esto pasó hace siete años y aún están juntos. – Explicó Molly con su forma tan peculiar de hablar. Lestrade no pudo evitar soltar una pequeña carcajada.

- Bueno, mi exmujer y si novio no duraron mucho más. A los 5 meses vino diciéndome que todo había sido un error, que me quería mucho…

- ¿Y la perdonaste? – Quiso saber Molly.

- No, bueno. Yo la quería mucho, pero fueron dos años y seguro que lo volvería a hacer. No es fácil estar casada con alguien con este tipo de trabajo.

- Seguro que encontrarás a alguien que te quiera. Allí es donde vivo. Muchas gracias por traerme. – Molly empezó a abrocharse los botones del abrigo antes de salir del coche.

- No podía dejar que vinieras sola a estas horas. – Dijo Lestrade observando a Molly abrocharse el abrigo meticulosamente.

- ¿Quieres pasar y tomarte algo? Me gustaría agradecerte el haberme ayudado y traerme…

- Está bien, em, aparco más adelante y voy.

- De acuerdo.

Molly soltó una pequeña sonrisa y bajó del coche. Lestrade asintió con la cabeza y cuanto ésta salió, fue a aparcar a un sitio libre no muy lejos de allí. En la calle hacía frío y Lestrade agradeció el te que ella le tendió en cuanto se sentó en el sofá del pequeño apartamento de Molly. Se lo bebió rápidamente para quitarse el frío que sentía después del pequeño paseo hasta el apartamento de Molly.

- Es muy bonito.

- Gracias, es lo suficientemente grande para una persona y muchas de las cosas que lo decoran son de mi madre. – Dijo Molly desde la cocina, mientras buscaba más azúcar para llegar el azucarero.

Lestrade sonrió y se dio una vuelta por la sala de estar deteniéndose para ver una foto en la que aparecía Molly con su madre el día de su graduación.

- ¿Ella es tu madre? – Preguntó Lestrade cogiendo la foto y enseñándosela.

- Si, es una mujer muy peculiar. – Dijo Molly acercándose a Lestrade una vez hubo dejado el azucarero sobre la bandeja en la que reposaban las tazas con té. Cogió la foto y la miró con cierta nostalgia. – Ella siempre ha intentado que fuera una chica más extrovertida, pero somos muy distintas.

- ¿Os lleváis bien?

- Bueno, más o menos. Tenemos nuestros roces como todo el mundo, pero la quiero mucho.

La habitación tenía una tenue luz gracias a una lámpara de pie que había junto al sofá, pero suficiente como para distinguir todo con un solo vistazo. A ojos de Lestrade, Molly se mostraba como una chica muy dulce y guapa y la observó con detenimiento empezando por sus labios que en ese momento dejaban ver una pequeña sonrisa mientras observaba la foto y después pasó a sus ojos, de los que había casi desaparecido la tristeza, para dar lugar a una mirada tranquila. Se quedó paralizado ante esos ojos, le puso las manos en ambas mejillas, le levantó la cara y la besó lo más dulcemente que sabía.

Al principio, Molly se llevó un pequeño susto, pero ese beso era el más sincero que nunca le habían dado, soltó la fotografía en su lugar y abrazó tiernamente a Lestrade, sin apartar los labios de él.

Ambos empezaron a sentir la pasión del momento y algo avergonzados se separaron intentando rehusar la mirada del otro.

- Creo, bueno… creo que debería irme. – Se aclaro un par de veces la garganta. – Es tarde y mañana tengo que continuar con un caso que me trae de cabeza. Gracias por el te.

- Si, claro. Yo tengo que llegar temprano al laboratorio para los análisis de primera hora de la mañana.

Ambos se mostraron nerviosos por aquel arrebato que habían sentido y aunque ambos decían que tenían cosas que hacer, ninguno de los dos quería despedirse.

- Hablamos otro día. – Dijo Lestrade, tras uno segundos.

- Por supuesto. Buenas noches, Lestrade.

- Buenas noches… Puedes llamarme Greg si quieres.

- Vale.

Lestrade se despidió de Molly con un beso en la mejilla y una sonrisa, después se dirigió a su coche mientras se ajustaba el cuello de su abrigo.

Molly cerró la puerta, sin dar crédito a lo que había pasado. Si es verdad, que durante la última fiesta de Navidad, ambos se habían sentido algo atraídos, pero ella lo achacaba al ponche y a su ruptura con Moriarty, pero aquella noche, fue la primera de muchas noches de pasión que compartiría con Lestrade, aunque ninguno de los dos aún lo sabían.