** Hotel Hilton Dublin Airport: Ese mismo día, para Molly fue de los más estresantes y aunque su turno iba a ser por la tarde, durante las conferencias de la mañana, no pudo evitar pensar en los pequeños detalles que determinarían el éxito de su charla.

A la hora de la comida, subió a su habitación y revisó por última vez la presentación digital que a última hora había improvisado.

También le echó un vistazo a la estructura, imágenes y los resultados. Dentro de pocos meses publicarían un artículo todos los miembros participantes en la investigación y tenía que comprobar que los resultados fueran exactamente los mismos que aparecerían en el artículo o al menos lo más parecido posible.

Cuando terminó de revisarlo, se comió dos sándwich de pollo, que había pedido que le subieran a la habitación, mientras repasaba las notas que había escrito en pequeños papeles.

Apenas una hora más tarde, se encontraba de pie en el escenario y al mirar por primera vez a los asistentes que estaban sentados, se le encogió el estómago. Por suerte, pudo reconocer entre todas esas caras la de uno de sus antiguos profesores de facultad, lo que le tranquilizó enormemente.

Respiró profundo y comenzó su intervención. Si bien al principio se mostraba algo nerviosa, conforme pasaron los primeros minutos de su exposición se fue relajando dando lugar a una charla bastante fluida y amena.

La investigación fue muy bien acogida por la mayoría de los presentes y en la tanda de preguntas pudo ampliar información que a ella le hubiese gustado haber incluido, pero que por falta de tiempo no pudo.

**St. Barthelomew's Hospital:

- Buenos días señor Lestrade, ¿cómo ha pasado la noche? – Preguntó una enfermera en prácticas sobresaltando al adormilado detective.

- Estoy algo aturdido, pero me alegro de estar vivo. – Comentó con los ojos medio abiertos.

- Me alegra escuchar eso. Ahora tiene que guardar reposo durante unos días y seguir las indicaciones que le vayamos haciendo. No querrá que los puntos se abran. – Expresó la chica con un cierto tono gracioso, pero autoritario. Terminó de tomarle la tensión y apuntó los datos en la carpeta, devolviéndola a su sitio una vez hubo acabado. - ¿Siente dolor?

- Si, en esta zona, pero es soportable. Preferiría que no me atiborraran a analgésicos, si es posible. – Dijo señalándose la zona dónde lo habían operado.

A pesar de la cantidad de sangre que había perdido, la situación no fue extremadamente grave ya que la bala atravesó limpiamente la pared abdominal del detective quedando alojada cerca del hígado, pero sin llegar a dañarlo. Todo ello unido a la rapidez y profesionalidad del personal sanitario, había conseguido que el inspector se estabilizara en pocas horas.

- Claro que es posible, pero avísenos cuando el dolor empiece a aumentar. – Comentó en tono severo. – Luego vendré a ponerle un antibiótico. Hasta luego y descanse.

- Adiós- Dijo Lestrade.

En cuanto salió la chica, la puerta se volvió a abrir y el aturdido detective levantó ligeramente la cabeza para ver quien era, pues no esperaba visita alguna. Pudo comprobar que se trataba de John Watson que había estado esperando desde hacia unas horas para poder verlo.

- Anoche me llamó Sally Donovan y me dijo que estabas ingresado por una herida de bala. Llevo varias horas sentado ahí fuera.

- ¿Por qué no has entrado antes?

- Prefería dejarte descansar. – Comentó imitando el tono que hubiese puesto Sherlock.

- El tipo nos estaba esperando, pero por suerte conseguimos resolver el caso. – Dijo mostrando una pequeña sonrisa.

- Enhorabuena, me he enterado en las noticias. – John se sentó en un sillón que estaba junto a la cama.- La verdad es que no sé cómo un padre o madre puede llegar a matar a su hijo y menos por esos motivos tan triviales.

- Supongo que cuando estás en la cima, quieres que los tuyos estén contigo. La chica era guapa y la madre no quería que "arruinase" su vida para dedicarse a algo en lo que se gana menos dinero y no hay tanta fama. Estoy convencido de que podría haber llegado a ser una gran abogada.

Continuaron la conversación durante unos minutos más, pero al inspector había empezado a dolerle la herida y llamó con el timbre del que disponía a la enfermería. En menos de dos minutos le administraron analgésicos y John decidió irse para dejarlo descansar.

- Me alegro de que estés vivo. Luego pasaré a visitarte – Dijo Watson antes de marcharse. Le tendió la mano que el detective apretó con bastante fuerza a pesar de su estado y salió de la habitación.

** Después del fallecimiento de Sherlock, John era uno de los pocos amigos que tenía fuera de la unidad, por no decir que era la única persona en quien confiaba a parte de Molly.

Una vez hubo terminado el pequeño almuerzo, encendió la televisión que tenía frente a él y no hubieron pasado 20 minutos cuando la puerta volvió a abrirse. Supuso que era John, pero al apartar la visa de la pantalla, vio el dulce rostro de Molly Hooper, tenía los ojos vidriosos y algo enrojecidos, por lo que se podía deducir que había estado llorando hasta hacía poco.

- ¡Greg, estás bien!- Dijo Molly con una sonrisa. Por lo que le contó John la noche anterior creía que iba a estar en peor estado, pero sus suposiciones, afortunadamente, habían fallado.

- Doctora Hooper, creía que seguirías en Irlanda. – Molly ya se había acercado a la cama y Lestrade pudo coger la mano de su acompañante, lo que le tranquilizó bastante.

- John me ha llamado esta mañana diciéndome que estabas aquí ingresado porque te habían disparado y… he venido lo antes posible. Menos mal que estás bien. – La doctora abrazó a Greg y el detective, asombrado, la rodeó con sus brazos acariciándole suavemente el pelo que le resbalaba por la espalda. Así permanecieron varios minutos, hasta que éste decidió hablar.

- Molly.

- Dime. – Dijo levantando la cabeza y mirándole con ojos llorosos.

- Te quiero.- Admitió finalmente. No quería despreciar ni un solo segundo más ocultando sus sentimientos y el día anterior ya había comprobado de que la vida, es mucho más frágil de lo que pensaba.

- Yo también te quiero Greg.

Lestrade que hasta ese momento no había soltado la espalda de Molly, llevó sus manos a la cara de ésta acercándola a sus labios.

- Te quiero. – Volvió a repetir el detective y la besó suave pero apasionadamente. Molly lo abrazó algo más fuerte y aunque le dolía un poco, se acercó más al de la chica que ahora lo estaba besando con pasión y ternura. Ninguno quería separar los labios del otro.