Saga Redención:

Universo alterno y Rating M.

En un mundo donde las familias mágicas y puras gobiernan, y los muggles son considerados esclavos. El heredero del clan Potter, se verá envuelto en una trama, donde el engaño, la traición y el amor jugaran una importante partida.

Dieciséis años antes:

"Un joven de unos veinte tres años, se encontraba con una espada en su mano de la cual chorreaba sangre que manchaba el suelo a sus pies.

Su mirada estaba pegada al cuerpo que había apuñalado dejándolo sin vida y caído al suelo, provocando otra gran mancha roja.

Un grito desgarró el silencio que se había instaurado en la habitación, al mirar de dónde provenía, se encontraron con un niño de tres años de cabello negro y ojos oscurecidos por las lágrimas.

No era mayor que su propia hija, y al ver semejante reacción del niño se percató de lo que realmente acababa de hacer, soltó la espada con prisa y se apartó.

La mujer de cabello rojo intenso no se movía, aunque ni siquiera se podía decir que fuese una mujer propiamente dicha, pues no podía ser mayor a él, era una muchacha joven que contaría con veintiún años a lo sumo.

La única diferencia que existía entre ella y él, era que pertenecían a mundos diferentes, abrió los ojos alarmado al percatarse de quien era la muchacha que yacía a sus pies.

Lilian Potter, la esposa de James Potter, una de las familias puras más antigua de la historia, y él, un participante muy activo de la rebelión, la había matado.

Granger, venga, tenemos que marcharnos cuanto antes.

Uno de sus acompañantes tiró de su hombro con fuerza, pero no pudo moverse ni un centímetro, ¿cómo habían sido capaces de aquello?

Sus ojos no podían dejar de mirar al niño que se acurrucaba contra la pared sin terminar de comprender lo que sucedía pero muy asustado de todos ellos.

Vamos hermano, si seguimos aquí los guardias nos cogerán, no puedes permitir que eso pase, dejarás sola a tu pequeña.

Ante la mención de su propia hija sintió un respingón, sí, era cierto, aquello era preciso por la seguridad y futuro de su Hermione, lo demás no importaba, nadie más importaba, ni siquiera un pequeño niño que aún no tenía culpa de nada.

Dejó de mirarlo y echó a correr lejos del infante, deseoso de escapar de allí y abrazar a su pequeña, la cual se encontraría en casa a la espera de él."

Capítulo 1:

En una sala enorme, con grandes mesas a ambos lados, y una central, con un escudo coronando la pared del fondo, donde salían reflejados dos leones enfrentados entre sí, separados única y exclusivamente por una espada, con una pista central y varias velas esparcidas estratégicamente para alumbrar el lugar pese a la oscuridad de las afueras, se encontraban varios componentes de las mayores familias puras del mundo mágico.

En el centro de la sala, dos hombres se enfrentaban a manos desnudas uno al otro, mientras en la mesa presidencial se encontraba el anfitrión de la celebración, un joven de cabellos negros como la noche y oscuros ojos verdes jade. Miraba la escena ante él con semblante aburrido, y una sonrisa sádica en el rostro, disfrutando el espectáculo ante él.

Los dos hombres eran unos malditos ineptos pertenecientes a la odiosa rebelión, unos malnacidos que habían cometido la osadía de ingresar a sus tierras e intentar robar algo que no les pertenecía.

Ahora, y tras un sinfín de pruebas, ambos malhechores se encontraban uno frente a otro, dispuestos a matarse a como diera lugar, ¿lo más divertido de la situación?, sencillo, ambas escorias eran hermanos.

Aunque claro, cuando llega el momento de la verdad y como en todo, si es tu vida la que está en juego, no dudas en luchar por ello, así te enfrentaras al mismísimo infierno para conseguirla.

Ambos hombres contaban con un buen físico y con una edad que no debía ser mayor a los cuarenta años, sobre todo el menor de ellos, de cabello castaño rizado, ojos que oscilaban entre el negro y el marrón.

El otro hombre de cabellos castaños también y ojos profundamente negros, de semblante más serio que el joven, de mirada experimentada y seguridad en sí mismo. No había que ser un genio para saber cuál de ellos había tenido más experiencias en la vida.

Ni tampoco cuál de ellos seguiría adelante, si es que lo que les esperaba tras esa noche se podía considerar como avanzar.

La pregunta importante era, ¿estaría realmente el mayor dispuesto a dejarse matar y dejar a su hija sufrir su mismo destino?, porque ese era el destino de la familia del que muriera.

Tal y como los antiguos faraones, sería muerto, pero su esposa e hijos sufrirían su mismo destino, el mayor no contaba con esposa y solo tenía una hija, por lo que sus hombres le habían contado.

El pequeño por otro lado, contaba con dos hijas y una esposa, ¿qué valoraría más el hombre de mayor edad?, ¿su vida y la de su hija?, ¿o la de sus sobrinas, hermano y cuñado?, no podía asegurar realmente cuál sería el desenlace de semejante situación, pero de algo estaba seguro, uno de ellos pagaría el precio requerido con su muerte y la de los suyos, el otro, lo pagaría con la esclavitud de él y su familia.

Sonrió de medio lado cuando el más joven profirió el primer corte, la brillante y roja sangre manchó el puñal de él y unas gotas cayeron sobre el suelo, una nueva idea surgió en su mente y sus ojos brillaron ante la idea concebida.

Sería otro buen golpe sin duda.

La batalla duró más de lo que predijo en un principio, pero fue tal el espectáculo que a ninguno de los asistentes le pareció aburrido, sin duda esos dos hermanos hubiesen sido unos magníficos luchadores.

En cuanto el puñal del más joven se incrustó entre las costillas del mayor, pudo ver la expresión de ambos en sus ojos, y se sintió furioso, en los ojos del mayor había resignación y perdón.

Con esa última mirada a su hermano menor, le estaba ofreciendo el perdón por acabar con su vida y la de su única hija, ¡es que acaso era idiota?

—Prometido.

Fue un simple susurro, pero al estar más pendiente de ellos que de los vitoreos de todo el mundo pudo escucharlo, ¿a qué se refería con prometido?, cuando sus ojos y los de este se encontraron, la ráfaga de odio que cruzó la mirada de este, le hizo comprender que la promesa era la venganza.

Sonrió en respuesta desafiándolo a que lo intentara si se sentía capaz, quería ver lo que un miserable Muggel era capaz de hacer contra él y su poder.

Odiaba a cada uno de esos despreciables y no había perdido oportunidad para demostrárselo y no la perdería jamás, pensaba vengarse en todos y cada uno de ellos por la pérdida injusta de sus padres.

Esos malnacidos de la resistencia caerían ante él y los sangre pura, terminaría con todos y cada uno de ellos, en especial con los jefes de los mismos, la familia Granger, la responsable de su pérdida.

El día que cualquier miembro de esa familia cayera en sus manos, disfrutaría destrozándolo él mismo, mostrando con ellos la misma compasión que ellos mostraron cuando acabaron con sus padres.

—Traed a sus respectivas familias.

Sentenció con toda la calma y parsimonia con la que todos lo conocían, al menos todos los que creían conocerlo.

Uno de sus guardias asintió y abrió las puertas, habló con los que había al otro lado y mientras se hacía lo que él había pedido miró al más joven de todos:

—Tú nombre.

Exigió, este entrecerró sus ojos:

—Lucas Thomas.

Inquirió sin más, y seguidamente volvió la mirada a su hermano e inquirió: —Y él Ge...

—No me interesan los nombres de los muertos.

Cortó sin más, este lo volvió a mirar desafiante y él sonrió un poco más, sí, ese hombre no era de los que les gustaba recibir órdenes, disfrutaría mostrándole la vida de esclavo que merecía.

Las puertas se volvieron a abrir y por esta entró uno de sus guardias acompañado de tres mujeres de diferentes edades. Frunció el ceño, ¿acaso no se había explicado con claridad?

—Dije la familia de ambos, no la de él.

Sentenció furioso, el guardia hizo una inclinación ante él:

—Mi señor, la hija de este pobre diablo ha muerto hace unos minutos.

—¿Cómo que ha muerto?

—Así es, estaba gravemente enferma señor.

Furioso y apretando sus puños miró al más joven, este contaba con una sonrisa de medio lado en su rostro:

—¿Desde cuándo se sabía que estaba enferma?

Preguntó sospechando la respuesta:

—Desde que la encontramos, ella estaba postrada en una cama, mi señor.

Furioso se puso en pie, así que ese era el motivo, por eso ese despreciable se había dejado matar, era consciente de que su hija no viviría mucho más, por lo que mejor darle una oportunidad a su hermano y su familia.

Muy bien, ¿creía que descansaría en paz?, no sabía lo que había provocado con ese sacrificio por su parte.

—Perfecto, coged su cuerpo y el de la hija y lanzadlo como alimento para la dragonera.

—NO.

El grito no provino del hermano que tenía los ojos sumamente abiertos por la sorpresa, ni tampoco de la mujer mayor que lo cogía del brazo, no, el grito provino de la muchacha que se encontraba abrazando a una pequeña que no contaría con más de ocho años.

La miró fijamente, tenía el cabello en media melena, castaño y rizado, ojos color ámbar y por su rostro caían lágrimas que evidentemente no podía retener. Sonrió ante su aspecto tan deplorable, así era como los quería ver a todos:

—¿No?, temo no comprender lo que queréis decir con esa palabra, pues espero que no estéis insinuando la posibilidad de que se desobedezca la orden de tu nuevo amo.

Ella miró el cuerpo del hombre en el suelo y seguidamente a él, había una barrera de odio tiñendo sus ojos y él sonrió aún más, caminó hasta situarse enfrente de todos ellos.

El padre osó ponerse entre él y la muchacha, descubrió que era más alto que él por una cabeza y que sin duda su cuerpo era fuerte, también al tenerlo tan cerca, juzgó que quizás se había arriesgado demasiado con la edad, pues de cerca no se veía tan joven como aparentaba desde más lejos.

Hagrid no tardó en estar a su lado en cuestión de segundos, él tan solo miró al tipo con desprecio:

—Arrodíllate perro, o la carnada para los dragones vendrá de otro lugar, a mis mascotas les gusta más correr tras su presa, y la menor de tus hijas se ve capaz de correr unos cuantos palmos antes de que mi colacuerno la atrape.

Apretando los puños, el tipo miró a su familia y seguidamente se arrodilló ante él:

—Muy bien, veo que comprendes la primera norma de tu nuevo futuro, con respecto a ti. –Se acercó a la muchacha, cogió del brazo a la menor y tiró de ella con fuerza, la pegó a él y tanto la madre como la hermana mayor palidecieron: —Repite lo que acabas de gritar, estoy a la espera de volver a oírlo.

Ella miró a su hermana primero y seguidamente al cuerpo de su tío, para después mirarlo a él de regreso:

—Se merecen una sepultura digna, ¿no se ha divertido ya bastante con sus sádicos juegos?

La sala enmudeció, todos sabían el motivo, la madre ahogó un grito mientras el padre golpeó con fuerza el suelo a sus pies, pero no se atrevió a levantar la mirada del mismo, él empujó a la menor a los brazos de Hagrid y no dudó un segundo a la hora de cruzarle la cara con fuerza a la muchacha, que perdió el equilibrio y cayó al suelo.

Hincó una rodilla a poca distancia de su rostro y la agarró con fuerza de su cabello, ella gritó ante semejante tirón, la obligó a mirar el cuerpo de su tío y con su voz más fría inquirió:

—Así que piensas que merece una sepultura digna, te diré que estas solo se les dan a las personas honorables y que se merecen semejante esfuerzo, no a míseros ladrones y repugnantes muggles como vosotros. A vosotros como mucho una fosa común, sin embargo, estoy siendo práctico y estoy dando sus cuerpos para que sirvan de alimento a mis mascotas. ¿Prefieres que recapacite sobre ese punto y ofrezca tú cuerpo y el de tú hermana a ese destino?

Ella abrió uno de sus ojos y lo miró, supo enseguida lo que le iba a decir y esperó deseoso a que lo dijera, pero la madre gritó:

—HERMIONE, POR LO QUE MÁS QUIERAS PEQUEÑA.

El desafío se perdió en sus dos lagos ámbares, y fue sustituido por la impotencia:

—No, no deseo eso.

—No, no deseo eso, amo.

Recuperó algo de su garra y lo fulminó con la mirada, él sonrió más y ella entre dientes inquirió:

—No, no deseo eso, amo.

La última palabra la dijo escupiéndola, y él la soltó con brusquedad contra el suelo, sin duda tendría el labio partido, algo que realmente le traía sin cuidado, cuando volvió a encontrarse en pie, miró el cuerpo del muerto y frunció el ceño:

—¿Cuánto tengo que esperar para que se cumpla una orden inmediata?

El cuerpo desapareció de su vista en el acto, y él regresó a su lugar en la mesa, le sirvieron la cerveza de mantequilla y se quedó observando a los cuatro ante él. La mayor de las mujeres iría a la cocina, la menor sería un seguro, su hermana Luna disfrutaría de compañía. Ataría a la menor a su hermana y así ataría a toda la familia y se aseguraría de que no harían ninguna de las suyas.

Seguidamente miró al padre, ese serviría para él, quería venganza y necesitaba cerca a todo aquel que deseaba su muerte, Hagrid sería un buen seguro para él, además, lo enviaría a matar a sus propios compañeros.

Tras beber un buen sorbo de su cerveza miró a la última de ellos, seguía con la mirada fija en el lugar donde había estado el cuerpo de su tío, ¿qué podía hacer con ella?, no vendría mal una nueva esclava, quizás la pusiera bajo las órdenes de Chang y McGonagall.

La anciana sabría darle el lugar que le correspondía a esa miserable:

—Hagrid.

—¿Sí, señor?

—Mandad buscar a mi hermana.

—Como ordenéis.

Hagrid hizo un gesto con su mano y uno de sus subordinados no tardó en salir corriendo a buscar a Luna, no tardó ni dos minutos en reaparecer, lo que le confirmó que su hermana había visto todo, miró de reojo al esposo de esta, ¿cuándo aprendería ese pelirrojo del demonio a controlar a su hermana?

—¿Me mandaste llamar?

—Así es, ¿tú nombre sanguijuela?

Inquirió señalando a la pequeña, esta tembló al escuchar su voz, y más cuando vio que la señalaban, no fue capaz de articular palabra, lo que lo enfureció:

—TU NOMBRE.

La niña saltó y dijo:

—Caroline, Caroline Thomas.

—Muy bien, Luna, está a tu cargo, si me entero que habla con cualquiera de los suyos, o que alguno consigue ponerse en contacto con ella, serás tú la castigada, y ella morirá en el acto.

La quiero ocupada y que le enseñes sus quehaceres, si la veo ociosa un solo día, te garantizo que lo pagará caro, es una despreciable Muggel, y ha de aprender su lugar, ¿he hablado claro?

—Mucho, pero te recuerdo que yo no comparto tus ideales hermano.

La fulminó con la mirada:

—¿Quieres decir que vas a desobedecerme?

Luna apretó sus puños y lo miró furiosa, miró a la niña y seguidamente a él:

—¿Qué sucederá si digo que sí?— Achicó los ojos y jugó con la cerveza en su jarra, cuando la volvió a mirar, Luna había palidecido y rápidamente tiró de la niña contra ella: —Está bien. ¿Algo más?

—Nada querida, te puedes retirar, espero que esta vez sea de verdad, Weasley, asegúrate de que así sea, te haré responsable si la niña escapa.

—Como ordenéis mi señor.

Sin más el pelirrojo se puso en pie y cogió a Luna del brazo para tirar de ella hacía fuera de la sala, la pequeña miraba a sus padres y hermana mientras lloraba sin parar. La madre lloraba a su vez:

—Hagrid, llévate a esta escoria de mi vista, diles su condición y normas, informales de los castigos infligidos si desobedecen, haz que se bañen, no quiero su putrefacto olor por mi casa, y dales las ropas que un esclavo ha de portar.

Después ven a verme, te daré tus siguientes instrucciones.

—Así se hará, mi señor. –Se giró y seguidamente inquirió: —Cogedlos.

En cuanto agarró a la mujer, esta profirió un grito, otros dos guardias cogieron al padre, he iban a coger a la muchacha cuando recordó lo que había planeado hacer:

—Un segundo, antes de lleváosla, entregadle algo para limpiar mi suelo, no quiero tener la sangre de ese ladrón en mi salón por más tiempo, no cuadra con la decoración que deseo.

Tanto la madre como el padre miraron a su hija y seguidamente a él, había pánico en la mirada de ambos, pero no dijeron nada de nada, los sacaron de la sala dejándola a ella atrás.

Chang entró a la sala atrayendo con su exótica figura las miradas de todos los hombres del lugar, le tiró un trapo a la cara a la muchacha y se largó. Ella cogió el trapo y lo apretó en sus manos, fijó sus ojos en él y no apartó la mirada mientras se arrodillaba en el lugar donde se encontraba el charco de sangre, ella comenzó a frotar con fuerza, por supuesto, él era muy consciente de quien pensaba ella que era la cara que estaba frotando con tanto odio.

Tras terminar con su cerveza se puso en pie y salió de la sala, no deseaba encontrarse más tiempo en ese lugar, ahora solo quería descansar, ya había dos asesinos menos en su camino.

Y sus asquerosas y repugnantes familias estaban en su poder. Ahora solo debía conseguir que hablaran, y tenía dos piezas que podía utilizar fácilmente.

Sonrió al llegar a su habitación, no sabía ese inepto lo que había conseguido poniendo en sus manos a sus dos hijas y esposa.

El día llegó sin contemplaciones y él abrió los ojos al recibir los primeros rayos del sol sobre su rostro, miró a las cortinas corridas y descubrió a Hagrid a un lado de las mismas, bien podía colocarse ante las ventanas y quitar ese molesto resplandor, con su tamaño no le sería difícil de conseguir, gruñó molesto, pues no haría eso, ese grandullón no cambiaría nunca.

—¿Quieres dejarme dormir?, no dormí demasiado que se pueda decir:

—Eso me temo, mi señor, se acostó usted a las seis de la mañana, y hoy precisa atender a varias familias en una hora, además, le recuerdo que hoy llega su protector.

Eso terminó de despertarlo:

—¿Hoy?, ¿Ya?, creí que eso no sucedería hasta dentro de dos meses.

—Así es señor, hace dos meses que marchó.

—¿Tan rápido? –gruñó enfadado, seguidamente se incorporó en la cama y bostezó, tras estirarse revisó todo a su alrededor, el cuarto estaba echo un desastre, suspiró:

—Has arreglado todo para su recibimiento.

—Así es mi señor.

—Bien, ¿qué se supone que quiere ahora?

Se levantó de la cama y Hagrid lo siguió hasta el baño, el cual ya estaba preparado para recibirlo a él.

—Todo lo que sé, es que considera que estáis teniendo demasiada basura en vuestras tierras.

Gruñó molesto, bien sabía él la cantidad de escoria que estaba en sus tierras en esos momentos:

—No es una decisión mía.

—Cree que si endurecierais vuestros métodos, no osarían seguir pisando vuestras tierras.

-También lo he pensado, pero quiero tenerlos cerca.

Hagrid lo miró por unos instantes sin comprender, y él no le aclaró nada, no pensaba compartir con Hagrid lo que llevaba planeando desde hacía años, solo uno lo sabría, uno que no dudaría en ayudarlo, y quizás ya había llegado el momento de llevar a cabo todo.

Era cierto, había demasiada escoria en sus tierras, habían llegado incluso a intentar robarle, y eso era un paso que no podía permitir.

-Quiero que prepares una partida para esta tarde Hagrid, lo quiero todo listo, Malfoy vendrá conmigo.

-¿Y el joven Weasley? -Lo meditó unos instantes para seguidamente mirar a Hagrid a sus profundos ojos negros, este debió ver algo en su oscura mirada, porque él mismo se respondió a esa pregunta: -Será mejor que no.

Asintió y Hagrid se dispuso a marcharse, pero antes inquirió:

-Quiero que agregues a dos en la partida, los vigilaras de cerca.

-¿A quiénes mi señor?

-Al esclavo de ayer, y su hija mayor.

Evidentemente a Hagrid esa petición le pareció extraña, pero no articuló palabra alguna, solo hizo un gesto de confirmación: -Y asegúrate de que Albus también venga, lo quiero cerca.

-¿Algún motivo en particular señor?

-Ninguno Hagrid, solo quiero el mayor público posible, nada más.

Al fin Hagrid se marchó de allí y él se quedó solo en el lugar, miró sus manos y se quedó un rato pensando en todo y nada, sabía que el movimiento de ese día sería el comienzo de algo, pero si no hacía que la rueda girara, nunca conseguiría lo que deseaba.

Dedicó parte de la mañana a oficiar de mediador con las familias de sangre pura y a recibir peticiones de algunos sangre pura que se apiadaban de algunos de sus sobrinos o nietos que habían sido concebidos con algunos muggles, sangre mestiza.

Para él todo lo relacionado con los sangre sucia o muggles era despreciable, y les había dejado en claro, si se topaba con cualquiera que entrase en cualquiera de esos géneros no dudaría en acabar con ellos.

Cuando desestimó todas esas aberraciones y advirtió de sus intenciones a sus guardas, ordenó que se les mantuviera vigilados de cerca, no pensaba dejar que desobedecieran sus órdenes así como así.

Cuando concluyó con ellos recibió la visita de Hagrid:

-Su protector ya ha llegado.

Asintió:

-Hacedlo pasar.

Hagrid asintió, hizo un gesto con su mano y las puertas se abrieron de par en par, seguidamente este se colocó tras él, Hagrid nunca se separaba de él cuando su protector estaba cerca.

Debía reconocer que era un ser oscuro, pero nunca lo heriría a él, sabía que lo apreciaba como a un hijo de verdad, por lo que no comprendía a Hagrid en ese aspecto, y tampoco a Luna, su hermana se pasaba la vida temiendo a este, también era cierto que no eran hermanos de sangre, más bien de protector, pero ellos desde pequeños habían adoptado ser como hermanos.

Era casi igual que volver a pertenecer a una familia, aunque esta fuera por miembros restantes de otras que habían sido destruidas por los rebeldes y revolucionarios muggles.

-Te veo muy bien muchacho.

-Eso espero, sin embargo a vos os veo cansado.

-El tiempo no es bueno con nadie chico, sería bueno que lo recordases.

Asintió a sus palabras con una media sonrisa:

-¿Habéis tenido un buen viaje?

-Podría decirse que sí, lo malo llegó al entrar en mis propias tierras, ¿qué estás haciendo exactamente Harry?

-Crear una trampa para conejos.

Sentenció, ante sus palabras se instaló un silencio absoluto en la sala, su protector hizo un gesto con su mano y todos exceptuando a Hagrid se marcharon de la sala, sonrió, era astuto, y no había precisado más para saber sobre lo que pretendía llevar a cabo.

-Veo que has estado ocupado entonces.

-Así es.

-¿Y pretendes que te acompañe?

-Eso sería estupendo, pretendo hacerlo esta tarde, sino estás demasiado cansado, me encantaría que fueras a mí lado en esto. Ha llegado la hora de que comprendan que el clan Potter está de regreso.

La sonrisa que apareció en los labios de este lo hizo sentirse incómodo, ambos compartían una misma meta, quizás ese era el motivo por el que ninguno parecía poder dejar al otro de lado.

Después de todo, para Lord Tom Riddle, la existencia de los muggles era tan insoportable como para él mismo.

Y eso era un punto muy a su favor, no había encontrado a muchos que contaran con su mismo deseo, pero Tom era uno de los más decididos a ello.

Y también contaba con un poder sorprendente para conseguir sus metas, uno que junto al suyo los convertían en superiores.

-Pues esta tarde saldremos de caza.

Sentenció Riddle, para después mirar fijamente a Hagrid y sonreír de medio lado, él mismo sonrió en respuesta a su sonrisa y palabras:

-Descansa hasta entonces.

Tom no tardó en marcharse de la sala y dejarlo solo con Hagrid, el cual no abrió la boca ni por un segundo, era evidente que acababa de comprender lo que irían a hacer en la tarde, era una suerte que aún no estuviese al tanto de todo el plan en sí.

-En cuanto Albus llegue quiero que se me informe.

Sentenció, Hagrid tan solo asintió a su lado y ambos se dirigieron a la habitación de él. Él también descansaría hasta que llegase el momento.

Lejos estaba de imaginarse que Albus Dumbledore, un anciano con mucho poder y algunas lealtades variadas, ya se encontraba tras las puertas de su hogar.

Más explícitamente en uno de los pabellones designados a los esclavos, contemplando el mismo:

-Un chico demasiado astuto.

Sentenció el mago con el ceño fruncido:

-¿Eso creéis?

-Estos muggles no podrán ser liberados así de fácil, el muchacho ha creado una barrera mágica alrededor de todos los pabellones, solo un mago podría romperla, y créeme Severus, no tardaría mucho en descubrir lo que ha sucedido.

-¿Y eso que importa?, nos habría dado tiempo a escapar.

-Quizás a nosotros sí, ¿pero a los muggles?

Albus negó con cansancio, nunca imagino encontrarse en la situación en la que se encontraban todos ellos. Frunció el ceño sin apartar la mirada del maldito pabellón.

Al menos podrían tener una oportunidad con el chico, él aún no había comenzado a matar a los muggles o sangre sucia con los que se topaba. Él por ahora solo los esclavizaba.

Y a los esclavos se les podía liberar.

-Albus.

Sorprendido de escuchar esa voz, sobre todo en ese lugar se giró rápidamente, ¿cómo se les había ocurrido ir a esas tierras?

Al girarse se encontró con Lucas Granger, no obstante tal y como lo veía no quería creer que fuera cierto:

-¿Qué demonios estás haciendo tú aquí?

Lucas retiró la mirada de él, eso le permitió mirarlo mejor y apretó los puños:

-Dime que George y tú no hicisteis la locura de intentar robar la cura que necesitaba Alana.

-¿Y qué otra cosa podríamos hacer?, no podía permitir que mi hija muriera.

Replicó acercándose y bajando la voz.

-Pero esto es mejor ¿no?, eres un maldito esclavo, ¿qué crees que pasará con la rebelión ahí afuera?, George necesita ayuda con todo aquello, hay muchos que desean ocupar vuestros puestos en estos momentos y vosotros se lo estáis sirviendo en bandeja.

Lucas bajó la mirada en cierto modo avergonzado:

-Albus visto como un esclavo porque soy un esclavo, el chico Potter nos descubrió a George y a mí.

-No.

-Sí, pero está todo bajo control, habíamos decidido infiltrar a alguien aquí, George y yo nos ofrecimos voluntarios para esto. Después de todo nos jugábamos mucho con este movimiento.

Nadie se opuso, dejamos a Ted Tonks y su hija a cargo de todo, pero tenemos que saber con qué nos enfrentamos aquí.

-Para eso estoy yo. Maldita sea, ¿acaso os volvisteis locos o qué?

-Albus, Alana murió ayer en la noche.

Sus palabras calaron un poco en Albus que se tranquilizó en cierto modo:

-Lo siento mucho Lucas, pero tienes que salir de aquí cuanto antes, tanto tú como George, no podéis dejar a la resistencia sin dos de sus líderes más poderosos.

Lucas apretó furioso los puños y seguidamente miró a Albus:

-No puedo irme Albus, antes debo darle un presente al joven Potter.

Lo miró sin comprender y Lucas agregó: -George también está muerto, me obligó a matar a mi propio hermano mientras él y los otros demonios miraban todo divertidos.

Además, Elise, Carline y Hermione están aquí también. Cuando nos atraparon a George y a mí, los cogieron a ellos también.

-¿Hermione está aquí?

Preguntó Albus furioso, Lucas asintió:

-Ese despreciable, urdió unos juegos, George y yo nos enfrentamos a todo, y la prueba final era un combate a manos descubiertas, en mitad de la pelea George me pasó un puñal.

Antes de lo sucedido, nos informaron de que quien muriese no se iría solo al otro lado, su familia le haría compañía.

Alana estaba a las puertas de la muerte, todos sabíamos cuál sería su final y que estaba pronto a llegar, George se sacrificó por mí y por Hermione, engañamos a todos y les hicimos creer que Alana era la hija de George y no Hermione.

Fue lo único que George me pidió.

-Tenemos que sacar a Hermione de aquí, no puede permanecer mucho tiempo en este lugar, si descubren que es una mestiza acabarán con ella sin ningún escrúpulo.

-¿Y cómo lo haremos?

-Déjame eso a mí. Averiguaré la situación, luego ya planearé algo, estate alerta, si te enteras de algo importante ponte en contacto conmigo por algún canal.

Te mostraré a uno de mis colaboradores en esta casa, infórmale a este de todo lo preciso, ¿entendido?, no tardará en decirme a mí lo que sea de importancia.

-¿Y qué pasa con los de fuera?

-Me encargaré de todo junto con Severus.

-Me parece perfecto.

Sentenció Lucas, y Dumbledore se sintió intranquilo, tenía un muy mal presentimiento sobre lo que podía suceder a partir de ese momento.

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