Buenas noches lectoras, espero estén teniendo un glorioso fin de semana. Yo, aprovechando mi ausencia de clases, he vuelto aquí. Me han encantado sus mensajes, que ahora hasta tienen teorías y diagnósticos Psicológicos! Que inteligentes lectoras tengo! Espero no tan psíquicas para develarme toda la trama, claro está, jajaja…

Gracias por sus mensajes: Lux Havsangla (eso de la pintura ya me lo había imaginado yo, que cosas otra psíquica), IzzieBlake (honestamente yo quiero su cuarto, si pudiera pintar le haría eso al mio), Hikari Yamanaka (sí, es que he tratado de hacer un mimato diferente, así me acusen de salirme de personaje jaja), Guest (No pusiste tu nombre, ni idea de quién eres, pero gracias por la fidelidadxD), tefysitaXX (has sido la persona 100 en agregarme a tu autor list, debería hornearte un pastel), KaoruxKenshin (me rei mucho con lo de que Taichi es un metiche), NN (AME TU RR, fue tan poéticamente relacionado con el tema del arte que me ENCANTO), LilithUchiha (esperaré por mi escena, me encanta que te identifiques tanto con estos personajes y que hasta me diagnosticas a la mamá de Mimi), DarkyStar (tu fuiste otra de las diagnosticadoras jaja… realismo intoxicante, debería poner eso en el sumario del fic), Noheli (gracias por lo de profunda), SiageLove (sí, el es un amor a su manera), Osiris (Gracias :)), Alshi (Bienvenida a otro FF, espero te mantengas por aquí).

Siempre escucho música cuando escribo. Cada capítulo tiene una canción para mi, y bueno, decidí compartir esta porque me pareció que estaba como mandada a hacer, les recomiendo que la oigan en la escena final, donde puse la letra, se llama The Corner y es de Staind, si Aaron Lewis no les rompe el corazón cantando, no las entiendo, chicas jajaja. Mil gracias por leer y ya comencé el otro capítulo pero quiero ver primero como les va con este. Díganme su opinión! Y me salió más largo!


Un lugar que no es Hogar

Taichi Yagami se estiró de manera perezosa, mientras observaba la puerta cerrada de su cuarto. El castaño frunció ligeramente el ceño, soltando un suspiro sonoro.

'¿Todas las mujeres se preocupan tanto por la ropa, o realmente tengo un tipo definido?' preguntó en voz alta, volteando a mirar a Yamato Ishida.

El rubio giró los ojos, guardando los libros en su bolso y encogiéndose los hombros.

'Saber eso requeriría que le doy tiempo a alguna mujer de traer más ropa consigo de la que trae puesta' contestó Yamato, negando con la cabeza.

'Entonces, básicamente, es mi culpa por dejarles parte de mi closet' contestó Taichi, dejándose caer en el sofá hasta acostarse en él.

'Pues, sí, se ha cambiado once veces' contestó Yamato girando los ojos, sin entender como alguien podía ser tan profundo y tan superficial al mismo tiempo.

'Lo sé. Once veces' repitió Taichi, tomando el control del televisor y encendiéndolo, claramente ya había perdido la paciencia.

'Bueno, me voy a clase' dijo Yamato tomando su bolso y sus llaves.

'Estás muy responsable últimamente'

'Sí, bueno…' contestó, saliendo del apartamento.

Sus razones para ir a la universidad tenían un motivo demasiado disturbante para ser compartido con su mejor amigo. Básicamente, estaba convirtiéndose en el acosador de Mimi Tachikawa. Ya había averiguado quienes eran sus amigos, qué clases estaba tomando, qué actividades extracurriculares cursaba y básicamente hasta su ruta del campus. Entender a aquella muchacha iba a ser una tarea herculina, era una dicotomía andante para él. Por un lado, era porrista, estaba en el coro, y veía clases como historia de la moda, diseño interior y gastronomía internacional; por el otro, se encontraba inscrita en las clases de literatura rusa más existenciales que habría imaginado, eso sin mencionar su aparente obsesión por clases de psicología. Esencialmente, era una muchacha muy extraña, que parecía vivir su vida en los dos extremos más alejados que pudo ubicar. A él, personalmente, le parecía indigno mantener libros de Fiódor Dostoyevski y León Tolstói mezclados con los pompones de su uniforme, aún peor si le sumaban los ensayos de Jung y Freud a la mezcla de sus tareas sobre coordinación de colores. O estaba loca, o era la persona más disímil que había conocido en toda su vida. Aún no estaba seguro de cuál de las dos aplicaba.

Se moría por tener una conversación substancial con ella, se moría por encontrar la manera de conectar con ella, básicamente, moría por la oportunidad de derrumbar esa barrera de una buena vez. Lamentablemente, Mimi Tachikawa se había aferrado tanto a su fachada que parecía completamente incapaz de mostrar nada que no fuera lo que acostumbraba ser.

Se había rehusado a hablar de los autores rusos, o las teorías del psicoanálisis, alegando que sólo tomaba esas clases para hacer feliz a su madre. Yamato sabía que estaba mintiendo, eso lo tenía claro, sin embargo, no podía confrontarla con Taichi a dos metros de distancia, y ella se había asegurado de no volver a quedarse sola con él después de lo ocurrido con la entrega de las galletas. Las cuales eran, por cierto, sin lugar a dudas, las mejores galletas con chispas de chocolate que había probado en toda su vida. Esa muchacha lo iba a enloquecer, de una manera u otra.

El muchacho estacionó su automóvil, y bajó de él, repasando mentalmente el horario que había observado en la carpeta de Mimi, esa mañana tenía Psicología II en la facultad de ciencias sociales, justo al lado de la suya. Después de clase, quizás podría 'tropezar' con ella sin la intervención de Taichi. Necesitaba estar solo con ella, algo dentro de él le quemaba por estar solo con ella.

Mimi Tachikawa terminó de colocarse su maquillaje y salió a la sala enviándole una enorme sonrisa a su novio, quien se había acostado en aire cansado en el sofá.

'¡Estoy lista!' celebró ella, inclinándose hacia él. Taichi alzó la cabeza, sonriendo y haciendo un pequeño silbido.

'Me iba a quejar de que tardaras más de una hora, pero estás tan bella que no puedo hacerlo' dijo el muchacho sonriendo.

Mimi soltó una pequeña carcajada, saltando sobre el sofá para sentarse en el brazo del mueble. Taichi le envió una sonrisa mientas se sentaba, aquel día Mimi se veía más hermosa que de costumbre, lo cual era decir ya demasiado. Se había dejado el cabello suelto, y los caireles caían sobre su espalda como capas de cabello de ángel, un par de jeans oscuros que hacía que sus piernas se vieran aún más largas y esbeltas, mientras que en la parte superior usaba un top simple de color fucsia.

'¿Cómo es que te ves más hermosa de lo normal hoy?' preguntó Taichi, dándole un beso corto.

'Eso debe ser porque hoy me quieres más que ayer' contestó la muchacha, riendo.

Taichi soltó una pequeña carcajada, y se acercó a darle otro beso, cuando el timbre los sacó de concentración.

'Yo abro, tráeme mi chaqueta, por favor' pidió Mimi levantándose y enviándole una sonrisa.

'Como ordene, su majestad' contestó Taichi levantándose y, obedientemente, entrando a buscar su chaqueta.

Mimi soltó una pequeña carcajada, yendo hacia la puerta y abriéndola.

'Buenos días' saludó la castaña sonriendo.

Del otro lado de la puerta se encontraba una hermosa pelirroja. La muchacha la observó con ojos muy abiertos.

'Buenos días… tú… ahm… ¿eres la novia de Yamato?' preguntó la muchacha esperanzada, mientras observaba atentamente a Mimi.

Mimi soltó una pequeña risa, sonrojándose un poco y negó lentamente con la cabeza.

'No, lo siento, pero creo que Yamato ya se fue a la universidad' dijo con suavidad.

Sora Takenouchi, parpadeó varias veces, repensando completamente su idea de escuchar a Yamato Ishida en primer lugar, aquella no podía ser la novia de Taichi… ¿O sí? Yamato jamás mencionó que la aludida se veía como una modelo de Victoria Secret. ¿Qué estaba haciendo allí? Venir había sido un error garrafal.

'Sí… mejor lo llamó a su celular' soltó Sora con suavidad, retrocediendo.

'Aquí está tu chaqueta' dijo Taichi al tiempo que alcanzaba a Mimi en la puerta.

Mimi tomó la chaqueta y volteó nuevamente a la muchacha, sólo para encontrar que tanto ella como su novio se enviaban una mutua mirada de horror e impresión a la vez.

'Sora…' soltó Taichi, mirando a la muchacha con ojos muy abiertos.

'Hola, Tai…' susurró la muchacha con suavidad, al tiempo que toda su cara se cubría de rojo.

Mimi osciló su mirada entre ambos por un segundo, antes de sonreír.

'¿Se conocen?' preguntó.

Taichi se giró a ella con ojos muy abiertos, como si de pronto recordase que estaba allí.

'Sí… ella… sí…. Ah…' Taichi negó con la cabeza, tratando de organizar sus ideas.

Mimi lo observó esperando que continuara.

'Solíamos ser vecinos. Nos conocemos desde que éramos niños… él, Yamato y yo' explicó por él Sora.

Mimi giró hacia ella sonriendo.

'¿En serio? ¡Eso es tan adorable! Yo no tengo amigos desde hace tanto tiempo atrás, me parece tan tierno ¡Oh, Tai! ¿Ella es la que me contaste que juega deportes contigo? ¡Yo soy tan mala para los deportes, siempre me caigo y termino lloriqueando en el piso!' soltó Mimi, riendo.

Sora le devolvió la sonrisa, educadamente, al tiempo que asentía con la cabeza.

'¡Tai, muévete, para que pueda pasar!' regañó Mimi, dando un leve empujón en el pecho de su novio.

Taichi giró hacia ella nuevamente, como despertando de un trance y se movió inmediatamente de la puerta.

'¡Pasa, Sora, deben tener mucho de qué hablar los dos, que lástima que Yamato ya se haya ido!' dijo Mimi, invitando a la pelirroja a pasar.

Sora se mantuvo inmóvil por unos segundos, antes de aceptar la invitación y pasar. Mimi la guió hasta la sala.

'Toma asiento, tú y Taichi deben tener miles de cosas de que hablar' dijo Mimi sonriendo.

'Oh, pues, un poco' contestó Sora, extrañada de la hospitalidad de la castaña.

Los tres se sentaron en silencio por unos minutos.

'Creo que estoy interrumpiendo' dijo Mimi, enviándole una sonrisa a su novio.

'No. Eso no es verdad' soltó rápidamente Taichi, negando con la cabeza.

'Creo que sí, deben tener mucho que decir y estoy en el camino. Mejor me voy a clase' contestó la castaña levantándose.

Taichi negó con la cabeza, tomándola de la mano.

'Eso no es necesario'

Mimi se inclinó, dando un beso rápido en los labios de su novio.

'No tienes clase hasta el tercer periodo, sólo ibas a quedarte jugando en el campo de todos modos. Me adelantaré y nos vemos en el almuerzo… Disfruta la visita de tu amiga'

Taichi la observó por unos segundos, antes de asentir levemente.

'Fue un placer conocerte, Sora' dijo Mimi girándose hacia ella, y haciendo una pequeña reverencia.

'Igualmente' contestó Sora repitiendo la moción.

Taichi giró de su novia, hacia Sora, cruzando los brazos sobre su pecho con una mirada molesta. Al tiempo que Mimi se colocaba su abrigo, tomando su bolso, y salía del apartamento, bajando las escaleras de dos en dos. Cuando alcanzó el lobby, llevó su mano al bolsillo de sus jeans buscando su celular, al encenderlo, un rayo de pánico oscureció su mirada, haciéndola correr a la salida del edificio con todas sus fuerzas.

Yamato Ishida soltó un suspiro exasperado mientras se recostaba en la silla de su asiento, con los brazos cruzados. Su profesor de Expresionismo Abstracto se estaba retrasando más de veinte minutos. Resoplando, empujó los lentes oscuros en su cara, cubriéndose los ojos.

'Si en quince minutos no llega, me largo al estudio' susurró Yamato, soltando un resoplido exasperado.

Yamato golpeó el pie pesadamente en el piso del salón, frotándose la frente.

'Al diablo' soltó el rubio, levantándose de su asiento y tomando el bolso. El rubio trotó, esquivando el resto de los estudiantes de su clase y saliendo del salón.

Si no fuera porque su padre lo mataría, se saldría de la universidad. Estaba completamente convencido de que la pintura no era algo que pudiese enseñarse, sino algo que se sentía, algo que requería de un talento innato con el que se nace, y que si bien habían profesores que pudieran enseñarle algunas técnicas interesantes, la mayoría simplemente se limitaba a repetir historias que él ya había leído en sus libros de arte. Para él, que había nacido con el talento, y que contaba con la inteligencia suficiente de aprender las técnicas por su propia enseñanza, sus clases eran una monumental pérdida de tiempo.

El muchacho cruzó la esquina del pasillo, para dirigirse a la salida de la facultad, cuando la vio.

Mimi Tachikawa, se encontraba a las puertas de la facultad de arte, caminando en círculos de manera casi frenética mientras marcaba la pantalla de su celular. Se veía agitada y preocupada a la vez. Yamato la observó hablar apresuradamente en su teléfono, para luego dejarlo caer al suelo, cuando su vista se fijó en algo más. Una figura delgada y esbelta caminaba hacia ella con prisa, y Mimi la alcanzó a medio camino, sin si quiera molestarse en recoger su teléfono del suelo.

'¡Mamá!' llamó la muchacha con urgencia, corriendo hacia ella '¿Qué estás haciendo aquí?'

Yamato alzó las cejas, sorprendiéndose al fijarse en la mujer que había alcanzado a Mimi. Era alta y esbelta, y físicamente, se parecía mucho a la muchacha. Su cabello era del mismo color castaño, pero con un dejo rojizo, agarrado en un moño alto, de donde salían dos pinceles de punta fina, sus ojos eran de un tono achocolatado más oscuros que los de su hija, y vestía un largo vestido negro y blanco ceñido al cuerpo, con mangas y cuello de tortuga. Su sonrisa era burbujeante y amplia, como la de Mimi, como si ningún problema pudiese derrumbarla.

Yamato frunció el ceño al fijarse en el lenguaje corporal de Mimi, claramente estaba discutiendo con su madre, y su madre con ella, sin embargo, no era capaz de escuchar por qué. Supuso que Satoe había ganado, cuando esquivó a Mimi, ignorando sus llamados y entrando por la puerta de la facultad, pasando junto a él sin notarlo.

'¡Mamá, por favor!' oyó suplicar a Mimi, mientras corría detrás de su madre, persiguiéndola por la entrada de la facultad, no sin antes recoger su celular del suelo. Sin embargo, Mimi si se fijó en él y se detuvo a observarlo al cruzar por su lado, con una mirada de horror, al tiempo que oscilaba su vista entre él y la figura de su madre que se alejaba 'Dime que no tienes clase de expresionismo abstracto' suplicó Mimi.

Yamato abrió y cerró la boca varias veces, antes de asentir.

'Oh, Dios, no…' soltó Mimi, cerrando los ojos y girando sobre sus talones en dirección a su madre '¡Mamá, te lo ruego!' soltó la muchacha corriendo.

Yamato se mantuvo inmóvil por unos segundos, completamente confundido, pero decidiendo volver inmediatamente a clase. Para el tiempo que alcanzó el salón, encontró a Mimi sentada en primera fila con las manos sobre su rostro, y a Satoe Tachikawa escribiendo su nombre en la pizarra.

'Buenos días, clase. Mi nombre es Satoe Tachikawa' se presentó la mujer, y Mimi hundió aún más la cara en sus manos, cuando un murmullo de sorpresa se extendió por la clase, claramente todos sabían quién era 'El profesor que tenían asignado para esta clase renunció ayer, y el nuevo rector ha pedido mi ayuda, claro que no acostumbro dar clase, pero todo sea por la universidad de mi hermosa hija' explicó 'asumo que todos tienen el libro para esta clase' dijo levantando su copia, cada alumno, a excepción de Mimi que no era parte de aquella clase y Yamato que seguía parado en la puerta, sacó su copia de 'Expresionismo Abstracto Volumen 5', la mujer caminó hacia la esquina del salón tomando la papelera 'Lo primero que haremos será esto' lanzó el libro en el fondo 'Nadie aprende a pensar de manera abstracta leyendo. Vamos afuera clase, quemaremos los libros y mezclaremos las cenizas con nuestra pintura. Porque eso es lo que hace a un buen pintor, no es la lectura, no es la técnica, no es la concentración. Es el ser capaz de destruir lo que nos estorba y crear a partir de sus cenizas ¡En esta clase vamos a crear, muchachos, como el fénix de las cenias!'

Un grito de felicidad se extendió por el salón, al tiempo que todos marchaban cargando sus libros por la puerta, siguiendo a su nueva profesora. En sólo una clase, Satoe Tachikawa se convirtió en la profesora favorita de todos los miembros de la clase. Era divertida, encantadora, ingeniosa y brillante. Les hablaba de la pintura con una pasión que sólo un artista real podría sentir, y cada uno de sus estudiantes la había amado. Todos, excepto Mimi Tachikawa, quien había permanecido durante toda la clase con la vista clavada sobre su madre como un halcón.

Después de culminar la quema ceremonial de los libros, la mujer les había hecho sacar lienzos sin colgar en madera para acomodarlos en el piso y había procedido a explicarles de primera mano cómo se realizaba el Action Painting y dripping que había consagrado la carrera de Jackson Pollock. Los movimientos de Satoe con los pinceles sobre el lienzo eran tan rápidos, bruscos y contundentes que eran difíciles de replicar.

'Esto no es sobre perfección. Es sobre emoción. Lo que buscamos es transmitir, es transmitir a través del caos' continuó ella levantándose del suelo donde mantenía su propio lienzo, para caminar por la clase corrigiendo la posición de los alumnos 'Eso es muy bueno, pero si curvas el pincel veinte grados hacia la izquierda y giras la muñeca obtendrás un efecto más contundente' aconsejó apenas alcanzó a Yamato, el rubio asintió, haciendo exactamente lo que le pidió y alzando las cejas al notar la diferencia 'Eso está mucho mejor'

El rubio no pudo evitar sonreír. Toda su vida había querido trabajar con alguien de la mitad del calibre que aquella mujer, y finalmente, había encontrado a alguien que era capaz de enseñarle de verdad. Por unos momentos, se olvidó completamente de Mimi, temporalmente perdido en su pintura, pero cuando volvió a verla su concentración volvió a romperse. La muchacha seguía los movimientos de su madre con una mirada de tangible preocupación.

El rubio se levantó del suelo, y caminó hacia ella. La muchacha se encontraba encogida en una esquina del salón, abrazando sus rodillas.

'¿Qué pasó, Tachikawa? ¿Te equivocaste de salón?'

Mimi sonrió levemente, negando con la cabeza, pero sin voltear hacia él.

'¿Te encuentras bien?' preguntó Yamato, sentándose junto a ella, quien se giró a él por unos segundos, antes de volver la vista a su madre.

'Sí, claro, bien… sólo, esto es muy vergonzoso' dijo Mimi, encogiéndose los hombros y restándole importancia.

'¿Vergonzoso?' preguntó él.

'Claro, mi madre danto clases. Será el fin de mi vida social' dijo ella, soltando un suspiro.

Yamato la observó inmóvil… ¿Aquello era en serio, eso era lo que le preocupaba?

'¿Tu vida social?'

'Ajá. Esto es lo peor que me ha pasado' su voz se oyó igual de chillona a cuando discutía por el televisor con Taichi.

Yamato buscó su mirada por un momento, sin éxito, no podía leer su nivel de sinceridad si ella no le devolvía la mirada, pero estaba seguro de que mentía.

'Tu madre es increíble' dijo Yamato.

Los ojos chocolate de Mimi se voltearon hacía él, con una mirada inexpresiva, y una sonrisa divertida.

'Así que… ¿Sólo puedes ver cuando yo estoy mintiendo?' aquello no era una pregunta, más bien sonó a reclamo.

'¿Disculpa?' soltó Yamato, alzando las cejas.

Mimi volvió a girar la mirada hacia su madre, encogiéndose los hombros, con una sonrisa.

'Nada'

Yamato frunció el ceño, observándola. Estaba quieta, respirando de manera muy lenta, y su mirada era completamente inexpresiva. Sus ojos no estaban brillando, pero tampoco estaban oscuros. No tenía la menor idea de qué estaba ocurriéndole, pero ciertamente no era algo tan superficial como la preocupación de su vida social, por mucho que ella quisiera hacerlo ver así.

Dos horas más tarde, la clase dio fin, durando una hora más de lo que estaba pautado, pero nadie se quejó respecto a eso. La muchacha se colocó de pie, yendo directo hacia su madre, y ambas salieron del salón sin hablar.

Aquella semana Yamato Ishida asistió todos los días a clase de Expresionismo Abstracto, no quería perderse ni un segundo de Satoe Tachikawa. Los había adoctrinado en cómo texturizar las pinturas, utilizando metales y vidrio molido dentro de la pintura, les había enseñado técnicas de movimiento que a la mayoría de ellos jamás se les habría cruzado por la mente de otra manera. La mujer no era una profesora normal, preocupada por notas y trabajos, era un artista y los trataba como pupilos de un taller del renacimiento. Eran juzgados en su trabajo, no en qué tantos nombres de pinturas eran capaces de recordar. Era una persona sumamente errática, que un día quería llevarlos a caminar por el campus mientras hablaba de cómo el ocaso perfecto podía tomar la mezcla de más de 94 tonos y sombras diferentes; mientras que al día siguiente quería que se acostaran sobre el lienzo y mezclaran la pintura con sus manos. Había ofrecido ver sus pinturas y ofrecer tips de cómo mejorarlas, y a penas sus ojos se fijaron por primera vez en una de las pinturas de Yamato Ishida, el muchacho se convirtió rápidamente en su favorito. Solía pasar la mayoría de las clases aconsejando al rubio sobre cómo volver su talento innato en un grado de sofisticación que lo convertiría, según ella, en un genio legendario. El muchacho, por su lado, estaba tan fascinado con ella que el sólo hecho de conocerla había logrado que la obsesión enfermiza que mantenía Yamato con su hija pudiese ser mantenida bajo control.

Mimi Tachikawa, por otro lado, había asistido a cada clase, sentándose en el rincón más alejado y vigilando a su madre con atención. Yamato había escuchado decir varias veces a Taichi que la relación que mantenían las dos era más que tensa, sin embargo, al rubio no le pareció que hubiera en realidad una animosidad entre ellas. Satoe Tachikawa ignoraba completamente a su hija mientras estaba concentrándose en el arte, pero ambas partían juntas del salón, hablando en susurros apenas esta culminaba.

'Sr. Ishida' llamó Satoe, al culminar la última clase de la semana, el viernes en la tarde.

Yamato tomó su bolso y se acercó al escritorio, la mujer estaba sentada sobre la madera, con las piernas cruzadas, hoy vestida con unos jeans y cuello de tortuga azul, y el cabello marrón-rojizo suelto. Le envió una sonrisa enorme al rubio, cuando se acercó.

'Esa pintura con el muro que me enviaste por fotografía, quisiera verla en vivo'

Yamato alzó las cejas, sorprendido.

'Por supuesto. La traeré en la próxima clase' asintió el muchacho, sin poder evitar sonreír.

Satoe negó lentamente con la cabeza.

'Quiero que la lleves a mi casa, quiero mostrársela a mi representante'

El bolso se resbaló de las manos del rubio.

'¿Qué?...'

Mimi, quien se había mantenido quieta en su esquina habitual, también se había puesto de pie con la boca y los ojos muy abiertos.

'Si es la mitad de buena en vivo a lo que creo que va a ser, estoy segura de que te dará tu propia exhibición' completó Satoe, entregándole una pequeña tarjeta rosa con su información de contacto.

Yamato se sintió tan feliz que pudo haberla abrazado, pero decidió mantener la calma considerando el complejo de autoridad que debían mantener como alumno-profesor.

'Eso… eso es increíble… ¡Gracias!'

Satoe sonrió, negando con la cabeza.

'No damos las gracias a quien nota nuestro talento. Los resentimos, por no notarlo desde el comienzo. Ese es el principio de los artistas… bueno, eso y nunca te disculpes por tu talento'

Yamato asintió, soltando una enorme sonrisa.

'La llevaré a su casa lo más pronto posible'

'Mamá, estoy segura de que Yamato puede traer la pintura al salón' sugirió Mimi.

'¿No puedo visitar tu casa? Después de todo, te la pasas en la mía' dijo Yamato, alzando las cejas.

'¿Su casa? Pensé que estabas quedándote con Miyako' dijo Satoe, volteando hacia su hija, para luego encogerse los hombros en aire desinteresado 'no quiero esperar, que la lleve a la casa esta tarde'

'Lo haré'

Le envió una última sonrisa al rubio, antes de bajar del escritorio y salir del salón. Mimi la siguió con la mirada, para luego voltear al rubio con aire de urgencia.

'Yamato, por favor, no fraternices tanto con mi madre' le pidió.

'Tu madre es la clase de mentor que he soñado con tener toda mi vida' contestó Yamato, alzando las cejas.

Mimi giró en dirección a la puerta, comprobando que su madre no estaba cerca, para luego acercarse de golpe a Yamato, prácticamente arrinconándolo y señalándolo con el dedo índice.

'Escúchame, Yamato, mi madre parece muy encantadora y fascinante ahora, que acabas de conocerla. Pero eso no va a durar, y no quiero que salgas lastimado' le había hablado con una voz más seria de la esperada.

'¿Lastimarme? ¿De qué estás hablando?' preguntó el rubio confundido.

Los ojos de la muchacha se abrieron, como si de pronto entendiera que había hablado de más. Mimi suspiró, separándose nuevamente de él.

'Tiende a ser muy cruel con sus protegidos. Puede que te esté haciendo ilusiones en vano, no es primera vez que lo hace. Eso es todo' contestó Mimi.

Antes de que Yamato Ishida pudiese agregar nada más, la castaña corrió fuera del salón persiguiendo a su madre.

Mimi Tachikawa se detuvo frente a la alta mansión blanca que por años había sido su hogar. Cualquiera que observara la vista que ella tenía en aquel instante, pensaría que aquella era una casa de ensueño, amplios jardines verdes, adornados por rosales enmarañados que incluso adornaban las esquinas de la mansión tipo victoriana, con grandes ventanales descubiertos y una invitante entrada con un aviso que leía simplemente 'Los Tachikawa'.

"It sheltered me from nothing but the weather, I called it 'home' for a moment of my life"

Mimi no pudo evitar el tic que apareció en su rostro al leer el cartel, aquella era la primera mentira que el mundo podía contar cuando miraba aquella hermosa estructura. Ellos ya no eran los Tachikawa, no como habían sido cuando ella fue una niña, no como la familia que aparentaban ostentar.

Suspirando, la muchacha dio los primeros pasos detrás de la reja, caminando por el pequeño sendero de rocas que guiaba a la entrada. En dos ocasiones se detuvo, girando sobre sus talones y pensando en volver a la seguridad de la casa de su novio, para finalmente volver a retomar su camino a la entrada, recordando que ahora era su deber alejar a Yamato Ishida de esa realidad.

La muchacha alcanzó el porche, y subió con lentitud las escaleras. Ahora que tenía el letrero frente a ella, parecía que la mentira se reía en su cara. Le molestó tanto, que estuvo a punto de arrancarlo con sus propias manos. Pero ella era una chica bien comportada, y no deseaba que los vecinos se preguntaran por qué el letrero de su casa había desaparecido súbitamente.

Por unos minutos, se debatió sobre si debía tocar el timbre o usar sus llaves. Realmente, no importaba si su nombre también figuraba en la propiedad, ese, sencillamente, no se sentía como un hogar para ella. No podía recordar la última vez que había usado sus llaves. Las últimas veces que había sido convocada por la servidumbre para correr al auxilio de su madre, la puerta había estado sin seguro.

"This place I see just doesn't look familiar, I wonder if it looks the same inside"

Mimi se preguntó si estaría así hoy, y su mano giró levemente el pomo, escuchando un click. Estaba abierto, lo cual no era de sorprenderse, considerando que la cuarta ama de llaves del trimestre había renunciado, y la enfermera personal se había negado si quiera a retirar su último pago. No había nadie que recordara cerrar la puerta.

Mimi entró a la casa y lo primero que notó fue la resonancia retumbante del Réquiem Lacrimosa de Mozart sonando a más no poder.

'Está pintando' se dijo la muchacha, mientras cerraba la puerta tras ella.

Mozart era el arma de su madre para pintar, y aquella canción su espada de elección. El sonido de los violines aún hacía a Mimi encogerse con recuerdos que desearía poder reprimir.

'¡Mamá!' llamó, alzando su voz lo suficiente para hacerse oír entre los violines de la sinfónica de Viena.

Como era de esperarse, no hubo respuesta. La castaña bajó la mirada por la sala, notando como se veía físicamente igual, como si el tiempo se hubiese detenido cuando ella tenía 11 años. El foco del salón era un enorme retrato de sus padres, con ella, exactamente 12 años atrás. Las fotografías regadas por las mesas documentaban claramente su infancia, desde su nacimiento, hasta su cumpleaños número once. Los muebles aún tenían las marcas del periodo donde ella había aprendido a dibujar, incluso pudo observar uno de sus viejos peluches sobre el cojín de una silla alejada, donde su padre solía leerle cuentos.

"So there's the corner that I sat on, the road I walked home in the rain

And there's the star I used to wish on, it all just seems like yesterday"

El tiempo no había transcurrido en aquella casa hacía mucho. No había avanzado un solo día desde que el padre de Mimi había muerto. Aquella casa no era más que una cápsula de tiempo, intentando mantener los recuerdos atrapados en ella. De alguna manera, a efectos de infancia, ella no había crecido más allá de sus once años, bien podría haber muerto con su padre para haber recibido el mismo tratamiento.

'¡Mamá!' volvió a llamar la castaña, sobre el estruendo de la sinfónica, sin éxito.

La música le estaba dando escalofríos, rompiendo algo dentro de su cabeza, y ella no estuvo segura de qué. Se detuvo por un momento, al pie de la escalera, volviendo a gritar por su madre, sin éxito.

Mimi suspiró, comenzando a subir las escaleras, mientras continuaba llamando por su madre. Pasó junto a su habitación, sin si quiera darle una mirada, para dirigirse directamente al estudio.

¿Cuántas veces había recorrido exactamente el mismo camino? ¿Cuántas veces había surcado la casa gritando por su madre, sin recibir respuesta? ¿Cuántas veces había vivido aquella misma escena? Habían sido tantas, que llamarlo Deja vu sonaba ridículo. No lo había vivido dos veces, ni tres, ni si quiera diez. Eran tantas, que le faltaría tiempo para revivir cada ocasión en compañía del Dr. Katss. Eran tantas que ni si quiera era capaz de nombrarlas todas. Diablos, eran tantas, que ni si quiera estaba segura de recordarlas todas.

"Days go by, nothing's getting clearer… Can't change my mind, my troubles are the same…"

Mimi Tachikawa alcanzó el último cuarto del pasillo, donde identificó que provenía el sonido de la sinfónica: El estudio de su madre.

'¡Mamá!' llamó Mimi, tocando la enorme puerta de madera negra. No hubo respuesta.

Sin volver a preguntar, Mimi intentó abrir la puerta, empujándola hasta que cedió. Su madre jamás recordaba cerrar la puerta de la entrada de la casa, pero siempre recordaba cerrar la puerta del estudio. Sin embargo, a medida de que Mimi se fue haciendo mayor y más inteligente, había enviado a trucar la cerradura del estudio a modo de poder entrar de todas maneras.

La castaña empujó la puerta hasta que le permitió entrar al estudio. Estaba oscuro, a pesar de ser las cuatro de la tarde, pero aquello era normal considerando que su madre había enviado a cerrar las ventanas desde el primer día, asegurando que la luz del sol era un factor distractor en su obra. También hacía mucho frio, y por un momento no pudo evitar temblar.

Sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad, y con cuidado, caminó hasta ubicar el interruptor de la luz. Maldiciendo al notar que su madre había retirado el bombillo. Mimi frotó sus sienes, suspirando, y usando la linterna de su teléfono para alumbrar el suelo.

'¡Mamá!' volvió a llamar, intentando localizar el estéreo para poder apagar el sonido infernal de los violines, el cual comenzaba a jugar con su cabeza '¡Mamá, le pediste a Yamato que viniera, tienes que levantarte y esperarlo!'

"Faces change, the names they are familiar, and the streets I see will stand the test of time"

Nuevamente, no hubo respuesta. La muchacha alumbró el estudio con el celular, ubicando los lienzos regados por el suelo, arremolinados a las paredes, y en parales regados por distintos lugares del lugar. Pero, no fue capaz de ubicar a su madre.

'¡Mamá!' llamó nuevamente.

Finalmente la ubicó. Estaba en la esquina más lejana a la puerta, frente a una de las ventanas cerradas por madera, tendida en el suelo, hecha un ovillo en posición fetal y abrazando sus rodillas con aire ido. Mimi soltó inmediatamente su teléfono y corrió hasta ella.

"So there's the corner that I sat on, the road I walked home in the rain

And there's the star I used to wish on, it all just seems like yesterday"

'¡Mamá!' llamó, al tiempo que la tomaba por los hombros.

Los ojos de su madre estaban abiertos, pero completamente desenfocados y vacíos. Realmente, no estaba mirando nada en aquel momento, nada físico al menos. La muchacha llevó los dedos al cuello de su madre, chequeando su respiración, era lenta, pero estable. Para luego recoger el teléfono del suelo, usándolo para alumbrar el alrededor de la mujer.

En el piso, pudo ubicar una botella a medio consumir de vodka, y un frasco de pastillas antidepresivas. Mimi tomó el frasco, verificando la fecha de emisión, y el número de pastillas que contenían dentro. Aliviada, la muchacha se volvió nuevamente hacia su madre.

'Mamá… ¿Puedes oírme?' preguntó.

Los ojos de su madre voltearon a ella por unos instantes, brillando con un reconocimiento leve, antes de volver irse dentro de su propio mundo.

"And those stars, stars still shine, shine down through the rain"

La castaña soltó un suspiro, al tiempo que se ponía de pie, llevando a su madre consigo, quien no opuso la menor resistencia, ni ayuda. Su madre no era pesada, pero ella tampoco era físicamente apta, lo cual le hizo la tarea de cargar un peso muerto bastante pesada. Sin embargo, aquello tampoco era algo que había hecho por primera vez. Tampoco sería algo que haría por última vez.

'Mamá, ligaste los antidepresivos con el alcohol, de nuevo, voy a tener que llamar al Dr. Katss'

La muchacha le habló con suavidad, plenamente consciente de que no estaba oyéndola, mientras realizaba su mayor esfuerzo para sacarla del estudio al cuarto principal, sin que ninguna de las dos cayera al suelo.

Le tomó más de diez minutos sacarla del estudio al cuarto, cuando lo logró, la dejó caer sobre la cama, y su madre no puso la menor resistencia. Al contrario, al caer en la cama, se volvió a encoger en posición fetal, en la esquina más lejana de la cama, llevando la mirada al techo.

"And there's the corner that I sat on, the road I walked home in the rain

And there's the star I used to wish on it all just seems like yesterday"

Mimi marcó el número del doctor, mientras mantenía un dedo en la yugular de su madre, asegurándose de que el ritmo de su pulso no había cambiado.

'Dr. Katss…' saludo Mimi, explicando la situación sin rodeos 'Respira muy lento, pero es estable… No sé cuántas tomó, o si es lo único que se tomó, el ama de llaves renunció hoy, y no he podido ubicar a la enfermera en todo el día… No, no sé si tenía nuevas recetas, que yo sepa sólo tiene las suyas, y sólo faltan 4 pastillas… Las ligó con vodka, sí'

Mimi se mantuvo en silencio, por unos segundos, escuchando la respuesta del médico.

'Eso es algo excesivo, no creo que sea necesario. Esta mañana estaba tranquila. Yo pasaré la noche aquí, hasta que pueda ubicar a la enfermera o conseguir una nueva'

La castaña se levantó de la cama, observando su madre, mientras escuchaba atentamente al Dr. Katss en la otra línea.

'Han sido unas semanas difíciles, quizás sólo necesita algo de tiempo'

La muchacha caminó hasta la ventana, suspirando sonoramente.

'No voy a internarla' contestó con suavidad, negando lentamente con la cabeza 'Tampoco beberé los medicamentos, Dr. Katss' añadió la muchacha al tiempo que su mano se posaba en el cristal de la ventana.

Fue en ese momento en el que lo vio, Yamato Ishida caminaba por el jardín, en dirección a la entrada de la casa.

"And I stare out this dirty window, as this world goes slowly by

And somewhere out there is the future, that I once thought had passed me by"

'Necesito colgar' susurró Mimi con suavidad, dejando el teléfono en la mesa de noche de su madre, antes de colocar nuevamente la mano sobre su yugular para chequear que su pulso siguiera siendo el mismo.

La muchacha arropó a su madre, con la cobija de la cama, y partió bajando las escaleras a trote, al tiempo que el timbre de la casa resonó sobre el estruendo del aún sonante Réquiem Lacrimosa de Mozart.

En silencio, la muchacha intentó formular una excusa convincente, al tiempo que se preguntaba por qué en aquella casa siempre ocurría algo que amenazaba con destruir el débil balance de su vida, cada vez que la visitaba.

"Sheltered me from nothing but the weather…"

No sólo se veía en la obligación de mentir, sino de realizar un esfuerzo considerable por mantener su fachada y la de su madre al mismo tiempo. Pero lo peor era, sin duda, tener que hacerlo frente a la única persona que parecía saber que su fachada no era más que una torre de cristal construida por mentiras.

Debía mentirle a Yamato Ishida, la única persona en toda su vida que había sido capaz de ver más allá de su máscara.


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