Originalmente esto fue una entrada para el siguiente concurso: (www . fanfiction .com ~labatalladelosos) pero ahora es mi segundo fic.
*RECUERDEN: Soy Miembro del Club "DILE NO AL ABANDONO DE FIC" ;) así que ni duden en que estoy pendiente.

Disclaimer: Los nombres de los personajes pertenecen a la señora Stephenie Meyer, la trama, los diálogos y demás contenido son de mi autoría.

N/A: Mis tramas son mixtas. Me encanta el humor pero creo que los toques de drama son necesarios (como la vida misma), si han leído mi historia "De Cabeza" saben a qué me refiero, y si no... anímense :) esta terminada. La categoría M es cuestión de licencia creativa, el contenido no es ofensivo pero quizás me provoque lanzar unas escenas de esas que ustedes saben entre Ed y Bella ;)

ENJOY


SUMMARY: Puedes tratar de escaparte, negarlo, e incluso cegarte ante él. Pero si el amor llega a sentarse a tu lado y fastidiarte la existencia, no hay nada que puedas hacer al respecto.

Un Edward gruñón que te provoca reír y a veces golpearlo. Una Bella distraída, libre, que no le gustan las indirectas. Ambos tienen problemas, pero deciden luchar y sus distintas formas de lidiar con la vida colisionan.

Capítulo beteado por Zaida Gutiérrez Verdad

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. . . . . . .

Mis ojos estaban cerrados y la oscuridad me rodeaba.

El duro respaldo del banco de madera lastimaba mi espalda, tomé una inhalación profunda e hice todo lo posible por concentrarme en hacer mi ejercicio.

Era un día cálido, podía sentirlo en mi piel. Estaba sentado en la parte izquierda, que estaba cubierta por la sombra de un larguirucho y frondoso árbol, pero a mi lado la cálida luz solar me bañaba por completo. Moví mis dedos peligrosamente cerca de la orilla y sentí la calidez, pero sin traspasarla del todo.

—¿Está libre este asiento?

Su femenina voz me tomó por sorpresa y me despertó de mi trance, retiré mis manos y las crucé en mi regazo antes de responder.

—Sí.

No me tomé la molestia de abrir los ojos, pero pude sentir perfectamente sus movimientos a mi lado y el sonido seco de algo pesado cayendo en el suelo. Hice lo posible para regresar al ejercicio que me había asignado, o recomendado, mi psicóloga.

Estúpida psicología, si algo me había enseñado el mundo es que ignorar a otros resulta demasiado fácil.

¿Cómo era? Ojos cerrados, relajarse, respirar…

Respirar, claro, menos mal que lo menciona, probablemente se me habría olvidado.

Sí… Yo tampoco creo que el sarcasmo esté en la lista.

Relajé mi posición hasta tener la espalda inclinada, el cuello en la orilla del respaldo y las piernas extendidas, escuché atentamente el cantar de un ave y era un poco molesto, así que traté de adivinar si eran dos.

—¿Estás dormido? —su voz llegó a mí nuevamente y se coló en mis pensamientos, era suave y tenía un tinte de curiosidad, automáticamente mis labios se apretaron—, porque creo que es muy peligroso dormirse en un parque. Podrían robarte. —Razonó.

Una pequeña e irónica sonrisa se formó en la comisura izquierda de mis labios ¿Robarme? Lo dudo. Sentí una prenda de tela rozar mi brazo derecho, como si la chica estuviera inclinada hacia mí, esperando una respuesta.

—¿Sabes qué me parece peligroso? —pregunté sin moverme—, hablar con desconocidos.

Mi tono era monocorde y aburrido, tenía la esperanza de que entendiera mi indirecta y me dejara en paz. En realidad no estaba intentando dormir, pero tampoco tenía la más mínima intención de hacer amistades o siquiera entablar alguna conversación.

—Supongo que tienes razón —consideró y suspiré con alivio—. Pero sigo creyendo que podrían robarte.

Cubrí mis ojos cerrados con mis manos y presioné mis sienes con cansancio. ¿Por qué esta mujer tiene que ser tan insistente y parlanchina?

—Nadie va a robarme.

—¿Cómo estás tan seguro? Cualquiera podría verte con los ojos cerrados y atacarte o simplemente sacar tu billetera del bolsillo interior de tu chaqueta. —Inmediatamente destapé mis ojos, pero sin abrirlos, y alcé una ceja ¿Qué hacía ella fijándose en mi billetera? Pareció percatarse de esto, porque lo aclaró—. Sólo lo digo porque la vi.

Suspiré, sin tener ganas de responder.

—Nadie le roba a personas como yo.

—¿Qué significa eso?

Podía sentir que esta indeseable conversación llegaba a terreno peligroso, suspiré y acerqué cautelosamente mi mano izquierda a la soleada y cálida orilla marcada entre mi sombra y la luz.

—¿Crees que no podría defenderme?

Después de eso hubo silencio y, por un momento, pensé que se había ido.

—Puede ser.

—¿Estás diciendo que soy un debilucho? —apreté mis labios para reprimir una sonrisa, con mi rostro dirigido al cielo por mi posición relajada.

—¡No! Para nada, tienes muy buen cuerpo... No es que estuviera mirando mucho ni nada.

Su calmada voz se mostró nerviosa de repente y mi sonrisa se soltó de mi agarre para deslizarse sin permiso entre mis labios. La escuché refunfuñar algo por lo bajo.

—Puedo defenderme. —Repliqué, aunque seguía pensando que nadie me robaría—. De todas formas, es más peligroso que tú hables con extraños, ¿nunca te dijeron eso tus padres?

Más silencio, al parecer iba a ignorarme.

—Puedo defenderme —repitió y mis labios temblaron por contener una risotada—. No tiene nada que ver con mis padres.

Pude percibir que su ánimo había cambiado. La prenda de ropa que chocaba un poco con los dedos de mi mano derecha ya no estaba ahí, así que asumí que su postura había cambiado y su voz parecía distante.

Esta chica era muy extraña, a veces hablaba como una niña curiosa y otras como una mujer. No tenía idea de cuántos años podría tener, a diferencia de mí que se me notaban mis treinta años de vida en cada rasgo, de eso estaba seguro.

Tuve que resistir la urgencia de abrir mis ojos.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Rodé los ojos internamente. ¿No se supone que está haciéndolo ya?

—Claro.

—Ya hemos hablado por un buen rato, ¿por qué no has abierto los ojos? —Sacudí mi hombro en señal de respuesta, pero eso no pareció ser suficiente, porque prosiguió—, ¿no quieres verme?

—¿Por qué querría verte? —pregunté suavemente con una sonrisa calmada y, para variar, sincera.

—No lo sé, la gente generalmente mira a los demás.

—¿Crees que tu apariencia me haría cambiar de opinión sobre ti? ¿Que me haría pensar más o tal vez menos en tu personalidad?

—No sabía que ya tenías formada tu opinión sobre mí. —Contraatacó ella ¡Diablos!, justo cuando pensé que la tenía acorralada. Sacudí mi hombro nuevamente—. Además, lo queramos o no, siempre juzgamos a otros por lo que vemos de ellos, ya sea correcto o incorrecto. Podrías estar hablando con una mujer completamente desnuda en este momento.

Solté una ligera carcajada ante la idea de estar hablando con una mujer desnuda en un parque y toda la atención que se llevaría.

—Sé que no estás desnuda. —Declaré con fingida indiferencia.

—¿Y cómo estás tan seguro, Sherlock?

—Porque la prenda que llevas puesta choca con mis dedos, Watson —respondí con una sonrisa de suficiencia.

Instantáneamente la prenda salió de mi alcance, confirmando así mis palabras. No pude evitar soltar otra carcajada, esta chica era muy molesta, pero al menos era un poco graciosa.

—¡Bien! No estoy desnuda, pero podría estar disfrazada de marciano o con conos metálicos guindando de mi cabeza y aun así tú le hablas a una desconocida y tendrías los ojos cerrados. —Espetó.

Volví a masajear mis sienes, esto comenzaba a cansarme.

—No me importa cómo te veas, ni siquiera te conozco.

—Cierto. —Concordó y hubo una breve pausa—. Soy Bella Swan.

Pude percibir una sonrisa en su voz y, cuando consideré la idea de que tal vez estaba sentada a mi lado con la mano extendida esperando captar mi atención, ella simplemente tomó la mía, apretándola con fuerza.

Sus dedos se sentían suaves y delgados dentro de mi tosca mano. La sorpresa hizo que enderezara mi posición en el banquito y apretara mi agarre con más fuerza de la debida, pero ella no me dio ninguna señal de molestia.

Una mujer fuerte.

Aclaré mi garganta y me solté de su agarre para presionar mis dedos sobre mis ojos con fuerza, de repente sentía que me picaban.

—Hola.

—¿Sabes? No mirar a la gente también es de mala educación —informó con un poco de ímpetu esta vez. Parecía que alguien estaba tomando confianza…

Le sonreí con cansancio, como a una niña pequeña cuando fastidia demasiado, suponía que esa faceta surgía de a ratos.

—Y tampoco me has dicho tu nombre. —Abrí mi boca para contestar, pero no alcancé a hacerlo cuando ella comenzó nuevamente—. No, seguro vas a decirme que el nombre no importa, que no me hará conocerte mejor, probablemente crees que son un invento extraño del gobierno para controlar nuestras mentes y…

—¿Siempre divagas tanto?

Se rió suavemente antes de responder.

—Sólo cuando estoy nerviosa, tiendo a distraerme mucho. —Hizo una pausa—. ¿Entonces, me dirás tu nombre?

—No. —Me negué, pero esta vez fue más por llevarle la contraria.

—Eres un maleducado, pero eso ya lo sabes, ¿cierto?

—Soy un maleducado —confirmé.

Nos quedamos en silencio un rato. Escuché las risas de unos niños a algunos metros de mí e inhalé profundamente, con la intención de volver a mi ejercicio e iba en mi octava respiración profunda cuando fui interrumpido... Otra vez.

—No te muevas, no muevas ni un músculo —dijo la chica... Bella.

Estaba agarrada a mi brazo y sus uñas se clavaban en mi carne, tuve que tomar su suave muñeca con firmeza.

—¿Qué pasa?

—Hay una abeja en tu pierna.

—Mierda —exclamé en voz baja.

—¡Hey! Es... —Antes de que pudiera terminar, moví mis piernas y pasé mi mano sobre ellas sintiendo que ya no había nada—. Amargado. —Refunfuño en voz baja. Claro, porque no era ella a quien iba a picar—. Deben haber pensamientos cerca.

Meditó y me quedé en blanco. Dijo pensamientos, ¿cierto?

—¿No estás muy acostumbrada a tener pensamientos? —comenté con sarcasmo, pero en serio, ¿qué más podía decirle? Era como si me rogara que fuera sarcástico.

—Qué gracioso, eres todo un payaso —respondió con fastidio—. Me refiero a las flores, son violetas tricolor, pero las llaman pensamientos.

—Entonces eres una nerd de las flores —afirmé sonriendo, era muy fácil provocarla.

—Prefiero el término florista.

Así que es florista… ¡Ja! Mis intentos por hacer el ejercicio estaban resultando en puros fracasos, pero al menos estaba entretenido.

Escuché unos ladridos a cierta distancia y supe lo que venía.

—Hola, señor Cullen. —Una familiar voz llegó a mis oídos—. Chester se portó muy bien, como siempre, pero creo que comenzaba a extrañarlo.

¿Cómo siempre? ¡Ja! Quise bufar ante eso.

El perro estaba ladrando y jadeando, apenas me dejaba escuchar y paseaba su hocico y patas de forma molesta entre mis piernas.

—Gracias Mary.

—De nada señor Cullen, ya le dije que puede llamarme Alice. Nos vemos el lunes.

Estiré mi mano y ella colocó la correa de Chester entre mis dedos.

—Hola Chester ¡Ven aquí muchacho! ¡Eres muy lindo! —Bella le hacía arrumacos a mi perro y la cola de éste golpeaba mi pierna constantemente—. Parece que alguien está enamorado. —Canturreó. ¿Estaba hablando conmigo?—. ¡Hey, maleducado, es contigo! —exclamó entre risas.

—¿De qué estás hablando? Yo no estoy enamorado de ti, ni siquiera sé…

—Estoy hablando de Alice, tonto —explicó calmadamente, como si le hablara a un niño, excepto por la parte del insulto.

—¡Oh! —Aclaré mi garganta, sintiéndome un poco incómodo—. ¿Mary?, ¿por qué lo dices?

—Aparte de maleducado también eres ciego. A la pobre chica le brillaban los ojos al mirarte y te sonreía como si quisiera caerte a besos.

—¿Caerme a besos? ¿Cuántos años tienes, quince?

En serio, ¿quién diablos habla así después de los 20 años?

—Eso no es de tu incumbencia, pero, para tu información, ya soy mayor de edad.

—¡Claro, tienes dieciocho! Era completamente obvio —exclamé alzando mis manos en el aire.

—¡No tengo dieciocho, viejo amargado! Tengo más de veinte, ¿a qué te refieres con que "era completamente obvio"? —preguntó con recelo y su tono había subido un poco más.

—Nada.

—Como sea, Alice parecía muy interesada en ti. —Continuó volviendo a su tono calmado.

—Tiene dieciséis.

—Allí vamos otra vez con la edad. —Sus palabras fueron un susurro, pero la había escuchado bien—. Sólo digo que la pobre chica incluso pasea a tu perro, nada te cuesta sonreírle de vez en cuando.

—¿Y darle esperanzas? No lo creo, Mary es una niña.

—Ella te pidió que la llamaras Alice.

—Sus padres la llamaron Mary y así me la presentaron, así es como la llamaré. —Declaré, paseando mi mano ausentemente entre el pelo de Chester.

—Sí, bueno, los padres no siempre tienen la razón —comentó de forma ausente, su pierna rebotaba insistentemente junto a la mía, era muy molesto.

—Parece que alguien tiene problemas en casa. —Sabía que estaba tocando un tema sensible para cualquiera, pero me alegraba encontrarle un punto débil a esta chica. A ver si así dejaba de criticarme.

Se quedó callada y, en lugar de aprovecharme de eso para terminar la conversación, sólo me valió para interesarme un poco más.

—Quizás esos conos metálicos de los que estabas hablando sean en realidad un montón de piercings y tatuajes de niña rebelde que… ¡Ouch!

Me callé de inmediato cuando sentí un golpe en mi hombro.

—¡Cállate! ¡No me gustan los piercings y los problemas que tenga o no con mis padres no son asunto tuyo! —Espetó con fuerza.

Lo único que pude hacer fue fruncir mi entrecejo. Esta mujer… Niña criticona, graciosa y parlanchina.

La sentí moverse en su asiento y Chester se alejó un poco de mi alcance. Perro traidor, vamos a ver si ella te alimenta esta noche.

No podía volver a las estúpidas respiraciones porque el silencio en que nos habíamos quedado se sentía tenso, así que opté por hacer lo único que podía y debí haber hecho desde que la escuché: Salir de allí.

Cuando estaba poniéndome de pie, su voz atajó mis movimientos.

—Ni siquiera pudiste tomarte la molestia de mirar a esa pobre y linda chica. —Reprobó con tono de reproche.

—Te lo dije. —Le recordé sacando mis lentes oscuros del bolsillo de mi chaqueta y acomodándolos en mi rostro, para luego tomar la vara que estaba a mi lado y desdoblarla para convertirla en mi bastón—. Soy un maleducado.

No esperé su respuesta, pues sabía perfectamente que no tenía ninguna. Me levanté, jalé a Chester por la correa y, con mi bastón en mano, comencé a caminar por el sendero de grava.

Ésta no era la primera vez que una persona se quedaba en silencio al percatarse de mi ceguera, así que no me sentía herido ni molesto, simplemente conforme.

Ya había dado unos cuantos pasos cuando los ladridos de Chester me alertaron de que había alguien con nosotros. No sólo estaba caminando por ahí, sino que realmente estaba con nosotros.

—Y ahora estás siguiéndome, ¿alguna vez dejarás de molestarme? —pregunté sin dejar de andar.

—¿Estoy molestándote? —preguntó y su curiosidad sonaba real.

—No, para nada —respondí con ironía, enarcando mis cejas.

—Ok. —Esperaba que eso la hiciera dar media vuelta, pero aparentemente estaba completamente loco al pensar que podía entender una indirecta.

—Entonces eres invidente —declaró suavemente, como si estuviera diciendo que el cielo es azul o que el sol brilla.

—La mayoría dice ciego, pero sí, lo soy —respondí con indiferencia.

—No me gusta ese término.

—¿Sabes que son sinónimos, cierto?

Otro golpe en mi hombro, al menos no con su puño, me alertó que probablemente la respuesta era sí.

—¿Siempre eres tan sarcástico?

—¿Siempre divagas tanto?

—¡Ya te dije que sí!

—Entonces sí —repliqué sonriendo mientras Chester seguía hablando en su propio idioma.

Me relajé por el silencio y por un momento pensé que se había ido.

—Al parecer plantaron nuevos pensamientos.

Reí suavemente cubriendo mi boca. Esa era una frase que nunca pensé escuchar.

—¿Puedes dejar de decir eso? ¡Es raro!

—¿Sabías que "raro" es sinónimo de "extraordinario"? —comentó como si nada, y no quería admitirlo, pero sus palabras habían calado hondo en mí—. Como sea, ahora me da un poco de pena haber insistido tanto en que abrieras los ojos, pero no voy a disculparme. —Podía percibir la sonrisa en su tono, estaba volviéndome bueno en eso.

Al menos algo positivo de esta horrible ceguera… No, mentira, en realidad no había absolutamente nada positivo en esto.

—No estoy pidiéndote que lo hagas.

—Bien.

—Bien.

Nos quedamos en silencio nuevamente y dimos un giro hacia la izquierda que me hizo saber que estábamos llegando a mi salida. En lugar de continuar por el sendero de grava, sentí a Chester darme un jalón hacia la izquierda, que era el camino a casa. Sin embargo, cuando escuché lo que dijo la chica, jalé a Chester disimuladamente de vuelta al camino.

¿Qué es una vuelta más al parque? Ejercicio cardiovascular, eso es lo que es.

—Es mejor que una madre controladora. —¿Acababa de comparar mi ceguera con tener una madre controladora, en serio? No sabía si reírme o sentir pena por ella—. ¡Ay, no! —Lloriqueó la chica… Bella, ¿por qué siempre se me olvidaba?—. Eso sonó insensible, ¿verdad?

—Sólo un poco. —Escuché otro lloriqueo y podría decirse que sentí lástima por ella—. Está bien, supongo que no debe ser fácil —dije tratando de hacerla sentir mejor.

—Sí, digamos que es no es fácil cuando eres adolescente y luchas por saber quién demonios eres, pero pasa a ser patético cuando finalmente lo sabes y tu madre te reprime.

Había algo en su forma de hablar que no sabía explicar realmente. Casi como si estuviera llena de ira, pero sus últimas palabras sonaban tristes, y supuse que esos sentimientos estaban más dirigidos hacia ella misma que hacia su madre.

Yo lo sabría. No tenía nada que ver con la estúpida psicología, pero estaba bastante seguro de que tenía cierta experiencia en eso de tragarse sentimientos, era muy fácil.

—Olvídalo, no sé por qué te digo todo esto. No es tan malo, sólo estoy siendo dramática —dijo componiendo su tono.

Realmente pensé en dejarlo así, todos mis instintos me decían que lo hiciera… ¡Pero la chica había compartido algo muy personal! No iba a contarle mi historia de vida ni llorar en su regazo, pero debería decir algo, ¿no?

—No importa. —Eso está mucho mejor, soy un hombre de muchas palabras.

—Tú… ¿Llevas mucho tiempo…?

—Cinco años —informé antes de que pudiera continuar, no había necesidad de prolongar la tortura de tratar de ser delicado con el ciego—. Fue un accidente.

—Eso no era lo que iba a preguntar, pero gracias por decírmelo —agradeció suavemente y la sentí frotar el dorso de su mano sobre la mía. Era cálida, supuse que esa era su intención, pero me hacía sentir incómodo.

—¿Qué ibas a preguntar? —cuestioné flexionando un poco mi cuello y haciendo lo posible por cambiar de tema.

La escuché reír ligeramente entre dientes antes de contestar.

—En realidad iba a decirte que llevas mucho tiempo caminando y Chester parece ansioso.

Claro, llevábamos rato caminando y nos pasamos la salida hacia mi casa, pero ella no tenía que saber nada más, excepto que era un ser humano atado a un perro, presioné un botón en mi reloj y alcé la muñeca hacia mi oído para escuchar la voz electrónica diciéndome que eran las cuatro de la tarde.

Mierda, ¿llevaba más de una hora hablando con esta chica... con Bella?

—Sí, seguro tiene hambre. Adiós.

Di media vuelta y finalmente dejé que Chester me guiara camino a casa. Di unos cuantos pasos por el sendero, pero detuve mi bastón cuando sentí que chocó contra algo frente a mí y seguidamente escuché su voz.

—No me dio tiempo para despedirme, señor Cullen —señaló ella en un tono curioso y calmado que me hizo desconfiar. No estaba acostumbrado a esos sentimientos dirigidos hacia mí, además de que usó el único dato que sabía sobre mí—. ¿Le importaría prestarme su teléfono? —Desafortunadamente mi primera reacción fue ceder, pero refrené el impulso—, está bien. Creo que ya establecimos que no voy a robarte y que tú puedes defenderte —argumentó. Discretamente moví mi bastón y, al sentir lo que según yo era su pie, me di cuenta de que estaba más cerca de lo que pensaba.

Con un suspiro, saqué mi celular del bolsillo de mi pantalón y se lo entregué. Escuché brevemente el sonido incesante de las teclas hasta que finalmente tomó mi mano entre la suya y depositó el pequeño aparato, pero sin soltarme.

—Mi número está registrado en la tecla ocho, me gustaría que me llamaras. —Su pulgar trazaba círculos sobre el dorso de mi mano y mi boca se abrió levemente, sin poder evitarlo, en respuesta al extraño comportamiento de esta chica.

Sonaba agradable. Y eso no me gustaba.

—Hasta pronto... Edward.

La última palabra cayó de sus labios como el pétalo de una rosa en invierno, pero pude escucharla. Soltó mi mano con el mismo cuidado y volví a la consciencia cuando sentí el cuerpo de Chester moviéndose y jalándome en la dirección opuesta a la que debería llevarme, probablemente por donde Bella se había marchado.

Perro traidor.

Apreté con fuerza el teléfono en mi mano y lo guardé sintiéndome molesto, entretenido, incómodo y curioso. Todo lo que en ese momento sentía por Bella.

Respiré profundamente y jalé a Chester para continuar nuestro camino.

De cualquier forma eso ya no importaba. Lo único que importa ahora era que mis ojos estaban abiertos… Y aun así la oscuridad me rodeaba.


¿Qué tal?

Sé que es un poco... extraño jajaj asi que sus opiniones son bienvenidas, agradecidas y debidamente respondidas :$

¿No les da como ganas de abrazar y golpear a este Edward? Porque a mi sí xD y no se si sólo soy yo ¿Qué tal la Alice niña coqueta? ¡Y Chester! :D

¡En fin! Déjenme sus pensamientos ;) (ya sean flores o no :P)

Nos leemos pronto.

Alessa.