EL PRECIO DE LA LIBERTAD

One-shot ubicado entre el final de "Silencio" y "Finale".

Mi respiración agitada, mis manos temblando, mi corazón más alterado que las alas de un colibrí en pleno vuelo. Sin embargo la protagonista de la historia no era yo. No era mi cuerpo el que estaba siendo lesionado, no era a mí a quien estaban torturando. Pero sí era él… y lo estaba haciendo por mí. ¿A cuántas más cosas iba a tener que renunciar por mí?

Me costaba recordar por qué le había insistido para que me dejara ver todo esto. Tal vez en el fondo había esperado que sus recuerdos me empujaran en alguna otra dirección antes que a su sufrimiento. Pero esto era algo que necesitaba saber.

Nos encontrábamos en el cementerio donde descansaban los restos de mi padre –mi verdadero padre, algo que Hank nunca había sido ni sería-, el mismo lugar en el que había despertado luego de mi secuestro, y unos cuantos hombres se encontraban rodeando la figura de Patch arrodillado en el suelo. Eran Nefilims, y él acababa de dejar que le arrancaran sus alas. Debía dolerle. Por supuesto que tenía que dolerle. Las alas eran el talón de Aquiles de los ángeles y Patch se las había dado servidita en bandeja sólo para que me dejaran en libertad. No era justo.

Mi corazón palpitaba con fuerza y mis ojos se encontraban ya nublados por las lágrimas cuando vi esa única pluma del tamaño de un brazo cayendo a un lado y siendo completamente olvidada por todos. La pluma por la que me había convertido en asesina. Y aun así estaba agradecida de haber sido yo quien la encontrara.

Antes de desaparecer hacia la realidad me obligué a observar a Patch una vez más. Los Nefilims ya se habían ido y aun así el seguía arrodillado sobre el suelo. No podía estar al cien por ciento segura de si le dolía o de cuánto lo hacía. Pero sí podía estar segura de cuánto me dolía a mi.

Esto no volvería a ocurrir. No dejaría que nada tan malo como esto volviera a suceder. Me alejé del recuerdo con un suspiro, despertando en la realidad con unos fuertes brazos abrazando mi cuerpo y un "lo siento" atorado en mi garganta. Me apoyé en su pecho, abrazándolo con fuerza, intentando convencerme de que estaba ahí y de que todo iba a salir bien… pero aun así mis ojos no dejaban de llorar.