Aqui les dejo mi nueva adaptación la historia le pertenece a Elizabeth Powery ya saben los personajes son de Suzanne Collins . AU (universo alterno) Espero les Guste

ESPERO LES HAYA GUSTADO LA ADAPTACION Y GRACIAS A LAS QUE LA AGREGARON A FAVORITOS

AddaEverdeenMellark

Amie Blair

Angiiee7

Datyi

DianaDeLore

Fay Hathaway

ItzelWriter

Katri Wishart

Kuroi Kuchiki

Lauranegrete95

Lolaag194

Lun Black

MarEverdeen

Niobe Malfoy

.

OrionMellark

PolahOdairEverllark

Puma Mellark

RoxiD'Mellark

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Capítulo 11

Katniss llamó a Peeta al móvil y le saltó el contestador, así que le mandó un mensaje. «Seth ha encontrado las joyas esta mañana entre los arbustos. Ha aparecido la alianza de tu mujer».

Peeta no llamó aquella noche, pero le contestó con otro mensaje a la mañana siguiente.

«Seth tiene futuro como detective, pero, por si lo has olvidado, mi mujer eres tú».

«¡Sólo sobre el papel!» , pensó Katniss con dolor dejando el teléfono en la mesilla.

¡Ni siquiera se había molestado en decirle dónde estaba ni cuándo pensaba volver a casa!

Al bajar a desayunar, vio que había una carta para ella y se sentó a leerla con Bouncer en el regazo.

Era de la pequeña galería donde había dejado sus acuarelas antes de volver a Londres. Por lo visto, las habían vendido todas, por eso le mandaban un cheque, y querían más.

Al pensar en Brooklands, sintió una punzada de dolor que la dejó sin aliento. Recordó su luna de miel, tan perfecta, cuando todo parecía que iba a ir bien.

Si no hubieran entrado a robar en casa, si no hubiera oído la conversación de Peeta con su madre...

¡Si no lo quisiera tanto!

Katniss decidió que no servía de nada dar vueltas a sus penurias, que lo importante era ocuparse de su familia y ganarse la vida, así que decidió acercarse a la galería para llevar más acuarelas.

¡Y lo mejor era hacerlo cuanto antes!

Al dueño de la galería le encantaron las cuatro acuarelas que Katniss le llevó.

—Ningún otro artista capta nuestro paisaje como usted —la elogió—. Sus cuadros tienen alma.

Emocionada por su cumplido, Katniss abandonó la galería al borde de las lágrimas pues era consciente de que jamás habría podido pintar aquellos paisajes de no haber estado enamorada del hombre que para ella representaba aquel espectacular lugar.

Había dejado a los niños en casa y lo más normal habría sido que hubiera vuelto inmediatamente, pero la nostalgia la envolvió y la obligó a acercarse a la casa de campo donde había sido tan feliz.

La luz del atardecer de octubre bañaba los muros de piedra de la casa y, cuando Katniss abrió la puerta, se sintió en su hogar.

Mientras avanzaba hacia el salón, se dio cuenta de que había sido un error ir allí porque aquella casa no iba a hacer sino torturarla con sus recuerdos.

Vio que había un periódico abierto sobre el brazo del sofá y, al comprender que era el que habían leído aquel día y que no habían recogido porque se habían ido a toda prisa, lo dobló y lo llevó a la cocina sin ni siquiera mirarlo porque no quería recordar lo feliz que era antes de que sonara aquel teléfono, con la cabeza recostada en el regazo de su marido.

En la cocina, sólo se oía el ruido del frigorífico. Katniss llenó la tetera de agua y la puso al fuego. De camino, había comprado té, leche y unas galletas queso por si la asaltaban las náuseas.

Mientras escuchaba el silbido de la tetera, se acordó de que tenía que hacer otra cosa, pero todavía no.

Se sirvió una taza de té mientras pensaba que la presencia de Peeta estaba por todas partes en aquella casa. Era tan fuerte que, si cerraba los ojos, le parecía oler su loción de afeitado, le parecía oír sus pisadas en el vestíbulo, sentir la presencia dominante de su cuerpo cuando habían hecho el amor en aquella cocina...

—¡Peeta!

Como si el poder de su dolorido corazón lo hubiera conjurado, al abrir los ojos, se lo encontró en la puerta, al otro lado de la mesa de madera.

—¿Katniss? —contestó él sorprendido.

Katniss dejó la taza sobre la mesa.

—¿Qué haces aquí?

—Yo te iba preguntar a ti lo mismo.

Peeta entró en la cocina y dejó las llaves y una bolsa de la compra sobre la mesa.

—No me iba a quedar —dijo Katniss porque era evidente que él sí—. He venido porque... he venido a traer más acuarelas a la galería porque las habían vendido todas.

—Me alegro, enhorabuena —contestó Peeta como si no supiera qué decir.

—Creí que estabas en Suiza —dijo Katniss mordiéndose el labio inferior.

—Sí, volví ayer.

—¿Y no fuiste a casa?

—No, tenía que ver a un cliente en Bournemouth y, cuando llegué anoche aquí, me quedé profundamente dormido.

Por eso había ido a la compra tan tarde y a pie, ya que Katniss no había visto su coche aparcado fuera. Se fijó en que tenía ojeras y había adelgazado bastante. Preocupada, se preguntó si no habría trabajado demasiado.

—¿Por qué te viniste aquí y no a casa?

Peeta se metió las manos en los bolsillos.

—¿Y tú por qué has venido? .

Buena pregunta. ¿Por qué había ido ella a aquella casa?

—Ya te he dicho que estaba por aquí y me apetecía tomarme una taza de té.

—¿No ha sido para echar un vistazo y recordar los tiempos felices? —preguntó Peeta con ironía dando en el clavo.

—No, quería descansar un poco y pensé en pasar por aquí para asegurarme de que todo estuviera bien.

—Lo mismo que yo.

¿Le estaba diciendo que no la estaba evitando? —Los niños te han echado de menos. —Yo también a ellos.

No le dijo que la había echado de menos a ella. —No tienes muy buen aspecto —observó sin embargo.

«Tú tampoco», pensó Katniss.

—Supongo que he tenido muchas cosas últimamente —contestó—. ¿Recibiste mi mensaje sobre lo que encontró Seth? —añadió para cambiar de tema.

—Sabes que sí.

—¿Y no estás contento?

—Encantado.

Aunque no lo hubiera dicho muy convencido, era obvio que tenía que estarlo, ¿no? La estaba mirando con tanta intensidad que Katniss tuvo que girarse.

—¿Quieres una taza de té?

—Sí, gracias —contestó Peeta—. Si tienes hambre, hay pan en la panera y he comprado...

Katniss no lo escuchaba.

—¿Ese pan no era de cuando estuvimos aquí por última vez? Creí que estaba duro y lo he tirado —confesó.

—Bueno, lo compré anoche, pero a lo mejor ya se había quedado duro —sonrió Peeta.

Katniss sirvió dos tazas de té.

—Era lo único que tenía por si venían épocas de hambruna y mi esposa va y lo tira a la basura —bromeó—. ¿Dónde está tu alianza, Katniss? —observó fijándose en sus manos—. ¿También la has tirado a la basura?

Katniss sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas, pero siguió sirviendo el té para controlarse.

—No lo sé, no sé qué he hecho con ella. La he perdido... creo que me la dejé en el baño de la cafetería cuando paramos volviendo del aeropuerto de llevar a mis padres.

—¿Y por qué no me lo has dicho?

—¿De qué habría servido? Lo cierto es que creía que la iba a encontrar antes de que tú volvieras, para que no pensaras que no me importa, pero...

Sí, era mejor fingir que nada le importaba porque, si dejaba de fingir, se iba a venir abajo.

—Tendremos que comprar otra —anunció Peeta.

«¡No, yo quiero ésa! ¡Tú lo entiendes, no entiendes lo mucho que significaba para mí! ¡Claro, no te importa porque es mi alianza y no la de Delly!», pensó Katniss angustiada.

—Toma el té —le dijo entregándole la taza, colocándose el bolso en el hombro y corriendo escaleras arriba.

Cuando bajó un rato después, se encontró a Peeta paseándose por el salón.

—Iba a subir a buscarte —le dijo mirándola muy serio—.

¿Estás bien?

Katniss se encontraban mal, pero se encogió de hombros.

—Sí, claro que me encuentro bien.

—Has estado arriba un buen rato.

Eso había sido porque había estado intentando controlar sus emociones y porque le había llevado ese rato hacerse la prueba.

—Estás pálida —dijo Peeta frunciendo el ceño.

—Gracias, tus cumplidos siempre son maravillosos —contestó Katniss metiéndose las manos en los bolsillos traseros del pantalón.

—No te pongas así.

—No tienes nada de lo que preocuparte. Estoy bien. Bébete el té, siéntate y relájate. Siento mucho molestarte con mi presencia, pero te aseguro que me voy a ir dentro de nada. Mientras tanto, haz como que no estoy aquí —le dijo yendo a la cocina.

—Eso va a ser un poco difícil. ~

Aquel comentario la sublevó. Sonrojada, se giró hacia él.

—En cuanto a relajarme... me sería más fácil si encontrara el periódico.

—¿El periódico?

—Sí, lo había dejado aquí, pero ha desaparecido.

—Creí que...

—¿Qué creíste?

Katniss se fue a la cocina malhumorada. ¿Por qué habría tocado sus cosas?

Sin que se diera cuenta, Peeta la había seguido y estaba detrás de ella observándola mientras sacaba el periódico de la basura, aquel periódico que ella había creído que era el de aquellos tiempos felices cuando todavía creía que sería capaz de hacer que aquel hombre la amara.

De repente, no pudo evitar llorar.

—Katniss, Katniss, ¿qué te pasa? Si es por el periódico, no pasa nada.

Al sentir su mano en el hombro, Katniss se apartó y se apoyó en la mesa.

—¡No estoy llorando por el periódico!

—Entonces, ¿qué te pasa? —quiso saber Peeta yendo hacia ella—. Katniss, por favor. Venga, cariño, cuéntamelo —le dijo agarrándola por los hombros con ambas manos.

Parecía tan preocupado que Katniss no podía ni mirarlo. Lo quería tanto que no podía soportarlo, así que cerró los ojos para no ver su reacción.

—Estoy embarazada.

Tras un largo silencio, abrió los ojos y comprobó que Peeta no había dicho nada porque estaba demasiado sorprendido como para hablar.

—Comprendo —dijo por fin.

«¡No, no comprendes nada! ¡No comprendes cuánto te quiero!

¡No comprendes lo importante que este matrimonio es para mí! ¡No comprendes nada porque vives en el pasado!», pensó Katniss furiosa.

—Lo siento mucho, pero la verdad es que no hemos tenido mucho cuidado, ¿verdad? —le espetó con amargura—. ¡Y no me pidas que aborte porque no lo pienso hacer! ¡Pienso tener este hijo aunque tú no lo quieras! —añadió zafándose de sus manos y acercándose a la ventana.

—¿Por qué piensas que no iba a querer tener este hijo? —le dijo Peeta girándola hacia él con ternura.

—¡No quieres tenerlo porque te ata todavía más a mí!

—Y a ti a mí —sonrió él.

—No estamos hablando de mí —le espetó—. Yo tengo las cosas muy claras... yo quiero estar casada contigo —confesó por fin.

Ya está, ya lo había dicho. Ahora, no le quedaba más que aguantar su compasión.

Peeta se apartó de ella, se acercó a la mesa y abrió un cajón.

Esperó mientras Katniss se sonaba la nariz y volvió hacia ella. A continuación, le tomó la mano izquierda.

—¡Mi alianza! —exclamó Katniss atónita mientras Peeta se la ponía—. ¿Dónde la has encontrado? —añadió maravillada de volver a sentirla en el dedo.

—Se te cayó en el coche, detrás del asiento del copiloto, pero no la vi hasta ayer cuando recogí el coche en el aeropuerto.

—Es gracioso, ¿verdad? Todo este tiempo tú has tenido mi alianza y yo he tenido la tuya.

—¿La mía? —dijo Peeta mirándose el dedo que lucía la alianza que Katniss le había puesto el día de su enlace.

—Bueno, la de Delly. La tuya y la de Delly, como nuestros hijos. Desde luego, qué crueldad tan irónica.

—¿Por qué dices eso?

—Porque me parece irónico que haya encontrado yo la alianza de tu primera mujer, la alianza que tanta angustia te produjo perder, la alianza que no me dijiste que habían robado y sobre cuya desaparición te pareció que yo me mostré de manera poco razonable. Está bien, admito que, tal vez, así fue. Intenté que no me afectara.

—¿Que no te afectara? —dijo Peeta atrapándola con sus manos contra el fregadero.'

—Sí, que no me afectara que siguieras enamorada de ella, que no me afectara saber que yo no era más que un segundo plato.

—Katniss...

—He intentado ser razonable y me he dicho una y otra vez que, por supuesto, ése es mi lugar, que no soy la persona que has elegido para compartir tu vida...

—Katniss —la interrumpió Peeta exasperado—. Creí que te había has dado cuenta, creí que lo sabrías... ¡qué Dios me ayude!

No va a ser fácil, pero creo que ha llegado el momento de aclararte las cosas.

Dicho aquello, la condujo al salón.

¿Qué le iba a contar? Por supuesto, le iba a decir, como ya le había dicho en otra ocasión, que había estado casado antes y que no iba a disculparse por ello.

Katniss supuso que no podía esperar que dejara de amar a Delly jamás y estaba claro que ella no la iba sustituir, pero oírlo de sus propios labios iba ser espantoso.

—A veces —comenzó Peeta paseándose por el salón mientras ella se sentaban en el sofá—, a veces, he pensado que todo fue un castigo por casarme con una mujer sabiendo que estaba enamorado de otra.

—Peeta... —intentó interrumpirlo Katniss.

Pero Peeta alzó una mano para seguir hablando.

Katniss se dio cuenta de que todo aquello le estaba resultando increíblemente doloroso y decidió que debía concederle aquellos momentos para que se desahogara.

—Delly y yo llevábamos bastante tiempo viéndonos, pero entre nosotros no había nada salvaje e incontrolable, como me pasa contigo. Supongo que se podría decir que éramos amantes ocasionales. Era una relación fácil y cómoda. No estábamos comprometidos en absoluto, yo no le había hecho ninguna promesa ni ella a mí tampoco. Yo creía que eso era lo que ella quería y, desde luego, siempre creí que entre nosotros no había nada serio.

Entonces, te conocí. Salías con Gale y te ibas a casar con él, pero entre nosotros surgió algo que ni mil novios podrían haber apagado. Sabía que no podía tenerte, pero lo que habías provocado en mí me hizo comprender que lo que tenía con Delly no era ni sería jamás suficiente.

¿Qué le estaba diciendo? Katniss lo escuchó con el alma en vilo.

—Nos fuimos a pasar un fin de semana fuera y decidí que había llegado el momento de terminar nuestra relación, que no merecía la pena seguir con algo que no iba a ninguna parte. Así se lo hice saber y no pareció importarle. Era una mujer muy pragmática, con los pies en la tierra. A veces, incluso se me antojaba demasiado fría, como esa preciosa estatua de bronce que se trajo de Florencia.

Así que a eso se refería cuando le había dicho que la estatua y Delly se parecían mucho y ella creyendo que...

Ahora, eso no importaba.

—Luego, me he preguntado muchas veces si fue todo una farsa, si Delly intentó disimular porque creía que así era como yo la quería. Hicimos el amor una vez más por los buenos tiempos, según ella misma dijo... lo siento, no quería entrar en tantos detalles, pero prefiero que lo sepas todo. Nos despedimos como amigos, pero aquella vez fue definitiva. Cinco semanas después fui a aquella fiesta y te vi, pero sin tu prometido aquella vez. Sabía que estabas despechada pero, cuando te entregaste a mí de aquella manera, no pude negarme. Sabía que no era el momento más oportuno para iniciar una relación, pero no pude evitarlo.

Quería tenerte en mi cama, en mi vida, y me daba miedo perderte. A la mañana siguiente, cuando me desperté, te habías ido. Llamé a tu oficina el lunes por la mañana, pero tu jefe me dijo que te habías despedido y que te habías ido al extranjero. No me lo podía creer, no quería creer que te hubieras ido así. Aquello fue como si me hubieras abofeteado.

Me dije que había sido un estúpido y que sólo había sido una aventura de una noche, pero no era cierto. Me habías llegado muy dentro, como ninguna otra mujer me había llegado jamás y no podía seguir engañándome a mí mismo. Decidí esperar a que volvieras, tardaras lo que tardaras, para hablar contigo y hacerte comprender lo maravilloso que era lo que había entre nosotros, pero entonces, una semana después, me llamó Delly y me dijo que teníamos que hablar urgentemente.

Me dijo que estaba en casa, así que me acerqué allí y la encontré desesperada. Me dijo que estaba embarazada y que no lo entendía porque estaba tomando la píldora. Me entraron ganas de esconder la cabeza bajo la arena como si aquello no fuera responsabilidad mía, pero no podía hacerlo. Aquella mujer iba ser la madre de mi hijo.

Katniss esperó a que Peeta continuara con su narración.

—No creía que Delly quisiera casarse porque nunca creí que estuviera enamorada de mí, pero me dijo que así era, que había fingido que no me quería porque temía que la rechazara de haber sabido que iba en serio conmigo. Me dijo que, aunque yo creía que era fuerte e independiente, no podía criar a un hijo ella sola, así que nos casamos unas semanas después e intenté que nuestro matrimonio fuera lo mejor posible. No me di cuenta hasta mucho después de que Delly había fingido, sí, pero no en lo que me había dicho. Unos meses después, probablemente porque creyó que yo era feliz, me lo confesó todo. Se había dejado de tomar la píldora para quedarse embarazada adrede porque se había dado cuenta de que estaba perdiendo interés en ella.

Así que Delly lo había engañado para que se casara con ella.

En aquel momento, Katniss sintió pena por ella, por aquella mujer tan desesperada de amor que había llegado hasta aquellos límites.

—Me enfadé muchísimo, me sentí traicionado y, luego, ella murió dando a luz a Seth. Cuando murió, me lo tomé como un castigo por seguir pensando en ti. Cuando me enteré de que nos habían cambiado a los niños en el hospital y me enteré de que tú tenías a mi hijo, no me lo pude creer. No soy supersticioso, pero presentí que era el destino. En cuanto te vi, deseé abrazarte y cuidarte —le dijo acercándose a ella—. Te necesitaba tanto... —susurró.

Katniss se sentía la mujer más feliz sobre la faz de la tierra.

—Pero nunca me dijiste lo que sentías por mí —le dijo con los ojos húmedos.

—Porque no creí que me fueras a creer, porque creí que te iba a parecer que era demasiado pronto y, además, porque creí que seguías enamorada de Gale o, por lo menos, que odiabas a los hombres por lo que él te había hecho. No quería hacer ni decir nada que te pudiera hacer huir de mí.

—Desde que nos hemos casado, jamás me has dicho que me querías, así que yo di por hecho que seguías enamorado de Delly, que te habías casado conmigo solamente porque era lo mejor para los niños. Eso fue lo que me dijiste.

—¿De verdad? —dijo Peeta poniendo los ojos en blanco—. Mi querida Katniss—añadió con dulzura—. Admito que utilicé a los niños para convencerte de que te casaras conmigo, pero sabía que iba a tener que utilizar grandes dosis de ternura y comprensión contigo para que te arriesgaras a adentrarte en otra relación seria. No quería perderte porque te quiero —le dijo por fin—. ¿No lo ves?

Ahora lo veía, claro que lo veía, estaba reflejado en sus ojos, en su voz, en la calidez de su deseo.

—¿Por qué no me has contado lo de Delly antes?

—Porque es la madre de Seth y no quiero que tengas una mala opinión de ella.

—No la tengo, no te preocupes, sólo me has contado la verdad. ¿Por eso te enfadaste tanto cuando desapareció su alianza, porque creíste que estabas siendo castigado de nuevo por no sentir lo que se suponía que tenías que sentir?

—¡No! —rió Peeta—. Por supuesto que no. Aquella alianza no era un símbolo de nuestro matrimonio, pero era de su abuela o de su bisabuela y, dado que Delly era huérfana desde muy pequeña, aquello era lo único que tenía de su familia. No sé cómo había llegado a ella, pero la guardaba como si fuera el único vínculo que tenía con sus antepasados. Quería guardarla para entregársela a Seth, bueno, a Daniel al principio, cuando creía que era su hijo. Es lo único que voy a poderle entregar a mi hijo de su madre.

—Y yo creía que…

—Sí, ahora comprendo lo que tú creías —le dijo Peeta con ternura—. Lo que realmente me ha preocupado es que parecía que no te había importado perder la tuya.

—No te puedes imaginar el disgusto que tenía —admitió Katniss—. ¿Por eso no me has dicho que la tenías tú, porque creías que no me importaba haberla perdido?

—Estaba empezando a plantearme que te has casado conmigo porque te había obligado y que, en realidad, no sentías nada por mí. Mi madre me acusó de ello porque, probablemente, se había dado cuenta de lo infeliz que eras.

—Nunca he sido infeliz a tu lado, pero sí me he sentido como segundo plato. Sin embargo, siempre he querido estar contigo. De hecho, habría ido contigo a Suiza si me lo hubieras pedido. La verdad es que me moría por ir contigo.

—Oh, Katniss, nos hemos comportado como un par de perfectos idiotas.

—Sí, cariño, pero podemos volver a empezar.

—Por supuesto —dijo Peeta abrazándola—. De todas maneras, ya hemos hecho algo muy importante. Si seguimos así, pronto tendremos un equipo de fútbol completo.

—¡Alto ahí! Tres está muy bien para empezar —sonrió Katniss—. Aunque, bueno, no sé... —añadió con picardía—. Siempre y cuando su madre no se sienta jamás como una sustituta. —¿De verdad te sentías así?

—De verdad. Desde el mismísimo día en que volví de Francia y Johanna me dijo que te habías casado.. Entonces, comprendí que no te podía decir que estaba embarazada y pensé que sólo había sido una aventura placentera en tu vida, pero que, en realidad, tú estabas enamorado de Delly. Cuando te vi por primera vez en aquella conferencia a la que acompañé a Gale, empecé a tener dudas de mi felicidad a su lado. Después de hacer el amor contigo, me di cuenta de que no sentía absolutamente nada por él. Sólo podía pensar en ti. Estuve días y semanas pensando en ti porque... te quiero.

Peeta la besó y Katniss sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Llévame a la cama —le pidió con voz ronca.

—Supongo que debería irme —comentó Katniss mucho después, tumbada en la cama.

—Deberíamos —la corrigió Peeta—. No pienso separarme de ti a menos que sea absolutamente necesario añadió mirándola a los ojos—. No eres feliz en la casa de Londres, ¿verdad?

—Si tú estás allí, lo seré —contestó Katniss prometiéndose a sí misma que se adaptaría a su estilo de vida—. La verdad es que me sentía un poco fuera de lugar entre tanta elegancia y formalidad —sonrió a modo de disculpa.

—Porque tú no eres así —murmuró—. Por eso te traje aquí. Es cierto que la casa de Londres pertenece al pasado y que no te puede dar lo que tú necesitas. Creo que deberíamos venderla.

Además, mi madre quiere volverse a Shropshire para estar más cerca de sus amigas y tú y yo podríamos vivir donde quisiéramos.

Aquí, si quieres.

—¿De verdad? ¡Oh, Peeta! —exclamó Katniss echándole los brazos al cuello—. Esta casa me encanta porque todas las paredes son irregulares y el jardín parece formar parte del interior. Aquí se puede entrar con los pies manchados, o con las pezuñas llenas de mantequilla, y no pasa nada.

Aquello hizo reír a Peeta.

—Esta casa es como tú, sencilla, sin pretensiones y cálida. Por eso, volví anoche aquí, para intentar estar contigo.

Katniss suspiró pues lo entendía perfectamente y lo abrazó con fuerza para que entendiera que ella había ido por el mismo motivo.

—Voy a intentar hacerte feliz —le prometió Peeta—. Si no te importa estar casada con un hombre que está tan enamorado de su mujer que pierde el norte.

—¡Si a ti no te importa pasarte la vida con una mujer que es un desastre...!—sonrió Katniss.

—Desde luego, creo que nuestra vida juntos va ser muy divertida, sobre todo si me prometes que me vas a dejar crear cierto caos a mí también.

—¿A qué te refieres? —ronroneó Katniss.

—A esto... —contestó Peeta besándola en el cuello—... y a esto... —añadió mordiendo el hombro y haciéndole estremecerse.

—En ese caso, te confieso que he desteñido otra de tus camisas, que el gato ha arañado y destrozado tu traje gris y que la preciosa enciclopedia que había abajo, ésa que te gusta tanto...

—No sigas porque vas a tener que pagar por todos esos destrozos —la interrumpió Peeta agarrándola de las muñecas y colocándoselas encima de la cabeza.

—¿Y luego? —murmuró Katniss.

—Y luego volvemos a Londres, vendemos mi casa y tu piso, hacemos las maletas, agarramos a los niños y a tu gato y nos venimos a nuestro hogar.

Nuestro hogar.

Mientras Peeta la besaba y la acariciaba, Katniss miró al techo de madera, escuchó el riachuelo, vio el dorado brillo del otoño en las hojas del jardín y dio gracias a aquella casa que los había vuelto unir.

«Gracias», le dijo antes de entregarse a la pasión.

Fin


GRACIAS POR SUS REVIEWS

OrionMellark

Jessica

katy

AddaEverdeenMellark

Angiiee7

beltran829

Milet7393

virymp

Giuly O' Shea Weasley Mellark