One Piece y sus personajes son propiedad de Ecchiro Oda.

La Carne.

¡Oh…! Que buen día hace, viento moderado, el sol está bien arriba, el cielo azul claro con algunas nubes flotando el mar parece estar más azul que nunca, tan calmado, tan increíblemente perfecto. Este día es uno de aquellos que nunca se vuelve a repetir, uno de esos días donde pueden ocurrir sucesos que cambiaran el mundo.

¡Ah…! La briza, ella me calma, y el pasto verde y fresco me relaja, puedo sentir todas mis tensiones desaparecer, las hojas de las mandarinas de Nami parecen estar bailando.

Oh si, el aroma, este aroma que entra por mis fosas nasales, el aroma que más amo, tan dulce, me llena de pasión es inevitable no palparla con mis manos y llevar cada parte suya a mi boca; su sabor, ¡que sabor más exquisito!

¡Blandas! Puedo mordisquear y lamer, sentir más su sabor.

Si. De verdad existe alguien haya arriba; más allá del cielo, tiene toda la gratitud de este hombre, ¡Eres un genio sin igual! por haberla creado… tan perfecta; tienes la gratitud eterna de: Monkey D. Luffy, el hombre que se convertirá en el Rey Pirata.

- Oi, Chopper, Luffy está haciendo cosas raras otra vez. - murmuro Usopp.

- ¿Estará enfermo? – el reno ladeo la cabeza, con semblante ligeramente preocupado.

- No, el Capitán parece estar disfrutando mucho. – sonrió con cierta diversión la arqueóloga.

- Robin-chwan, ven, te he preparado a ti y a Nami-swan unas deliciosas bebidas. – Sanji apareció convertido en un pequeño ciclón, con corazones como ojos.

- Luffy-san, quiere escuchar alguna canción. – Brook se acerco a su capitán. – Yohohoho.

- Ahora no Brook, estamos ocupados. – contesto cortante el capitán volviendo toda su atención a lo que llevaba haciendo, esta vez se dedicaría a chupar un poco.

La mejillas del capitán de: los sombrero de paja estaban rojas; sus ojos brillaban, parecía un tonto enamorado y lo era. Brook bajo del lugar en busca del carpintero de la tripulación, tal vez, Franky si quiera escucharlo.

Un raro sonido llego a los atentos oídos del espadachín de la tripulación. Zoro se inquieto un poco, mas no abrió los ojos. Pero. Volvió a escucharlo otra vez, y una vez más y otra vez. Gruño molesto, ¡mierda estaba tan cómodo recostado por el mástil, como para escuchar al estúpido y pervertido cocinero, gimiendo por sus 'Damiselas'. Y otra vez lo escucho, un gemido en esta ocasión… ronco, Roronoa abrió sus ojos molesto.

Usopp y Chopper, se sobresaltaron por el aura asesina que desprendía el cazador de piratas; retrocedieron un paso, y otro, por su seguridad, Zoro siguió a aquel sonido, subiendo, a un lugar prohibido para él y sus Katanas, el pequeño jardín de la bruja, lugar donde se encontraban sus preciadas mandarinas.

Al llegar encontró al reciente 'invitado', que llevaban en el Sunny Go, según Luffy un aliado, Trafalgar Law. El capitán de los piratas del corazón, al sentir la nueva presencia tras suyo, se giro, con una expresión algo burlona, el peliverde alzo una ceja, algo descolocado, no pensó ver a Law asi, al menos no tan pronto, tal vez… la influencia de Mugiwara se había hecho más peligrosa y certera en estos dos años de no verse.

- Oi. – Law aguanto una risilla, sacando de sus pensamientos del recién llegado. – Para él es como tener sexo ¿verdad? – dubitativo de cómo responder Zoro se acerco mas para identificar a su capitán en un estado. Ciertamente lamentable.

Roronoa suspiro, relajándose, coloco una de sus manos por sobre sus Katanas, cruzo una pierna aun parado.

- Mas bien es como tener mil orgasmos a la vez. – sonrió de lado.

Law volvió a aguantar la risa. Hasta que su nuevo aliado de diecinueve años decidió hablar.

- ¿Mil?, eso es muy poco Zoro. – Frunzo el ceño - ¡la carne es tan deliciosa que comerla es como tener, un orgasmo asi. – con ayuda de su habilidad cruzo su brazo en forma de que el símbolo del infinito se formara. Sonrió aun con las mejillas rojas.

Zoro cayó derrotado en el césped por la semejante afirmación estúpida de su capitán, mientras Trafalgar ya no pudo aguantar y soltó una, tenebrosa carcajada.

- Si serán idiotas. – suspiro la navegante, con una vena anchada y palpitando en su frente. – ¿¡qué demonios hacen aquí!? – Zoro simplemente siguió a su capitán que escapo, juntando todos los trozos de carne que tenia, saltando hacia abajo, mientras el otro capitán simplemente se giro, extrañado.

¡Oh…! Pobre Traffy, el nunca más pisaría un sembrado de mandarinas. Cuando recibió el tercer golpe, juro con todas sus fuerzas, que nunca… nunca; aunque su vida dependiera de ello, jamás haría daño o siquiera miraría fuerte a una mandarina.

Bueno lo termine, espero les agrade, creo que tiene bastante Occ.

Lucy Conejita se despide.